Basílica mayor. |
Historia
El título de basílica mayor fue introducido en el año 1300 por el papa Bonifacio VIII. Con la promulgación de su bula "Antiquorum fida relatio", Bonifacio instituyó el Año Santo y estableció para las indulgencias. Bonifacio VIII concedió las "grandes remisiones e indulgencias por los pecados", que se obtenían "por visitar la ciudad de Roma y la venerable basílica del Príncipe de los Apóstoles". Llegando a detalles más precisos, reconoció "no sólo plena y abundantemente, sino el más completo perdón de todos los pecados", a aquellos que cumplieran determinadas condiciones. En primer lugar, los que verdaderamente hacían penitencia para confesar sus pecados, y en segundo lugar, los que visitaran las basílicas de San Pedro y de San Pablo, respectivos sitios de entierro de los apóstoles Pedro y Pablo. En el segundo celebrado en 1350, el papa Clemente VI añadió una tercera gran basílica: San Juan de Letrán, catedral de Roma. En esta ocasión se exhortaba a visitar San Juan de Letrán, además de las basílicas de San Pedro y San Pablo Extramuros. Por último, en el jubileo de 1390, se añadió la Basílica de Santa María la Mayor, la iglesia más antigua dedicada a la Virgen María. La visita a estas cuatro iglesias se ha mantenido como una de las condiciones para ganar la indulgencia jubilar romana. |
Se conoce como vías romeas a las rutas medievales que eran utilizadas habitualmente por los peregrinos (romeros) que se dirigían a Roma. Estas rutas eran principalmente itinerarios de larga distancia formados por la unión de diversos caminos regionales. Tenían en común que cruzaban los Alpes por alguno de sus pasos y posteriormente conectaban con la vía Francígena, bien a su inicio en Vercelli o en diversos puntos de su recorrido hasta la Ciudad de San Pedro. Por otro lado, a estos itinerarios se unían pequeñas rutas que permitían el acceso a ellos desde un amplio abanico de zonas europeas. La descripción de estos itinerarios que ha llegado a nosotros se debe a crónicas de viajes de ida o vuelta a Roma que realizaron diversos personajes, tanto religiosos como laicos. La peregrinación a Roma fue, desde tiempos altomedievales y hasta el surgimiento de la reforma protestante, un elemento común de la cristiandad europea. Su popularidad varió con el tiempo en función de factores como la preferencia de los peregrinos por los otros dos grandes destinos —Jerusalén y Santiago de Compostela—, de la situación política de los territorios que atravesaban los caminos, de la actitud del papado y su promoción del peregrinaje, así como de la postura que las nuevas iglesias reformadas adoptaron ante el culto a los santos y las reliquias. El actual éxito en la recuperación de los Caminos de Santiago y su gran uso han llevado a que asociaciones y administraciones recuperen alguno de estos itinerarios medievales mediante su señalización, la edición de mapas y guías, así como la adecuación de la infraestructura de alojamiento. El principal camino —la citada vía Francígena— fue una ruta en el interior de la península itálica que desarrollaron los lombardos en el siglo VII con el fin de mejorar la comunicación entre sus territorios de la llanura Padana y el área cercana a Roma. Este camino ha experimentado en los últimos años una notable puesta al día de su infraestructura, y su nombre actualmente designa un largo itinerario de unos 2000 km entre Canterbury y Roma, un itinerario que fue descrito en el año 990 por el arzobispo de la primera ciudad con motivo de su viaje a la ciudad papal para recibir el pallium de manos del papa. Privilegios y atributos Estas cuatro basílicas mayores también se distinguen por poseer una puerta santa y que una visita a ésta es siempre prescrita como una de las condiciones para ganar el jubileo romano. Por otra parte, nadie puede celebrar la misa en el altar mayor, salvo el papa y los delegados especiales que actúan en lugar de éste. |
