Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


sábado, 24 de junio de 2017

95).-La Fiesta de San Juan.



La Fiesta de San Juan.


Fiesta de San Juan, de Jules Breton (1875).


La Fiesta de San Juan, también llamada víspera de San Juan o noche de San Juan es la festividad del nacimiento de San Juan Bautista por parte del cristianismo el día 24 de junio. Algunos vinculan la festividad o algunas de sus celebraciones en ritos de origen pagano previos o ajenos al cristianismo (Litha).​ En países europeos-mediterráneos la realización de hogueras de fuego suele ser un elemento habitual.
La llegada del solsticio de verano se celebra en toda la geografía española con ritos y tradiciones ancestrales. Algunos piensan que San Juan es la noche más corta del año (en el hemisferio norte) o la más larga (en el sur); aunque esto suele ocurrir el día 21 de junio; alargándose en ciudades la fiesta hasta el amanecer. La noche de San Juan ha adquirido la magia de las antiguas fiestas paganas que se organizaban con el solsticio de verano.
El origen de esta costumbre se asocia con las celebraciones en las que se festejaba la llegada del solsticio de verano, el 21 de junio en el hemisferio norte, cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era "dar más fuerza al sol", que a partir de esos días iba haciéndose más "débil" ―los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno. Simbólicamente, el fuego también tiene una función "purificadora" en las personas que lo contemplaban.
Se celebra en muchos puntos de Europa, aunque está especialmente arraigada en España, Portugal (fogueiras de São João), Noruega (Jonsok), Dinamarca (Sankthans), Suecia (Midsommar), Finlandia (Juhannus), Estonia (Jaanipäev) y Reino Unido (Midsummer).

La fiesta cristiana de San Juan es el 24 de junio, seis meses antes de la víspera del nacimiento de Jesús, que es el 24 de diciembre. Estos seis meses son la diferencia que los evangelios indican entre uno y otro nacimiento. No obstante, tres días de diferencia de ambas fechas con ambos solsticios hace que no sea razonable asignar esta fiesta al solsticio, y los estudiosos se inclinan por el hecho de que el 25 de diciembre, nacimiento de Jesús, se asocia más razonablemente a la celebración judía de la Hanukkah o dedicación del Templo (Jesús era el nuevo Templo para los cristianos). 
Según este razonamiento, la fiesta de San Juan no tendría nada que ver con las celebraciones paganas del solsticio de verano. Una diferencia de 3 días es demasiado margen para el conocimiento astronómico de cualquier época que consideremos. 



America Latina.

En América Latina, en el nordeste de Argentina, Brasil (tiene Festas Juninas), Bolivia, Cuba, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Puerto Rico y Venezuela, la noche de San Juan está así mismo relacionada con antiquísimas tradiciones y leyendas españolas como la Leyenda de la Encantada.
En muchos lugares no cabe duda de que las celebraciones actuales tienen una conexión directa con las celebraciones de la antigüedad ligadas al solsticio de verano, influidas por ritos precristianos o simplemente vinculados a los ciclos de la naturaleza. Sin embargo, en otros lugares (por ejemplo, España y Portugal) la existencia de una vinculación entre las celebraciones del solsticio de verano (en el hemisferio norte) que tiene lugar el 20-21 de junio y las celebraciones del día de San Juan (el 24 de junio) varían en función de las fechas, la discontinuidad en la celebración, las tradiciones y costumbres o la ruptura con el pasado pre-cristiano que supuso el largo periodo de dominación musulmana en la Península Ibérica, que haría imposible cualquier vinculacion con cultos paganos de una festividad vinculada al cristianismo. Pese a ello, se observan elementos comunes, como la realización de hogueras en las calles y plazas de las poblaciones donde se reúnen familiares y amigos.


Chile.


Los conquistadores reemplazaron las fiestas solsticiales del Machaq Mara y We Tripantu, que marcaban el inicio del año para aymaras y mapuches, por una celebración con tintes demoniacos para dejar en claro la posición respecto a las religiones indígenas. La tradición relacionada a la Noche de San Juan en Chile se refiere eminentemente a creencias populares relacionadas a la figura del Diablo, en un principio focalizadas en la isla de Chiloé y sectores rurales del centro-sur de Chile, y actualmente diseminadas a lo largo del país en diversas variantes.
 El folclore local sugiere que en esta festividad, la presencia demoníaca es más patente que en cualquier otra fecha del año, lo que se reconoce como la oportunidad para la realización de ciertos actos de brujería. Célebre en el país es la "tradición de las papas" (de las patatas), según la cual, la colocación de estos tubérculos bajo la cama en la Noche de San Juan puede ser utilizada como un oráculo de Año Nuevo. También se relaciona a esta festividad con numerosos eventos relacionados con el árbol de la higuera, que van desde el aprendizaje instantáneo de la interpretación de un instrumento musical (mediada por el demonio) bajo este árbol, como la aparición de su supuesta flor.



LETRA
Amor de Pobre.
Lucho Barrios.

Nada te prometo
porque nada tengo
quiero que conozcas
toda la verdad
yo naci de pobres
lo quizo el destino
mas también los pobres
tienen derecho de amar
tienes que quererme
sin mirar los trapos
que cubren el cuerpo y la vanidad,
yo te entrego mi alma
entera y desnuda,
y prometo amarte con sinceridad.
coro:
(amor de pobre solamente puedo darte,
amor de pobre con orguyo y humildad)
si te interesa esta propuesta de cariño
decide ahora porque ya no aguanto mas.

(amor de pobre no es mentira ni pecado)
es la mas limpia intencion
(del corazon)
si te decides a quererme,
te lo juro
voy a cuidarte
con cariño y mucho amor

 

(amor de pobre solamente puedo darte,
amor de pobre con orguyo y humildad)
si te interesa esta propuesta de cariño
decide ahora porque ya no aguanto mas.

(amor de pobre no es mentira ni pecado)
es la mas limpia intencion
(del corazón)
si te decides a quererme,
te lo juro
voy a cuidarte
con cariño y mucho amor


No Se Lo Digas A Nadie - música y letra de Sonia Y Myriam.

Letras

No se lo digas a nadie
No se lo digas mi amor
Que nadie sepa en el mundo
Que nos queremos tu y yo
No se lo digas a nadie
No se lo digas por Dios
Quiero guardar el secreto
Para quererte mejor
Te llevo muy calladamente
En mi pensamiento
Te quiero como a nadie quise
Como a nadie puedo querer
No se lo digas a nadie
No se lo digas mi amor
Que nadie sepa en el mundo
Que nos queremos tu y yo
No se lo digas a nadie
No se lo digas por Dios
Quiero guardar el secreto
Para quererte mejor
Te llevo muy calladamente
En mi pensamiento
Te quiero como a nadie quise
Como a nadie puedo querer
No se lo digas a nadie
No se lo digas mi amor
Que nadie sepa en el mundo
Que nos queremos tu y yo
Que nos queremos tu y yo


Esclavos Eternos: Perspectiva Alienígena y Divina.






En una película de ciencia ficción, ubicada en la Roma del siglo I antes de Cristo, un matrimonio de Patricios romanos compran en el mercado de esclavos de la urbe, unos 25 esclavos, mujeres, hombres y adolecentes como sus sirvientes domésticos para su villa rural en campiña del centro de la península itálica. 
Los patricios, el marido y mujer aparentaban físicamente como humanos, pero eran en realidad extraterrestres, viajaron al planeta tierra para observar la civilización humana, eran especie de antropólogos; A diferencia de los humanos vivían siglos y tenían fuerza sobre humana, la patricia podía dominar a hombre estilo Arnold Schwarzenegger.
A los esclavos los compraron con monedas de plata, los esclavos eran originarios de las Galias, las Germania, Egipto, África, Hispania y Siria histórica, todos perfectos y hermosos, obedientes, despues de comprarlo  los llevaron a su hogar, en lugar apartado lejos de Roma. Los patricios a estos esclavos usan para labores domesticas en su villa y  como juguetes sexuales, como lo hacían los dueños de esclavos de esa epoca, hablaban en el latín y el griego perfecto de aristócrata de la época.
Los esclavos como trataban a sus dueños y que pensaban de ellos, eran inteligentes, bellos y ricos. Solo castigaban a los esclavos cuando portaban mal, con el látigo y varilla.
Los amos le otorgaron la vida eterna y la posibilidad de no morir violentamente, para  trabajen por siglos en  la villa como sirviente.
Que pasa con el pensamiento y la mente de los esclavos cuando pasan las décadas y  no  envejecen, quedaron estancado en edad fueron comprados, no pueden tener hijos, y sus amos tampoco envejecen. Los esclavos son analfabetos y poca cultura de esclavos romanos del siglo I. Que creen que pasa, son regalos de los dioses, sus amos son dioses. Sus amos tratan como trataban los romanos a sus esclavos en la antigüedad.
Están esclavos en la villa aislada, salen cuando amos quieren y acompañados. La villa lujosa, con piscinas, jardines, un paraíso para los amos.


La Perspectiva de los Esclavos: De la Condición Humana a la Condición Divina.


