Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

34).-Inicios y desarrollo formal de la Filosofía en Chile.-a


 Clases de Filosofía, en el Instituto de Humanidades Luis Campino, del profesor de filosofía don Oscar Santos Peralta, generación 1992.
Oscar Santos Peralta


Scherezada Jacqueline Alvear Godoy



Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 




El inicio y desarrollo formal de la filosofía en Chile surgió gracias a la confluencia de al menos dos factores decisivos: la formación política y cultural del país que incidió en la introducción de la filosofía aristotélica y tomista, y los distintos...

El inicio y desarrollo formal de la filosofía en Chile surgió gracias a la confluencia de al menos dos factores decisivos: la formación política y cultural del país que incidió en la introducción de la filosofía aristotélica y tomista, y los distintos grados de influencia ejercida por la filosofía europea.

La filosofía ilustrada llegó a Chile íntimamente unida a la situación política del país, justo en los momentos en que debía decidirse el tipo de gobierno y el tipo de estado a instituir en la emergente nación. Poco a poco comenzó a desarrollarse una particular manera de asumir la reflexión filosófica, esta vez más cercana a la específica impronta cultural americana y chilena. El pensamiento filosófico de Andrés Bello y el de Jenaro Abásolo resultaron ser significativos en este aspecto.

El ideario emancipatorio de la Ilustración y luego el ideario positivista chileno del progreso, impulsado por la mayor parte de los intelectuales liberales del siglo XIX, ayudaron a fomentar la urgencia por organizar sistemáticamente la educación en Chile, sobre todo en la enseñanza superior que todavía mantenía gran parte de las viejas estructuras de la universidad del antiguo régimen colonial.

Se dio inicio a la institucionalización de la filosofía al lograr convocar la presencia y labor de hombres que habrían de cimentar el camino para las posteriores generaciones. A partir de entonces, los circuitos universitarios congregaron la mayor parte de los esfuerzos nacionales para promover la enseñanza y divulgación de la filosofía europea y, posteriormente, del pensamiento iberoamericano. Mujeres y hombres como Carla Cordua, José Echeverría, Roberto Torretti, Clarence Finlayson, Jorge Millas, Luis Oyarzún, Patricio Marchant y Félix Schwartzmann fueron algunos de los máximos exponentes generacionales. 
El inicio de las primeras publicaciones filosóficas como la Revista de Filosofía, que dio a conocer parte de las obras y representantes de la filosofía en Chile, y la presencia de profesores visitantes extranjeros que, como colaboradores, ayudaron a impulsar aún más el desarrollo de la filosofía.
Hacia el año 1964, Carla Cordua y Roberto Torretti, entre otros, fundaron el Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile que también contribuyó enormemente a la difusión del pensamiento, sobre todo en el área de filosofía contemporánea. La Universidad Católica de Chile y la Universidad de Concepción, también fueron recintos privilegiados en lo que respecta a implementar la institucionalización de la filosofía.
En los últimos años, sin embargo, el panorama ha cambiado gradualmente en la medida en que la nueva sociedad de mercado, introducida con fuerza en Chile por el sistema económico y político, ha comenzado a plantear nuevos y pragmáticos requerimientos a las disciplinas universitarias humanistas.
El desarrollo actual del pensamiento filosófico ha sabido establecer relaciones interdisciplinarias con el arte, la política, la cultura en general y los grandes problemas éticos que presenta el avance científico y tecnológico para el mundo contemporáneo y para Chile.
puerta del infierno


viernes, 18 de septiembre de 2015

33).-¿Que es la filosofía ? a

 Clases de Filosofía, en el Instituto de Humanidades Luis Campino, del profesor de filosofía don Oscar Santos Peralta, generación 1992.
Oscar Santos Peralta


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 

Scherezada Jacqueline Alvear Godoy

¿Cuál es el sentido de todo? ¿Hacia dónde gira la rueda de la existencia? ¿Para qué? ¿Por qué nos hallamos aquí y ahora? ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? ¿Qué hace que permanezcamos en pie, en medio de la marea de la vida? ¿Cuál es el lugar del hombre en la Naturaleza? ¿Qué destino nos espera más allá de la muerte? ¿Volvemos a nacer? ¿Cómo y de dónde surge en el hombre la conciencia de lo que se debe hacer y de lo que no? ¿Tenemos alma? ¿Puede la razón demostrar la existencia de Dios? ¿Por qué la evolución camina con pasos tan firmes e inequívocos? ¿Quién traza el Plan que se refleja con matemática precisión en el código genético?

¿Es posible conocernos a nosotros mismos?

¿Quién no se ha hecho alguna vez estas preguntas? Únicamente dos tipos de personas, el que se contenta con respuestas superficiales que jamás podrá verificar, y el que ya conoce las respuestas, y por tanto se halla de la condición humana. Entre ambos extremos está el filósofo, aquel que busca la verdad. Filósofo es el que se camina a sí mismo y camina en el mundo buscando respuestas.

En cierto modo el filósofo comparte el destino del peregrino. Este último busca a Dios y para ello recorre los lugares santos. El filósofo en cambio busca la verdad, una verdad que haga más firmes sus pasos. Busca la sabiduría que les nutra, sin contentarse con lo primero que halla. Más allá, siempre más allá. Como dijo Giordano Bruno, el filósofo es insaciable como el fuego y siente en sí una certeza de lo que busca. Qué agudeza la de Platón cuando describió al filósofo como hijo de la abundancia del cielo y de la pobreza y orfandad de la tierra. Para Séneca en cambio, el filósofo es el que sube a su montaña interior, y en ella adquiere certeza y serenidad. Una montaña que se eleva por encima de los vientos de las pasiones terrenales, y que es superior aún a la misma fortuna, extraña “diosa” a quien el necio llama señora del mundo.

Confucio comparó al filósofo con una flecha con ojos. Dotada de un divino impulso, sabe dónde va. Va al corazón de la realidad.

Para los egipcios, el filósofo es el que sabe mirar su propio corazón y hallar en él, como si fuese un espejo mágico, respuestas a las preguntas que la vida le plantea. Él, decían los egipcios, puede dar las respuestas, porque su alma –la tuya, la nuestra- es tan vieja o más que el Universo. Puede responder a quien le requiera, porque en él se halla el secreto del Ayer, del Hoy y del Mañana. Los egipcios también otorgaron al filósofo las medidas de los seres y de las acciones. Según su discurso poético el aprendiz de la sabiduría lleva la regla de Maat y puede determinar el verdadero valor de todo aquello que quiera medir. Así traza sus sendas con la misma precisión con que el dios Thot traza las sendas de los astros y el valor de los números.

