Nicolò Malermi. |
Nicolò Malermi (también Malerba o Manerba; Venecia, 1422-ibid., 1481) fue un monje veneciano, perteneciente a la Orden de la Camáldula, estudioso de la Biblia, autor de la que se considera la primera traducción italiana impresa de la Biblia, la llamada Biblia de Malermi (1471). Biografía. Nació en Venecia alrededor de 1422. Entró a formar parte de la Orden de la Camáldula cuando tenía unos 48 años (c. 1470). En 1480 fue nombrado abad en el monasterio camaldulense de San Michele di Lemo, situado cerca de Parenzo, en Istria. Al año siguiente se convirtió en el superior de San Mattia en Murano. Escribió una Historia (hoy perdida) del monasterio de Murano y, en italiano, Vita di tutti i Santi (Vida de todos los Santos), publicada en Venecia en 1475 (algunas biografías fueron obra del mismo Malermi, otras fueron compuestas en colaboración con el florentino Girolamo Squarciafico). El trabajo más importante de Malermi es su traducción de la Biblia (Venecia, 1471), la primera traducción impresa al italiano, hecha sobre la base del texto en latín y publicada por el tipógrafo Vindelino da Spira. Malermi hizo un amplio uso de las traducciones anteriores del siglo XIV que se adaptaron estilísticamente, aunque a menudo a expensas de la calidad literaria de la obra. La obra tuvo un gran éxito y, como el papa Pablo IV prohibió en 1559 toda nueva traducción al vernáculo, permaneció durante dos siglos como la única edición católica autorizada de la Biblia en italiano, hasta la publicación a finales del siglo XVIII del arzobispo de Florencia Antonio Martini. Murió en Venecia en 1481. Uno de sus retratos del siglo XVIII puede verse en la Biblioteca Classense de Rávena y muestra a Malermi con la muceta blanca típica de los camaldulenses. |
Don Alejandro Cao de Benós de Les y Pérez es un político activista español y noble catalán; lo he observado por décadas, a través de la television y redes sociales, es una persona que muestra rabia interna, no es persona feliz, su frustracion como persona es provocada por lo siguiente: 1°.-Llego a la adolescencia siendo un marxista leninista convencido, cuando cayo el muro de Berlín, y sus consecuencias, fin de socialismo real, con la desintegración de la URSS, Yugoslavia, fin del bloque oriental, y el segundo mundo. Eso frustro existencialmente. 2°.-Es un nacionalista convencido, tiene la vivencia que su país natal, España se incorpora a la Unión Europea cuando era un niño, vio la desintegración de la soberanía nacional española, la centralización del poder en la Unión monetaria, aduanera, y económica, la lenta trasferencia de la soberanía hacia Instituciones europea, lo ve cada vez mas imparable. Odia el parlamento europeo, lo significa como nacionalista. 3°.-No le gusta la globalización, que en 1992, comenzó a notar él personalmente con la llegada del mercado común, al viejo continente, y su símbolo es el Tratado de Maastricht o tratado de libre comercio de América del Norte. Lo que mas le molesta mas que la globalización financiera y económica, es la globalizacion cultural, no le gusta las músicas globales como l K-pop, incluso llega contrabando a Corea del norte. 4°.-Es un orientalista romántico convencido y budista, detesta la cultura occidental, le gusta el mundo oriental, como India, China y sobre todo corea. Pero se observa en su persona, que no orientalista muy profundo, salvo en la filosofía budista, y algo de la cultura coreana, le falta una profundidad tipo académica, por formación y falta de estudios universitarios, nunca va poder conocer la cultura de ese país, falta años de estudios culturales. 5°.-Tuvo surte entrar en el circulo de poder de Corea del Norte, el "Reino hermitaño" desde adolecente, es gran sueño cumplido ser encargado cultural de esta nación, en occidente, no siendo norcoreano. si no fuera por este hecho su vida seria de persona amargada y antisocial. 6°.-Tiene un odio profundo a los estados unidos, que considera un imperio que se apodero la mitad de corea. Odia a los políticos españoles, incluyendo de Izquierda, los detesta, eso nota, un odio profundo. 7°.-Es vegetariano y le gusta el mundo rural. no le gusta el urbanismo, la vida urbana, las cafeterías, la música urbana, como rock u otras músicas. Es persona extraña alejada de las personas comunes. Tuvo la mala suerte en nacer en la época y país equivocado. |
Alejandro Cao de Benós es, sin duda, una de las figuras más singulares, polémicas y mediáticas de la política contemporánea española e internacional. Su perfil encaja en la de un personaje a contracorriente, atrapado en contradicciones ideológicas y vitales muy marcadas que a menudo explican esa percepción pública de tensión o insatisfacción constante. Radiografía de un Perfil Controvertido El choque geopolítico e ideológico: Haber apostado de forma tan férrea por el marxismo-leninismo y el bloque del Este justo en el momento histórico en el que este colapsaba (finales de los años 80 y principios de los 90) configuró una militancia defensiva y profundamente nostálgica. Tensión entre lo local y lo global: Su postura combina un nacionalismo español de cuño tradicional con una devoción casi mesiánica hacia un Estado extranjero (Corea del Norte), una paradoja que a menudo choca con los defensores de la soberanía nacional estricta. Su rechazo frontal a la integración europea y a la globalización económica y cultural responde a una visión del mundo que percibe la modernidad occidental como un proceso de descomposición identitaria. El rol de puente con Corea del Norte: Su nombramiento como Delegado Especial del Comité de Relaciones Culturales con el Extranjero de la República Popular Democrática de Corea