Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


sábado, 2 de marzo de 2013

El Palacio de la Memoria (Juan Alfonso de Benavente).


El Palacio de la Memoria
 (Juan Alfonso de Benavente).



palacio de memoria de hanibal lester



Un ejemplo de mnemotecnia medieval

En el verano de 1453 un profesor de la universidad de Salamanca, llamado Juan Alfonso de Benavente, tomaba el cálamo para escribir una obra en la que mostraría a los alumnos cómo estudiar y a los profesores cómo enseñar; la experiencia de cincuenta años de magisterio en las aulas de la institución castellana avalaban sus palabras. El título sería Ars et doctrina studendi et docendi.
El capítulo más extenso es el que dedica a formar a los alumnos en un punto capital: la memoria. En una época en la que todavía no existía la imprenta y los libros -escasos- se copiaban a mano, una buena memoria era una cualidad casi indispensable, especialmente para los alumnos de leyes que necesitaban conocer toda la legislación de memoria.
Seguramente por ello, Benavente, que ocupa la cátedra de derecho canónico, presta especial atención a este asunto y dedica algunas páginas a la memoria artificial -lo que hoy conocemos como mnemotecnia- siguiendo el modelo de la Rhetorica ad Herennium (citada, como es habitual en los textos medievales, como Rhetorica Noua de Tulio).
Benavente utilizará el método loci, por supuesto, pero suproyecto es ambicioso: necesita memorizar cientos de leyes y se antoja difícil encontrar un lugar apropiado en el mundo real. Recurrirá entonces a la construcción de lugares imaginarios, es decir, palacios de la memoria.

NOTA: El arte de la memoria que encontramos en las páginas de Benavente no constituye algo excepcional -encaja bastante bien con lo que cabe esperar de un texto de aquella época-, pero no carece de detalles muy interesantes; por ejemplo, al hacer la clásica distinción entre memoria natural y artificial, añade una tercera categoría a la que denomina memoriaquasi-artificiosa (no conozco esta distinción en ningún otro autor, ni anterior ni posterior). No obstante, en el presente artículo me limitaré a tratar solamente el aspecto quizás más llamativo, el palacio de la memoria.

Benavente imagina una simple habitación de cuatro paredes y empieza por ubicar en una esquina a un hombre con varios lugares señalados a lo largo del cuerpo: pie (lugar 1), tobillo (lugar 2), rodilla (lugar 3)... y así subiendo hasta la cabeza y bajando por el otro lado del cuerpo hasta el otro pie; en total, veinte lugares.

«[...] ficte in mente poterit ponere in angulo unum hominem nudum sibi notum, et poterit ponere sub uno pede unam figuram animalis, et in iunctura tibie aliam figuram, et in genu aliam, et in saraballis aliam, et in zona aliam, et sub brachio aliam, et in manu aliam, et in iunctura brachii aliam, et in humero aliam, et in iunctura colli aliam, et in summitate capitis aliam figuram, et sic, descendo, ex alia parte ponet alias totidem figuras usque ad pedem.»
Después, en la pared, imaginará una columna o pilar y a su alrededor tres hombres más (con sus veinte lugares cada uno). Situando un hombre en cada esquina y un pilar -rodeado de tres hombres- en cada pared, tendremos un total de dieciséis hombres, que multiplicado por veinte lugares cada uno, ofrece un total de 320 lugares a los que poder asociar 320 leyes.

«[...] et sic in uno palatio limpido sibi noto ponet in quatuor angulis quatuor homines, et in quatuor columpnis inter angulos positis ponet duodecim, tres in qualibet columpna, et sic erunt decem et sex homines in uno palatio; in quibus decem et sex hominibus ponentur trecenta et uiginti principia capitulorum uel legum uel argumentorum.»
Si esto no es suficiente y queremos habitaciones con más posibilidades -escribe Benavente- hagamos la siguiente composición: en cada esquina un pilar -con sus tres hombres alrededor- y en medio de cada pared tres pilares más -con sus correspondientes hombres-; si añadimos otros dos franqueando la puerta de entrada, uno a cada lado, sumaremos un total de (dieciséis columnas con tres hombres cada una más los dos de la entrada) cincuenta hombres, a razón de veinte lugares por hombre, un total de 1000 lugares.

