Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


Mostrando entradas con la etiqueta Estudio de biblia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estudio de biblia. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de septiembre de 2016

67).-¿FILOSOFÍA EN LA BIBLIA?


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 


¿ FILOSOFÍA EN LA BIBLIA? 


biblia

EL PENSAMIENTO NEOTESTAMENTARIO COMO UNA PROPUESTA FILOSÓFICA

CHRISTIAN TRONCOSO CASTILLO
Universidad Autónoma de Chile, Talca. Chile

Resumen: El problema de la definición de alma y espíritu puede tener su origen en las exégesis bíblicas de Agustín de Hipona, quien lee la ontología del "cuerpo, alma y espíritu" y la reduce a "cuerpo, espíritu". El presente artículo es una relectura del texto bíblico que también resultó controversial entre las escuelas filosóficas de su época.



Introducción.

El enunciado del título nos lleva a una interrogante justa ¿Es la Biblia un tratado de filosofía? Y la pregunta derivada ¿pretendía alguno de sus escritores que lo fuera? Sin embargo, podrá argumentarse que no todos los libros de filosofía se crearon como manuales y, que, en este aspecto, varios de sus grandes clásicos están escritos en clave literaria. Por lo demás, un texto puede ser abordado desde distintas perspectivas y la búsqueda de una filosofía en la Biblia se desprende del hecho de que todas las ideologías descienden de un pensamiento filosófico que responde a una cosmogonía y cosmovisión particulares de las cuales quedarán inevitables huellas en sus textos. 
En cuanto a la segunda interrogante podrá cuestionarse la idea de que exista una sola filosofía en la Biblia, ya que lo más lógico es que existan diversos puntos de vista debido a la cantidad de autores y contextos culturales diversos y hasta contrarios; no obstante, asumiremos que en este libro, que es una antología, existe un criterio organizador –por lo menos, el criterio que compiló los libros– que sí concibió que los libros llevan hacia una misma perspectiva.

En torno al pensamiento ideológico neotestamentario se han derramado ríos de tinta para vincularlo con el pensamiento griego del primer siglo, y, aquellos comentaristas más intrépidos, que son también los más respetables, han establecido un paralelo entre la ontología cristiana y las doctrinas de Platón y de Aristóteles. Agustín y Tomás de Aquino son, quizás, a quienes se les deba en gran medida lo que hasta hoy se realiza en cuanto a los estudios teológicos. Desde la óptica cristiano-católica, por ejemplo, el pensamiento de Pablo acerca del alma es descendiente directo de la filosofía griega. Pero cabe preguntarse,

¿hasta qué punto Pablo estaba influenciado por las escuelas griegas y hasta qué punto era "nueva" su propuesta? Porque, a la luz de las investigaciones sobre el contexto contemporáneo de lectura de los discursos paulinos citados en el libro de los Hechos, además del cotejo entre los textos mismos, en mi opinión, nos encontraremos con que a pesar de que se recogen varios conceptos clásicos, en realidad, los escritores neotestamentarios los reescriben y resemantizan, interpretándolos, al parecer, según un lente oriental.

Para ello será determinante indagar en los términos comunes del naciente cristianismo con la filosofía griega; pero, semejante empresa puede resultar presuntuosa y excesiva para nuestros fines, por lo que solamente me remitiré a enunciarlos de modo general, a modo de un panorama de la filosofía en la Biblia.



Dios y la inmanencia.

En el evangelio de Juan aparecen asociados a Jesús los términos logos (palabra) y archae (principio) que marcaron toda la discusión de los filósofos presocráticos. "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1), este versículo aparece como una reescritura de Génesis 1:1, que también comienza con la frase "En el principio", pero ahora, en griego, la palabra principio adquiere un significado que la tradición filosófica entendía no solo como origen temporal, sino también como agente constitutivo de la materia; el archae de la physis (naturaleza, materia) es para Tales de Mileto el agua, para Anaximandro el apeirón (lo desconocido) y para Demócrito el átomo. Ahora bien, lo complejo será entender este concepto desde la Biblia sin pasar por la tradición neoplatónica helenista1, puesto que desde Agustín (inspirado en Platón) hasta Descartes se ha interpretado el mundo real en torno a un sistema binario entre lo visible y lo invisible, entre el cuerpo y el alma.

En el libro de Juan, el principio constitutivo de la naturaleza es logos, que es estudio racional, selección; pero también, pensamiento y palabra, es decir, lo inmaterial y lo material, al mismo tiempo2. En este sentido, es que interpreta este texto el esotérico francés, René Guénon, cuando asume que el mundo resulta simbólico de la divinidad:

Si el Verbo es Pensamiento en lo interior y Palabra en lo exterior, y si el mundo es el efecto de la Palabra divina proferida en el origen de los tiempos, la naturaleza entera puede tomarse como un símbolo de la realidad sobrenatural. Todo lo que es, cualquiera sea su modo de ser, al tener su principio en el Intelecto divino, traduce o representa ese principio a su manera y según su orden de existencia (Guénon, 1969, p. 58).

Este es, también el modo en que lo interpreta Pablo, quien escribe a los romanos: "Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Romanos 1:20). El contexto de este versículo es una apología de la verdadera sabiduría, haciendo la diferencia con aquellos romanos que la buscan fuera de Dios; entendemos, entonces, que para Pablo toda la naturaleza y el mundo son una manifestación de la divinidad y el poder de Dios –lo que Mircea Eliade llama hierofanía y cratofanía respectivamente– y que todo conocimiento o estudio debería acercarse a Dios, por eso es que dice que los sabios "no tienen excusa". 
Al parecer, la idea de los autores neotestamentarios acerca de las manifestaciones de Dios es también una revelación para iniciados, es decir, para quienes por la fe examinan el mundo, de allí, que asuma también que Dios es la partícula fundamental de la materia. Por ahora, en base a Juan 1, diremos que si Jesús es el logos de Dios, decimos que es también el componente de todas las cosas, a eso apunta el versículo 3: "Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Juan 1:3), entendiendo siempre que la cláusula di "por" en griego quiere decir "mediante" o "a través de" como si se tratara de un instrumento o material para construir algo. Esta idea parece ser entendida por Pablo quien lo enseña así en su carta a los romanos (Romanos 11:36) y en su epístola a los cristianos de Colosa, en este último caso, es enfático en señalar que Jesús es el principio de la materia en términos cronológicos y en términos de sustancia constitutiva.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia (Colosenses 1:16-18).

En términos específicos, el Dios cristiano aparece manifestado similar al dios inmanente de los estoicos y epicúreos (sin embargo, para nada binario), pero, a la vez, sigue siendo el como el dios trascendente del Antiguo Testamento (Salmos 19:1). Es, en cierto sentido, una revelación parecida al mana de los maoríes que Mircea Eliade (2001) describe:

Hay que plantear, pues, el problema en términos ontológicos: lo que existe, lo que es real, y lo que no existe, y no en términos de personal-impersonal, corpóreo-incorpóreo, conceptos que no tienen en los «primitivos» la precisión que han adquirido en las culturas históricas. Lo que está dotado de mana existe en la plano ontológico y, por consiguiente, es eficaz, fecundo y fértil… Además, no aparece en ninguna parte el mana hipostasiado… separado de los objetos y de los hombres (p. 90).

Eliade enfatiza que esa fuerza vital no es una fuerza mágica impersonal y que se manifiesta en cada acontecimiento asombroso. De esta forma, Dios se vuelve palpable tanto para el científico como para el creyente. Esta es la razón por la que, para Pablo, no hubiera para los romanos una excusa.

Estas aseveraciones pueden resultar muy debatidas con la tradición teológica cristiana occidental. Sin embargo, lo cierto es que con esto el estudio del Dios cristiano se complejiza, entendiendo que nuestras nociones para su estudio provienen más de una tradición de lectura que del propio texto, en el fondo, el Dios de la Biblia no es el Dios de la teología; no quiero aquí derogar la tradición ni mucho menos, sino más bien destacar que en el Nuevo Testamento el acercamiento a Dios nunca supone el apartarse de una lógica de interpretación, solo que, en principio, nos insta a indagar más en la historia de la lectura de los textos bíblicos, en vez de asumir la autoridad de una tradición de lectura pontificia.

La verdad.

En la Biblia, quizás el fragmento más conocido acerca de la verdad sea lo que Jesús enunciaba de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6a). Lo primero que llamará la atención del lector es el uso de la fórmula "Yo soy", que era eludida por los hebreos de la época porque entendían que el único "Yo soy" es el nombre de Dios que se reveló a Moisés (Éxodo 3:14); en lo literal, la fórmula ego eimi (Yo soy) que aparece en el texto original griego es la misma que ocupa Jesús cuando los soldados van a apresarle: "Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue" (Juan 8:58-59). 
Esta escena demuestra la potencia social que tenía decir "Yo soy", por lo tanto, podemos asumir que no es arbitrario que Jesús la ocupe al definir la verdad. Como ya vimos, en el evangelio de Juan se enuncian varios términos que son parte de la discusión académica griega de la época, en este caso, los términos de verdad y de vida.

