Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


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jueves, 13 de agosto de 2020

226).-Aristóteles II

  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farías Picón; Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda ; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas ; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala ; Marcelo Yáñez Garín; 


Aristóteles II 

 
Filosofía Teórica
Metafísica

La metafísica o, más propiamente dicho, la filosofía primera, es la ciencia del ente en cuanto tal. Es decir, aunque todas las ciencias giran en torno al ser, las otras ciencias se ocupan sólo de parte de la realidad, mientras que esta ciencia contempla toda la realidad; las otras ciencias buscan las causas próximas y particulares, mientras que esta ciencia busca la causa última y universal; las otras ciencias estudian el ser en su determinación inferior (cantidad, movimiento, etc.) mientras que esta ciencia estudia el ente en cuanto tal, es decir, en su más alta determinación (sustancia, causa, bondad, etc.). 
Los matemáticos afirman que un objeto entra dentro del campo de estudio de su ciencia si es circular o cuadrado, o provisto de cantidad de cualquier otra forma. De manera similar, el físico reclama para su ciencia todo aquello que esté dotado de movimiento. Para el metafísico es suficiente que el objeto en cuestión sea un ente. Como el alma humana o Dios, el objeto puede estar desprovisto de cantidad o de todo movimiento físico; sin embargo, en tanto que es, ya entra dentro del campo de la metafísica. Por tanto, la cuestión principal en la Filosofía Primera es:

 ¿Cuáles son los últimos principios del ser, o de la realidad en cuanto que es? 

Aquí, Aristóteles pasa revista a las opiniones de todos sus predecesores de la filosofía griega, desde Tales a Platón, mostrando cómo cada respuesta sucesiva a la pregunta anterior resulta en cierto modo defectuosa. Especial atención le dedica a la teoría platónica, según la cual las ideas eran los últimos principios del ente. El sostiene que dicha teoría fue formulada para explicar cómo son las cosas, y cómo se conocen las cosas; en ambos casos es inadecuada. 
Postular la existencia de las ideas separadas de las cosas es únicamente complicar el problema, ya que, a menos que las ideas tengan algún contacto definido con las cosas, no pueden explicar cómo las cosas llegan a ser, ni tampoco cómo llegan a ser conocidas por nosotros. Platón no mantiene un contacto entre ideas y fenómenos en una forma definida y científica, sino que sólo se refugia en expresiones como participación, imitación, que, si son algo más que metáforas vacías, implican una contradicción.
 En una palabra, Aristóteles opina que Platón, al postular la existencia de las ideas en un mundo separado al de los fenómenos, excluye la posibilidad de resolver mediante las ideas el problema de la naturaleza última de la realidad. ¿Cuáles son, por tanto, según Aristóteles, los principios del ente? En el orden metafísico las determinaciones más altas del ente son el acto (entelecheia) y la potencia (dynamis). El primero es perfección, realización, plenitud del ente; el segundo, imperfección, incompleto, perfectibilidad. El primero es el principio determinante, el segundo el determinable. Acto y potencia están por encima de todas las categorías; se encuentran en todos los entes, con excepción de la Causa Suprema, en la cual no hay imperfección y, por tanto, no hay potencia. El es en realidad Actus Purus.
 Todos los demás entes están compuestos de acto y potencia, un dualismo que es una fórmula metafísica general para el dualismo de materia y forma, cuerpo y mente, sustancia y accidente, el alma y sus facultades, el intelecto pasivo y el activo. En el orden físico, potencia y acto se convierten en materia y forma. A éstos hay que añadir el agente (causa eficiente) y el fin (causa final); pero como la eficiencia y la finalidad han de ser reducidas, en un último análisis, a la forma, nos encontramos con dos últimos principios del ente en el orden físico, a saber, la materia y la forma. Las cuatro causas genéricas - material, formal, eficiente y final - serían, en el caso, por ejemplo, de una estatua:

La causa material, aquella de la cual está hecha la estatua, es el mármol o el bronce.

La causa formal, aquella según la cual se ha hecho la estatua, es la idea que existe en primer lugar como modelo en la mente del escultor, y en segundo lugar como causa intrínseca, determinante, la expresada en la materia.
La causa eficiente, o agente, es el escultor.
La causa final es aquella por la cual se ha hecho la estatua (como, por ejemplo, el precio pagado al escultor, el deseo de agradar a un superior, etc.)
Todas ellas son causas verdaderas en tanto que el efecto depende de ellas para existir o para su modo de existir. La filosofía pre-aristotélica fracasó, bien al intentar discriminar entre los diferentes tipos de causas, confundiendo el principio material con el eficiente, bien al insistir en que sólo las causas formales eran los verdaderos principios del ente, o bien al reconocer que hay un principio de finalidad y dudar al aplicar ese principio a los detalles del proceso cósmico. 
La filosofía aristotélica, al discriminar entre las diferentes causas genéricas y retener al mismo tiempo todos los diferentes tipos de causas que intervenían en el pensamiento filosófico anterior, marca un verdadero desarrollo en la especulación metafísica y se presenta como una auténtica síntesis de las filosofías jónica, eleática, socrática, pitagórica y platónica.
 Un punto que se debería recalcar al exponer esta parte de la filosofía aristotélica es la doctrina de que toda acción consiste en poner en acto aquello que estaba contenido en potencia en el material sobre el que trabaja el agente. Esto es cierto no sólo en el mundo de las cosas animadas, en el que, por ejemplo, el roble está contenido en la bellota, sino también en el mundo inanimado en el que el calor, por ejemplo, está contenido en potencia en el agua, y sólo necesita como agente al fuego para ser puesto en acto. Ex nihilo nihil fit. Este es el principio del desarrollo de la filosofía aristotélica que es tan comentado en relación con la noción moderna de evolución. La mera potencialidad, sin ningún acto o realización - la denominada materia prima - no existe por si misma en ninguna parte, aunque entra en la composición de todas las cosas excepto en la Causa Suprema; está en un polo de la realidad, mientras que ésta última está en el otro. 
Ambas son reales. La materia prima posee lo que pudiera denominarse realidad más atenuada, dado que es pura indeterminación; Dios posee la más alta y completa realidad, ya que El es, en el más alto grado de determinación. Una de las tareas de la metafísica, la ciencia teológica, consiste en demostrar la existencia de una Causa Suprema. Y Aristóteles se embarca en esta tarea en muchas partes de su obra de la Filosofía Primera. En la "Física", adopta y mejora un argumento teleológico de Sócrates cuya premisa mayor es "Aquello que exista para un propósito útil debe ser la obra de una inteligencia". En el mismo tratado él argumenta que, aunque el movimiento es eterno, no puede haber una serie infinita de entes que mueven y entes que son movidos, y que, por tanto, debe haber uno, el primero de la serie, que es inmóvil, to proton kinoun akineton - primum movens immobile. 
En la "Metafísica" sostiene que el acto, por su naturaleza, precede a la potencia, y que, consecuentemente, previo a toda materia y a toda composición de materia y forma, de potencia y acto, debe haber existido un Ente que es acto puro, y cuya existencia consiste en el pensamiento sobre si mismo, que es pensamiento (noesis noeseos). El Ente Supremo imparte movimiento al universo al mover el Primer Cielo; sin embargo, el movimiento que emana de la Primera Causa es el deseo. En otras palabras, el Primer Cielo, atraído por el deseo hacia el Ente Supremo "como el alma es atraída por la belleza", se pone en movimiento e imparte su movimiento a las esferas inferiores, y así, en último lugar, a nuestro mundo terrestre. 
Según esta teoría, Dios nunca abandona el eterno reposo en que El consiste. Voluntad e intelecto son incompatibles con la eterna inmutabilidad de su existencia. Dado que la materia, el movimiento y el tiempo son eternos, el mundo es eterno. Pero ha tenido una causa. La manera en que se ha originado el mundo no está definida en la filosofía aristotélica. Parece aventurado afirmar que él enseñó la doctrina de la creación. Aunque sí se puede afirmar con seguridad que él estableció los principios que, llevados a su conclusión lógica, conducirían a la doctrina de que el mundo fue hecho de la nada.

Física

La física tiene por objeto de su estudio los "entes dotados intrínsecamente de movimiento", en otras palabras, el estudio de la naturaleza. La naturaleza difiere del arte en lo siguiente: la naturaleza esencialmente se determina a si misma desde dentro de ella misma, mientras que el arte permanece externo a los productos artísticos. En su autodeterminación, esto es, en sus procesos, la naturaleza sigue una forma inteligente e inteligible. "La naturaleza está siempre luchando por conseguir lo mejor". El movimiento es una característica del ente, esto es, la condición por la que un ente en potencia se convierte en un ente actual. 
Hay tres tipos de movimiento: cuantitativo (aumentar y disminuir), cualitativo (alteración) y espacial (locomoción). El espacio no es ni materia ni forma, sino "el límite primero e inmóvil del continente en contraste con el contenido". El tiempo es la medida de la sucesión del movimiento. Al tratar las nociones de movimiento, espacio y tiempo, Aristóteles refuta la doctrina eleática de que el movimiento real, el espacio real y la sucesión real implican una contradicción. De acuerdo con Empédocles, también Aristóteles enseña que todos los cuerpos terrestres están compuestos de cuatro elementos o principios radicales, a saber: fuego, aire, tierra y agua. Estos elementos determinan no sólo el calor natural y la humedad de los cuerpos, sino también su movimiento natural, hacia arriba o hacia abajo, según el predominio del aire o de la tierra. Los cuerpos celestes no están constituidos por los cuatro elementos, sino por el éter, cuyo movimiento natural es circular.
 La Tierra es el centro del sistema cósmico; es un cuerpo esférico, inmóvil y alrededor de él giran las esferas en las cuales están fijados los planetas. El Primer Cielo, que juega un papel tan importante en el sistema cosmogónico general aristotélico, es el cielo de las estrellas fijas. Está rodeando todas las demás esferas y, al estar dotado de inteligencia, se volvió hacia Dios como atraído por el deseo hacía El y así comunicó a todos los demás cuerpos celestiales el movimiento circular que les es natural. Estas doctrinas, al igual que el concepto general de naturaleza como dominada por el designio o el propósito, llegaron a darse por sentado en toda filosofía de la naturaleza hasta los tiempos de Newton y Galileo, y hasta el nacimiento de la ciencia física moderna.

