La Basílica |
Basílica menor (en latín: Basilica minor, Basilicae minores en plural) es un título papal dado a algunas iglesias católicas. Historia Tras la adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio, se hizo necesario un modelo de edificio capaz de acoger a grupos importantes de fieles para el culto. De este modo las primeras iglesias de Roma fueron levantadas a semejanza de las basílicas seculares, lugares donde se administraba justicia delante del pueblo. Su crecimiento en tamaño e importancia marcó la transferencia gradual del poder civil a manos del episcopado durante el siglo V. Basílicas son, en primer lugar, las iglesias de Roma. Entre ellas se diferencian las mayores y las menores. En la primera categoría se encuentran solamente las cuatro basílicas patriarcales o papales, mientras que en la segunda categorización se encuentran el resto de iglesias importantes de Roma, y más de 1500 basílicas menores en todo el mundo que han sido asimiladas a ellas por breve o rescripto pontificio. Todas las catedrales suelen ser consideradas basílicas menores. La lista completa se puede encontrar en el anexo basílicas católicas. Privilegios Los privilegios ligados a la situación de la basílica, que se confiere por un Breve Apostólico, incluyen una determinada precedencia respecto de otras iglesias, el derecho a utilizar el canópeo (un dosel parecido a un paraguas, también llamado umbráculo, ombrellino, papilio, siniquio, etc.) y una campana llamada tintinábulo, que son utilizadas juntas en procesión a la cabeza del clero en actos oficiales, y el uso de capa magna para el rector o los miembros del capítulo si lo tuviera. Hoy en día sin embargo, la normativa vigente sobre las basílicas no se pronuncia en ningún momento sobre el derecho a utilizar el canopeo y el tintinábulo, ya que actualmente no existen litúrgicamente. Estas basílicas son populares santuarios, a menudo, son receptoras de importantes peregrinaciones, sobre todo aquellas que se construyeron encima de un confessio o lugar de sepultura de un mártir. Para que un templo pueda alcanzar el título basilical, debe reunir tres requisitos:
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La Basílica y Real Santuario de la Santísima Virgen de la Cabeza. |
La Basílica y Real Santuario de la Santísima Virgen de la Cabeza es un santuario ubicado en pleno parque natural de la Sierra de Andújar, en el paraje conocido coloquialmente como cerro del Cabezo, a 32 km al norte de la ciudad de Andújar (Jaén). Se trata del lugar en el cual se venera la imagen de la Virgen de la Cabeza, patrona de Andújar, por bula del papa Pío X el 18 de marzo de 1909, y de la Diócesis de Jaén, por bula del papa Juan XXIII el 27 de noviembre de 1959. El 25 de octubre de 2008, el papa Benedicto XVI concedió al Santuario Indulgencias Plenarias,[1] lo que fue el paso previo para el nombramiento de este como basílica menor, nombramiento que fue decretado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presidida por el cardenal prefecto Antonio Cañizares Llovera, el 21 de abril de 2010,[2][3] siendo leído este decreto por el obispo Ramón del Hoyo López en la misa romera del 25 de abril. El 3 de julio de 2011 fue consagrado el nuevo altar de la basílica.[4 España El Santuario de la la Virgen de la Cabeza donde pervive el franquismo, un rincón de España para entender la Guerra Civil 90 años después del golpe de Estado de Franco El 17 de julio de 1936, empezó el último conflicto bélico del país cuya huella sigue viva María Santos Viñas 16 Jul, 2026 11:30 p. m. Un monumento franquista en las inmediaciones del Santuario de la Virgen de la Cabeza. (Ayuntamiento de Andújar) Cualquier régimen dictatorial necesita hitos, mitos y héroes para construir una nueva idea de nación. Para justificarse y construir un discurso en el que las lagunas o incongruencias se rellenan a base de silencios forzados o de historias a base de medias verdades, es necesaria una dosis de épica. Y en España no iba a ser diferente. Este 17 de julio, se cumplen 90 años del inicio de la Guerra Civil y en Infobae rescatamos una de las historias más desconocidas del conflicto y, a la vez, más ejemplificadoras. Hablamos del asedio, bombardeo, reconstrucción y mitificación del Santuario de la Virgen de la Cabeza en