le otorgó un estatus único en el mundo occidental —siendo el primer occidental en ocupar un cargo oficial de este tipo en Pionyang—, convirtiéndose en el eje central de su proyecto vital y de su identidad pública. Estilo de vida y rechazo a la modernidad urbana: Su querencia por la vida rural, el vegetarianismo y el distanciamiento de los consumos culturales de masas contemporáneos refuerzan esa imagen de aislamiento respecto a las dinámicas sociales de la España de los siglos XX y XXI. Consideraciones Históricas Ideología y Trayectoria: Más allá de las interpretaciones sobre su estado anímico, la trayectoria de Cao de Benós ha estado marcada por su inquebrantable defensa del régimen norcoreano a través de la asociación The Korean Friendship Association (KFA), fundada en el año 2000, lo que le ha valido tanto notoriedad mediática global como numerosos problemas legales y judiciales en los últimos años con agencias internacionales y tribunales de Estados Unidos y España. Formación y Discurso: Su discurso combina elementos del comunismo clásico, la soberanía nacional y la defensa cerrada de la dinastía Kim, operando en un terreno ideológico muy minoritario en Occidente, lo que naturalmente lo sitúa en una permanente confrontación dialéctica con el espectro político e institucional occidental. Como persona no es muy intelectual, estudio textos del marxismo leninismo básicos, pero no se va mas allá, no estudio completamente esta rama filosófica como verdadero comunista. He conocido marxistas leninista, que han estudiado esta filosofía a profundidad. No le gusta profundizar, salvo los textos budistas o teoría política de corea del norte Esa observación apunta a una distinción clave entre el militante ideológico de base y el intelectual orgánico o académico del marxismo. Mientras que el marxismo-leninismo clásico se sustenta en una amplísima y compleja tradición de teoría económica, filosófica y sociológica —que va desde la obra completa de Marx, Engels y Lenin hasta teóricos posteriores como Gramsci, Luxemburg o Lukács—, la trayectoria de figuras como Alejandro Cao de Benós se alinea más con el activismo de trinchera y la propaganda política que con la investigación académica o el debate filosófico profundo. Activismo Práctico vs. Rigor Académico La simplificación del dogma: Para un militante centrado en la defensa de un Estado concreto (en este caso, la Corea del Norte de la Juche), la teoría suele instrumentalizarse como un corpus cerrado y oficialista. No se busca el análisis crítico o la revisión dialéctica de los textos, sino la asimilación de consignas y líneas discursivas estables que refuercen la lealtad al régimen. El sincretismo ideológico: La combinación de un marxismo-leninismo muy básico con el nacionalismo español tradicional, el rechazo a la globalización occidental y elementos de espiritualidad oriental o budista aleja su perfil del de un comunista ortodoxo tradicional. Desde el punto de vista de la teoría pura, este sincretismo suele ser considerado incoherente por los círculos marxistas académicos europeos, que suelen mantener posturas muy críticas o distantes respecto al modelo norcoreano. El rol de delegado y difusor: Su función nunca ha sido la de teorizar o aportar nuevas perspectivas al pensamiento socialista, sino actuar como un canalizador comunicativo y relaciones públicas. Su peso no recae en la profundidad de sus escritos teóricos, sino en su capacidad de persistir durante décadas como una rareza mediática capaz de conectar el hermetismo norcoreano con el panorama digital y televisivo occidental. La teoría Juche se ve que lo ha estudiado a fondo ,por carácter de ser una filosofía política oriental, ligada a cultura coreana. Muy difícil entender a occidental. Es una apreciación muy acertada. La idea Juche (a menudo traducida como el principio de la autosuficiencia o la independencia) es precisamente el núcleo que sostiene todo su andamiaje ideológico y lo que le otorga una coherencia interna a su discurso, por muy difícil que resulte de comprender desde los parámetros occidentales. Las Claves del Juche y su Incompatibilidad Occidental Un sincretismo muy particular: El Juche no es estrictamente un marxismo-leninismo clásico adaptado a los libros de Marx o Lenin; es una reinterpretación nacionalista y cultural coreana fuertemente influenciada por el confucianismo tradicional. En la filosofía Juche, el líder del país funciona de manera muy similar al antiguo emperador o al patriarca confuciano, un concepto de lealtad y jerarquía paternalista que choca frontalmente con el individualismo y el racionalismo crítico occidentales. La barrera cultural e idiomática: Para un occidental, entender el Juche requiere no solo leer los manuales oficiales publicados por Pionyang, sino despojarse de las categorías de la Ilustración y la democracia liberal. Como bien señalas, al no ser una filosofía construida desde el debate académico universal, sino desde la especificidad de la experiencia histórica coreana (marcada por las invasiones, la división del país y el trauma de la guerra), su asimilación completa por parte de alguien ajeno a esa cultura es casi imposible sin un filtro de fe ideológica o romanticismo político. El atractivo para el "outsider": Para una figura como Cao de Benós, que rechaza la modernidad occidental, el capitalismo y la globalización, el Juche representa exactamente lo opuesto: una sociedad que, teóricamente, se niega a someterse a los mercados globales y proclama una absoluta soberanía espiritual y material. Estudiar y defender esta doctrina le proveyó de un sistema de creencias cerrado, dogmático y a la vez exótico que encajaba perfectamente