La psicología en la filosofía aristotélica es considerada una rama de la ciencia física. Tiene como objeto el estudio del alma, es decir, del principio de la vida. La vida es la facultad de la automoción, o del movimiento desde el interior. Las plantas y los animales, al estar dotados de la facultad de adaptación, tienen almas, y el alma humana es peculiar únicamente en que, a las facultades vegetativas y sensitivas que caracterizan la vida vegetal y animal respectivamente se añade la facultad racional - la capacidad de adquirir conocimiento intelectual y universal. Debe por tanto tenerse en cuenta que, cuando Aristóteles habla del alma, no se refiere solamente al principio del pensamiento; alude al principio de la vida. 
El define el alma como la forma, realización o actualidad del cuerpo, “la entelequia primera del cuerpo organizado que posee la facultad de la vida". 

No es una sustancia distinta del cuerpo, como pensaba Platón, sino un principio consustancial al cuerpo, y ambos están unidos para formar la sustancia compuesta, el hombre. Las facultades o potencias del alma son cinco: nutritiva, sensorial, apetitiva, locomotiva y racional. 
La sensación es definida como la facultad "por la cual percibimos las formas de los objetos sensibles sin la materia, como la cera recibe la figura del sello sin el metal del que está compuesto el sello". 

Es "un movimiento del alma", y la "forma sin la materia" es el estímulo que provoca ese movimiento. El typos, como se denomina esta forma, aunque es análogo a los "espectros" sobre los que disertaron los atomistas, no es, como el espectro, un objeto disminuido, sino una forma de movimiento que media entre el objeto y la facultad. Aristóteles distingue entre los cinco sentidos externos y los internos, de los cuales los más importantes son el sentido central y la imaginación. El intelecto (nous) se diferencia de los sentidos en que se ocupa de lo abstracto y universal, mientras que éstos últimos tienen como objeto lo concreto y particular. 
La cualidad natural del intelecto no es el conocimiento en si, sino meramente la facultad de adquirir conocimiento. La mente "no tiene ideas al principio, es como una tabla rasa en la que nada está escrito". Todos nuestros conocimientos se adquieren, por tanto, mediante un proceso de elaboración o desarrollo a partir del conocimiento sensorial. 
En este proceso el intelecto exhibe una doble fase, activa y pasiva. Por ello es costumbre referirse al intelecto pasivo y al activo, aunque no está claro en absoluto lo que Aristóteles quería decir con estos conceptos. La corrupción del texto en algunos de los pasajes más críticos de la obra "De Anima" - la mezcla con el panteísmo estoico en las explicaciones de los primeros comentaristas, por no hablar de las adiciones posteriores de elementos ajenos por parte de los árabes, escolásticos y los modernos comentaristas trascendentalistas del texto - han vuelto imposible afirmar con precisión qué significado se debe atribuir a los términos de intelecto pasivo y activo. Es suficiente subrayar aquí que:

Según los escolásticos, Aristóteles entendía por intelecto activo y pasivo partes o fases de la mente individual.

Según los árabes y algunos de los primeros comentaristas, el primero de los cuales posiblemente haya sido Aristocles, el intelecto activo sería algo divino o, al menos, algo trascendental a la mente individual.
Según algunos intérpretes, el intelecto pasivo no es en ningún caso una facultad intelectual propiamente dicha, sino simplemente un agregado de sensaciones del cual se forman las ideas, como la estatua se elabora a partir del mármol.
A partir del hecho de que el alma alcanza, mediante sus operaciones intelectuales, un conocimiento de lo abstracto y universal, y así trasciende a la materia y a los condicionantes materiales, Aristóteles sostiene que el alma es inmaterial e inmortal. La voluntad, o facultad de elegir, es libre, como lo demuestra el reconocimiento de la voluntariedad de la virtud y la existencia de premios y castigos.

Matemáticas

Aristóteles consideró las matemáticas como una división de la filosofía, coordinada con la física y la metafísica, y la definió como la ciencia del ente inmóvil. Esto viene a significar que se centra en el ente cuantitativo, y no limita su atención, como la física, al ente dotado de movimiento.

Filosofía práctica

Incluye la ética y la política. El punto de partida de los interrogantes éticos es la pregunta: ¿En qué consiste la felicidad? Aristóteles responde que la felicidad del hombre está determinada por el fin o propósito de su existencia, o dicho de otro modo, que su felicidad consiste en "el bien propio de su naturaleza racional", ya que la prerrogativa del hombre es la razón. Su felicidad, por tanto, debe consistir en vivir conforme a la razón, es decir, en vivir una vida de virtud. La virtud es la perfección de la razón y tiene dos vertientes naturales, según consideremos la razón en relación con las facultades inferiores (virtud moral) o en relación a si misma (virtud intelectual o teorética). 
La virtud moral se define como "un determinado hábito de la facultad de elegir, que consiste en un medio adecuado a nuestra naturaleza y fijado por nuestra razón en la forma en que lo fijaría un hombre prudente". 

Está en la naturaleza de las virtudes morales, por tanto, el evitar todo exceso así como todo defecto; la timidez, por ejemplo, es tan contraria a la virtud de la modestia como el descaro. Las virtudes intelectuales (comprensión, ciencia, sabiduría, arte y conocimiento práctico) son perfecciones de la razón misma, sin relación con las facultades inferiores. Una peculiaridad del sistema ético aristotélico consiste en que sitúa las virtudes intelectuales por encima de las morales, lo teorético sobre lo práctico, lo contemplativo sobre lo activo, lo dianético sobre lo ético. Un constituyente importante de la felicidad, según Aristóteles, es la amistad, el lazo de unión entre el individuo y la agrupación social, entre el hombre y el Estado. 
El hombre es esencialmente, o por naturaleza, un "animal social", es decir, no puede alcanzar una felicidad completa más que en dependencia social y política de sus congéneres. Este es el punto de partida de la ciencia política. Que el Estado no es un absoluto, como enseñaba Platón; que no hay un Estado ideal, sino que nuestro conocimiento de la organización política debe ser adquirido mediante el estudio y la comparación de las diferentes constituciones de los Estados; que la mejor forma de gobierno es aquella que mejor concuerda con el carácter de la gente...son algunas de las doctrinas políticas más características de Aristóteles.

Filosofía poética

Bajo este apartado se encuentra la teoría aristotélica del arte y su análisis de la belleza. Cuando Aristóteles define que el fin del arte es "la imitación de la naturaleza" no quiere decir que las artes plásticas y la poesía deberían limitarse a copiar los productos naturales; él se refiere a que, al igual que la naturaleza da cuerpo a la idea, así mismo hace el arte, pero de forma más perfecta y elevada. De aquí su famosa afirmación que dice que la poesía "es más filosófica y elevada que la historia". De aquí proviene también su igualmente famosa doctrina de que el propósito del arte es calmar, purificar (katharsis) y ennoblecer los afectos. Por esta razón prefiere la música a todas las artes plásticas, ya que posee un valor ético superior.

El concepto de Aristóteles de la belleza es vago e indefinido. A veces considera el orden, la simetría y la limitación y otras meramente el orden y la grandiosidad como componentes de lo bello. Estas últimas cualidades las encuentra especialmente en la belleza moral. Resulta imposible hacer aquí una valoración del conjunto de la filosofía aristotélica o rastrear su influencia sobre los sistemas filosóficos que le siguieron. Bastaría con decir que, tomado como un sistema de conocimiento, es más científico que metafísico; su punto de partida es la observación, más que la intuición, y su objetivo es averiguar la causa última de las cosas, más que determinar el valor (ético o estético) de éstas. 
Su influencia se extendió, y todavía se extiende, más allá de los campos de la ciencia y de la filosofía. Nuestro pensamiento, incluso en asuntos muy lejanos de la ciencia y la filosofía, desemboca naturalmente en las categorías y las fórmulas del aristotelismo, y a menudo encuentra su expresión en términos que fueron inventados por Aristóteles, de forma que "las palabras de Aristóteles, entendidas a medias, se han convertido en leyes de pensamiento para otros tiempos".



puerta del infierno


sábado, 4 de julio de 2020

222).-Aristoteles III


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 



La Escuela Aristotélica


Liceo de Aristóteles e actualidad.