Jaén. Sobre la cima del cerro del Cabezo, en plena Sierra Morena y a más de 30 kilómetros de Andújar , descansa imponente el santuario que visitan cada año millones de feligreses que ignoran su historia más reciente marcada por la guerra civil y la dictadura de Francisco Franco, que también visitó a “La Morenita”. En la localidad se celebra una de las romerías más multitudinarias de todo el país con fieles que llegan y acampan durante varios días en la ladera del cerro. Pese a su apariencia centenaria, el edificio que alberga la imagen de la Virgen no tiene más de unas décadas. El anterior quedó destrozado. A su derecha se erige un monumento de 22 metros de altura que, como casi cualquier obra de ese tamaño, es mucho más que material y, como casi cualquier obra religiosa creada durante la dictadura, no representa solo a la cristiandad. Hoy es solo una muestra más de que el franquismo permanece de forma silenciosa en la arquitectura porque nada indica que la majestuosa virgen de hormigón es en realidad una cruz a los fallecidos del bando sublevado en aquel cerro que se levantó en 1965 como “monumento Erigido a la Gesta de la Virgen de la Cabeza”. Aquel año, la junta organizadora de los actos conmemorativos para la inauguración del Santuario de la Virgen de la Cabeza describía en un folleto para los visitantes qué tenían ante sus ojos: “La figura principal es una imagen de la Virgen de la Cabeza en actitud de depositar la Cruz Laureada de San Fernando que merecieron sus defensores. En su parte central existe una gran figura de bronce que representa el Ángel de la Victoria subiendo a uno de los defensores que allí sucumbieron”. Aquello fue, para el franquismo, una “gesta”. Un hito más de una guerra civil que tacharon de cruzada santa. También lo recoge el folleto: “De hazaña emuladora entre las más destacadas en la historia militar del mundo, fue calificada por el Caudillo la Gesta del Santuario de la Virgen de la Cabeza. Aquel glorioso episodio sobrepasó todos los límites humanos y permisibles en el arte y la ciencia militares. Solo podemos explicarlo al existir una profunda fe religiosa y una decidida voluntad de vencer. Los defensores, que eran 220 al principio, tras cerca de nueve meses de titánica lucha, quedaron reducidos a unos 40. Les acompañaron en sus desvelos y sufrimientos un millar de ancianos, mujeres y niños. Los sitiados sólo pudieron ser abastecidos por aire, mediante la Aviación Nacional, pudiendo asegurarse que tales aprovisionamientos fueron de los primeros de los que se realizaron en el mundo”. La “hazaña”, en realidad, fue la consecuencia de la sublevación fallida, un atrincheramiento parecido al del Alcázar de Toledo, pero con algo menos de propaganda franquista de por medio. Pero, ¿qué pasó realmente sin los tintes de narrativa heroica que quiso darle el régimen? Un asedio de ocho meses Días después del fallido golpe de Estado que desató la contienda hace 90 años, España quedó dividida en dos. Por un lado, los territorios donde triunfó el levantamiento contra la democracia; por otro, los que se mantuvieron fieles a la República. La provincia de Jaén formaba parte de estos últimos. Fracasada la rebelión militar en la región, un grupo de guardias civiles junto a sus familias y más población civil se atrincheraron en el santuario. Era agosto de 1936. No saldrían hasta mayo del año siguiente. Los militares sublevados se atrincheraron en todo el cerro, pero poco a poco el ejército republicano les fue cercando hasta que no les quedó otra que replegarse en la cima, donde se encontraba el santuario que les dio cobijo y que quedó destrozado por los bombardeos. Del cielo caía dinamita del bando republicano y víveres del bando sublevado que trataba de hacerles llegar alimentos y medicinas, pero la situación de que los que sobrevivían era extrema. Los historiadores calculan que fueron más de 2.000 personas las que llegaron a estar en el santuario bajo el mando del capitán de la Guardia Civil, Santiago Cortés González. Durante meses, las tropas republicanas pidieron su rendición, pero Cortés se negó y así el asedio se extendió el hasta el 1 de mayo de 1937. Los sublevados se rindieron y dejaron entrar a los militares republicanos gracias a la mediación de la Cruz Roja. Fue un pequeño éxito para la