Es evidente que la imagen que del filósofo tuvo la Antigüedad clásica no es la misma que la que dibujan los tiempos modernos. El verdadero filósofo sabe lo que sabe y lo que no sabe y es capaz de trazar entre ambos una línea matemática. Al actual erudito especializado le bullen las opiniones de unos y otros. Al verdadero filósofo la profundidad de la vida le torna silencioso y afable. Aquel que simplemente lleva cartel e insignia de tal, comba su columna vertebral y moral ante el peso de todo lo que ha leído. Pero en el fondo muchas veces ni lo entiende ni lo valora porque no lo vive. Hallamos al verdadero filósofo en el campo de batalla, como a Sócrates, o pulsando la lira, como Confucio o sencillamente trabajando y cumpliendo con sus deberes cotidianos. Fue el propio Confucio quien dijo: “Qué grande es la ley del deber del hombre sabio. Es un océano sin orillas”.
puerta del infierno


viernes, 11 de septiembre de 2015

32).-Platón y el Platonismo.-a

 Clases de Filosofía, en el Instituto de Humanidades Luis Campino, del profesor de filosofía don Oscar Santos Peralta, generación 1992.
Oscar peralta

Scherezada Jacqueline Alvear Godoy

Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 


Platon
VIDA DE PLATÓN


Platón (Platon, "El de hombros anchos") nació en Atenas en el año 428 ó 427 a. de C. Pertenecía a una familia aristocrática y rica, aunque algunos escritores manifiestan que experimentó el peso de la pobreza. Indudablemente se benefició de la educación que se brindaba en Atenas a los jóvenes de su clase. Alrededor de los veinte años conoció a Sócrates, y el trato entre maestro y discípulo, que duró ocho o diez años, tuvo una influencia decisiva en la carrera filosófica de Platón. 
Antes de conocer a Sócrates reveló, muy probablemente, interés por los filósofos antiguos, así como por el proyecto de mejora de las condiciones políticas de Atenas. A temprana edad se aficionó a la poesía. Sin embargo, todos estos intereses fueron absorbidos por la búsqueda de la sabiduría, a la que se dedicó ardientemente bajo la guía de Sócrates. Tras la muerte de Sócrates se unió a los discípulos de éste congregados en Megara bajo la dirección de Euclides. Más tarde viajó por Egipto, la Magna Grecia y Sicilia. Algunos biógrafos han exagerado el provecho de estos viajes, aunque es seguro que en Italia estudió las doctrinas de los pitagóricos.
Sus tres viajes a Sicilia perseguían, probablemente, influenciar a Dionisio el Viejo y Dionisio el Joven acerca de su sistema ideal de gobierno, pero fracasó, atrayéndose la enemistad de los dos soberanos, siendo encarcelado y vendido como esclavo. Rescatado por un amigo, volvió a su escuela de filosofía de Atenas. Ésta difería de la escuela socrática en muchos aspectos. 
Tenía una ubicación precisa en la alameda cercana al gimnasio de Academia, su carácter era más refinado, se prestaba más atención a la forma literaria y era menos indulgente con el método particular, e incluso vulgar, de ilustración que caracterizaba a la exposición socrática. Al volver de su tercer viaje a Sicilia se dedicó incansablemente a escribir y enseñar, hasta que a los ochenta años, según nos dice Cicerón, murió en pleno trabajo intelectual ("scribens est mortuus") ("De Senect.", v, 13).

OBRAS

Ciertamente todas las obras auténticas de Platón han llegado hasta nosotros. Las obras perdidas que se le atribuyen, tales como las "Divisiones" y las "Doctrinas tradicionales", no son auténticas. De los treinta y seis diálogos, algunos -- "Fedro", "Protágoras", "Fedón", "La República", "El Banquete", etc. - son auténticos indudablemente; otros - p.ej. "Minos", -- pueden considerarse apócrifos con igual seguridad; mientras que un tercer grupo -- "Ión", "Hipias Mayor ", y "Alcibíades I" - es de dudosa autenticidad. En todos sus escritos Platón usa el diálogo con una destreza jamás igualada. Esta forma (literaria n.t.) le permite desarrollar el método socrático de preguntas y respuestas. 
Pues, aun cuando Platón elaboró en alto grado la facultad de presentar y entender lo abstracto, fue suficientemente griego para seguir el instinto artístico en la enseñanza mediante un modelo claro y concreto de excelencia filosófica. El uso del mito en los diálogos ha acarreado notables dificultades a los comentaristas y a los críticos. Cuando intentamos evaluar el contenido de un mito platónico, a menudo nos desconcierta la sospecha de que todo es sutilmente irónico o que se incluye para disimular contradicciones inherentes al pensamiento de Platón. En todo caso, el mito no debería tomarse muy en serio o invocarse como evidencia de lo que Platón realmente creía.

FILOSOFÍA

(1) Punto de partida


El punto inmediato de partida de la especulación filosófica de Platón fue la enseñanza socrática. En su intento de definir las condiciones del conocimiento, para refutar el escepticismo de los sofistas, Sócrates había enseñado que el único conocimiento verdadero es el conocimiento por medio de conceptos. El concepto, decía, representa toda la realidad de una cosa. Como lo usó Sócrates, fue tan sólo un principio de conocimiento; Platón lo elevó a principio del Ser. Si el concepto representa toda la realidad de las cosas, la realidad debe ser algo en el orden ideal, no necesariamente las cosas mismas sino algo por encima de ellas, en un mundo por sí mismo. En consecuencia, Platón reemplaza el concepto por la Idea. Completa la obra de Sócrates enseñando que las Ideas, objetivamente reales, son el fundamento y justificación del conocimiento científico. Al mismo tiempo tiene en cuenta un problema que llamó mucho la atención desde los pensadores presocráticos, el problema del cambio (movimiento n.t.).
 Los eleáticos, siguiendo a Parménides, sostenían que no existe cambio verdadero ni multiplicidad en el mundo, la realidad es una. Heráclito, por el contrario, afirmando la realidad del movimiento y de la multiplicidad, mantenía que la permanencia (unidad n.t.) es sólo aparente. La teoría platónica de las Ideas es un intento de resolver esta cuestión crucial mediante un compromiso metafísico. Los eleáticos, decía Platón, tienen razón al afirmar que la realidad no cambia; porque las Ideas son inmutables. No obstante, hay cambio en el mundo de nuestra experiencia, como sostenía Heráclito, o en el mundo de los fenómenos, en términos de Platón. Por consiguiente, Platón supone un mundo de Ideas separado del mundo de nuestra experiencia, e inmensamente superior a él. Concibe que todas las almas humanas habitaron en otro tiempo en este mundo superior. 
Cuando luego miramos a nuestro alrededor, en el mundo de las sombras, un fenómeno o apariencia de algo, la mente recuerda la Idea (de ese mismo fenómeno) que contempló en tiempos pasados. En su deleite se pregunta por el contraste, y al preguntarse es llevada a recordar perfectamente la intuición de que disfrutó en una existencia anterior. Ésta es la tarea de la filosofía. La filosofía, por tanto, consiste en el esfuerzo por remontarse del mundo de los fenómenos, o apariencias, al de las noumena, o realidades. Entre todas las ideas, no obstante, la Idea de belleza brilla a través del velo de los fenómenos más claramente que las demás, por esto el comienzo de la actividad filosófica es el amor y la admiración por lo Bello.

