La Biblia Políglota Complutense. |
Efectivamente, con toda clarividencia y espíritu moderno hubo Cisneros de comprender que para editar con toda la posible corrección los textos originales de la Biblia y sus versiones, era imprescindible conocer a fondo las lenguas respectivas, y de aquí su fundación en la Universidad Complutense de las cátedras de hebreo, griego y latín, y su bien demostrado interés por el desarrollo y eficacia de las mismas. La carta dirigida por el cardenal al papa León X, incluida al comienzo de la Políglota, traducida compendiadamente (por M. Revilla) del latín, dice así. «Muchas son las razones que nos han impulsado a imprimir el texto original de la Sagrada Escritura. En primer lugar, porque ninguna versión puede trasladar fielmente toda la fuerza y propiedad del original, principalmente cuando se trata de la lengua en que Dios mismo ha hablado, cuyas palabras están, por decirlo así, preñadas de sentidos y llenas de misterios que sólo pueden vislumbrarse o conocerse a través del original en que las Sagradas Escrituras fueron escritas. Añádase a esto que los manuscritos latinos de la Biblia con mucha frecuencia disienten entre sí, o hay motivos suficientes para creer que se hallan corrompidos por la ignorancia y negligencia de los copistas; por lo cual debe recurrirse, como lo advierte S. jerónimo, S. Agustín y otros autores eclesiásticos, a las fuentes de la Sagrada Escritura, para corregir (original latino: ut examinetur) los libros del Antiguo Testamento según el texto hebreo y los del Nuevo Testamento según el texto griego. Así, pues, para que los amantes de las Sagradas Letras, no contentos con las aguas de los arroyuelos, puedan apagar su sed en los mismos manantiales de donde brotan las aguas vivas que saltan hasta la vida eterna, hemos mandado imprimir el texto original de ambos Testamentos juntamente con sus principales y autorizadas versiones» (griega de Septuaginta, Vulgata latina y Targum arameo de Onqelos al Pentateuco). De este párrafo, tan significativo, se 'deducen con claridad el motivo y propósito de la Políglota Complutense. En la polémica teológicofilológica entre los partidarios de la Septuaginta, por un lado, y del texto hebreo, la hebraica veritas, por otro, entre los defensores a ultranza del texto de la Vulgata y los propugnadores de nuevas traducciones latinas directas y literales del texto griego del Nuevo Testamento, la Políglota Complutense supone una objetiva aportación de material textual que, si bien contribuye poderosamente a satisfacer el ansia del humanismo cristiano por las fuentes originales, no cae en los exagerados extremos de ciertos filólogos de la época y de tiempos posteriores de rehacer el sagrado texto por medio de una crítica siempre más o menos subjetiva. Cisneros, no simple mecenas sino director científico de la obra, fijó al equipo de filólogos que propiamente realizaron la obra, el criterio que debía regir sus trabajos: no enmendar los textos cuando estuvieran apoyados por el testimonio de manuscritos antiguos. Este criterio establecido por Cisneros se hace palpable, p. ej., comparando el texto del Nuevo Testamento de la Complutense con el del Novum Instrumentum de Erasmo (1516), y explica que Nebrija se separase de los trabajos de la Políglota por sentirse en desacuerdo con aquellas normas y propugnar una mayor libertad crítica ante la Vulgata. Colaboradores: Los filólogos a los que el card. Cisneros encargó la preparación de la Políglota fueron: Pablo Coronel, Alfonso de Zamora y Alfonso de Alcalá para el texto hebreo del Antiguo Testamento, Targum arameo de Ongelos del Pentateuco y traducción latina de éste, además de la Gramática Hebrea y los Diccionarios publicados en el volumen VI . Diego López de Zúñiga, Hernán Núñez de Guzmán (el Pinciano, el Comendador griego) y Demetrio Ducas fueron encargados de la Septuaginta, del texto griego del Nuevo Testamento, del Diccionario grecolatino de éste y de una nueva traducción latina del Antiguo Testamento griego, con la colaboración en ella de Juan de Vergara (algunos afirman que también de Pedro Ciruelo, C. D. Hortola y Cipriano de la Huerga). A Antonio de Nebrija se le confió la edición de la Vulgata, trabajo que inició, pero no continuó como hemos dicho. También intervinieron en el Nuevo Testamento, pero en muy pequeña medida, el M. Gonzalo Gil, catedrático complutense de Teología, y Bartolomé de Castro, profesor de Artes en Alcalá. El célebre Erasmo fue invitado por el cardenal Cisneros a colaborar en la empresa, pero lo rehusó, sin duda, entre otras razones, por no ser hebraísta. Estos eminentes filólogos colaboraron tan estrechamente que no siempre es fácil determinar lo que se debe concretamente a cada uno de ellos. Procedencia de los manuscritos utilizados: Cisneros procuró con extraordinario celo formar la amplia biblioteca de manuscritos necesaria para la elaboración científica de la Políglota. Muchos fueron adquiridos, invirtiendo en ello elevadas sumas, y formaron el importante fondo bibliográfico de la Univ. Complutense, utilizados después por Arias Montano para lá Políglota de Amberes o Biblia Regia; en parte se perdieron posteriótmente o no han podido ser identificados. Otros fueron prestados por bibliotecas españolas y extranjeras. Se sabe que los manuscritos hebreos y arameos (del Targum} procedieron de Toledo, Maqueda y Tarazona; pero hay rióticias, difíciles de confirmar, según las cuales siete magníficos códices fueron comprados en Venecia, y según otros en diversas regiones; lo! códices griegos fueron prestados unos por León X de la Biblioteca Vaticana, otros llegaron de Venecia, Florencia y Rodas; los códices latinos existían en cantidad y calidad en España y eran producto de la escuela sevillana del siglo VIII, posteriormente trasladada a Toledo, de la que derivan los códices góticos o longobardos, como el Toletano y el Cavense. |
Contenido: El contenido de los seis volúmenes en folio de que consta la Políglota Complutense se distribuye así: Vols. I al V contienen el Antiguo Testamento según el texto hebreo masorético, el texto griego de los Setenta o LXX con trad. interlineal latina, la Vulgata latina y el Targum arameo de Onqelos también con trad. latina. Los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento aparecen en el texto griego de los LXX, con versión latina interlineal, y en el texto de la Vulgata. Vol. V contiene el texto griego y Vulgata del Nuevo Testamento, seguidos de: 1) Interpretaciones de los nombres hebreos, arameos y griegos del Nuevo Testamento; 2) Nociones de gramática griega; 3) Diccionario grecolatino del Nuevo Testamento y de los libros del Eclesiástico y Sabiduría. Vol. VI con tiene: 1) Diccionario hebreo y arameo del Antiguo Testamento; 2) Vocabulario latinohebreo; 3) Interpretaciones de los nombres hebreos, arameos y griegos del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento; 4) Relación de «...nomina ... que in utroque testamento vitio scriptorum sunt aliter scripta (in biblüs nostris modernis) quam in hebreo et greco et in aliquibus biblüs nostris antiquis»; 5) Gramática hebrea. Comentarios. A lo largo de los seis volúmenes hállase además profusión de prólogos a los