En la atmósfera aislada de la villa rural, el choque entre la brutalidad institucional de la Roma del siglo I a.C. y la naturaleza alienígena de sus amos genera una evolución psicológica fascinante y aterradora en los 25 esclavos galos, germanos, egipcios, africanos, hispanos y sirios.

1. Las Primeras Décadas: El Terror y la Gracia de los Dioses (Siglo I a.C. - Siglo I d.C.)

Al ser analfabetos y poseer una cosmovisión profundamente politeísta y supersticiosa —arraigada en las mitologías celtas, germánicas, grecorromanas y orientales—, los esclavos interpretan la realidad a través de lo único que conocen: lo divino.
La Incomprensión del Tiempo: Cuando pasan los primeros 20, 30 y 50 años, y los espejos de bronce de la villa reflejan los mismos rostros imberbes de los muchachos germanos o la tersa piel de las mujeres sirias con la que llegaron, el pánico inicial da paso al misticismo. Nadie en el Imperio romano es inmune al paso del tiempo; las arrugas, las enfermedades y la vejez son leyes inexorables de la naturaleza humana.
La Epifanía de la Divinidad: Al notar que sus amos (los patricios de fuerza sobrehumana y belleza sobrenatural) tampoco envejecen un solo día, y que a ellos mismos se les ha concedido una vitalidad perpetua inmune a la muerte natural o la fatiga extrema, los esclavos concluyen de manera unánime: sus amos son dioses bajados del Olimpo o de las estrellas, y ellos han sido elegidos para un destino sagrado.
La Esterilidad como Sello Sagrado: La incapacidad de engendrar hijos es vista no como una carencia biológica, sino como un tabú divino. Los dioses no procrean sirvientes; los sirvientes de los dioses son eternos y estériles, recipientes puros para el servicio eterno.

2. El Siglo de la Sumisión Absoluta y el Miedo Reverente

Los amos combinan el trato típico de la Roma esclavista (el uso del látigo y la vara ante cualquier atisbo de insubordinación, la cosificación absoluta como herramientas de trabajo y juguetes sexuales) con una frialdad y perfección ajenas a la crueldad humana ordinaria. No hay odio en los castigos de los patricios, sino una corrección mecánica, como quien ajusta un mecanismo defectuoso.
Amor y Terror Indivisibles: Para los esclavos, el látigo del amo no es una injusticia terrenal, sino la ira divina. Si la patriciamatrona los castiga con la fuerza con la que aplastaría a un león, los esclavos lo interpretan como una demostración de su poder infinito. La devoción roza el síndrome de Estocolmo cósmico: aman a sus verdugos porque son la fuente de su inmortalidad y su belleza inalterable.
El Uso del Latín y Griego Perfecto: Al escuchar hablar a los amos con la dicción impecable de la aristocracia senatorial, los esclavos imitan ese lenguaje elevado como si se tratara de cantos litúrgicos o mantras sagrados, perdiendo con los siglos sus lenguas nativas (celta, germánico, arameo) y adoptando una lengua clásica fosilizada que repiten con precisión robótica.

3. El Estancamiento Mental y la Eternidad Vacía (Pasando los Milenios)

Al carecer de educación formal, libros, contacto con el exterior (salvo contadas y controladas salidas al mundo exterior donde el Imperio romano se desmorona, nace y muere a su alrededor) y estímulos intelectuales más allá de las labores domésticas y el hedonismo de los amos, la mente de los esclavos entra en un limbo cognitivo.
Fósculos Vivientes: Sus mentes quedan congeladas en la psicología de un esclavo agrícola y doméstico del siglo I a.C. No desarrollan ciencia, ni filosofía propia, ni deseos de rebelión política. El concepto de "libertad" (libertas) deja de tener sentido: ¿para qué querrían la manumisión romana si fuera de los muros de la villa les espera la vejez, la enfermedad, el dolor y la muerte mortal?
El Edén de la Prisión: La lujosa villa con piscinas de mármol, peristilos y jardines exóticos se convierte en su universo entero. Son esclavos eternos en un paraíso cerrado, atrapados en un bucle interminable donde las generaciones del mundo exterior se extinguen y se alzan imperios enteros (la caída de Roma, la Edad Media, la era moderna), mientras ellos limpian los mismos pisos de mosaico y atienden los caprichos sexuales de unos antropólogos alienígenas que los observan como especímenes inmortales en un terrario dorado.

Que pasa con relaciones sexuales, sentimentales y relaciones entre los esclavos, que viven juntos por siglos en mismos dormitorios de los esclavos.


La Dinámica Afectiva y Sexual entre los Esclavos Inmortales
Confinados en los mismos dormitorios durante siglos, sin envejecer, sin la amenaza de la muerte natural y atrapados bajo la atenta mirada de sus amos alienígenas, las relaciones entre los 25 esclavos sufren una mutación profunda, alejándose por completo de la fugacidad de la vida humana normal.

1. La Erosión del Deseo y la Monotonía del Placer

En los primeros años, los dormitorios compartidos bullían con la pasión, los celos y los afectos propios de hombres y mujeres jóvenes arrancados de sus pueblos nativos (Galia, Germania, Egipto, Siria). Sin embargo, el paso de las décadas y los siglos transforma radicalmente esta dinámica:
Agotamiento de la novedad: Al no haber cambios físicos, ni el nacimiento de hijos que renueven los ciclos vitales, ni el envejecimiento que altere los cuerpos, el deseo carnal pierde su urgencia biológica. Tras doscientos años de convivir en las mismas literas, las parejas originales se desgastan o se recombinan de todas las formas posibles.
El sexo como hábito y consuelo: Con el tiempo, las relaciones sexuales entre los esclavos dejan de ser impulsos de pasión romántica y se convierten en un mecanismo de supervivencia psicológica. Son una vía de escape contra el aburrimiento eterno, una forma de buscar calor humano y validación en un mundo donde son, al mismo tiempo, inmortales y meras propiedades.

2. Vínculos Tribales y Jerarquías Inmutables

Dado que sus mentes están congeladas en el nivel cultural de peones agrícolas y domésticos del siglo I a.C., sus estructuras sociales se replican y se fosilizan:

Familias sin descendencia: Aunque no pueden tener hijos (un diseño biológico impuesto o natural de su condición de "piezas" de servicio eterno), forman parejas estables o "matrimonios de esclavos" (contubernia) que duran siglos. Esta longevidad extrema convierte a estas parejas en pilares de una memoria colectiva muy rudimentaria.
Lealtades de origen: En los primeros siglos, las diferencias culturales (el galo resintiendo al romano, el germano al sirio) causaban fricciones. Pero tras milenios de aislamiento compartido, las identidades nacionales terrestres originales se disuelven. Se convierten en una "tribu" única: los servidores de la villa, los elegidos por los dioses.
Jerarquías internas: Entre ellos surge una jerarquía basada en la fuerza física, la habilidad para complacer a los amos o el favor sexual directo que hayan recibido de los patricios extraterrestres. Los más carismáticos o sumisos actúan como "veteranos" que enseñan a los más jóvenes (en términos de su mentalidad estancada) cómo comportarse para evitar el castigo del látigo.

3. Celos, Rivalidades y la Locura de la Monotonía

La inmortalidad sin estímulos intelectuales ni horizontes de cambio es un caldo de cultivo para la neurosis profunda:

Celos fosilizados: Un agravio cometido en el año 150 d.C. o una infidelidad de la época medieval pueden seguir pesando en las relaciones cotidianas siglos después. Sin la muerte para borrar los rencores o dar cierre a los conflictos, los celos y las pequeñas disputas domésticas se convierten en rencores eternos y pétreos.
La pérdida de la individualidad: Después de tanto tiempo compartiendo espacio, respirando el mismo aire y experimentando exactamente las mismas rutinas, los esclavos empiezan a perder los límites de su individualidad. Llegan a conocerse tanto que pueden anticipar cada palabra, cada gesto y cada pensamiento del otro, lo que genera una extraña sensación de fusión colectiva, casi como una colmena humana dentro del terrario de los amos.


Que hablan con sus amos en fiestas saturdinas

Las Saturnales en la Villa: El Diálogo con los Falsos Dioses

Durante las Saturnales (del 17 al 23 de diciembre), las tradicionales fiestas romanas donde se invertían temporalmente las jerarquías y los esclavos recibían un trato de aparente igualdad, la dinámica dentro de la villa aislada adquiere matices profundamente surreales y perturbadores.  
Para los amos extraterrestres, que imitan las costumbres romanas por curiosidad antropológica, la festividad es una farsa divertida, un experimento social que replican con precisión milimétrica. Para los esclavos inmortales, estancados mentalmente en el siglo I a.C., es una experiencia mística y desconcertante.

1. El Tratamiento y las Conversaciones en la Mesa

En la Roma clásica, durante las Saturnales, los amos servían a los esclavos o comían con ellos en señal de la Edad de Oro de Saturno, donde no existían jerarquías. En esta villa:  
La Inversión Simulada: Los patricios alienígenas invitan a los 25 esclavos al peristilo principal o al salón de banquetes, les sirven vino diluido y manjares, y les hablan con una cortesía impropia de amo a esclavo, usando un latín y un griego tan perfectos que suenan casi teatrales.
Lo que dicen los esclavos: Lejos de aprovechar la ocasión para exigir libertad o reclamar derechos (algo que sus mentes congeladas ni siquiera conciben), los esclavos responden con un temor reverente mezclado con una devoción absoluta.  