(2) División de la Filosofía

Las partes de la filosofía no son diferenciadas por Platón con la misma precisión formal que la encontrada en los sistemas aristotélicos y postaristotélicos. Sin embargo, podemos, por conveniencia, distinguir:

Dialéctica, ciencia de la Idea en sí; Física, conocimiento de la Idea en tanto que incorporada o encarnada en el mundo de los fenómenos, y, Ética y teoría del Estado, o ciencia de la Idea encarnada en la conducta humana y en la sociedad. (a) Dialéctica

Se entiende no como sinónimo de la lógica sino de la metafísica. Significa la ciencia de la Idea, ciencia de la realidad, ciencia en el verdadero sentido de la palabra. Pues las ideas son las únicas realidades en el mundo. Observamos, por ejemplo, acciones justas, y sabemos que algunos hombres son justos. Pero tanto en las acciones como en las personas designadas como justas existen muchas imperfecciones; son solamente parcialmente justas. En el mundo superior existe la justicia, absoluta, perfecta, sin mezcla de injusticia, eterna, inmóvil, inmortal. Esta es la Idea de justicia. 
De modo similar, en el mundo que está por encima de nosotros existen las Ideas de grandeza, belleza, sabiduría, etc. y no únicamente éstas, sino también las Ideas de objetos materiales concretos tales como la Idea de hombre, la Idea de caballo, la Idea de árboles, etc. En resumen, el mundo de las Ideas es una imagen del mundo de nuestra experiencia, o mejor, éste último es una débil imitación del primero. Las ideas son los prototipos, los fenómenos son los extratipos. En la alegoría de la caverna (República, VII, 514 d) unos hombres son descritos como encadenados en una posición fija en la caverna, siendo capaces exclusivamente de mirar a la pared del fondo. Cuando un animal, p.ej. un caballo, pasa frente a la caverna, ellos, contemplando la sombra proyectada en la pared, imaginan que es la realidad, y mientras dura su cautiverio no tienen noticia de ninguna otra realidad. Al ser liberados y salir a la luz se deslumbran, pero, cuando se habitúan y pueden distinguir un caballo entre los demás objetos que les rodean, su primer impulso es tomarlo por una sombra del ser que ellos vieron sobre la pared. Los prisioneros son "como nosotros mismos ", dice Platón. 
El mundo de nuestra experiencia, que consideramos real, es solamente un mundo de sombras. El mundo real es el mundo de las Ideas, que alcanzamos no por los sentidos sino por una contemplación intuitiva. Las Ideas participan del fenómeno, pero Platón no llega a explicar como tiene lugar esa participación, ni tampoco en qué sentido los fenómenos son imitación de las Ideas; a lo sumo invoca un principio negativo, a veces llamado "Substancia Platónica", para dar razón del fenómeno como caído desde la perfección de la Idea. El principio limitador es la causa de todos los defectos, decadencias y cambios del mundo que nos rodea. El hombre justo, por ejemplo, está lejos de la justicia absoluta (la Idea de Justicia), pues la Idea de justicia está fragmentada en el hombre, está degradada y reducida por el principio de limitación. 
Hacia el final de su vida, Platón se acercó cada vez más a la teoría pitagórica de los números, y, en el "Timeo" especialmente, tendió a interpretar las Ideas en términos matemáticos. Sus seguidores acentuaron indebidamente este elemento y, en el curso de la especulación neoplatónica, las ideas se identificaron con los números. La teoría de la Ideas interesó en gran medida a los primeros filósofos cristianos. La afirmación categórica de una realidad de orden supramundano y espiritual, e igualmente la afirmación de la caducidad de las cosas materiales, concuerdan con la esencia del cristianismo sobre la supremacía de los intereses espirituales. Para hacer más aceptable el mundo de las Ideas a los cristianos, la Patrística platonista, desde el mártir Justino hasta San Agustín, mantuvo que el mundo existe en la mente de Dios, y esto era lo que Platón pensaba. Por otra parte, Aristóteles entendió que Platón se refiere a un mundo de Ideas autosubsistente y separado. 
Por lo tanto, en lugar de representarnos el mundo de las Ideas existiendo en Dios, deberíamos representar a Dios existiendo en el mundo de las Ideas. En efecto, entre las Ideas, la jerarquía suprema se atribuye a la Idea de Dios, o Divinidad absoluta, como se diría, en un universo supraceleste, lo que es el sol del cielo para nuestro mundo terrestre.

(b) Física

La Idea incorporada en el fenómeno, por decirlo así, es menos real que la Idea en su propio mundo, o que la idea encarnada en la conducta humana o en la sociedad. La Física, esto es, el conocimiento de la Idea en el fenómeno, es, por lo tanto, de inferior dignidad e importancia que la Dialéctica y la Ética. De hecho, el mundo de los fenómenos carece de interés científico para Platón. Su conocimiento no es un verdadero conocimiento, ni su fuente, sino tan solo ocasión del verdadero conocimiento.
 El fenómeno trae a nuestra mente el recuerdo de la intuición de las Ideas, y con esta intuición comienza el conocimiento científico. Además, el interés de Platón por la naturaleza está dominado por una visión teológica del mundo como dotado de un alma, la cual, consciente de su conjunto, hace todas las cosas para un propósito útil, o mejor, para "lo mejor" moralmente, intelectualmente y estéticamente. Esta convicción se manifiesta especialmente en la narración platónica del origen del universo, contenida en el "Timeo", aunque los detalles sobre la actividad de los demiurgos y los dioses creados no debería, quizás, tomarse muy en serio. Análogamente, el relato del origen del alma en el mismo diálogo, es una mezcla de filosofía y mito, en el que no es fácil diferenciar uno de otro. 
Es claro, sin embargo, que Platón sostiene la naturaleza espiritual del alma frente al materialismo de los atomistas, y que cree en la preexistencia del alma antes de su unión con el cuerpo. Toda la teoría de las Ideas, al menos en lo que se refiere al conocimiento humano, presupone la doctrina de la pre-existencia. "Todo conocimiento es reminiscencia" sólo tiene significado en la hipótesis pre-natal de la intuición de las Ideas en el alma. Es igualmente incontrovertible que Platón mantenía la inmortalidad del alma. Su convicción sobre este punto fue tan firme como la de Sócrates. Su esfuerzo por fundamentar esta convicción sobre premisas inexpugnables está, por cierto, abierta a la crítica, porque sus argumentos se remiten bien a la hipótesis de una existencia anterior o bien a la teoría de las Ideas. No obstante, las consideraciones que ofrece a favor de la inmortalidad, en el "Fedón", han contribuido a fortalecer en todas las generaciones posteriores la creencia en una vida futura. En su descripción del estado futuro del alma predomina la doctrina pitagórica de la transmigración. 
Aquí, de nuevo, los detalles no deben tomarse tan en serio como el hecho principal, y podemos imaginar que el relato del alma condenada a regresar en el cuerpo de un zorro o un lobo es introducido, sobre todo, porque acentúa la doctrina de la recompensa y el castigo, que es parte de la ética platónica. Antes de pasar a sus doctrinas éticas es necesario indicar algo de su psicología. Platón enseña que el alma consta de tres partes: el alma racional, que reside en la cabeza; el alma irascible, asiento del valor, que reside en el corazón; y el alma sensitiva, asiento del deseo, que reside en el abdomen. Éstas no son tres facultades del alma, sino tres partes realmente diferenciadas.