distintos libros bíblicos y epístolas de San jerónimo, carta de Cisneros al Papa, prefacios para el lector, motu proprio de León X, disertaciones exegéticas, etc. Todo ello puede verse minuciosamente descrito y estudiado en M. Revilla. Bastará aquí con recoger algunas observaciones y datos más importantes sobre cada una de las partes de la Políglota. El Antiguo Testamento hebreo, preparado por Pablo Coronel, Alfonso de Zamora y Alfonso de Alcalá, presenta un texto que no coincide plenamente con el textus receptus masorético. No sólo contiene variantes con respecto al texto de Ben Aller, sino que todo su sistema de vocalización y acentuación es muy peculiar. Basándose principalmente en este hecho, Paul E. Kahle mantuvo la tesis de que el Antiguo Testamento hebreo de la Complutense se basó en manuscritos babilónicos ; aunque ello a priori parece lógico ya que, según se sabe, la tradición de los judíos españoles es más babilónica que palestinense, no parecen existir suficientes pruebas de tal afirmación. Antes bien, los manuscritos de los que sabemos fueron manejados por Alfonso de Zamora, y, por tanto, casi seguro que se utilizaran en la fijación del texto complutense, son manuscritos hebreos españoles de fecha bastante tardía ya dentro de la tradición textual tiberiense aunque con ciertas variantes. El texto hebreo de la Complutense fue utilizado en mayor o menor escala, según los casos, para establecer el texto hebreo del Antiguo Testamento en la Políglota de Amberes, en la de Vatablo (Heidelberg 1586) y, a través de la de Amberes, en la de París, Londres, Hutter y otras ediciones. Tiene también la importancia de haber servido de base para la trad. inglesa de Tyndale. La edición de Buxtorff, Basilea 1611, y la Biblia Rabínica de Basilea 161819 siguen el texto hebreo complutense entrecruzado _con el de J. Ben kiayyim, Venecia 1524-25. El Targum de Ongelos o versión parafrástica antigua del Pentateuco, con traducción interlineal latina también es obra de los tres susodichos conversos, sin que ,pueda precisarse con seguridad la labor que a cada uno le correspondió; pero podemos pensar que el peso principal lo llevó Alfonso de Zamora. Parece que utilizaron especialmente como base el Ms. 117Z15 de la Universidad de Madrid, probablemente del siglo XIII. El texto de Onqelos complutense fue muy utilizado por las Políglotas de Amberes, Nuremberg y París, y su trad. latina por las ediciones de Amberes, París, Londres y Venecia. El texto griego del Antiguo Testamento conocido por Septuaginta o versión de los LXX, apareció en la Complutense como edición príncipe completa. Fueron utilizados muchos y muy importantes manuscritos: Bibl. Vaticana, n° 330 y 346 (108 y 248 de la Col. HolmesParsons); Ms. de la Bibl. de S. Marcos de Venecia (n° 68 de HolmesParsons), copia del cual es el Ms. 116Z36 de la Univ. de Madrid, y otros no identificados., aunque se piensa de algunos utilizados también en la edición Aldina de 1518. El texto septuagintal de la complutense es la fuente más importante de que se dispone para conocer LXX en su recensión de Luciano. Según la clasificación de las recensiones griegas establecida por M. L. Margolis (en su The Book of Joshua in Greek, MV, 19318), el texto septuagintal de la Complutense refleja la recensión que 61 llama palestinense, es decir, el texto de Orígenes hecho, según S. Jerónimo, por Eusebio. Por otra parte, hay que destacar que de los cuatro tipos textuales de LXX que tradicionalmente han circulado impresos, el complutense tiene gran importancia; los otros tres son el aldino (Venecia 1518-19), el sixtino (Roma 1587) y el grabino (de J. E. Grabe, Oxford 1707-1720). El texto septuagintal complutense influyó poderosamente en las ediciones de LXX de los s. XVI y XVII, pues dejó huellas más o menos pronunciadas en las Políglotas de Amberes, Heidelberg, Hamburgo, Nuremberg, París y en las ediciones del libro de Rut de Amsterdam 1632, del Salterio de Plantino, Amberes 1584, y otras. Sus variantes pasaron a figurar en la Polígl. de Londres y en la edición de HolmesParsons (1798-1827) La traducción latina de la Septuaginta, llevada a cabo por los complutenses es de tan gran valor que fue reimpresa o reproducida con ciertas modificaciones en Basilea 1526, Polígl. de Amberes, de París, ediciones de Basilea de 1550 y 1582, Amsterdam 1696, y Biblia de Claudio Baduell de 155657. El Nievo Testamento griego de la Complutense, preparado por Hernán Núñez, Demetrio Ducas y D. López de Zúñiga, es la editio princeps del Nuevo Testamento completo, que terminó de imprimirse el 10 en. 1514. Pero debido al retraso con que el papa León X dio su aprobación (1520), la primera edición del Nuevo Testamento de Erasmo, preparada por éste de abril 1515 a febrero 1516, fue puesta en circulación antes que la complutense, aunque plagada de errores debido a la precipitación que el propio Erasmo hubo de reconocer. El texto neotestamentario griego complutense, impreso cuatro años antes que el de Erasmo, es muy superior a éste en calidad textual y en el cuidado de su edición. De los manuscritos usados como base, pocas cosas seguras pueden afirmarse; sólo hay referencias a préstamos de manuscritos de la Vaticana y otras bibliotecas. En general puede concluirse que el Nuevo Testamento griego complutense procede de manuscritos no muy antiguos, pertenecientes a la familia siriaca aunque con buenas lecciones presiriacas. A propósito del valor de la edición complutense griega del Nuevo Testamento se desarrolló en el siglo XVIII una polémica sobre si dicho texto griego había sido o no deformado para acomodarlo a la Vulgata latina. Frente al apasionamiento de quienes defendían la arbitraria corrección a base de la Vulgata hay el hecho de los centenares de variantes del texto griego complutense frente al latino de Vulgata, que no existirían de haberse llevado a cabo la pretendida acomodación. Solamente es preciso reconocer la presencia en el texto griego del famoso comma johanneum (1 Io 5,7) que no aparece en los antiguos manuscritos griegos, ni en las versiones antiguas, ni en los mejores manuscritos de la Vulgata, pero sí en muchos manuscritos de ésta, y que parece glosa marginal pasada al texto muy tardíamente. Coincide en esto la Complutense con la mayor parte de las ediciones del Nuevo Testamento aparecidas hasta el s. XVIII. A pesar de ello, la edición neotestamentaria griega complutense es considerada como una de las mejores de los s. XVI y XVII, e influyó en las posteriores. En cuanto al texto complutense de la Vulgata, subrayemos que representa la primera edición crítica impresa, pues las muy numerosas ediciones antes de 1517 son de índole absolutamente nocrítica. Fuentes de biblia. De los códices utilizados para la Vulgata complutense sólo se han conservado tres en la Biblioteca de la Universidad de Madrid: Manuscritos. 115Z7, del siglo VIII-IX; Ms. 115Z6, del siglo IX x; y Ms. 115Z4 y 5 (dos vols.), siglos XII al XIII. El primero pertenece al grupo castellano de manuscritos de la Vulgata, el segundo y tercero al grupo leonés. Hubieron de ser manejados más manuscritos, pero aquéllos constituyeron la base de la edición; generalmente fueron aceptadas las variantes más de acuerdo con el texto hebreo. Es la línea crítica seguida a lo largo de toda la Políglota: aproximar las versiones todo lo más posible a los textos originales, pero apoyándose para ello en variantes atestiguadas por manuscritos, no corrigiéndolas según criterios críticos subjetivos como quería Nebrija, contra la opinión de Cisneros. La Vulgata complutense se reimprimió en las Políglota de Amberes, París, Heidelberg, Hutter; influyó en otras ediciones y aportó sus variantes a la importante edición de la Vulgata de Amberes 1573, detiida al trabajo de los doctores de Lovaina. |
