Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


martes, 1 de septiembre de 2020

227).-La Iglesia de Santo Domingo.



La Iglesia de Santo Domingo.




La Iglesia de Santo Domingo es un templo católico ubicado en la intersección de las calles Santo Domingo y 21 de Mayo en el centro de la ciudad de Santiago, Chile. Dedicado a la Virgen del Rosario, pertenece a la Orden de Predicadores y fue declarada Monumento nacional, en la categoría de Monumento Histórico, mediante el Decreto Supremo n.º 5058, del 6 de julio de 1951.

Historia

Fundados por Domingo de Guzmán en el siglo xiii, los dominicos fueron la tercera congregación que llegó a Chile, luego de los mercedarios y los franciscanos.
Fundaron su casa religiosa en 1557, con un templo dedicado a la Virgen del Rosario, obra de Juan de Lepe y Antón Mallorquín con acceso por la calle Paseo Puente, construido en ladrillo y cal. Esta capilla fue destruida por el terremoto de 1575.
El segundo templo fue construido el año 1606 por el maestro cantero Juan González en estilo colonial. Tenía tres naves separadas por doce arcos de ladrillo, un arco toral en la capilla mayor, muros de piedra y techumbre de madera, pero fue derrumbado por el terremoto de 1647.
Misma suerte corrió el tercer templo, inaugurado en 1677 y edificado en ladrillo, que fue destruido por el terremoto de 1730.
La cuarta y definitiva iglesia comenzó su construcción en el año 1747 bajo diseño del cantero Juan de los Santos Vasconcellos, quien contrató a canteros portugueses para la obra. Fue inaugurada en 1771, pero sus obras fueron seguidas por el arquitecto Joaquín Toesca entre 1795 y 1796. Con el levantamiento de las dos torres se dieron por finalizadas las obras en el año 1808.
En 1897 sus muros de piedra fueron recubiertos con yeso, pero el incendio de septiembre de 1963 dañó el interior del templo, por lo que quedó a descubierto nuevamente la sillería luego de la restauración llevada a cabo por Carlos Cruz Montt y Escipión Munizaga.

Descripción

La iglesia es de estilo neoclásico con reminiscencias neobarrocas, y su construcción es de bloques de piedra a la vista sin recubrimiento, extraídas desde el Cerro Blanco.

Exterior

La fachada principal tiene varias molduras y pilastras con cuatro esculturas en hornacinas, que representan a los dominicos Pío V, santa Catalina de Siena, Tomás de Aquino y santa Rosa de Lima, y una inscripción que dice Hic est domus Domini firmiter aedificata. Anno Domini 1808 («Esta es la casa del Señor sólidamente edificada. Año del Señor 1808»). En el ático presenta otras tres esculturas, al centro la de la Virgen del Rosario y las de san Francisco de Asís y Domingo de Guzmán a los costados. Todas las esculturas de la fachada principal fueron realizadas en 1878 por el escultor italiano Carlucci.
Tiene dos torres a ambos lados hechas de ladrillo estucado, y tres puertas de arco de medio punto. Además, la fachada principal presenta tres vanos, uno central en forma de rectángulo y dos laterales en forma de dodecágono.
La fachada lateral presenta vanos en arco de medio punto, y deja a la vista varios contrafuertes, y la cubierta es de hierro cubierto por tejas.

Interior

Cuenta con una planta basilical con tres naves. La nave central es más amplia, y cuenta con un ábside y crucero, y está construida con una bóveda de cañón. Está separada de las naves laterales por medio de pilares que sostienen arcos de medio punto, en donde hay lámparas para la iluminación interior. Las naves laterales están construidas por dinteles de madera a la vista, y sus muros presentan ventanas abocinadas para la iluminación desde el exterior.
En las naves laterales hay hornacinas realizadas en la misma construcción de piedra que son utilizados como altares, separados por contrafuertes constructivos. En la nave lateral izquierda se encuentran las figuras de la Virgen del Carmen, san Martín de Porres, y contiguo al altar mayor, las figuras de san Francisco, santa Rosa de Lima y santo Domingo. En la nave lateral derecha se encuentran las figuras de la Crucifixión, Pancracio de Roma, Teresa de Los Andes, y contiguo al altar mayor, un altar dedicado a la eucaristía
En el altar mayor se encuentra una figura de Nuestra Señora del Rosario, conocida también como la Virgen de Pompeya, coronada con una figura de Cristo crucificado que cuelga desde el techo, al lado de la claraboya central.


La orden de predicadores.

Santo Domingo de Guzmán, por Claudio Coello (c. 1685), Museo del Prado. El santo porta la cruz patriarcal de la orden en la mano derecha, emblema de su misión apostólica, y en la izquierda el Evangelio, además de un ramo de azucenas, símbolo de pureza. Sobre su cabeza, una estrella a modo de planeta centrando el nimbo o aureola. De su cintura se desprende un rosario y a sus pies, descansan el globo del mundo y un perro portando una antorcha encendida, completando los atributos iconográficos clásicos del santo y la orden dominica.


 (del latín: ordo praedicatorum u O.P.), conocida también como orden dominicana y sus miembros como dominicos, es una orden mendicante de la Iglesia católica fundada por Domingo de Guzmán en Toulouse durante la Cruzada albigense y confirmada por el papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216.