La identidad de la Escuela Aristotélica fue conservada desde el momento de la muerte de Aristóteles hasta el siglo tercero de la era cristiana, gracias a la sucesión de Escolares, o directores oficiales de la escuela. El primero de ellos, Teofrasto, así como su sucesor inmediato, Estrato, dedicaron una atención especial al desarrollo de las doctrinas físicas de Aristóteles. También bajo su dirección la escuela se interesó por la historia de los problemas filosóficos y científicos. En el siglo I a.C. Andrónico de Rodas editó las obras de Aristóteles, y posteriormente la escuela produjo sus comentaristas más famosos, Aristocles de Messene y Alejandro de Afrodisias (alrededor del 200 d.C.). En el siglo III la labor de comentarista fue continuada por los filósofos neoplatónicos y eclécticos, el más famoso de los cuales fue Porfirio. En los siglos V y VI los principales comentaristas fueron Juan Filopono y Simplicio; éste último estaba enseñando en Atenas cuando, en el año 529, la escuela ateniense fue cerrada por orden del emperador Justiniano. Después del cierre de la escuela de Atenas, los filósofos exiliados hallaron un refugio temporal en Persia. Allí, así como en Armenia y Siria, las obras de Aristóteles fueron traducidas y explicadas. Uranio, David el Armenio, los cristianos de las escuelas de Nisibis y Edesa y, finalmente, Honain ben Isaac, de la escuela de Bagdad, fueron especialmente activos como traductores y comentaristas. 
Fue de esta última escuela de la que los árabes, que bajo el reinado de los abasíes experimentaron un renacimiento literario similar al de la Europa Occidental bajo Carlomagno, obtuvieron el conocimiento de las obras de Aristóteles. Mientras tanto se había preservado en Bizancio una tradición más o menos intermitente de las enseñanzas aristotélicas, las cuales, habiendo sido representadas en siglos sucesivos por Miguel Psellus, Focio, Arethas, Nicetas, Juan Italo y Ana Comnena, alcanzaron su más alto desarrollo en el siglo XII, bajo la influencia de Miguel Efesio. En este siglo las dos corrientes, una procedente de Persia, Siria, Arabia y la España árabe, y la otra de Atenas, a través de Constantinopla, se encuentran en las universidades cristianas de Europa Occidental, especialmente en la Universidad de París. 
Los escritores cristianos de la época patrística fueron, con escasas excepciones, platonistas que miraban a Aristóteles con suspicacia y generalmente le minusvaloraban como filósofo. Había excepciones como Juan de Damasco, que en su "Origen de la ciencia" compendia las "Categorías" y la "Metafísica" de Aristóteles y la "Introducción" de Porfirio; Nemesio, obispo de Emesa, que en su "Naturaleza del hombre" sigue las huellas de Juan de Damasco; y Boecio, que tradujo varios de los tratados de lógica de Aristóteles al latín. Estas traducciones y la "Introducción" de Porfirio eran las únicas obras aristotélicas que conocían los universitarios más destacados, es decir, los filósofos cristianos de Europa Occidental desde los siglos IX al XII. En el siglo XII la tradición árabe y la bizantina se encontraron en París, las obras metafísicas, físicas y éticas de Aristóteles fueron traducidas en parte de los textos árabes y en parte de los griegos, y después de un breve periodo de suspicacias y dudas por parte de la Iglesia, la filosofía de Aristóteles fue adoptada como la base de una exposición racional del dogma cristiano. 
Las suspicacias y dudas fueron debidas al hecho de que, en los textos árabes y sus comentarios, las enseñanzas de Aristóteles habían sido tergiversadas y orientadas al materialismo y panteísmo. Después de más de dos siglos de triunfo casi universalmente indiscutido, Aristóteles se constituyó una vez más en tema de disputa en las universidades cristianas del periodo renacentista, debido a que los humanistas, al igual que los árabes, pusieron el énfasis en aquellos elementos de las enseñanzas aristotélicas que eran irreconciliables con la doctrina cristiana. Con la llegada de Descartes y el desplazamiento del centro de los interrogantes filosóficos desde el mundo externo al interno, de la naturaleza a la mente, el aristotelismo como sistema empezó a ser más y más identificado con la escolástica tradicional y no se estudiaba separado de la escolástica más que por su interés histórico.

Obras

Es costumbre distinguir, siguiendo la autoridad de Gelio, dos tipos de obras aristotélicas: las exotéricas, destinadas al público en general, y las acroamáticas, destinada sólo a un circulo limitado, formado por aquellos que estaban versados en la fraseología y modos de pensamiento de la Escuela. Al primer tipo pertenecen los "Diálogos", de los cuales los más conocidos son el "Eudemus", tres libros sobre "Filosofía", cuatro libros "De la justicia", además de los tratados (que no están en forma de diálogo) "Del bien" y "De las ideas", todos los cuales desafortunadamente se han perdido. Bajo este apartado se debería mencionar también los "Poemas", "Cartas", "Oraciones", "Apología", etc., que en un momento dado se atribuyeron a Aristóteles, aunque hay pocas dudas sobre su falsedad. Al tipo de las obras acroamáticas pertenecen todas las obras existentes y también los tratados perdidos anatomai (que contenía cartas anatómicas), periphyton y los politeiai (una colección de las diferentes constituciones políticas de los estados griegos; una porción, que contenía la Constitución de Atenas fue descubierta en un papiro egipcio y publicada en 1891). Las obras existentes, con sus títulos en latín, como se acostumbra citarlas, pueden ser agrupadas en las siguientes clases:

Tratados de lógica: Fueron conocidos por los escritores bizantinos como el "Organon", e incluía (1) "Categoriae"; (2) "De Interpretatione"; (3) "Analytica Priora"; (4) "Analytica Posteriora"; (5) "Topica"; (6) "De Sophisticis Elenchis".

Tratados de metafísica: La obra corrientemente citada como "Metaphysica" o "Metafísica" (o, al menos, una porción de ella) fue titulada por Aristóteles "Filosofía primera" (prote philosophia). El título meta ta physika fue dado por primera vez por Andrónico de Rodas, en cuya colección o edición de las obras de Aristóteles estaba situado después de los tratados de física.

Tratados de física: (1) "Physica", o "Physica Auscultatio", comúnmente denominado Física; (2) "De Coelo"; (3) "Meteorologica".

Tratados de biología y zoología: (1) "Historiae Animalium"; (2) "De Generatione et Corruptione"; (3) "De Generatione Animalium"; (4) "De Partibus Animalium".

Tratados de psicología y antropología: (1) "De Anima"; (2) "De Sensu et Sensibili"; (3) "De Memoria et Reminiscentia"; (4) "De Vita et Morte"; (5) "De Longitudine et Brevitate Vitae".

Tratados de ética y política: (1) "Ethica Nicomachea", (2) "Politica". La "Etica a Eudemo" y la "Magna Moralia" no tuvieron como autor directo a Aristóteles.

Tratados de poética y retórica: (1) "De Poetica"; (2) "De Rhetorica; ambos son genuinos sólo en algunas de sus partes.

De las obras existentes, algunas fueron escritas en su forma actual y estaban destinadas a ser exposiciones científicas acabadas. Otras, aunque fueron escritas por Aristóteles, eran únicamente anotaciones para las clases, para ser completadas con la enseñanza oral. Finalmente, otras no son más que apuntes de clase de sus alumnos, y no fueron nunca corregidas por el maestro. 
Esta consideración obliga, como es obvio, al estudioso de Aristóteles a atribuir un valor muy diferente a las diferentes partes del texto; por ejemplo, nadie pensaría en atribuir el mismo valor a una cita del primer libro de la "Metafísica" que a una del segundo. De acuerdo con una bien conocida historia, contada en principio por Estrabón y repetida por Plutarco y Suidas, la biblioteca de Aristóteles, incluyendo los manuscritos de sus propias obras, fue dejada en herencia a Teofrasto, su sucesor como director de la Escuela Peripatética. Teofrasto se la legó a su heredero, Neleo de Scepsis. Tras la muerte de Neleo, los manuscritos fueron escondidos en una bodega o fosa, para evitar que fueran confiscados por reyes aficionados a coleccionar libros, y allí permanecieron durante casi dos siglos, hasta que en los tiempos de Sulla fueron descubiertos y traídos a Roma. Una vez en Roma fueron copiados por un gramático llamado Tyrannion y editados por Andrónico de Rodas (alrededor del 70 a.C.). 
El núcleo de esta historia puede ser considerado como verdadero; sin embargo, la deducción de que durante todo ese tiempo no se dispuso de ninguna copia de las obras de Aristóteles no está corroborada por los hechos. No está implícito en la narración de Estrabón, y tampoco es probable en si mismo. Puede que uno o dos libros estuvieran desaparecidos para la Escuela hasta que apareció la edición de Andrónico, pero esto mismo no puede ser cierto para todo el Corpus Aristotelicum. La edición de Andrónico continuó siendo utilizada por la Escuela Peripatética durante los primeros siglos de nuestra era. Para las varias traducciones del texto al sirio, árabe, latín, etc. véase lo anterior.



puerta del infierno

domingo, 2 de julio de 2017

97).-Aristóteles I a


  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda ; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas ; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; 




Su Vida

El más grande de los filósofos paganos, nació en Estagira, una colonia griega en la península tracia Calcídica, en el 384 a.C. Murió en Calcis, en Eubea, en el 322 a.C.