En el fondo, en este pasaje se proponen la aletheia (verdad) y la zoe (vida) como atributos del logos dan cuenta de una visión de Dios muy cercana a la reflexión de las escuelas griegas del siglo V a.C. como la de los estoicos, epicúreos y cínicos, por ejemplo, sin embargo, a los griegos pudo parecerles controversial el hecho de que el discurso neotestamentario unía dos áreas que, para ellos, siempre corrieron por vías separadas: la filosofía y la revelación divina (a excepción de algunos de los presocráticos o en ciertos pasajes de las enseñanzas de Sócrates).Hay que pensar, eso sí, que esta visión acerca de lo divino no fue compartida a los griegos sino hasta años después de la crucifixión de Cristo, con la escritura del evangelio de Juan en griego y el pensamiento del Pablo de Tarso.

Pensamiento paulino en el contexto de las escuelas griegas.

En el siglo I, el reciente grupo cristiano compartía ciertos conceptos con la filosofía griega que, con los estudios se Agustín fueron interpretados según la tradición de la Escuela de Atenas, "cristianizando" Platón y Aristóteles. Agustín tiene el mérito de no haber evaluado la fe y la razón como contrapuestas sino como complementarias y, hasta hoy, sus estudios teológicos son la base de los que se realizan tanto en la vereda católica como en la vereda protestante. Sin embargo, cabe preguntarse hasta qué punto los conceptos introducidos en las palabras de Jesús en el libro de Juan y el pensamiento de Pablo vienen a descender de esta tradición y si, pudiera ser, que estuvieran proponiendo algo nuevo; entendiendo que ni Platón, ni Aristóteles adscribían a esta visión de la revelación divina. En la Biblia aparece una escena que nos dará el punto de partida para esta responder a esta pregunta:

Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) (Hechos 17: 18-21)
El capítulo narra la estadía de Pablo en Atenas y su frustrado intento al comparecer ante el Areópago. Quizás mucho se ha comentado ya acerca de la forma peyorativa en la que los estoicos y epicúreos tratan a Pablo; pero, ciertamente, el que estas escuelas fueran las que discutieran con Pablo tiene poco 3 que se ha vinculado las enseñanzas éticas de Pablo en particular con la escuela estoica: "Tarsus, when Paul was born, was one of the chief seats of the Stoic philosophy, and the Apostle was almost as much bornin to the ethics of this sect a she was intorabbinical way sofargument" (Gardner, 1913, p. 61) 4

En la Biblia, no aparecen detalles que nos contribuyan a confirmar la formación filosófica de Pablo, pero resulta verosímil asumirlo así al ver su estilo y uso del idioma. Sin embargo, que Pablo haya simplemente cotejado su enseñanza helénica y hebrea es una presunción un tanto más aventurada, por eso, nos parece extraño que casi todos los estudios sobre él den por hecho esta síntesis paulina (ver Howell, 1964; Duque, 2008 y Spencer, s/a). de la discusión académica de la época, por ejemplo, para los cínicos: "The Logo sis the unifying principle in the world of men, just as the fiery Pneuma is the cohesive principle in Nature. Butthere was no distinct dualism between Logos and Pneuma as world-principles" (Grant, 1915, p. 272) 5, entendían el pneuma y el logos en función de lo que da movimiento a los objetos o sujetos y los comprendían como entidades fundamentales, incluso, muchos de los estoicos del siglo I d.C. figuraban al mundo como un animal, influenciados por Aristóteles. También asumen algunas enseñanzas de Heráclito, quien asumía el alma (psique) de la vida (zoe) en relación al fuego. 
Su modo de concebir la ontología humana, con un alma inseparable del cuerpo quien está inmerso en un logos universal se enfoca en un ser bipartito, rodeado por el alma y el cuerpo del mundo: "It was thus that their pantheitic physics and thieirethic scame together in thephrase, ‘Living according to nature’: ζην κατα φυσιν" (Grant, 1915, p. 272). Es decir, para ellos, logos y pneuma eran un tipo de psique e, incluso, que esta sería una entidad física, como lo afirma Jean Wahl:

Los estoicos destacaron el elemento voluntario del alma. Eran materialistas. Mas esto no era para ellos una razón para negar la actividad del sutil e ígneo elemento bajo la figura del cual se representaban el alma. En cuanto a los atomistas, sostuvieron que el alma, lo mismo que cualquier otra cosa, está compuesta de átomos, pero más pulidos y fácilmente fluyentes (Wahl, 2012, p. 307).

Ahora bien, como destaca Grant: "Paul certainlly was not a Stoic. Most of his principles were diametrically opposed and utterlyaliento Stoicism" (Grant, 1915, p. 276) 6. Sería un error admitir que el estoicismo influyó a Pablo porque, entre otras cosas, el apóstol oponía el principio de la vida natural al de la vida espiritual, lo que, ya lo distancia suficientemente de los estoicos, para quienes no existe tal distinción.

Por su parte, para Platón, el alma y el cuerpo viven en una relación dialéctica entre la corruptibilidad e incorruptibilidad, y por eso, la idea fundamental del alma está asociada a la inmortalidad. Para él, el debate es sobre si el alma es una "armonía" entre el cuerpo y la naturaleza o una entidad inmaterial que, incluso, existe desde antes de que el humano posea un cuerpo:

El alma es lo más semejante a lo divino, inmortal, inteligible, uniforme, indisoluble y que está siempre idéntico consigo mismo, mientras que, a su vez, el cuerpo es lo más semejante a lo humano, mortal, multiforme, irracional, soluble y que nunca está idéntico a sí mismo (Platón, Fedón, 80b).

Esta es la razón por la que el designara el conocimiento como reminiscencia. Más adelante en el mismo diálogo, agrega: "-Contéstame entonces -preguntó él-. ¿Qué es lo que ha de haber en un cuerpo que esté vivo?/ -Alma-contestó" (106c). Aquí defiende la idea del alma como partícula fundamental del la vida 7 que luego relaciona con el conocimiento y aprendizaje: "Porque el alma se encamina al Hades sin llevar consigo nada más que su educación y su crianza, lo que en verdad se dice que beneficia o perjudica al máximo a quien acaba de morir y comienza su viaje hacia allí" (107d).

 De allí que, para Platón, el filósofo debe rehuir de contaminar su alma con su cuerpo y abstenerse de pasiones que lo lleven a corporalizar su alma. De algún modo, aquí el alma es también el nous, intelecto. En el Fedro, Platón añade que el alma es el principio del movimiento; posteriormente, su discípulo Aristóteles le objeta que: "no sólo es falso que la entidad del alma sea tal cual afirman quienes dicen que es aquello que se mueve a sí mismo –o bien aquello que tiene la capacidad de moverse a sí mismo–, sino que además es imposible que el movimiento se dé en el alma" (Del alma, 406a); luego, también, critica la idea de que el alma sea el intelecto: "Platón da a entender que el alma del Universo es como el denominado intelecto y no como el alma sensitiva o apetitiva, ya que el movimiento de éstas no es de transición circular" (407a), por ello es que el estatigirita establece los tipos de alma, aunque no nos ocuparemos de esto por ahora. 
Tampoco, para Aristóteles, el alma ocupa un lugar en el espacio ni ha de producir movimiento, porque "no todos los seres dotados de sensibilidad son capaces, además, de producir movimiento" (410a). Para Aristóteles, el alma es entelequia del cuerpo: "Por tanto, si cabe enunciar algo en general acerca de toda clase de alma, habría que decir que es la entelequia primera de un cuerpo natural organizado" (412b) 8 y por ello, el alma tiene la característica de ser definitoria de cierto tipo de cuerpo, es decir:

si el ojo fuera un animal, su alma sería la vista. Esta es, desde luego, la entidad definitoria del ojo. El ojo, por su parte, es la materia de la vista, de manera que, quitada ésta, aquél no sería en absoluto un ojo a no ser de palabra, como es el caso de un ojo esculpido en piedra o pintado (412b).

Es trascendental, entonces, para Aristóteles la idea de propósito o función en el alma como definitoria del cuerpo, ahora bien, ¿cuál es el propósito del ser humano? Este no parece ser un problema para Aristóteles, pues no lo desarrolla en su teoría.
Como se ve, los estoicos toman algunos principios platónicos del alma; pero ellos ven el alma como armonía, y no como reminiscencia, proveniente del mundo de las ideas, por lo tanto, para Platón, todo lo que puede llegar a conocer a lo largo de la vida corporal es solamente un recuerdo del mundo de las ideas, según comenta Aristóteles, esto involucra que "el alma conoce todas las cosas" (Del alma, 405b).

Platón y Aristóteles, eso sí, coinciden en la idea de una bipartición ontológica del hombre, es decir, el hombre es cuerpo y alma, lo que ha pasado íntegro hacia la tradición cristiana, no obstante, en el pensamiento neotestamentario y, en particular, en las cartas paulinas, la ontología del hombre es tripartita. 