Una vez diseñado y concluido el palacio, podemos iniciar el proceso de asociar cada ley a un lugar con ayuda de vívidas imágenes. Benavente toma como ejemplo las decretales del papa Gregorio IX, que empiezan con el capitulo de Rex pacificus (rey pacífico): bajo el pie del primer hombre (lugar 1) imaginamos una cabeza coronada (rey) de aspecto pálido y frágil (pacifico); el tobillo (lugar 2) lo imaginamos con un gancho que lo sujeta firmemente al suelo, lo que recuerda el segundo capítulo, Firmiter; en la rodilla (lugar 3) imaginaremos la cabeza un perro condenado (dampnati), rabioso, con las fauces abiertas, lo que recordará el tercer capítulo Dampnamus; etc.

«Si uult memorare capitula que sunt in principio Decretalium, pro memoria c.Rex pacificus ponet sub pede hominis unum caput regis pallidi, fragilis, cum corona in capite; et in superiori iunctura pedis ponet unum uncum ferrum in terra fixum, pro memoria c.Firmiter; et in genu ponet unum caput canis dampnati, rabiosi, habentis os apertum, pro memoria c.Dampnamus...»

Breve análisis.

A partir de las explicaciones de Benavente, se observan un par de detalles que merece la pena destacar.

Primero. Memorizar leyes no significa memorizar palabra por palabra el texto de las leyes: se supone que el alumno ha estudiado y debatido sobre ellas, conoce el contenido, tan sólo necesita una pequeña ayuda que le permita recordar, sin omitir ninguna, la relación de leyes que constituyen el temario, es decir, algo así como el índice a través del cual llegar al asunto que necesite en cada momento.
De hecho, antes de empezar con la descripción del sistema, Benavente ha advertido que la memoria artificiosa, según su experiencia, tan sólo aprovecha para memorizar los comienzos de leyes (lo que implica un rechazo de la memoria «verborum» o memorización de textos palabra por palabra).

«Vnum tamen principaliter circa hoc est notandum: quod hec artificiosa memoria, ut expertus sum, solum potest prodesse ad retinendum multa principia multorum capitulorum uel argumentorum uel multarum dictionum uel orationum uel legum.»

La cuestión de memorizar los principios tiene un doble significado. Muchas veces, sabiendo el principio de un texto, éste nos da pie a recordar el resto (no en vano tenemos aquella figura del apuntador en los teatros), pero Benavente lo dice con otro sentido: en la época era habitual que los textos se presentaran sin título ni numeración, por lo que se identificaban por sus palabras iniciales. Recordar el principio equivaldría a recordar el título de una ley o un fragmento.

Segundo. El diseño del palacio puede parecer complicado, pero en realidad parte de una idea muy simple.

Si en la pared imagino una ventana, a este elemento tan solo puedo asociar un dato, por lo que tendré un espacio un tanto desaprovechado. Pero si en vez de una ventana pongo un hombre en el que tengo identificados veinte lugares, entonces sobre el elemento de la pared podré realizar, no una, sino veinte asociaciones. Y si en lugar de un hombre pongo un pilar rodeado de tres hombres, entonces serán sesenta las posibles asociaciones, con lo que se multiplica -y mucho- la cantidad de datos que puedo memorizar en ese espacio.
El recurso del hombre no es casual, la figura del cuerpo humano como ruta mnemotécnica era habitual en la edad media -lo vemos, por ejemplo, en el Arspraedicandi populo de Eiximenis, escrito hacia 1384- e incluso encontramos después ilustraciones en obras como las de Rosselli o Gesualdo (ya en siglo XVI). Del mismo modo, recurrir a pilares o columnas tampoco debía ser raro, pues algo parecido vemos también en la Rhetorica christiana de Diego Valadés.

Pero la verdadera pregunta de quien tan solo busca el aspecto pragmático de la historia, es esta: ¿el sistema funciona?

Tal como aparece descrito, el sistema adolece de algunos fallos importantes. No sé cómo lo explicaría Benavente en las aulas -ojalá hubiesen sobrevivido los apuntes de algún alumno suyo para conocer más detalles- pero sé lo suficiente de mnemotecnia para ver que aquí faltan cosas.
De hecho, si tomamos las páginas dedicadas a la memoria artificial y las comparamos con las de su principal fuente, la Rhetorica ad Herennium, observamos que Benavente está resumiendo mucho y tan solo cita brevemente los puntos que considera más importantes, es decir, no está escribiendo un manual con el que aprender paso a paso, sino un compendio de los asuntos más relevantes. Sus palabras constituyen un recordatorio, más que una explicación, y seguramente van dirigidas a alumnos que ya conocen los detalles del procedimiento.

¿Y cuáles serían esos detalles?

Bien, a continuación, mi propuesta para poner en práctica el palacio de la memoria de Benavente.