La orden dominica se destacó en el campo de la teología y doctrina al abrigo de figuras como Alberto Magno o Tomás de Aquino. Algunos de sus miembros integraron la Inquisición medieval. La orden fundó la Escuela de Salamanca de teología, filosofía y economía. Alcanzó su mayor número de miembros durante la expansión del catolicismo en los territorios de América, África y Asia incorporados a las coronas de España y Portugal, donde se reconoce la labor de personajes como Bartolomé de las Casas por su contribución temprana a la defensa de los derechos humanos. La orden tuvo un declive en la modernidad hasta el siglo XIX, pero pudo recuperar su influencia con el impulso de teólogos como Enrique Lacordaire, participando activamente en el Concilio Vaticano II y, desde entonces, contribuyendo al desarrollo del catolicismo contemporáneo.
 El lema principal de la orden es "Veritas", Verdad en castellano. Otros lemas son: Laudare, benedicere, praedicare (‘alabar, bendecir y predicar’).



Salmos 60 AL 89




60 (59)

1Al Director. «Los lirios del testimonio». Epigrama de David. Para enseñar.

 2Cuando combatió con Arán Nejaráin y con Arán Soba. Cuando volvió Joab y derrotó a doce mil de Edón en el valle de la Sal.

 3Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas; | estabas airado, pero restáuranos. 

4Has sacudido y agrietado el país: | repara sus grietas, que se desmorona.

 5Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, | dándole a beber un vino de vértigo. 

6Diste la señal de desbandada a los que te temen, | haciéndolos huir de los arcos. (Pausa) 

7Para que se salven tus predilectos, | que tu mano salvadora nos responda.

 8Dios habló en su santuario: | «Triunfante ocuparé Siquén, | parcelaré el valle de Sucot; 9mío es Galaad, mío Manasés, | Efraín es yelmo de mi cabeza, | Judá es mi cetro; 10Moab, una jofaina para lavarme; | sobre Edón echo mi sandalia, | sobre Filistea canto victoria». 

11Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte, | quién me conducirá a Edón, 12si tú, oh Dios, nos has rechazado | y no sales ya con nuestras tropas? 

13Auxílianos contra el enemigo, | que la ayuda del hombre es inútil. 14Con Dios haremos proezas, | él pisoteará a nuestros enemigos.

61 (60)

1Al Director. Con instrumentos de cuerda. De David.

 2Escucha, oh Dios, mi clamor, | atiende a mi súplica.

 3Te invoco desde el confín de la tierra | con el corazón abatido: | llévame a una roca inaccesible. 4Porque tú eres mi refugio | y mi bastión contra el enemigo.

 5Habitaré siempre en tu morada, | refugiado al amparo de tus alas. 

6Porque tú, oh Dios, escucharás mis votos | y me darás la heredad de los que temen tu nombre.

 7Añade días a los días del rey, | que sus años alcancen varias generaciones; 8reine siempre en presencia de Dios: | tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.

 9Yo cantaré salmos a tu nombre, | e iré cumpliendo mis votos día tras día.

62 (61)

1Al Director. A Yedutún. Salmo de David. 

2Solo en Dios descansa mi alma, | porque de él viene mi salvación; 3solo él es mi roca y mi salvación, | mi alcázar: no vacilaré. 

4¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre | todos juntos, para derribarlo | como a una pared que cede | o a una tapia ruinosa?

 5Solo piensan en derribarlo de su altura, | y se complacen en la mentira: | con la boca bendicen, | con el corazón maldicen. 6Descansa solo en Dios, alma mía, | porque él es mi esperanza; 7solo él es mi roca y mi salvación, | mi alcázar: no vacilaré. 8De Dios viene mi salvación y mi gloria, | él es mi roca firme, Dios es mi refugio. 9Pueblo suyo, confiad en él, | desahogad ante él vuestro corazón: | Dios es nuestro refugio. (Pausa) 

10Los hijos de Adán no son más que un soplo, | todos los hombres, una apariencia: | todos juntos en la balanza subirían | más leves que un soplo. 

11No confiéis en la opresión, | no pongáis ilusiones en el robo; | y aunque crezcan vuestras riquezas, | no les deis el corazón. 

12Dios ha dicho una cosa, | y he escuchado dos: | «Que Dios tiene el poder 13y el Señor tiene la gracia; | que tú pagas a cada uno | según sus obras».

63 (62)

1Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá. 

2 Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, | mi alma está sedienta de ti; | mi carne tiene ansia de ti, | como tierra reseca, agostada, sin agua.

 3¡Cómo te contemplaba en el santuario | viendo tu fuerza y tu gloria! 4Tu gracia vale más que la vida, | te alabarán mis labios.

 5Toda mi vida te bendeciré | y alzaré las manos invocándote. 

6Me saciaré | como de enjundia y de manteca, | y mis labios te alabarán jubilosos.

 7En el lecho me acuerdo de ti | y velando medito en ti, 8porque fuiste mi auxilio, | y a la sombra de tus alas canto con júbilo. 

9Mi alma está unida a ti, | y tu diestra me sostiene. 10Pero los que intentan quitarme la vida | vayan a lo profundo de la tierra; 11sean pasados a filo de espada, | sirvan de pasto a los chacales.