Además, en las citas planteadas ha sido evidente que las características que Platón y Aristóteles debaten en torno al alma, son palabras que encontramos en la ontología que muestra Pablo (y todo el Nuevo Testamento), sin embargo, muchas de ellas están asociadas a la idea de espíritu, por ejemplo, el movimiento es consecuencia del espíritu (Hechos 1:8), el espíritu conoce todas las cosas (1 Corintios 2:11) y el espíritu está en dialéctica constante con el cuerpo, en la epístola a los gálatas, Pablo señala: "Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley" (Gálatas 5:16-18), lo que viene contrastarse con el concepto platónico "vemos que el alma se opone a las inclinaciones del cuerpo" (Platón, Fedón, 94c); por su parte, la idea aristotélica de que el alma es el principio superior que mantiene la unidad de un sujeto, tanto de su parte material como de la inmaterial, se ve reescrita por Pablo en función del espíritu en su epístola a los romanos: "Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz" (Romanos 8:6) y, además, lo confirma el apóstol Santiago: "el cuerpo sin espíritu está muerto" (Santiago 2:26). 

Ahora bien, la gran diferencia en el esquema ontológico del hombre entre Pablo y los filósofos griegos es que el modelo binario queda superado un modelo trinario o tripartido, esto se basa, fundamentalmente, en la creación semejante a Dios que es también trino. 

Pablo afirma: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tesalonisenses 5:23), es verdad, sin embargo, que el estilo y contexto en el que Pablo enuncia el espíritu, alma y el cuerpo no es el establecimiento de una taxonomía fija ni de una ontología especial, sino que forma parte de los saludos finales en su carta. 

Sin embargo, no hay razón para pensar que no sean tres los componentes de ser en su propuesta; lo más seguro es que Pablo se tome de las palabras de Jesús (que a su vez parafraseaba el Deuteronomio), quien decía: "Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mateo 22:37), es objetable en este fragmento, que no son los mismos conceptos que utiliza Pablo y que, en el Nuevo Testamento, siempre se establecen metáforas al hablar de "corazón" y nunca se le utiliza en el sentido de órgano. Ello nos conduciría a afirmar que, en el pasaje, no se habla del aspecto físico. 
Ahora bien, todos los sentidos figurados que con los que se usa el "corazón" tienen que ver con la espacialidad y/o los deseos, en el fondo, el corazón es el lugar íntimo. De modo que es lugar, debe estar relacionado con lo físico (un lugar es, por definición, espacio) y por ello necesariamente con el cuerpo, de un modo semejante Aristóteles alude a que el corazón físico es inseparable del alma por cuanto se mueve producto de las evocaciones que esta realiza en virtud de las sensaciones. 

En este sentido, psique y kardias (corazón) son conceptos afines que representan una identidad personal e íntima; en relación al uso léxico de ambas palabras en el Nuevo Testamento, kardias se usa cuando se quiere enfatizar su significado de lugar o intimidad, en tanto, psique aparece como un término más general, aunque a menudo enfatiza los deseos, del mismo modo en que zoe se identifica con alma.
 El kardias es descrito como lugar porque contiene y es residencia del espíritu. A este respecto, pneuma (espíritu) está emparentado morfológicamente con nous que es la capacidad de razonamiento y, este lexema está presente también en la palabra dianoia, enunciada en Mateo 22:37, que se traduce por mente; lo cierto es que los escritores neotestamentarios utilizan esta palabra, en todo momento con alusión a que genera, concibe, dice, etc… en definitiva, el espíritu mueve, pero a él le está asociado un movimiento que el dinamis y se traduce generalmente como potencia, en cambio, la fuerza física iskus, queda ligada al soma, cuerpo10. 

De este modo, en el pasaje de Mateo 22 en que Marcos y Lucas narran narran también, ellos agregan un cuarto elemento: "Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento" (Marcos 12:30). Si se examina a través de lo visto hasta ahora, se entenderá que los cuatro elementos que Jesús enuncia en los evangelios de Marcos y Lucas son, en realidad, solo tres; puesto que corazón y alma son términos afines, fuerzas (iskus) es cuerpo; y mente, (dianoia) es lo espiritual, decimos esto en base a las referencias de Pablo a los romanos, en donde reafirma, además, la relación del Dios cristiano y el conocimiento:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:1-2).

La búsqueda racional de la verdad se vuelve siempre, para Pablo, en una búsqueda de Dios, para lo cual es necesaria la renovación de la mente (nous) que, léxicamente al menos, está contenida en el espíritu (pneuma). Para hacerlo más claro lo ilustro en el siguiente esquema:


Los orígenes de la ontología trinaria

No se puede afirmar que Pablo haya sido estoico, ni platónico, ni aristotélico, principalmente, porque a los conceptos que utiliza les otorga en significados harto distintos de los que los griegos usaban. Eso sí, los conceptos estaban completamente situados en el pensamiento estoico de principios de siglo I d. C, sin embargo,la filosofía griega y la filosofía paulina se oponen en esta ontología binaria helénica y la ontología trinaria de origen hebreo.

Pablo resemantiza conceptos como psique, pneuma y logos, pero lo más interesante es que la separación, siempre compleja entre alma y espíritu no es al azar. Mircea Eliade, citando a Franz Cumont, señala que "la pareja espiritual psyché-nous es de origen oriental" (Eliade, 2001, p. 79) y cita al respecto dos conceptos hebreos que, para él representan un alma espiritual, ruah, y un alma vegetativa, nephesh. Aquellos términos son los que, desde siempre, se han traducido por espíritu y alma respectivamente. Según Juan Ruiz de la Peña (1988), el nephesh es "lo que hoy llamaríamos la personalidad o idiosincrasia de tal o cual ser humano" (p. 22), en tanto el ruah está más relacionado a Dios.

En definitiva, Pablo no adapta el pensamiento cristiano a una configuración griega, dualista o dicotómica, sino que resemantiza desde dentro de la academia griega los conceptos presentados, e incorpora ciertos paradigmas ontológicos hebreos. Basados en Eliade podríamos afirmar incluso que Pablo intenta reconstruir el significado original del par psyché-nous y de los otros conceptos estudiados en este trabajo. Esto hace que la ontología trinaria propuesta en el Nuevo Testamento y defendida por Pablo devenga no sólo en una propuesta filosófica, sino en un estudio hermenéutico, como lo ha intentado ser este. Obviamente, el presente trabajo queda incompleto, puesto que los alcances del pensamiento neotestamentario como una filosofía, o, al menos, una ontología hará que, por lo bajo, se le haga justicia a los textos paulinos que han sido leídos, desde Agustín, por una tradición helenista neoplatónica y no como una propuesta propia proveniente desde una lógica diferente, quizás, aquella "lógica del amor" que menciona Ricoeur (2001).

Estoicos y epicúreos, tienen ahora la palabra.



NOTAS

1 Por ello, Paul Ricoeur (2001) apunta que: "la atormentada historia de relaciones entre helenismo y judaísmo, y entre helenismo y cristianismo, quedará marcada por innumerables reelaboraciones del modo como debe entenderse el significado de einai y de esse" (p. 346), destacando así, la necesidad de un acercamiento a los textos bíblicos sin ese paradigma.

2 La palabra "lógica" proviene de este concepto griego y, en definitiva, este capítulo del evangelio propone a un Dios ligado a la lógica, cuando no, su fundador.

3 Una traducción rudimentaria sería la siguiente: "La gente de Tarso se ha dedicado con exhaustividad, no solo al estudio de la filosofía, sino también de todo tipo de educación general; han superado a Atenas, Alejandría o cualquier otro lugar que pueda ser nombrado; allí se han dado cita escuelas y lecturas de filósofos" (Geografía, XIV, 5.13).

4 "Tarso, cuando Pablo nació, era uno de los primeros asentamiento de la filosofía estoica y el Apóstol fue formado de la ética de esta secta desde su nacimiento tanto como en las formas de argumentación rabínicas".

5 "El Logos es el principio unificador en el mundo del hombre, así como el Pneuma es el principio cohesivo del mundo de la Naturaleza. Pero no hay una distinción dualista entre Logos y Pneuma como partículas fundamentales del mundo".

6 Pablo ciertamente no fue un estoico. La mayoría de sus principios fueron diametralmente opuestos y totalmente ajenos al estoicismo.

7 La que, sin duda, tenían los helenistas que tradujeron la Septuaginta en el episodio en que Dios crea al hombre "y fue el hombre un alma viviente"

8 Entre otras cosas, el entender la entelequia como el propósito hacia el que el ente se desarrolla constantemente, el alma viene a ser el propósito por el cual el ente se mueve. No principio del movimiento, sino su fin.

9 Pienso que, en rigor, debería decir "diferencias entre Pablo y otros filósofos griegos".

10 La diferencia entre ambos tipos de fuerza queda clara en 2 Pedro 2:11.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ARISTÓTELES. (1983). Acerca del alma. Madrid: Gredos.       