(c) Ética y teoría del Estado

Como todos los griegos, Platón dio por sentado que el mayor bien del hombre, subjetivamente considerado, es la felicidad (eudaimonia). Objetivamente, el mayor bien del hombre es el máximo bien absoluto en general, el Bien en sí mismo, o Dios. El medio para alcanzar el mayor bien es la práctica de la virtud y la consecución de la sabiduría. El cuerpo debería someterse en la medida en que obstaculiza estas ocupaciones. Sin embargo, en este punto el ascetismo debe moderarse en aras de la armonía y la simetría. -- Platón nunca se excedió en condenas, en particular sobre el cuerpo, como fuente de todo lo malo - porque la abundancia, la salud, la destreza y los placeres inocentes, son medios para alcanzar la felicidad, aunque no indispensables como lo es la virtud. 
La virtud es orden, armonía, salud del alma; el vicio es desorden, discordia, enfermedad. El Estado es, para Platón, la mayor personificación de la Idea. Su finalidad debe ser el establecimiento y cuidado de la virtud. La razón de ello es que el hombre, incluso en condición inculta, podría realmente alcanzar la virtud. Sin embargo, a fin de que la virtud pueda realizarse sistemáticamente y no sea producto del azar o la ventura, es necesaria la educación, la cual es imposible sin una organización social. En su "República" describe un Estado ideal, una forma de gobierno que existiría si gobernantes y gobernados se dedicasen, como debieran, al cultivo de la sabiduría. El Estado ideal se modela en cada alma individual. Consta de tres categorías: gobernantes (correspondiendo al alma racional), productores (correspondiendo al deseo) y guerreros (correspondiendo al valor). La virtud característica de los productores es la economía, la de los soldados la valentía y la de los gobernantes la sabiduría. Puesto que la filosofía es el amor a la sabiduría, ella debe ser el poder dominante en el Estado: "A menos que los filósofos se hagan gobernantes o los gobernantes se tornen verdaderos y consumados discípulos de la filosofía, no terminarán las dificultades de los Estados y de la humanidad " (Rep., V, 473), lo cual es otro modo de decir que aquéllos que gobiernan deben distinguirse por cualidades claramente intelectuales. Platón aboga por un Estado absoluto, tal como el que existía en su época en Esparta.
 El Estado, afirma, ejerce un poder ilimitado. En el Estado platónico no cabe ni la institución de la propiedad privada, ni la de la familia. Los niños pertenecen al Estado tan pronto como nacen, y éste debe encargarse desde el principio de su educación. Serían educados por funcionarios elegidos por el Estado y, según la capacidad que manifestasen, asignados a la categoría de los productores, guerreros o gobernantes. 
Estos proyectos inviables reflejan al mismo tiempo el descontento de Platón con la demagogia que prevalecía en Atenas y su predilección personal por la forma de gobierno aristocrático. Ciertamente su proyecto es aristocrático, en el sentido original de la palabra; defiende el gobierno de los mejores (intelectualmente). La irrealidad de todo ello, y la remota posibilidad de ser llevado a la práctica, debió evidenciarse al mismo Platón, porque en sus "Leyes" hace el esbozo de un nuevo proyecto que, aún considerándolo inferior al de la "República", está más cerca del término medio que el Estado puede alcanzar.

LA ESCUELA PLATÓNICA

La Escuela de Platón, como la de Aristóteles, fue organizada por el mismo Platón, y a su muerte la puso en manos de su sobrino Espeusipo, el primer alumno, como gobernante de la escuela. Se llamó la Academia, porque estaba en la arboleda de Academo. La Academia, con diferente fortuna, mantuvo su identidad como escuela platónica hasta el siglo primero de la era cristiana, primero en Atenas y después en Alejandría. Se modificó el sistema platónico, orientándose al misticismo y la demonología, y padeció al menos un periodo de escepticismo. 
Acabó en un eclecticismo indefinido. Con la llegada del neoplatonismo (q.v.), fundado por Ammonius y desarrollado por Plotino, el platonismo se unió definitivamente a la causa del paganismo contra la Cristiandad. Sin embargo, la gran mayoría de filósofos cristianos hasta San Agustín fueron platonistas. Ellos apreciaban la elevada influencia de la psicología y la metafísica de Platón, y reconocían, en ella un poderoso ALIADO de la Cristiandad frente al materialismo y el naturalismo. Estos platonistas cristianos subestimaban a Aristóteles, a quien se referían como un "agudo" lógico, cuya filosofía favorecía a los heréticos oponentes de la Cristiandad ortodoxa. La Edad Media trastocó este veredicto. Los primeros escolásticos conocían solamente los tratados sobre lógica de Aristóteles, y, en la medida que no eran psicólogos o metafísicos, se acercaron al platonismo de San Agustín. No obstante, sus sucesores en el siglo XII conocieron la psicología, la metafísica y la ética de Aristóteles, asumiendo el criterio aristotélico tan completamente que, antes de finales del siglo XIII, el estagirita ocupó en las escuelas cristianas el lugar que tenía el fundador de la Academia en el siglo V. 
Hubo, digamos, episodios de platonismo en la historia del escolasticismo - p.ej., la Escuela de Chartes en el siglo XII -- y durante todo el periodo escolástico algunos principios del platonismo, y especialmente del neoplatonismo, fueron incluidos en el sistema aristotélico adoptado por las escuelas. El Renacimiento trajo una renovación del platonismo debido a la influencia de Bessarion, Plethon, Ficino, y los dos Mirándola. Los platonistas de Cambridge del siglo XVII, tales como Cudworth, Henry More, Cumberland, y Glanville, reaccionando contra el naturalismo humanista, "Puritanismo espiritual" instauran los fundamentos de la conducta sobre principios conocidos intuitivamente e independientes del propio interés. Además de las escuelas de filosofía descritas como platónicas, existen muchos filósofos y grupos de filósofos modernos que deben mucho a la inspiración de Platón y al entusiasmo por superiores ocupaciones de la mente que emanan del estudio de sus obras.


La edición estándar de las obras de Platón es la de STEPHANUS (Paris, 1578). Otras ediciones más recientes son BEKKER (Berlin, 1816-23), FIRMIN-DIDOT (Paris 1866-). La mejor traducción inglesa es JOWETT, The Dialogues of Plato (Oxford, 1871; 3rd ed., New York, 1892). Sobre la exposición del sistema de Platón cf. ZELLER, Plato and the Older Academy, tr. ALLEYNE AND GOODWIN (London, 1888); GROTE, Plato and the Other Companions of Socrates (London, 1885); PATER, Plato and Platonism (London, 1893); TURNER, History of Philosophy (Boston, 1903); 93 s.q.; FOUILLEE, La philosophie de Platon (Paris, 1892); HUIT, La vie et l'oeuvre de Platon (Paris, 1893); WINDEBLAND, Platon (Stuttgart,1901); LUTOSLAWSKI, Origin and Growth of Plato's Logic (London, 1897). Sobre historia del platonismo cf. BUSSELL, The School of Plato (London, 1896); HUIT, Le platonisme à Byzance et en Italie à la fin du moyen-âge (Brussels, 1894); artículos en Annales de philosophie chretienne, new series, XX-XXII; TAROZZI, La tradizione platonica nel medio evo (Trani Vecchi, 1892).



