Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


sábado, 9 de marzo de 2013

El silencio nos libera del ruido mental.-


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 


El silencio nos libera del ruido mental.-


Scherezada Jacqueline Alvear Godoy
Ruido

¿Cómo podía alcanzar aquella paz interior sin pensar, reflexionar, sin leer algo? 


Contaba una joven monja que muy agobiada fue a consultar a su director espiritual: 
“Mire, padre, estoy muy preocupada. Es que, cuando estoy mejor en la capilla, es cuando no hago nada, ni pienso en nada; simplemente estoy”. 
sacerdote sonrió: 
“No se preocupe, hermana, acaba de descubrir el silencio y la dicha de permanecer unos minutos sin ningún tipo de ruido, ni ruido mental ni ruido externo”.
La religiosa no se fue muy convencida.

Y sin embargo, estando así simplemente, saboreaba una quietud y una alegría que nunca hasta entonces había disfrutado.
Vivimos más que nunca ensordecidos por el ruido. Hay un ruido exterior que no para: en el bar, en el coche, en casa, en la calle. La radio, la tele, el móvil, los mensajes, la publicidad nos embotan los sentidos. Pero hay otro ruido interior más peligroso, el de la mente, que runrunea dentro de nosotros desde un personaje que creemos ser y no somos. Te da la tabarra con la culpabilidad del pasado, que ya no existe, y por tanto se convierte en una tortura inútil. O con las preocupaciones de lo que va a venir, un futuro lleno de miedos que nos adelantamos también inútilmente de forma masoquista, porque aún no sabemos realmente cómo será.
La mente siempre nos contamina con sus ruidos, alejándonos de lo que es. Sólo el silencio nos libera de este ruido mental. Pero le tenemos pavor, porque lo identificamos con soledad y vacío, sin apreciar que es una soledad acompañada del Universo y un vacío lleno. Escribe Mario Benedetti:
Qué espléndida laguna es el silencio
allá en la orilla una campana espera
pero nadie se anima a hundir un remo
en el espejo de las aguas quietas.


El silencio nos libera del ruido mental.



Si nada más levantarnos, se enciende la televisión en casa, y se apaga al irnos a la cama; si las noticias, en su mayoría negativas, nos bombardean día y noche; si el teléfono móvil, la publicidad y las redes sociales se han convertido en nuestro cordón umbilical con la vida, vivimos dentro de una nube de ruidos.
Un autor anónimo medieval del siglo XIV escribió un libro titulado La nube del no saber. Es curioso lo moderno que resulta este viejo tratado en rechazo de toda conceptualización, en lo que coincide con el interés que despierta hoy en Occidente la meditación oriental del yoga y el zen. Quizás porque se ha convertido en una urgente necesidad de subsistir.
Se trata de un hecho que va más allá de las religiones e incluso de la fe y la increencia. El silencio interior es la mejor terapia que existe para el ruido mental. Dice la maestra zen Ana María Schlüter que “el silencio es regresar a casa”, es decir, recuperar nuestra identidad que está en el fondo de nuestro ser, sobre el cual hemos echado mucha hojarasca, mucho ruido.

A la gente le da miedo el silencio porque cree que cuando se queda sola consigo misma le van a morder todos sus monstruos interiores. O que no va a conseguirlo por las distracciones y los pensamientos que reaparecen. Hay métodos sencillos como contar respiraciones de diez en diez o repetir una frase o una palabra. Pero el objetivo es intentar, sin tensiones, sortear ese “loro interior” que nos genera nuestro ruido mental e ir conectando con el fondo de nuestro ser, donde estamos bien; quizás porque salimos así de fábrica y poco a poco nos hemos ido estropeando con palizas mentales e identificaciones absurdas: nos centramos en el papel que representamos en la comedia de la vida más que en lo que en el fondo somos.
No deja de ser paradójico, en un mundo hipercomunicado como el nuestro, que la tristeza mayor del hombre provenga de sentirse solo en medio de una multitud, solicitado por millones de signos y sonidos. El silencio interior nos cura del ruido mental porque nos conecta con lo que somos, nos devuelve a la unidad con todo. Mejor lo sintetiza esta hermosa frase de Tagore: 
Pues que se prende en ti el polvo de las palabras muertas, lava tu alma en el silencio”.

PEDRO MIGUEL LAMET
Periodista y escritor



La nube del no saber. libro

La nube del no saber (The Cloud of Unknowing) es una de las obras cumbres de la mística cristiana medieval. Escrita en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIV por un autor anónimo —que se presume fue un monje cartujo—, este tratado se ha consolidado como un clásico universal de la literatura espiritual y de la vía contemplativa.  

Puntos clave del libro

Propósito y enfoque: Está concebido como una guía espiritual dirigida a un discípulo (o a personas con una profunda llamada interior) para enseñarles cómo alcanzar la unión con Dios más allá de los límites del pensamiento racional y el entendimiento discursivo.  
La «Nube del No-Saber» y la «Nube del Olvido»: El autor explica que Dios es infinitamente inaccesible para la mente humana a través del conocimiento ordinario. Para experimentarlo, el alma debe atravesar una "nube del no-saber" (dejando atrás conceptos, imágenes y razonamientos lógicos sobre Dios) y cubrir todas las cosas creadas con una "nube del olvido".  
La vía del amor: Según el texto, aunque Dios no puede ser comprehendido por el intelecto (conocido), sí puede ser alcanzado y abrazado por el amor (sentido). El medio propuesto es un deseo ardiente y puro dirigido hacia Dios.  
La oración silenciosa: Aboga por una oración despojada de artificios, recomendando a menudo el uso de una palabra corta y simple (como "Dios" o "Amor") para mantener la atención enfocada y anclada en la presencia divina frente a la distracción de los pensamientos.  

Estructura: La obra consta de 75 capítulos breves que abordan desde la naturaleza de la contemplación y los grados de la vida cristiana hasta consejos prácticos para evitar falsos misticismos o distracciones mundanas.  

Junto con otros escritos atribuidos al mismo círculo místico (como El libro de la orientación particular), esta obra sigue siendo una referencia fundamental tanto para la meditación cristiana como para los estudios sobre la psicología de la experiencia mística.

Que dicen los historiadores de la literatura sobre este libro.

Los historiadores de la literatura, de la espiritualidad y de la lengua inglesa consideran La nube del no saber (The Cloud of Unknowing) una de las joyas indiscutibles de la prosa mística medieval y un hito en la evolución del inglés medio.
Su valoración crítica y académica se centra en varios aspectos fundamentales:

1. Cumbre de la prosa mística en inglés

Para los historiadores de la literatura inglesa, el texto ocupa un lugar comparable al de los grandes poetas de su época, como Geoffrey Chaucer o el autor anónimo de Sir Gawain y el Caballero Verde. El "autor de la Nube" (como se le denomina habitualmente en los estudios académicos) demostró una maestría excepcional para utilizar el inglés vernáculo en una época en la que los tratados teológicos y filosóficos se escribían casi exclusivamente en latín. Su estilo se valora por ser:

Directo y vigoroso: Evita la hojarasca académica de la escolástica medieval.
Psicológicamente agudo: Describe con gran precisión los mecanismos de la mente, la distracción y la concentración interior, anticipándose en cierto modo a la introspección moderna.

2. Originalidad dentro de la tradición apofática (o teología negativa)

Los especialistas en mística comparada señalan que, aunque la obra bebe de fuentes clásicas anteriores —como el Pseudo-Dionisio Areopagita, San Agustín, Ricardo de San Víctor y Meister Eckhart—, posee una voz profundamente original.
Los críticos destacan su enfoque práctico y pastoral más que especulativo. No es un manual teórico sobre la naturaleza de Dios, sino un manual de entrenamiento interior redactado con un tono cálido, casi epistolar, dirigido a un joven discípulo.
La imagen central de la "nube" es alabada por los críticos literarios como uno de los aciertos metafóricos más potentes de la literatura religiosa occidental: el misterio divino no se resuelve acumulando conceptos, sino atravesándolos mediante el amor.  