Biblia sacra hebraice, chaldaice, græce et latine, Philippi II Regis Catholici pietate et studio ad Sacrosanctæ Ecclesiæ usum, |
Introducción. La Biblia Regia o Políglota de Amberes (1568-1572) contiene el texto bíblico de la Biblia Políglota Complutense, una biblia con versiones en hebreo, griego, arameo y latín. Además incluye el Tárgum arameo de Jonatán y la Versión Peshitta siriaca de las Escrituras Griegas Cristianas o Nuevo Testamento. El texto hebreo está dotado de signos de puntuación vocálica, revisado a partir de la versión en esta lengua de Jacob ben Hayyim, y se convirtió en base para posteriores versiones de la Biblia. La Biblia regia constaba de ocho volúmenes y el trabajo hasta su publicación definitiva se extendió por cinco años, y fueron impresas en 1100 ejemplares. Se imprimieron 1213 ejemplares. Fue editada por el biblista y erudito Benito Arias Montano e impresa por el maestro Cristóbal Plantino. Se la denominó Biblia Regia porque su patrocinador fue el rey Felipe II de España. Recibió el nombre de Políglota de Amberes por haber sido impresa en esa ciudad, entonces perteneciente al Imperio español. Benito Arias Montano |
Origen. La edición de la Biblia Políglota hecha por Cisneros se había agotado enteramente y los muchos sabios que en el siglo XVI se dedicaban al estudio de la Sagrada Escritura en sus primitivos idiomas, no lograban un ejemplar ni a peso de oro. Solo un Rey se atrevió a reproducir entonces lo que un Arzobispo de Toledo había hecho a sus expensas, a principios de aquel siglo. Felipe II, fue el que acometió aquella empresa literaria valiéndose para llevarla a cabo de Arias Montano. No se sabe qué motivo tuvieron Felipe II y Arias Montano para hacer la reimpresión en Amberes y no en Alcalá: en este punto seguían los Brocar que habían hecho la edición Complutense y conservaban los tipos fundidos a expensas de Cisneros y que Montano entregó a la casa de Plantino en Amberes. Esto fue muy perjudicial a la tipografía española, pues desde entonces principiaron a decaer las ediciones de lenguas orientales en España. Se llevó además Arias Montano los códices que habían servido para la edición Complutense y algunos otros que habían llegado tarde y además otros siete códices, que Cisneros había comprado en Venecia por cuatro mil escudos de oro (cantidad exorbitante y más para aquellos tiempos) y con los cuales y algunos otros adquiridos por Felipe II logró Arias Montano dar la edición aun más correcta. Se comenzó ésta el año 1571 y se dio en cinco tomos habiendo además impreso Arias Montano la preciosa interlineal de Sanctes Pagnino y un Diccionario para el uso de aquella edición formando un total de ocho volúmenes. Seis años invirtió Arias Montano en la reimpresión de la Biblia Regia y durante aquel tiempo estudió once horas diarias. La universidad de Lovaina aprobó y encomió aquel trabajo que la Santa Sede recibió también con singular placer. Mas no faltaron émulos que le acusaron a la Inquisición a pretexto de que había torcido el sentido de la Sagrada Escritura en muchos parajes. El papa Gregorio XIII que conocía la virtud y saber de Arias Montano le absolvió imponiendo además silencio a sus detractores. Rey Felipe II se dignó comunicarle de su puño y letra instrucciones acerca de la impresión, en especial una fechada el 25 de marzo de 1568. Igualmente le mandó invertir 6.000 escudos en la compra de manuscritos para la Biblioteca de El Escorial. Al mismo tiempo, rey Felipe II comisionaba al célebre Ambrosio de Morales para hacer su viaje santo a las iglesias de la Corona de Castilla y echar los cimientos del Real patronato a la vez que hacía imprimir con todo esmero las obras de san Isidoro en la imprenta de Martínez (1582) que declaró Real. |
Volúmenes de biblia.
El contenido de sus ocho volúmenes es el siguiente: 1) Texto hebreo basado principalmente en el complutense pero con divergencias que lo aproximan al textus receptus, principalmente representado por la Biblia Rabínica Bombergiana de Jacob Ben Hayyim, Venecia 1524-25 (se utilizó también la de Félix Prátensis, editada igualmente por Bomberg en Venecia 1516-17); 2) Texto en latín de la Vulgata; Éstos, por mandato de Cardenal Cisneros, habían establecido el texto arameo del Targunt completo del Antiguo Testamento con tradición literal latina, obra conservada en manuscritos de la Universidad de Madrid, de Salamanca, Escorial, etc., que Arias Montano llevó consigo a Amberes, además de otros venecianos. La tradición latina del Targum arameo de algunos libros aparece como obra de Arias Montano. La página de la izquierda tiene dos columnas con el hebreo original y la traducción al latín, la página de la derecha tiene el mismo texto en griego , con su propia traducción al latín. Por debajo de estas columnas hay un arameo versión en la página de la izquierda y una traducción al latín de esta en el lado derecho. El Tomo 5 contiene el Nuevo Testamento en griego y en siríaco , cada uno con una traducción al latín, y una traducción del siríaco en hebreo. Los tres últimos volúmenes son los denominados por Arias Montano Apparatus. Su contenido es el siguiente: Además puede el estudioso encontrar, repartidos por los diversos volúmenes de la Biblia Regia, prefacios de Arias Montano, prólogos de San jerónimo, cartas, índices, grabados simbólicos y bíblicos, etc. Se imprimieron 1200 ejemplares en papel y 12 en pergamino. En Roma , la obra no fue recibida favorablemente de inmediato. Arias Montano solicitó la aprobación del papa Pío V , pero este lo reprendió por haber colocado la versión latina de Sante Pagnini junto a la Vulgata y por dedicar demasiado espacio en el aparato crítico a Sebastián Münster y a las referencias al Talmud. En abril de 1572, Pío V anunció que había denegado su aprobación. Arias Montano viajó inmediatamente a Roma, pero el papa había fallecido el 1 de mayo. El rey Felipe II presionó a su sucesor, el papa Gregorio XIII, quien finalmente, el 20 de octubre de 1572, publicó un breve aprobando la obra y calificándola de «opus vere regium». Sin embargo, el aparato crítico tuvo que ser reimpreso del 2 al 14 de agosto de 1573 para tener en cuenta las críticas. No obstante, la Inquisición española, encabezada por Léon de Castro , profesor de lenguas orientales en la Universidad de Salamanca , abrió una investigación por herejía : Léon de Castro criticó a Arias Montano por considerar a Sante Pagnini como el mejor intérprete de los textos originales de San Jerónimo . Arias Montano tuvo que comparecer ante la Inquisición en 1576. El inquisidor Juan de Mariana consideró que los defectos del libro estaban bien fundados, pero no eran suficientes para justificar su prohibición. En 1580, el juicio fue archivado definitivamente. |