Biografía 

Su padre, Nicómaco, era médico de la corte del rey Amintas de Macedonia. Existen razones para creer que este puesto fue desempeñado por los antepasados de Aristóteles bajo el reinado de varios predecesores de Amintas, de modo que la profesión de médico era, en cierto sentido, hereditaria en la familia. Cualquiera que fuese la formación que Aristóteles recibió en un principio, probablemente estuvo influida por esta circunstancia. Así, cuando marchó a Atenas a la edad de dieciocho años, su mente estaba ya orientada en la dirección que tomaría posteriormente, la investigación de los fenómenos de la naturaleza.
Permaneció en Atenas como discípulo de Platón desde los dieciocho hasta los treinta y siete años, y se dice que destacaba entre los que acudían a instruirse a la arboleda de Academo, contigua a la casa de Platón. Las relaciones entre el famoso profesor y su ilustre discípulo han dado pie a varias leyendas, muchas de las cuales presentan a Aristóteles de forma no muy favorable. No cabe duda de que existieron diferencias de opinión entre el maestro, que tomó partido por los principios sublimes e idealistas, y el alumno, que, incluso en aquel entonces, mostraba ya una predilección por la investigación de los hechos y leyes del mundo físico. 
Es probable que Platón afirmara que Aristóteles necesitaba unas riendas más que una espuela, pero no hay razón para creer que ello abriera una brecha en su amistad. De hecho, el comportamiento de Aristóteles tras la muerte de Platón, su continuada asociación con Xenócrates y otros platónicos y sus alusiones en sus escritos a las doctrinas de Platón prueban que, aunque hubo discrepancias de opinión entre maestro y discípulo, no faltaba una estima cordial o ese mutuo dominio de si mismos que podría esperarse de hombres de carácter noble. 
Además de todo esto, en la medida en que presentan a Aristóteles bajo un prisma desfavorable, se puede rastrear el origen de las leyendas hasta los epicúreos, que desde antiguo fueron conocidos como profesionales de la calumnia, y si escritores patrísticos como Justino Mártir y Gregorio Nacianceno proporcionaron amplia circulación a tales leyendas, debe buscarse la razón no en una tradición histórica bien fundamentada, sino en la desproporcionada estima en que los herejes de las primeras épocas del cristianismo tenían a Aristóteles.

Después de la muerte de Platón (347 a.C.) Aristóteles marchó, en compañía de Xenócrates, a la corte de Hermias, gobernador de Atarneus en Asia Menor, y allí se casó con la sobrina e hija adoptiva de éste, Pythias. En el 344, dado que Hermias había sido asesinado por sus súbditos en una rebelión, Aristóteles marchó con su familia a Mitilene, y desde allí, uno o dos años más tarde, fue llamado a su Estagira natal por el rey Filipo de Macedonia, para que se convirtiera en el tutor de Alejandro, que por entonces contaba trece años. 
Tanto si creemos o no a Plutarco, cuando afirma que Aristóteles no sólo impartió al futuro conquistador del mundo conocimientos de ética y política, sino que también le inició en los más profundos secretos de la filosofía, tenemos pruebas tangibles de que, por una parte, el discípulo real se benefició del trato con el filósofo, y por otra, de que el maestro hizo un uso prudente y provechoso de su influencia sobre la mente del joven príncipe. Gracias a dicha influencia, Alejandro puso a disposición de su maestro amplios medios para la adquisición de libros y la prosecución de su investigación científica, y la historia no se equivoca cuando atribuye a este trato con Aristóteles aquellos dones singulares de la mente y el corazón que distinguieron a Alejandro, casi hasta el fin, entre los pocos que han sabido cómo utilizar las victorias de manera inteligente y moderada.
 Alrededor del año 335 Alejandro emprendió la campaña de Asia; en consecuencia, Aristóteles, que había desempeñado el puesto de consejero más o menos informal desde que su alumno accediera al trono, regresó a Atenas e inició allí una escuela de filosofía. Es posible que, como afirma Gelio, él hubiera dirigido una escuela de retórica durante su estancia anterior en la ciudad; pero ahora, siguiendo el ejemplo de Platón, se dedicó a impartir una enseñanza sistemática de la filosofía y eligió para este propósito un gimnasio dedicado a Apolo Licio, por lo que su escuela llegó a ser conocida con el nombre de Liceo. También se la denominó Escuela Peripatética, debido a la costumbre del maestro de discutir los problemas filosóficos con sus alumnos mientras paseaba (peripateo) por los caminos sombreados (peripatoi) alrededor del gimnasio.

Aristóteles escribió la mayoría de sus obras a lo largo de los trece años (335-322) que permaneció como profesor en el Liceo. A imitación del ejemplo de su maestro, puso en las manos de sus alumnos "Diálogos" en los que las enseñanzas eran expuestas en un lenguaje un tanto popular. Asimismo, compuso numerosos tratados (que se mencionarán más adelante) sobre física, metafísica y demás, en las que la exposición es más didáctica y el lenguaje más técnico que en los "Diálogos". Estas obras dan cuenta del buen uso que dio a los medios que Alejandro puso a su disposición. En particular, muestran cómo consiguió reunir las obras de los filósofos griegos que le precedieron, y cómo no reparó en esfuerzos ni gastos a la hora de proseguir sus investigaciones en el campo de los fenómenos naturales, bien personalmente bien a través de otros. 
Al leer sus tratados de zoología es fácil dar crédito a la afirmación de Plinio cuando dijo que Alejandro puso bajo las órdenes de Aristóteles a todos los cazadores y pescadores del reino, y a todos los guardas de los bosques reales, lagos, estanques y todo tipo de ganado; y cuando se aprecia cuán exhaustivamente conoce Aristóteles las doctrinas de los que le precedieron, es posible aceptar la afirmación de Estrabón de que fue el primero en reunir una gran biblioteca. Durante los últimos años de la vida de Aristóteles las relaciones entre éste y su antiguo alumno real se enrarecieron considerablemente, debido a la caída en desgracia y consiguiente castigo de Calistenes, a quien él había recomendado ante el rey. Sin embargo, en Atenas él continuó siendo considerado un amigo de Alejandro y un representante del dominio macedonio. Por consiguiente, cuando llegaron las noticias de la muerte de Alejandro a Atenas y se produjo la declaración que llevó a la guerra lamia, Aristóteles sufrió forzosamente la hostilidad general hacia los macedonios. 
La acusación de impiedad, que se había esgrimido contra Anaxágoras y Sócrates, fue ahora, con menor razón aún, lanzada contra él. Abandonó la ciudad mientras afirmaba (según muchas autoridades de la antigüedad) que no permitiría que los atenienses pecaran por tercera vez contra la filosofía. Estableció su residencia en su patria, en Calcis, Eubea, y allí murió al año siguiente, en el 322 a.C. Su muerte se debió a una enfermedad que le había aquejado desde hacía largo tiempo. La versión de que su fallecimiento fue ocasionado por un envenenamiento con cicuta, y la leyenda en la que se arrojó al mar "porque no podía explicar las mareas" carecen de todo fundamento histórico.

Se conoce muy poco sobre el aspecto personal de Aristóteles, excepto aquello procedente de fuentes manifiestamente hostiles. Sin embargo, no hay razón para dudar de la exactitud de las estatuas y bustos que han llegado hasta nuestros días, cuyo origen se remonta posiblemente a los primeros años de la Escuela Peripatética, que representan su rostro con rasgos angulosos y penetrantes, y algo por debajo de la estatura media. 
Su carácter, revelado en sus obras, su testamento (que es, sin ninguna duda, genuino), fragmentos de sus cartas y las alusiones de aquellos contemporáneos sin prejuicios, muestran un hombre magnánimo y de gran corazón, amante de su familia y de sus amigos, amable con sus esclavos, justo con sus enemigos y rivales, agradecido hacia sus benefactores - en una palabra, la personificación de aquellas ideas morales que él bosquejó en sus tratados de ética y que son reconocidas como muy por encima del concepto de excelencia moral vigente en sus días y entre sus contemporáneos. 
Cuando cesó el dominio del Platonismo sobre la esfera de la reflexión cristiana y las obras del estagirita comenzaron a ser estudiadas sin miedos ni prejuicios, la personalidad de Aristóteles se mostró a los escritores cristianos del siglo XIII como lo había sido a los escritores paganos imparciales de su propia época, sosegado, majestuoso, sin dejarse dominar por las pasiones y libre de defectos morales graves, "el maestro de los que saben".

Filosofía

Aristóteles define la filosofía utilizando el término del ente, afirmando que la filosofía es 
" la ciencia que considera universalmente el ente en cuanto tal". Platón la había definido como "la ciencia de la idea", y tomaba por idea lo que ahora denominaríamos los fundamentos irreductibles de los fenómenos. Tanto el discípulo como su maestro consideran que el campo de la filosofía abarca todo el universo; sin embargo, el primero encuentra lo universal en las cosas concretas, y lo llama el ente de las cosas, mientras que el segundo considera que lo universal existe fuera de las cosas concretas, y que se relaciona con ellas a modo de prototipo o modelo. 
Para Aristóteles, por tanto, el método filosófico implica ascender del estudio de los fenómenos particulares hasta el conocimiento de los entes, en tanto que para Platón el método filosófico implica descender del conocimiento de las ideas universales a la contemplación de las imitaciones particulares de esas ideas. En cierto modo, el método de Aristóteles es a la vez inductivo y deductivo, mientras que el de Platón es básicamente deductivo. Dicho de otro modo, la tendencia de Platón a idealizar el mundo de la realidad a la luz de la intuición de un mundo superior es sustituida en Aristóteles por una tendencia científica a examinar primero los fenómenos del mundo real que nos rodea y de ahí razonar hasta alcanzar un conocimiento de los entes y de las leyes que la intuición no puede revelar pero cuya existencia puede demostrar la ciencia. 
De hecho, la noción de filosofía de Aristóteles corresponde, en líneas generales, a lo que más tarde se ha denominado ciencia, diferenciándola de la filosofía. En el más amplio sentido de la palabra, filosofía y ciencia, o razonamiento, son coextensivos: “La ciencia (dianoia) puede ser práctica, poética o teórica". El considera ciencias prácticas la ética y la política; poéticas, el estudio de la poesía y otras artes, mientras que las ciencias teóricas son la física, las matemáticas y la metafísica. Esta última, que es la filosofía en sentido estricto, la define como "el conocimiento del ente inmaterial", y la denomina “filosofía primera", "la ciencia teológica" o "la del ente en su máximo grado de abstracción". 
Si la Lógica, o Analítica, como Aristóteles la denomina, es considerada como un estudio preliminar para la Filosofía, tenemos la siguiente división de la filosofía aristotélica: 
(1) Lógica; 
(2) Filosofía Teórica, que incluye la Metafísica, la Física y las Matemáticas; 
(3) Filosofía Práctica y 
(4) Filosofía Poética.