3. Conexión con la "Edad de Oro" de la mística inglesa

Los historiadores ubican este libro dentro del florecimiento espiritual que vivió Inglaterra en el siglo XIV, un periodo inusual de producción mística en el que también destacaron figuras como Julian de Norwich (con sus Revelaciones del amor divino) y Richard Rolle. Mientras que Rolle enfatiza el éxtasis sensible y el calor místico, La nube del no saber destaca por su sobriedad, su radical apofatismo (el despojamiento de imágenes) y su defensa de una oración pura y silenciosa.  

4. Vigencia e impacto transcultural

En la historia de la recepción del libro, los críticos modernos y los estudiosos de la religión comparada han señalado los sorprendentes paralelismos entre los métodos de concentración y silencio mental que propone el autor anónimo y las tradiciones contemplativas orientales (como ciertas corrientes de la meditación oriental o la vía apofática de otras religiones). Esto ha llevado a que la crítica contemporánea valore la obra no solo como un documento histórico del catolicismo medieval, sino como un clásico universal sobre la conciencia humana y la psicología del silencio.

Cuando se hizo popular de este libro de meditación.

Aunque fue escrito en el siglo XIV, La nube del no saber pasó desapercivido durante siglos en manuscritos antiguos y no se convirtió en el fenómeno popular y editorial que es hoy en día hasta el siglo XX.
Su proceso de popularización se divide en dos grandes etapas:

1. El redescubrimiento académico y espiritual (Principios del siglo XX)

Durante siglos, el texto circuló de forma muy limitada entre círculos monásticos y copias privadas. No fue sino hasta el renacimiento de los estudios sobre mística a finales del siglo XIX y principios del XX cuando la obra recuperó visibilidad.
El hito fundamental ocurrió en 1912 y 1922, cuando la destacada escritora y mística anglocatólica Evelyn Underhill editó y publicó una versión modernizada del texto en inglés. Su trabajo sacó el libro de los archivos polvorientos de la Biblioteca Británica y lo puso al alcance del gran público lector por primera vez en la historia moderna.

2. El boom de la espiritualidad contemporánea (A partir de los años 60 y 70)

La verdadera popularidad masiva global del libro llegó varias décadas después, impulsada por dos factores clave:

El auge de la mística contemplativa y el diálogo intercultural: Con el Concilio Vaticano II y el interés creciente de Occidente por la meditación profunda, el silencio interior y la oración contemplativa (ejemplificado por figuras como el monje trapense Thomas Merton o el padre John Main con la meditación cristiana), la obra se convirtió en una lectura obligatoria. La nube del no saber ofrecía una vía cristiana de silencio muy afín a la búsqueda de paz mental de esa época.
Influencia en la literatura y la cultura pop: A partir de mediados del siglo XX, el libro comenzó a ser citado abiertamente por grandes autores de la literatura y la música, lo que catapultó su fama más allá de los círculos religiosos tradicionales. Obras como Franny and Zooey de J. D. Salinger (1961) y El filo de la navaja de W. Somerset Maugham incluyeron referencias directas al texto, convirtiéndolo en un referente cultural de la búsqueda espiritual moderna.

Cuando se hizo popular de este libro de meditación.

Aunque La nube del no saber fue escrito en el siglo XIV, pasó gran parte de su historia circulando en manuscritos monásticos y tardó siglos en convertirse en el fenómeno editorial y espiritual que es hoy.  
Su popularidad moderna despegó de forma escalonada a lo largo del siglo XX, impulsada por varios hitos clave:

El rescate académico y la edición de 1912: Durante siglos, el libro permaneció prácticamente olvidado en bibliotecas y archivos. Su salto a la imprenta moderna ocurrió a principios del siglo XX, destacando la edición crítica realizada por la estudiosa y mística británica Evelyn Underhill en 1912. Esto sacó el texto del ámbito estrictamente académico y monástico para ponerlo al alcance del público general interesado en la literatura religiosa.  
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El boom de la mística y la contracultura (décadas de 1960 y 1970): El verdadero despegue masivo de popularidad global llegó en la segunda mitad del siglo XX. Con el Concilio Vaticano II y un renovado interés occidental por la meditación profunda, la oración contemplativa y el diálogo con místicas orientales, el libro encontró una audiencia ávida de silencio interior. Autores influyentes de mediados de siglo —como J. D. Salinger en su obra Franny and Zooey (1961)— comenzaron a mencionarlo y recomendarlo abiertamente, catapultándolo a la cultura popular.
La eclosión de la "Oración Centrante" (décadas de 1970 y 1980): Monjes trapenses estadounidenses como Thomas Keating, William Menninger y Basil Pennington se basaron explícitamente en La nube del no saber para desarrollar el movimiento de la Centering Prayer (Oración Centrante). Este método modernizó la práctica de la oración silenciosa y atrajo a cientos de miles de laicos cristianos a leer y aplicar los principios del texto medieval.
Traducciones y difusión masiva en castellano: En el mundo hispanohablante, el libro experimentó su mayor difusión y auge comercial a finales de los años 90 y durante las primeras décadas del siglo XXI, gracias a sucesivas reediciones cuidadas por editoriales especializadas en espiritualidad (como Herder, Desclée de Brouwer o José J. de Olañeta), consolidándose como un manual de cabecera para retiros de silencio y meditación




Biblias políglotas modernas.
Biblia Políglota de Amberes,



Las ediciones políglotas de la Biblia son aquellas publicaciones en manuscritos o impresiones de los textos del Antiguo o Nuevo Testamento en dos o más idiomas con diferentes propósitos. Entre ellos está el estudio comparativo, la enseñanza de idiomas y la crítica textual. Normalmente estas ediciones vienen en textos paralelos en formato de columnas.

Biblias políglotas modernas

Con la creación de la imprenta proliferó la distribución de la biblia y la comparación de traducciones y transmisión del texto se hizo más fácil que antes, muchas versiones comparativas se hicieron comunes en círculos académicos. En los monasterios una impresión bilingüe muy común fue la de los salterios greco-latinos

514-1520 Biblia políglota complutense.

Iniciada y financiada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.
Los primeros cuatro volúmenes contienen el Antiguo Testamento. Cada página está dividida en tres columnas paralelas de texto: hebreo la exterior, la Vulgata latina en el medio y la Septuaginta griega en el interior. En cada página del Pentateuco, se añade el texto arameo (el Targum Onkelos) y su propia traducción al latín en la parte inferior de la página. El quinto volumen contiene las Escrituras Griegas dispuestas en dos columnas: una con el texto griego y la otra con su equivalente en latín, tomado de la Vulgata.

1572 Biblia Políglota de Amberes.

Reproduce el texto bíblico de la Biblia Políglota Complutense, e incluye el Tárgum arameo de Jonatán y la Versión Peshitta siriaca de las Escrituras Griegas Cristianas o Nuevo Testamento. Patrocinada por Felipe II, editada por el biblista y erudito Benito Arias Montano e impresa por el maestro Cristóbal Plantino.

1645   Biblia Políglota de París.

Por Gui-Michel Lejay. Reproduce el texto bíblico de la Biblia Políglota Complutense, e incluye:
Antiguo Testamento siriaco (de la Iglesia Maronita).
Antiguo Testamento Pentateuco samaritano (transcripción de Jean Morin).
Antiguo y Nuevo Testamento Árabe (de varias versiones).

