Guillermo de Baskerville Es un fraile franciscano inglés del siglo xiv, con un pasado como inquisidor. A Guillermo de Baskerville se le encarga la misión de viajar a una lejana abadía benedictina para participar en una reunión en la que se discutiría sobre la supuesta herejía de una rama de los franciscanos: los espirituales. Esta descripción y la coincidencia en el nombre ha hecho pensar que el personaje de Guillermo podría remitir a Guillermo de Ockham, que efectivamente intervino en la disputa sobre la pobreza apostólica a petición de Miguel de Cesena, concluyendo que el papa Juan XXII era un hereje. De hecho, Eco consideró inicialmente a Ockham como personaje principal en lugar de a Guillermo de Baskerville. Asimismo, en la novela estos dos tienen una relación de amistad. A su llegada, dada su fama de hombre perspicaz e inteligente, el abad le encarga investigar la extraña muerte de un monje para evitar el fracaso de la reunión. La descripción que hace la novela de Guillermo recuerda a Sherlock Holmes: «Su altura era superior a la de un hombre normal y, como era muy enjuto, parecía aún más alto. Su mirada era aguda y penetrante; la nariz afilada y un poco aguileña infundía a su rostro una expresión vigilante, salvo en los momentos de letargo a los que luego me referiré.» En cuanto al apellido Baskerville, remite también a la novela de Arthur Conan Doyle protagonizada por Sherlock Holmes, El sabueso de los Baskerville, otro referente señalado. Guillermo también mastica frecuentemente las hojas de una o varias plantas desconocidas que producen un efecto psicoactivo, hábito semejante al que tiene Sherlock Holmes con la cocaína. Adso de Melk Voz narradora de la novela, es presentado como hijo de un noble austríaco, el barón de Melk, que en la novela combatía junto a Ludovico IV de Baviera, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Novicio benedictino, mientras se encontraba con su familia en la Toscana es encomendado a Guillermo por su familia como amanuense y discípulo, y ayuda a su mentor en la investigación. El personaje, como se menciona en la novela, comparte nombre con Adso de Montier-en-Der, abad francés nacido en 920 que escribió una biografía sobre el anticristo titulada De nativitate et obitu Antichristi e inspirado de cierta forma en Dr. Watson, el ayudante del detective Sherlock Holmes. En una entrevista incluida en la versión DVD de la película El nombre de la rosa, su director, Jean-Jacques Annaud, asegura que Umberto Eco le manifestaba que Adso es un «imbécil», el cual «no entiende a su maestro», y que «al final no ha comprendido nada. No ha entendido la lección de su maestro». Jorge de Burgos El español Jorge de Burgos es un monje anciano y ciego, encorvado y «blanco como la nieve», venerado por el resto de los monjes, que lo temen tanto como lo respetan.
El nombre del personaje es un homenaje reconocido a Jorge Luis Borges; Eco tenía en mente un ciego que custodiase la biblioteca, y comenta en Apostillas que «... biblioteca más ciego solo puede dar Borges, también porque las deudas se pagan». Según Umberto Eco, el personaje de Jorge debía ser español no solamente como referencia, por su hispanidad, a Jorge Luis Borges, sino también por haber sido en tierras españolas de donde surgieron las miniaturas y comentarios más famosos del Medioevo relativos al Apocalipsis. Jorge de Burgos cita significativamente dicho libro, cuyas copias aparecen abundantemente en la sección de la biblioteca dedicada a Hispania —entre ellas reproducciones del Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana— traídas a la abadía de la novela desde España por Jorge junto a la copia del segundo libro de la Poética de Aristóteles, fabricada asimismo esta en Silos por un español o un árabe. |
Ubertino da Casale Ubertino da Casale (1259-c. 1330) fue un religioso franciscano italiano, líder de los espirituales de la Toscana. En la novela es presentado como amigo de Guillermo. Michele de Cesena El italiano Miguel de Cesena (en italiano Michele da Cesena) (1270-1342) fue ministro general de la orden franciscana y teólogo. Miembro de los franciscanos «espirituales», que estaban enfrentados al papa Juan XXII en la disputa sobre la pobreza evangélica. Aparece en la novela como líder de la legación franciscana apoyada por el emperador Ludovico IV de Baviera. Bernardo Gui Bernardo Gui o Bernardo Guidoni (1261/1262-1331) fue un religioso dominico francés, inquisidor de Toulouse entre 1307 y 1323. En la novela es presentado como inquisidor al mando de los soldados franceses encargados de la indemnidad de la legación papal. Es retratado como némesis de Guillermo de Baskerville, cosa que se ha interpretado como una analogía hacia la relación entre Sherlock Holmes y el profesor Moriarty. Bertrando del Poggetto Bertrand du Pouget (en italiano Bertrando del Poggetto) (c. 1280-1352) fue un diplomático y cardenal francés. Aparece en la novela como líder de la legación del papado de Aviñón. Girolamo de Caffa Girolamo de Caffa es el nombre usado en la novela para referirse a Jerónimo de Cataluña, también conocido como Hieronymus Catalani, religioso franciscano y primer obispo de Cafa (Crimea). Otros personajes