ELIADE. M. (2001). Tratado de Historia de las Religiones: morfología y dialéctica de lo sagrado. Madrid: ediciones Cristiandad.   

ESTRABÓN. (2013). Γεωγραφικά. Recuperado del sitio <http://www.hs-augsburg.de/~harsch/graeca/Chronologia/S_post01/Strabon/str_g000. html>      

HOWELL, E.B. (1964). St. Paul and the greek world, Greece and Rome (11), 8-29.        

GARDNER. P. (1913). There ligious experience of St. Paul. New York: G.P Putman’s Sons.

GRANT. F. C. (1915). St. Paul and stoicism, The Biblical Word (5), 268-281.      

GUÉNON, R. (1969). Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Buenos Aires: Eudeba. Disponible en http://www.cibeles.org/Biblioteca/ReneGuenon/Simbolos Fundamentales de la CienciaSagrada.pdf>       

PLATÓN. (1986). Fedón en Diálogos III (Fedón, Banquete y Fedro). Madrid: Gredos.       

RICOEUR, P. YA. LA COCQUE. (2001). Pensar la Biblia: estudios exegéticos y hermenéuticos. Barcelona: Herder.        
RUIZ DE LA PEÑA, J. (1988). La imagen de Dios: antropología teológica fundamental. Bilbao: Presencia teológica.     

SPENCER, J. (s/a), Free from Al lMen: Stoic Influence in the Writings of Saint Paul, Brigham Young University. Disponible en: <http://www.stanford. edu/group/dualist/vol11/Spencer.pdf>        
VARIOS AUTORES. (1994). La Santa Biblia (traducción Reina-Valera 1960). Tennesse: Broadman & Holman Publishers.       

WAHL, J. (2012). Introducción a la Filosofía. México D.F: Centro de Cultura Económica.



puerta del infierno

lunes, 19 de septiembre de 2016

66).-Cristo y el tributo al césar.-


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 


Cristo y el tributo al césar.-




Muestran un denario, moneda de plata y de referencia del Imperio Romano con un valor real equiparable al de la dracma griega, que es de época del emperador Tiberio (14-37): en el anverso aparece la efigie del monarca y la inscripción TI (Tiberio) CAESAR DIVI AUG(usti) F(ilius) AUGUSTUS y en el reverso, posiblemente, su madre Livia, sedente, (o tal vez la diosa Paz, representada con la rama de olivo y lo que podría ser un cetro), con la inscripción: PONTIF(ex) MAXIM(us), un título y cargo religioso muy importante que fue asociado al título imperial.


"Y le envían a algunos fariseos y herodianos para intentar cazarlo de palabra. Y tras ir le dicen: 'Maestro, sabemos que eres recto y no te preocupas por nadie; pues no miras el rostro de los hombres, sino que enseñas con rectitud el camino de Dios:

 ¿Se atiene a la Ley pagar el tributo al César o no? 

¿Pagamos o no pagamos?' 

Pero él, entendiendo su hipocresía, les dijo: '¿Por qué me tentáis? 

Traedme un denario para que lo vea'. Y se lo trajeron. 

Y les dice: '¿De quién es la imagen esta y la inscripción?'. 

Y le dijeron: 'Del César'. 

Y Jesús les dijo: 'Lo del César, devolvedlo al Cesar, y lo de Dios, a Dios'. 

Y se admiraban de él." (Marcos 12,13-17. 

Paralelos en Mateo 22,15-22; Lucas 20.20-26 y Evangelio de Tomás, 100).


'La moneda del tributo' (1612)
Obra barroca del pintor flamenco Pieter Paul Rubens
(Fine Arts Museum, San Francisco, EEUU)

En este conocido pasaje, Jesús se muestra más bien opuesto al pago del tributo romano.

Repasemos algunos puntos:

1. La pregunta no es si era obligatorio (la respuesta habría sido sí, porque lo era), sino si era lícito que los judíos lo pagaran. La escena tiene lugar en el templo (Mc 11,27), donde frecuentemente Jesús enseñaba.

2. Nótese que no aparece la palabra 'dar' sino 'devolver', que es distinta, pues implica dar algo que se te ha dado previamente. Esta parece ser la traducción más aceptada para el vocablo griego ‘apódote’.

3. Jesús pide una moneda romana, el denario, porque él no tiene; se sobreentiende porque él no usa moneda romana. Si hubiese tenido alguna... ¿su juicio hubiera sido igual de válido? Tal vez, no.

4. En la moneda estaba la efigie de Tiberio y, posiblemente, la de su madre en el reverso. Las imágenes estaban prohibidas en el judaísmo por el segundo mandamiento de Moisés. Es plausible que aquel que le lanzó la moneda, si era el mismo que había preguntado como parece, quedara bien retratado, y ello pudiera provocar cierta carcajada entre la audiencia.

5. Si Jesús hubiese recomendado el pago del impuesto nos encontraríamos ante dos problemas: uno, que al pueblo - que al parecer gustaba de escucharle -, no le agradaría oír eso; y dos, no se entendería que Lucas hubiese escrito que Jesús fue acusado ante Pilato por negarse a pagar el impuesto al césar (Lc 23,2).

¿Entonces...?

Jesús da una respuesta doble:

- Lo que es del césar, que es su moneda y que es un signo idólatra (porque representa la efigie de un hombre coronado), líder de un pueblo idólatra (el Imperio Romano, politeísta), y que oprime la Tierra de Israel, que se lo quede el césar. No la queremos. Yo (Jesús) no tengo su moneda. Nosotros (los judíos) ya tenemos las nuestras.

- Pero lo que es de Dios, es para Dios. Es decir, los judíos (no los romanos que lo oyesen) debían entender que no era lícito entregar al César lo que era de Dios, es decir: los frutos que da la tierra (Salmo 24,1: “De Yahveh es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan”). El pueblo, pues, debía cumplir el pago de los impuestos que mandaba la ley de Dios: el diezmo, el tributo al templo,...

En resumen, Jesús reconoció el poder de Dios por encima de todo, como todo buen judío. Jesús cumplió la ley de una forma consecuente, pero astuta. Y por eso "se admiraban de él".

Nótese la diferencia con San Pablo, quien abogaba abiertamente por el pago de impuestos a Roma (Romanos 13,5-7). Marcos (y el resto de los evangelistas, que son también mayoritariamente de corte paulino), tranquilizan a los cristianos para que paguen los impuestos y no se opongan al castigo del césar. Marcos escribe, según recoge la opinión mayoritaria de especialistas, para la comunidad cristiana de Roma y no podía exigir un acto de rebeldía tan serio, que Roma castigaría con máxima severidad.




corset 1900











Un corsé (galicismo de corset) es una prenda utilizada para estilizar y moldear la figura femenina de una forma deseada por razones estéticas o médicas; puede ser mientras se lleva o por un tiempo posterior.
En los últimos años, se ha extendido el espectro de su influencia popularizándose en la cultura BDSM o la cultura gótica; Además, muchas prendas son vendidas como corsés cuando, técnicamente, no lo son. Muchos de los corsés actuales son en realidad bustiers o tops: están generalmente hechos de encaje, tejidos sintéticos imitando a los de antaño, pero apenas alteran la figura del que lo lleva. Así mismo, el término corsé ha sido dado erróneamente por la industria de la moda para referirse a tops que imitan a los corsés antiguos. En realidad, tradicionalmente, los corsés deben ser realizados a medida, para una única persona

Historia y evolución

Los primeros corsés se encuentran en las civilizaciones antiguas de Creta y Micenas, pero en el resto de Occidente aparece en el siglo XVI, al popularizarse su uso en la corte de los Medici. Su propósito inicial era conseguir un torso cónico, rígido y estilizado para las damas de la aristocracia y la nobleza. Estos primeros «corsés» se hacían en su totalidad en metal, eran totalmente rígidos y por tanto limitaban la movilidad.
A partir de estas primeras prendas interiores se comienzan a crear prendas cada vez más complejas y armadas mediante patrones muy trabajados para lograr una perfecta silueta, que junto con las demás prendas interiores de moldeado: paniers, miriñaques, precedidos por los verdugados que eran como jaulas en forma de embudo, de tela con varillas de metal... sustentaban el vestido exterior. Esto se conseguía mediante la superposición sobre ese armazón de varias faldas, la última de las cuales, que era la que quedaba a la vista, era de un tejido lujoso ricamente ornamentado.
En el siglo XVII en las Cortes europeas, en un contexto de lujo absolutista y de ostentación barroca, el torso cónico anterior se modifica para conseguir estrechar la cintura y alzar el busto, además de realzar las caderas que se exageran poniéndose alrededor de ellas una rosca de algodón que ahuecaba más las faldas. Los cuerpos o corsés se hacen entonces rígidos mediante una serie de ballenas o varillas de metal o madera, aunque también de hueso, insertas en la pieza de tela. Es ahora cuando se comienza a popularizar su uso también entre la burguesía, para ceñirse al ideal estético de la figura de la época. Alrededor de los doce o trece años de edad las niñas de familias adineradas se iniciaban en el uso de esta prenda, que seguirían usando hasta el final de su vida ininterrumpidamente.
Eran más bien rígidos y cónicos, a medida que avanza el siglo XVII y el XVIII según va cambiando la silueta del vestido femenino, su forma se va adaptando, construyéndose patrones cada vez más intrincados y sofisticados, ya que su propósito era modificar mediante el ceñido y relleno, la silueta a merced de la moda de la época. Además, se jugaba con la ornamentación y los tejidos, dependiendo del estatus social, aderezados con cintas y encajes.
Tras la Revolución francesa, el corsé cae en desuso al considerarse una opresión para la mujer, al igual que las medias, zapatos, pelucas y calcetas. Además, era odiado por Napoleón Bonaparte, considerándolo como «el asesino de la raza humana», debido a que algunos creían que causaba los abortos naturales y el descenso de la tasa de natalidad; a pesar de que sus dos esposas lo usaban, pero a partir de 1820 resurge y vuelve a usarse de forma común.