657      Biblia Políglota de Londres.

Por Brian Walton. Expande la versión de Lejay añadiendo:
Siríaco de Ester y los libros deuterocanónicos (Faltante en la de París)
Persa del Pentateuco y los Evangelios, y los Salmos.
Nuevo Testamento etíope.

Que clase de persona en el siglo XVI, se podria comprar la Biblia Real de Felipe II De España.

En el siglo XVI, solo la élite absoluta de Europa (el "1% de la época") podía comprar o poseer la Biblia Real de Felipe II. No era un libro para el público general, sino una obra monumental de ocho volúmenes en cinco idiomas orientales y clásicos.Las clases de personas que podían permitirse este objeto de extremo lujo e intelecto eran:

1. Monarcas, Príncipes y Grandes Nobles

Quiénes eran: Reyes, duques y la alta nobleza europea (como los Médici en Italia o los Habsburgo).Por qué: Su precio equivalía al salario de varios años de un artesano. Se encuadernaban con materiales preciosos y se exhibían en sus cámaras privadas como símbolo de máximo prestigio, piedad cristiana y poder político.

2. Cardenales y Altos Prelados de la Iglesia

Quiénes eran: Miembros del Colegio Cardenalicio, arzobispos y grandes inquisidores.Por qué: Eran los pocos que combinaban una inmensa riqueza personal con la educación necesaria para valorar una biblia políglota (hebreo, caldeo, griego, latín y siríaco). 
La utilizaban como herramienta de prestigio teológico en plena Contrarreforma.

3. Rectores y Bibliotecarios de Grandes Universidades

Quiénes eran: Las instituciones académicas más ricas de Europa, como la Universidad de Salamanca, la de Alcalá de Henares, la Sorbona de París o la Universidad de Lovaina.Por qué: No la compraba un individuo, sino la institución con fondos públicos o donaciones. 
Era una pieza de estudio obligatoria para los mejores teólogos y humanistas del mundo.

4. Eruditos y Humanistas de Familias Ricas

Quiénes eran: Intelectuales adinerados del Renacimiento, científicos, médicos de la corte o secretarios reales.
Por qué: Tenían el conocimiento filológico para leerla y los recursos para comprar la versión estándar en papel (a diferencia de las versiones de lujo en pergamino destinadas a los reyes).

El "Precio de Salida" en la Época

Para que te hagas una idea del costo en el siglo XVI: La edición económica (en papel) costaba alrededor de 60 a 70 florines.
Un maestro artesano o un obrero calificado ganaba entre 10 y 15 florines AL AÑO.

Esto significa que un trabajador común tendría que haber ahorrado todo su salario, sin comer ni gastar nada, durante 5 o 6 años solo para comprar los volúmenes impresos (sin contar la encuadernación de cuero).

La impresión de la Biblia Regia (también conocida como la Biblia Políglota de Amberes u Octupla), realizada entre 1569 y 1573, fue un monumental proyecto impulsado por el rey Felipe II de España. 

En su dirección, edición, diseño e impresión colaboraron destacados humanistas, teólogos, impresores y artistas de la época: 

 Benito Arias Montano: Erudito y humanista español que actuó como el editor principal y director de la obra. Coordinó a los especialistas y supervisó los textos en diversas lenguas antiguas, además de redactar los volúmenes complementarios de estudio (apparatus).
Cristóbal Plantino (Christoffel Plantijn): Célebre impresor y tipógrafo de origen francés afincado en Amberes. Fue el responsable de la impresión en sus talleres, un trabajo tan sobresaliente que le valió el título de impresor real.  
Guy Le Fèvre de la Boderie: Erudito orientalista francés que colaboró activamente en la edición de los textos en lenguas orientales (como el sirio y el caldeo/arameo) y redactó prólogos para varios volúmenes.  
Francisco van Ravelingen (Raphelengius): Yerno de Plantino y destacado filólogo, quien supervisó y corrigió de manera directa la impresión y composición de los textos complejos en hebreo y sirio.  
Pieter Huys: Pintor y grabador que participó en la creación de las ilustraciones, grabados y elementos artísticos que adornan los volúmenes.  
Teólogos de la Universidad de Lovaina y otros eruditos: Diversos expertos europeos colaboraron con la revisión teológica, la cotejación de textos en griego, latín y lenguas semíticas, y la validación de las traducciones conforme a las directrices eclesiásticas del momento.

Las fuentes hebreas

Para la edición del texto hebreo de la Biblia Regia (o Políglota de Amberes), los editores no partieron de cero, sino que se basaron principalmente en dos grandes pilares bibliográficos y textuales de la época:

La Biblia Políglota ComplutenseLos primeros volúmenes de la Biblia Regia tomaron como base fundamental el texto hebreo y las directrices previamente establecidas en la histórica Políglota Complutense (financiada por el Cardenal Cisneros décadas antes). Para ello, Benito Arias Montano y Cristóbal Plantino utilizaron y consultaron valiosos manuscritos y ejemplares de aquella obra que habían llegado a Flandes o que se custodiaban en bibliotecas españolas (con procedencias de Toledo, Maqueda o Tarazona).  

La Segunda Biblia Rabínica de Daniel Bomberg (Venecia, 1524-1525): Aunque heredó el espíritu de la Complutense, el equipo de Amberes (bajo la supervisión directa del filólogo Francisco van Ravelingen) actualizó y perfeccionó el texto hebreo cotejándolo rigurosamente con la monumental edición masorética de Jacob ben Hayyim, impresa por Daniel Bomberg en Venecia. Esta edición veneciana era considerada en el siglo XVI el estándar más fiable del texto masorético hebreo (con sus puntos vocálicos y acentos).  

De este modo, conjugaron el rigor heredado de la tradición complutense con las fuentes impresas venecianas más avanzadas de su tiempo, depurándolas bajo el análisis filológico humanista que exigía Benito Arias Montano.

Fuentes griegas.

Para establecer el texto en griego (tanto del Antiguo Testamento —la Septuaginta— como del Nuevo Testamento) en la Biblia Regia, Benito Arias Montano y su equipo de eruditos recurrieron a los textos impresos y manuscritos más prestigiosos y avanzados de su época:

La Edición Aldina del Septuaginto (Venecia, 1518): Para el Antiguo Testamento en griego, los editores utilizaron como una de sus principales fuentes de referencia la célebre edición de la Septuaginta publicada por los herederos de Aldo Manucio en Venecia. Esta edición veneciana era considerada una de las más fieles y cuidadas de los textos griegos antiguos.  

La Políglota Complutense:Al igual que ocurrió con las fuentes hebreas, la obra pionera financiada por el Cardenal Cisneros sirvió de base directa y marco de comparación estructural para los textos griegos, heredando parte de la tradición filológica que los humanistas españoles habían recopilado.  
Christie’s

Manuscritos de la Biblioteca Vaticana:

Durante el proceso de supervisión y cotejo, Benito Arias Montano viajó a Roma y consultó manuscritos griegos antiguos custodiados en la Biblioteca Apostólica Vaticana. Esto permitió corregir erratas de ediciones anteriores, contrastar variantes y dotar al texto griego de un rigor filológico alineado con los criterios del Humanismo renacentista.  

El Texto Griego del Nuevo Testamento:

Para el Nuevo Testamento (contenido en el volumen V), se apoyaron en la tradición del Textus Receptus basada fundamentalmente en las famosas ediciones críticas de Erasmo de Róterdam, las cuales ya circulaban ampliamente por Europa en el siglo XVI y eran el estándar académico para el griego cristiano.  
Con esta combinación de impresiones humanistas de Venecia, manuscritos vaticanos y el precedente complutense, consiguieron un texto griego depurado que se imprimía en paralelo con su traducción latina literal y las demás lenguas de la políglota.  