WILLIAM TURNER Transcrito por Geoffrey K. Mondello Traducido por Miguel Villoria de Dios

Neoplatonismo

Sistema de filosofía idealista y espiritualista tendiente al misticismo. Floreció en el mundo pagano de Grecia y Roma durante los primeros siglos de la era cristiana. Es de interés e importancia, no sólo porque es el último intento del pensamiento griego por rehabilitarse a sí mismo y restablecer su vitalidad exhausta mediante el recurso a las ideas religiosas orientales, sino también porque definitivamente entró en servicio del politeísmo pagano y fue usado como arma contra el cristianismo. 
Su nombre se deriva del hecho de que sus principales representantes obtuvieron su inspiración de las doctrinas de Platón, a pesar de que es bien conocido que varios de los tratados en que ellos se basaron no son obras genuinas de Platón. El neoplatonismo se originó en Egipto, esta circunstancia, por sí misma, indicaría que, no obstante el sistema haya sido un producto característico del espíritu helenista, fue ampliamente influenciado por los ideales religiosos y las tendencias místicas del pensamiento oriental.

Para entender el sistema neoplatónico, así como también entender la actitud del cristianismo hacia él, es necesario explicar la doble finalidad que movió a sus fundadores. Por un lado, el pensamiento filosófico del mundo helénico había probado ser inadecuado para la tarea de la regeneración moral y religiosa. El estoicismo, epicureismo, eclecticismo y aún el escepticismo se habían fijado, cada uno, la tarea de hacer felices a los hombres y, cada uno a su turno había fallado. Entonces surgió la convicción de que el idealismo de Platón y las fuerzas religiosas del Oriente podrían unirse bien, en un movimiento filosófico que daría definición, homogeneidad y unidad a todos los esfuerzos del mundo pagano por rescatarse a sí mismo de la ruina que lo amenazaba.
 De otro lado, la fortaleza y, desde el punto de vista pagano, la agresividad del cristianismo, comenzaban a desarrollarse. Llegó a ser necesario, en el mundo intelectual, imponerse a los cristianos, mostrando que el paganismo no estaba totalmente en bancarrota y, en el mundo político, rehabilitar el politeísmo oficial del Estado proporcionando una interpretación de él, que debería ser aceptable en el ámbito de la filosofía. El estoicismo especulativo había reducido los dioses a personificaciones de fuerzas naturales; Aristóteles había negado definitivamente su existencia; Platón se había reído de ellos. Era momento, además, de que el creciente prestigio del cristianismo debiera ser opacado por una filosofía que, invocando la autoridad de Platón, a quien los cristianos reverenciaban, no sólo mantuviera a los dioses, sino que hiciera de ellos parte esencial de un sistema filosófico. 
Este fue el origen del neoplatonismo. Sin embargo, se debe añadir que, en tanto la filosofía que surgía de estas fuentes era platónica, no desdeñaba el apropiarse de elementos del aristotelismo y aun del epicureismo, articulándose en un sistema sincrético.

Precursores del Neoplatonismo.

Entre los más o menos platónicos eclécticos, que son considerados como los precursores de la Escuela Neoplatónica, los más importantes son Plutarco, Máximo, Apuleyo, Enesidemo y Numenio. El último mencionado, que floreció hacia el fin del siglo segundo después de Cristo, tuvo una influencia directa e inmediata sobre Plotino, el primer neoplatónico sistemático.
 Enseñó que hay tres dioses: el Padre, el Hacedor (Demiurgo) y el Mundo. Filón el Judío (ver Filón Judío), quien destacó en la mitad del siglo primero, fue también un precursor del neoplatonismo, aunque es difícil de decir si su doctrina de la mediación del Logos tuvo una influencia directa en Plotino.

Amonio Saccas

Amonio Sacas, un estibador de los muelles de Alejandría, se considera el fundador de la Escuela Neoplatónica. Como no dejó escritos, es imposible decir cuáles fueron sus enseñanzas. Sabemos, no obstante, que tuvo una extraordinaria influencia sobre hombres como Plotino y Orígenes, quienes voluntariamente abandonaron a los profesores profesionales de Filosofía para escuchar sus discursos sobre la sabiduría. Según Eusebio, Amonio nació de padres cristianos, pero se convirtió al paganismo. Su fecha de nacimiento se considera el 242.

Plotino

Plotino, nacido en Licópolis de Egipto, vivió del 205 al 270, fue el primer filósofo sistemático de la escuela. Cuando tenía 28 años fue llevado por un amigo a escuchar a Amonio y, desde entonces, durante once años, continuó asistiendo con provecho a las lecciones del estibador. Al final del primer discurso que había escuchado, exclamó: “Éste es el hombre que estaba buscando”. 
En el 242 acompañó al emperador Gordiano a Mesopotamia, pretendiendo ir a Persia. En el 244 fue a Roma, donde, durante diez años, enseñó Filosofía, contándose entre sus oyentes y admiradores al Emperador Galiano y su esposa Solonia. En el 263 se retiró a Campania con algunos discípulos, incluyendo Porfirio, y allá murió en el 270. Sus obras, consistentes en cincuenta y cuatro tratados, fueron editadas por Porfirio en seis grupos de nueve. Por esto son conocidas como las Enéadas. Las Enéadas fueron primero publicadas en una traducción latina por Marsilio Ficino (Florencia, 1492); entre las mejores las ediciones recientes están la de Breuzer y Moser (Oxford, 1855) y la de Kirchoff (Leipzig, 1856). Partes de las Enéadas han sido traducidas al inglés por Taylor (Londres, 1787-1817).