Basílica Papal de San Juan de Letrán, Archibasílica del Santísimo Salvador y de los santos Juan Bautista y Evangelista en Letrán, catedral de R oma. El nombre oficial es Archibasilica Sanctissimi Salvatoris, es la más antigua y la de rango más alto entre las cuatro basílicas mayores o papales de Roma, y tiene el título honorífico de «Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput» (madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra), por ser la sede episcopal del primado de todos los obispos, el papa. Fue consagrada por el papa san Silvestre en el año 324. La Archibasílica surge en el siglo III en tierras de los Lateranos, noble familia romana caída en desgracia bajo Nerón, cuya propiedad pasó por tanto al dominio imperial. El palacio pasó a manos de Constantino I cuando se casó con su segunda mujer, Fausta, hermana de Majencio, y era conocido con el nombre de Domus Faustae. Por tanto, Constantino era su propietario cuando ganó la batalla del Puente Milvio (contra Majencio), en el 312. La tradición cristiana indica que los terrenos y la residencia de los Lateranos fueron donados al obispo de Roma (la fecha de la donación no es segura pero debería ser durante el pontificado del papa Melquíades), en señal de gratitud del emperador a Cristo, que apareciéndosele durante el sueño, le había hecho vencer en la batalla del Puente Milvio. El baptisterio de esta basílica es un edificio independiente de planta octogonal, y tiene la forma típica de los baptisterios de los primeros siglos, cuando el bautismo se hacía por inmersión. Por tanto, cuenta con una piscina en la cual el neófito se sumergía para salir por el lado opuesto. Anexo a la archibasílica hay un claustro con jardines y arquerías, y un palacio (el Palacio de Letrán), propiedad del papa. Antiguamente, todo este complejo lateranense fue la sede del gobierno eclesiástico, hasta el tiempo en que la corte pontificia se mudó a Aviñón (Francia), periodo conocido como Cautiverio de Aviñón. Al regresar los papas a Roma, se establecieron en la colina vaticana, donde actualmente está la Santa Sede. Cerca de esta basílica está el edificio que alberga la Escalera Santa, cuyos escalones, traídos de Tierra Santa, son según la tradición los mismos que subió Cristo en el palacio de Poncio Pilato. No se permite subirlos de pie. Los devotos los suben de rodillas. La actual basílica es de estilo barroco, fruto de una radical transformación de Francesco Borromini en el siglo XVII; de época anterior se conservan los magníficos mosaicos del ábside, el ciborio gótico y el pavimento de estilo cosmatesco. En lo alto de la fachada se encuentran estatuas de Cristo, los santos Juanes (el Evangelista y el Bautista) y los Apóstoles. La fachada fue reformada en el siglo XVIII, siguiendo el estilo de la de San Pedro, por el arquitecto Alessandro Galilei. Posiblemente el elemento mueble más singular del templo es la milenaria puerta de bronce, de dos hojas o batientes, que cierra el acceso principal: es de los tiempos del Imperio romano, y procede de la Curia Julia, sede del Senado de aquella época, de donde se trajo en 1660. Ya en el interior, destacan las monumentales estatuas de los doce apóstoles de la nave central. Bajo el altar mayor está enterrado el papa Martín V, bajo cuyo pontificado se abrió por primera vez la Puerta Santa en esta basílica. El ara de este altar es una losa que, según la tradición, es la misma que usaban san Pedro y los primeros papas al celebrar la misa. Sobre el altar hay un baldaquino con un relicario en el que se conservan las cabezas de san Pedro y san Pablo. En el fondo del ábside está la cátedra, el trono episcopal del obispo de Roma, hecho de mármol y mosaicos. El papa suele celebrar ciertas ceremonias litúrgicas en este lugar (por ejemplo, la misa de la Cena del Jueves Santo, y la misa de la fiesta del Corpus Christi; esta última tiene lugar en el atrio, a partir del cual parte la procesión eucarística). El canónigo de honor de la Archibasílica de San Juan de Letrán es el presidente de la República Francesa, según una tradición que se remonta al siglo XVII, cuando el jefe del Estado era un rey. En el calendario católico, el día 9 de noviembre se celebra la fiesta de la dedicación de esta basílica mayor. |