Las Fuentes arameas.

Para el tratamiento de las lenguas arameas (denominadas habitualmente en los textos de la época como lengua caldea) y siriacas, la Biblia Regia dio un salto cualitativo y cuantitativo muy importante respecto a sus predecesoras. Benito Arias Montano y su equipo no solo reutilizaron materiales previos, sino que ampliaron notablemente el repertorio de textos orientales.  

Las principales fuentes arameas y siriacas de la obra fueron:

La Biblia Políglota Complutense:

Para los fragmentos del Antiguo Testamento escritos originalmente en arameo (como porciones de Daniel y Esdras) y el Tárgum de Onquelos (la traducción aramea tradicional del Pentateuco), la fuente base inmediata fue la Políglota Complutense, heredando aquella labor pionera de filólogos conversos como Alfonso Zamora.  

El Tárgum de Jonatán y Targumim adicionales:

Una de las grandes aportaciones y novedades de la Biblia Regia fue la incorporación de material arameo mucho más amplio del que tenía la Complutense. Entre ellos destaca la inclusión del Tárgum de Jonatán (comentarios y paráfrasis arameas de los profetas anteriores y posteriores) y otros textos targúmicos procedentes de manuscritos que el equipo logró recopilar o consultar gracias a la red de eruditos en el norte de Europa y en Italia.  

Manuscritos orientales y la colaboración de Guy Le Fèvre de la Boderie:

Para garantizar la corrección de los textos arameos y caldeos, Arias Montano contó con el auxilio de especialistas como el orientalista francés Guy Le Fèvre de la Boderie. Se cotejaron diversos códices y manuscritos en caracteres semíticos orientales que circulaban en colecciones humanistas europeas para purificar las lecciones defectuosas de ediciones anteriores.

La Versión Peshitta (Sirio/Arameo Oriental):

Aunque el siriaco es una rama específica del arameo, la Biblia Regia incorporó por primera vez de manera masiva la Peshitta (la versión clásica de la Biblia en siriaco), aplicándola especialmente para completar el estudio del Nuevo Testamento en los volúmenes complementarios, utilizando manuscritos siriacos que el impresor Cristóbal Plantino y sus colaboradores lograron integrar con tipos móviles especiales fundidos para la ocasión.  


La fuentes en latin.

Para el tratamiento de la lengua latina en la Biblia Regia (o Políglota de Amberes), Benito Arias Montano y su equipo integraron dos enfoques fundamentales: la reproducción de la tradición eclesiástica oficial y la aportación de traducciones críticas e interlineales novedosas para comparar con las lenguas originales.
Las fuentes y versiones latinas utilizadas fueron:

La Vulgata Sixtina / Clementina (La Vulgata Tradicional):
Como base institucional obligatoria para cumplir con las directrices del Concilio de Trento (que ratificó a la Vulgata como la edición auténtica para la Iglesia católica), la obra incluyó el texto tradicional de la Vulgata. Este texto servía de eje central y moderador en las páginas de los volúmenes principales para mantener la ortodoxia doctrinal exigida por la Corona española y Roma.

La Políglota Complutense:

Al igual que en las demás lenguas, la Vulgata utilizada heredó en buena medida el trabajo de revisión textual que los humanistas del Cardenal Cisneros ya habían realizado para armonizar el texto latino con los manuscritos antiguos disponibles en su época.  

La Traducción Interlineal Latina de Santes Pagnino (Pagninus):
Una de las grandes aportaciones metodológicas de la Biblia Regia fue la incorporación de una nueva y minuciosa traducción latina literal palabra por palabra (interlineal) elaborada originalmente por el dominico y hebraísta Santes Pagnino, la cual fue exhaustivamente revisada, depurada y corregida por Benito Arias Montano. Esta traducción permitía a los teólogos y eruditos ver con absoluta precisión el significado literal de los términos hebreos y griegos originales sin las adaptaciones teológicas de la Vulgata tradicional.

Traducciones latinas de textos orientales (Caldeo, Siriaco y Griego): Para los volúmenes políglotas donde aparecían el Tárgum arameo, la Peshitta siriaca o la Septuaginta griega, el equipo de Amberes redactó y añadió traducciones latinas paralelas y específicas de cada una de estas fuentes, permitiendo que los lectores cultos de la época pudieran contrastar cómo traducían los antiguos judíos o las comunidades cristianas orientales los mismos pasajes bíblicos.  

Como lo aprecian en la actualidad los catedraticos judios de las universidades israel o Judias en estados unidos.

En la actualidad, los catedráticos, historiadores del judaísmo y especialistas en estudios bíblicos de instituciones como la Universidad Hebrea de Jerusalén o los principales seminarios y universidades judías en Estados Unidos (como el Jewish Theological Seminary o Yeshiva University) valoran la Biblia Regia (Políglota de Amberes) desde una perspectiva histórica, filológica y cultural muy respetuosa, aunque con matices críticos propios de la academia moderna.  

Su valoración actual se divide en los siguientes puntos clave:

1. Reconocimiento de la transmisión de la tradición textual judía

Los académicos valoran profundamente que la obra sirviera como un puente de salvaguarda y difusión para textos fundamentales de la tradición rabínica. El hecho de que se integraran masivamente los Tárgumim arameos (como el de Jonatán) y el texto masorético depurado por Ben Hayyim demostró, a los ojos de la historiografía moderna, un esfuerzo monumental por parte de eruditos cristianos renacentistas por preservar y estudiar la exégesis judía antigua. Para los historiadores del texto bíblico, estas políglotas son hitos que documentan cómo la erudición hebraica medieval y renacentista pasó a formar parte del aparato académico europeo.

2. El fenómeno paradójico del "Humanismo Católico" y la censura

Desde el ámbito de los estudios judíos e históricos norteamericanos e israelíes, se estudia con fascinación el contexto de su creación: una obra de profunda raíz hebraica patrocinada paradójicamente por el rey Felipe II —el monarca de la Contrarreforma y ejecutor de la expulsión de los judíos de España— y supervisada de cerca por la Inquisición. Los catedráticos actuales analizan cómo los eruditos cristianos tuvieron que navegar en la cuerda floja entre el uso de fuentes rabínicas y el peligro de ser acusados de judaizar o de socavar la autoridad de la Vulgata latina.

3. El valor en la historia de la filología y el orientalismo.

En las facultades de estudios del Cercano Oriente y antigüedades semíticas, la Biblia Regia es vista como un monumento de la tipografía y de la ciencia orientalista del siglo XVI. Los expertos valoran el esfuerzo titánico de Cristóbal Plantino y Benito Arias Montano al fundir tipos móviles específicos para el siriaco, el arameo y el hebreo. Para los historiadores de la lengua, estas herramientas permitieron avanzar significativamente en la gramática comparada de las lenguas semíticas, un campo en el que la academia judía contemporánea es puntera.

4. Distinción entre la erudición y el sesgo confesional

Como es natural en la crítica académica moderna, los investigadores actuales señalan las limitaciones ideológicas de la obra. Los catedráticos judios y seculares recuerdan que, aunque el texto hebreo y los tárgumes se reprodujeron con gran rigor técnico, el objetivo último de la empresa era predominantemente apologético y de misión cristiana: demostrar la verdad del cristianismo cotejando las escrituras originales con las traducciones orientales y la Vulgata. Por tanto, se le aprecia no como una obra neutral, sino como un producto cumbre del humanismo cristiano que utilizó herramientas intelectuales judías para un fin teológico católico.  