La Políglota de Amberes es la primera edición de la Biblia en la que se introdujo la numeración de los versícúlos del texto hebreo. Puede verse, por tanto, cuán considerablemente se extendió el plan primitivo, a lo que contribuyó el gran protector de Plantino, cardenal Granvela, el cual hizo colacionar a su costa los manuscritos vaticanos griegos. Las principales novedades, en comparación con la Complutense, fueron la Biblia latina de Santes Pagnino, corregida por Arias Montano, los tratados técnicos de contenido filológicobíblico, la versión siriaca del Nuevo Testamento y el Targum arameo de Profetas y Hagiógrafos. Con Arias Montano colaboraron humanistas como Francisco Raphelengius (van Ravelingen), Nicolás y Guy Le Févre de la Boderie, Andreas Massius y los doctores de Lovaina Joannes Harlemius, Augustinus Hunnaeus, Cornelius Reyneri de Gouda. Prestaron también ayuda a Arias Montano, Cornelio Kiel, Teodoro Kemps, Antonio Spitaels (correctores), el card. Espinosa, el card. Granvela, el card. Sirleto (que aportó variantes textuales de algunos códices), Juan Regla, Pedro Serrano, Luis Estrada, Ambrosio Moro, Gabriel Zayas y Daniel Bomberg, famoso impresor de Venecia, que cedió un manuscrito siriaco del Nuevo Testamento. Nota. 2).-En 1555 Christophe Plantin (ca 1520-1589) establecida en uno de los más exitosos de impresión y las empresas editoriales de todos los tiempos Amberes.Todavía en manos de la familia, la prensa de Plantin continuaron operando hasta 1867. Sigue en pie, antiguas instalaciones de la empresa comprenden ahora el Museo Plantin-Moretus. A finales de la década de 1560 concibió un ambicioso proyecto que pondría a sus credenciales como un fiel siervo de la Iglesia fuera de toda duda, él planeó para imprimir un multi-volumen políglota de la Biblia en latín, griego, hebreo, caldeo (un lenguaje de Oriente Medio, en relación con el arameo, que se utiliza en las versiones del Antiguo Testamento) y siríaco (en sustitución de caldeo para el Nuevo Testamento). 3).-La Biblia griega, comúnmente llamada Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta, y generalmente abreviada simplemente LXX, fue traducida de textos hebreos y arameos más antiguos que las posteriores series de ediciones que siglos más tarde fueron asentadas en la forma actual del texto hebreo-arameo del Tanaj o Biblia hebrea. La Biblia regia de Felipe II, la edición de pergamino. ¿Dónde están en la actualidad los que se los que no fueron destruidos por el paso del tiempo? La Biblia Regia (o Biblia Políglota de Amberes), encargada por Felipe II y dirigida por Benito Arias Montano, fue una de las empresas tipográficas más ambiciosas del siglo XVI. De los 1.213 ejemplares totales, se imprimieron 13 ejemplares en pergamino destinados específicamente al rey. Actualmente, sobreviven 11 de esos 13 ejemplares en pergamino. Su distribución es la siguiente: En España: Se conservan 7 ejemplares. En el resto del mundo: Los 4 ejemplares restantes se encuentran repartidos en instituciones de Londres, Turín y el Vaticano. Datos adicionales de interés: Propiedad privada: Hasta hace unos años, se mencionaba que uno de los ejemplares (que había permanecido en manos de la realeza hasta finales del siglo XVIII y luego pasó por herencia familiar) era el único ejemplar en manos privadas. En 2018, este ejemplar fue puesto a subasta por Christie's. El destino original: Estos libros fueron enviados por el impresor Cristóbal Plantin al rey Felipe II en 1572 y permanecieron bajo propiedad real hasta aproximadamente 1788, momento en el que el rey Carlos III comenzó a donarlos o entregarlos, dando lugar a su dispersión actual. Valor bibliográfico: Además de su valor histórico, estos ejemplares son considerados hitos de la tipografía renacentista y fueron admirados tanto por católicos como por protestantes, a pesar de las controversias teológicas que rodearon a la obra en su tiempo. Biblia de papel. ¿Cuántas se conservan en la actualidad? En total, la tirada de la Biblia Regia (o Políglota de Amberes) fue de 1.213 ejemplares en papel. A diferencia de los ejemplares en pergamino (vitela), que fueron un encargo muy limitado y exclusivo, los de papel estaban destinados a la distribución comercial y académica de la época. Por lo tanto, no existe una cifra exacta de cuántos ejemplares de papel sobreviven hoy en día, ya que al ser un libro de consulta científica y teológica distribuido por toda Europa, se encuentran dispersos en cientos de bibliotecas públicas, conventuales y universitarias del mundo. Para entender la magnitud de la tirada original en papel, el impresor Cristóbal Plantin dividió los 1.213 ejemplares en las siguientes categorías según la calidad del papel utilizado: Tipo de papel Cantidad Papel especial 10 Gran papel imperial 10 Papel águila imperial 30 Papel raisin 200 Gran real (de Troyes) 960 TOTAL 1.213 Notas sobre su conservación: Dispersión: Es una obra que se puede encontrar en muchas bibliotecas históricas de España y Europa (por ejemplo, en las Universidades de Oviedo o la Complutense de Madrid). Estado: Al ser una obra monumental de 8 volúmenes, muchos ejemplares han llegado hasta nuestros días, aunque es frecuente que algunas colecciones no conserven la obra completa (los 8 tomos originales) debido a que, con el paso de los siglos, los volúmenes podían separarse o deteriorarse. Patrimonio: A diferencia de los 13 de pergamino, que se consideran "objetos de arte" y piezas únicas de colección real, los de papel fueron las herramientas de trabajo de los eruditos del siglo XVI, lo que explica su mayor número de supervivientes pero también su mayor desgaste físico. ¿Cuánto vale una biblia real si se vendiera de papel? El valor de un ejemplar en papel de la Biblia Regia (o Políglota de Amberes) es difícil de cuantificar con una cifra única, ya que no se trata de un producto comercial estándar, sino de una pieza de bibliografía antigua de gran relevancia histórica. A diferencia de los ejemplares en pergamino, que son tratados como obras de arte únicas con procedencia real (y cuyo valor se mide en decenas o cientos de miles de euros cuando salen a subasta), los ejemplares en papel son piezas de coleccionismo bibliográfico cuyo precio depende de varios factores críticos: Estado de conservación: Es el factor más determinante. Al ser una obra monumental de 8 volúmenes (publicada entre 1568 y 1573), es muy raro encontrar conjuntos completos. Si el ejemplar conserva todas sus encuadernaciones originales, no presenta daños por humedad, ni páginas faltantes, ni ataques de insectos xilófagos, su valor aumenta considerablemente. Completitud: Dado que la obra se compone de varios tomos de texto y dos volúmenes de "aparato" (comentarios, diccionarios, gramáticas), un set completo de los 8 volúmenes es mucho más valioso que un ejemplar suelto o incompleto. Procedencia y encuadernación: Ejemplares que han pertenecido a bibliotecas ilustres, que conservan encuadernaciones de época (piel, gofrados, cierres originales) o que cuentan con marcas de propiedad históricas (ex-libris de personajes notables) alcanzan