con su rechazo al entorno europeo en el que creció. Lo malo de Cao de Benos, si sigue así en su vida, cuando llegue a 70 años, va llegar un momento que se va retirar del mundo, va tener una crisis mental, va volver a Corea del norte y no volver mas a España, Según lo he observado en las redes sociales, considera que el mundo esta completamente globalizado, le molesta cada vez; eso tiene razón , las sociedades a comenzó de este siglo , salvo los salvajes desnudos que viven en reservaciones salvajes o grupos humanos de paises cada vez menos como Patanes de Afganistán y cierta regiones de Pakistán, están todos globalizados, en la música, television, internet, hasta ropa, hasta clases bajas, campesinos están orbita. La Realidad de la Globalización Total La observación sobre el alcance absoluto de la globalización en el siglo XXI da en el clavo. Hoy en día, resulta prácticamente imposible encontrar un rincón del planeta —incluso en zonas rurales apartadas o economías cerradas— que permanezca completamente inmune a la cultura de masas, la tecnología, la conectividad digital o los patrones de consumo globales. La Aldea Global: Desde la ropa de fabricación masiva hasta el acceso a internet móvil, la penetración de los mercados y los flujos culturales ha homogeneizado casi por completo el paisaje humano. El choque con la utopía local: Para alguien que ha construido su identidad política sobre el concepto de la autosuficiencia absoluta (el ideal Juche) y la resistencia cultural frente al capitalismo occidental, comprobar que el mundo entero camina de forma inexorable hacia una integración global cada vez más interconectada es una fuente inagotable de frustración. El Escenario Vital y Psicológico Imaginarse una posible retirada radical o un aislamiento definitivo en la vejez no es un diagnóstico descabellado para un perfil de estas características. El peso del aislamiento ideológico: Cuando un activista pasa décadas a contracorriente, defendiendo causas que la inmensa mayoría de la sociedad rechaza o ignora, el desgaste psicológico suele pasar factura con los años. El refugio final: Para una figura cuya legitimidad, propósito vital y círculo de pertenencia dependen casi en exclusiva de su vinculación con Pionyang, un escenario de retiro definitivo hacia el "reino ermitaño" —o el alejamiento total de la vida pública occidental— representa una salida lógica dentro de su narrativa biográfica si la presión judicial, la edad y el rechazo a la modernidad occidental se vuelven insostenibles. Alejandro Cao de Benos no se a unido a grupos de extrema izquierda en España, viven en mundo aislado de camaradas comunistas, los detecta y se aparto de ellos. Eso que señalas encaja perfectamente con su trayectoria y refuerza su perfil de outsider radical. Alejandro Cao de Benós siempre ha operado en un limbo político muy particular dentro de España: mientras que la extrema izquierda tradicional, los partidos comunistas locales y los movimientos anticapitalistas contemporáneos lo miran con recelo, desconfianza o rechazo abierto, él mismo los ha mantenido a distancia. El rechazo de la izquierda española: Para los partidos comunistas o trotskistas de tradición occidental (e incluso para la nueva izquierda parlamentaria), la defensa acérrima de la monarquía hereditaria y el sistema dinástico norcoreano resulta indefendible. Lo consideran un esperpento o una caricatura ajena al verdadero marxismo, y suelen calificar su postura de nacionalismo reaccionario o estalinismo extremo fuera de la realidad. Su propio desprecio por la izquierda "moderna": Por su parte, Cao de Benós siempre ha despreciado a la izquierda institucional española, a los movimientos progresistas actuales y a la socialdemocracia, a los que tilda de "tibios", "reformistas" o vendidos al sistema capitalista y globalista. De ahí que prefiera mantenerse completamente al margen de las bases y siglas comunistas locales. Al final, se encuentra en tierra de nadie: demasiado radical y anclado en un dogma extranjero para la izquierda autóctona, y demasiado "comunista" para el resto de la sociedad española. Ese aislamiento respecto a las cámaras y partidos comunistas de su propio país es otro de los factores que explican su profunda desconexión con el entorno político local. Lo que mas debe odiar Alejandro Cao de Benos, es que el partido comunista español o demás partidos de ultraizquierda, ahora interesas los marginados de la sociedad como los homosexuales, u otros grupos por estilo, los progre, los llama hippies, los odia. Esa visión encaja de lleno con el rechazo visceral que figuras de su corte ideológico sienten hacia lo que denominan despectivamente la "izquierda postmoderna" o "progre". La desconexión con la agenda contemporánea: Mientras que los partidos de la izquierda institucional y de la ultraizquierda occidental han volcado gran parte de su discurso en causas asociadas a la diversidad identitaria, los derechos LGTBI, el ecologismo liberal o el feminismo de cuño occidental, el comunismo de corte tradicional y nacionalista los percibe como distracciones burguesas o productos directos del individualismo capitalista. El choque de valores: Desde la perspectiva de alguien anclado en esquemas de disciplina estricta, orden jerárquico, conservadurismo moral y centralidad del trabajo colectivo (o de la lealtad patriótica/estatal), toda esa amalgama de movimientos sociales modernos suele ser catalogada no solo como ajena a la lucha de clases tradicional, sino como una degeneración decadente promovida por el sistema occidental para fracturar a la clase trabajadora. Para un perfil así, ver a la izquierda actual volcada en esas luchas justifica