Mi propuesta

Empezaría por simplificar el proceso para hacerlo más fácil. Ello supone, primero, reducir el número de lugares marcados en el cuerpo, dejándolo en tan solo diez. Benavente, de hecho, también escoge diez, pero aprovecha la simetría de la figura humana para los puntos señalados en un lado, repetirlos en el otro. Esto permite fácilmente duplicar la cantidad de lugares, sin embargo, tiene el inconveniente de que al recuperar la imagen de la rodilla, por ejemplo, nos asalte la duda de si tal imagen corresponde a la rodilla izquierda o derecha; evitaremos el problema limitando los lugares a diez, lo que además me permite escoger partes del cuerpo singulares como el ombligo, boca o nariz.

Después tenemos el problema de la uniformidad. Si en una estancia acumulamos varios hombres, está el peligro de que las imágenes que asociamos a uno acabemos identificándolas con otro si no existen rasgos distintivos que nos permitan diferenciar claramente a los diversos hombres. Es decir, podemos llenar una estancia de personas, pero no deben haber dos ni iguales ni parecidas.

Procederé entonces de la siguiente forma: dedicaré una pared, por ejemplo, a la religión, de modo que los tres hombres que rodean la columna de esta pared han de ser religiosos. Ahora bien, para distinguir uno de otro utilizaré el siguiente recurso: uno será joven, otro adulto, otro anciano. Así, frente a la pared de religión imaginaré una columna custodiada por un monaguillo, un sacerdote y un obispo (los obispos suelen tener ya cierta edad). Otra pared puede estar dedicada al mar y allí imagino la columna rodeada por un grumete, un marinero y un experimentado capitán. Y así sucesivamente. De este modo, la imagen asociada a la rodilla del grumete es improbable que la confunda con otra, pues grumete sólo hay uno y está situado el primero de los tres hombres que rodean la columna de la pared dedicada al mar.
Por otro lado, también será importante tener perfectamente identificados los temas a los que dedico cada pared. Una forma de hacerlo es esta: las cuatro paredes de la primera habitación corresponden a las cuatro primeras letras del abecedario y estarán dedicadas a A-Aviación, B-Baloncesto, C-Cine, D-Desierto; la segunda habitación E-Esquimales, F-Francia, etc. (en este modelo rehúso a usar las esquinas para tener habitaciones más simples y despejadas). Es importante evitar similitudes y si hay una pared dedicada al mar, no dedicar la siguiente a la navegación, ya que entonces las figuras de un tema encajarían también en el otro e inducirían a confusión.
Por último, quien desee experimentar con el modelo más complejo y ubicar tres columnas -con sus correspondientes hombres- en cada pared, no tendrá problemas agudizando el ingenio. Por ejemplo, en la pared de religión una columna puede ser para el cristianismo, otra para el islam, otra para hinduismo; en la pared dedicada al mar, una columna corresponderá a los tiempos de los piratas del caribe, otra al actual ejército de mar con sus enormes portaaviones, otra a las fantásticas naves del universo de Star Trek, por ejemplo.

Conclusión.

Cuando Benavente redacta el Ars et doctrina studendi et docendi ya ha alcanzado la cima de su carrera, no necesita hacer méritos ni obtener el favor de ningún noble; su principal motivación será el sincero deseo de ofrecer a estudiantes y profesores una guía que les oriente en sus tareas. Si decide incluir en estas páginas el sistema del palacio de la memoria, ha de ser porque lo ha probado y lo considera útil.
Los pormenores de su puesta en práctica seguramente nunca los conoceremos -mi propuesta quizás se aproxime a la forma en que lo ideó Benavente, quizás ni se parezca- pero esto es positivo: el tiempo dedicado a resolver el enigma constituirá el periodo de práctica necesario para dominar bien el sistema y que vuelva a ser útil. En nuestras manos está.

NOTA: Este artículo no hubiera sido posible sin el esfuerzo y dedicación de Bernardo Alonso Rodríguez, que logró encontrar dos copias manuscritas a partir de las cuales reconstruir el texto de Benavente. A él, y a todos los obstinados en recuperar los tesoros perdidos de nuestra cultura, mi mayor y más sincero agradecimiento.


Bibliografía

ALONSO RODRÍGUEZ, Bernardo. Juan Alfonso de Benavente: canonista salmantino del siglo XV. Roma: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Delegación de Roma, 1964.

BENAVENTE, Juan Alfonso de. Ars et Doctrina Studendi et Docendi. Alonso Rodríguez, Bernardo (ed.). Universidad Pontificia de Salamanca, 1972.

CRUZ AGUILAR, Emilio de la. Arte y teoría de estudiar y enseñar de Juan Alfonso de Benavente (I). Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, ISSN 0210-1076, Nº. 67, 1983, págs. 227-256.