 12Mas el rey se alegrará en Dios, | el que jura por él se felicitará, | cuando tapen la boca a los mentirosos.

64 (63)

1Al Director. Salmo de David.

 2Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento, | protege mi vida del terrible enemigo; 3escóndeme de la conjura de los perversos | y del motín de los malhechores. 4Afilan sus lenguas como espadas | y disparan como flechas palabras venenosas, 5para herir a escondidas al inocente, | para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

 6Se animan al delito, | calculan cómo esconder trampas, | y dicen: «¿Quién lo descubrirá?».

7Inventan maldades y llevan a cabo sus proyectos criminales: | su mente y su corazón son un abismo. 8Pero Dios los acribilla a flechazos, | por sorpresa los cubre de heridas; 9su misma lengua los lleva a la ruina, | y los que los ven menean la cabeza. 10Todo el mundo se atemoriza, | proclama la obra de Dios | y medita sus acciones. 11El justo se alegra con el Señor, | se refugia en él, | y se felicitan los rectos de corazón.

65 (64)

1Al Director. Salmo de David. Cántico. 2Oh Dios, tú mereces un himno en Sión, | y a ti se te cumplen los votos en Jerusalén, 3porque tú escuchas las súplicas. | A ti acude todo mortal 4a causa de sus culpas; | nuestros delitos nos abruman, | pero tú los perdonas. 5Dichoso el que tú eliges y acercas | para que viva en tus atrios: | que nos saciemos de los bienes de tu casa, | de los dones sagrados de tu templo. 

6Con portentos de justicia nos respondes, | Dios, salvador nuestro; | tú, esperanza del confín de la tierra | y del océano remoto. 

7Tú que afianzas los montes con tu fuerza, | ceñido de poder; 8tú que reprimes el estruendo del mar, | el estruendo de las olas | y el tumulto de los pueblos.

 9Los habitantes del extremo del orbe | se sobrecogen ante tus signos, | y las puertas de la aurora y del ocaso | las llenas de júbilo. 

10Tú cuidas la tierra, la riegas | y la enriqueces sin medida; | la acequia de Dios va llena de agua, | preparas los trigales; | así preparas la tierra. 

11Riegas los surcos, | igualas los terrones, | tu llovizna los deja mullidos, | bendices sus brotes.

 12Coronas el año con tus bienes, | tus carriles rezuman abundancia; 13rezuman los pastos del páramo, | y las colinas se orlan de alegría; 14las praderas se cubren de rebaños, | y los valles se visten de mieses, | que aclaman y cantan.

66 (65)

1Al Director. Cántico. Salmo. Aclamad al Señor, tierra entera; 2tocad en honor de su nombre, | cantad himnos a su gloria. 

3Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras, | por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!». 

4Que se postre ante ti la tierra entera, | que toquen en tu honor, | que toquen para tu nombre. (Pausa) 

5Venid a ver las obras de Dios, | sus temibles proezas en favor de los hombres: 6transformó el mar en tierra firme, | a pie atravesaron el río. | Alegrémonos en él.

 7Con su poder gobierna eternamente; | sus ojos vigilan a los pueblos, | para que no se subleven los rebeldes. (Pausa) 

8Bendecid, pueblos, a nuestro Dios; | haced resonar sus alabanzas, 9porque él nos ha devuelto la vida | y no dejó que tropezaran nuestros pies. 

10 Oh Dios, nos pusiste a prueba, 11nos empujaste a la trampa, | nos echaste a cuestas un fardo: 12sobre nuestro cuello cabalgaban los mortales; | pasamos por fuego y por agua, | pero nos has dado respiro. 

13Entraré en tu casa con víctimas | para cumplirte mis votos: 14los que pronunciaron mis labios | y prometió mi boca en el peligro. 15Te ofreceré víctimas cebadas; | con el perfume de los carneros, | inmolaré bueyes y cabras. (Pausa)

 16Los que teméis a Dios, venid a escuchar, | os contaré lo que ha hecho conmigo: 17a él gritó mi boca | y lo ensalzó mi lengua. 18Si hubiera tenido yo mala intención, | el Señor no me habría escuchado; 19pero Dios me escuchó, | y atendió a mi voz suplicante. 20Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica | ni me retiró su favor.

67 (66)

1Al Director. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico. 

2 Que Dios tenga piedad y nos bendiga, | ilumine su rostro sobre nosotros; (Pausa)

 3conozca la tierra tus caminos, | todos los pueblos tu salvación.

 4Oh Dios, que te alaben los pueblos, | que todos los pueblos te alaben.

 5Que canten de alegría las naciones, | porque riges el mundo con justicia | y gobiernas las naciones de la tierra. (Pausa)

 6Oh Dios, que te alaben los pueblos, | que todos los pueblos te alaben. 

7La tierra ha dado su fruto, | nos bendice el Señor, nuestro Dios.

 8Que Dios nos bendiga; que le teman | todos los confines de la tierra.

68 (67)

1 Al Director. Salmo de David. Cántico. 

2 Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, | huyen de su presencia los que lo odian; 3como el humo se disipa, se disipan ellos; | como se derrite la cera ante el fuego, | así perecen los impíos ante Dios.