Ya en el siglo XIX, con la Revolución Industrial, se vuelve más accesible. Llega a ser una prenda de culto popular, llegándose a considerar como una disciplina en torno a mediados de siglo, cuando alcanza su máximo apogeo, se adorna ricamente, con bordados, pedrería, encajes y unas formas muy trabajadas. La nueva figura femenina consistía en una idealización elevada al extremo de las formas, aportando una apariencia frágil y elegante (es así hasta 1905) de reloj de arena, con el busto elevado y una cintura estrechísima, llamada «de avispa», afinada por el uso continuado del corsé que contrastaba con una falda muy voluminosa que va evolucionando durante el siglo siguiendo las tendencias impuestas.
En la transición del siglo XIX al XX, una nueva tendencia proveniente de París comienza a calar en la moda, la Belle Epoque. En el ambiente imperaba un positivismo y una predisposición a la ciencia y al progreso general. Se popularizan los cabarés, donde el corsé y la feminidad se ensalzan y se vuelven extremadamente teatrales. Ya con el inicio del siglo XX la mentalidad y la sociedad cambian, buscando una mujer más activa, libre de enaguas y corsés. Las feministas piden su desaparición y a partir de 1905 la moda adopta una silueta más flexible, que sigue la línea natural del cuerpo, sin necesidad de corsé muy ceñido. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial esta nueva posición y estética de la mujer se imponen. La silueta se libera y prima una figura recta, sin destacar las formas femeninas. La falda se acorta y la indumentaria se simplifica, desapareciendo definitivamente el antiguo corsé.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1947, el modista Christian Dior populariza una nueva silueta, la New Look, en la que la cintura se afina de nuevo y la falda vuelve a ser de vuelo muy amplio, aunque no hasta el suelo. Vuelven así las superposiciones de combinaciones para ahuecarlas y el corsé, ahora en tejido sintético, cómodo y elástico. La silueta de los años 40 y 50 volvió así a basarse en la exageración de las formas femeninas, hasta que volvieron las líneas más naturales desde 1958.
A partir de este momento, el uso del corsé pierde popularidad, aunque se reserva mayoritariamente a la alta costura o para círculos minoritarios que se atreven con esta prenda.









 Edwardian S-Bend Corset





jueves, 23 de junio de 2016

59).-El árbol del conocimiento (Religión)


El árbol del conocimiento (Religión) 



"La caída del hombre", de Lucas Cranach el Viejo. El árbol del conocimiento está a la derecha.

El árbol del conocimiento del bien y del mal, también llamado árbol de la ciencia del bien y del mal, es presentado como el instrumento de la caída de Adán.​ A diferencia del árbol de la vida  que se presenta como unidad, el árbol del conocimiento del bien y del mal presenta una dualidad.

El conocimiento del Árbol.

El mayor conocimiento adquirido fue la capacidad moral:​ los seres humanos comenzaron a juzgar si los hechos eran buenos o malos (como la desnudez natural) y se dieron cuenta de las consecuencias de sus actos (se sintieron avergonzados). El acto de desobediencia abrió los ojos de Adán y Eva al mal.

El origen del nombre.

Gordon y Rendsburg​ han sugerido que la frase "טוֹב וָרָע", traducida como bien y mal, es un merismo, una figura retórica en la cual un par de opuestos son usados juntos para crear una idea de totalidad (como en la frase "soy Alfa y Omega", que significa que lo es todo). Ellos conjeturan a partir de esto que árbol del conocimiento del Bien y el Mal significa Árbol del Conocimiento Total. Este significado puede también verse en traducciones alternativas como Árbol del conocimiento, tanto del bien como del mal.



 Jerusalén tres veces santa




El municipio de Jerusalén se ubica sobre una meseta de los Montes de Judea, a una altitud cercana a los 785 metros, entre el mar Mediterráneo y el mar Muerto. Abarca un área de unos 125 kilómetros cuadrados con un relieve accidentado de colinas y valles profundos.

Relieve y Límites Físicos

Montes: Destacan el Monte Scopus y el Monte de los Olivos al este y noreste.Valles: Está rodeada por cauces y valles históricos como el Cedrón, Hinom y Tyropoeon.Hidrografía: Su origen histórico dependió del manantial natural de Gihón, al carecer de grandes ríos cercanos.

La ciudad ha sido históricamente un centro religioso fundamental, inicialmente para judíos, luego para cristianos y en un  tercer momento para mahometanos. Y aunque ha habido vencedores y vencidos, la presencia de cada una de esas religiones persiste hoy con vigor y a veces, también, con violencia. El autor sintetiza las circunstancias que desembocaron en la actual situación, así como las condiciones históricas bajo las cuales pudieron establecerse.
¡Que la tranquilidad reine en tus muros y dentro de tus fuertes!», prosigue el himno bíblico, como presagiando la historia de conflictos de la que sería protagonista la histórica ciudad.

Debido a su ubicación geográfica, para nadie es un misterio que Jerusalén es —y lo ha sido siempre–  una ciudad con una importancia estratégica preponderante. Desde tiempos lejanos fue un gran centro comercial y plaza fuerte, lo que la hizo codiciada por diferentes monarcas y pueblos. Unos dos mil años antes de nuestra era, por ejemplo, el faraón Seseo la conquistó y, posteriormente, Tutmosis III —quien reinó entre 1479 y 1426 a.C.— la convirtió en su centro de operaciones, tal como más tarde lo hicieron filisteos, hititas y otros pueblos. Por otro lado, siempre ha tenido una importancia mundial desde el punto de vista religioso, característica que aún conserva: es sede de un trío de creencias religiosas.

En la actualidad, las tres principales religiones monoteístas del mundo mantienen una presencia relevante dentro de la urbe, en particular en la Ciudad Vieja, apoyada en numerosos edificios de culto, ceremonias religiosas y tradiciones, algunas de las cuales se remontan a varios siglos. Entre estos credos ha existido, y aún persiste, una convivencia que no es del todo calmada y que, incluso, a veces explota violentamente.

Cada una de las religiones tiene una relación especial con Jerusalén, puesto que cada una de ellas la considera, en mayor o menor grado, una ciudad santa cargada de simbolismo. Esta consideración por parte de tres creencias diferentes, sin duda que hace de Jerusalén una ciudad única en el mundo.

Existen sitios donde las tradiciones de unos y otros se sobreponen. al tiempo que se entregan diferentes versiones sobre los mismos acontecimientos. Esto trae como consecuencia el total dominio sobre las porciones territoriales, las que son administradas celosamente y en forma independiente por cada una de las tres creencias. En algunos casos el control está en manos de una de las religiones, como en la mezquita de La Roca, que está bajo dominio mahometano, aunque el lugar retiene tradiciones judeo cristianas.

Al recorrer la ciudad vieja, son innumerables los edificios o lugares que recuerdan episodios o situaciones importantes para los tres credos por igual. A la superposición histórica de acontecimientos se une la territorial, ya que para ir de un lugar a otro se debe atravesar barrios poblados por judíos, mahometanos o cristianos. Más aún, los edificios de culto pueden no estar en manos de los habitantes mayoritarios del sector. La vía dolorosa, por ejemplo, se encuentra tanto en el barrio mahometano como en el cristiano, por lo que la primera estación está en lo que hoy es una escuela musulmana – si está cerrada, no se puede transitar por la Vía – y finaliza en la Basílica del santo sepulcro, en pleno barrio cristiano.

Jerusalén ha sido históricamente un centro religioso fundamental, inicialmente para judíos, luego para cristianos y en tercer lugar para mahometanos. El control de la ciudad ha estado en manos de diferentes regímenes políticos que han sostenido una u otra creencia, imponiéndose, incluso, por las armas por sobre las otras y limitando el ejercicio de las contrarias. Al problema religioso se le une el político, tema que no cubre este artículo, pero que no se puede dejar de mencionar por la trascendencia que tiene.