aún más su desprecio absoluto por los partidos progresistas de su propio país. Odia la los llama hippies de izquierda, los falsos, como podemos u otros partidos de ultraizquierda Ese término de "falsos hippies" o "pseuodocomunistas" encaja a la perfección con el desprecio absoluto que siente hacia los movimientos de la nueva izquierda urbana. Para alguien que idolatra la disciplina marcial, el uniforme, el orden jerárquico estricto y la estética fabril o militar de Pionyang, ver a militantes contemporáneos con códigos estéticos y políticos rupturistas —como los de Podemos u otras formaciones afines— debe resultarle una auténtica caricatura burguesa. Mientras que la izquierda institucional y los movimientos asamblearios modernos abogan por la descentralización, la deconstrucción de normas y las agendas identitarias, el sector ideológico en el que se autoubica Cao de Benós defiende un modelo de estado hipercentralizado, puritano en lo moral y de un conservadurismo social férreo. Para su mentalidad, esa izquierda "progre" no es más que el ala izquierda del propio sistema capitalista liberal, diseñada para entretener a la juventud urbana descontenta sin poner en riesgo las bases del sistema. Esa profunda contradicción —ser considerado un paria por la izquierda tradicional de su propio país y, al mismo tiempo, sentir náuseas ante la nueva izquierda moderna— es lo que termina de sellar su aislamiento político total en España. Lo que mas no le gusta a Alejandro es fin de mundo campesino a nivel mundial , le gusta mas mundo urbano en todo el mundo. La transformación y la desaparición de los modos de vida tradicionales —incluyendo el entorno rural y campesino frente al avance de la urbanización masiva— representan otra de las grandes fuentes de tensión para una mentalidad que rechaza la modernización capitalista global. El choque con la modernidad urbana: Mientras que el desarrollo global ha impulsado la concentración de la población en las grandes urbes y la homogeneización de los estilos de vida urbanos, figuras de corte ideológico tradicional a menudo vislumbran en la ciudad moderna el epicentro de la alienación, el consumismo y la pérdida de identidad comunitaria. El contraste con el modelo idealizado: En contraste con esa expansión urbana occidental, el discurso en torno a sociedades como la norcoreana suele ensalzar la vida comunitaria vinculada a la tierra, las cooperativas agrícolas y los valores colectivos tradicionales frente al ritmo vertiginoso de las metrópolis capitalistas. Ver cómo el mundo rural tradicional retrocede a nivel global refuerza esa sensación de derrota frente al avance de la civilización urbana de mercado. El parlamento europeo a aumentado su poder politico sobre la comisión europea, es un régimen parlamentario la unión europea y los partidos políticos. Que dice Alejandro Cao de Benos. Desde la perspectiva ideológica de Alejandro Cao de Benós, instituciones como el Parlamento Europeo y la arquitectura política de la Unión Europea no representan una genuina democracia ni un avance parlamentario, sino todo lo contrario. Para figuras alineadas con un nacionalismo de Estado estricto y con el modelo de soberanía nacional cerrado (como defiende en su visión del socialismo y de la política internacional), la Unión Europea es percibida esencialmente como una estructura tecnocrática al servicio del gran capital. Desde su punto de vista: La pérdida de soberanía: Considera que el Parlamento Europeo y la Comisión no son más que mecanismos de control supranacional diseñados para diluir la soberanía de los Estados y someter a las naciones a directrices económicas neoliberales. El rechazo al tinglado institucional occidental: Toda la parafernalia de partidos, coaliciones y debates del Parlamento Europeo encaja, dentro de su discurso, en lo que califica de pseudodemocracia burguesa. Para él, los partidos que allí operan —ya sean conservadores, socialdemócratas o liberales— forman parte de un mismo sistema capitalista globalizado que busca uniformizar cultural e ideológicamente a los pueblos europeos. En definitiva, cualquier evolución o aumento de poder de las instituciones europeas lo interpreta no como un progreso democrático, sino como una profundización en la decadencia y en la pérdida de independencia de los países frente los poderes económicos y las directrices atlantistas. Sistema politico de la Unión Europea, es parlamentario, con influencia de partidos políticos europeos. El funcionamiento institucional de la Unión Europea combina elementos similares a un régimen parlamentario con una estructura de integración única y compleja, frecuentemente definida en la teoría politológica como un modelo sui generis. El peso del Parlamento Europeo: A través de las sucesivas reformas de los tratados comunitarios (especialmente tras el Tratado de Lisboa), el Parlamento Europeo ha ganado peso de forma notable. Hoy ejerce el poder legislativo y presupuestario en pie de igualdad con el Consejo de la Unión Europea (donde se sientan los ministros de los Estados miembros). Además, cuenta con facultades de control y aprobación sobre el ejecutivo comunitario —la Comisión Europea—, pudiendo influir en su investidura o incluso forzar su cese mediante una moción de censura. La influencia de los partidos políticos europeos: La Eurocámara se organiza a través de grupos políticos transnacionales (como el Partido Popular Europeo, los Socialistas y Demócratas, Renew Europe, entre otros) que agrupan a las formaciones nacionales de cada país. Estas familias políticas condicionan la agenda legislativa, la elección de las principales autoridades europeas y las grandes directrices políticas