«Oh, divinos creadores, no somos dignos de sentarnos en vuestros tronos de marfil, pues nuestra condición es la de servir eternamente a vuestra grandeza», suelen balbucear con la voz temblorosa.

Les agradecen efusivamente por la "gracia" de su eterna juventud y por no haberles permitido morir como el resto de los mortales efímeros del mundo exterior.

2. Confesiones de una Eternidad Vacía

Al amparo del vino y del ambiente relajado de la fiesta, las conversaciones giran en torno a temas que desafían la lógica humana:

La Obsesión por el Favor Divino: Los esclavos aprovechan para preguntar a los amos si lo han hecho bien durante el año, si sus servicios domésticos y corporales han complacido a las "deidades". Buscan constantemente la aprobación de los patricios, interpretando cualquier gesto de amabilidad estacional como una bendición cósmica.
La Incomprensión del Tiempo: Los esclavos suelen hablar del pasado como si hubiera ocurrido ayer o hace eones sin distinción. Pueden mencionar anécdotas de cuando fueron capturados en las Galias o en Egipto hace milenios con una naturalidad pasmosa, mientras los amos los escuchan divertidos, tomando notas mentales o registrando datos en sus dispositivos de observación como si examinaran a hormigas en un gran formicario.

3. La Ruptura del Juego: Cuando la Farsa se Detiene

A diferencia de los romanos comunes —cuyas Saturnales terminaban el 23 de diciembre obligando a los esclavos a volver a sus cadenas físicas y jurídicas—, en esta villa la ilusión nunca termina del todo.  
Cuando la fiesta oficial concluye, los amos no vuelven a la crueldad arbitraria del mundo exterior; simplemente continúan con su existencia aislada. Los esclavos regresan a sus dormitorios compartidos sabiendo que, para ellos, cada día del año es una prolongación silenciosa de esa misma sumisión eterna, adorando a unos amos que jamás envejecen, atrapados voluntariamente en su propio paraíso de mármol.

Cuando llegan a los mil años en villa
Mil Años en la Villa: El Despertar Crepuscular


Cuando los 25 esclavos cruzan el umbral de los mil años de servicio ininterrumpido en la villa rural, el contraste entre su inmortalidad física y la atrofia de sus mentes genera una transformación profunda en el microcosmos del terrario alienígena.

1. La Transmutación del Tiempo y la Memoria

Tras diez siglos de existencia idéntica, la psicología humana estándar colapsa o muta hacia algo completamente distinto.

El Borrado de los Orígenes: Los recuerdos de sus tierras natales (las frías ciénagas de Germania, el sol de Egipto o los bosques de las Galias) se han desvanecido por completo, convertidos en jirones de sueños incomprensibles. Ya no se consideran galos, egipcios o hispanos; ni siquiera se ven a sí mismos como "humanos" en el sentido que el mundo exterior le da a esa palabra. Son, pura y exclusivamente, la sangre y el pulso de la villa.
La Mente como un Disco Rayado: Al no haber recibido educación formal ni nuevos estímulos intelectuales más allá de las tareas domésticas y los códigos del siglo I a.C., sus cerebros operan como un bucle infinito. Repiten las mismas bromas, los mismos rencores de pareja acumulados durante siglos, los mismos modales serviles y los mismos diálogos en latín y griego arcaico, como autómatas biológicos perfectamente pulidos.

2. La Relación con los Amos tras Diez Siglos

Para los antropólogos extraterrestres, llegar a los mil años de un mismo grupo de especímenes es un hito de observación sin precedentes.
De Esclavos a Elementos del Paisaje: Para este punto, los amos ya no ven a los 25 seres como simples sirvientes, sino como una parte viva de la arquitectura de la villa, tan intrínseca a la propiedad como las columnas de mármol de Carrara o las fuentes del peristilo.
La Pérdida del Temor y el Nacimiento de la Devoción Absoluta: El látigo y la vara, que en los primeros siglos se usaban con frecuencia para mantener el orden, se vuelven prácticamente innecesarios. Tras mil años, la sumisión se ha grabado a nivel genético y reflejo condicionado. Los esclavos se mueven por la villa con la precisión de fantasmas devotos, anticipándose a cada deseo de los amos antes de que estos lo formulen.

3. El Espejo Roto: ¿Qué ven cuando miran el mundo exterior?

En raras ocasiones, los amos permiten que los esclavos los acompañen en un carruaje cubierto hacia el borde exterior de la propiedad o les muestran fragmentos de la civilización humana contemporánea (el siglo XI o XII, o más adelante la era moderna).
Terror ante la Mortalidad: Cuando los esclavos milenarios observan a los humanos comunes envejecer, enfermar, sufrir y morir en cuestión de décadas, sienten un profundo desprecio mezclado con horror. Para ellos, los mortales del mundo exterior son criaturas patéticas, bestias efímeras que apenas brillan un segundo antes de extinguirse.
La Ratificación del Paraíso: Miran su propia piel tersa, sus cuerpos eternamente jóvenes y la opulencia eterna de los jardines y piscinas de la villa, y concluyen con absoluta certeza que su condición de esclavos inmortales bajo la bota de los "dioses" es el mayor privilegio del universo. Prefieren la eternidad de la cadena de oro en su paraíso aislado antes que la libertad mortal en un mundo que no entienden ni desean.

Dos mil años.

Dos Milenios: El Silencio de los Inmortales

Al cumplirse dos mil años desde aquella tarde en el mercado de esclavos de la Roma augustea, el experimento de los antropólogos extraterrestres ha cruzado la frontera entre la biología y el mito viviente.
En el siglo XXI, mientras el mundo exterior ruge con tecnología digital, rascacielos y una humanidad que ha conquistado el espacio, la villa rural en el centro de la península itálica permanece detenida en un pliegue absoluto del tiempo y el espacio.

1. La Esencia Cristalizada: Humanos que ya no lo son

Tras dos milenios de existencia estática, los 25 esclavos han sufrido una mutación psicológica y existencial definitiva.
La Mente como un Ecosistema Cerrado: Al no haber aprendido nada nuevo más allá de las tareas domésticas y los códigos de conducta del siglo I a.C., sus cerebros funcionan como un archivo hiper-repetitivo. Ya no razonan en el sentido moderno; procesan la realidad mediante reflejos condicionados, frases hechas en latín y griego clásico arcaico, y una serie de rituales cotidianos que ejecutan con la precisión de relojes suizos.
La Desaparición del Individuo: Las diferencias de género, origen y personalidad individual se han desvanecido casi por completo. Tras veinte siglos de compartir el mismo dormitorio, las mismas rutinas y el mismo encierro, operan casi como una conciencia colectiva, una mente colmena de sirvientes perfectos que sienten, se mueven y sirven al unísono.

2. Los Amos y los Especímenes: El Vínculo Definitivo

Para los patricios extraterrestres, que han visto nacer y colapsar imperios terrestres enteros mientras tomaban notas en sus bitácoras de campo, estos 25 esclavos ya no son considerados "sirvientes" en el sentido terrenal.
Artefactos Vivientes: Se han convertido en parte de la propiedad, tan inseparables de la villa como los mosaicos de las piscinas o las estatuas del peristilo. El uso del látigo y la vara se ha vuelto un recuerdo arcaico; la sumisión es tan absoluta y estructural que el concepto de desobediencia es tan imposible como que una piedra caiga hacia arriba.
La Indiferencia ante el Mundo Exterior: Si en algún momento los amos abren los portones de la propiedad y permiten que los esclavos observen la civilización del tercer milenio (vehículos eléctricos, pantallas lumínicas, satélites), la reacción de los esclavos es de absoluta repulsión e incomprensión. Para ellos, el mundo exterior es un hormiguero caótico, ruidoso y trágico habitado por efímeros que se apresuran hacia la muerte.

3. El Paraíso del Olvido

Sentados junto a las piscinas de mármol bajo el sol de Italia, con los rostros intactos de muchachos y muchachas de las Galias, Germania o Egipto de hace dos milenios, los esclavos disfrutan de su eterna juventud.
No tienen memoria del futuro, ni esperanza de libertad, ni noción de historia. Son la prueba viviente de un experimento cósmico donde la esclavitud más brutal se transformó, por capricho de la ciencia alienígena, en una eternidad dorada, vacía y perfecta.

Les pedirian a sus amos la mortalidad, envegecer y morir.

La Imposibilidad del Deseo de Morir

La respuesta corta y desgarradora es no. Tras dos mil años de aislamiento absoluto, atrofia cognitiva y la completa asimilación de su condición, el concepto mismo de la mortalidad, la vejez y la muerte se ha vuelto tan ajeno, antinatural y aterrador para los esclavos que jamás se atreverían a pedir semejante "misericordia".
Esta incapacidad de desear el fin no surge de la felicidad, sino de una profunda alteración psicológica provocada por el paso de los siglos:

1. El Terror a lo Desconocido y a la Decadencia

Para un esclavo cuya mente quedó congelada en el siglo I a.C., la muerte no es una transición natural, sino el castigo supremo y el fin de toda existencia.