DELGADO, Buenaventura (coord.). Historia de la educación en España y América. Vol. 1. La educación en la Hispania antigua y medieval. Madrid: SM, 1992-1994.

IANNUZZI, Isabella. La "disciplina" de la memoria: tradición clásica y su recepción pedagógica en la Universiad de Salamanca a mediados del siglo XV. Res Publica Litterarum, Suplemento Monográfico "Tradición clásica y Universalidad", ISSN 1699-7840, 2008-31, págs. 3-14.


Juan Alfonso de Benavente

Benavente, Juan Alfonso (o Johannes Alfonsus) de. El Doctor de Benavente. ?, ú. t. s. XIV – Salamanca, c. 1478. Doctor en leyes, profesor de filosofía y retórica, catedrático de Cánones y escritor.



Biografía

Posiblemente Benavente realizó en la Universidad de Salamanca sus estudios de Bachiller en Artes. Era catedrático de Cánones cuando en el año 1443 alcanzó el doctorado en Decretos. Está documentado que la larga carrera docente de Juan Alfonso se inició hacia 1403, en las escuelas de artes, desempeñando cátedras de retórica, oratoria y alguna de filosofía.

En 1418 era catedrático de Vísperas de Decreto, que desempeñó hasta 1449. Por último, en fecha no conocida, probablemente en 1450 o en 1451, fue titular de una de las dos cátedras de Prima de Cánones, que eran de las más antiguas de la Universidad salmantina. Y el año 1463 (a los sesenta años de docencia, obsérvese) alcanzó el privilegio de los jubilados, concedido a la Universidad por el papa Eugenio IV. Con ello, conservando la propiedad de la cátedra, la leía por medio de sustitutos, entre los que estaba su hijo Diego Alfonso de Benavente (hacia 1430-1512). 
Este hijo pide a la Universidad el 2 de enero de 1476 que “acuda a su padre enteramente con el salario y residuo de la Cátedra, que estaba muy viejo, en edad decrépita y padecía de gota, que era enfermo perpetuo” (Esperabé de Arteaga, 1917; Vera, 1933). Finalmente, renunció a la cátedra de Cánones el 19 de noviembre de 1477, con la condición de que se nombrase en firme para ella a su hijo citado, “y los libros de Claustros no nos vuelven a hablar de él” (Esperabé de Arteaga, 1917). 
La última noticia que se conoce de Juan Alfonso es que asistió al claustro de la universidad del día 5 de marzo de 1478; como se encontraba tan valetudinario y viejo es de suponer que falleciera pronto, quizás ese mismo año. Su tiempo de docencia universitaria o, por lo menos, de adscripción a la universidad, pudo abarcar los setenta y cinco años (no “más de sesenta años”, como otros autores dicen, pues entre 1403 a 1478 transcurren setenta y cinco años, un caso verdaderamente insólito en la Historia de España).
De los canonistas salmantinos del siglo xv, de quien más escritos se han conservado es de Juan Alfonso de Benavente. Se conocen muchos de ellos, todos de Derecho Canónico, aunque hay noticias seguras de otros escritos suyos sobre otras materias no canonistas, pero no se han conservado aunque se conocen sus títulos.

Por ejemplo, A. Vidal y Díaz (1869) menciona diversos manuscritos elaborados entre 1455 y 1456 en el pueblo de Tejares, próximo a Salamanca, que fueron transcritos en un códice por Alfonso de Santa María en 1548. Aunque no lo dice, estos datos ya se encuentran en la Bibliotheca Hispana Vetus, de Nicolás Antonio (1788). La relación, importante, de sus escritos sobre Derecho Canónico se ha obtenido mediante las obras relacionadas en diversas publicaciones que se citan en la bibliografía.
Sobre Juan Alfonso de Benavente es fundamental la información que ofrece B. Alonso en el Diccionario de Historia Eclesiástica de España (1972), y también su libro monográfico sobre el sabio canonista, publicado en 1964. N. Antonio escribió (1788) que sus manuscritos sobrepasaban ultra sexaginta, más de sesenta. El humanista Marineo Sículo lo llamó en su De Hispaniae laudibus..., publicado en Burgos en 1497, “doctor egregius”. La obra de Juan Alfonso de Benavente Tractatus de penitentijs... se publicó post mórtem en Salamanca, en 1502 y fue una recopilación efectuada por su hijo Diego Alfonso de Benavente, también canonista. Este Tractatus tuvo éxito, pues se conocen cinco ediciones posteriores: 1514, 1515, 1517, 1520, 1526.

1-24 y 31-126), s. l., s. f. [BNE, sign. 12.087 (procede de un cuaderno del siglo xv procedente del Convento de San Tomás de Ávila que tiene 186 hs.)].