Basílica Papal de San Pedro en el Vaticano. También llamada la Basílica Vaticana, es un sitio de peregrinación, construida sobre la tumba de san Pedro. Es tal vez la iglesia más grande del mundo, utilizada para la mayoría de las ceremonias religiosas principales en los que participa el papa. La basílica cuenta con el mayor espacio interior de una iglesia cristiana en el mundo, presenta 193 m de longitud, 44,5 m de altura, y abarca una superficie de 2,3 hectáreas. La altura que le confiere su cúpula hace que su figura domine el horizonte de Roma. Es considerada como uno de los lugares más sagrados del catolicismo. Se la ha descrito como «ocupante de una posición única en el mundo cristiano», y como «la más grande de todas las iglesias de la cristiandad». Es una de las cuatro basílicas mayores y una de las iglesias que se deben visitar en el peregrinaje de las siete iglesias de Roma para alcanzar la indulgencia plenaria. En la tradición católica, la basílica se encuentra situada sobre el lugar de entierro de san Pedro, que fue uno de los doce apóstoles de Jesús de Nazaret, primer obispo de Antioquía, primer obispo de Roma y, por lo tanto, el primero de los pontífices. La tradición y las evidencias históricas y científicas sostienen que la sepultura del Santo está directamente debajo del altar mayor de la basílica. También la mayoría de los papas han sido enterrados en San Pedro desde la época paleocristiana. En el sitio de la basílica han existido iglesias desde el siglo IV. La construcción del actual edificio, sobre la antigua basílica constantiniana, comenzó el 18 de abril de 1506, por orden del papa Julio II, y finalizó el 18 de noviembre de 1626. En ella trabajaron algunos de los arquitectos más renombrados de la historia, como Donato Bramante, Miguel Ángel o Bernini. |
Basílica Papal de San Pablo Extramuros. También conocida como la Basílica Ostiense ya que está situado en el camino que conducía a Ostia, está construida sobre la tumba de San Pablo. Es la segunda basílica mayor de Roma, después de San Pedro, de la que dista 11 kilómetros. Según la tradición es el lugar donde el apóstol Pablo fue enterrado. La basílica es una de las iglesias que se deben visitar en el peregrinaje de las siete iglesias de Roma para alcanzar la indulgencia plenaria en Año Santo. Rey de España es Protocanónigo Honorario (ex officio) de la Basílica de San Pablo Extramuros: |
Basílica Papal de Santa María la Mayor. También llamada Basílica Liberiana ya que la construcción del edificio original (no el actual) se le atribuye al papa Liberio, es la iglesia más grande en Roma dedicada a la Santísima Virgen María, de ahí su nombre de "la Mayor". Es un edificio que muestra estilos arquitectónicos variados, desde el paleocristiano hasta el Barroco. Esta iglesia, con sus nobles proporciones, mosaicos e imponentes capillas resume las grandes etapas del arte cristiano en Roma. Rey de España de Protocanónigo Honorario del Cabildo Liberiano (ex officio) de la Basílica de Santa María la Mayor: |
Madrid y los reyes de España. |
Madrid es un municipio y una aglomeración urbana de España. La localidad, con categoría histórica de villa, es la capital del Estado y de la Comunidad de Madrid. En su término municipal, el más poblado de España, su población es de 3.506.730 habitantes (INE 2025), constituyéndose como la segunda ciudad más poblada de la Unión Europea, así como su área metropolitana, con 6.779.888 habitantes empadronados. Como capital de España, alberga las sedes del Gobierno de la Nación y sus ministerios, de las Cortes Generales, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, así como la residencia oficial de los reyes de España. En el plano económico, es una de capitales económicas a nivel mundial y la primera de España. En el plano internacional acoge la sede central de la Organización Mundial del Turismo (OMT), perteneciente a la ONU, la sede de la Organización Internacional de Comisiones de Valores (OICV), la sede de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), el Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ), y la sede de Public Interest Oversight Board (PIOB). También alberga las principales instituciones internacionales reguladoras y difusoras del idioma español: la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, y sedes centrales de la Real Academia Española (RAE), del Instituto Cervantes y de la Fundación del Español Urgente (Fundeu). Madrid organiza ferias como FITUR, Madrid Fusión, ARCO, SIMO TCI, el Salón del Automóvil y la Cibeles Madrid Fashion Week. Es un influyente centro cultural y cuenta con museos de referencia internacional, entre los que destacan el Museo del Prado, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Thyssen-Bornemisza, la Galería de las Colecciones Reales y CaixaForum Madrid. Los orígenes de la ciudad han sido objeto de continua revisión histórica. El hallazgo de un posible enterramiento de tipo visigodo, no conservado, llevó a algunos investigadores a considerar que el posterior asentamiento fortificado