4 En cambio, los justos se alegran, | gozan en la presencia de Dios, | rebosando de alegría. 

5 Cantad a Dios, tocad a su nombre, | alfombrad el camino del que avanza sobre las nubes; | su nombre es el Señor: alegraos en su presencia.

 6Padre de huérfanos, protector de viudas, | Dios vive en su santa morada. 

7Dios prepara casa a los desvalidos, | libera a los cautivos y los enriquece; | solo los rebeldes se quedan en la tierra abrasada.

 8Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo | y avanzabas por el desierto, (Pausa) 9la tierra tembló, el cielo destiló | ante Dios, el Dios del Sinaí; | ante Dios, el Dios de Israel.

10 Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, | aliviaste la tierra extenuada; 11y tu rebaño habitó en la tierra | que tu bondad, oh Dios, | preparó para los pobres. 

12El Señor pronuncia un oráculo, | millares de doncellas pregonan la alegre noticia: 13«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo; | las mujeres de la casa reparten el botín.

 14Mientras reposabais en los apriscos, | las palomas batieron sus alas de plata, | el oro destellaba en sus plumas.

 15 Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes, | la nieve bajaba sobre el monte Selmón». 
16 Las montañas de Basán son altísimas, | las montañas de Basán son escarpadas; 17montañas escarpadas, ¿por qué tenéis envidia | del monte escogido por Dios para habitar, | morada perpetua del Señor? 

18Los carros de Dios son miles y miles: | Dios marcha del Sinaí al santuario.

 19Subiste a la cumbre llevando cautivos, | te dieron tributo de hombres, | para que también los rebeldes | habitasen con el Señor Dios 

20Bendito el Señor cada día, (Pausa) | Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. 

21Nuestro Dios es un Dios que salva, | el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. 

22Dios aplasta las cabezas de sus enemigos, | los cráneos de los malvados contumaces. 

23Dice el Señor: «Los traeré desde Basán, | los traeré desde el fondo del mar; 24teñirás tus pies en la sangre del enemigo | y los perros la lamerán con sus lenguas».

 25Aparece tu cortejo, oh Dios, | el cortejo de mi Dios, de mi Rey, hacia el santuario. 26Al frente, marchan los cantores; | los últimos, los tocadores de arpa; | en medio, las muchachas van tocando panderos. 27«En vuestras asambleas, bendecid a Dios, | al Señor, estirpe de Israel». 28Va delante Benjamín, el más pequeño; | los príncipes de Judá con sus tropeles; | los príncipes de Zabulón, | los príncipes de Neftalí. 29Oh Dios, despliega tu poder, | tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro. 30A tu templo de Jerusalén | traigan los reyes su tributo. 31Reprime a la fiera del cañaveral, | al tropel de los toros, | a los novillos de los pueblos. | Que se te rindan con lingotes de plata: | dispersa las naciones belicosas. 32Lleguen los magnates de Egipto, | Etiopía extienda sus manos a Dios. 33Reyes de la tierra, cantad a Dios, | tocad para el Señor, | tocad para Dios, (Pausa) 34que avanza por los cielos, | los cielos antiquísimos; | que lanza su voz, | su voz poderosa. 35«Reconoced el poder de Dios». | Sobre Israel resplandece su majestad, | y su poder sobre las nubes. 36Desde el santuario, Dios impone reverencia: | es el Dios de Israel | quien da fuerza y poder a su pueblo. | ¡Dios sea bendito!

69 (68)

1Al Director. Sobre «Los lirios». De David. 2Dios mío, sálvame, | que me llega el agua al cuello: 3me estoy hundiendo en un cieno profundo | y no puedo hacer pie; | he entrado en la hondura del agua, | me arrastra la corriente. 4Estoy agotado de gritar, | tengo ronca la garganta; | se me nublan los ojos | de tanto aguardar a mi Dios. 5Más que los pelos de mi cabeza | son los que me odian sin razón; | numerosos los que me atacan injustamente. | ¿Es que voy a devolver lo que no he robado? 6Dios mío, tú conoces mi ignorancia, | no se te ocultan mis delitos. 7Que por mi causa no queden defraudados | los que esperan en ti, Señor, | Señor del universo. | Que por mi causa no se avergüencen | los que te buscan, Dios de Israel. 8Por ti he aguantado afrentas, | la vergüenza cubrió mi rostro. 9Soy un extraño para mis hermanos, | un extranjero para los hijos de mi madre. 10Porque me devora el celo de tu templo, | y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. 11Cuando me aflijo con ayunos, | se burlan de mí. 12Cuando me visto de saco, | se ríen de mí; 13sentados a la puerta, cuchichean; | mientras beben vino me sacan coplas. 14Pero mi oración se dirige a ti, | Señor, el día de tu favor; | que me escuche tu gran bondad, | que tu fidelidad me ayude: 15arráncame del cieno, que no me hunda; | líbrame de los que me aborrecen, | y de las aguas sin fondo. 16Que no me arrastre la corriente, | que no me trague el torbellino, | que no se cierre la poza sobre mí. 17Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; | por tu gran compasión, vuélvete hacia mí; 18no escondas tu rostro a tu siervo: | estoy en peligro, respóndeme enseguida. 19Acércate a mí, rescátame, | líbrame de mis enemigos. 20Estás viendo mi afrenta, | mi vergüenza y mi deshonra; | a tu vista están los que me acosan. 21La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. | Espero compasión, y no la hay; | consoladores, y no los encuentro. 22En mi comida me echaron hiel, | para mi sed me dieron vinagre. 23Que su mesa se torne una trampa, | un castigo y un lazo. 24Que se nublen sus ojos y no vean, | y sus lomos flaqueen sin cesar. 25Descarga sobre ellos tu furor, | que el incendio de tu ira los alcance. 26Que su campamento quede desierto | y nadie habite en sus tiendas. 27Porque acosan al que tú heriste | y aumentan el dolor del que tú golpeaste. 28Añade culpa a sus culpas | y no accedan a tu justicia. 29Sean borrados del libro de los vivos, | y no sean inscritos con los justos. 30Yo soy un pobre malherido; | Dios mío, tu salvación me levante. 31Alabaré el nombre de Dios con cantos, | proclamaré su grandeza con acción de gracias; 32le agradará a Dios más que un toro, | más que un novillo con cuernos y pezuñas. 33Miradlo, los humildes, y alegraos; | buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. 34Que el Señor escucha a sus pobres, | no desprecia a sus cautivos. 35Alábenlo el cielo y la tierra, | las aguas y cuanto bulle en ellas. 36Dios salvará a Sión, | reconstruirá las ciudades de Judá, | y las habitarán en posesión. 37La estirpe de sus siervos la heredará, | los que aman su nombre vivirán en ella