Lógica

Los tratados de lógica de Aristóteles conforman lo que posteriormente se denominó "Organon" y contienen el primer tratamiento sistemático de las leyes del pensamiento en relación con la adquisición de conocimiento. De hecho, constituyen el primer intento de reducir la lógica a una ciencia, y en consecuencia, confieren a su autor el derecho a ser considerado el fundador de la lógica. Son seis tratados y versan respectivamente sobre:

Clasificación de las nociones
Juicios y proposiciones
El silogismo
Demostración
El silogismo problemático
Falacias
Así, cubren prácticamente todo el campo de la lógica.

En el primer tratado, las "Categorías", Aristóteles da una clasificación de todos los conceptos, o nociones, según las clases en las que las cosas representadas por conceptos o nociones se dividen naturalmente. Estas clases son sustancia, cantidad, cualidad, relación, acción, pasión (que no debe entenderse meramente como una condición mental o psíquica), lugar, tiempo, posición, y estado. Hay que distinguirlas de los Predicamentos, que son género, especie (definición), diferencia, propiedad y accidente. Estos últimos son, sin duda, clases en las que las ideas se dividen, pero sólo en cuanto que una idea es predicada de la otra.
 Es decir, las Categorías son, en primer lugar, una clasificación de los modos de ser, y en segundo, de las nociones que expresan los modos de ser; los Predicamentos son, en primer lugar, una clasificación de los modos de predicar, y en segundo, de las nociones o ideas, según la diferente relación en la que una idea, como predicado, califica a otra como sujeto. En el tratado denominado "Primeros Analíticos", Aristóteles desarrolla las reglas del razonamiento silogístico, y establece los principios de la inducción. En el "Segundos Analíticos" emprende el estudio de la demostración y de los primeros principios indemostrables. Asimismo, trata el conocimiento en general, su origen, proceso y desarrollo hasta el estado de conocimiento científico. 
A partir de ciertos pasajes bien conocidos de este tratado y de sus otros escritos se puede bosquejar su teoría del conocimiento. Como se ha mencionado previamente, Aristóteles enfoca los problemas de la filosofía desde un punto de vista científico. El considera la experiencia como la verdadera fuente de todo nuestro conocimiento, tanto intelectual como material. "No hay nada en la mente que no estuviera primero en los sentidos", es un principio fundamental para él, como lo sería después para sus discípulos. Todo conocimiento comienza con la experiencia de una sensación, que tiene como objeto, naturalmente, al fenómeno concreto, particular y cambiante. Pero aunque el conocimiento intelectual empieza con la experiencia sensorial, no termina ahí, ya que tiene como fin la esencia inmutable, abstracta y universal.
Esta teoría del conocimiento puede ser, hasta aquí, resumida en los siguientes principios: el conocimiento intelectual depende básicamente del conocimiento sensorial, y el conocimiento intelectual es, sin embargo, superior al conocimiento sensorial.
 ¿Cómo asciende entonces la mente desde el conocimiento inferior al superior? 
¿Cómo puede el conocimiento de lo que perciben los sentidos (aistheton) conducir al conocimiento de lo inteligible (noeton)? 
La respuesta de Aristóteles es que la mente descubre lo inteligible en la experiencia sensorial. La mente no extrae, como Platón imaginara, el recuerdo de ciertas ideas de una existencia anterior a partir de lo que le recuerda la vista de ciertos fenómenos.

Él atribuye a los fenómenos una facultad específica de la mente, por la cual ésta hace inteligibles aquellos entes que son imperceptibles a los sentidos, por estar ocultos bajo cualidades no esenciales. El hecho es que la sustancia individual (sustancia primera) observada a traves de nuestros sentidos - este libro, esta mesa, esta casa - presenta determinadas cualidades individuales ( su tamaño particular, forma, color, etc.) que la distinguen de otras de su especie y que sólo son percibidas por los sentidos. Pero en la misma sustancia subyace a las cualidades individuales una naturaleza general (por la que es un libro, una mesa, una casa); ésta es la sustancia segunda, la Esencia, el Universal, el Inteligible. 
Así, la mente está dotada del poder de abstracción, generalización o inducción (Aristóteles no es muy explícito sobre la naturaleza precisa de esta facultad) mediante el cual descorre, de manera figurada, el velo de las características particularizantes y saca a la luz, o permite que se revele, el elemento universal o realmente inteligible de las cosas, que es el objeto del conocimiento intelectual. En esta teoría, el conocimiento intelectual se desarrolla a partir del conocimiento sensorial en la medida en que dicho proceso pueda llamarse desarrollo, por el cual lo que sólo era potencialmente inteligible se transforma de hecho en inteligible gracias a la actuación del intelecto activo.
 El Universal estaba in re antes de que la mente humana comenzara a trabajar, pero estaba ahí de forma únicamente potencial, ya que, debido a las cualidades individualizantes que lo envolvían, sólo era potencialmente inteligible. La teoría de los universales de Aristóteles consiste, por tanto, en que

El universal no existe separado del particular, como enseñaba Platón, sino que existe en las cosas particulares
El Universal como tal, en toda su inteligibilidad, es una obra de la mente, y existe sólo en la mente aunque tiene su fundamento en la esencia potencialmente universal que existe independientemente de la mente y fuera de ella.
puerta del infierno

jueves, 24 de diciembre de 2015

43).-La filosofía de Aristóteles.-a

 Clases de Filosofía, en el Instituto de Humanidades Luis Campino, del profesor de filosofía don Oscar Santos Peralta, generación 1992.


Oscar Santos Peralta


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 


Platon y Aristoteles 

Scherezada  Alvear Godoy


Como autor de un sistema filosófico y científico que se convertiría en base y vehículo del cristianismo medieval y de la escolástica islámica y judaica, Aristóteles ha determinado, más que cualquier otro filósofo, la orientación y los contenidos de la historia del pensamiento occidental. Sus obras ejercerían una notable influencia sobre innumerables pensadores durante cerca de dos mil años, y continúan siendo objeto de estudio por parte de múltiples especialistas en nuestros días. La filosofía de Aristóteles constituye, junto a la de su maestro Platón, el legado más importante del pensamiento de la Grecia antigua.
Pese a ser discípulo de Platón, Aristóteles se distanció de las posiciones idealistas para elaborar un pensamiento de carácter naturalista y realista. Frente a la separación radical entre el mundo sensible y el mundo inteligible planteada por las doctrinas platónicas, defendió la posibilidad de aprehender la realidad a partir de la experiencia. Así pues, en contra de las tesis de su maestro, consideró que las ideas o conceptos universales no deben separarse de las cosas, sino que están inmersos en ellas como principios informantes de la materia.
Sin embargo, los esfuerzos de Aristóteles no se dirigieron únicamente al estudio especulativo de las cosas y sus causas, sino que, en coherencia con sus concepciones, otorgó gran importancia a los estudios científicos y a la observación de la naturaleza. No menos relevantes son sus escritos sobre lógica formal y sus reflexiones en torno a la moral, la política y la estética. De acuerdo con las fuentes antiguas, el filósofo griego escribió 170 obras, aunque sólo 30 se han conservado hasta nuestros días.

La metafísica

La metafísica de Aristóteles es por un lado crítica con respecto a la de su maestro Platón, y por otro constructiva, puesto que se propone llegar a una nueva sistematización. Hay que notar que ni el maestro ni el discípulo emplearon el término "metafísica", que fue acuñado por Andrónico de Rodas, editor del legado aristotélico. Lo que pretende la metafísica es llegar a saber "de los principios y de las causas primeras", y por ello Aristóteles llamó al estudio de las cuestiones metafísicas "filosofía primera", ciencia que considera el ser en cuanto ser. Por ocuparse de las primeras y verdaderas causas, puede ser considerada igualmente ciencia de lo divino, ciencia teológica (Theologiké épistéme).
Aristóteles rechaza la teoría platónica de las Ideas separadas de los entes de este mundo. Lo verdaderamente existente no son los "reflejos" de las Ideas, sino los entes individuales, captados por la inteligencia y en los que reside el aspecto universal. En todo ser se da la sustancia (ousìa, esencia de cada ente individual subsistente en sí mismo) y el accidente (cualidad que no existe en sí misma sino en la sustancia). La sustancia permanece más allá de todos los cambios accidentales que experimente. Por ejemplo, el árbol sigue siendo un árbol aunque pierda sus hojas en otoño; si el árbol muere, experimenta un cambio sustancial, y deja de ser un árbol.

El hilemorfismo

Las sustancias sensibles se hallan constituidas por dos principios: materia, que dice de qué está hecha una cosa, y forma, disposición o estructura de la misma. Esta doctrina se denomina hilemorfismo o teoría hilemórfica (de híle, materia, y morfé, forma). La materia es el substrato general de toda sustancia corpórea, y de ella derivan las propiedades físicas comunes a todos los cuerpos, pero, por si sola, ni siquiera es cognoscible: es imposible experimentar una materia no determinada, no incardinada en una forma. La materia es un principio indeterminado que adquiere su determinación gracias a la forma; la forma es el principio determinante que hace que la materia sea lo que es. Ambos principios son inseparables.
La distinción aristotélica entre forma sustancial y forma accidental ayuda a comprender el concepto de forma. Un ser individual se compone de materia y de una forma sustancial, que viene a ser el diseño estructural de la materia. A través de los sentidos y del intelecto identificamos tal diseño e incluimos al ser en un género; la forma sustancial nos permite incluir cierto fruto en el género “manzana” y distinguirlo de una nuez. Ahora bien, el tamaño, la forma, el color o el sabor varían de una manzana a otra; tales rasgos, que individualizan una manzana en concreto, configuran su forma accidental.