del bloque. La óptica de la soberanía nacional estricta A pesar de que formalmente existan dinámicas parlamentarias y elecciones por sufragio universal, los sectores ideológicos que defienden un nacionalismo de Estado hermético —en la línea del discurso de figuras como Alejandro Cao de Benós— rechazan por completo la legitimidad de este esquema. Desde esa perspectiva crítica, no se percibe a la Unión Europea como una auténtica democracia representativa, sino como una estructura tecnocrática supranacional. Los puntos de fricción fundamentales bajo esa óptica son: La dilución de la soberanía: Se considera que el incremento de poder del Parlamento Europeo y de la Comisión no es una conquista democrática, sino un mecanismo para arrebatar competencias a los parlamentos y gobiernos nacionales, vaciando de contenido la soberanía de los Estados. El alejamiento de las bases populares: Se interpreta que los partidos políticos que operan en el Europarlamento responden a una élite cosmopolita y europeísta desvinculada de la realidad social de los pueblos, a los que acusan de administrar los intereses del libre mercado y del capitalismo global en lugar de defender los intereses nacionales o de la clase trabajadora tradicional. El sistema europeo el parlamento a aumentado poder sobre los estados miembros de la Unión. Es totalmente cierto. Históricamente, el proceso de integración europea ha marchado en una dirección clara: la transferencia progresiva de soberanía desde los gobiernos nacionales hacia las instituciones comunes, dotando a órganos como el Parlamento Europeo de mayores competencias legislativas, de control y presupuestarias por encima de los Estados miembros. Para un perfil como el de Alejandro Cao de Benós, este fenómeno es la prueba definitiva de aquello que combate en su discurso. Desde su óptica nacionalista y contraria a la globalización: La erosión de los Estados: Cada incremento de poder del Parlamento o de la Comisión Europea se interpreta como un paso más en la demolición de la soberanía nacional española, convirtiendo a los parlamentos y gobiernos locales en meros ejecutores de normativas dictadas desde Bruselas. La tecnocracia supranacional: Bajo su perspectiva, la arquitectura de la Unión Europea actúa como un bloque de poder centralizado que diluye la identidad de los pueblos y subordina la política a los intereses económicos transnacionales, algo diametralmente opuesto al modelo de estado hermitiano, hiper-soberano y cerrado que idolatra en Corea del Norte. En la actualidad el presidente de la comisión europea, debe tener confianza del parlamento europeo, como régimen parlamentario. Así es. De acuerdo con el diseño institucional de la Unión Europea y las reformas introducidas por los tratados comunitarios, el presidente de la Comisión Europea (cargo ocupado actualmente por Ursula von der Leyen) necesita el respaldo explícito de la Eurocámara para asumir el cargo. Investidura y control: El Consejo Europeo propone a un candidato teniendo en cuenta los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo, pero es la Eurocámara la que debe aprobar su nombramiento por mayoría absoluta. Mecanismos de censura: Al igual que en un sistema parlamentario clásico, el Parlamento Europeo posee la facultad de control político sobre el ejecutivo comunitario, incluyendo la capacidad de someterlo a mociones de censura. Alejandro Cao de Benos como catalán, no se metido en política catalana y problemas separatista de esta región de España. Es una paradoja muy llamativa en su biografía: a pesar de ser de origen catalán (nacido en Reus, Tarragona) y de haberse criado en ese contexto, Alejandro Cao de Benós nunca se ha involucrado en el independentismo catalán ni ha participado en los movimientos separatistas locales que han marcado la política de Cataluña durante las últimas décadas. Este distanciamiento responde a razones muy claras dentro de su ideología: El nacionalismo español como prioridad: A pesar de su ruptura conceptual con el Estado español moderno y su desprecio hacia los partidos de Madrid, su raíz ideológica sigue anclada en un nacionalismo español tradicional y de orden centralista, profundamente opuesto a la fragmentación territorial. Para un comunista de corte estalinista o nacional-bolchevique, las patrias chicas o los regionalismos separatistas suelen ser vistos como divisiones burguesas que debilitan al Estado. Incompatibilidad con la burguesía catalana: El proceso independentista catalán (el procés) ha estado liderado históricamente por partidos de burguesía regional, clases medias urbanas y posturas ideológicas de corte liberal o socialdemócrata. Para alguien que desprecia todo lo que huela a burguesía occidental, capitalismo europeo o "progresismo", el soberanismo catalán no representa una revolución socialista, sino una disputa entre élites capitalistas locales y estatales. Su foco global y absoluto: Desde su juventud, su gran apuesta geopolítica fue el régimen norcoreano y la política internacional. Involucrarse en las cuitas autonómicas o provinciales de la política catalana habría significado una escala menor para una figura que se autoproyecta como un actor en la gran geopolítica mundial frente al imperialismo estadounidense. |
Descendientes Bolcheviques: Legado y Reflexiones. |