Obras

Repetitio de poenitencia, 1444
Repetitio de nullitatibus sententiarum, 1445
Orationem De scientiarum laudibus, in Gymnasio Salmantino die S. Lucae hábitat (ms.)
De arte studendi legendique, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (ms.)
De memoria & pronuntiatione, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (ms.)
Repetitiones diversorum canonum XX. Et interpretationis item plurimas, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (ms.)
In Aristoteles ethicam & rethoricam
In Evangelia. “Et alios multos tractatus, ultra sexginta”, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (Bibliotheca Escurialensi, ms.)
Index casuum in quibus parti denegatur audientia, & illa non vocata proceditur, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (ms.)
Repetitio super cap. Sufficit De poenitentia, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (ms.)

Summum & expositio canonum poenitentalium in D., Dexretalibus Aexto Decretalium & Clementinis, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (ms.)
De potestate & arbitrio Confessar, quo instructioni pro iis qui confessiones excipiant. “In fine Codicis”, Tejares (Salamanca), 1445-1446 (ms.)
Repetitio de ieiunio, 1446
Repetitio de eleemosyna, 1447
Repetitio de oratione, 1448
Repetitio de restitutione male ablatorum, pars I, 1449
Repetitio in c. Qui in vivorum, 1451

Repetitio de alienatione rerum ecclesiasticarum, 1452
Ars et doctrina studendi et docendi, 1453
Repetitio de jure patronatus, pars I, 1454
Repetitio de potestate et arbitrio confessoris, 1455
Capilatio canonum poenitentialium, 1456

Repetitio de advocatis, 1456
Repetitio de feriis, 1457
Repetitio de restitutione male ablatorum, pars II, 1458
Repetitio de excommunicationibus et reincidentiis, 1460
Repetitio de jure patronatos, pars II, 1462

Repetitio de immunitate eclesiástica, 1465
Compilatio Decretorum et Decretalium moralium, 1468
Tractatus de poenitentijs et actibus poenitentium [...], salamanca, 1502
Tractatus de penitentijs et activus penitentium et confessorum cum forma absolutionem et de canonibus penitentialibus, Salmanticae, Joannem Gysser de Silgenster, 1502 (Çaragoça, per Georgium Coci, 11 octubre 1514
F. de Basilea: in civitate Burgeñ, 1515
Çaragoça, 1517
Caesaraugustae, per Georgium Coci, 24 mayo 1520
Compluti [Alcalá de Henares], per Michelem de Eguia, 1526)

Repetitio de baptismus, s. l., s. f.
Casus in quipus denegatur audientia parti, s. l., s. f.
Tractatus de formulis apellationum
Quaestio de sacrilegio, s. l., s. f.
Quaestio de indulgentiis, s. l., s. f.
Commentarius in bullam Excellentissimum Eugenii IV, s. l., s. f.

Tractatus de eleemosyna redemptionis captivorun, s. l., s. f.
De stupro, s. l., s. f.
De lenocinio, s. l., s. f.
Repeticiones canónicas de Juan Alfonso de Benavente (hs.

Bibliografía

N. Antonio, Bibliotheca Hispana Nova [...], Tomus Primus, Matriti, Joachimum de Ibarra, 1783, pág. 630 (trad. de G. de Andrés y M. Matilla Martínez, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1999)

N. Antonio, Bibliotheca Hispana Vetus, Tomus Secundus, Matriti, Apud Viduam et Heredes D. Joachimi Ibarrae Regi Quondam Typography, 1788, pág. 347, n.os 878 a 886

J. Ledo del Pozo, Historia de la nobilísima Villa de Benavente[...], Zamora, Imprenta de D. Vicente Vallecillo, 1853, pág. 331

A. Vidal y Díaz, Memoria histórica de la Universidad de Salamanca [...], Salamanca, Imprenta de Oliva y Hermano, 1869, págs. 396-397

C. Fernández Duro, Colección Bibliográfico-Biográfica de noticias referentes a la Provincia de Zamora o materiales para su Historia, Madrid, Imprenta y Fundición de Manuel Téllez, 1891, pág. 355, n.º 144

E. Esperabé de Arteaga, Historia pragmática é interna de la Universidad de Salamanca, vol. II, La Universidad de Salamanca. Maestros y alumnos más distinguidos, Salamanca, Imprenta y Lib. de F. Núñez Izquierdo, 1917, págs. 251-252

F. Vera, La cultura española medieval. Datos bio-bibliográficos para su historia, vol. I, Madrid, Imprenta Góngora, 1933, págs. 180-181