Que pensaban los catedraticos de principales universidades europeas de la epoca que imprimio y en actualidad 2025

La recepción de la Biblia Regia (Políglota de Amberes) ha transitado por caminos muy distintos: desde la profunda fascinación mezclada con recelo en las aulas europeas del siglo XVI, hasta su revalorización como cumbre de la historia cultural en la actualidad.

1. Qué pensaban los catedráticos de las universidades europeas en el siglo XVI

Durante el periodo de su impresión (1569-1573) y las décadas posteriores, las reacciones de los profesores de teología, filología y lenguas semíticas en centros como Salamanca, Alcalá de Henares, Lovaina, París o Basilea oscilaron entre la admiración técnica y la tensión doctrinal:
Asombro ante la maestría tipográfica y filológica: Las facultades de humanidades y teología recibieron la obra como un prodigio técnico sin igual. Los catedráticos de lenguas clásicas y orientales elogiaron la incorporación de herramientas metodológicas avanzadas, diccionarios, gramáticas (Apparatus Criticus) y el acceso a textos en múltiples alfabetos en paralelo. Se convirtió rápidamente en un manual de referencia indispensable para el estudio avanzado de la filología bíblica.
Recelo teológico y sospechas de heterodoxia: A pesar de contar con el patrocinio de Felipe II, la obra nació bajo la tensa vigilancia posterior al Concilio de Trento. Muchos teólogos conservadores de universidades católicas miraban con desconfianza que se priorizara el estudio de textos hebreos y arameos (asociados al judaísmo) por encima de la exclusividad de la Vulgata latina.  
El escrutinio inquisitorial: En universidades del sur de Europa, sectores académicos más rígidos —impulsados por denuncias como las del teólogo León de Castro— acusaron a Benito Arias Montano de haberse excedido en su apertura humanista al apoyarse en fuentes rabínicas y manuscritos no católicos, lo que obligó a los editores a defender la ortodoxia de la obra ante el Papa y la Inquisición española.
Pragmatismo protestante: En las universidades del norte de Europa y de influencia protestante, aunque reconocían el valor monumental de la tipografía de Plantino, algunos eruditos la observaban con cautela por su sello de la Monarquía Católica y de la Contrarreforma, prefiriendo en ocasiones sus propias ediciones críticas, aunque no dudaban en consultar sus ricos diccionarios y volúmenes complementarios debido a la escasez de obras comparables.

2. Qué piensan los catedráticos y la academia en la actualidad

Hoy en día, la comunidad académica internacional (historiadores del libro, filólogos, teólogos y especialistas en estudios religiosos) valora la Biblia Regia de forma unánime como uno de los proyectos científicos, tipográficos y editoriales más ambiciosos de la Edad Moderna:

Cumbre de la historia del libro y la imprenta: En las facultades de historia cultural y bibliografía, es estudiada como la obra maestra de Cristóbal Plantino. Se analiza cómo un taller tipográfico logró coordinar la fundición de tipos móviles en cuatro o cinco alfabetos diferentes (latín, griego, hebreo, sirio y arameo/caldeo) con una precisión estética y técnica que asombra a los especialistas actuales.
Objeto de estudio interdisciplinario: Los investigadores contemporáneos abordan la Biblia Regia no solo como un texto religioso, sino como el punto de intersección perfecta entre la ciencia del Renacimiento, las redes de correspondencia de los humanistas europeos, la política imperial de los Austrias y las complejas dinámicas de censura y control doctrinal en la Europa de la Contrarreforma.
Precursora de la crítica textual moderna: Los departamentos universitarios de estudios bíblicos la reconocen como un eslabón fundamental en la evolución de las biblias políglotas (entre la Complutense y la posterior Políglota de Londres de 1657). Se valora el rigor con el que Benito Arias Montano intentó sistematizar las variantes textuales, demostrando una conciencia filológica muy avanzada para su época, la cual sentó las bases de la moderna ciencia de la exégesis y la gramática comparada de las lenguas semíticas.

Que son los Tárgum.

Los Tárgum (en plural, Targumim) son antiguas traducciones y paráfrasis de los libros de la Biblia hebrea (el Antiguo Testamento) escritas o traducidas al arameo.
Para comprender qué son y por qué surgieron, es útil conocer su contexto histórico y sus características principales:

1. El origen histórico: De la lengua hebrea al arameo

Tras el destierro del pueblo judío a Babilonia en el siglo VI a.C., y posteriormente bajo los imperios persa, griego y romano, el hebreo antiguo dejó de ser la lengua hablada cotidianamente por la población judía, siendo reemplazado progresivamente por el arameo (que se convirtió en la lengua franca de la región).
Cuando se leían las Escrituras en la sinagoga (la Torá y los Profetas), la gran mayoría de los oyentes ya no entendía el hebreo bíblico original. Por esta razón, nació la figura del meturgamán (el traductor o intérprete): una persona que se ponía junto al lector en la sinagoga para traducir oralmente el texto hebreo al arameo y explicar su significado de manera accesible. Con el paso de los siglos, estas traducciones orales comenzaron a ponerse por escrito, dando origen a los Tárgum.

2. ¿Eran traducciones literales?

No exactamente. Los Tárgum se dividen en dos grandes categorías según su fidelidad al texto:

Traducciones literales: Buscaban ceñirse lo más posible al texto hebreo original (como el Tárgum de Onquelos para el Pentateuco).
Paráfrasis y expansiones: A menudo incluían comentarios, leyendas rabínicas, explicaciones teológicas y aclaraciones poéticas (como el Tárgum de Jonatán para los Profetas). Por ejemplo, si el texto hebreo decía una metáfora antropomórfica sobre Dios (como "la mano de Dios"), el Tárgum podía traducirlo como "la palabra" o "el poder de Dios" para evitar malentendidos teológicos en la comunidad.

3. Los Tárgum más importantes

Entre los manuscritos y colecciones que sobrevivieron y fueron estudiados por los humanistas (y posteriormente incluidos en biblias monumentales como la Regia), destacan:

Tárgum Onquelos: Sobre la Torá (los cinco libros de Moisés), muy valorado por su sobriedad y apego al texto original.
Tárgum de Jonatán ben Uziel: Sobre los libros proféticos (Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías, etc.), caracterizado por ser más explicativo y rico en paráfrasis.

4. Su valor en la actualidad

Para los historiadores, lingüistas y teólogos (tanto de la academia judía como cristiana), los Tárgum son una fuente invaluable. Permiten conocer cómo interpretaban los antiguos judíos las Escrituras en los siglos anteriores y posteriores al inicio de nuestra era, además de aportar muchísima luz sobre el desarrollo del arameo antiguo y el vocabulario semítico.

Targum Onkelos

El Targum Onkelos (en arameo: תרגום אונקלוס) es la versión aramea oficial y más influyente de la Torá (los primeros cinco libros de la Biblia hebrea: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Junto con el Tanaj, ha tenido un rol central en la liturgia y el estudio rabínico del judaísmo a lo largo de los siglos.

1. Origen y Contexto Histórico

Idioma: Está escrito en arameo occidental judío (con fuerte influencia del arameo oriental babilónico posterior), el idioma que se convirtió en la lengua franca de los judíos tras el cautiverio babilónico y durante el periodo del Segundo Templo.

Cronología: La tradición rabínica (registrada en el Talmud) atribuye su autoría a Onkelos el Prosélito, un converso romano e hijo de la hermana del emperador Tito (probablemente una confusión o variante histórica de Aquila de Sinope, quien tradujo la Biblia al griego). La crítica moderna sitúa su composición definitiva y estandarización entre los siglos III y V d.C. en las academias rabínicas de Babilonia, aunque recopila tradiciones de traducción mucho más antiguas procedentes de la Tierra de Israel.
Propósito: Cuando el hebreo bíblico dejó de ser la lengua hablada cotidianamente por el pueblo judío (reemplazado por el arameo), se hizo estrictamente necesario traducir y explicar la lectura semanal de la Torá en la sinagoga. A esta lectura traducida se le conocía como targum.