precios mucho más altos en el mercado de antigüedades. ¿Cuánto podría costar? No existe un "precio de catálogo", pero al observar resultados recientes de subastas de libros antiguos y raros del siglo XVI: Un ejemplar completo y en buen estado de la Biblia Políglota de Amberes (edición de Plantin) puede moverse en un rango que oscila entre los 10.000 y los 30.000 euros, dependiendo de la subasta, la casa especializada y la calidad específica del papel (recordemos que había desde papel "gran real" hasta variedades más comunes). Volúmenes sueltos o juegos incompletos pueden aparecer ocasionalmente en el mercado por unos pocos miles de euros (a menudo entre 2.000 y 6.000 euros), dependiendo de si incluyen los mapas y grabados originales, que son muy apreciados por coleccionistas de cartografía antigua. En resumen, mientras que los ejemplares de pergamino son reliquias reales que rara vez cambian de manos, los de papel son "tesoros accesibles" para el gran coleccionista, cuya valoración fluctúa según la ley de la oferta y la demanda en las casas de subastas especializadas en libros raros (Rare Books & Manuscripts). |
La Biblia Regia de Felipe II se conserva de forma prioritaria en la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (históricamente conocida como la Regia Laurentina). Al ser el propio monarca el patrocinador directo del proyecto y el fundador de esta biblioteca, depositó allí los ejemplares más valiosos de la tirada. Su presencia en la Real Biblioteca de El Escorial Las copias en pergamino: De los 1,213 ejemplares que se imprimieron en papel corriente, Cristóbal Plantino estampó en Amberes 13 copias exclusivas en pergamino de lujo destinadas al uso personal del rey Felipe II. ¿Dónde están hoy?: De ese puñado de copias reales en pergamino, solo se conservan 11 en el mundo. La gran mayoría de ellas (7 juegos completos de 8 volúmenes) permanecen custodiadas bajo estricta seguridad en los estantes históricos de la Real Biblioteca de El Escorial. Exhibición: Aunque los tomos originales en pergamino se guardan celosamente por motivos de conservación, la biblioteca exhibe con frecuencia reproducciones de sus portadas y grabados calcográficos en las vitrinas del Salón Principal. ¿Y en la Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid? El palacio de Madrid custodia ejemplares de la obra, pero estos corresponden a ediciones impresas en papel. Muchos de estos volúmenes llegaron siglos más tarde a través de las colecciones privadas que los reyes Borbones (especialmente Carlos III y Carlos IV) compraron a nobles, o mediante los fondos incautados a los jesuitas tras su expulsión de España. Los primeros destinatarios de un ejemplar de pergamino fueron el Papa (solo los primeros 5 volúmenes), seguido por el Duque de Alba y el Duque de Saboya. La demanda de una copia en pergamino era tal que el duque de Baviera ofreció pagar a Plantín para que le imprimiera una, oferta que Plantín tuvo que rechazar. Christoffel Plantijn, llamado Christophorus Plantinus en latín y Cristóbal Plantino en español (Saint Avertin, c. 1520 - Amberes, 1589) fue un editor, impresor y librero flamenco, si bien Saint Avertin se encuentra en la actual Francia y su formación como encuadernador la recibió en París. El florecimiento de su imprenta se atribuyó erróneamente a la concesión por parte de Felipe II de los derechos de impresión en exclusiva de los textos religiosos, aunque nadie consiguió este privilegio real. Se encargó con Arias Montano de la impresión de la Biblia Políglota Regia y fue nombrado por ello architipógrafo regio por Felipe II. Fue miembro de la Familia Caritatis. Su imprenta en Amberes, denominada Officina Plantiniana, se conserva convertida en Museo Plantin-Moretus, por su yerno y heredero, Jan Moretus. |
Arias Montano, Benito. Fregenal de la Sierra (Badajoz), 1527 – Sevilla, 6.VII.1598. Hebraísta, biblista, supervisor de la Biblia Políglota de Amberes y humanista destacado de la Contrarreforma. Nació en el seno de una familia perteneciente a la baja nobleza, hidalga aunque empobrecida y cristiana vieja. Su padre desempeñaba el cargo de notario del Santo Oficio de la Inquisición. Un padrino suyo acomodado lo envía a estudiar a Sevilla, donde a la edad de catorce años escribe un Discurso del valor y correspondencia de las antiguas monedas castellanas con las nuevas, y por un soneto que escribe se sabe que Alonso García Matamoros, Cristóbal Valdotano y Pedro Mexía fueron sus primeros maestros. Con diecinueve años se matricula en la universidad sevillana en un curso de artes. Por entonces, en la ciudad del Guadalquivir florecía el erasmismo y el protestantismo español daba sus frutos a través de los sermones de Juan Gil y Constantino Ponce de la Fuente. Con esos conocimientos y vivencias, se traslada a Alcalá de Henares en cuya universidad (1550) y en sus destacados saberes hebraicos se matricula, impartidos por los antiguos maestros del Colegio Trilingüe. Cipriano de la Huerga, monje cisterciense, Andrés de la Cuesta y Luis de la Cadena le enseñan su método de estudio bíblico, consistente en un constante apoyarse en el texto hebreo y su confrontación con la Vulgata para revisarla y corregirla a la luz de la erudición humanística y la exégesis filológica. Será cursando sus estudios en la universidad cisneriana cuando conozca al también alumno fray Luis de León, cuya sincera amistad le acompañará toda la vida. Son por entonces los últimos años del reinado de Carlos V recorridos en el plano del pensamiento por los planteamientos erasmistas de la philosophia Christi. Arias Montano comienza a demostrar que es un buen poeta. Así, escribe una colección de poemas de corte horaciano no sólo contra el proceder de Lutero, sino también de encomio hacia maestros y amigos con el título de Rethorica, siendo laureado por la universidad (1552) en reñido certamen. Y por su notable conocimiento y dominio de las lenguas hebrea, caldea y siríaca comienza a llamársele el Jerónimo español. Viajes por Italia y España, la compra de libros a los herederos de Sebastián Fox Morcillo, y estancias en su retiro familiar de la Peña de Aracena ocupan los siguientes años a sus primeros estudios universitarios, ya que vuelve a las aulas sevillanas —en 1556 y 1558—, y decide también aprender Medicina y Botánica junto al médico Francisco de Arce. Con treinta y tres años (1560) pide ser admitido como sacerdote en la Orden de Santiago y tras una minuciosa investigación para descartar toda posible ascendencia de sangre judía, de linaje manchado, es admitido en el monasterio de San Marcos de León. Muy pronto su excepcional valía le llevará a ocupar un destacado lugar en la trama política, espiritual e intelectual de su época. El obispo Martín Pérez de Ayala lo selecciona para incorporarlo a la delegación española presente en el Concilio de Trento (1545- 1563), donde tuvo una meritoria intervención con dos discursos sobre el divorcio y sobre la comunión bajo las dos especies. De regreso a España es nombrado capellán del Rey y comienza a percibir una pensión anual por sus servicios a la Iglesia y a la Corona. Su obra Comentaria in XII Prophetas ocupa los años siguientes, hasta que con cuarenta años (1568) recibe el encargo más importante de su vida: ser en Amberes el supervisor real de la nueva Biblia Políglota en cinco lenguas que desde hacía unos años estaban llevando a cabo un grupo de eruditos franceses y flamencos. El contacto con la realidad política, social y religiosa de los Países Bajos, influirá decisivamente en todo su pensamiento y actitudes. El ambicioso proyecto bíblico había sido puesto en marcha por el impresor Plantino (1566) movido a ello por el hebraísta Andreas Masius (Maes). Sabio y erudito impresor, pero también hábil hombre de negocios, había fundado su taller (1554) gracias al dinero que mercaderes ricos pertenecientes a la secta espiritual Familia Charitatis (Familia del Amor) y discípulos del profeta Hendrik Niclaes le habían prestado, con la intención de difundir desde aquellas prensas los escritos del carismático fundador. La pertenencia a la secta del propio Plantino y de aquellos ricos hombres —Charles de Bomberghe, Graphaeus, Santforts, De la Faille y el banquero converso Marcos Pérez— permanecía en el más absoluto secreto. Todos ellos tuvieron activa participación en la efervescencia religiosa de los Países Bajos y mientras unos abrazaron el protestantismo, otros se hicieron calvinistas. Ante el Iconoclasmo (1566) y la llegada del duque de Alba huyeron a Alemania o a Suiza. Plantino, para salvar su negocio prefirió atraerse la voluntad de Felipe II. Buscando la protección del cardenal Granvela, escribió al secretario real Gabriel de Zayas manifestándole su profunda “ortodoxia” y adhesión a la Corona española. Su astucia dio resultado: tras consultar el Monarca a los teólogos de Alcalá y de Salamanca y obtener una respuesta afirmativa unánime, acepta el mecenazgo, recibiendo Plantino el nombramiento de “prototipógrafo del rey”. En cuanto a la labor de Arias Montano, ésta consistiría en revisar las pruebas y redactar unos cuantos tratados de erudición bíblica que constituirían el último volumen de la Políglota. Los cuatro años que duró esta misión fueron extraordinariamente intensos en acontecimientos públicos y privados. Al principio, Montano se muestra partidario admirador del duque de Alba y aprueba la política de Felipe II en los Países Bajos. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, tercer duque de Alba (1507-1582), había logrado terminar con la revuelta de los gueux o “mendigos”, la confederación de nobles de tendencias protestantes y calvinistas opuestos a la política real entre los que se hallaban Luis de Nassau, hermano de Guillermo de Orange —antiguo paje de Carlos I— Juan y Felipe de Marnix, Felipe Broderode, el conde de Egmont y Felipe de Montmorency, conde de Horn y almirante de Flandes. Todos ellos habían suscrito un documento llamado “Compromiso de Breda” en el que la Confederación se proponía abolir la Inquisición y conseguir la libertad de conciencia. Cuando al de Alba se le encarga la represión de la revuelta en Flandes, tenía sesenta años. Embarca en Cartagena rumbo a Génova en abril de 1567 y en Italia organiza un ejército integrado principalmente por españoles con algunos contingentes de italianos magníficamente equipados, entre los que figuraban cuerpos de mosqueteros. Apresó a los cabecillas de la rebelión, los condes de Egmont y de Horn, a sus secretarios y al burgomaestre de Amberes, Antonio de Stralen. La audacia de este golpe atemorizó a las gentes y el vencedor escribió a Felipe II: “Gracias a Dios, el país entero está tranquilo”. El duque constituyó el Tribunal de los Tumultos para juzgar a los supuestos culpables de los desórdenes, conociéndose entre el pueblo como el Tribunal de la Sangre. En aquellos años de completa pacificación, purgado el país de calvinistas, Arias Montano estaba entregado por completo a su trabajo de la Biblia Políglota, que sería conocida también como Biblia Regia o Biblia de Amberes. Hoy ya no cabe la menor duda de que toda la gloria de la ingente labor correspondió al espléndido equipo de sabios lingüistas y filólogos reunidos en torno al taller de Plantino y pertenecientes en secreto a la Familia del Amor. Sin embargo, su papel de supervisor y su participación —en especial en la redacción de los tratados del último volumen— en el diseño y contenido de la Políglota, fueron decisivos, con consecuencias insospechadas a favor y en contra en los círculos teológicos y humanísticos de España y Europa, lo que le acarrearía incomprensión, sospecha inquisitorial y desengaño. Concluida la labor filológica en mayo de 1570, Arias Montano envía su Praefatio a las Universidades de Lovaina y de París que le dan su aprobación. Seis meses más en la imprenta para disponer todos los textos y por fin la obra ve la luz a finales de 1571, encuadernada en ocho volúmenes. Con el texto dispuesto en dos series de columnas en cada página, los volúmenes del I al IV contienen: el texto hebreo, el mismo que figura en la Políglota de Cisneros y que editara Charles de Bomberghe en la imprenta de Félix Pratensis (1516-1517) y en Venecia en la imprenta de Ya’aqob ben Hayyim (1524-255); la Septuaginta y su traducción latina, el Targum —traducción al arameo del Antiguo Testamento con paráfrasis— casi completo y su traducción latina debida a los hebraístas judeo-conversos del Estudio Salmantino, Pablo Coronel y Alonso de Zamora, colaboradores en la Políglota de Alcalá. El volumen V contiene: el Nuevo Testamento en tres versiones, griega, latina de la Vulgata y siríaca con traducción latina de Guido (o Guy) Lefèvre de la Boderie. Los volúmenes VI, VII y VIII son conocidos como Apparatus. El volumen VI contiene: el Nuevo Testamento en griego y traducción interlineal de la Vulgata; particularidades de la lengua hebrea redactada por Arias Montano; el Antiguo Testamento y traducción latina debida a Sancte Pagnino (o Sanctes Pagninus). El volumen VII contiene: diccionario y gramática griegos, tal vez de Arias Montano; un vocabulario siríaco debido a Andreas Masius (Maes), así como una gramática siríaca; un diccionario siro-arameo debido Guido Lefèvre de la Boderie; en latín un Thesaurus hebraicae-linguae de Sanctes Pagninus y un Apéndice de Francisco Raphelengius. El volumen VIII contiene: dieciocho tratados filológicos y arqueológicos, varios de ellos debidos a Montano; los Prefacios de Arias Montano; los Prólogos de san Jerónimo a la Vulgata; cartas de Felipe II, del duque de Alba y de Arias Montano, y los privilegios de publicación y las censuras de Arias Montano. Así pues, la nueva Biblia, obra en esencia de los humanistas del norte de Europa, venía a ser una reedición, pero crítica, de la Políglota de Cisneros, empleando como ella las ediciones hebreas del Antiguo Testamento impreso en Venecia pero presentando un centenar de lecturas diferentes respecto de la cisneriana, y más cercanas a la edición veneciana. En cuanto a esa serie de gramáticas y vocabularios, la moderna investigación los considera un material bastante problemático y a veces poco preciso. Pero su gran novedad, que sería en su tiempo su gloria y su condena, fue la incorporación de la ciencia hebraica —Targum, Pesitta’—, y, por lo tanto, saber heterodoxo, sospechoso de herejía. Este “monumento de la Contrarreforma”, obra de