J. Carreras Artau, “Las repeticiones salmantinas de Alfonso de Madrigal”, en Revista de Filosofía (Madrid), n.º 2 (1943), págs. 211-236

A. Palau y Dulcet, Manual del Librero Hispanoamericano [...], vol. II, Barcelona, Librería Anticuaria de A. Palau, 1949, pág. 156, n.os 27.128 a 27.133

A. García García, “Un canonista olvidado: Juan Alfonso de Benavente...”, en Revista Española de Derecho Canónico (REDC) (Salamanca-Madrid), n.º 15 (1960), págs. 655-669

A. García García, “Los canonistas de la Universidad de Salamanca en los siglos xiv-xv”, en REDC, n.º 17 (1962), págs. 176-179

B. Alonso Rodríguez, Juan Alfonso de Benavente, canonista salmantino del siglo xv, Roma-Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1964 (Cuadernos del Instituto Jurídico Español)

B. Alonso, “Benavente, Juan Alfonso de”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. I, Madrid, CSIC, Instituto Enrique Flórez, 1972, pág. 204

Index Bio- Bibliographicus Notorum Hominum, vol. XV, Osnabrück, Biblio Verlag, 1978, págs. 5738-5739.

Autor/es
Fernando Rodríguez de la Torre.


BIBLIA POLÍGLOTA REGIA POR BENITO ARIAS MONTANO




Benito Arias Montano fue uno de los grandes humanistas europeos de la segunda mitad del siglo XVI, orientalistas y hebraísta, biblista y poeta latino, que alcanzó notoriedad por la Biblia Políglota Regia de Amberes, mejorando la anterior Biblia Políglota Complutense de Alcalá de Henares.
Su otra gran aportación a la ciencia y la cultura fue la fundación de la Biblioteca Real de Felipe II instalada en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Benito Arias Montano nació en Fregenal de la Sierra, Badajoz, en 1527. Su padre trabajaba como escribano de la Inquisición y fue quien le introdujo en el conocimiento de la Astronomía. Uno de sus primeros maestros fue el sacerdote Diego Vázquez Matamoros, quien le enseñó latín, después fue ampliando su estudio a Física o Numismática, entre otras disciplinas. De hecho, a los catorce años de edad escribió su primer trabajo científico sobre Numismática, Discurso sobre el valor y la correspondencia de las monedas antiguas con las nuevas.
En 1546, comenzó a estudiar Humanidades en Sevilla, protegido por Gaspar Vélez de Alcocer, oidor de la Audiencia de la ciudad, durante dos años.
En 1548, pasó a la Universidad de Alcalá de Henares, el centro académico más prestigioso de España en estudios superiores del momento, junto a la de Salamanca. Fue fundada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros unas décadas atrás, orientando su docencia en Teología y Derecho, pero especialmente había destacado en Humanidades, es decir, en Filosofía, Historia y Filología de lenguas bíblicas: hebreo, siriaco, griego y latín. En 1517, esta institución había publicado la Biblia Políglota Complutense, dirigida por el propio Cisneros junto a un excelente grupo de latinistas, helenistas y hebraístas, como por ejemplo Antonio de Nebrija.
Esta especial dedicación al cultivo de la Filología que tuvo en sus inicios la Universidad Complutense fue aprovechada por Arias Montano para convertirse en un auténtico políglota.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE ALCALÁ DE HENARES

Entre 1548 y 1549, obtuvo los títulos de bachiller y licenciado en Humanidades, y entre 1549 y 1552, realizó los estudios de Filosofía y Teología, teniendo a Andrés de Cuesta como profesor. Después, se especializó en Sagradas Escrituras, de la mano del biblista Cipriano de la Huerga, y se dedicó al aprendizaje de las lenguas orientales y clásicas. Al final de su vida universitaria, dominaba el latín y el griego, y conocía el hebreo, caldeo, siriaco y árabe. Durante el transcurso de su vida profesional fue aprendiendo a hablar lenguas vernáculas como francés italiano, portugués, neerlandés y alemán, siendo el castellano su lengua materna.
Sus intereses y conocimientos abarcaron las Ciencias Naturales, Astronomía, Numismática, Matemáticas, Arqueología, Medicina y Cirugía, Geografía, además de Filosofía y Teología. También, escribió poesía en latín llegó a ganar un certamen en este género literario de la Universidad de Alcalá siendo nombrado poeta laureatus.
Después de cada fase de su vida al servicio de la Iglesia católica y de la Monarquía hispánica, solía retirarse a la Peña de Alájar, cerca de la sierra de Aracena, en Huesca. Pasaba temporadas viviendo casi como un ermitaño, dedicado a la oración, a la escritura de poesía, al estudio de las Sagradas Escrituras, a la formación de discípulos como Pedro de Valencia, al socorro de las gentes más pobres, a la observación astronómica de las estrellas o al estudio botánico de las plantas del lugar. Era un estilo de vida al que recurrían otros eclesiásticos humanistas de la época, como lo hizo el cardenal Cisneros antes de elaborar la Biblia Políglota o como lo hacía su amigo fray Luis de León.