2. Características Principales

Fidelidad al texto hebreo: A diferencia de otros targumim (como el Targum Pseudo-Jonatán) que incluyen extensas leyendas, expansiones narrativas y paráfrasis rabínicas (agadá), el Targum Onkelos se caracteriza por ser una traducción sumamente literal y sobria, palabra por palabra en la medida de lo posible.

Antropomorfismos: Una de sus características teológicas más notables es el cuidado que pone al traducir pasajes donde Dios se describe con atributos humanos (como tener manos, ojos, o enfadarse). Onkelos utiliza con frecuencia perífrasis o términos sustitutos (como la Memra o "Palabra", la Gloria o la Presencia) para evitar atribuir corporeidad a Dios y mantener su transcendencia.
Autoridad normativa: Se convirtió en el Targum estándar de la comunidad judía babilónica y, por extensión, de todo el judaísmo tradicional. El código legal judío (Shulján Aruj) estipula que todo judío debe leer la porción semanal de la Torá (Parashá) dos veces en hebreo y una vez en el Targum Onkelos (Shnayim mikra ve-ejad targum).


Un judio que sabe hablar Hebreo moderno, podria entender el hebreo biblico.

Sí, un judío que habla hebreo moderno (israelí) puede entender una parte muy importante del hebreo bíblico, pero no lo comprenderá al 100% sin estudio previo.
La relación entre ambas formas del idioma es similar a la que existe entre el español contemporáneo y el español castellano medieval del Cantar de mio Cid: comparten la misma raíz, la inmensa mayoría del vocabulario básico y la estructura gramatical general, pero hay diferencias notables.

Las claves de esta relación son:

Lo que sí entiende sin problemas: La estructura gramatical básica (las raíces de tres consonantes, los tiempos verbales fundamentales y las construcciones de las oraciones) y un gran porcentaje del vocabulario cotidiano (palabras para referirse a la tierra, el agua, el pan, los animales, la familia, etc.) siguen siendo los mismos. Un israelí moderno puede leer la Biblia y captar la idea general de muchas narraciones históricas (como las historias de David o los relatos del Génesis) sin demasiada dificultad.

Las dificultades (El vocabulario y los matices):

Palabras arcaicas: El hebreo bíblico contiene cientos de palabras, términos técnicos de sacrificios antiguos y expresiones poéticas que desaparecieron del uso cotidiano y que no se enseñan en la calle, por lo que resultan incomprensibles para un hablante moderno sin formación especial.
Cambios de significado: Hay palabras que se usan en ambos idiomas, pero cuyo sentido cambió radicalmente con los siglos.
Gramática y sintaxis: Aunque la raíz es la misma, el orden de las palabras y los mecanismos verbales (como la famosa "vau conversiva", que cambia el tiempo de un verbo según la conjunción) funcionan de manera distinta en la prosa bíblica clásica en comparación con el hebreo hablado hoy en día.
En resumen: un hablante de hebreo moderno puede leer la Biblia en su idioma original como un texto literario antiguo con pasajes claros, pero necesita estudio especializado (filología bíblica) para dominarla por completo, exactamente igual que un hispanohablante moderno necesita ayuda para leer textos medievales complejos.

Versión Peshitta siriaca de las Escrituras Griegas Cristianas.

La Peshitta (en siríaco clásico: ܦܫܺܝܛܬܳܐ, pšīṭta, que significa "simple", "común" o "directa") es la versión histórica y autorizada de la Biblia utilizada por las iglesias de tradición siríaca (incluyendo la Iglesia Ortodoxa Siriana, la Iglesia Asiria de Oriente y los cristianos de la India).  
Cuando se habla específicamente de las Escrituras Griegas Cristianas (el Nuevo Testamento), la Peshitta ocupa un lugar fascinante y de enorme valor para la crítica textual y la historia del cristianismo primitivo.  

1. Origen y Contexto Histórico

Idioma: Está escrita en siríaco clásico, que es un dialecto del arameo oriental hablado en la región de Edesa (actual Turquía y norte de Mesopotamia). Al ser una lengua semítica estrechamente emparentada con el arameo que hablaron Jesús y los apóstoles, la Peshitta ofrece matices lingüísticos únicos.  
Cronología: El Nuevo Testamento de la Peshitta surgió y se estandarizó alrededor del siglo V d.C. (hacia el año 400 o poco después). No surgió de la nada, sino que sirvió como una revisión y unificación de traducciones siríacas más antiguas (conocidas como el Siríaco Antiguo o Vetus Syra, que datan de los siglos II y III).  
Autoría: No se conoce a un traductor o autor individual. Se consolidó orgánicamente a través de las comunidades cristianas de habla siríaca y comúnmente se asocia su impulso institucional al obispo Rábula de Edesa en el siglo V, aunque las investigaciones apuntan a un proceso colectivo previo.  
Apuntes de Biblia

2. El Canon del Nuevo Testamento en la Peshitta.
  
El canon del Nuevo Testamento en la versión Peshitta tradicional consta de 22 libros. A diferencia del canon occidental de 27 libros, originalmente excluía cinco escritos que tardaron más tiempo en ser aceptados universalmente por la Iglesia de Oriente:  

2.ª de Pedro  
2.ª de Juan  
3.ª de Juan  
Judas  
El Apocalipsis (Apocalipsis de Juan) 
 
(Nota: Estos libros faltantes fueron traducidos e integrados en colecciones siríacas posteriores, como en la versión Filoxeniana del siglo VI, pero no formaban parte de la clásica Peshitta).

3. Características Textuales Destacadas

Para los eruditos bíblicos, la Peshitta es una herramienta crítica fundamental debido a varios detalles textuales:  

Ausencia de pasajes tardíos: Al igual que algunos de los manuscritos griegos más antiguos y confiables, la Peshitta omite ciertos pasajes que se añadieron de forma tardía en la tradición manuscrita occidental, como la historia de la mujer sorprendida en adulterio (Juan 7:53–8:11).  
Testigo independiente: Dado que fue traducida directamente del griego antiguo (en el caso del Nuevo Testamento) hacia un idioma semítico emparentado, actúa como un "testigo versional" muy temprano. Permite a los biblistas contrastar cómo se leían y entendían los textos en el Creciente Fértil durante los primeros siglos del cristianismo.  
Fidelidad idiomática: Los traductores a menudo manejaron los conceptos teológicos de Pablo y los relatos evangélicos utilizando construcciones semíticas muy naturales, lo que en ocasiones ayuda a iluminar el trasfondo cultural y lingüístico detrás de las palabras originales griegas.



viernes, 8 de marzo de 2013

Juan de la Escalera o San Juan Clímaco.


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garín; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 


Juan de la Escalera o San Juan Clímaco.



Juan de la Escalera o San Juan Clímaco  (latín: Ioannus Climacus y griego: Ἰωάννης τῆς Κλίμακος) o San Juan Clímaco (Siria?, c. 575 - 30 de marzo de 649?) —también conocido como Juan el Escolástico y Juan el Sinaíta—, fue un monje cristiano ascético, anacoreta y maestro espiritual entre los siglos sexto y séptimo, abad del Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí (Monasterio de la Transfiguración). 
Es considerado santo por la Iglesia católica. Célebre por su escrito "Η Κλίμαξ Θείας ανόδου" ('E clímax Theías anódu', en griego La escalera del divino ascenso), obra de carácter ascético y místico, ampliamente divulgada en latín como Scala Paradisi o Gradus ad Parnassum ("La escalera al Paraíso") de la cual derivaría su apodo (del griego Κλίμαξ, klimax, “escalera”).