El punto de partida de Plotino es el de un idealista. Enfrenta lo que considera la paradoja del materialismo, es decir, la afirmación de que la sólo existe la materia, con una enfática aserción de la existencia del espíritu. Si el alma es espíritu, se sigue que no puede haberse originado del cuerpo ni de un agregado de cuerpos. La verdadera fuente de la realidad está sobre nosotros y no debajo. Es el Uno, el Absoluto, el Infinito. Es Dios. Dios excede todas las categorías del pensamiento finito. No es correcto decir que Él es un Ser o una Mente. Es el Super-Ser, la Super-Mente. Los únicos atributos que le pueden ser aplicados propiamente son Bien y Uno. Si Dios fuera solamente Uno, debería permanecer en su unidad indiferenciada por siempre, y no sería nada sino Dios. 
El es, sin embargo Bien y, la bondad como la luz, tiende a difundirse por sí misma. Del Uno emana en primer lugar el Intelecto (Nous), que es la imagen del Uno. Y es al mismo tiempo un derivado parcialmente diferenciado, porque es el mundo de las ideas, en el que están los múltiples arquetipos de las cosas. Del intelecto emana una imagen en la que hay una tendencia a la diferenciación dinámica, es llamada el Mundo-Alma, es el lugar donde residen las de fuerzas, como el Intelecto es el lugar donde residen las ideas. Del Mundo-Alma emanan las fuerzas (una de ellas es el alma humana), éstas, por una serie de sucesivas degradaciones hacia la nada llegan a ser finalmente materia, lo no-existente, la antítesis de Dios. Todo este proceso es llamado emanación o flujo. Es descrito en lenguaje figurativo, y su valor filosófico preciso no está determinado. 
De modo similar el Uno, Dios, se describe como luz, y la materia se dice que es oscuridad. La materia es, de hecho, para Plotino, esencialmente lo opuesto al Bien; es el mal y la fuente del mal. Es irrealidad y, donde está presente, hay no sólo una falta de bondad sino también una falta de realidad. Dios es el único que está libre de materia; tan sólo Él es Luz; sólo Él es plenamente real. Por doquier hay parcial diferenciación, parcial oscuridad, parcial irrealidad; en el intelecto, en el Mundo-Alma, en las Almas, en el universo material. Dios, lo real, lo espiritual, es además contrastado con el mundo, lo irreal, lo material. Dios es noumeno, todo lo demás es apariencia o fenómeno.

El hombre, estando compuesto de cuerpo y alma, es parcialmente como Dios, espiritual y, parcialmente como la materia, lo opuesto a lo espiritual. Es su deber intentar retornar a Dios eliminando de su ser, sus pensamientos y sus acciones, todo lo que es material y tiende a separarlo de Dios. El alma viene de Dios. Existe antes de su unión con el cuerpo; su sobrevivencia después de la muerte es difícil de probar. Retornará a Dios por medio del conocimiento, porque lo que la separa de Dios es la materia y las condiciones materiales, que son sólo ilusiones o apariencias engañosas.
 El primer paso, en el retorno del alma a Dios es el acto por el que el alma, saliendo del mundo sensorial por un proceso de purificación (catarsis), se libera por sí misma de la trama de la materia. Luego, habiéndose retirado dentro de sí misma, el alma contempla en sí el Intelecto interior. De la contemplación del Intelecto interior, alcanza la contemplación del Intelecto superior y, desde éste llega a la contemplación del Uno. No puede, sin embargo acceder a la última etapa sino por revelación, que es un acto libre de Dios, Quien, esparce a Su alrededor la luz de su propia grandeza, enviando hacia el alma del filósofo y santo una especial luz que lo capacita para ver a Dios en sí mismo. Esta intuición del Uno llena de tal modo el alma que excluye toda conciencia y sentimiento, reduce la mente a un estado de absoluta pasividad, y hace posible la unión del hombre con Dios. 
El éxtasis (ektasis) por el que esta unión se alcanza es la felicidad suprema del hombre, el fin de todo su comportamiento, la culminación de su destino. Es una felicidad que no recibe incremento por que el tiempo se prolongue. Una vez que el filósofo-santo la ha logrado, éste queda confirmado, por así decir, en gracia. De aquí en adelante para siempre, él es un ser espiritual, un hombre de Dios, un profeta y hacedor de maravillas. Comanda todas las potencias de la naturaleza, y aun doblega, según su voluntad, a los mismos demonios. Ve el futuro y, en cierto sentido comparte tanto la visión, como la vida de Dios.

Porfirio

Porfirio, que en belleza y lucidez de estilo supera a todos los otros seguidores de Plotino y se distingue también por la dureza de su oposición a los cristianos, nació en el 233 d.c., probablemente en Tiro. Después de haber estudiado en Atenas, visitó Roma, y llegó a ser ahí un devoto discípulo de Plotino, a quien acompañó a Campania en el 263. Murió hacia el 303. 
De su obra “Contra los Cristianos”, sólo unos pocos fragmentos, conservados en las obras de los Apologistas Cristianos han llegado hasta nosotros. A partir de esos pasajes se nota que dirigió su ataque a lo largo de las líneas de lo que hoy llamaríamos criticismo histórico del Antiguo Testamento y el estudio comparado de las religiones. Su obra “De Antro Nympharum” es una elaborada interpretación alegórica y una defensa de la mitología pagana. 
Sus Aphormai (Sentencias) son una exposición de la filosofía de Plotino. En sus escritos biográficos, incluidas las “Vidas” de Pitágoras y Plotino, se esfuerza para mostrar que estos hombres enviados por Dios, no fueron sólo modelos de santidad filosófica, sino también thaumatourgoi o hacedores de milagros, dotados de poderes teúrgicos. La más conocida de todas sus obras es un tratado lógico titulado eosagoge, o “Introducción a las Categorías de Aristóteles”. Según una traducción latina hecha por Boecio. Esta obra fue ampliamente usada en la Alta Edad Media, y ejerció considerable influencia en el desarrollo de la Escolástica. Tal como es bien sabido, un pasaje del “Isagogue”, dio ocasión para la célebre controversia de los universales en los siglos once y doce. En sus obras expositivas sobre la filosofía de Plotino, Porfirio pone mucho énfasis sobre la importancia de las prácticas teúrgicas. Sostiene, por supuesto, que las prácticas ascéticas son el punto de partida del camino de perfección.
 Uno debe comenzar el proceso de perfección “adelgazando el velo de la materia” (el cuerpo), que se mantiene entre el alma y las realidades espirituales. Entonces, como medio de posterior avance, uno debe cultivar la contemplación de sí mismo. Una vez que la etapa de contemplación de sí mismo ha sido alcanzada, el siguiente progreso hacia la perfección depende de la consulta de oráculos, adivinación, sacrificios no sangrientos a los dioses superiores, y sacrificios sangrientos a los demonios o poderes inferiores.

Jámblico

Jámblico, nacido en Siria, fue discípulo de Porfirio en Italia, y murió hacia el año 330, mientras que fue inferior a su maestro en potencia expositiva, parece haber tenido una más firme comprensión de los principios especulativos del Neoplatonismo y modificó más profundamente las doctrinas metafísicas de la escuela. Sus obras llevan el título comprehensivo de “Sumario de doctrinas pitagóricas”
Ya sea él o un discípulo suyo es el autor del tratado "De Mysteriis Aegyptiorum" (Primeramente publicado por Gale, Oxford, 1678 y después por Parthley, Berlín, 1857), el libro es un producto de su escuela y prueba que, como Porfirio, enfatizó el factor mágico o teúrgico en el esquema neoplatónico de la salvación. Considerando el aspecto especulativo del sistema de Plotino, dedicó atención a la doctrina de la emanación, que modificó hacia su acabamiento y mayor consistencia. 
La naturaleza precisa de la modificación no está clara. Es seguro, sin embargo, afirmar que, en general, anticipó el esfuerzo de distinguir tres momentos o etapas subordinadas en el proceso de emanación.