intelectuales de dudosa ortodoxia católica, impresa en un taller creado en principio para publicar los escritos del líder espiritual Niclaes, cuyo impresor había pedido prestados los tipos hebreos al protestante Charles de Bomberghe, y el “supervisor” real había tenido la intención de sustituir el texto canónico de la Vulgata —al que apenas le reconocía valor filológico— por la traducción latina de la Biblia hecha por Sanctes Pagninus (Lyon, 1527), aunque al final tuvo que transigir e incluyó ambos textos, fue vista como una obra reaccionaria contra los principios del Concilio de Trento y la infalibilidad de la Vulgata de san Jerónimo. Roma tenía que juzgarla, y para defenderla se nombró al teólogo español Pedro de Fuentidueña. Su exposición fue inútil. Aquellas innovaciones hebreas y rabínicas, aquellas rectificaciones a la Políglota de Cisneros que era tanto como enmendar la Vulgata, suscitaron graves recelos y objeciones entre los miembros de la comisión papal que la desaprobaron. Ante tal fracaso, las cartas se cruzan impresiones contrariadas y los contactos políticos y diplomáticos se suceden. Arias Montano recibe el encargo real de salir inmediatamente para Roma. Felipe II escribe al duque de Alba: “Creo que podrá explicar el asunto de manera que ponga punto final a todas las dudas”. Y así fue, porque ya en Roma (1572) logra en pocos meses la ansiada aprobación, aunque provisional. Contribuyó a ello el sucederse de algunos acontecimientos como la subida al solio pontificio de Gregorio XIII, muy favorable a España. La victoria de Lepanto contra los turcos favoreció también el fortalecimiento de las relaciones entre el Vaticano y la Corona española. Mientras, Arias Montano se ganaba el apoyo de los cardenales de talante humanista Granvela y Sirleti. Pero la aprobación provisional de la Congregatio Concilii no logró acallar la polémica que se avivaba por momentos y que, en definitiva, siempre estuvo latente o manifiesta en el seno de las discusiones teológicas del siglo XVI en torno a qué texto de la Biblia, el hebraico —visto con recelo por amplios sectores—, o la traducción latina de san Jerónimo (Vulgata), era el correcto. Como escribe B. Rekers: “Arias Montano intentó aplicar un método de traducción puramente literal basado en la erudición filológica; es decir, pretendió traducir exactamente lo que estaba escrito en el texto original”. Ponía en práctica la intención de Erasmo de “predicar a Cristo desde las fuentes”. Sólo que el biblista español hacía caso omiso de toda la tradición exegética católica y su “simbolismo”, prefiriendo buscar el sentido a través de las fuentes exegéticas rabínicas, más acorde con los nuevos métodos de investigación y estudio humanísticos, que pretendían rescatar la pureza original del texto bíblico. La Iglesia era consciente de las imperfecciones de la Vulgata, y quería a toda costa evitar nuevas traducciones, y como medida “disciplinar y defensiva”, el Concilio de Trento declaró “auténtica” la Vulgata latina. Este sentir explica la respuesta reaccionaria a su Políglota. En los Países Bajos, Guillermo Lindano, obispo de Rurmond, arremete contra él, haciendo todo lo posible por desacreditar su labor bíblica. Por el contrario, no faltaron sabios de Lovaina y de París que se erigieron en paladines de su método, como Harlemio, Génèbrard y Francisco Lucas. La reacción española fue la más virulenta: en Castilla, en los círculos teológicos agustinos de Salamanca se alzó en contra la voz del maestro León de Castro —hermano de hábito de fray Luis de León y su delator ante el tribunal inquisitorial—, quien como tantos otros “que ponían enfermedad” en la nueva Biblia, redactó sus objeciones en seis folios que leyó en la Corte, sin mucho éxito. En su escrito argumentaba que los originales hebraicos y caldaicos estaban corrompidos por los judíos y tenían que ser corregidos a la luz de la Vulgata y no al revés, como se había hecho en la Biblia Regia. Esta convicción volvía sobre el viejo asunto de la hebraica veritas de la España judía y las viejas disputas del siglo XV. Y por si fuera poco, el término “judaizante” —tan lleno de tristes y no tan lejanos recuerdos— se aplicaba ahora a todo aquel que defendía la legitimidad del texto hebreo y la revisión crítica de la Vulgata. Los amigos de Montano, pertenecientes al ámbito universitario salmanticense, le tuvieron bien informado de las maniobras del maestro León. Fray Luis de Estrada le escribe: “Cierta persona ha querido persuadir, y por ventura tiene persuadida a casi toda España, que los originales hebraicos y caldáicos de la divina Scriptura están corrompidos por los judíos [...] que en la mesma emprenta (se refiere a la de Plantino) sin ser sentidos los herejes habían introducido traición”. Y Pedro de Fuentidueña en carta (1574) al secretario real, Gabriel de Zayas, expone: “[...] y después acá he entendido que el maestro León fue a la corte y allá trató con esos señores del consejo de la Inquisición sobre esto de la biblia de Flandes [...] y así lo da a entender a todos, tanto que ayer me dijo un maestro desta universidad que le había oído decir que si estando revestido para decir misa, lo dejase por ir a quemar a Benito Arias, le parece que haría gran servicio a N. Sr.”; Francisco de Salinas le hace saber (1574): “[Hablé] con el buen maestro León, porque es amigo muy antiguo y fue mi maestro en la niñez; el cual me dio muchas disculpas y excusas con decir que no podía dejar de estar apasionado por su madre la Iglesia, y su principal negocio, es decir que V. M. quiere destruir la Vulgata y que no sigue la interpretación de ningún santo ni le alega sino la de los rabinos”. En este ambiente tan tenso se alzó la palabra escrita del canónigo Juan del Caño (1575) increpando el mal entendido celo del fraile agustino que “atropella a sus próximos con voces vocalísimas y con su autoridad [...] destruye a cuantos no se guardan de trabar con V. M. disputaciones”. A pesar de tantos sinsabores, Arias Montano no cejó en su estudio bíblico. Fruto de ello en colaboración con la Universidad de Lovaina fue su Biblia Sacra, impresa por Plantino en 1574. Las circunstancias le obligan a volver a Roma para afrontar la segunda defensa de la Políglota. Intento vano, pues el maestro León había logrado atraer a su causa la opinión de la Curia Papal. Encabezada por el cardenal Belarmino se pronuncia: “Esta Congregación General ha sentenciado que nada contrario al texto latino de la Vulgata puede ser cambiado, ni siquiera una palabra, una sílaba o una letra”. Pero, como había en juego factores políticos, se aprueba toda la Biblia Políglota excepto el Apparatus, debido a Montano. Gregorio XIII prefiere dejar el dictamen final en manos de los teólogos españoles. La causa del maestro León parecía que había triunfado. Y Arias Montano escribe una carta en agosto de 1575 al obispo de Cuenca e inquisidor general, Pedro de Portocarrero, buscando su protección: “Cuasi por todo este postrer año que he estado en Flandes, he sentido un grande rumor que un maestro León de Castro, que vive en Salamanca, ha levantado en aquella universidad, reprendiendo y desacreditando la mayor obra que jamás en género de letras ha salido