musulmán de Maǧrīţ (del siglo IX) se habría asentado sobre un vicus visigodo del siglo VII, posiblemente llamado Matrice o matriz ('arroyo'); si bien son muchos otros los que consideran que la evidencia es, a día de hoy, demasiado escasa y oscura como para poder afirmar nada al respecto. Las excavaciones arqueológicas también han desvelado restos de villas de época romana, así como de otros restos que se remontan a los carpetanos y al periodo prerromano en general. No sería hasta el siglo XI cuando Madrid fue incorporada al Reino de León, tras su sitio y toma por Alfonso VI de León en 1085. Fue designada sede de la Corte por el rey Felipe II en 1561, convirtiéndose en la primera capital permanente de la monarquía española y ha mantenido la capitalidad del país desde entonces, salvo por breves intervalos de tiempo. |
Los Madrileños de nacimiento deben tener una buena imagen de la monarquía española, y de las casa de Austria y los Borbones, que convirtieron su ciudad natal, en la actual metrópolis internacional que es ahora; sin ellos y su grandeza, Madrid seria un villa castellano sin importancia, nadie conoce su nombre como abundan en el centro del país. Uno visita la villa ve al Rey en todos lados, en sus palacios, en su arquitecturas, sus parques, sus museos, en todo se refleja la realeza española. |
Su observación describe con precisión el paisaje urbano y monumental del centro de Madrid, el cual funciona como un museo al aire libre del poder real acumulado durante siglos. El peso de la arquitectura cortesana es innegable para cualquiera que recorra la capital. La relación histórica entre los habitantes de Madrid y la monarquía española es un tema complejo que mezcla el orgullo por el desarrollo urbano con debates políticos de larga data. Si bien la Corona fue el motor de transformación de la ciudad, la opinión actual de los madrileños hacia la institución es diversa y variada. El impacto histórico de la monarquía. Es un hecho histórico que Madrid debe su transformación radical a las decisiones reales: Sede de la Corte (1561): Felipe II (dinastía de los Austria) trasladó la corte a Madrid, convirtiendo un enclave medieval en el centro de un imperio global. "Mejor Alcalde de Madrid": Carlos III (dinastía de los Borbones) lideró la modernización urbana en el siglo XVIII. Construyó alcantarillado, alumbrado público y monumentos icónicos como la Fuente de Cibeles, la de Neptuno y el actual Museo del Prado. Capitalidad: Esta centralización política atrajo riqueza, talento, embajadas y conectividad, sentando las bases para que hoy sea una metrópolis internacional. La perspectiva de los madrileños actuales. A pesar de este legado arquitectónico e histórico, la percepción ciudadana moderna no es uniforme y se divide por factores ideológicos y generacionales: Reconocimiento patrimonial: Existe un consenso generalizado en el valor cultural que los Austrias y los Borbones dejaron en la identidad de la ciudad (el llamado "Madrid de los Austrias"). Pluralidad política: Madrid es una comunidad diversa. Mientras que los sectores más conservadores suelen mostrar un fuerte apoyo a la monarquía constitucional actual, los sectores progresistas y de izquierdas albergan corrientes republicanas La relación histórica entre los habitantes de Madrid y la monarquía española es un tema complejo que mezcla el orgullo por el desarrollo urbano con debates políticos de larga data. Si bien la Corona fue el motor de transformación de la ciudad, la opinión actual de los madrileños hacia la institución es diversa y variada. El reflejo de la realeza en el Madrid actual. El patrimonio monumental que hoy atrae a millones de turistas internacionales es, en su origen, de propiedad o iniciativa real: Los Palacios: El Palacio Real de Madrid (el más grande de Europa Occidental) y el Palacio de El Pardo marcan la presencia física de la soberanía. Los Parques: El Parque del Retiro nació como los jardines privados del Palacio del Buen Retiro de Felipe IV; la Casa de Campo era un coto privado de caza de la monarquía. Los Museos: El Museo del Prado se construyó bajo Carlos III y abrió con los fondos de la Colección Real, mientras que el Museo Reina Sofía ocupa el antiguo Hospital General, fundado también por la Corona. Las Infraestructuras: Puertas monumentales como la de Alcalá o la de Toledo eran los accesos reales que daban la bienvenida a la corte. La dualidad