Mientras estos defensores filosóficos del neoplatonismo fueron dirigiendo sus ataques contra el cristianismo, representantes de la escuela en los aspectos más prácticos de la vida y aun en los más altos lugares de autoridad, se movieron hacia un campo de batalla más efectivo en nombre de la escuela. Hierocles, procónsul de Bitinia durante el reinado de Diocleciano (284-305), no sólo persiguió a los cristianos de su provincia, sino que escribió una obra ahora perdida, titulada “El discurso de un amante de la verdad, contra los cristianos”, levantando los reclamos del rival de la filosofía neoplatónica. Él, como Juliano el Apóstata, Celso, y otros, se activaron principalmente a causa de la declaración hecha por el cristianismo de ser, no una religión nacional como el judaísmo, sino una religión mundial, o universal. 
Juliano resumió el argumento de la filosofía contra el cristianismo así: ”El gobierno divino no se realiza mediante una sociedad especial (como la Iglesia Cristiana) que enseña una doctrina con autoridad, sino a través del orden del universo visible y toda la variedad de instituciones cívicas y nacionales. La armonía subyacente de ésta debe descubrirse por el examen libre en que consiste precisamente la filosofía.” (Whittaker, "Neo-Platonists", p. 155). A la luz de este principio de política pública es que debemos ver el intento de Jámblico de ofrecer una sistemática defensa del politeísmo. Sobre el Uno, dice, está el Absolutamente Primero. Desde el Uno, que es en sí mismo un derivado, deriva el intelecto que, como Intelectual e Inteligible, es dual. 
Tanto el Intelectual como el Inteligible están divididos en triadas, que son los dioses supraterrenales. Debajo de éstos, y subordinados a ellos, están los dioses terrenales, que subdivide en trescientos sesenta seres celestiales, setenta y dos órdenes de dioses infracelestiales y cuarenta y dos órdenes de dioses naturales. Próximos a éstos están los héroes semidivinos de la mitología y los filósofos-santos como Pitágoras o Plotino. Según esto, es evidente que el neoplatonismo cesó por entonces de ser una cuestión meramente académica. 
Entró muy vigorosamente en la contienda concertada contra el cristianismo. Al mismo tiempo, no cesó de ser una fuerza que podía invocar la unificación de los restos sobrevivientes de la cultura pagana. Tal como lo sostuvo la filósofa Hipatia, cuya suerte a manos de una turba cristiana en Alejadría, en el año 422, fue arrojada como un reproche a los cristianos (ver Cirilo de Alejandría). Entre los contemporáneos de Hipatia en Alejandría estuvo otro Hierocles, autor de un comentario de los “Versos dorados” pitagóricos.

Proclo

Proclo, el más sistemático de todos los neoplatónicos y, por tal razón, conocido como “el escolástico del neoplatonismo”, es el principal representante de la fase de pensamiento filosófico que se desarrolló en Atenas durante el siglo quinto, y terminó en el año 529 cuando, por un edicto de Justiniano, las escuelas filosóficas de Atenas fueron clausuradas. El fundador de la Escuela de Atenas fue Plutarco, apodado el Grande (no Plutarco de Queronea, autor de “Vidas de hombres ilustres”), que murió en el 431. El más distinguido miembro de esta escuela fue Proclo, que nació en Constantinopla en el 410, estudió lógica aristotélica en Alejandría y, cerca del 430, llegó a ser discípulo de Plutarco en Atenas. Murió allí en el 485. Es autor de varios comentarios sobre Platón, de una colección de himnos a los dioses, y de varias obras de matemáticas junto con tratados filosóficos. Los más importantes son: “Elementos de Teología”, stoicheiosis theologike, (impreso en la edición de París de las Obras de Plotino); “Teología Platónica” (impreso en1618, en traducción al Latín, por Aemilius Portus); tratados más breves sobre el Destino, el Mal, la Providencia, etc., que existen sólo en una traducción latina hecha por Guillermo de Moerbeka en el siglo trece. 
Estas obras están reunidas en la edición Cousin, “Procli Opera”, París, 1820-1825. Proclo intentó sistematizar y sintetizar los distintos elementos del neoplatonismo por medio de la lógica aristotélica. El principio cardinal sobre el que este intento descansa es la doctrina, ya prefigurada por Jámblico y otros, de que en el proceso de emanación hay siempre tres etapas subordinadas, o momentos, llamados: el original (mone), la emergencia del original (proodos) y el retorno al original (epistrophe). La razón de estos principios se enuncia así: el derivado es a la vez diferente del original y semejante a éste; su diferencia es la causa de su derivación y, su semejanza es la causa o razón de su tendencia a retornar. Toda emanación es, además, en serie. 
Constituye una cadena descendente desde el Uno a su antítesis, que es la materia. De la primera emanación del Uno provienen las “henadas”, los supremos dioses que ejercen la providencia sobre los acontecimientos mundanos; de las henadas proviene la tríada, inteligible, inteligible-intelectual, e intelectual, correspondiente al ser, a la vida y al pensamiento; cada uno de estos es, a su vez, origen de una “hebdómada”, una serie correspondiente a las principales divinidades del panteón pagano: de éstas derivan las “fuerzas” o “almas”, que sólo son operativas en la naturaleza, aunque, dado que son los derivados más inferiores, su eficacia es la menor. La materia, antítesis del Uno, es inerte, muerta y, no puede ser causa de nada excepto de imperfección, error y mal moral. 
El nacimiento de un ser humano es el descenso de un alma en la materia. El alma, sin embargo, puede ascender y volver a descender en otro nacimiento. La ascensión del alma es ocasionada por el ascetismo, la contemplación y la invocación de poderes superiores por magia, adivinación, oráculos, milagros, etc.

Los últimos neoplatónicos

Proclo fue el último gran representante del neoplatonismo. Su discípulo, Marino, fue maestro de Damasco, quien representó a la escuela en el momento en que fue suprimida por Justiniano en el 529. Damasco fue acompañado en su exilio a Persia por Simplicio, célebre comentador neoplatónico. Hacia la mitad del siglo sexto, Juan Filopón y Olimpiadoro destacaron en Alejandría como exponentes del neoplatonismo. Ellos fueron, como Simplicio, comentaristas. 
Cuando llegaron a ser cristianos, el curso de la escuela de Platón terminó. El nombre de Olimpiadoro es el último en la larga fila de escolarcas que comenzó con Espeusipo discípulo y sobrino de Platón.