Scherezada Jacqueline Alvear Godoy

Reseña biográfica

Su biografía es parcialmente conocida pues los datos disponibles son escasos, principalmente provenientes de una reseña biográfica escrita por el monje Daniel del Monasterio de Raithu (El Tor), sede más próxima al Monasterio de la Transfiguración.
Hay que resaltar que no hay acuerdo sobre las fechas de su nacimiento y muerte, pues, aparte de las reseñadas arriba, otras fuentes dan como nacimiento c. 525 y como muerte c. 606.
Se cree que nació en Siria. Con una importante formación secular, se convirtió en novicio hacia los 16 años, siendo discípulo del abad Martyrius en el monte Sinaí por más de quince años. A la muerte de Martyrius, Clímaco se retira a vivir una vida solitaria y ascética en una gruta del propio monte Sinaí durante aproximadamente 40 años. A pesar de sus deseos de soledad, muchas veces fue consultado y enseñaba a otros monjes.
Ya a una edad mayor, por petición de los monjes, Clímaco accedió a ser abad del Monasterio de Santa Catalina. Allí redactó su Scala y otros textos. Poco tiempo antes de su muerte, dejó la abadía en manos de su hermano Jorge y volvió a la vida solitaria a esperar su muerte.


Este es un resumen estructurado de "La Santa Escala" (o Scala Paradisi) de San Juan Clímaco, basada en el texto proporcionado:

Introducción a la Obra

"La Santa Escala" no es un tratado sistemático de moral ni un código de reglas, sino una guía ascética y mística que indica el camino para la transfiguración del ser humano en la luz de la resurrección, siempre con el auxilio de la gracia divina. La obra está estructurada en treinta escalones (logoi), simbolizando los treinta años de vida de Cristo, y se divide generalmente en tres partes. 

 Estructura Temática

Primera Parte (Los tres primeros escalones):Trata sobre la renunciación al mundo, el desapego interior y el ingreso en la vida religiosa. Se enfatiza la necesidad de abandonar los apegos terrestres y la propia voluntad para seguir a Cristo. 

 Segunda Parte (Del cuarto al vigésimo sexto escalón):Esta sección se dedica al combate contra los vicios y la adquisición de virtudes.El cuarto escalón sobre la obediencia es fundamental, considerándose la base de la vida cenobítica.  Incluye temas cruciales como la penitencia, el recuerdo de la muerte, la aflicción purificadora, la mansedumbre, el silencio, la castidad, la humildad y el discernimiento. 

 Tercera Parte (Los últimos cuatro escalones):Constituye un pequeño tratado de mística. El vigésimo séptimo escalón aborda la hésychia (vida solitaria y vigilancia del intelecto).El vigésimo octavo trata sobre la oración, el vigésimo noveno sobre la impasibilidad, y el trigésimo culmina con las tres virtudes teologales: caridad, esperanza y fe.  

Temas Centrales y Personajes

El Autor: Juan Clímaco fue higúmeno del monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí (siglos VI-VII). Es reconocido como un eminente padre espiritual que vivió gran parte de su vida en soledad (en Thola) antes de ser llamado a guiar su monasterio.  
La Obediencia: Es presentada como un "perfecto renunciamiento a la propia alma". El autor relata numerosos hechos memorables en un monasterio, donde la obediencia estricta, la confesión pública de los pecados y la paciencia ante las humillaciones son los medios para alcanzar la humildad y la salud espiritual.  
El Combate Espiritual: La obra subraya que los demonios son invisibles y astutos, atacando a quienes se muestran acobardados. La "Santa Escala" ofrece herramientas para reconocer sus engaños (especialmente en los sueños) y combatirlos con la oración, el ayuno y la vigilancia. 
 La Meta: El objetivo final de esta escalera es ascender de las realidades terrestres a las santas realidades, llegando a la cima donde el alma contempla a Dios.  

Consideraciones Finales

El texto resalta que la vida espiritual requiere "gran discernimiento". San Juan Clímaco advierte que no todos están llamados al mismo género de vida; mientras unos encuentran su camino en la soledad (anacoretas), para muchos la vida comunitaria (cenobítica) es más adecuada para evitar la caída en la tristeza, la pereza o la desesperación. La obra culmina con una invitación a correr hacia Dios con alegría y amor, reconociendo nuestra fragilidad pero confiando en la guía de los padres espirituales y en la misericordia divina.


jueves, 7 de marzo de 2013

Meditación y cristianismo.



Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garín; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 


Meditación y cristianismo.





Otro cristianismo (1)
Publicado por Emilio de Miguel Calabia el 07/09/2018


En “Eremitas” Isidro-Juan Palacios se queja de aquéllos que, encontrando el cristianismo “insuficiente”, se han dirigido a las religiones orientales (budismo, taoísmo, hinduísmo…), sin darse cuenta de que lo que buscaban ya lo tenía el cristianismo. En “Catolicismo Zen” Don Aelred Graham se hacía una pregunta similar e indicaba que lo que muchos buscaban en el zen, ya estaba en el catolicismo, aunque fuese como un venero subterráneo y casi oculto, que nunca ha sido la corriente principal.
“Eremitas” trata de explicar cuáles eran las prácticas y enseñanzas de los Padres del Desierto y reconozco que muchas de ellas tienen un tufillo bastante budista.
El primer parecido tiene que ver con las técnicas. En el budismo se insiste mucho en mantener la postura correcta para meditar, porque ello ayuda mucho a la meditación. La postura ideal es la postura denominada del loto y, en mi opinión, lo principal en ella es mantener erguida la columna vertebral. El Peregrino Ruso, por su parte, aconseja: 
“Siéntate solo y en silencio. Inclina la cabeza, cierra los ojos, respira dulcemente. Dirige al corazón todos los pensamientos de tu alma.
 Gregorio el Sinaíta recomienda
“Doblado por la mitad, reunirás tu espíritu en tu corazón y llamarás a Jesucristo en tu ayuda.”
Aun cuando el libro no detalla cómo era exactamente la postura corporal recomendada por los Padres y no puedo compararla con la postura del loto, sí que hay muchas concomitancias sobre la manera de meditar. Una es la importancia de la respiración, algo que también reconoce el hinduísmo.
“Conseguir que el intelecto descienda al corazón por medio de la respiración es una propuesta que se hace a aquellos que ignoran dónde concentrar su atención…” (Teófanes el Recluso) “Existe una técnica suscitada por los antiguos Padres que consiste en emplear la respiración, en lugar del rosario, para ritmar la oración…” (Teófanes el Recluso).
Tanto los budistas como los Padres del Desierto son conscientes de lo fácil que es distraerse. Una vieja metáfora budista dice que la mente es como un mono loco enjaulado, que no puede parar de moverse. Si los monjes budistas no hubieran sido célibes, la metáfora que habrían empleado es la de un niño de tres años aburrido y encerrado en una habitación antes de que se hubiese inventado la televisión.
 “…hay que procurar que el pensamiento se aquiete…” (Basilio el Grande). “Todo vuestro desequilibrio interior procede de la disolución de vuestras potencias; el intelecto y el corazón van cada cual por su parte. Hay que reunirlos. Entonces se acallará el tumulto de vuestros pensamientos…” (Teófanes el Recluso)
 “… todos los métodos, reglas y ejercicios no tienen otro origen ni razón que nuestra impotencia para orar en nuestro corazón con pureza y sin distracciones” (Calixto e Ignacio Xantopoulos).  
“La ausencia de distracción no es concedida de inmediato, ni cuando lo deseamos” (Agapito).