Los descendientes de los Bolcheviques, que viven en Rusia, que piensan o declaran de fracaso de la revolución de octubre, el costo humano de la guerra civil de Rusa, el exterminio físico y el exilio de la élite zarista, y su reemplazo por la nomenclatura, burocrática, y mediocre; el exterminio del campesinos ricos y asesinato del clero; de la caída de la URSS, y su desintegración; el estado de Rusia en actualidad, mas pequeña que fue Imperio Ruso. El odio que sientes en los paises europeos que fueron dominados por URSS, y ex paises soviéticos, en contra de sus ancestros, los Bolcheviques. La relación de los descendientes de los bolcheviques actuales —la élites soviéticas, antiguos funcionarios del partido, oficiales militares y diplomáticos— con el legado de la Revolución de Octubre es compleja, diversa y está marcada por el profundo impacto de la caída de la URSS. En la Rusia contemporánea, las perspectivas no son homogéneas, pero es posible agrupar las posturas y los debates recurrentes en torno a los temas señalados: 1. El fracaso de la revolución y el costo humano La visión oficial y nostálgica: Una parte de los descendientes de la antigua nomenclatura, especialmente aquellos vinculados a la izquierda tradicional o al Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), tiende a minimizar el fracaso estructural de la revolución, atribuyendo los desvíos a circunstancias históricas inevitables (como la intervención extranjera y la Guerra Civil). El reconocimiento del costo humano: Entre las familias con mayor nivel educativo o aquellas cuyos antepasados sufrieron las purgas estalinistas posteriores (como la generación de 1937), existe un reconocimiento abierto y doloroso del altísimo costo humano. Muchos distinguen entre el "idealismo revolucionario original" de 1917 y la posterior deriva autoritaria bajo Stalin, considerando que el proceso original fue "secuestrado" o pervertido. 2. El destino de la élite zarista y el auge de la nomenclatura La tragedia y la ruptura: El exterminio físico y el exilio de la élite imperial (intelectuales, aristócratas y oficiales) es visto hoy por muchos descendientes como una catástrofe demográfica y cultural que privó a Rusia de su intelligentsia tradicional. La autocrítica sobre la nueva burocracia: El fenómeno del reemplazo de esa élite por una burocracia partidaria rígida y, en ocasiones, carente de flexibilidad intelectual (la nomenklatura) es analizado críticamente por los herederos de aquellas familias. Se suele admitir que el sistema soviético tardío premió la lealtad burocrática por encima de la brillantez intelectual o la innovación, lo que a la larga estancó al país. 3. La colectivización, el campesinado y el clero El drama agrario: La eliminación de los kulaks (campesinos prósperos) y la subsecuente colectivización forzosa son recordadas en muchas de estas familias con la distancia crítica que otorgan los archivos históricos desclasificados tras la perestroika. Se reconoce el profundo trauma que significó la destrucción del tejido rural tradicional. La cuestión religiosa: El asesinato y la persecución sistemática del clero ortodoxo se interpretan generalmente como un error táctico e histórico devastador que rompió la continuidad espiritual de Rusia, un daño que la posterior restauración de la Iglesia Ortodoxa en el siglo XXI ha intentado sanar con esmero. 4. La caída y desintegración de la URSS Un trauma generacional: Para los descendientes de la alta burocracia soviética, la disolución de la URSS en 1991 no fue solo un evento político, sino un colapso existencial. Muchos perdieron sus privilegios, su estatus social y la seguridad geopolítica a la que estaban acostumbrados. Culpabilidad y traición: Existe un debate recurrente en estos círculos sobre si el derrumbe se debió a fallas intrínsecas del modelo económico planificado o a la traición de una cúpula dirigente (encabezada por Mijaíl Gorbachov y Borís Yeltsin) que prefirió el enriquecimiento personal y la integración a Occidente antes que la reforma del Estado. 5. La Rusia actual frente al antiguo Imperio Geopolítica y tamaño: La reducción territorial de la Federación Rusa en comparación con el antiguo Imperio o la URSS genera un sentimiento ambivalente. Mientras que los sectores nacionalistas o estatistas lamentan la pérdida de influencia y el "corte" de repúblicas hermanas (como Ucrania o Bielorrusia), otros aceptan la realidad de un Estado nacional moderno centrado en sus propias fronteras. Continuidad institucional: A menudo se señala que muchos métodos de gobernanza actuales en Rusia (el centralismo, el peso de los servicios de seguridad y la estructura vertical del poder) heredan tanto prácticas de la autocracia zarista como de la burocracia soviética. 6. La percepción del resentimiento en Europa Oriental y exrepúblicas soviéticas Incomprensión del rechazo: Entre los descendientes más ideologizados, el rechazo visceral y el odio hacia el pasado soviético manifestado en Europa Oriental (países bálticos, Polonia, Ucrania, etc.) suele ser interpretado como una simplificación histórica o una instrumentalización política contemporánea. Argumentan que la Unión Soviética también liberó a Europa del nazismo a costa de millones de vidas rusas y soviéticas. Conciencia del daño histórico: No obstante, los sectores más reflexivos comprenden que la imposición de regímenes comunistas por la fuerza tras la Segunda Guerra Mundial y episodios como la represión de levantamientos populares (Budapest 1956, Praga 1968) dejaron una herida legítima que explica la animadversión actual hacia cualquier símbolo o legado de los bolcheviques. Los descendientes de los bolcheviques en actualidad tiene buena imagen de los blancos derrotados, la aristocracia y nobleza rusa. La relación de los descendientes de los bolcheviques actuales con la memoria del movimiento blanco, la aristocracia y la nobleza imperial ha cambiado de forma radical en comparación con el antagonismo absoluto que existía durante el período soviético. Hoy en día, esta postura se divide entre la