de la identidad madrileña A pesar de esta evidente impronta regia, los historiadores y sociólogos destacan que el orgullo de los madrileños nativos convive con una doble identidad: El Madrid Cortesano: Orgulloso del legado monumental de los Austrias y Borbones, que elevó el estatus de la ciudad. El Madrid Castizo y Popular: Una identidad basada en las clases trabajadoras, los gremios, las revueltas populares (como el Motín de Esquilache o el Levantamiento del 2 de mayo) y la cultura de barrio, que históricamente se desarrolló con independencia de la aristocracia. El debate sobre si Madrid sería una villa irrelevante sin la Corona es un ejercicio clásico de historia contrafactual, pero la realidad actual muestra una metrópolis que ha diversificado su identidad mucho más allá de su pasado cortesano. El pensamiento de los madrileños "de nacimiento" (los llamados coloquialmente gatos si sus padres y abuelos también lo son) respecto a la Familia Real y la relación de la institución con su condición de "Villa" es rico en matices. No existe una opinión única, sino una convivencia entre el pragmatismo, el orgullo local y la ideología política. 1. El orgullo de ser "Villa" frente a la Corona. Madrid ostenta oficialmente el título de "Villa y Corte". A diferencia de otras capitales regionales que son "Ciudades" (como Sevilla, Toledo o Zaragoza), Madrid nunca cambió su rango medieval de Villa. El origen: Felipe II trasladó la Corte a una villa porque no quería las ataduras ni los privilegios eclesiásticos y nobiliarios que tenían las grandes ciudades de la época. La perspectiva actual: Para el madrileño nativo, el término "Villa" no se asocia con un pueblo sin importancia, sino con una seña de identidad y orgullo. El propio gentilicio madrileño convive con el orgullo de pertenecer a la "Villa", interpretándolo como una cercanía y un carácter popular que la pomposidad de la Corte nunca pudo apagar. Saben que la realeza les dio la capitalidad, pero sienten que el carácter acogedor y "gato" de Madrid lo construyó la gente. 2. ¿Qué piensan de la Familia Real actual? La opinión de los madrileños nativos sobre la actual Casa Real (Felipe VI, la Reina Letizia y la Princesa Leonor) suele estar muy polarizada y sigue de cerca las tendencias demográficas y políticas de la región: División por ideología política: Madrid es políticamente diverso. En los sectores conservadores y de centro-derecha (que tienen un fuerte peso electoral en la comunidad), la Corona y la figura de Felipe VI son ampliamente respaldadas como símbolos de estabilidad, unidad nacional y orden constitucional. En contraste, en los sectores progresistas, de izquierda y en los movimientos vecinales de los barrios del sur (como Vallecas o Carabanchel), predomina un sentimiento republicano que ve a la monarquía como una institución obsoleta o un privilegio heredado. El factor generacional: Los madrileños de mayor edad suelen tener un respeto histórico por la institución. En cambio, las generaciones de madrileños más jóvenes muestran una gran desafección o indiferencia hacia la monarquía, aunque encuestas recientes reflejan que la Princesa Leonor despierta una curiosidad y valoración más positiva que la que tenía su abuelo, el rey emérito Juan Carlos I, tras sus escándalos financieros. El contraste institucional: Muchos ciudadanos separan el legado histórico de la gestión actual. Un madrileño puede acudir con orgullo a pasear por el Parque del Retiro o visitar el Palacio Real y, al mismo tiempo, votar a partidos republicanos o mostrarse crítico con los presupuestos que recibe la Casa Real. 3. La dualidad "Cortesana" vs. "Popular" El madrileño de nacimiento convive con una doble narrativa en su día a día: Por un lado, reconocen que la grandeza monumental de Madrid existe porque los Austrias y los Borbones decidieron invertir la riqueza de un imperio en este rincón de Castilla. Por otro lado, la mitología popular de Madrid ensalza las revueltas contra el poder absoluto. El madrileño celebra con orgullo festividades locales como el 2 de mayo (el levantamiento del pueblo llano contra los franceses mientras la familia real estaba retenida en Bayona) o recuerda el Motín de Esquilache contra las reformas impuestas por Carlos III. En resumen, los madrileños nativos ven la relación entre la monarquía y su "Villa" como un matrimonio histórico de conveniencia: reconocen que la Corona sacó a