BENITO ARIAS MONTANO Y FELIPE II DE AUSTRIA.

En 1559, estando en Alájar, fue visitado por su amigo Francisco de Arce, que le invitó a que predicara cuaresma en su ciudad, Llarena, donde pasó cuatro meses hospedado. Ese mismo año tuvo lugar un arresto por el tribunal de la Santa Inquisición, quien fue puesto en libertad a los pocos días. Desde entonces, siempre estuvo en el punto de mira de la Inquisición, además el hecho de estar influenciado por las corrientes iluministas le hacía ser un cristiano heterodoxo.
Entre los años de retiro en Alájar, entre 1553 y 1560, cursó estudios de posgrado en la Universidad de Salamanca, consiguiendo el doctorado de Teología.
En 1560, siendo ya sacerdote y tras haber pasado las pruebas de limpieza de sangre, fue aceptado miembro de la Orden Militar de Santiago durante su estancia en el Convento de San Marcos de León. Al año siguiente, estaba en el Colegio del Rey, que la Orden tenía en Salamanca.
En 1562, acompañó a Martín Pérez de Ayala, obispo de Segovia, a la tercera y última fase del Concilio de Trento, como su teólogo personal. Fue un proceso de debates que duró casi tres décadas, en el que se afrontaba la actitud que debería tener la Iglesia frente a la Reforma protestante y se establecieron los dogmas a seguir por la ortodoxia católica. Allí tomo parte en ocasiones, en los asuntos de la Comunión y el sacramento del Matrimonio, basando sus argumentos en textos bíblicos. Comenzaba a obtener fama por sus conocimientos escriturísticos, por lo que el Concilio le eligió para elaborar un Homiliario para predicadores, junto a otros asistentes.

CABALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO

En 1566, fue nombrado capellán real y cronista regio por el propio rey Felipe II, quien ya conocía sus inquietudes ocultistas y biblistas. Establecido en la Corte madrileña, el resto de su vida iba a estar relacionado con los proyectos del monarca más poderoso de la Cristiandad. El primero de ellos, fue la elaboración de una nueva Biblia Políglota que actualizase a la del cardenal Cisneros. Los ejemplares de la Biblia de Alcalá, terminada en 1517, escasearon muy pronto pues de aquella edición sólo se hicieron 600 ejemplares, muchos de los cuales naufragaron al trasladarse a Italia para su comprobación por el Vaticano. Además, durante este tiempo, se habían avanzado en el estudio científicos de las Sagradas Escrituras, y se hacía necesaria una actualización de aquella Biblia Políglota Complutense que iba a tener como protagonista principal a Benito Arias Montano, a la ciudad de Amberes como epicentro y a la Biblia Políglota Regia como resultado final.
Aquella iniciativa surgió del francés Christopher Plantin, conocido en España como Cristóbal Plantino, famoso antuerpiense y prototipógrafo de Felipe II, quien acogió la idea de forma entusiasta. Estaba afincado en esta ciudad de Flandes, territorio perteneciente a la Monarquía de los Habsburgo españoles. El rey le aportó los recursos económicos y escriturísticos necesarios para la confección del texto y la impresión de la obra resultante, designando a Arias Montano director científico del proyecto de acuerdo con el Consejo de la Inquisición.
En mayo de 1568, llegaba a Amberes y se reunía con un equipo de excelentes biblistas y filólogos de origen flamenco y francés, que llevaba ya varios años trabajando en el proyecto. Arias Montano rechazó aquel texto, restituyendo el original hebreo que la Iglesia había excluido de la llamada Biblia Vulgata de San Jerónimo, que en Trento había sido definida como "la única auténtica para uso religioso y público". Para ello, no partió desde cero, sino que se valió de muchos contenidos de la anterior Políglota Complutense, sobre la cual añadió bastantes novedades. Lo que en principio iba a ser una revisión se convirtió en una novedosa actualización y más completa.