El horror al cuerpo marchito: A través de las escasas ocasiones en que han visto morir a mortales en el mundo exterior o en los registros visuales de sus amos, entienden lo que es la vejez. Para ellos, ver la piel arrugada, el cabello blanco, la pérdida de fuerza y la enfermedad no es sinónimo de sabiduría, sino de degradación monstruosa.
La repulsión por la imperfección: En su universo estético y mental —donde la belleza física eterna fue otorgada como un sello de su condición divina—, envejecer es equivalente a convertirse en una bestia rota. Suplicar la mortalidad sería como rogar que les arranquen la piel y los condenen al sufrimiento físico.

2. La Mente Incapaz de Procesar el "Fin"

El cerebro humano (incluso uno alterado y detenido en el tiempo) necesita marcos de referencia para comprender conceptos abstractos.

La ausencia del concepto de "descanso": Para un esclavo romano, el descanso significaba dejar de cavar la tierra o servir la copa de vino al final de la jornada; la muerte era el Hades, un lugar sombrío y sin retorno. Al haber vivido dos milenios en un bucle perpetuo donde sus cuerpos no sienten el cansancio biológico acumulado, el concepto de "dejar de existir para descansar" carece de lógica en sus cerebros estancados.
La dependencia absoluta: Los amos extraterrestres son su sol, su aire, su ley y su único punto de referencia en el cosmos. Pedir la muerte equivaldría a desafiar la voluntad de los dioses que los hicieron eternos, un sacrilegio impensable para criaturas cuya sumisión es ya un reflejo tan involuntario como latir el corazón.

3. La Eternidad como una Cárcel de Terciopelo

Si en algún rincón recóndito de su conciencia colectiva, aplastado bajo capas y capas de rituales y servidumbre automática, quedara una chispa de melancolía o un deseo enterrado de cambio, este se ahoga de inmediato ante la realidad exterior.
Al mirar el mundo moderno (el ruido, el caos, las guerras, las muertes anónimas de los miles de millones de humanos efímeros que pueblan el planeta en el siglo XXI), los esclavos se aferran con pánico a sus piscinas de mármol y a sus amos inmortales. Prefieren la vacuidad eterna de su jaula dorada y el yugo del látigo ocasional antes que la libertad mortal de un mundo que ya no les pertenece y al que temen más que a su propia esclavitud.

los amos le dan un mes de vacaciones fuera de la villa, al año vieran cambio del mundo, que piensan

Un Mes en el Abismo del Futuro: El Choque de los Inmortales con el Siglo XXI

Por orden de los antropólogos extraterrestres, y como un experimento definitivo dentro de su bitácora de campo, las puertas blindadas de la villa se abren por primera vez en dos milenios. Los 25 esclavos reciben una orden insólita: un mes de vacaciones absolutas en el mundo exterior, libres de servir, aunque acompañados de dispositivos de rastreo invisibles.
Vestidos con túnicas adaptadas pero arrojados de golpe a la realidad del año 2026, la experiencia desata un cataclismo psicológico en sus mentes congeladas en el siglo I a.C.

1. El Primer Impacto: La Pesadilla de los Ruidos y las Formas

Al cruzar los límites del bosque y descender hacia una ciudad moderna (pueden ver autopistas, rascacielos de cristal y acero, pantallas gigantes con luces de neón y multitudes apresuradas), el colapso cognitivo es inmediato.

Monstruos y Deidades Mecánicas: Los automóviles que se desplazan a gran velocidad sin caballos ni bueyes son interpretados de inmediato como carros de guerra demoníacos o bestias de hierro. Los aviones que surcan el cielo no son máquinas, sino dragones de fuego y metal.
El Terror a la Multitud: Acostumbrados al silencio monótono de la villa y a la compañía exclusiva de sus 24 compañeros, el gentío del siglo XXI les provoca pánico profundo. Creen que están presenciando el Hades desatado: millones de almas en pena, apresuradas, sin rumbo, gritando a través de pequeños rectángulos luminosos (los teléfonos móviles).

2. La Revelación de la Mortalidad Efímera

Durante ese mes, al observar de cerca a los seres humanos modernos, los esclavos experimentan el horror antropológico definitivo.
La Fragilidad de la Carne: Ven ancianos encorvados, enfermos en hospitales, rostros surcados por arrugas profundas y funerales en las calles. Para ellos, que jamás volvieron a cambiar de aspecto desde el día de su compra en tiempos de Augusto, esta orgía de decadencia física es repugnante y aterradora.
La Compasión y el Desprecio: Al ver a los humanos correr tras el dinero, trabajar bajo horarios estrictos, estresarse por hipotecas o sufrir por amores efímeros, los esclavos sienten una mezcla de lástima y soberbia. «Son bestias de carga que se matan a sí mismas por nada», murmuran en su latín arcaico entre ellos, incapaces de entender que esos mortales son, paradójicamente, libres.

3. El Producto de su Conclusión: La Súplica del Retorno

Lejos de aprovechar ese mes de "libertad" para escapar, rebelarse o buscar un lugar en el mundo moderno (un concepto que sus cerebros no pueden procesar), los esclavos experimentan una desesperación angustiosa.
La Ciudad como un Caos sin Ley: Para su mentalidad romana, el mundo moderno carece del orden divino del Imperio o de la estructura jerárquica de la villa. No hay un César claro, no hay dioses visibles; es un mar de anarquía donde la gente común vive aterrorizada por el tiempo.
El Anhelo del Yugo: A mitad de ese mes de vacaciones, los 25 esclavos se congregan por voluntad propia en el punto de encuentro acordado con sus amos, o regresan corriendo desesperados a las puertas de la villa rural antes de que termine el plazo.
Cuando las puertas se abren y vuelven a pisar los pisos de mármol, las piscinas y los jardines silenciosos, se arrojan al suelo con lágrimas de alivio. Comprenden, con una certeza absoluta, que su esclavitud eterna bajo los amos extraterrestres es el único refugio de paz, belleza y orden en un universo caótico y condenado a la muerte.

En 2000 años, que pasa con los idiomas de la villa, hablan latín y griego, los esclavos al final hablan aristocráticamente como sus amos, sus idiomas maternos creo perdieron paso de décadas.

La Fosilización Lingüística: El Latín y el Griego de la Eternidad.

Al transcurrir dos mil años, el destino de las lenguas maternas de los 25 esclavos (el celta de las Galias, las lenguas germánicas, el egipcio antiguo, el arameo y las hablas ibéricas) sufre un proceso de extinción absoluta y definitiva.
Al no haber descendencia que renueve las generaciones, al no existir niños a quienes transmitir la lengua materna de la tribu, y al estar completamente aislados del mundo exterior donde esas lenguas evolucionaron, murieron o se transformaron, los idiomas originales se desvanecieron de la memoria en los primeros siglos.
Lo que ocurre a lo largo de los milenios con el latín y el griego dentro de la villa es un fenómeno lingüístico único y perturbador:

1. La Congelación del Habla Aristocrática

Los esclavos no aprendieron el latín y el griego de la calle o de los comerciantes del puerto, sino directamente de la dicción impecable, culta y pulida de sus amos patricios del siglo I a.C.
Una lengua de museo: A medida que pasaban los siglos y el latín real del mundo exterior se corrompía, mutaba y daba origen a las lenguas romances (italiano, español, francés, portugués), el latín de la villa quedó completamente fosilizado.
Dicción perfecta y solemne: Dos mil años después, cuando un esclavo celta originario de las Galias abre la boca, no habla francés medieval ni moderno; habla un latín clásico de la época de Augusto, con una pureza gramatical, una métrica y una pronunciación tan perfectas que superarían a la de cualquier senador o poeta de la antigua Roma. El griego que utilizan para dirigirse a la matrona o entre ellos conserva la elegancia y la cadencia de la época clásica ateniense.

2. El Idioma como una Liturgia Mecánica

Dado que sus mentes están estancadas y su intelecto no se alimenta de nuevos conceptos científicos o sociales modernos, el latín y el griego de la villa dejan de ser lenguas vivas de comunicación flexible y se convierten en fórmulas rituales.
Frases repetitivas y predictivas: Tras milenios de convivir en el mismo espacio reducido, los esclavos utilizan un repertorio limitado de frases y expresiones altamente formales. No debaten sobre filosofía ni inventan nuevas palabras; recitan su servidumbre. Sus interacciones diarias suenan como una obra de teatro clásica repetida infinitas veces por actores que ya han olvidado el significado original de sus parlamentos, pero ejecutan cada sílaba con precisión milimétrica.
Incomprensión del exterior: Si por casualidad escucharan el latín eclesiástico del Vaticano o el italiano moderno hablado en las calles de la Italia del siglo XXI, los esclavos lo considerarían una jerga bárbara, corrompida e indecente. Para ellos, la única forma lingüística "humana" y civilizada es la de sus amos alienígenas.