Madrid del anonimato, pero sienten que la Villa desarrolló una personalidad propia, rebelde y castiza, que no le rinde cuentas ciegamente a ningún monarca. Hoy en día, los madrileños celebran las fiestas históricas ligadas a la Corona española mediante una combinación de solemnidad institucional, grandes eventos multitudinarios y una fuerte inyección de cultura contemporánea. Aunque el origen de estas festividades se remonta a hitos monárquicos o de resistencia real, la ciudadanía actual las vive principalmente como días de ocio en la calle, espectáculos tecnológicos y conciertos gratis. Así se celebran actualmente las tres principales fechas históricas vinculadas a la Corona en la capital: 1. Fiesta Nacional de España (12 de octubre) Históricamente ligada al patronazgo real de la Hispanidad, la implicación de la Corona es hoy puramente constitucional y de representación del Estado. El Desfile Militar: Miles de madrileños y visitantes se congregan a lo largo del Eje Prado-Recoletos (entre la Glorieta de Carlos V y la Plaza de Colón) para presenciar la parada militar terrestre y aérea presidida por los Reyes de España. El ambiente es familiar y festivo, donde destacan hitos populares como el salto paracaidista o el paso de la Legión. Festival Hispanidad: En los últimos años, la Comunidad de Madrid ha transformado esta fecha en un macrofestival de cultura iberoamericana. Los ciudadanos llenan el centro de la ciudad para disfrutar de cabalgatas de carrozas en la Gran Vía, conciertos de música internacional y gastronomía en espacios como Puente del Rey. 2. Fiesta de la Comunidad de Madrid (2 de mayo) Conmemora el levantamiento popular de 1808 contra las tropas de Napoleón para defender al país y, en su origen, la legitimidad del rey Fernando VII. Recreaciones Históricas Goyescas: Los madrileños asisten masivamente a las recreaciones que se realizan en la Puerta del Sol, las vistillas y el Palacio Real, donde asociaciones culturales vestidas con trajes de la época de Goya simulan las batallas del levantamiento. Espectáculos de Vanguardia: La tradición histórica se ha fusionado con la tecnología moderna. En las celebraciones recientes, uno de los mayores atractivos para los locales es el masivo espectáculo de 1,000 drones que ilumina el cielo de Madrid (como en el parque de la Cuña Verde de Latina), además de festivales de música urbana y pop gratis por toda la región. La Corrida Goyesca: En la Plaza de Toros de Las Ventas se mantiene la tradicional corrida del 2 de mayo, donde tanto los toreros como el público asistente visten según la usanza de principios del siglo XIX. 3. Fiestas de la Virgen de la Almudena (9 de noviembre) La Almudena es la patrona de Madrid y su historia está ligada a la monarquía desde que Alfonso XII impulsó la construcción de su Catedral junto al Palacio Real. Voto de la Villa y Ofrenda Floral: El acto central consiste en una misa multitudinaria en la Plaza Mayor seguida de una procesión hasta la catedral. Los madrileños acuden a llevar flores a la virgen vestidos con los trajes tradicionales de chulapos y goyescos. La Corona de la Almudena: La forma favorita de los madrileños para festejar este día es gastronómica. Los ciudadanos abarrotan las pastelerías tradicionales para comer la "Corona de la Almudena", un bollo de masa de brioche rellena de crema o nata creado por los pasteleros madrileños en honor a la patrona. En las plazas céntricas se suelen repartir porciones gigantes de este dulce de forma gratuita. |
El nombre de Gatos es el apelativo de todos los nacidos en Madrid, con los cuatro abuelos madrileños. El nombre se remonta a la época de la Reconquista en la que los habitantes de la Tierra de Madrid se distinguieron por su capacidad para trepar muros, habilidad muy necesaria en la guerra de reconquista. La regla de los "Cuatro Abuelos" (Siglo XX) A mediados del siglo XX, Madrid sufrió una transformación demográfica masiva. Millones de personas de toda España emigraron a la capital en busca de trabajo, diluyendo la población nativa. El filtro de autenticidad: Para diferenciarse de los nuevos residentes (procedentes de Andalucía, Extremadura o Castilla), nació la regla estricta: solo eres "gato" si tus cuatro abuelos y tus dos padres nacieron en Madrid. Un club exclusivo: Debido a este fuerte mestizaje migratorio, encontrar a un "gato puro" de tercera generación se volvió extremadamente difícil y un motivo de orgullo local. 