La meditación consiste básicamente en concentrarse en la mente pura para los budistas. 
Los Padres del Desierto hablan de “llevar el espíritu al centro del corazón y entonces contemplar mentalmente al hombre interior en su integridad” (Nicodemo el Hagiorita).
 “Aquel que mantiene su atención en el corazón está a salvo” (Teófanes el Recluso
“La atención es el principio de la contemplación, su base firme” (Nicéforo el Solitario).
Una herramienta que utilizan muchas espiritualidades (hinduísmo, budismo, sufismo…) es la del mantra, la repetición de una fórmula que ayuda a concentrar la mente. El mantra, o más bien la oración según la terminología de los padres del desierto, era muy utilizado por éstos. La oración más repetida es: 
“Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí.” 
Existe un libro anónimo del siglo XIX, “El peregrino ruso”, que comienza con la búsqueda del autor de lo que quería decir el Apóstol cuando dijo: “Orad sin cesar”
Para el autor, “La oración interior continua es el esfuerzo incesante del espíritu humano por alcanzar a Dios (…) La oración de Jesús interior y constante es la invocación continua e ininterrumpida del nombre de Jesús con los labios, el corazón y la inteligencia, en el sentimiento de su presencia, en todo lugar y en todo tiempo, aun durante el sueño.” 
El libro cuenta la historia de un peregrino que se ha entregado a la oración interior y ha hecho de ella el centro de su vida; ahora vive en la continua presencia de Dios y ya nada más importa.

Los Padres del Desierto como el budismo, especialmente el tibetano, afirman que hace falta un maestro. Los libros son letra muerta si no hay un maestro que los explique y los haga vivos. En el budismo tibetano, para emprender una práctica no basta con que el estudiante lea una descripción muy detallada de la misma y la ejecute según su leal saber y entender. Es preciso que un maestro le inicie, que establezca un vínculo vivo entre el estudiante y la práctica.
Teófanes el Recluso advierte:
“… Debemos, en ello [la práctica de la oración], seguir las instrucciones dadas en las Filocalia. Esas orientaciones deben ser seguidas por un maestro que conozca la manera correcta de practicar la oración. Pero si alguno pretende practicarla por su cuenta, valiéndose exclusivamente de las descripciones de los libros, no podrá escapar de la ilusión. En las descripciones que hay en los libros se dan únicamente los rasgos exteriores de este trabajo, ya que en este ámbito un texto no puede penetrar en todos los consejos y detalles que proporciona un starets (…) Quien practica este método de oración sin un guía que lo auxilie, permanece naturalmente en lo exterior de su actividad…”
Uno de los acicates más poderosos para la práctica es el recuerdo de la muerte. En todo el budismo, sobre todo en el vajrayana, la muerte está muy presente. Un lama, no recuerdo cuál, decía que un día pasado sin pensar en la muerte era un día perdido. Aryadeva, uno de los grandes filósofos madhyamika, escribió: 
“Lo que quita la ambición por las recompensas y los honores,/ El mejor acicate para practicar con denuedo en la soledad,/ El secreto excelente de todas las escrituras,/ Es comenzar acordándose de la muerte.

 A este respecto hay una historia que me encanta del maestro Drubthop Chöyung. Regularmente venía a importunarle un gañán que quería que le impartiese enseñanzas. Drubthop se negaba, porque sentía que el otro no estaba preparado. Pero tanta lata le dio, que finalmente Drubthop le dijo:
“Yo moriré, tú morirás. Esto es todo lo que mi guru me enseñó; esto es todo lo que practico. Simplemente medita sobre esto. Te prometo que no hay nada más grande.”

Consejos parecidos los podemos encontrar en los Padres del Desierto.
“Que siempre se acueste con vosotros el pensamiento de la muerte y que con vosotros se despierte junto a la oración monológica de Jesús. No podríais encontrar para vuestro sueño mejores auxiliares que éstos.” (Juan Clímaco)
 “Si es posible, recordemos sin desmayo la muerte. Ese recuerdo determina la exclusión de toda preocupación vana, la vigilancia del espíritu y la oración incesante” (Hesiquio de Batos)
 “El recuerdo de la muerte, ¡cuánto he procurado tenerla siempre por compañera, descansar a su lado, conversar con ella, preguntarle sobre cuál es la suerte que me espera…!” (Filoteo el Sinaíta).


La contemplación es el estado espiritual que aparece en el ser humano cuando practica el silencio mental.

El silencio mental

El silencio mental se consigue con el desapego de pensamientos y sensaciones. Se puede trabajar para que aparezca mediante la meditación o la oración en silencio. El desapego por lo material surgirá como resultado de la práctica y esfuerzo total.

La práctica

La práctica se puede acompañar de lecturas que inspiren a la persona a continuar en el silencio interno y lo ilustren de cómo otros lograron que ese estado espiritual sucediera. Aparece, ya que no lo podemos provocar voluntariamente, solo meditando en silencio sin buscarlo.
La contemplación ha sido practicada desde tiempos inmemoriales por la humanidad.

En las diferentes culturas

Formas de contemplación diversas las podemos encontrar en diferentes culturas y épocas de la humanidad, desde los chamanes o brujos de las tribus, hasta los tiempos actuales como los sufíes, los monjes tibetanos, los maestros zen, los gurus de la India, etc. Para que aparezca la contemplación, primero debemos de ver en nuestra mente que no puede tener interferencias de tipo, pensamiento, imaginación, etc. 
Luego simplemente contemplar. La maravilla de la contemplación surge, aparece en la propia contemplación sin dar nombre a lo contemplado. Contemplar no tiene nada que lo rodea, nada que lo envuelve, es la magia de la propia contemplación sin ser magia. Como contemplación no necesita nada más.

Contemplación cristiana

Se trata de hacerse consciente de las realidades sobrenaturales, centrando la mente en Dios.
Los primeros grados para alcanzar la contemplación se basan en la ascesis, en que se domina el cuerpo para iluminar el alma, haciéndola más sensible a la Presencia Divina. El último grado de contemplación se podría definir como experiencia mística, aunque para llegar a este estado no es necesario experimentar éxtasis o levitaciones. Las levitaciones pueden ser paranormales, pero pueden ir acompañadas de estos fenómenos (ver Místicos españoles).
El iniciado debe ir evolucionando en su capacidad de contemplación a medida que se va haciendo más sensible al Amor transmitido por Dios. La intimidad con Cristo hace posible la unión con el Padre, haciéndonos Uno con Él, a través de la asistencia del Espíritu Santo. Mediante esta unión nos vinculamos a todo el Cosmos creado.
Los principales maestros contemplativos de la Iglesia se encuentran en las órdenes contemplativas, especializadas en la oración. Para llegar a este estado mental y espiritual se pueden usar diferentes tipos de oración, generalmente la meditación. Para practicar la contemplación no es necesario ser clérigo o religioso, basta con tener fe y fuerza de voluntad.
Existe una oración contemplativa por excelencia, el Oficio divino; en el cual se meditan salmos y lecturas del Nuevo Testamento y se dirigen preces o peticiones a Dios. Siendo muy útil para disipar de la mente los pensamientos banales, haciendo del Creador el centro del pensamiento.
Una lectura recomendada acerca de la contemplación cristiana es La nube del no-saber, un libro anónimo inglés del siglo XIV.



Santa Juana de Arco.

Santa Juana de Arcos (Domrémy, Francia, 1412 - Ruán, id., 1431) Santa y heroína francesa. Nacida en el seno de una familia campesina acomoda...