70 (69)

1Al Director. De David. | En conmemoración. 2Dios mío, ven en mi auxilio; | Señor, date prisa en socorrerme. 3Sufran una derrota ignominiosa | los que me persiguen a muerte; | vuelvan la espalda afrentados | los que traman mi daño. 4Retírense avergonzados | los que se ríen de mí. 5Alégrense y gocen contigo | todos los que te buscan; | y digan siempre: «Dios es grande», | los que desean tu salvación. 6Yo soy pobre y desgraciado: | oh Dios, socórreme, | que tú eres mi auxilio y mi liberación. | ¡Señor, no tardes!

71 (70)

1A ti, Señor, me acojo: | no quede yo derrotado para siempre. 2Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, | inclina a mí tu oído y sálvame. 3Sé tú mi roca de refugio, | el alcázar donde me salve, | porque mi peña y mi alcázar eres tú. 4Dios mío, líbrame de la mano perversa, | del puño criminal y violento. 5Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza | y mi confianza, Señor, desde mi juventud. 6En el vientre materno ya me apoyaba en ti, | en el seno tú me sostenías, | siempre he confiado en ti. 7Muchos me miraban como a un milagro, | porque tú eres mi fuerte refugio. 8Llena estaba mi boca de tu alabanza | y de tu gloria todo el día. 9No me rechaces ahora en la vejez; | me van faltando las fuerzas, no me abandones. 10Porque mis enemigos hablan de mí, | los que acechan mi vida celebran consejo; 11dicen: «Dios lo ha abandonado; | perseguidlo, agarradlo, | que nadie lo defiende». 12Dios mío, no te quedes a distancia; | Dios mío, ven aprisa a socorrerme. 13Que fracasen y se pierdan | los que atentan contra mi vida, | queden cubiertos de oprobio y vergüenza | los que buscan mi daño. 14Yo, en cambio, seguiré esperando, | redoblaré tus alabanzas; 15mi boca contará tu justicia, | y todo el día tu salvación, | aunque no sepa contarla. 16Contaré tus proezas, Señor mío; | narraré tu justicia, tuya entera. 17Dios mío, me instruiste desde mi juventud, | y hasta hoy relato tus maravillas; 18ahora, en la vejez y las canas, | no me abandones, Dios mío, | hasta que describa tu poder, | tus hazañas a la nueva generación. 19Tu justicia, oh Dios, es excelsa, | porque tú hiciste maravillas: | Dios mío, ¿quién como tú? 20Me hiciste pasar por peligros, | muchos y graves: | de nuevo me darás la vida, | me harás subir de lo hondo de la tierra; 21acrecerás mi dignidad, | de nuevo me consolarás. 22Y yo te daré gracias, Dios mío, | con el arpa, por tu lealtad; | tocaré para ti la cítara, | Santo de Israel; 23te aclamarán mis labios, Señor; | mi alma, que tú redimiste; 24y mi lengua todo el día | recitará tu justicia, | porque quedaron derrotados y afrentados | los que buscaban mi daño.

72 (71)

1De Salomón. |Dios mío, confía tu juicio al rey, | tu justicia al hijo de reyes, 2para que rija a tu pueblo con justicia, | a tus humildes con rectitud. 3Que los montes traigan paz, | y los collados justicia; 4defienda a los humildes del pueblo, | socorra a los hijos del pobre | y quebrante al explotador. 5Dure tanto como el sol, | como la luna, de edad en edad. 6Baje como lluvia sobre el césped, | como llovizna que empapa la tierra. 7En sus días florezca la justicia | y la paz hasta que falte la luna; 8domine de mar a mar, | del Gran Río al confín de la tierra. 9En su presencia se inclinen las tribus del desierto; | sus enemigos muerdan el polvo; 10los reyes de Tarsis y de las islas | le paguen tributo. | Los reyes de Saba y de Arabia | le ofrezcan sus dones; 11póstrense ante él todos los reyes, | y sírvanle todos los pueblos. 12Él librará al pobre que clamaba, | al afligido que no tenía protector; 13él se apiadará del pobre y del indigente, | y salvará la vida de los pobres; 14él rescatará sus vidas de la violencia, | su sangre será preciosa a sus ojos.