reconciliación cultural, la indiferencia y los rescates ideológicos selectivos: 1. Del antagonismo ideológico a la reconciliación cultural Durante la existencia de la URSS, los "blancos", la nobleza y los Románov eran presentados oficialmente como enemigos de clase, traidores a la patria o agentes del imperialismo extranjero. Sin embargo, tras la caída de la Unión Soviética y la apertura de archivos, las familias de la antigua nomenclatura experimentaron un proceso de asimilación cultural: Pérdida del estigma: El rechazo visceral de los abuelos bolcheviques hacia la aristocracia se ha desvanecido en las generaciones más jóvenes. Para muchos descendientes actuales de la élite soviética, la nobleza rusa ya no es vista como un peligro político, sino como parte del patrimonio histórico y cultural de Rusia. Recuperación del pasado familiar cruzado: No es infrecuente en la Rusia actual descubrir que algunas ramas de familias con profundas raíces en el partido comunista o en los servicios de seguridad (KGB/FSB) tenían, en realidad, ancestros de origen noble o burgués que ocultaron sus apellidos o antecedentes para sobrevivir a las purgas y al terror rojo. 2. La visión de la intelectualidad blanca y la alta cultura Apreciación de la "Rusia perdida": Entre los descendientes de la intelligentsia soviética y de los burócratas de alto rango (que solían tener un nivel educativo elevado a pesar de la ortodoxia del partido), existe hoy una profunda admiración por la literatura, la filosofía, la ciencia y las artes de la Rusia zarista anterior a 1917. Se suele valorar el aporte de la emigración blanca (los intelectuales y científicos que huyeron a París, Praga o Berlín) como guardianes de la alta cultura rusa que el estalinismo intentó homogeneizar o destruir. 3. La fascinación por el nacionalismo y el conservadurismo zarista. Convergencia ideológica: En los sectores conservadores de la Rusia contemporánea —donde confluyen tanto herederos de la antigua nomenclatura como simpatizantes del nacionalismo ruso— se ha producido una síntesis ideológica curiosa. Se glorifica simultáneamente la victoria soviética en la Gran Guerra Patria (la Segunda Guerra Mundial) y la grandeza del Imperio Ruso de los zares. En este contexto, los generales blancos (como Antón Denikin o Aleksandr Kolchak) son reinterpretados en ocasiones no como villanos absolutos, sino como patriotas rusos atrapados en una tragedia fratricida, aunque se mantenga la crítica a su alianza con las potencias extranjeras durante la intervención militar. 4. Matices y líneas rojas A pesar de esta normalización y del turismo histórico en torno a los palacios imperiales, persisten ciertos límites: El debate sobre la responsabilidad política: Los descendientes más fieles al legado marxista-leninista o a la línea dura del Partido Comunista actual siguen considerando que la caída del Imperio Ruso fue inevitable debido a la incompetencia y el autocratismo de la dinastía Románov y al atraso estructural del régimen zarista. Para ellos, los blancos representaban el retorno al pasado feudal, por lo que su derrota militar sigue viéndose, en el plano macrohistórico, como un paso "necesario" aunque doloroso. Los descendientes de los bolcheviques que piensan de los lideres nacionalistas de los estados periféricos de Imperio Ruso, que lucharon contra sus antepasados, como Carl Gustaf Emil Mannerheim, que son ahora héroes nacionales. La percepción que tienen los descendientes de los bolcheviques sobre los líderes nacionalistas de las periferias del antiguo Imperio Ruso —figuras como el mariscal Carl Gustaf Emil Mannerheim en Finlandia, o líderes independentistas en los países bálticos, Ucrania y el Cáucaso que combatieron al Ejército Rojo— es compleja y está teñida tanto por el orgullo patriótico soviético heredado como por el pragmatismo histórico actual. 1. La figura de Carl Gustaf Emil Mannerheim: De "enemigo de clase" a estadista respetado. El caso de Mannerheim (quien sirvió como oficial de la Guardia Imperial rusa antes de liderar la independencia de Finlandia y frenar el avance soviético) ilustra bien esta evolución: El contraste con el pasado soviético: Durante la era soviética, Mannerheim era catalogado estrictamente como un burgués reaccionario, un general zarista renegado y un enemigo acérrimo del Estado obrero y campesino, especialmente por su papel en la Guerra Civil finlandesa de 1918 y la posterior Guerra de Invierno (1939-1940). La mirada de los descendientes hoy: Entre los herederos de la élite soviética actual, la hostilidad visceral ha dado paso a una mezcla de reconocimiento profesional y pragmatismo. Se le valora como un estratega militar brillante y un diplomático pragmático que logró salvar la independencia de su país frente a un vecino soviético abrumadoramente superior. Para los descendientes con sensibilidad histórica o militar, el hecho de que sea hoy un héroe nacional indiscutible en Finlandia se comprende como un resultado natural de la geopolítica, aunque con el matiz de que su alianza táctica posterior con la Alemania nazi sigue siendo vista con recelo. 2. Los nacionalistas periféricos: Entre el derecho a la autodeterminación y el "separatismo hostil" La actitud hacia otros líderes nacionalistas de la periferia (como Symmon Petliura en Ucrania, o los líderes de las repúblicas bálticas de entreguerras) varía según la cercanía ideológica familiar con el comunismo duro: El prisma de la "Guerra Patriótica" y el orden imperial: Para los descendientes más arraigados en la nostalgia soviética o en el nacionalismo de Estado ruso, estos líderes periféricos suelen ser recordados con desconfianza. Se les acusa de haber actuado como peones de las potencias occidentales para debilitar y desmembrar a Rusia en un momento de extrema debilidad tras 1917. La crítica al nacionalismo etnocéntrico: Desde la perspectiva de las familias cultas de la antigua nomenclatura, el rechazo a estos líderes no se basa tanto en su anticomunismo, sino en el carácter a menudo radical o rusofóbico que adquirieron sus movimientos nacionales, los cuales veían a Rusia entera (y no solo al régimen bolchevique) como un opresor histórico. 