En este contexto, los acontecimientos de los últimos meses no deberían extrañar a nadie, dado que no siempre los líderes civiles aceptan llegar a un compromiso satisfactorio para todos. Ello, debido a la complejidad del dilema y las profundas raíces históricas que lo avalan, sin contar con la falta de voluntad de muchas de las autoridades religiosas locales, que tampoco han sido muy conciliatorias. Es de esperar que el futuro traiga mejores promesas para los habitantes de Jerusalén, y que la ciudad pueda continuar ofreciendo un mensaje de esperanza, como lo fue durante siglos para muchos pueblos creyentes.

La tierra prometida. 

Los judíos llegaron a Palestina, la tierra que Yahvé había prometido a Abraham después de la huída de Egipto. Se estableció así la primera religión monoteísta en Jerusalén. Fueron 40 años de peregrinaje por la península del Sinaí en el que el judaísmo tomó forma bajo la ley mosaica y se introdujeron ritos y ceremonias. El peregrinaje terminó en Palestina, tierra que Yahvé había prometido a Abraham (Génesis, 12:1-8) cuando habitaba en Ur, Caldea.

Las fronteras iniciales del territorio fueron fijadas por decisión divina (Números 34:1-2) pero más tarde quedaron autorizados a expandirse (Deuteronomio, 19:8), con lo que los judíos conquistaron y ocuparon varias ciudades enemigas en la región. Se establecieron, así, las tribus en forma dispersa sin tener un gobierno central, aunque estaban unidas por su fe. Ante las necesidades de defensa y otras causas, optaron por ungir a Saúl como rey (1 Samuel, 10:1), sucedido, a su vez, por Davíd. Éste, después de vencer al gigante Goliat, llevó su cabeza en señal de triunfo a Jerusalén, lugar donde tenía su tienda (1 Samuel, 17:52-5), y se quedó en la ciudad hasta que Yahvé le ordenó que se dirigiera a Hebrón.

Allí, junto con ser ungido rey (2 Samuel 2:1-7), fue aclamado por delegaciones de las doce tribus de Israel y permaneció durante siete años y seis meses. Luego, se trasladó nuevamente a la Ciudad Santa (2 Samuel, 5:4-9), la que debió sitiar y conquistar para así consolidar su trono. Más tarde, con el traslado del Arca de la Alianza (“ Samuel 6:1-19) al mismo lugar, la urbe pasó a convertirse en la capital política, administrativa y religiosa del pueblo judío, con lo que su religión llegó a Jerusalén y encontró su sede permanente.

El rey Salomón, al ascender al trono de su padre, construyó un palacio real para su uso y el de los futuros reyes. Fue el primer templo, opulento y magnífico a la vez (1 Reyes 7:1-12) que se edifició luego de la salida del pueblo judío de Egipto (1 Reyes, 6:1), es decir, unos 480 años después. El palacio era grandioso, con gran despliegue arquitectónico y mucha riqueza en la decoración (1 Reyes 6:2-38) lo que reafirmó el papel de Jerusalén como capital del reino y su centro religioso más importante. Salomón dio a la ciudad fama y gloria, además de convertirla en una plaza con un rol internacional que atrajo a importantes visitas, como la reina de Saba.

La urbe creció, pero fue, al mismo tiempo, constantemente amenazada por invasiones enemigas, las que, finalmente triunfaron en la persona de Nabucodonosor, rey de Babilonia, luego de un asedio de dos años, éste logró conquistarla en el año 19 de su reino (2 Reyes, 25:1-8). El Monarca ordenó la demolición de las murallas, mandó a quemar el templo, el palacio real y las casas, además de tomar prisionero al rey judío Sedecías. Junto a él, cayeron también, la casta sacerdotal y prácticamente el pueblo entero (2 Reyes, 25:9-21), con lo que empezó para los judíos un largo cautiverio en tierras extrañas. Fue el rey Ciro el Grande (580-529 A.C.) conquistador a su vez de Babilonia, quién liberó y autorizó a los judíos a volver a su tierra y reedificar Jerusalén, especialmente la casa de Yahvé.

Con ese fin, el monarca devolvió los utensilios sagrados que habían sido transportados por su antecesor y depositados en los templos de los dioses locales. De ese modo terminó el cautiverio y se reemprendieron las obras de reconstrucción de una ciudad totalmente arrasada, con lo que el pueblo escogido se agrupó en su antigua capital. Ello, junto con la construcción del segundo templo por los retornados (515 A.C), lo aglutinó y le dio una nueva razón de ser como nación, además de un lugar donde practicar abiertamente su culto. En el libro de Ezequiel (40-43) se puede encontrar la descripción del nuevo templo, aunque no es el único en exaltar su belleza y grandiosidad. Desafortunadamente, el lugar no siempre fue destinado sólo a la religión judía, dado que, en ocasiones se intentó dedicarlo a dioses foráneos, como Zeus Olímpico, por los ptolomeos (2 Macabeos, 6:1-7), o fue profanado de otros modos.

En el siglo IV A.C, Alejandro conquistó Jerusalén, por lo que ésta se transformó en una polis griega. La ciudad permaneció bajo dominación extranjera, al ser sustituidos los macedonios por los asmoneos y, posteriormente, por los romanos, en la persona de Pompeyo, en el 63 A.C. Se convirtió, así, en una provincia del imperio. El rey Herodes, impuesto por el conquistador romano, renovó y embelleció la ciudad y el templo, pero los levantamientos de los judíos contra el poder extranjero llevaron a la urbe por un camino sin salida, ya que junto con ser destruida, su templo fue incendiado, en el año 70 de nuestra era, por el emperador Tito. Tras el fracaso de su última rebelión, el pueblo judío fue exiliado, en el año 135, en otra diáspora por los confines del imperio.

En la actualidad, lo único que queda del segundo templo es el muro occidental exterior que lo rodeaba, o Muro de las Lamentaciones, lugar donde los judíos se reúnen, desde aquella lejana época, para rezar y llorar por su pérdida. De allí su nombre.

El acceso al muro no siempre fue expedito, dado que bajo la dominación romana los judíos tuvieron que pagar un canon especial y, posteriormente, los musulmanes también pusieron impedimentos. En el siglo recién pasado, la partición del territorio palestino por las Naciones Unidas (1947) no fue aceptada por el mundo árabe, a pesar de que dejó todo Jerusalén en el sector jordano, por lo que declara la guerra al naciente estado de Israel.

Al cese del fuego, los israelitas tenían en su poder la mitad occidental de la ciudad vieja, quedando el resto en manos de Jordania, área que incluía el Muro de las Lamentaciones. Como consecuencia de la guerra de los seis días (1967) se produjo la unificación de la ciudad y, a partir de ese momento, la religión judía vuelve a tener bajo su control los restos visibles del segundo templo, lugar al que acuden las multitudes para orar y celebrar algunas fiestas religiosas.

El llanto del mesías.

El cristianismo fue la segunda de las religiones que hizo su aparición en Jerusalén. Jesucristo, su fundador, aunque nació en Belén, se relacionó con la ciudad desde su infancia. Sus padres, en conformidad con la ley judía, fueron al templo “para presentarlo al Señor” (Lucas, 2:22), donde fue reconocido por Simeón y la profetisa Ana como el Salvador, con lo que vieron cumplidas las esperanzas mesiánicas (Lucas, 2:25-39).

Anualmente, y hasta dos veces al año, Jesús acompañaba a sus padres al templo para celebrar distintas fiestas religiosas, retornando, cada vez, con ellos a su hogar en Nazaret; excepto cuando tenía doce años de edad, al permanecer en el lugar sagrado discutiendo con los doctores de la ley (Lucas, 2:40-47).

Al iniciar su vida pública, Jesucristo lo hace en la región del río Jordán, donde es bautizado por Juan para dirigirse, posteriormente, a los alrededores del Mar de Galilea o Lago Tiberíades. Allí, durante tres años, se dedicó a predicar, enseñar, efectuar curaciones y milagros; todo ello acompañado de sus apóstoles y seguido, a veces, por multitudes. En más de una ocasión, Jesucristo hizo referencias directas a Jerusalén, a la que veía sumergida en pecado, y a sus habitantes, muy culpables (Lucas, 13:4). Es a esta ciudad donde finalmente llega, ya que, según él mismo dijo, “No puede ser que un profeta perezca fuera de Jerusalén” (Lucas, 13:33). Además, Cristo lloró pensando en la futura destrucción de la ciudad (Lucas, 19:41), situación que el profeta Ezequiel (5-17) había igualmente predicho.

Con ello se estaban cumpliendo todas las profecías de la antigua alianza, y Jesucristo reconoció que la ciudad tenía, además, una importancia sin igual como el centro visible del judaísmo religioso, y como asiento político y administrativo romano en el país. La trascendencia de la urbe quedaba una vez más subrayada.