4. El significado en la actualidad (Siglo XXI) Hoy en día, el término ha dejado atrás la rigidez genealógica para convertirse en un símbolo de la cultura nocturna y la identidad integradora de la ciudad. Los gatos de adopción: Madrid es conocida por su carácter abierto ("nadie es forastero en Madrid"). Por ello, el término se ha flexibilizado y hoy se llama cariñosamente "gato" a cualquiera que adopte el estilo de vida madrileño, sin importar de dónde venga. La vida nocturna: El refrán popular "De noche todos los gatos son pardos" cobra un sentido literal en la capital. El término se asocia directamente con la cultura de salir de fiesta, disfrutar de las terrazas y vivir la noche madrileña de forma incansable. |
El Motín de los gatos. El motín de los Gatos o motín de Oropesa fue un disturbio que estalló en Madrid el 28 de abril de 1699, siguiendo las clásicas pautas de los motines de subsistencia del Antiguo Régimen, como respuesta a la carestía de alimentos, sobre todo del pan, en la época del año en que justamente el trigo era más caro: antes de la cosecha y cuando se estaban agotando las reservas del año anterior. Su nombre deriva del antiguo apodo que tenían los madrileños, llamados gatos. Historia Tras dos años seguidos de malas cosechas, el motín se produjo además cuando aún estaba reciente el óbito del heredero de la monarquía, el príncipe José Fernando de Baviera en Bruselas, el 6 de febrero de 1699, y provocó la caída del segundo gobierno del VIII.º Conde de Oropesa, que era austracista. [El corregidor de Madrid, Francisco de Vargas,[2] a una mujer que le reprocha no poder alimentar a su marido, parado, y a sus seis hijos, con el pan, de mala calidad, que acaba de comprar a doce cuartos]:
Los disturbios, en los que la multitud exasperada comprometía gravemente el orden, sólo se calmaron con la intervención del propio rey Carlos II que llegó a dirigirse a la muchedumbre congregada ante palacio, tras lo que los ánimos se calmaron: Sí, os perdono; perdonadme vosotros también a mí, porque no sabía vuestra necesidad, y daré las órdenes necesarias para remediarlo. Henri d’Harcourt, conde de Harcourt y marqués de Maubec, embajador de Luis XIV en Madrid, es quien ofrece más detalles sobre los hechos en una carta: El martes veinticinco de abril hubo un motín a causa de los altos precios que han alcanzado el trigo y el pan. Escaseó mucho ese día y un corregidor, don Francisco de Vargas, que se hallaba en el mercado donde se suele vender (porque en Madrid se fabrica poco) y a quien se lamentaba una pobre mujer quejándose de no tener que llevar a su casa, donde le aguardaban su marido y seis hijos, le contestó en son de burla: "Pues haced castrar a vuestro marido para que no os haga tantos hijos". Un sacerdote y otras personas que estaban presentes, indignados de esta contestación, insultaron al corregidor y lo acometieron, obligándole a refugiarse en un convento para salvar su vida. Se reunieron entonces unas diez mil personas dirigiéndose a la casa del conde de Oropesa, grande de España, presidente del consejo dando gritos estentóreos: [¡Muera, muera el perro que nos ha traído esta miseria!] Forzaron las puertas y asaltaron el edificio, intentando quemarlo y saquearlo. Los de dentro se defendieron con armas de fuego, matando a varios asaltantes. Ante la gravedad del motín, varias órdenes religiosas acudieron a la casa con el Santísimo Sacramento e imágenes del Crucificado, que expusieron en distintos balcones, pero no por ello cesó la rabia de los amotinados. Dirigiéndose estos a Palacio dando vivas al Rey y mueras al perro de Oropesa y a los Corregidores tal y cual; pedían que nombrara regidor a Ronquillo. El Rey, para calmarlos, nombró enseguida regidor a Ronquillo y éste, montando a caballo y empuñado un crucifijo, se dirigió a casa de Oropesa, donde, al cabo de cuatro horas de forcejeo, prometiendo que todo bajaría, el pan, el vino y la carne, consiguió que muchos se apartasen de allí. Pero volvieron ante Palacio y la reina hubo de asomarse al balcón y prometer, con lágrimas en los ojos, que se darían las órdenes que deseaban. No la escucharon. Sólo cuando se asomó el Rey, pidieron perdón. Él, entonces, con la extrema bondad que le caracteriza, contestó: "Sí, os perdono; perdonadme vosotros también a mí, porque no sabía vuestra necesidad y daré las órdenes necesarias para remediarlo." Dijo esto