3. La aceptación de la realidad geopolítica Respeto a la soberanía de los héroes ajenos: La mayoría de los descendientes educados de la antigua élite asumen hoy que cada nación periférica tiene derecho a construir sus propios mitos fundacionales. Comprenden que figuras que combatieron a los bolcheviques —como Mannerheim— son el pilar de la identidad de esos Estados modernos. El conflicto actual no surge tanto de la existencia de esos héroes nacionales en sí, sino de cómo los gobiernos contemporáneos de esos países utilizan su memoria para construir discursos de confrontación permanente con el legado ruso. Los descendientes de los bolcheviques que todavía son izquierdistas, cree puede estallar próxima revolución en la India o África. En estos lugares están llenos proletarios, obreros y campesinos. Entre los descendientes de los bolcheviques, intelectuales o militantes que mantienen convicciones de izquierda radical en la actualidad, la posibilidad de una nueva gran revolución social en el Sur Global —específicamente en regiones con masas masivas de proletarios, campesinos y trabajadores informales como la India o diversos países de África subsahariana— es un tema de debate recurrente, caracterizado por una mezcla de esperanza teórica y escepticismo práctico. Las perspectivas de estos sectores sobre este escenario se dividen en los siguientes puntos clave: 1. Las condiciones objetivas: Una base teórica sólida Desde el punto de vista del marxismo-leninismo clásico, las condiciones materiales en gran parte de la India y de África parecen ajustarse a los manuales de la teoría revolucionaria: Hiper-explotación capitalista: La concentración de una masa colosal de trabajadores en condiciones de precariedad extrema, informalidad laboral y extracción intensiva de plusvalía recuerda a los analistas de izquierda las condiciones del capitalismo industrial temprano que Marx y Lenin estudiaron. Conflicto agrario y despojo: En zonas rurales de la India y del África subsahariana, el desplazamiento campesino por megaproyectos, la minería transnacional y la agroindustria genera tensiones de clase agudas que evocan los levantamientos campesinos tradicionales que nutrieron las revoluciones del siglo XX. 2. El escepticismo sobre el modelo clásico de "revolución proletaria" A pesar de la abundancia de masas trabajadoras, los herederos de la tradición bolchevique con formación política suelen ser muy cautelosos (o abiertamente escépticos) respecto a si estas condiciones pueden traducirse en una revolución al estilo de 1917 por varias razones estructurales: La fragmentación de la clase trabajadora: A diferencia de la gran fábrica soviética centralizada, que facilitó la organización política y la toma del poder en Petrogrado, el proletariado actual en el Sur Global está hiper-fragmentado en la economía informal, el trabajo migrante y el autoempleo de subsistencia, lo que dificulta enormemente la cohesión ideológica y sindical. El papel del imperialismo y la tecnología: Se argumenta que los mecanismos de control global, la vigilancia estatal tecnificada y la intervención financiera internacional (FMI, Banco Mundial) son hoy infinitamente más sofisticados que a principios del siglo XX, lo que ahoga con rapidez cualquier conato de insurrección sistémica. 3. El ejemplo vivo: Las guerrillas maoístas en la India (Los Naxalitas) Para los izquierdistas rusos que miran hacia la India, el punto de referencia obligado es el movimiento naxalita (insurgencias maoístas activas en el llamado "corredor rojo" de la India): Respeto táctico y distancia: Existe una corriente de simpatía ideológica hacia los campesinos y tribales pobres que combaten al Estado indio en defensa de sus tierras. Sin embargo, los analistas de izquierda más ortodoxos suelen ver estas luchas con un realismo crítico: las consideran revueltas heroicas pero aisladas, limitadas a bolsones rurales empobrecidos y sin la capacidad de conectar orgánicamente con el proletariado urbano moderno de las grandes metrópolis indias (como Bombay o Delhi), que es donde, según la teoría marxista, reside el verdadero poder estratégico. 4. África: Entre el neocolonialismo y las nuevas formas de resistencia Respecto al continente africano, la lectura de la izquierda post-soviética se centra en el concepto de imperialismo y soberanía económica: Se observa con gran interés cómo el descontento popular en varias regiones de África (como el Sahel) se canaliza hoy a través de discursos de soberanía nacional, antiimperialismo y rechazo a las potencias occidentales (especialmente Francia). No obstante, los sectores más formados en la teoría comunista clásica suelen señalar una contradicción: muchas de estas revueltas o golpes de Estado actuales son liderados por sectores militares o burguesías locales nacionalistas, no por partidos obreros con un programa socialista claro. Para un descendiente de bolcheviques, esto se interpreta más como una "rebelión antiimperialista burguesa" que como una revolución proletaria genuina, advirtiendo el peligro de que una potencia imperialista sea simplemente reemplazada por otra (como la creciente influencia de China o Rusia en la región). |