 15Que viva y le traigan el oro de Arabia, | recen por él continuamente | y lo bendigan todo el día. 

16Y habrá trigo abundante en los campos, | y ondeará en lo alto de los montes; | darán fruto como el Líbano, | y brotarán las espigas como hierba del campo. 

17Que su nombre sea eterno, | y su fama dure como el sol; | él sea la bendición de todos los pueblos, | y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

 18Bendito sea el Señor, Dios de Israel, | el único que hace maravillas; 19bendito por siempre su nombre glorioso; | que su gloria llene la tierra. | ¡Amén, amén!

 20(Fin de las oraciones de David, el hijo de Jesé)

73 (72)

1Salmo de Asaf. |¡Qué bueno es Dios para el justo, | Dios para los limpios de corazón! 

2Pero yo por poco doy un mal paso, | casi resbalaron mis pisadas: 3porque envidiaba a los perversos, | viendo prosperar a los malvados. 

4Para ellos no hay sinsabores, | están sanos y orondos; 5no pasan las fatigas humanas, | ni sufren como los demás. 6Por eso su collar es el orgullo, | y los cubre un vestido de violencia; 7de las carnes les rezuma la maldad, | el corazón les rebosa de malas ideas. 8Insultan y hablan mal, | y desde lo alto amenazan con la opresión. 9Su boca se atreve con el cielo. | Y su lengua recorre la tierra.

 10Por eso se sientan en lo alto | y las aguas no los alcanzan. 

11Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber, | se va a enterar el Altísimo?».

 12Así son los malvados: | siempre seguros, acumulan riquezas. 

13Y dije: ¿para qué he limpiado yo mi corazón | y he lavado en la inocencia mis manos? 

14¿Para qué aguanto yo todo el día | y me corrijo cada mañana?

 15Si yo dijera: «Voy a hablar con ellos», | renegaría de la estirpe de tus hijos.

 16Meditaba yo para entenderlo, | porque me resultaba muy difícil. 

17Hasta que entré en el santuario de Dios, | y comprendí el destino de ellos. 

18Es verdad: los pones en el resbaladero, | los precipitas en la ruina. 19En un momento causan horror, | y acaban consumidos de espanto.

20Como un sueño al despertar, Señor, | al despertarte desprecias sus sombras.

 21Cuando mi corazón se agriaba | y me punzaba mi interior, 22 yo era un necio y un ignorante, | yo era un animal ante ti.

 23Pero yo siempre estaré contigo, | tú agarrarás mi mano derecha; 24me guías según tus planes, | y después me recibirás en la gloria. 

25¿No te tengo a ti en el cielo? | Y contigo, ¿qué me importa la tierra? 26Se consumen mi corazón y mi carne; | pero Dios es la roca de mi corazón y mi lote perpetuo. 

27Sí: los que se alejan de ti se pierden; | tú destruyes a los que te son infieles.

 28Para mí lo bueno es estar junto a Dios, | hacer del Señor Dios mi refugio, | y contar todas tus acciones | en las puertas de Sión.

74 (73)

1Poema de Asaf |¿Por qué, oh Dios, nos rechazas para siempre | y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? 

2Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, | de la tribu que rescataste para posesión tuya, | del monte Sión donde pusiste tu morada. 

3Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; | el enemigo ha arrasado del todo el santuario. 

4Rugían los agresores en medio de tu asamblea, | levantaron sus propios estandartes.

 5Como quien se abre paso | entre la espesa arboleda, 6todos juntos derribaron sus puertas, | las abatieron con hachas y mazas. 

7Prendieron fuego a tu santuario, | derribaron y profanaron | la morada de tu nombre. 8Pensaban: «Acabaremos con ellos», | e incendiaron los templos de Dios en el país.

 9Ya no vemos nuestros signos, | ni hay profeta: | nadie entre nosotros sabe hasta cuándo. 

10¿Hasta cuándo, oh Dios, nos va a afrentar el enemigo? | ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?

 11¿Por qué retraes tu mano izquierda | y tienes tu derecha escondida en el pecho? 

12Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre, | tú ganaste la victoria en medio de la tierra. 13Tú hendiste con fuerza el mar, | rompiste las cabezas del dragón marino; 14tú aplastaste las cabezas del Leviatán, | se lo echaste en pasto a las bestias del mar; 15tú alumbraste manantiales y torrentes, | tú secaste ríos inagotables.

 16Tuyo es el día, tuya la noche, | tú colocaste la luna y el sol; 17tú plantaste los linderos del orbe, | tú formaste el verano y el invierno. 

18Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja, | que un pueblo insensato desprecia tu nombre; 19no entregues a los buitres la vida de tu tórtola, | ni olvides sin remedio la vida de los pobres.

 20Piensa en tu alianza: que los rincones del país | están llenos de violencias. 

21Que el humilde no se marche defraudado, | que pobres y afligidos alaben tu nombre. 