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Título Según cuenta el autor en Apostillas, la novela tenía como título provisional La abadía del delito, título que descartó porque centraba la atención en la intriga policíaca. Su sueño, afirma, era titularlo Adso de Melk, un título neutro, dado que el personaje de Adso no pasaba de ser el narrador de los acontecimientos. Según una entrevista concedida en 2006, El nombre de la rosa era el último de la lista de títulos, pero «todos los que leían la lista decían que El nombre de la rosa era el mejor». El título se le había ocurrido casi por casualidad, y la figura simbólica de la rosa resultaba tan densa y llena de significados que, como dice en Apostillas: «ya casi los ha perdido todos: rosa mística, y como rosa ha vivido lo que viven las rosas, la guerra de las dos rosas, una rosa es una rosa, los rosacruces, gracias por las espléndidas rosas, rosa fresca toda fragancia». Para Eco, esa carencia de significado final debida al exceso de significados acumulados respondía a su idea de que el título «debe confundir las ideas, no regimentarlas».
Al enigma del título se unía el del verso en latín que cerraba la novela. A este respecto, el autor explica en Apostillas que, aunque el lector hubiese captado las «posibles lecturas nominalistas» del verso, esa indicación llegaría en el último momento, cuando el lector habría podido ya escoger múltiples y variadas posibilidades. Responde acerca del significado del verso, diciendo que es un verso extraído de una obra de Bernardo Morliacense, benedictino del siglo xii que compuso variaciones sobre el tema del ubi sunt, añadiéndoles la idea de que de todas las glorias que desaparecen lo único que restan son meros nombres. De la rosa solo queda el nombre desnudo o(Aunque) persiste el nombre de la rosa primigenia, (solo) el nombre desnudo tenemos. Bernardo Morliacense Relacionado con el título de la novela es también el poema de la escritora novohispana sor Juana Inés de la Cruz que aparece en el epígrafe inicial de las Apostillas a El nombre de la rosa:
Estructura y narrador. Según narra la introducción, «Naturalmente, un manuscrito», El nombre de la rosa está basada en un manuscrito que fue a parar a manos del autor en 1968, Le manuscript de Dom Adson de Melk, un libro escrito por un tal «abate Vallet» encontrado en la abadía de Melk, a orillas del Danubio, en Austria. El supuesto libro, que incluía una serie de indicaciones históricas bastante pobres, afirmaba ser una copia fiel de un manuscrito del siglo xiv encontrado en la abadía de Melk. A partir de esa base, la novela reconstruye con detalle la vida cotidiana en la abadía y la rígida división horaria de la vida monacal, que articulan los capítulos de la novela dividiéndola en siete días, y estos en sus correspondientes horas canónicas: maitines, laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas. El empeño puesto en lograr un ambiente adecuado permite que el autor use en repetidas ocasiones citas en latín, especialmente en las conversaciones eruditas entre los monjes. La historia está narrada en primera persona por el ya anciano Adso, que desea dejar un registro de los sucesos que presenció siendo joven en la abadía. En Apostillas, Eco comenta una curiosa dualidad del personaje: es el anciano de ochenta años que narra los sucesos acaecidos en los que intervino Adso, el joven de dieciocho años. «El juego consistía en hacer entrar continuamente en escena al Adso anciano, que razona sobre lo que recuerda haber visto y oído cuando era el otro Adso, el joven. (···) Este doble juego enunciativo me fascinó y me entusiasmó muchísimo». La voz narrativa es, pues, una voz pasada por múltiples filtros; tras el ineludible filtro de la edad y de los años pasados por el personaje, la introducción de la novela explica que el texto original de Adso de Melk es registrado por J. Mabillon, a su vez citado por el abate Vallet, de quien el autor tomaría prestada la historia. Según explicó Eco en Apostillas, este triple filtro vino motivado por la búsqueda de una voz medieval para el narrador, apercibiéndose de que finalmente «los libros siempre hablan de otros libros y cada historia cuenta una historia que ya se ha contado». Intertextualidad.