3. La Pérdida de la Identidad Étnica a través de la Palabra

La lengua define quiénes somos. Al perder por completo sus lenguas nativas y adoptar de forma absoluta la lengua culta de la aristocracia romana, los esclavos completan su metamorfosis psicológica.
Ya no queda rastro lingüístico de los dioses germánicos, de los faraones de Egipto o de los clanes galos en sus voces. Cuando hablan entre ellos en los dormitorios compartidos, lo hacen con la cortesía distante y los modales verbales de la élite patricia que los compró, creando una paradoja grotesca: sirvientes analfabetos con la dicción de emperadores y filósofos romanos, atrapados en una eternidad vacía.

En dos mil años aprendieron a leer les ensaño dueños.

La Alfabetización del Milenio: Cuando los Dioses Enseñasen a Leer a sus Criaturas
Si en el transcurso de esos dos mil años los amos extraterrestres decidieron enseñar a leer a los esclavos, el proceso no respondería a un acto de bondad humanitaria moderna, sino a una decisión puramente utilitaria, estética o de capricho antropológico. Al igual que un dueño enseña trucos complejos a un animal de raza superior, los patricios alienígenas abren las puertas de su biblioteca privada a los sirvientes inmortales.

1. El Contenido de la Lectura: Un Canon Petrificado

Los amos no les entregan la literatura de los siglos venideros (nada de la ciencia, la filosofía moderna, la política o la historia contemporánea). El material de lectura se limita estrictamente al mundo clásico que los amos desean preservar en la villa:
Los Textos Sagrados y Poéticos: Los esclavos aprenden a leer sobre tablillas de cera, papiros o pantallas holográficas diseñadas con aspecto antiguo, descifrando la poesía de Virgilio, las comedias de Plauto, los tratados de Cicerón o los mitos de la mitología griega.
La Lectura como Ritual de Obediencia: Para los esclavos, leer no es un acto de emancipación o pensamiento crítico; es un ejercicio de perfección formal. Leen en voz alta para entretener a los amos durante las cenas en el peristilo, recitando versos épicos con la misma precisión con la que limpian el mármol o sirven el vino.

2. La Transformación del Esclavo Letrado

Saber leer después de mil o dos mil años de existencia estática genera una serie de consecuencias profundas en la mente de los sirvientes:

La Incapacidad de Interpretar el Mundo Real: Aunque pueden leer latín clásico y griego con fluidez impecable, su comprensión está completamente desvinculada de la realidad. Si un esclavo lee sobre las guerras de la República Romana o las pasiones de los dioses en el Olimpo, lo procesa como una crónica de su propio universo o una ley cósmica inalterable, jamás como algo que pueda cuestionarse.
La Erudición Vacía: Se convierten en una especie de reliquias vivientes: seres analógicos en un mundo digital, capaces de declamar estrofas enteras de la Eneida sin cometer ni un solo error de pronunciación, pero incapaces de entender qué es un teléfono inteligente, una ley constitucional moderna o un motor de combustión interna.

3. La Perspectiva de los Amos: Una Obra de Arte Completa

Para los antropólogos extraterrestres, ver a sus esclavos leer los clásicos en la terraza de la mansión moderna es la culminación de su experimento estético.
Ya no son solo cuerpos hermosos e inmortales que obedecen órdenes físicas; ahora son bibliotecas parlantes, estatuas vivientes que no solo imitan la perfección de la antigua Roma, sino que pueden recitarla. La lectura se convierte en el último eslabón de su domesticación total: el esclavo ha interiorizado tanto la cultura de sus amos que recita las cadenas de su propia esclavitud con la belleza de la alta poesía.

miércoles, 21 de junio de 2017

94).-Monedas en tiempo de Cristo.


  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farías Picón; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda ; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas ; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garín; 

 
Monedas en tiempo de Cristo.


 
La autoridad para acuñar monedas de oro o plata sólo la tenía el emperador romano (en tiempos de Jesús primero Octavio Augusto y luego Tiberio), y las acuñaciones de las monedas de alto valor se centralizaban en Roma. Estas monedas eran las interesantes para la maquinaria recaudadora de impuestos. En cuanto a las monedas de bronce y cobre había más permisividad y Roma permitía que se realizaran acuñaciones locales por parte de los reyes-cliente o por parte de sus gobernadores provinciales. En el año 18 a.C. Augusto realizó una reforma monetaria que dejó el valor y conversiones de monedas como indicamos en este documento.

La monedas oficiales del imperio romano y sus provincias eran éstas:


Aureo (latín Aureus): era la moneda más alta, hecha de oro. Equivalía a 25 denarios o 400 ases.



Quinario de oro (latín Denarius Aureum o Quinarius Aureus): era medio aúreo, de oro, es decir, 12 denarios y medio.
Según el Evangelio (S. Mateo 22:20, S. Marcos 12:17 y S. Lucas 20:25) los Fariseos mandaron algunos de sus alumnos a probar a Jesús y le preguntaron si era algo lícito y moral el pagar los tributos que les exigían los gobernantes.

Jesús, viendo sus intenciones, les dijo entonces: “mostrarme con que habéis de pagar esos tributos”. Ellos le acercaron un denario y entonces les volvió a preguntar: “¿quién es el que aparece en la moneda?”, a lo que ellos le respondieron que era el César de Roma.

Jesús les respondió: “Pues dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Es por este pasaje bíblico del Nuevo Testamento por lo que los denarios de Tiberio son denominados denarios bíblicos ó monedas del tributo.

Denario (latín Denarius Argenteus): era la moneda oficial del Imperio romano, hecha de plata, réplica del antiguo dracma griego. En la época de Jesús valía 16 ases. Empezó valiendo 10 ases (de ahí la palabra denario) pero en la época de Jesús se había devaluado a 16 ases. Tenía por una cara un busto del emperador y por el otro solía tener motivos religiosos romanos, como el lituum o cayado de los augures y vasos ceremoniales. Pesaba unos 3,36 g, un octavo de onza (27 g).


Quinario de plata (latín Quinarius Argenteus): o medio denario, hecho también en plata, equivalía a 8 ases.


Sestercio (latín Sestertius): solía ser una moneda de bronce, aunque podía hacerse de plata, era la cuarta parte de un denario o 4 ases.

Dupondio (latín Dupondius): de bronce, la octava parte del denario o 2 ases (de ahí su nombre).

As (latín Aes): Augusto acuñó una doble serie de bronce y de latón u oricalco, difíciles de distinguir de los dupondios.

Semis (latín Semis): la mitad del as, acuñada en una doble serie de bronce y latón u oricalco.

Cuadrante (latín Quadrans): la cuarta parte del as, era de bronce.


Sin embargo, en la zona de Judea y sus alrededores, y en el resto del mundo conocido, se usaban otras monedas que eran usadas localmente de forma preponderante sobre las monedas oficiales. Nunca eran de oro, pues este metal estaba reservado para las monedas imperiales, y solían ser de plata y bronce.

En la zona hebrea:



Siclo de Tiro: era un shekel (ver más abajo) acuñado en Tiro con el que estaba obligado todo judío a realizar el pago de los tributos al Templo, que era de medio siclo al año por persona. Esta era la razón de la existencia de cambistas en los recintos del Templo, que tan poco gustaban a Jesús, que como usureros se llevaban una jugosa comisión por realizar el cambio de moneda. Equivalía a cuatro denarios de plata. Las famosas treinta monedas que se pagó a Judas por su traición se cree que eran siclos. 


Zuz (vocablo hebreo, plural zuzzim): de plata. Era una moneda equivalente al denario y al dracma que estuvo en uso antes de que el territorio judío cayese bajo dominio romano y que volvió a ser acuñada por los propios judíos durante la revuelta de Bar Kochba, pero que durante el período de la vida de Jesús fue desautorizada en favor del denario romano. Sin embargo, debido a su popularidad entre los judíos, es muy posible que en ciertas regiones continuara en uso de un modo subersivo y en la sombra. Aunque se usa este término de forma intercambiable con el denario, en realidad el zuz originalmente se equivalía al dracma griego que era un cuarto del tetradracma griego, unos 17 gr de peso, mientras que el denario era un cuarto del siclo tirio (o siclo judío para el pago del impuesto) o del tetradracma de las provincias del imperio romano, unos 14 gr de peso. Por tanto, tenía algo más valor que el dracma habitual en las provincias, y ahí que fuera preferido por los judíos.


Kalbon (vocablo hebreo, plural kalbonot): de plata. No se tiene muy claro si equivalía a un sexto o a un doceavo de denario o zuz. Si fue un sexto entonces fue equivalente a una moneda antigua hebrea llamada gerah o ma’ah (plural ma’ot), y si fue un sexto entonces fue equivalente a una antigua moneda llamada medio-ma’ah. Dos kalbon eran la cantidad típica con la que se quedaban los sacerdotes al cobrar el impuesto al templo supuestamente para pagar a los cambistas.
Prutah de John Hyrcanus (134 a. C. a 104 a. C.).
Anv.: Doble cornucopia .
Rev: cinco líneas de escritura hebrea antigua; leyendo "Yehochanan Kohen Gadol Chever Hayehudim" (Yehochanan el Sumo Sacerdote, Consejo de los Judíos )


Prutah (vocablo hebreo, plural prutot): de bronce, eran 2 lepta. Era equivalente al quadrans romano.
 el lepton que busco aparece el báculo que he leido se llama Lituus, un baston enroscado en resumen, y la inscripción TIBEPIOY KAICAPOC, tiberio cesar.