Aristóteles estudiando la naturaleza

Como puede verse, formas sustanciales e ideas platónicas son nociones afines. Pero para Platón las ideas son trascendentes: se hallan en un mundo aparte, el mundo de las Ideas, y los seres del mundo sensible (el nuestro) son meros reflejos de las Ideas. En Aristóteles sólo existe el mundo sensible; la materia y las formas sustanciales son dos principios constitutivos que residen en los mismo seres, es decir, son inmanentes.

Potencia y acto

Para explicar el cambio, Aristóteles se vale de las nociones de acto y potencia, determinaciones primeras del ser. Por potencia se entiende una potencialidad que posee un ser; el acto es la realización de esa potencialidad. Aristóteles define el cambio como el paso de la potencia al acto. Así, el mosto de uva tiene entre sus potencias o capacidades la de convertirse en vino. Tras la fermentación del mosto, obtenemos vino: esa potencia o potencial del mosto se ha realizado.
Existen, como ya se ha indicado, dos tipos de cambio: el cambio sustancial y el cambio accidental. En el cambio sustancial, un ser se convierte en otro, lo que implica un doble proceso simultáneo de corrupción del primero y de generación del segundo. En el cambio accidental, la sustancia permanece; sólo se modifican las cualidades accidentales. Los cambios accidentales pueden ser de tres tipos. En el cambio cuantitativo se altera la cantidad (el árbol que crece gana en altura, pero sigue siendo un árbol). En el cambio cualitativo se modifica la cualidad (las lentejas se hacen blandas tras una prolongada cocción). El cambio local es simplemente el cambio o movimiento de un lugar a otro.

Clases de causas

Con las nociones de potencia y acto sabemos cómo suceden los cambios o movimientos. Ahora bien, el paso de potencia a acto no ocurre espontáneamente; es precisa la acción de un agente externo, de una causa. Para Aristóteles, las razones o causas del cambio son cuatro: causa material, causa formal, causa eficiente y causa final (o teleológica). El propio filósofo las ilustra con la realización de una escultura. La causa eficiente de la transformación del bloque de mármol en estatua es la acción del escultor, que modela y cincela el mármol hasta completar una representación de, por ejemplo, la diosa Afrodita.
En el sentido moderno y habitual de la palabra, la única causa es la causa eficiente. Pero Aristóteles, más que de causas, está hablando de "elementos" que necesariamente intervienen en el cambio y lo explican; así, la causa material determina y explica que la estatua ya realizada esté hecha de mármol, y la causa formal, que reproduzca el cuerpo de un mujer hermosa. Tampoco en lenguaje habitual hablaríamos de causa final, sino, simplemente, de finalidad. En el ejemplo, la causa final es la finalidad del escultor, la cual es también un factor que incide en el paso de mármol a estatua; así, la obra respetará la iconografía tradicional si el artista piensa destinarla a presidir un templo consagrado a la diosa, pero puede ser más personal si la finalidad es decorar una estancia privada.
En el ejemplo del escultor es claro que alguna finalidad lo empuja a ejecutar la estatua, pero, ¿qué decir de los cambios operados por agentes no concientes, por fuerzas de la naturaleza? Por ejemplo, el sol calienta el agua del mar, que se evapora y eleva formando nubes. No puede decirse que el sol forme nubes con alguna finalidad, pero sí que tal cambio tiene lo que podríamos llamar una "finalidad última": las nubes traen la lluvia, que fertiliza la tierra y posibilita la existencia de seres vivos (superiores a los inertes); de las plantas se alimentan los animales y de ambos el hombre, el ser más perfecto. La causa final es de gran importancia para el Estagirita, ya que está convencido de que todo existe para cumplir un fin, pues todo, por su propia inmanencia, busca su intrínseca perfección.

Primer motor y acto puro

La ciencia metafísica de Aristóteles culmina en la teología, la cual se ocupa del ser que existe per se, o sea, el ente en su sentido más pleno, la forma pura sin materia. Para probar la existencia de ese ser apela a varios argumentos: "Entre las cosas que existen una es mejor que la otra; de allí que exista una cosa óptima, que debe ser la divina". Su argumento más conocido es el denominado de predicamento cosmológico: las cosas de este mundo son perecederas, y por lo tanto sufren cambio; este cambio acaece en el tiempo. Cambio y tiempo son, pues, imperecederos; mas para que se produzca el cambio o movimiento eterno ha de existir una sustancia eterna capaz de producir ese movimiento. Pero no podemos retrotraernos al infinito para buscar las causas de las causas, por lo que debemos llegar a un Ser supremo. Ese Ser, sin embargo, no aparece en Aristóteles como creador del mundo, porque éste es eterno.


Ya en sus tratados sobre física había expuesto Aristóteles el concepto de primer motor. Todo ser que se mueve es movido por otro; puesto que no podemos remontarnos en esta cadena hasta el infinito, debe existir un primer motor, el cual es inmóvil: si fuese móvil, estaría movido por otro motor anterior, y no sería el primero. Aristóteles ahonda en esta idea en sus escritos metafísicos. Como el movimiento es paso de potencia a acto, la misma inmovilidad implica que el primer motor no está en potencia respecto a ningún acto, es decir, no tiene ninguna potencialidad: es acto puro. En consecuencia, es inmaterial (la materia siempre supone potencialidad) y absolutamente perfecto; no puede faltarle nada en el orden del ser y de la perfección, pues si le faltase algo estaría en potencia respecto a aquello de lo que careciese, y ya no sería acto puro.

Por su misma perfección debemos atribuir vida a este Ser superior, y vida en su grado más perfecto; y no podemos atribuirle otra actividad que la teórica o contemplativa, que no requiere movimiento y no se orienta a satisfacer ninguna necesidad. Así, el Dios aristotélico es pura inteligencia, puro pensamiento incesante que se piensa a sí mismo; el objeto de su pensamiento no puede consistir en cosas externas a él, porque entonces dependería de tales cosas. Autónomo, trascendente, separado del mundo, Dios es eternamente feliz pensándose eternamente.

Estando separado del cosmos y sin ningún contacto con él, ¿cómo puede Dios actuar sobre el mundo, moverlo como un primer motor? Dada su suma perfección y su plenitud de ser, en Dios se encuentra todo lo apetecible, todo lo digno de ser contemplado, todo lo que merece ser poseído; en consecuencia, mueve a todas las cosas como el bien mueve al que lo desea o la belleza mueve al que la contempla. Dios mueve el mundo no como causa eficiente, sino como causa final, es decir, como fin último (la perfección) al que tiende el universo. Del mismo modo que a la amada le bastan su belleza y su bondad para atraer al amante, Dios no ejerce ninguna fuerza: el movimiento surge en las cosas como un afán hacia lo perfecto.

Alma y conocimiento

Todos los seres vivos se presentan a Aristóteles como poseedores de alma (psyché), por la cual se distinguen de los seres inanimados o inorgánicos. Según su conocida definición, el alma es la forma de un cuerpo que tiene la vida en potencia. La doctrina hilemórfica se aplica también a los seres vivos: se componen de materia (el cuerpo) y de forma (el alma). El alma es el principio vital que realiza una potencialidad de la materia: constituir un ser vivo. Aristóteles distingue tres clases de alma: vegetativa (propia de las plantas, pero presente también en los animales y en el hombre), sensitiva (propia de los animales y del hombre) y racional (exclusiva del hombre). Ésta tiene tres características: es causa del movimiento del cuerpo, conoce y es incorpórea.


De esta concepción se deducen consecuencias inmediatas y contrarias al pensamiento de Platón y de otros filósofos; por ejemplo, el alma no existe antes del nacimiento del ser vivo (se niega la preexistencia del alma), ni pasa de un ser vivo a otro (trasmigración de las almas). El alma no se halla accidentalmente prisionera en la cárcel del cuerpo; al igual que la materia y la forma, el cuerpo y el alma son principios constitutivos inseparables e interdependientes que forman un compuesto sustancial, de modo que ni uno ni otro pueden tener una existencia propia.

Con la extinción del alma en la muerte, el cuerpo pierde su principio vital y su materia se descompone. Esto ocurre indudablemente en las plantas y en los animales; en cambio, la posición de Aristóteles respecto a la posible inmortalidad del alma humana ha sido objeto de interpretaciones divergentes. Con respecto al conocimiento, Aristóteles no admite las doctrinas de Platón, ni tampoco el innatismo. La mente al nacer es "tamquam tabula rasa", en la que nada hay escrito. El conocimiento comienza en los sentidos, como nos demuestra la experiencia. Las captaciones de los sentidos son aprehendidas por el intelecto, generándose así el concepto. De esta forma llegamos al conocimiento suprasensible.