al mundo impresa, que es la biblia real [...] el asa que ha tomado para decir mal de ella, ha sido ver allí en el Aparato una parte de la biblia de Sanctes Pagnino [...] le suplico sea servido de mandarme dar aquella parte desta noticia [...] que me sea a mí útil [...] para que con brevedad y equidad [...] se deshagan con entera luz estos nublados”. La sentencia final sobre la Biblia de Amberes le correspondió al jesuita Juan de Mariana (1577). Su defensa la limpió de escrúpulos y de recelos, a pesar del intento de los dominicos de Sevilla (1579) de reavivar la polémica. Y en 1587 la curia romana intentará, sin mucho éxito, eliminar las variantes de los diversos textos de la Vulgata latina. Habría que esperar a la Biblia Clementina (1592) con su revisión mucho más segura del texto latino. Con su regreso a España (1576) como bibliotecario de El Escorial, concluyen sus densos ocho años de estancia en los Países Bajos. Se traía una desencantada visión de la política española en Flandes, que en otro tiempo admirara, y su rendida adhesión a la secta espiritual flamenca de la Familia del Amor (Familia Chraritatis), entre las posturas católica y protestante y cuyos principios —tolerancia, no violencia, paz, devoción de tendencia quietista, la “identificación personal con el ser divino”, y el alejamiento de los ritos y dogmas aunque sin romper el vínculo con la Iglesia Católica— profesaban la mayor parte de las personas cultas y de negocios de Amberes que formaban el círculo del impresor Plantino, seguidor en un principio de Niclaes, de tendencia protestante, para después preferir la doctrina simbólico-esotérica de tendencia católica del maestro Henrik Jansen Barrefelt, apodado Hiël (Luz de Dios). Como bibliotecario, elaboró la lista de todos los manuscritos existentes —superaban la cifra de cuatro mil—, inventarió los libros impresos e invirtió buena parte de los fondos puestos a su disposición en la adquisición de escritos semíticos de los que la biblioteca escurialense estaba bastante escasa: “empero de Sangrada Escritura y materia de religión tiene falta”. Esta labor la alternó con la de profesor de hebreo en el colegio del monasterio. Su sabio magisterio supo aunar la enseñanza de la lengua bíblica con la difusión entre sus discípulos de la espiritualidad de Hiël. Fray José de Sigüenza, Lucas de Alaejos, Martín de la Vera, Francisco Trujillo y Gaspar Centol, continuadores en su momento de la labor escriturística de Montano, supieron de la ideología familista y de la interpretación “visionaria”, en esta época ya aceptada por Montangal o, de los textos bíblicos. Si la Orden Jerónima había sido a lo largo del siglo XV un intenso foco de criptojudaísmo, ahora el familismo de Hiël prendía en ella a través del magisterio bíblico del sabio español. Él mismo no había dejado de pedir a su amigo Plantino que le enviara todos los comentarios posibles de Hiël, en especial sus comentarios al Apocalipsis. Como ha demostrado Sabbe, “nueve décimos del latín de Arias Montano son copia exacta de las Sendbrieffe de Hiël”. Después de su última misión política en asuntos relacionados con el rey Sebastián de Portugal, sobrino de Felipe II, Arias Montano pudo residir en su retiro de Extremadura (1586), y a intervalos en el convento sevillano de Santiago. En la Peña de Aracena enseñó hebreo a Pedro de Valencia, “criado a los pechos de la santa y universal doctrina de Montano” a decir de su contemporáneo Covarrubias, y que sería su secretario y el editor en Amberes de sus obras póstumas. Benito Arias Montano murió en Sevilla (1598) en casa de Ana Núñez. En la ciudad del Guadalquivir logró reunir en torno a su persona un grupo de intelectuales progresistas españoles, donde no faltaron miembros conversos como Diego y Francisco Núñez Pérez, emparentados con conversos de Amberes, que si bien no tuvieron el peso espiritual del grupo escurialense, supieron establecer vías de intercambio científico y pensamiento liberal, según el espíritu montaniano, entre las Universidades de Sevilla y Leyden. Obras Rethoricorum libri IV, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1569 Comentaría in duodecim Prophetas, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1571 Humanae Salutis Monumenta, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1571 Virorum doctorum de disciplinis benemeritis efigies XLIV, Amberes, a Philippo Galleo, 1572 Biblia Sacra, hebraice, chaldaice, graece, latine, Amberes, Christophorus Platinus, 1569-1573 Davidis Regis ac Prophetae aliorumque sacrorum vatum Psalmi, ex hebraica veritate in latinum carmen, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1573 Humani generis amatori Deui liberalísimo sacr. Divinarum Nuptium conventa et acta, ad piorum admonitionem a Philippo Gallaeo aereis tabulis incisa, B. Aria Montano accinente, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1573 Christi Jesu Vitae, admirabiliunque actionum speculum a Ph. Gallaeo apparatum, B. Ariae Montani singularibus distichis instructum, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1573 Biblia Sacra, quid in hac editione a theologis lovaniensibus praestitum sit paulo post indicatur, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1574 Elucidationes in IV Evangelia, quibus accedunt erlucidationes in Acta Apostolorum, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1575 Dictatum Christianum, sive comunes et aptae discipulorum Christi omnium partes, a condiscípulo b. Aria Montano observatis in brevem summam, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1575 David, hoc est virtutis exercitatissimae probatum Deo spectaculim, ex David pastoris, militis, ducis ac prophetae exemplis, B. Aria meditante, Ph. Gallaeo instruente, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1575 Itinerarium Benjaminis Tudelensis, ex hebraico latinum factum, b. Aria Montano interprete, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1575 De Optimo Imperio, sive in libr. Josué commentarium, Amberes, 1583 Elucidationes in omnia Apostolorum scripta, eiusdem s. Johannis apostoli et evangelistae Apocalypsin significationes, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1588 Poemata in IV tomos distincta, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1589 De Varia Republica, sive commentarium in librum Judicum, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1592 Antiquitatum Judaicarum libri IX, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1593 Liber generationis et regenarationis Adam, sive de historia generationis humani operis magni prima pars, id est Anima, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1593 Hymni et Saecula, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1593 Comentaría in Isaiae prophetae sermones, Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1599 Naturae Historia, prima in magni operis corpore pars., Amberes, Ex officina Christophori Plantini, 1601 In XXXI Davidis Psalmos priores comentaría, Amberes, 1605. Bibliografía F. 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una de las grandes obra de impresión bíblicas de todos tiempos, patrocinadas por el rey de España
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