República, a la que aún le quedan por delante dos años de derrotas hasta el fin de la contienda. Para cuando acabó la guerra civil, en la cima del cerro del Cabezo solo quedaban ruinas. La imagen de la Virgen desapareció y nunca se llegó a encontrar. Su paradero a día de hoy sigue siendo un misterio pese a la búsqueda incesante de los vecinos, las autoridades y la Iglesia. El régimen franquista impulsó su reconstrucción como parte del proceso de legitimación y propaganda del nuevo Estado. En 1939, se formó una Junta de Reconstrucción presidida por el Teniente General de la 2ª Región Militar, con sede en Sevilla. Esta entidad coordinó los trabajos y convocó un concurso de anteproyectos entre los Colegios de Arquitectos de España para seleccionar el diseño más acorde con los valores del régimen. En 1940, se creó la Comisión Ejecutiva para la reconstrucción del Santuario, presidida por el Director General de Regiones Devastadas, José Moreno Torres, e integrada por el arquitecto comarcal de Granada, Francisco Prieto Moreno, y por José Luis Fernández del Amo. El presupuesto era elevado, por lo que se organizó una suscripción nacional, impulsada por Queipo de Llano el 31 de enero de 1940. Las obras avanzaron durante los primeros años, aunque el dinero se agotó y la Dirección General de Regiones Devastadas tuvo que finalizar la construcción, que se inauguró en abril de 1945. Un trabajo de memoria histórica El análisis de la simbología franquista que sigue presente en Andújar y en el Santuario de la Virgen de la Cabeza ha sido uno de los ejes de investigación del historiador y escritor iliturgitano Santiago de Córdoba Ortega. En 2015, publicó el libro “Historia y Memoria de Andújar 1939-1977. Elementos materiales y sociales de la Dictadura de Franco”. Esta obra se gestó a partir de un compromiso adquirido en 2010 con el PSOE e Izquierda Unida, con el objetivo de catalogar y documentar los elementos materiales e inmateriales que el franquismo levantó como parte de su propaganda en Andújar y en el santuario, enclave de la romería más antigua de España. El resultado fue un memorándum de más de 700 páginas, donde se recopilan 567 hitos y símbolos, entre escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas, muchos de los cuales exaltan la sublevación militar, la Guerra Civil y la represión ejercida por el régimen. El trabajo de Córdoba no se limitó a la simple catalogación, sino que profundizó en las causas y consecuencias de la guerra, así como en el impacto social que tuvo la dictadura franquista en la comarca. Además de reconstruir el pasado reciente de la ciudad, Santiago de Córdoba priorizó la base documental, gráfica y bibliográfica para facilitar la interpretación de los hechos. Concluyó que Andújar se convirtió en uno de los principales escaparates propagandísticos del régimen franquista, en parte por la resistencia y asedio en el Santuario, pero también por el despliegue de símbolos y monumentos que se erigieron en la posguerra. ¿Patrimonio histórico o propaganda? El debate sobre la consideración de estos símbolos como patrimonio histórico sigue abierto. En 2013, la Junta de Andalucía declaró la Romería de la Virgen de la Cabeza Bien de Interés Cultural de Andalucía, incluyéndola en el Catálogo General del Patrimonio Histórico como actividad de interés etnológico. Sin embargo, el decreto no menciona los elementos que la dictadura erigió en el cerro, que para muchos visitantes son parte del entorno del santuario. Entre los bienes catalogados como de interés cultural figuran objetos vinculados al régimen, como el fajín de capitán general, la cruz laureada de San Fernando concedida al capitán Cortés, el bastón de mando donado por el general Marzal o la custodia donada por Mussolini. Este es solo uno de los rincones en los que el franquismo pervive. 90 años después de la Guerra Civil, los mitos con los que se justificaron siguen vivos y los españoles más jóvenes, a los que privan de la historia de sus abuelos y bisabuelos en los institutos, siguen legitimando su discurso. |