Ética

La ética de Aristóteles tiene un fin que se resume en la búsqueda de la felicidad. Para algunos, la felicidad consiste en los placeres; para otros, en las riquezas; pero el hombre sabio la busca en el ejercicio de la actividad que le es propia al hombre, es decir, en la vida intelectiva. Ello no excluye el goce moderado de los placeres sensibles y de los demás bienes, con tal de que no impida la contemplación de la verdad.
Sobre esta base desarrolla Aristóteles el concepto de virtud. La virtud consiste en el justo medio; así, la valentía es la virtud que se sitúa entre dos extremos igualmente viciosos, la cobardía (carencia de valor) y la temeridad (exceso de valor que lleva a correr riesgos innecesarios). Lo que quiere dar a entender es que el actuar del hombre debe estar regido por la prudencia o regla recta. Hay dos modalidades de virtud: las dianoéticas (que se refieren al ejercicio de la inteligencia) y las éticas (que se refieren a la sensibilidad y los afectos). Todas las virtudes son hábitos que se adquieren por medio de la repetición. La virtud por excelencia es la justicia, la cual consiste en el acatamiento de las leyes y en el respeto a los demás ciudadanos.

Política

Para Aristóteles el hombre es un "animal político" por naturaleza; esta célebre expresión ha de entenderse como "animal social", ya que "político" deriva de polis, la ciudad-estado griega, que es la forma más avanzada de sociedad. Sólo los animales y los dioses pueden vivir aislados. La fuerza natural hacia la reproducción y la conservación inclina a los hombres a vivir unidos, primero en la familia, luego en la aldea (unión de varias familias) y finalmente en la ciudad-estado (ni muy pocos, ni demasiados habitantes). El buen funcionamiento de una ciudad-estado no se asegura solamente por aunar voluntades hacia un mismo fin; se requiere también de leyes sensatas y apropiadas que respeten las diferencias y eduquen a los ciudadanos para la responsabilidad civil dentro de la libertad (Aristóteles, en su mentalidad clasista griega, no concibe el derecho de ciudadanía ni para las mujeres ni para los esclavos).
Existen tres formas de legítimo gobierno: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno de los mejores) y democracia (gobierno de muchos). A estas formas rectas de gobierno se oponen tres formas degeneradas, en las que los gobernantes prescinden del bien general y buscan sólo su propio interés: la tiranía, la oligarquía y la demagogia. No se puede decir cuál de las tres es mejor, pues para cada pueblo en concreto hay que deducirla de una indagación objetiva de las varias formas históricas de gobierno, y definir según las circunstancias cuál es más conveniente para un determinado estado (Aristóteles recogió y estudió las constituciones de 158 estados). En principio, toda forma de gobierno es buena si quien gobierna busca el bien de los gobernados.

Su influencia

Durante mucho tiempo el pensamiento aristotélico se vio eclipsado por el prestigio de las doctrinas de Platón. En época de la Roma cristianizada, el naturalismo y el realismo de Aristóteles eran despreciados, y se privilegiaban las lecturas neoplatónicas de Plotino y Beocio. Debido al espiritualismo que caracterizó al pensamiento medieval, las doctrinas de Platón gozaron de preeminencia hasta el siglo XII.
Los filósofos árabes (y, particularmente, Avicena y Averroes) contribuyeron a que el pensamiento aristotélico fuese de nuevo objeto de atención en Occidente. El creciente interés por la naturaleza mostrado por el pensamiento cristiano en la Baja Edad Media hizo posible que la obra de Aristóteles fuese estudiada. Roger Bacon y Alberto Magno reivindicaron el pensamiento del Estagirita, y Santo Tomás de Aquino lo transformó en la base de la teología cristiana.
La revolución científica del Renacimiento, con figuras clave como el británico Francis Bacon en el plano filosófico y Galileo en el científico, socavó la autoridad de Aristóteles. Aunque Galileo y Newton finiquitaron la física y la astronomía aristotélicas, los estudios sobre biología y lógica del Estagirita mantuvieron su vigencia hasta los siglos XIX y XX, respectivamente, y sus escritos filosóficos continuaron ejerciendo influencia sobre diversas corrientes de pensamiento modernas, como el idealismo, el neoescolasticismo, el conductismo y el dinamismo de Bergson, entre otras.

puerta del infierno

viernes, 24 de julio de 2015

29).-Las obras de Aristóteles.-a

 Clases de Filosofía, en el Instituto de Humanidades Luis Campino, del profesor de filosofía don Oscar Santos Peralta, generación 1992.
Oscar Santos Peralta


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 

Scherezada Jacqueline Alvear Godoy
Busto.

La filosofía occidental se asienta en la obra de los tres grandes filósofos griegos de la Antigüedad: Sócrates, Platón y Aristóteles. Pese a la singular relación que los unió (Sócrates fue maestro de Platón, quien lo fue a su vez de Aristóteles), la orientación de su pensamiento tomó distintos caminos, y correspondería a Aristóteles culminar los esfuerzos de sus maestros y ejercer la influencia más perdurable, no sólo en el terreno de la filosofía y la teología, sino prácticamente en todas las disciplinas científicas y humanísticas. De hecho, por el rigor de su metodología y por la amplitud de los campos que abarcó y sistematizó, Aristóteles puede ser considerado el primer investigador científico en el sentido moderno de la palabra.
Algunos ejemplos pueden dar idea de hasta qué punto Aristóteles estableció las bases que configurarían el pensamiento europeo: las teologías cristiana y musulmana del Medioevo asumieron su metafísica; la física y la astronomía aristotélicas se mantuvieron vigentes hasta el siglo XVII; sus estudios zoológicos, hasta el XIX; la lógica, hasta el siglo XX; sus apenas cincuenta páginas sobre estética se siguen debatiendo en nuestros días. Su incuestionada autoridad, reforzada desde la Baja Edad Media por el aristotelismo eclesiástico, llegó incluso a frenar el desarrollo de la ciencia. De tomarse este hecho como una acusación, habría que dirigirla no al filósofo sino a sus dogmáticos seguidores; pero más razonable es tomarlo como ilustración de la sobrehumana magnitud de su impronta y del abismal adelanto que representó su obra.

Biografía.

Aristóteles nació en el año 384 a.C. en Estagira, una pequeña localidad macedonia cercana al monte Athos; de su población natal procede una designación habitual para referirse al filósofo: el Estagirita. Su padre, Nicómaco, era médico de la corte de Amintas III, padre de Filipo II de Macedonia y, por tanto, abuelo de Alejandro Magno. Nicómaco pertenecía a la familia de los Asclepíades, que se reclamaba descendiente del dios fundador de la medicina y cuyo saber se transmitía de generación en generación. Ello invita a pensar que Aristóteles fue iniciado de niño en los secretos de la medicina, y que de ahí le vino su afición a la investigación experimental y a la ciencia positiva. Huérfano de padre y madre en plena adolescencia, fue adoptado por Proxeno, al cual podría mostrar años después su gratitud adoptando a un hijo suyo llamado Nicanor.
En el año 367, es decir, cuando contaba diecisiete años de edad, fue enviado a Atenas para estudiar en la Academia de Platón. No se sabe qué clase de relación personal se estableció entre ambos filósofos, pero, a juzgar por las escasas referencias que hacen el uno del otro en sus escritos, no cabe hablar de una amistad imperecedera. Lo cual, por otra parte, resulta lógico si se tiene en cuenta que Aristóteles iba a iniciar su propio sistema filosófico fundándolo en una profunda crítica al platónico.
Ambos partían de Sócrates y de su concepto de eidos, pero las dificultades de Platón para insertar en el mundo real su mundo eidético, el mundo de las Ideas, obligaron a Aristóteles a ir perfilando términos como «sustancia», «materia» y «forma», que le alejarían definitivamente de la Academia. En cambio es absolutamente falsa la leyenda según la cual Aristóteles se marchó de Atenas despechado porque Platón, a su muerte, designase a su sobrino Espeusipo para hacerse cargo de la Academia: por su condición de macedonio, Aristóteles no era legalmente elegible para ese puesto.

A la muerte de Platón, acaecida en el 348, Aristóteles contaba treinta y seis años de edad, había pasado veinte de ellos simultaneando la enseñanza con el estudio y se encontraba en Atenas, como suele decirse, sin oficio ni beneficio. Así que no debió de pensárselo mucho cuando supo que Hermias de Atarneo, un soldado de fortuna griego (por más detalles, eunuco) que se habla apoderado del sector noroeste de Asia Menor, estaba reuniendo en la ciudad de Axos a cuantos discípulos de la Academia quisieran colaborar con él en la helenización de sus dominios. Aristóteles se instaló en Axos en compañía de Jenócrates de Calcedonia, un colega académico, y de Teofrasto, discípulo y futuro heredero del legado aristotélico.
El Estagirita pasaría allí tres años apacibles y fructíferos, dedicándose a la enseñanza, a la escritura (gran parte de su Política la redactó allí) y a la vida doméstica. Primero se casó con una sobrina de Hermias llamada Pitias, con la que tuvo una hija. Pitias debió de morir muy poco después y Aristóteles se unió a otra estagirita, de nombre Erpilis, que le dio un hijo, Nicómaco, al que dedicaría su Ética. Dado que el propio Aristóteles dejó escrito que el varón debe casarse a los treinta y siete años y la mujer a los dieciocho, resulta fácil deducir qué edades debían de tener una y otra cuando se unió a ellas.
Tras el asesinato de Hermias, en el 345, Aristóteles se instaló en Mitilene (isla de Lesbos), dedicándose, en compañía de Teofrasto, al estudio de la biología. Dos años más tarde, en el 343, fue contratado por Filipo II de Macedonia para que se hiciese cargo de la educación de su hijo Alejandro, a la sazón de trece años de edad.
Tampoco se sabe mucho de la relación entre ambos, ya que las leyendas y las falsificaciones han borrado todo rastro de verdad. De ser cierto el carácter que sus contemporáneos atribuyen a Alejandro (al que tachan unánimemente de arrogante, bebedor, cruel, vengativo e ignorante), no se advierte rasgo alguno de la influencia que Aristóteles pudo ejercer sobre él. Como tampoco se advierte la influencia de Alejandro Magno sobre su maestro en el terreno político: años después, mientras Aristóteles seguía predicando la superioridad de la  polis , su presunto discípulo establecía las bases de un imperio universal sin el que, al decir de los historiadores, la civilización helénica hubiera sucumbido mucho antes.
Poco después de la muerte de Filipo (336 a.C.), Alejandro hizo ejecutar a un sobrino de Aristóteles, Calístenes de Olinto, a quien acusaba de traidor. Conociendo el carácter vengativo de su discípulo, Aristóteles se refugió un año en sus propiedades de Estagira, trasladándose en el 334 a Atenas para fundar, siempre en compañía de Teofrasto, el Liceo, una institución pedagógica que durante años habría de competir con la Academia platónica, dirigida en ese momento por su viejo camarada Jenócrates de Calcedonia.