En la última semana de su vida terrenal, Jesucristo llegó al Monte de los Olivos y luego atravesó el Valle del Cederrón. Desde allí realizó su ingreso triunfal a Jerusalén por la Puerta Dorada, tapiada por los musulmanes desde hace unos mil años. Esta entrada a la Ciudad Santa es conmemorada por los cristianos cada Domingo de Ramos. Si en la actualidad se pudiera ingresar por esa misma puerta se llegaría al recinto donde se encuentra la Explanada de las Mezquitas, levantada, a su vez, sobre las ruinas del segundo templo judío.

Ya en Jerusalén, Jesucristo encaminó sus pasos al templo para visitarlo, donde expulsó a los vendedores y cambistas (Mateo, 21:12-13) y predijo su destrucción (Mateo 24:1-3). Al acercarse la Pascua, se reunió con sus discípulos el día jueves en el cenáculo, donde celebró la Última Cena (Marcos, 14:12-16). En un acto de humildad, lavó los pies a los apóstoles e instituyó dos sacramentos del cristianismo. La eucaristía, al transformar el pan y el vino en su cuerpo y sangre; y el orden sacerdotal, al pedirle a sus apóstoles que celebraran esta última cena hasta su retorno (Lucas, 22:17-20). Además, les dio a sus discípulos un nuevo precepto, el de amarse los unos a los otros como él lo hizo, y prometió volver por segunda vez, sin especificar ni el día ni la hora.

Luego de cenar con sus apóstoles, Jesús retornó al monte de los Olivos y en el huerto de Getsemaní se entristeció y angustió frente a los acontecimientos que le esperaban. Aunque, más que nada, por los pecados de los hombres que tomó como propios (Mateo, 26:36-46). Una vez apresado, fue conducido nuevamente a Jerusalén, juzgado, torturado y crucificado en el Gólgota, montículo que se ubicaba fuera de las murallas de la ciudad, donde murió. Fue enterrado a poca distancia y resucitó al tercer día, según lo habían afirmado (Lucas, 24:1-10) y anunciado los profetas. Sobre ambos sitios se edificó la Basílica del Santo sepulcro, cuya primera construcción fue iniciada por el emperador Constantino, en el año 326, y que hoy comprende una variedad de capillas y recintos religiosos destinados al culto y centro importante de peregrinación cristiana.

Es interesante reparar en el hecho de que la fiesta religiosa de Pascua, que conmemora la salida del pueblo judío de Egipto, sería más tarde una rememoración con sentido diferente por el cristianismo . Es así que dos episodios diferentes serían posteriormente recordados por dos religiones distintas en una misma fecha. Después de la ascensión de Jesucristo, los apóstoles y discípulos deciden seguir su consejo de no apartarse de Jerusalén, donde debían empezar a predicar en su nombre (Lucas, 24:47-48). Allí recibieron al espíritu santo en Pentecostés, una de las tres fiestas de la religión judía. Algunos de ellos enseñaron en el templo y realizaron milagros, lo que provocó las suspicacias de las autoridades y las molestias de parte del pueblo. Poco tiempo después, empezaron las primeras persecuciones contra la iglesia naciente, lo que obligó a muchos fieles a dispersarse fuera de la ciudad, con excepción de los apóstoles (Hechos, 8:1). A pesar de la disgregación, Jerusalén permaneció como la sede principal del cristianismo y lo fue hasta la destrucción de la ciudad y del templo por el emperador Tito.

Con la aceptación del cristianismo como religión oficial del imperio romano, empezó una nueva era para la Ciudad Santa. Ésta fue reconstruida por el emperador Constantino, embellecida con numerosos templos y basílicas, monasterios y hospicios cristianos para recibir a los numerosos peregrinos venidos de todas partes, tradición que dura hasta hoy. Unos trescientos años más tarde fue conquistada por el Califa Omar, con lo que hizo su aparición la tercera de las religiones de la urbe. Con ello, se prohibieron los cultos judíos y cristianos, excepto los efectuados de forma privada.

Durante la Edad Media, los europeos reconocieron el valor simbólico de Jerusalén, lo que quedó demostrado en Las Cruzadas, cuyo propósito fue recuperar los lugares santos. Solo la primera de ellas (1096-99) tuvo el éxito esperado, ya que se logró organizar el Reino de Jerusalén. Pero la ciudad fue recapturada por Saladino, en 1187 y los esfuerzos cristianos posteriores para su reconquista fueron infructuosos. Lo peor, en todo caso, fue que esto trajo como consecuencia acciones improcedentes contra los fieles cristianos y los pocos judíos que quedaban, los que, irreversiblemente, hicieron declinar a estos credos en su influencia y población.

El sueño de Mahoma.

La historia del Islam empieza con Mahoma, nacido hacia el 570 D.C. en Arabia, a mucha distancia de Jerusalén, por lo que la última de las religiones monoteístas llega a esta ciudad luego de ser conquistada por los musulmanes varias décadas más tarde.

Desde joven, Mahoma se interesó en los aspectos religiosos de la vida, lo que lo condujo, finalmente, al rol histórico que le tocó desempeñar. Trabajó en el comercio internacional, especialmente aquel de las caravanas de camellos que traficaban en el desierto, trayendo mercaderías extranjeras y vendiendo manufacturas locales en ciudades de otros países. Eso le permitió llegar hasta siria y conocer la región, incluida, posiblemente, Jerusalén, parada obligada de todas las rutas comerciales. Es así que pudo entrar en contacto con costumbres diferentes y con las otras dos religiones ya mencionadas.

Al volver a su tierra desposó, a los 25 años, a una viuda rica algo mayor que él, quien había financiado algunos de los viajes comerciales emprendidos. Su personalidad y prestigio, la de un hombre ecuánime, lo hicieron intervenir en algunas disputas religiosa, pero fue a los 40 años cuando sintió el llamado de la predicación sobre la existencia de un Dios único, “El indulgente, el misericordioso“ (Coran, XLVI:7), que juzgará a las personas, las que podrán salvarse si siguen sus preceptos. Todo ello iba en abierta contraposición a las creencias politeístas de las tribus árabes, por lo que el pensamiento de Mahoma se acercaba más al judaísmo y al cristianismo, que sustentaba la misma base.

El Profeta entendió la diferencła que existía, por un lado, entre cristianos y judíos —arnbos presentes en la peninsula arábica— que se guiaban par un código moral único y que tenían la esperanza de una vida futura y, par otro Iado, la de sus compotriotas, que adoroban deidades individuales segùn la tribu a la que pertenecían, pero que carecían, como sociedod, de uno estructura filosófica y coherencia espirituol. A pesar de la multiplicidad, los dioses paganos se agrupaban en torno a La Caaba, ubicada en el centro de La Meca, demostrando una tolerancia y aceptación tácita de igualdad entre todos. Ello facilitó el ingreso de uno más, el predicado por Mahoma, el cual, al imponerse sobre los otros, eventualmente convirtió a la ciudad en el centro espiritual islámico más importante.

Una noche, mientras dormías, Mahoma tuyo una revelación de Alá que lo proclamó como su mensajero. El anuncio la recibió a través de un ángel, quien le presentó un escrito y lo conminó  a «leer en el nombre de tu Señor, que ha creado todo, quien ha creado al hombre de sangre coagulada. Leer, en el nombre de tu Señor, quien es generoso. Es él quien ha enseñado la Escritura y le ha enseñado al hombre lo que no sabía…» (Corán, XCVI: 5). Durante los siguientes veinte años, Mahoma se dedicó a predicar la palabra divina revelada a él como «el envíado de Dios» (Corán, XLVIII:79). Y aunque en su carácter de ser el último de los profetas atrajo a sus primeros seguidores, enfrentó tal oposición a sus ideas que finalmente debió abandonar la meca para dirigirse a Medina, en el 622, donde murió diez años más tarde.

En la creencia islámica se piensa que, después de morir, El Profeta fue transportado en un vuelo nocturno a Jerusalén, donde mantuvo un diálogo con el arcángel Gabriel, de quien había recibido la primera revelación. En el Corán, Mahoma enseña que es este último quien también acompañaba constantemente a Jesucristo (Corán, 11:81), estableciendo, de esa forma, una relación directa entre ambas creencias. Pero, a su vez, el arcángel es enemigo de los judíos, porque es el instrumento que Alá utiliza para anunciarles todas las calamidades que les lloverán. Ellos, según el Corán (II:91-92), “tendrían a Dios por enemigo debido a que odia a los infieles”. En el Corán, Mahoma alude constantemente tanto a la religión judía como a la cristiana, comparándolas con la musulmana y estableciendo la preeminencia de esta última por sobre las otras dos. Los comentarios dejan entrever una cierta animosidad hacia las dos primeras, lo que es más evidente en el caso de la judía ya que es especialmente crítico con esta última y su pueblo.