Lepton (vocablo hebreo, plural: lepta): de bronce, la moneda más pequeña usada en Judea en tiempos de Jesús. También se la llamaba mite. La famosa viuda de los evangelios echó varias de estas monedas en el arca de las ofrendas del Templo.

En zona fenicia y cartaginesa:

Trishekel: de plata, o tres shekel.

Dishekel: de plata, o dos shekel.

Shekel o siclo: de plata. Equivalía a 4 denarios o dracmas, o al tetradracma.

Medio shekel: valía la mitad de un shekel.

Cuarto de shekel: valía la cuarta parte del shekel.

Agorá: valía de 1/20 a 1/25 de shekel.

En zona griega (Alejandría y Grecia):




Tetradracmas de vellón: introducida por el emperador Tiberio en Alejandría, equivalía a cuatro dracmas. Existió un tetradracma anterior, de plata, pero cayó en desuso por la moneda en vellón. El vellón es una aleación de plata y cobre al 50% más o menos, llamada del francés billon, que significa lingote.

Dracma: de plata, equivalente al denario, y representaba 6 óbolos, 24 dicalcos o 48 calcos de esta época. Fue la moneda oficial de la época helenística, que en tiempos anteriores al romano cumplió el mismo propósito que el denario romano, pero dejó de acuñarse durante el imperio romano en favor del denario.

Óbolo: de bronce, un sexto de dracma, introducido por Augusto en Alejandría. Era una moneda intermedia entre el sestercio y el dupondio romanos.

Dicalco: de bronce, la cuarta parte del óbolo, introducido por Augusto en Alejandría. Era una moneda entre el semis y el as romanos.

Calco: de bronce, la octava parte del óbolo, introducida por Augusto en Alejandría. Era una moneda. Era una moneda entre el semis y el cuadrans romanos.

En Mesopotamia:

Talento: aunque inicialmente fue una medida monetaria babilónica, la de mayor valor, luego se extendió su designación por todo el mundo conocido, para designar fuertes sumas de dinero. En la época romana un talento eran 100 libras de plata, o 1.200 onzas de plata (1 libra = 12 onzas), o 9.600 denarios (1 onza, 27 g = 8 denarios), o 153.600 ases (unos 25 millones de las antiguas pesetas españolas, en comparación con el coste de la vida actual).

Mina: otra medida monetaria, que no moneda, que era 1/ 60 de talento, o 160 denarios o 2.560 ases.

En Pérgamo:


Cistóforo: Moneda de plata símbolo de los antiguos reinos de Pérgamo (reinos que posteriormente serian la provincia romana de Asia) que se acuñó desde el siglo II a.C. y continuó emitiéndose durante el siglo I d. C., con los primeros emperadores del Imperio. El nombre de cistóforo proviene de la persona que portaba la “cista mystica” usada en el culto a Dionisio, que contenía una serpiente en su interior. Acuñada sobre todo en Efeso y Pérgamo y con el valor de tres denarios, fue adoptando con el tiempo los motivos y estilos de Roma.

En la India:


Satamana: de plata, 3 karshapana



Karshapana: Característica moneda de plata de forma rectangular de la India antigua. Su acuñación por una sola cara, la ausencia de escritura y sobre todo, los diferentes símbolos que distinguen las series (y tal vez los reinados, aunque no han sido descifrados claramente), diferencian a estas primitivas monedas de las acuñadas en el mundo griego. Estas primitivas emisiones (siglos V-II a.C.) se basan en la plata, siendo su unidad de cuenta el “ratti”, la masa de la semilla de gunja de color escarlata que pesa 0,11 g. Las monedas principales se denominan: satamana, con un peso de 11 g (100 rattis) y karshapana con 3,5 g (32 rattis). Era aproximadamente equivalente a un denario.


Tabla de equivalencias (comparando con el as romano)
Talento
153.600 as
Mina
2.560 as
Aureo
400 as
Quinario de oro
200 as
Trishekel
192 as
Dishekel
128 as
Shekel (siclo)
Siclo de Tiro (usado judíos)
Tetradracma
64 as
Cistóforo
Satamana
48 as
Medio shekel
32 as
Denario
Dracma
Cuarto de shekel
Zuz
Karshapana
16 as
Quinario de plata
8 as
Sestercio
4 as
Obolo
Agora
Kalbon
2/3 as
Dupondio
2 as
As
1 as
Dicalco
2/3 as
Semis
½ as
Calco
1/3 as
Cuadrans
Prutah
¼ as
Lepta
1/8 as


Los impuestos en tiempos de Jesús.


Impuestos imperiales

En la época de Jesús no existían naciones como hoy las entendemos, sino imperios y estados vasallos. El imperio que gobernaba los destinos judíos era el romano, y por la ápoca de Jesús, el reino más o menos amplio que gobernó Herodes hasta el año 4 a.C. fue dividido a su muerte en un conjunto de tetrarquías (unas divisiones de menor categoría que el reino). Herodes Antipas se hizo cargo de Galilea y Perea; su hermano Arquelao, y luego un prefecto romano, se hicieron cargo de Samaría, Judea e Idumea, en este caso formando una etnarquía; Herodes Filipo de Batanea, Panias, Gaulanítide y Traconítide; Salomé, una hermana de Herodes, de las ciudades de Jamnia, Azoto y Fáselis. Por otra parte, existió en medio de estos territorios una zona llamada Decápolis, una liga de ciudades gobernadas de forma independiente.

El poder gobernante final estaba en manos del emperador y las familias aristocráticas romanas. Ellos eran quienes ejercían el derecho a recaudar impuestos en sus territorios anexionados, y en caso de rebelión, enviaban implacables sus tropas.

Pero la recaudación de impuestos, que era el eje central que condicionaba la vida económica de la época, no se realizaba de forma simple y directa, sino que se desplegaba a través de toda una telaraña y toda una jerarquía de puestos hasta que se efectuaba sobre el habitante común.

Esta jerarquía se puede resumir del siguiente modo:

1. El emperador y la aristocracia

Los emperadores fueron los mayores multimillonarios de la época gracias unos ingresos desproporcinados que obtenían sobre todo de tributos anuales directos que ejercían sus reyes-cliente sobre la tenencia de la tierra y sobre las personas físicas (Mc 13 12-17, Josefo BJ II 403 y 405). En segundo lugar, se enriquecían mediante impuestos indirectos de varias clases, inclusive honorarios de aduana en puertos y caminos (Plinio, Historia Natural 12,32, 63-65). Por último, eran beneficiarios del testamento de sus reyes-cliente, y esta última fuente no era nada despreciable. Josefo informa de que Herodes el Grande, por ejemplo, legó a Augusto 1000 talentos (unos 6 millones de denarios), y Julia, esposa de Augusto, 500 talentos (Josefo AJ XVII 146 y 190). Suetonio dice que en los últimos veinte años de su reinado, Augusto recibió 1400 millones de sestercios de testamentos («Augustus»
101).

El talento de plata, que en realidad era una medida de peso (35 kg), se correspondía proximadamente con 6000 dracmas en época antigua, y con la misma cantidad de denarios. Pero esta medida de dinero no era muy precisa y fluctuó en la época de Jesús.

2. Los reyes – cliente y los prefectos

Debajo del emperador están los reyes-cliente, como Herodes padre, y después sus hijos Arquelao, Herodes Antipas y Herodes Filipo. Del mismo modo, si no resultaba conveniente que gobernara un reyezuelo local, el emperador podía echar mano de gobernadores romanos. Durante el período de la vida de Jesús, esto es lo que sucedió con la etnarquía de Arquelao, que pasó a manos de un prefecto romano.

En cuanto a Herodes el Grande, éste ganó fama de derrochador. Josefo dice de él: «Como gastaba más de lo que le permitían sus recursos, tenía que mostrarse duro con sus súbditos». Sus cuantiosos ingresos mediante impuestos le granjeó no pocas antipatías entre el pueblo. Su hijo Arquelao, como él, se sobrepasó tanto en estas cuestiones y gestionó tan mal su etnaquía, que Augusto no dudó en deponerle, desterrarle y confiscarle todos sus bienes, colocando a un prefecto romano.

Tanto los reyes-cliente como los prefectos deben ganarse la confianza del emperador. Su cargo no es vitalicio. Saben que en cualquier momento pueden ser depuestos y sustituidos por otro soberano de mayor confianza. Por ello, debían estar prestos a satisfacer al emperador haciéndole todo tipo de halagos. Por ejemplo, Antipas construye Tiberias en honor del emperador Tiberio y su hermanastro Filipo refuerza Betsaida renombrándola como Julias, en honor de una hija del César, según Josefo.

Cada división administrativa tenía aplicadas unas rentas anuales. Arquelao estaba obligado a pagar 600 talentos ó 3,6 millones de denarios (según menciona Flavio Josefo en AJ 17, 318), Herodes Antipas 200 talentos ó 1,2 millones de denarios, Filipo 100 talentos ó 600.000 denarios, y Salomé 60 talentos.