22Levántate, oh Dios, defiende tu causa: | recuerda los ultrajes continuos del insensato; 23no olvides las voces de tus enemigos, | el tumulto creciente de los rebeldes contra ti.

75 (74)

1Al Director. «No destruyas». Salmo de Asaf. Cántico. 

2Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, | invocando tu nombre, contando tus maravillas. 

3«Cuando elija la ocasión, | yo juzgaré rectamente. 4Aunque tiemble la tierra con sus habitantes, | yo he afianzado sus columnas». (Pausa) 

5Digo a los jactanciosos: «No os jactéis»; | a los malvados: «No alcéis la testuz, 6no alcéis la testuz contra el cielo», | no digáis insolencias contra la Roca.

 7Ni del oriente ni del occidente, | ni del desierto ni de los montes, 8solo Dios gobierna: | a uno humilla, a otro ensalza.

 9El Señor tiene una copa en la mano, | un vaso lleno de vino drogado: | lo da a beber hasta las heces | a todos los malvados de la tierra. 

10Pero yo siempre proclamaré su grandeza, | y tañeré para el Dios de Jacob: 11derribaré el poder de los malvados, | y se alzará el poder del justo.

76 (75)

1Al Director. Para instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf. Cántico. 

2Dios se manifiesta en Judá, | su fama es grande en Israel; 3su tabernáculo está en Salén, | su morada en Sión: 4allí quebró los relámpagos del arco, | el escudo, la espada y la guerra. (Pausa) 

5Tú eres deslumbrante, magnífico, | con montones de botín conquistados. 6Fueron despojados los valientes que dormían su sueño, | y a los guerreros no les responden sus brazos. 

7Con un bramido, oh Dios de Jacob, | inmovilizaste carros y caballos.

 8Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti | al ímpetu de tu ira?

 9Desde el cielo proclamas la sentencia: | la tierra teme sobrecogida 10cuando Dios se pone en pie para juzgar, | para salvar a los humildes de la tierra. (Pausa)

 11La cólera humana tendrá que alabarte, | los que sobrevivan al castigo harán fiesta en tu honor.

 12Haced votos al Señor y cumplidlos, | y traigan los vasallos tributo al Temible: 

13él deja sin aliento a los príncipes, | y es temible para los reyes del orbe.

77 (76)

1Al Director. A Yedutún. Salmo de Asaf. 

2Alzo mi voz a Dios gritando, | alzo mi voz a Dios para que me oiga. 

3En mi angustia busco a Dios; | de noche extiendo las manos sin descanso, | y mi alma rehúsa el consuelo. 

4Cuando me acuerdo de Dios, gimo, | y meditando me siento desfallecer. (Pausa) 5Sujetas los párpados de mis ojos, | y la agitación no me deja hablar. 6Repaso los días antiguos, | recuerdo los años remotos; 7de noche lo pienso en mis adentros, | y meditándolo me pregunto: 8«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre | y ya no volverá a favorecernos?

 9¿Se ha agotado ya su misericordia, | se ha terminado para siempre su promesa? 10¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad, | o la cólera cierra sus entrañas?». (Pausa) 

11Y me digo: «¡Qué pena la mía! | ¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!». 

12Recuerdo las proezas del Señor; | sí, recuerdo tus antiguos portentos, 13medito todas tus obras | y considero tus hazañas. 

14Dios mío, tus caminos son santos: | ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?

 15Tú, oh Dios, haciendo maravillas, | mostraste tu poder a los pueblos; 16con tu brazo rescataste a tu pueblo, | a los hijos de Jacob y de José. (Pausa) 

17Te vio el mar, oh Dios, | te vio el mar y tembló, | los abismos se estremecieron. 18Las nubes descargaban sus aguas, | retumbaban los nubarrones, | tus saetas zigzagueaban. 

19Rodaba el estruendo de tu trueno, | los relámpagos deslumbraban el orbe, | la tierra retembló estremecida.

 20Tú te abriste camino por las aguas, | un vado por las aguas caudalosas, | y no quedaba rastro de tus huellas. 

21Mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño, | por la mano de Moisés y de Aarón.

78 (77)

1Poema de Asaf. |Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; | inclina el oído a las palabras de mi boca: 2que voy a abrir mi boca a las sentencias, | para que broten los enigmas del pasado.

 3Lo que oímos y aprendimos, | lo que nuestros padres nos contaron, 4no lo ocultaremos a sus hijos, | lo contaremos a la futura generación: | las alabanzas del Señor, su poder, | las maravillas que realizó; 5porque él estableció una norma para Jacob, | dio una ley a Israel. | Él mandó a nuestros padres | que lo enseñaran a sus hijos, 6para que lo supiera la generación siguiente, | los hijos que nacieran después. | Que surjan y lo cuenten a sus hijos, 7para que pongan en Dios su confianza | y no olviden las acciones de Dios, | sino que guarden sus mandamientos; 8para que no imiten a sus padres, | generación rebelde y pertinaz; | generación de corazón inconstante, | de espíritu infiel a Dios. 9Los arqueros de la tribu de Efraín | volvieron la espalda en la batalla. 10No guardaron la alianza de Dios, | se negaron a seguir su ley, 11echando en olvido sus acciones, | las maravillas que les había mostrado, 12cuando hizo portentos a vista de sus padres, | en la tierra de Egipto, en el campo de Soán. 