Santiago Cortés González. Cortés González, Santiago. Valdepeñas de Jaén (Jaén), 7.VI.1897 – Andújar (Jaén), 2.V.1937. Militar, caballero laureado de San Fernando. Biografía Era hijo de Rafael Cortés Carrillo y de Ana González Mena. En agosto de 1917 consiguió ingresar en la Academia de Infantería de Toledo, en la que siguió sus estudios hasta que en julio de 1920 fue promovido a alférez, siendo entonces destinado al Regimiento de Infantería de la Constitución, del que un mes después pasó al de Córdoba, de guarnición en Granada, con el que en el mes de julio del año siguiente embarcó hacia Melilla, donde quedó de servicio de campaña. Durante los años siguientes luchó en Marruecos, siendo en noviembre de 1921 citado como “Distinguido”. En febrero de 1922 fue trasladado al Batallón de Cazadores de Las Navas, con el que intervino en numerosas operaciones, alcanzando en septiembre el empleo de teniente y siendo recompensado al mes siguiente con una Cruz roja al Mérito Militar en premio a su valeroso comportamiento. Durante 1923 sirvió en el Regimiento de Navarra y en el Batallón de Cazadores de Montaña de Ronda, interviniendo con este último en el mes de septiembre en la protección de convoyes a Tizi Azza y en el reconocimiento de las faldas del Monte Cónico, siendo diarios los tiroteos mantenidos con el enemigo. Debido a la nueva organización dada a las fuerzas expedicionarias, en enero de 1925 regresó a la Península, quedando de guarnición en Ronda. En agosto recibió una segunda Cruz Roja al Mérito Militar por las operaciones en las que había intervenido el año anterior. En abril de 1927 se le concedió continuar su servicio en el Cuerpo de la Guardia Civil con el empleo de teniente, siendo destinado a la Comandancia de Jaén, en la que se hizo cargo del mando de la Línea de Bailén; al año siguiente fue trasladado a la de Alcaudete, en 1930 a la de Valdepeñas, un año después a la de Villanueva del Arzobispo y en 1932 a la de Torredelcampo. En estos últimos años había padecido varias afecciones bronquiales, por lo que en diciembre de 1931 se le concedieron dos meses de licencia por enfermo e igual período de tiempo en 1933, 1934 y 1936. Durante 1934 estuvo al frente de las Líneas de Torredonjimeno y Jaén, siendo al año siguiente ascendido a capitán y destinado a la Comandancia de Sevilla, regresando poco después a la de Jaén. En marzo de 1936 fue nombrado cajero-habilitado de la Comandancia y al mes siguiente destinado a la Plana Mayor de la misma. Estando en el mes de julio disfrutando de dos meses de licencia por enfermo en Martos (Jaén), le sorprendió el levantamiento de 1936, presentándose a sus superiores en Jaén, desde donde, a causa de la persecución de que era objeto la Guardia Civil, se trasladó el 17 de agosto al santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Cabeza, en el término de Andújar, tomando el mando de las fuerzas que allí se habían refugiado siguiendo órdenes superiores: doscientos setenta y ocho guardias civiles, a los que acompañaban sus familias y un grupo de civiles, que hacían un total de mil setenta y ocho personas. Muy pronto fueron cercados por milicianos del Frente Popular, en número muy superior, resistiendo durante meses el asedio y los ataques enemigos apoyados por la aviación, carros de combate, artillería y morteros, hasta que el 1 de mayo de 1937, cuando sólo quedaban en pie treinta defensores y se carecía de alimentos y munición, recibió una herida mortal, que le causaría la muerte al día siguiente en Andújar, cayendo el santuario en poder del adversario después de ocho meses de resistencia. Por orden de 9 de noviembre de 1938 se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo y por juicio contradictorio, ordenándose que su nombre figurase para siempre como “Presente” en las listas de revista de su Comandancia y en cabeza del escalafón de capitanes del Cuerpo, así como que en todas las Salas de Armas de los Puestos se colocase una placa en lugar preferente en la que figurase la leyenda: “17-8-1936. Capitán Cortés. 2-5-1937”. En 1940 se le concedieron como recompensas por la defensa del santuario una Cruz de Guerra, la Medalla de la Campaña y una Cruz Roja al Mérito Militar. Estuvo casado con Dominga Camacho Peña. Fuentes Archivo General Militar (Segovia), Secc. 1.ª, leg. C-3570. Bibliografía A. de Ceballos-Escalera y Gila, J. L. Isabel Sánchez y L. Ceballos-Escalera y Gila, La Real y Militar Orden de San Fernando, Madrid, Palafox & Pezuela, 2003. Autor/es José Luis Isabel Sánchez |
