El nombre de Adso ha sido considerado un tributo a Simplicio, un personaje del Diálogo sobre los principales sistemas del mundo de Galileo Galilei (Ad simplicio, «para Simplicio») y se ha señalado la similitud con el personaje del Dr. Watson, compañero de Sherlock Holmes, a quien el protagonista, Guillermo de Baskerville, alude por su nombre. En la novela se realiza una exposición del método científico y el razonamiento deductivo, usados hábilmente por Guillermo para resolver el misterio, recordando en ocasiones su actuación tanto a Sherlock Holmes como a Guillermo de Ockham (c. 1280/1288 – 1349),6 franciscano y filósofo escolástico inglés, pionero del nominalismo, considerado por algunos padre de la epistemología y de la filosofía modernas en general. También se alude al libro II de la Poética de Aristóteles, que se perdió aparentemente durante la Edad Media y del que nada se conoce, aunque se supone (y la novela así lo señala) que trataba sobre la comedia y la poesía yámbica. Es el libro que en la novela causa la muerte de varios monjes. Teodosio Muñoz Molina señala en Las cuentas pendientes entre Eco y Borges varias coincidencias con El ojo de Alá, un cuento de Rudyard Kipling que Borges manifestaba haber leído un centenar de veces; también con otro religioso detective inglés, el hermano Cadfael, protagonista de la serie de novelas de Ellis Peters ambientadas en el siglo xii. Dice posteriormente que la novela:
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La figura de Jorge Luis Borges circula por El nombre de la rosa encarnada en el personaje de Jorge de Burgos, ambos son ciegos, «venerables en edad y sabiduría», ambos de lengua natal española. A este respecto, Eco escribió esto en 1992 en un especial del diario Clarín dedicado a Borges: Evidentemente, hay una suerte de homenaje en El nombre de la rosa, pero no por el hecho de que haya llamado a mi personaje Burgos. Una vez más estamos frente a la tentación del lector de buscar siempre las relaciones entre novelas: Burgos y Borges, el ciego, etc.. [...] Al igual que los pintores del Renacimiento, que colocaban su retrato o el de sus amigos, yo puse el nombre de Borges, como el de tantos otros amigos. Era una manera de rendirle homenaje a Borges. Eco quedó fascinado por Borges desde los veintidós o veintitrés años, cuando un amigo le prestó Ficciones (1944) allá por 1955 o 1956, siendo Borges todavía prácticamente un desconocido en Italia. Precisamente en Ficciones se halla recogido La biblioteca de Babel, cuento del escritor argentino aparecido anteriormente en El jardín de senderos que se bifurcan (1941); se han señalado varias coincidencias entre la biblioteca de la abadía, que constituye el espacio protagonista de la novela, y la biblioteca que Borges describe en su historia: no solo su estructura laberíntica y la presencia de espejos (motivos recurrentes en la obra de Borges), sino también que el narrador de La biblioteca de Babel sea un anciano librero que ha dedicado su vida a la búsqueda de un libro que posee el secreto del mundo. También en el título se encuentran reminiscencias borgianas; en El golem (1964) Borges escribía, en el mismo sentido que el verso final de la novela que «el nombre es arquetipo de la cosa», y «en las letras de rosa está la rosa» |