13Hendió el mar para darles paso, | sujetando las aguas como muros; 14los guiaba de día con una nube, | de noche con el resplandor del fuego. 

15Hendió la roca en el desierto, | y les dio a beber raudales de agua; 16sacó arroyos de la peña, | hizo correr las aguas como ríos. 

17Pero ellos volvieron a pecar contra él, | y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo: 18tentaron a Dios en sus corazones, | pidiendo una comida a su gusto; 19hablaron contra Dios: «¿Podrá Dios | preparar una mesa en el desierto?

 20Él hirió la roca, brotó agua | y desbordaron los torrentes; | pero ¿podrá también darnos pan, | proveer de carne a su pueblo?». 

21Lo oyó el Señor, y se indignó; | un fuego se encendió contra Jacob, | hervía su cólera contra Israel, 22porque no tenían fe en Dios | ni confiaban en su auxilio. 23Pero dio orden a las altas nubes, | abrió las compuertas del cielo: 24hizo llover sobre ellos maná, | les dio pan del cielo; 25y el hombre comió pan de ángeles, | les mandó provisiones hasta la hartura. 

26Hizo soplar desde el cielo el levante, | y dirigió con su fuerza el viento sur; 27hizo llover carne como una polvareda, | y volátiles como arena del mar; 28los hizo caer en mitad del campamento, | alrededor de sus tiendas.

29 Ellos comieron y se hartaron, | así satisfizo su avidez; 30pero, con la avidez recién saciada, | con la comida aún en la boca, 31la ira de Dios hirvió contra ellos: | mató a los más robustos, | doblegó a la flor de Israel. 

32Y, con todo, volvieron a pecar, | y no dieron fe a sus milagros: 33entonces consumió sus días en un soplo, | sus años en un momento. 

34Y, cuando los hacía morir, lo buscaban, | y madrugaban para volverse hacia Dios; 35se acordaban de que Dios era su roca, | el Dios altísimo su redentor. 

36Lo adulaban con sus bocas, | pero sus lenguas mentían: 37su corazón no era sincero con él, | ni eran fieles a su alianza. 

38Él, en cambio, sentía lástima, | perdonaba la culpa y no los destruía: | una y otra vez reprimió su cólera, | y no despertaba todo su furor, 39acordándose de que eran de carne, | un aliento fugaz que no torna. 

40¡Qué rebeldes fueron en el desierto | enojando a Dios en la estepa! 

41Volvían a tentar a Dios, | a irritar al Santo de Israel, 42sin acordarse de aquella mano | que un día los rescató de la opresión. 

43Cuando hizo prodigios en Egipto, | portentos en el campo de Soán. 

44Cuando convirtió en sangre los canales | y los arroyos para que no bebieran; 45cuando les mandó tábanos que los picasen | y ranas que los hostigasen; 46cuando entregó a la langosta sus cosechas | y al saltamontes el fruto de sus sudores; 47cuando aplastó con granizo sus viñedos, | y con escarcha sus higueras; 48cuando entregó sus ganados al pedrisco, | y al rayo sus rebaños.

 49Cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira, | su cólera, su furor, su indignación, | enviándolos como siniestros mensajeros. 

50Dio curso libre a su ira: | no los salvó de la muerte, | entregó sus vidas a la peste; 51cuando hirió a los primogénitos en Egipto, | a las primicias de la virilidad en las tiendas de Cam. 

52Sacó como un rebaño a su pueblo, | los guio como un hato por el desierto, 53los condujo seguros, sin alarmas, | mientras el mar cubría a sus enemigos.

 54Los hizo entrar por las santas fronteras, | hasta el monte que su diestra había adquirido; 55ante ellos rechazó a las naciones, | les asignó por suerte su heredad: | instaló en sus tiendas a las tribus de Israel. 

56Pero ellos tentaron al Dios altísimo y se rebelaron, | negándose a guardar sus preceptos; 57desertaron y traicionaron como sus padres, | fallaron como un arco engañoso; 58con sus altozanos lo irritaban, | con sus ídolos provocaban sus celos.

 59Dios lo oyó y se indignó | y rechazó totalmente a Israel; 60abandonó su morada de Siló, | la tienda en que habitaba con los hombres; 61abandonó sus valientes al cautiverio, | su orgullo a las manos enemigas; 62entregó su pueblo a la espada, | encolerizado contra su heredad; 63el fuego devoraba a los jóvenes, | y sus doncellas no llegaron a casarse; 64los sacerdotes caían a espada, | y sus viudas no los lloraban. 

65Pero el Señor se despertó como de un sueño, | como un soldado vencido por el vino: 66hirió al enemigo en la espalda | infligiéndole una derrota perdurable.

 67Repudió las tiendas de José, | no escogió la tribu de Efraín; 68escogió la tribu de Judá | y el monte Sión, su preferido. 

69Construyó su santuario como el cielo, | como la tierra, que cimentó para siempre. 

70Escogió a David, su siervo, | lo sacó de los apriscos del rebaño; 71de andar tras las ovejas, lo llevó | a pastorear a su pueblo, Jacob; | a Israel, su heredad.

 72Los pastoreó con corazón íntegro, | los guiaba con mano inteligente.

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