Sin embargo, estas fueron las cantidades a la muerte de Herodes el Grande, cuando su reino fue dividido por Augusto en tetrarquías. Muy posiblemente, en tiempos del Jesús adulto, treinta años después, estos impuestos fueran bastante mayores. Podemos deducir esto al comprobar que los 960 talentos exigidos entre todas las tetrarquías pasaron a ser 2000 talentos (¡más del doble!) con Agripa I, en tiempos de Calígula, 38 d.C. (Josefo AJ 19, 352). Por tanto, hacia el año 30 d.C. los 960 talentos seguramente habían pasado a ser ya unos 1500.

Por otra parte, los reyezuelos y prefectos también sacaban su tajada personal del cobro de impuestos. Ellos tenían que entregar la cantidad exigida al emperador, pero en realidad cobraban al pueblo unos porcentajes mayores, a veces verdaderamente abusivos, de modo que esos 1500 talentos podían llegar a convertirse fácilmente en 2000. La ganancia de 500 talentos iba a engrosar las arcas privadas de estos reyes-cliente y gobernadores. Este dineral representaban una buena fortuna con la que estos personajes podían vivir en muchas ocasiones rodeados de lujo y derroche. Herodes Antipas fue el exponente de rey necio que se granjeó la enemistad de su pueblo por sus continuos excesos. No es de extrañar, pues, que se produjeran entre el pueblo judío frecuentes protestas (Josefo BJ II 4; Tácito «Anales» 2-42). Josefo llama a Herodes Antipas un «amante del lujo» (AJ XVIII 245). Ya que Josefo mismo estaba situado en la élite urbana, hay que tomar este comentario como algo crítico, queriendo decir que Herodes Antipas «se pasaba con mucho». En cambio, su hermanastro Herodes Filipo parece que gobernó en su tetrarquía con algo más de moderación.

Como elemento de comparación, conviene recordar que un denario era el jornal de trabajo de un obrero común. Un legionario del ejército romano cobrara dos denarios al día. Esos 500 talentos que podían llegar a engrosarse los tetrarcas cada año para sus arcas privadas, o 3 millones de denarios, representaba una fortuna desproporcionada.

3. Jefes de los recaudadores de impuestos

Estos eran a quienes los reyes-cliente y prefectos entregaban de forma directa los derechos de recaudación. Sin duda, ellos se llevaban una parte muy sustanciosa de la operación elevando el impuesto, que ya venía aumentado con el extraordinario plus que aplicaban los gobernantes. Como veremos el impuesto iba aumentando a través de un buen número de intermediarios, de modo que los pagadores finales tenían que sufrir un gravamen mucho mayor que el fijado por los emperadores.

Se les llamaba architelonai. Tenemos un ejemplo mencionado en el evangelio con Zaqueo de Jericó (Lc 19 1-10). En Jericó estaba la capital de una de las toparquías de Judea (la toparquía es una división administrativa justo por debajo de la tetrarquía, con fines fiscales), por lo que Zaqueo tenía un puesto de importancia. Es curioso pero de Lc 19 10 se prueba el hecho de que estos recaudadores jefes se enriquecían hasta límites insospechados a costa de las comisiones. Dice Zaqueo: «Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé a alguno, le devolveré cuatro veces más«. Mucho dinero debía haber acaparado este hombre para hacer semejante afirmación. (Es interesante pensar en cómo debió de sentarle a Pilato, que gobernaba en Judea, el que uno de sus architelonai de Jericó decidiera volverse altruista de pronto. No sabemos qué fue de Zaqueo pero es poco probable que su repentino cambio de conducta le permitiera continuar en su cargo. Los gobernantes necesitaban gente sin escrúpulos para estos puestos.)

La parábola que viene a continuación de la historia de Zaqueo en el evangelio de Lucas (Lc 19 11-28) tiene también muchísimo que ver con estos recaudadores jefes. Se trata de una referencia velada a Herodes Arquelao y su intento de obtener la corona de manos de Augusto. Los criados del aspirante a rey son en realidad los architelonai. Como se puede apreciar de la parábola, estos recaudadores jefes tenían que tener muy buen olfato para los negocios, puesto que no sólo tenían que  entregar la cantidad exigida por el emperador sino también el plus que el gobernante local les exigía. Por tanto, tenían que ser expertos en realizar inversiones productivas y conseguir que su dinero creciera. En caso contrario, no había segundas oportunidades, y se entregaba el puesto a otro. Un cargo semejante, a pesar de lo mal visto que estaba entre los judíos, era sin embargo muy codiciado.

4. Recaudadores de impuestos y funcionarios de aduanas

Los architelonai vendían en realidad sus derechos de cobro de impuestos a recaudadores locales, quienes elevaban con un nuevo plus el impuesto para su ganancia personal antes de aplicarla finalmente a los ciudadanos. Para poder hacer esto se requería que toda persona susceptible de pagar el impuesto (mayor de dieciséis años) estuviera inscrita en algún tipo de censo. Había censos de las personas, censos de propiedades, y censos de actividades industriales. Los recaudadores disponían de estos censos y los mantenían al día. Nadie podía trabajar sin estar inscrito en algún censo. Los recaudadores literalmente perseguían a los morosos e iban casa por casa exigiendo el tributo. Para ello contarían con un buen número de funcionarios encargados del cobro de aquellos que no se presentaban voluntariamente para el pago.

Se aplicaban impuestos, por tanto, por las posesiones y bienes (tributum soli), por la producción, y por las personas o impuesto de capitación (tributum capitis). En caso de un empresario que tuviera jornaleros o esclavos a su cargo, éste retenía una parte del jornal para el pago de este último impuesto. En el pago del impuesto por producción, éste podía hacerse en especie. Este pago en especie se hacía con frecuencia para las cosechas de cereal y para el vino.

Cuando el jornalero no podía pagar el impuesto, estos recaudadores actuaban también como prestamistas, adelantando el dinero en forma de deuda que luego había que devolver con sangrantes intereses.

Pero todo esto son sólo los impuestos directos. Había también un buen número de impuestos indirectos, provenientes de la utilización de puentes y calzadas, el transporte de mercancías (hasta cada producto tenía su precio particular), el uso del agua proveniente de acueductos, el uso de instalaciones portuarias, y una largo etcétera. Para el cobro de estos impuestos se disponía también de un denso cuerpo de publicanos (publicani) o recaudadores de aduanas. Lo más posible es que Mateo, el apóstol, fuera uno de ellos.

Las tasas aduaneras eran del 2%, 2.5%, o 5%, dependiendo de los bienes; y esta tasa de 2% (más o menos) se ejemplifica por uno de los términos técnicos para “recaudadores de aduana”: pentêkostologos («el recaudador del quincuagésimo»; Ateneo «Los deinosofistas» 2,49; 11,481). Los honorarios de peaje para los caminos variaban considerablemente; también se aplicaban a animales (en tasas diferentes para camellos y asnos) y a las carretas. Presumiblemente los gobernantes reunieron unas buenas sumas por el tráfico local en caminos y puentes. La construcción de estas infraestructuras, sufragadas por los reyes y los emperadores, no se realizaban para la satisfacción del populacho, sino de la clase alta. Para el pueblo llano tan sólo tenía una función fiscal. En una lista de peajes de Coptus, Egipto (90 d.C.), aparecen los peajes, proporcionando alguna idea de las tasas del siglo primero en una provincia romana. Cubren diferentes clasificaciones de personas basadas en el sexo, la posición, y la profesión (por ejemplo, 5 dracmas para un marinero, 20 dracmas para una mujer de marinero); y animales y transportes diferentes (por ejemplo, 1 óbolo para un camello, 4 dracmas para un carro cubierto). Otro ejemplo: los derechos de importación para llevar pescado en sazón a Palmyra en el año 137 d.C. era de 10 denarios por cada carga de camello.



Impuestos religiosos.

A toda esta axfisiante situación de la economía de la época hay que sumar el pago de las obligadas tasas religiosas para el sustento de la clase sacerdotal y del Templo de Jerusalén. Este pago se efectuaba tanto en moneda como también en la forma de un porcentaje de la producción o diezmo.

Había varios impuestos religiosos que era obligado pagar anualmente:

Uno procedente de la producción de la tierra y del ganado,

otro para el mantenimiento del culto, conocido como el «medio siclo» o didracma,

y finalmente, otros menores, como el destinado a la compra de leña para el altar.

Mención aparte están los impuestos por causa del nacimiento de hijos primogénitos.

Impuesto procedente de los productos de la tierra

Este impuesto incluía varios conceptos que podían ser abonados en dinero o en especie. De este impuesto y del procedente del ganado es de donde obtenían los sacerdotes sus mayores ingresos. Se componía de lo siguiente:

Las primicias o bikkurim. Afectaba a las llamadas «siete especies», es decir, las siete principales cosechas en Palestina: trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y miel. Si se vivía cerca de Jerusalén se llevaba el producto fresco y si se vivía en el extranjero, seco. Llama la atención que a pesar de ser un impuesto, el pueblo organizaba procesiones festivas con gran algaraza para llevar la carga. Se colocaban guirnaldas sobre los cestos, un toro enjaezado marchaba en cabeza para ser sacrificado, y la procesión era recibida en el atrio del templo por los levitas. Cada participarte entregaba entonces su cesto al tiempo que entonaba un pasaje del Deuteronomio. Quizá este ambiente festivo se deba
a que el pueblo, a pesar de saber que era un impuesto, lo veía aún como una ofrenda religiosa en agradecimiento por la cosecha, que debió ser su significado original.