En el lugar donde tuvo lugar el encuentro con el arcángel, se encuentra la mezquita llamada El Aqsa y, frente a ella, la de la Roca, donde el profeta fue llevado en un caballo alazán blanco al cielo. Bajo su cúpula dorada, que se distingue desde lejos, está la roca donde Abraham estaba preparado para sacrificar a su hijo Isaac, según se lo había pedido Yahvé. Es decir, se erige en un lugar santo para los judíos y venerado para los cristianos. Y pese a que los musulmanes también relacionan el episodio del caballo con Miró, pequeño pueblo cercano a La Meca, la mezquita de la Roca es igualmente un sitio bendecido por esa religión.

La expansión que sigue al fallecimiento de Mahoma es doctrinal y, a la vez, política, una característica del Islam expresada en su único libro, el Corán, redactado con posterioridad a la muerte del profeta para codificar sus palabras y escritos. Inicialmente, la península arábica fue unificada, pero la marea se extiende más allá de las fronteras y alcanza a Jerusalén, en el año 638. A partir de esa fecha, la ciudad ha estado prácticamente bajo el dominio de los mahometanos; salvo dos excepciones: la del reino cristiano de Jerusalén durante la edad media, y durante el actual período, gobernada por Israel.

El dominio islámico se mantuvo hasta el término de la Primera Guerra Mundial, cuando, después de la derrota del imperio otomano, éste fue desmembrado por la Sociedad de Naciones en varios reinos y dos mandatos. A los británicos se les encargó administrar lo que se llamaba Palestina, rol que mantuvieron hasta 1947, cuando las Naciones Unidas decidió la partición. En el proyecto, Jerusalén y Cisjordania se adjudicaron Jordania, pero al preferir los países árabes una solución por medio de las armas, resultaron a la postre perdedores.
 Al término del conflicto bélico debieron dejar la mitad de la ciudad – la porción occidental– en manos de los israelitas, conservando los jordanos el sector oriental, incluido el Muro de las Lamentaciones. Como ya se dijo, sólo después de la Guerra de los seis días se produjo la unificación de la urbe bajo el estado de Israel, y junto con la anexión se proclamó el status quo, es decir, cada grupo religioso conservó lo que poseía. 
De esta forma, se quiso mantener un equilibrio que a veces no es muy estable, pero que ha permitido que las tres religiones retengan y administren separadamente sus edificios de culto, escuelas ,albergues y otras instalaciones para sus fieles.

Patriarcado armenio de Jerusalén.



El patriarcado armenio de Jerusalén o patriarcado armenio de Santiago Apóstol (en armenio: Առաքելական Աթոռ Սրբոց Յակովբեանց Յերուսաղեմ, romanizado: Arrak’elakan At’vorr Srbots’ Yakovbeants’ Yerusaghem, literalmente sede apostólica de Santiago en Jerusalén), es una sede patriarcal de la Iglesia apostólica armenia. Se trata de un patriarcado autónomo que reconoce la autoridad suprema del catolicós de todos los armenios.
Su título completo es arzobispo y patriarca armenio del trono apostólico de Santiago Apóstol de Jerusalén, quien reside en el monasterio de Santiago, localizado en el barrio Armenio de Jerusalén y es uno de los custodios de los Santos Lugares.

Patriarcado ortodoxo de Jerusalén.




La Iglesia ortodoxa de Jerusalén o Iglesia greco-ortodoxa de Jerusalén (en árabe: كنيسة الروم الأرثوذكس في القدس‎, romanizado: Kanisatt Ar-rum al-Urtudoks fi al-Quds; en hebreo: הפטריארכיה היוונית-אורתודוקסית של ירושלים‎), oficialmente Patriarcado de Jerusalén (en griego: Πατριαρχεῖον Ἱεροσολύμων), es una de las Iglesias autocéfalas que conforman la Iglesia ortodoxa y uno de los cinco antiguos patriarcados anteriores al Gran Cisma. 
Está encabezada por el patriarca ortodoxo griego de Jerusalén, cuya sede es la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén Este (compartida con otras Iglesias) y ocupa el cuarto lugar de precedencia entre los patriarcas de la Iglesia ortodoxa.

Patriarcado latino de Jerusalén.



El patriarcado latino de Jerusalén (en latín: Patriarchatus Hierosolymitanus Latinorum, en árabe: بطريركية القدس للاتين‎ y en hebreo: הפטריארכיה הלטינית של ירושלים‎) es una circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica en Tierra Santa y la isla de Chipre. Se trata de un patriarcado latino, inmediatamente sujeto a la Santa Sede. 
La Procatedral del Santísimo Nombre de Jesus o del Santo Nombre de Jesús es la Procatedral del Patriarcado latino de Jerusalén, lugar donde este tiene su cátedra. Está ubicada en el barrio cristiano de Jerusalén, dentro de la Ciudad Vieja, aproximadamente a medio camino entre la Puerta Nueva y la Puerta de Jaffa.

Arquidiócesis copta ortodoxa de Jerusalén y Cercano Oriente.

La arquidiócesis copta ortodoxa de Jerusalén, toda Palestina y todo el Cercano Oriente o patriarcado copto ortodoxo de Jerusalén (en árabe: بطريركية الاقباط الأرثوذكس بالقدس‎; en hebreo: הפטריארכיה הקופטית האורתודוכסית של ירושלים‎ y en copto, Ⲡⲓⲙⲁ`ⲙⲡⲁⲧⲣⲓⲁⲣⲭⲏⲥ `ⲛⲣⲉⲙ `ⲛⲬⲏⲙⲓ `ⲛⲟⲣⲑⲟⲇⲟⲝⲟⲥ) es una circunscripción eclesiástica de la Iglesia copta ortodoxa en Tierra Santa y Cercano Oriente. Se trata de una arquidiócesis alejandrina, sede metropolitana de la provincia eclesiástica de Jerusalén. 




El mapa de la ciudad vieja de Jerusalén.

Desde el rediseño británico del siglo XIX, el casco antiguo de Jerusalén se divide en cuatro barrios: musulmán, judío, cristiano y armenio.

Con menos de un kilómetro cuadrado de superficie, la ciudad vieja de Jerusalén es un sitio sagrado para las tres religiones que trazan sus orígenes en la figura bíblica de Abraham: el cristianismo, el islam y el judaísmo. Es, también, uno de los territorios más disputados del mundo. Desde los griegos, los romanos o los persas hasta los cruzados, los británicos o el conflicto árabe-israelí actual, Jerusalén ha sido la obsesión de numerosas civilizaciones e imperios.
El mapa de la ciudad vieja de Jerusalén comprende hasta 220 monumentos históricos y se divide desde el rediseño británico del siglo XIX en cuatro barrios —musulmán, judío, cristiano y armenio—, además del Monte del Templo o la Explanada de las Mezquitas. El casco antiguo está rodeado por una muralla cuya construcción se remonta al siglo XVI, durante el dominio otomano que se extendió hasta el final de la Primera Guerra Mundial.
Reino Unido administró los territorios palestinos desde 1917 hasta 1948, cuando su salida de Oriente Próximo desembocó ese mismo año en la primera guerra árabe-israelí que acabó con Jerusalén en manos de Jordania. Israel, sin embargo, volvió a la carga en la guerra de los Seis Días de 1967, cuando ocupó Jerusalén este y pasó a controlar la ciudad vieja hasta que en 1980 formalizó la anexión de la parte oriental del municipio, un movimiento que sin embargo no ha sido reconocido por la comunidad internacional.
Para estos últimos, Jerusalén —Yerushalayim en hebreo— es su hogar histórico y espiritual, el lugar elegido por el rey David en el siglo X a.C. para construir el Templo Sagrado y el punto donde su patriarca Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo Isaac. Hoy en día, la ciudad alberga el Muro de las Lamentaciones, parte del segundo templo construido por Herodes, y el Monte del Templo, el sitio que albergó según la Biblia hebrea los Diez Mandamientos que Dios le trasladó a Moisés.
Por su parte, los musulmanes consideran Jerusalén, a que la conocen con el nombre de Al Quds, su tercera ciudad santa, por detrás de La Meca y Medina. Es el sitio donde según el Corán el profeta Mahoma ascendió al cielo tras un viaje nocturno desde La Meca en el séptimo siglo. La mezquita Al Aqsa, el punto exacto de ese ascenso, es hoy en día el lugar más venerado por los musulmanes en la ciudad.
Por último, los cristianos creen que la iglesia del Santo Sepulcro es el sitio donde Jesucristo fue crucificado y enterrado para después resucitar. En la ciudad vieja de Jerusalén tuvieron lugar por tanto la mayoría de los eventos que recuerda la Semana Santa cristiana. Asimismo, muy cerca de la Puerta de los Leones, en su extremo este, aunque ya fuera de la muralla, se encuentran tanto el sepulcro de la Virgen María como el jardín de Getsemaní, el lugar donde según la tradición cristiana Jesús rezó por última vez junto a sus discípulos.


Ciudad de la Epoca.





Ciudad antigua  




municipio


Santa Juana de Arco.

Santa Juana de Arcos (Domrémy, Francia, 1412 - Ruán, id., 1431) Santa y heroína francesa. Nacida en el seno de una familia campesina acomoda...