Influencia del Neoplatonismo

Los pensadores cristianos, casi desde el principio de la especulación cristiana, encontraron en el espiritualismo de Platón una poderosa ayuda para defender y mantener una concepción del alma humana que el materialismo pagano rechazaba, pero que la iglesia cristiana aceptaba irrevocablemente. Todas las primeras refutaciones del materialismo psicológico son platónicas.
 Así también, cuando las ideas de Plotino comenzaron a prevalecer, los escritores cristianos aprovecharon del respaldo prestado por la doctrina de que hay un mundo espiritual más real que el mundo de la materia. Después, hubo filósofos cristianos, como Nemesio (que tuvo su auge hacia el 450), quien asumió el entero sistema del neoplatonismo de manera que fuera considerado consonante con el dogma cristiano. Lo mismo puede ser dicho de Sinesio (Obispo de Ptolemaica, c.41), excepto que él, habiendo sido pagano, aún después de su conversión, no abandonó la idea de que el neoplatonismo tuvo valor como una fuerza que unificó los diversos factores de la cultura pagana. Al mismo tiempo hubo elementos en el neoplatonismo a los que recurrieron con fuerza los herejes, especialmente los Gnósticos, y estos elementos fueron más o menos fuertemente acentuados en las doctrinas heréticas: así S. Agustín, que conoció los escritos de Plotino según una traducción latina, se vio obligado a excluir de su interpretación del platonismo varios de los postulados que caracterizaron a la escuela neoplatónica. 
De este modo, llegó a profesar un platonismo que, en varios aspectos está más cerca de la doctrina de los diálogos de Platón que de la filosofía de Plotino y Proclo. El escritor cristiano cuyo neoplatonismo tuvo más amplia influencia en la posteridad, y que además reprodujo con mayor convicción las doctrinas de la escuela, es el Pseudo-Dionisio (ver DIONISIO, EL PSEUDO AEREOPAGITA). 

Las obras “De divinis nominibus”, “De hierachia coelesti”, etc., se admite ahora que fueron escritas el final del siglo quinto, o durante las primeras décadas del siglo sexto. Provienen de la pluma de un cristiano platónico, un discípulo de Proclo, probablemente un alumno inmediato de este profesor, como queda claro por el hecho de que él incorpora, no sólo las ideas de Proclo, sino además largos pasajes de sus escritos. 
El autor, ya sea intencionalmente de su parte, o por algún error de parte de sus lectores, fue identificado con Dionisio, quien es mencionado en los Hechos de los Apóstoles como convertido por S. Pablo. Posteriormente, en especial en Francia, fue además identificado con Dionisio el primer obispo de París. 
Ocurrió entonces que las obras del Pseudo-Aereopagita, después de haber sido usadas en Oriente, primero por los monofisitas y luego por los católicos, llegaron a ser conocidas en Occidente y ejercieron una amplia influencia a través de toda la edad media. Fueron traducidas al latín por Juan Escoto Eriúgena hacia la mitad del siglo noveno y, en esta forma fueron estudiadas y comentadas, no sólo por escritores místicos, tales como los Victorinos, sino también por típicos representantes de la escolástica como S. Tomás de Aquino. Ninguno de los escolásticos posteriores, sin embargo, adoptó en su total dimensión la metafísica del Pseudo-Aeropagita en sus principios esenciales, como lo hizo Juan Escoto Eriúgena en su “De divisione naturae”.

Después de la supresión de la escuela de filosofía de Atenas por Justiniano en el 529, los representantes del neoplatonismo fueron, según se ha visto, a Persia. No permanecieron por mucho tiempo en ese país. Otro éxodo, tuvo consecuencias más permanentes. Un número de griegos neoplatónicos asentados en Siria llevaron consigo las obras de Platón y Aristóteles, que fueron traducidas al siríaco y después al árabe, hebreo y latín y así, hacia la mitad del siglo doce comenzaron a reingresar a la Europa cristiana a través de la España morisca. Estas traducciones estuvieron acompañadas de comentarios que continuaron la tradición neoplatónica comenzada por Simplicio. 
Al mismo tiempo un número de obras filosóficas anónimas, escritas en su mayor parte bajo la influencia de la escuela de Proclo, algunas de las cuales fueron adscritas a Aristóteles, comenzaron a ser conocidas en la Europa cristiana, y no dejaron de influir en la escolástica. Asimismo, obras como “Fons Vitae” de Avicebrón, que fueron conocidas como de origen judío o árabe, fueron neoplatónicas, y contribuyeron a determinar la doctrina de los escolásticos. 
Por ejemplo la doctrina de Escoto de la materia primo-prima es reconocida por el mismo Escoto como derivada de Avicebrón. No obstante todos estos hechos, la filosofía escolástica fue aristotélica en su espíritu y método; explícitamente rechazó varias de las interpretaciones neoplatónicas, tal como la unidad del Intelecto Agente. Por esta razón todos los críticos sin prejuicios concuerdan que es una exageración describir el conjunto de la escolástica meramente como un episodio en la historia del neoplatonismo. En época reciente este punto de vista exagerado ha sido defendido por M. Picavet en su "Esquisse d'une histoire comparée des philosophies médiévales" (Paris, 1907).

Los elementos neoplatónicos en el “Paradiso” de Dante han tenido origen en su interpretación de los escolásticos. No es sino hasta el surgir del humanismo en el siglo quince cuando las obras de Plotino y Proclo fueron traducidas y estudiadas con el celo que caracterizó a los platónicos del Renacimiento. Fue entonces cuando, los elementos teúrgicos o mágicos presentes en el neoplatonismo se hicieron populares. La misma tendencia se ha encontrado en “Eroici Furori” obra de Bruno, interpretando a Plotino en la dirección de un materialismo panteísta. 
El rechazo activo del materialismo por los platónicos de Cambridge en el siglo diecisiete, consiguió que reviviera el interés por los neoplatónicos. Un eco de esto se aprecia en la obra de Berkeley titulada “Siris”, la última fase de oposición al materialismo. Cualquier elemento neoplatónico que sea reconocido en trascendentalistas, como Schelling o Hegel, difícilmente puede citarse como sobreviviente de los principios filosóficos. Ellos son más bien influencias inspirativas como las que encontramos en poetas platónicos tales como Spencer y Séller.

CREUZER AND MOSER, edd., Plotini opera (Oxford, 1835) tr. TAYLOR (London, 1794-1817); JOHNSON (tr.), Three Treatises of Plotinus (Osceola, Missouri, 1880); COUSIN, Procli Opera (Paris, 1864), tr, TAYLOR (London 1789 and 1825); NAUCK ed., Porphyrii opuscula (Leipzig, 1860 and 1886), tr. TAYLOR; IDEM, tr. (London, 1823); WHITTAKER, The Neo-Platonists (Cambridge, 1901); BIGG, The Christian Neo-Platonists of Alexandria (Oxford, 1886); Neoplatonism (London, 1895); VACHEROT, L'Ecole d'Alexandrie (Paris, 1846-1851); SIMON, Histoire de l'école d'Alexandrie (Paris, 1843-1845); ZELLER, Philosophie der Griechen, III (4th ed., Leipzig, 1903), 2,468 sqq.; TURNER, History of Philosophy (Boston, 1903), 205 sqq.

WILLIAM TURNER

Trascrito en su versión original en inglés por Geoffrey K. Mondillo. Traducido por Luis Francisco Eguiguren Callirgos.
puerta del infierno


Santa Juana de Arco.-a

Santa Juana de Arcos (Domrémy, Francia, 1412 - Ruán, id., 1431) Santa y heroína francesa. Nacida en el seno de una familia campesina acomoda...