El terumah. Aquí no sólo entraban las siete especies de las primicías, sino también el fruto de los árboles. Sobre todo afectaba al trigo, el vino y el aceite. Había que entregar
por término medio la quincuagésima parte de los ingresos anuales de la persona. Este pago seguramente se veía más que el anterior como un pago a los sacerdotes, aunque los dos lo eran en realidad, puesto que éstas primicias sólo podían ser consumidas en el interior del templo por los sacerdotes. Las familias de éstos no podían beneficiarse.

El diezmo. Era el más importante y de mayor cuantía. Afectaba a todo, hasta a lo más nimio que el agricultor pudiera producir, de lo cual había que entregar anualmente la décima parte. Los evangelios muestran en algunos pasajes la excesiva escrupulosidad que aplicaban los sacerdotes para determinar si el producto era diezmable o no. Hasta los productos menos valiosos, como la menta, el eneldo y el comino, debían tenerse en cuenta (Mt 23 23; Lc 11 42). Este impuesto estaba destinado a los levitas o ministros de segundo orden del templo, pero los sacerdotes habían ideado una argucia para hacerse con parte del botín. La décima parte de lo que percibían los levitas era para los sacerdotes. Y esta parte sí podía usarse por toda la familia sacerdotal.

El segundo diezmo. No estaba destinado ni a los sacerdotes ni a los levitas, pero aún así, era un impuesto más que minaba por completo la economía doméstica de la época. Era otra décima parte de todo lo producido, que debía ser llevado a Jerusalén y consumirse allí en banquetes sacrificiales.

Finalmente, la «ofrenda de la masa» o hallah. Afectaba a la masa que se hacía con trigo, cebada, espelta, avena y centeno. Se entregaba la masa, no el grano. Un ciudadano normal debía entregar la vigésima cuarta parte, y un panadero la cuadragésima octava parte del total.

Si se suman los porcentajes de cada impuesto puede verse que en total la aportación representa ¡un poco más de la cuarta parte de toda la producción agrícola!

Impuesto procedente del ganado

Lo más importante era la entrega del primogénito macho del ganado. En el caso de animales aptos para el sacrificio (toros, carneros y machos cabríos), debía ser entregado en especie. Si no tenían defecto alguno se sacrificaban, su sangre se asperjaba en el altar y la grasa se quemaba. El resto se lo quedaban los sacerdotes y podían consumirlo en Jerusalén a su antojo. Si tenían defecto entonces todo el animal quedaba en propiedad del sacerdocio. En cuanto a los animales impuros (caballo, asno y camello), tenía que pagarse una cantidad de dinero en concepto de rescate. Por un asno había que pagar una oveja. La cantidad venía a ser de un siclo y medio por cada animal.

También había un impuesto por esquileo para los propietarios de rebaños de ovejas. Venía a ser de unos cinco selá de Judea, o diez de Galilea.

El «medio siclo»

Debía pagarse en la moneda hebrea antigua o tiria (fenicia). El tiempo fijado para hacer el pago era el mes de adar (febrero-marzo) y solía recogerse por medio de recolectores locales en las comunidades, que luego se encargaban de transferir a Jerusalén. Estaba obligado a pagarlo todo israelita varón mayor de veinte años. Debido a que el siclo no era una moneda de curso habitual, el pueblo se veía en la necesidad de utilizar cambistas que realizaban la conversión de moneda, gravando con una nada despreciable cantidad el cambio, y ocasionando que el medio siclo se convirtiera en casi tres cuartos de siclo.

Se cuenta en el Talmud que si una persona acudía al templo para pagar su tributo de medio siclo con un siclo entero, entonces los sacerdotes se quedaban con todo el siclo completo, exigían una cantidad adicional, 2 kalbonot, y devolvían al contribuyente un medio-siclo. El pago de los kalbonot, al parecer, se justificaba en que los sacerdotes después tendrían que cambiar esas monedas a los cambistas, que les cobrarían a su vez por el cambio. Además, al devolver medio-siclo al pagador, le facilitaban el pago para el año
siguiente. Al final, el judío de a pie podían llegar a pagar un quinto de siclo en concepto de cambios de moneda.

Otros impuestos

Se pagaba anualmente otra tasa, concretamente una ofrenda anual de leña para el altar de los holocaustos. Se admitía cualquier clase de leña, excepto la del olivo y cepa de vid.

El rescate de los primogénitos

El hijo primogénito, es decir el primer hijo varón que tuviera una mujer, había de ser rescatado a la edad de un mes mediante el pago de cinco siclos (Nm 18,15-16; cf. Nm 3,44ss; Neh 10,37; Ex 13,13; 22,28; 34,20). No era necesario presentar al niño en el templo, contrariamente a lo que da a pensar Lc 2,22.

En resumen

Podemos imaginarnos la situación económica de un campesino medio de aquella época, o de un comerciante de bajo rango, si le suponemos unos ingresos medios de 500 denarios anuales, y realizamos la siguiente lista de impuestos a deducir:

Concepto                                       Denarios

 

Impuestos al monarca                                                    50

Otras tasas (caminos, portazgos, aduanas, etc)             25

Primicias                                                                             5

Terumah                                                                            10

Diezmo general                                                            50

Diezmo para los pobres o segundo diezmo                    15

Sacrificios anuales por cualquier causa (ganado, primogénitos, etc)     9

Tasa anual para el Templo (teniendo en cuenta a los cambistas)   2,5

Total                                                     166,5


Es decir, que se iban sólo en impuestos unos 167 denarios, el 33%, la tercera parte de los ingresos de una persona con pocos recursos, y además sujeto a los riesgos del clima y de una mala época. Podemos imaginarnos el descontento que semejante sangría podía causar en la población, sobre todo al contemplar cómo eran malgastados y derrochados por sus  gobernantes esos ingresos que con tanto esfuerzo y sudor el pueblo se encargaba de producir.

Conclusión

En definitiva, la situación económica de Palestina en aquel tiempo era muy precaria debido sobre todo a los agobiantes impuestos y a la avariciosa burocracia que se había creado en torno a ellos. Los obreros de la época de Jesús ganaban lo justo para vivir, no existía superávit ni había posibilidad de ahorro. Sin embargo, era una situación compartida en todo el Imperio. Los judíos no estaban especialmente gravados a impuestos, y el ciudadano de aquella época, por mucho que se indignara, sabía que no podía hacer nada contra un poder establecido y sostenido por un férreo ejército que se abatiría inexorable al menor síntoma de rebelión anti-recaudadora. A Jesús intentaron hacerle caer en la trampa de manifestar declaraciones en contra del impuesto al César (Mt 22 15-22; Mc 12 13-17; Lc 20 20-26), y él, con buen ojo, y conociendo la nula permisividad que Roma tenía en estos asuntos, eludió la respuesta directa. ¿Había que pagar el impuesto, o había que rebelarse contra esta situación? En el caso de los judíos había un trasfondo distinto que en el resto de pueblos para el impuesto romano. Los judíos no resentían en especial el impuesto al César por la simple cuestión económica, sino más bien un criterio de celo religioso. Y fue ese celo religioso, y no la cuantía del impuesto, la que finalmente desató en varias ocasiones la rebelión armada contra Roma. Pero por lo general, la situación, aunque asfixiante, siempre fue admitida y soportada de una forma u otra por todos los habitantes de aquel tiempo.


ARQUEOLOGÍA


Descubiertas 120 monedas de la Tercera Guerra Judía




En una cueva de 20 metros de profundidad en las colinas judaicas cerca de Jerusalén, se han descubierto 120 monedas de oro, plata y bronce que datan de la revuelta de Bar Kokhba (o Kokheba) . Los arqueólogos también recuperaron armas de hierro, una jarra, lámparas de aceite, una pequeña taza, un arete de plata y una botella de vidrio.

La cueva casi inaccesible tiene un "ala oculta": un acceso resbaladizo y peligroso conduce de hecho a un estrecho pasaje que conduce a una pequeña cámara que a su vez desemboca en otra habitación, entonces utilizada como escondite por los guerreros judíos.

La mayoría de las monedas (en excelentes condiciones) eran romanas y luego se sobreescribieron: las nuevas impresiones muestran imágenes y palabras hebreas, incluidos lemas como "Por la libertad de Jerusalén" y representaciones del Segundo Templo.

El profesor. de la Universidad Hebrea de Jerusalén Frumkin también señala el tamaño de la cueva y su proximidad a Betar, el último bastión judío de esa revuelta. "El descubrimiento pone a prueba la suposición de que los refugiados de la revuelta escaparon a cuevas en el centro de un área poblada, así como los que se encuentran en áreas más aisladas del desierto de Judaic", dice.









Aparentemente, quienes dejaron estos objetos huían de sus hogares o de una batalla contra los romanos; en cualquier caso, no pudieron regresar para recuperar sus objetos de valor.



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