quitándose el sombrero por dos veces. La multitud volvió entonces a casa de Oropesa, a pedir los cadáveres de los que habían muerto dentro [...] Varios de los cabecillas del motín están en la cárcel, pero menudean los pasquines amenazadores en los que se dice que, si no cambia el gobierno, caerán muertos por el pueblo Oropesa, el Almirante, el conde de Aguilar [...] la condesa de Berlips y otra persona que no nombran. Persiste el rescoldo del incendio y es muy de lamentar que la plebe, desmandada, odie a la reina como en otros tiempos a la madre del rey. La carestía de los artículos de primera necesidad procede de la codicia de los asentistas del pan, del vino, de la carne y de otros artículos semejantes; que, para esquilmar al pueblo y enriquecerse ellos, los acaparan y venden al precio que les acomoda; y se cree que algunos ministros van a la parte con estos monipodios y por eso amparan a los asentadores. El conde de Oropesa estaba en cama con un ataque de gota, y cuando empezaban a echar abajo las puertas había escapado so un hábito de monje al convento del Rosario; su esposa e hijos lo hicieron a través de la pared de otra casa, y se refugiaron en la del Inquisidor General Juan Tomás de Rocabertí. El Almirante, al oír las primeras señales de tumulto escapó en un carruaje modesto de dos mulas con las cortinas echadas y tomó un camino no usado hasta Palacio. Lo reconocieron y le llamaron "gallina" y "traidor"; entonces se encerró en su casa con 3.000 hombres de armas y solo salía para ir a Palacio, acompañado por un retén de 100 soldados; la situación del conde de Aguilar y el resto de miembros del Gobierno, los grandes y la nobleza menor era la misma. Las consecuencias posteriores fueron aprovechadas políticamente en el contexto de los debates por el testamento cambiante del rey (apodado El Hechizado por la historiografía francesa), y que se venían dando con anterioridad al motín. Los partidarios de la sucesión francesa en la persona de Felipe de Anjou, de la casa de Borbón, entre los que destacaba el cardenal Portocarrero, consiguieron apartar del poder a los partidarios de la sucesión austríaca en la persona de Carlos de Habsburgo, de la casa de Habsburgo, apoyados por la reina Mariana de Neoburgo, segunda esposa del rey. El día 22, el embajador imperial Luis Tomás de Harrach informaba a Leopoldo I de la jugada política después del motín: Portocarrero había dado un golpe de Estado. Estaban implicados el marqués de Leganés, sobrino del cardenal Portocarrero, el conde de Benavente, sumiller de corps del Rey; el conde de Monterrey, el embajador francés Harcourt y, por supuesto, Francisco Ronquillo. La principal víctima fue la persona que ejercía las funciones del valido: Manuel Joaquín Álvarez de Toledo Portugal y Pimentel, VIII conde de Oropesa, austracista, que tras un periodo de apartamiento había vuelto al poder el año anterior en medio de una campaña de descrédito en pasquines y libelos e incluso alguna obra de teatro como El esclavo en grillos de oro, de Francisco Bances Candamo. No fue reemplazado por el cardenal Portocarrero, destacado personaje del partido opuesto borbónico, pues, aunque se le ofreció la presidencia del Consejo de Castilla, no la aceptó y se le otorgó a don Manuel Arias, Comendador de Malta, cercano al Primado y amigo de Ronquillo y Monterrey. También fue depuesto el corregidor de Madrid, Francisco de Vargas Lezama, siendo sustituido por Francisco Ronquillo, otro miembro del partido opositor borbónico, que durante los disturbios había actuado como intermediario de las reclamaciones de la multitud, siendo llamado y vitoreado por ésta. Circuló una décima anónima después del motín que denuncia el malestar que originó estos hechos: Millones, sisa, alcabala / y otras mil imposiciones / dan de comer a ladrones. / Y es, señor, vergüenza mala, / que un reino, con quien no iguala / ninguno, aunque más le sobre, / se vea mendigo y pobre. Las consecuencias para los amotinados fueron nulas, pues apenas hubo castigos, pero como señala Teófanes Egido (1980):
Pero el hecho trascendió y fue más allá de solo un cambio de gobierno: también supuso un cambio de heredero y de dinastía reinante. Muerto Carlos II de España al año siguiente, Felipe de Anjou fue coronado como el rey Felipe V de España y se inició la guerra de Sucesión española. |























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