Los once años que median entre su regreso a Atenas y la muerte de Alejandro, en el 323, fueron aprovechados por Aristóteles para llevar a cabo una profunda revisión de una obra que, al decir de Hegel, constituye el fundamento de todas las ciencias. Para decirlo de la forma más sucinta posible, Aristóteles fue un prodigioso sintetizador del saber, tan atento a las generalizaciones que constituyen la ciencia como a las diferencias que no sólo distinguen a los individuos entre sí, sino que impiden la reducción de los grandes géneros de fenómenos y las ciencias que los estudian. Los seres, afirma Aristóteles, pueden ser móviles e inmóviles, y al mismo tiempo separados (de la materia) o no separados. La ciencia que estudia los seres móviles y no separados es la física; la de los seres inmóviles y no separados es la matemática, y la de los seres inmóviles y separados, la teología.
La amplitud y la profundidad de su pensamiento son tales que fue preciso esperar dos mil años para que surgiese alguien de talla parecida. Después de que, en el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino integrase sus doctrinas en la teología cristiana, la autoridad del Estagirita llegó a quedar tan establecida e incuestionada como la que ejercía la Iglesia, y tanto en la ciencia como en la filosofía todo intento de avance intelectual tendría que empezar con un ataque a cualquiera de los principios filosóficos aristotélicos. Sin embargo, el camino seguido por el pensamiento de Aristóteles hasta alcanzar su posterior preeminencia es tan asombroso que, aun descontando lo que la leyenda haya podido añadir, parece un argumento de novela de aventuras.

Con la muerte de Alejandro en el 323, se extendió en Atenas una oleada de nacionalismo (antimacedonio) desencadenado por Demóstenes, hecho que le supuso a Aristóteles enfrentarse a una acusación de impiedad. No estando en su ánimo repetir la aventura de Sócrates, Aristóteles se exilió a la isla de Chalcis, donde murió en el 322. Según la tradición, Aristóteles cedió sus obras a Teofrasto, el cual las cedió a su vez a Neleo, quien las envió a casa de sus padres en Esquepsis sólidamente embaladas en cajas y con la orden de que las escondiesen en una cueva para evitar que fuesen requisadas con destino a la biblioteca de Pérgamo.
Muchos años después, los herederos de Neleo las vendieron a Apelicón de Teos, un filósofo que se las llevó consigo a Atenas. En el 86 a.C., en plena ocupación romana, Sila se enteró de la existencia de esas cajas y las requisó para enviarlas a Roma, donde fueron compradas por Tiranión el Gramático. De mano en mano, las obras fueron sufriendo sucesivos deterioros hasta que, en el año 60 a.C., fueron adquiridas por Andrónico de Rodas, el último responsable del Liceo, quien procedió a su edición definitiva.
A Andrónico se debe, por ejemplo, la introducción del término «metafísica». En su ordenación de la obra aristotélica, Andrónico situó, a continuación de los libros sobre la física, una serie de tratados que agrupó bajo el título de Metafísica, rótulo anodino que significaba literalmente "después de la física" y que pasaría posteriormente a designar esta rama fundamental de la filosofía. Aristóteles nunca empleó ese término; los tratados así titulados versaban sobre lo que el Estagirita llamaba «filosofía primera».
Con la caída del Imperio romano, las obras de Aristóteles, como las del resto de la cultura grecorromana, desaparecieron hasta que, bien entrado el siglo XII, fueron recuperadas por el árabe Averroes, quien las conoció a través de las versiones sirias, árabes y judías. Del total de 170 obras que los catálogos antiguos recogían, sólo se han salvado 30, que vienen a ocupar unas dos mil páginas impresas. La mayoría de ellas proceden de los llamados escritos «acroamáticos», concebidos para ser utilizados como tratados en el Liceo y no para ser publicados. En cambio, se ha perdido la mayor parte de las obras publicadas en vida del propio Aristóteles, escritas (a menudo en forma diálogos) para el público general.


 Corpus aristotelicum.

Las obras de Aristóteles que nos han llegado y que forman lo que se conoció como el Corpus aristotelicum se editan según la edición prusiana de Immanuel Bekker de 1831-1836, indicando la página, la columna (a ó b) y eventualmente la línea del texto en esa edición. Tras el trabajo de Bekker se han encontrado sólo unas pocas obras más. Los títulos en latín todavía son utilizados por los estudiosos.
Los trabajos cuya legitimidad está en disputa se marcan con *, y los trabajos que generalmente se consideran espurios se marcan con **.

Lógica.
(1a) Categorías (Categoriae)
(16a) De la interpretación (De interpretatione)
(24a) Primeros analíticos (Analytica priora)
(71a) Segundos analíticos (Analytica posteriora)
(100a) Tópicos (Topica)
(164a) Refutaciones sofísticas (De sophisticis elenchis)

Física (el estudio de la naturaleza)

(184a) Física (Physica)
(268a) Sobre el cielo (De caelo)
(314a) Acerca de la generación y la corrupción (De generatione et corruptione)
(338a) Meteorología (Meteorologica)
(391a) Del universo** (De mundo)
(402a) Del alma (De anima)

Pequeños tratados sobre la naturaleza (Parva naturalia)


(436a) De los sentidos y de lo sentido (De sensu et sensibilibus)
(449b) De la memoria y la reminiscencia (De memoria et reminiscentia)
(453b) Del sueño y la vigilia (De somno et vigilia)
(458a) Del ensueño (De insomniis)
(462b) De la adivinación por el sueño (De divinatione per somnum)
(464b) De la longitud y la brevedad de la vida (De longitudine et brevitate vitae)
(467b) De la juventud y la vejez, De la vida y la muerte, y De la respiración (De juventute et senectute, De vita et morte, De respiratione)
(481a) De la respiración** (De spiritu)
(486a) Historia de los animales (Historia animalium)
(639a) Las partes de los animales (De partibus animalium)
(698a) El movimiento de los animales (De motu animalium)
(704a) Progresión de los animales (De incessu animalium)
(715a) Generación de los animales (De generatione animalium)
(791a) De los colores** (De coloribus)
(800a) De las cosas de la audición** (De audibilibus)
(805a) Fisiognomónica** (Physiognomonica)
(815a) De las plantas** (De plantis)
(830a) De las maravillas escuchadas** (De mirabilibus auscultationibus)
(847a) Mecánica** (Mechanica)
(859a) Problemas* (Problemata)
(968a) De las líneas imperceptibles** (De lineis insecabilibus)
(973a) Los lugares de los vientos** (Ventorum situs)
(974a) Melisos, Jenófanes y Gorgias (abreviado MXG)**

Metafísica


(980a) Metafísica (Metaphysica)

Ética y política


(1094a) Ética nicomáquea o Ética a Nicómaco (Ethica Nicomachea)
(1181a) Gran moral* (Magna moralia)
(1214a) Ética eudemia o Ética a Eudemo (Ethica Eudemia)
(1249a) Librillo sobre las virtudes y los vicios** (De virtutibus et vitiis libellus)
(1252a) Política (Politica)
(1343a) Económica* (Oeconomica)
Constitución de los atenienses (Athenaion politeia) - Trabajo encontrado en 1890, después de la edición de Bekker.

Retórica y poética


(1354a) Arte retórica (Ars rhetorica)
(1420a) Retórica a Alejandro** (Rhetorica ad Alexandrum)
(1447a) Poética (Ars poetica)

Biografia

384 a.C. Nace en Estagira, Macedonia (de ahí su sobrenombre de El Estagirita).
367 a.C. Se traslada a Atenas para estudiar en la Academia de Platón, donde más tarde ejerce como maestro.
347 a.C. Muere Platón.
348 a.C. Se traslada a Axos, donde sirve a Hermias de Atarneo. Durante esta etapa contrae matrimonio con Pitias, sobrina de Hermias, con la que tuvo una hija. Tras la muerte prematura de Pitias se casa con Erpilis, con quien tiene un hijo, Nicómaco, al que dedicará su Ética para Nicómaco. También redacta su Política.
345 a.C. Tras el asesinato de Hermias, se instala en Mitilene (Lesbos). Se dedica al estudio de la biología con Teofrasto.
343 a.C. Filipo de Macedonia le contrata como tutor de su hijo Alejandro.
334 a.C. Al acceder Alejandro al trono, Aristóteles regresa a Atenas y funda el Liceo. En esta etapa produce la mayor parte de su obra.
323 a.C. La muerte de Alejandro levanta un oleada antimacedónica en Atenas que obliga a Aristóteles a exiliarse.
322 a.C. Muere en la isla de Chalcis, tierra de su madre, a los sesenta y dos años de edad.

Biblioteca personal

Tengo todas las obras de Aristóteles.
puerta del infierno

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