AMBERES Y BENITO ARIAS MONTANO

La impresión de la Biblia Políglota Regia a cargo de Plantino duró de 1569 a 1572 y se tiraron 960 ejemplares corrientes, 200 en mejor papel, 49 en papel especial y 12 en pergamino, que suman algo más de 1.100.
Estaba formada por de 8 gruesos volúmenes:
  • los volúmenes I, II, III y IV contienen el Antiguo Testamento.
  • el volumen IV contiene el Nuevo Testamento.
  • los volúmenes VI, VII y VIII eran libros auxiliares.
Estos anexos son conocidos con el nombre de Apparatus: unas gramáticas en lengua hebrea, caldea, griega y siriaca y los vocabularios de todas estas lenguas; el Viejo Testamento en hebreo, con interpretación interlineal latina; y una copia necesaria para el estudio de la literatura sagrada. El último volumen, el VIII, consta de una serie de estudios filológicos y arqueológicos sobre temas como medidas, vestidos, ornamentos sagrados, geografía bíblica, etc.
Su influencia en la comunidad cristiana de la época fue enorme, siendo traducida a los principales idiomas europeos. Así, por ejemplo, The Cambridge History of the Bible asegura que la Políglota de Amberes fue una valiosa ayuda para los traductores de la Biblia inglesa King James Version de 1611. También ejerció una notable influencia en la Políglota de París y en la Políglota de Londres, dos importantísimas versiones editadas en el siglo XVII.

BIBLIA POLÍGLOTA REGIA, POR BENITO ARIAS MONTANO

Aunque contaba con equipo de colaboradores, casi todo el trabajo recayó sobre Arias Montano, que empleaba entre 10 a 12 horas cada día, durante los 4 años. Esfuerzo reconocido por Plantino, quien le recomendaba reducir su jordana laboral e incluso llegó a informar al secretario real Gabriel Zayas del riesgo de caer enfermo por agotamiento. La relación entre Plantino y Montano fue excelente. En la biografía del impresor francés reconocía que además del texto de la Biblia, también se desempeñaba en otras facetas de la escritura:
"Aunque la razón principal del viaje de Arias Montano a Flandes es la de cuidar de la impresión de la Biblia Regia, durante su estancia en Amberes preparó ediciones de las obras de Fray Luis de Granada; supervisó la edición de los libros litúrgicos destinados a España; coleccionó libros y manuscritos para la biblioteca de El Escorial; despachó astrolabios, mapas y tapices para sus amigos españoles se carteó con numerosas personas frecuentemente y todavía encontró tiempo para colaborar en el gobierno de Flandes y para ser consejero del rey."
Otro de los encargos de Felipe II fue la adquisición de obras de arte de cualquier pintor flamenco, y la recopilación de libros antiguos y interesantes que pudieran incrementar la biblioteca personal del rey, embrión de la futura Biblioteca de El Escorial.

BIBLIA POLÍGLOTA REGIA, POR BENITO ARIAS MONTANO

Habiendo sido uno de los principales representantes de la Contrarreforma, pudo comprobar el ambiente de hostilidad que se había gestado contra él desde algún sector de la Iglesia debido a su heterodoxia cristiana y la publicación de la Políglota Regia, donde rectificaba el texto de la Vulgata de San Jerónimo. Tuvo que defenderse varias veces de insistentes acusaciones inquisitoriales.
Uno de sus peores enemigos fue León de Castro, catedrático de griego de la Universidad de Salamanca, que lo llamó "el genio malo" y que había ejercido una nefasta influencia sobre fray Luis de León, condenado en 1570, con sus conceptos "heréticos" sobre las Sagradas Escrituras. Este lanzaba acusaciones de heterodoxia contra la Políglota de Amberes sobre todo por no defender con suficiencia la autoridad de la Biblia Vulgata latina de san Jerónimo, consiguiendo en un principio que el Vaticano no autorizase su difusión. Ante este atropello, Arias Montano tuvo que viajar a Roma, en 1572, y presentar un ejemplar para su verificación.
La protección de Felipe II y el apoyo prestado por un amplio sector de la Compañía de Jesús formado por los grandes teólogos que le acompañaron en Trento le salvó de enfrentarse a un juicio con la Inquisición.
El futuro de la Políglota Regia se debatió durante la denominada Congregatio Concilii, donde el cardenal Belarmino dictaminó:
"Esta Congregación general ha sentenciado que nada contrario al texto latino de la Vulgata puede ser cambiado, ni siquiera una palabra, una sílaba o una letra."
El veredicto de la Biblia Regia por el papa Gregorio XIII se podía resumir en dos aspectos: primero, se aceptó que, puesto que la Biblia ya estaba impresa, el fallo definitivo debía suavizarse notablemente, en deferencia al rey de España y en atención al gasto y al esfuerzo invertidos; segundo, se daba por supuesto que si la Biblia se hubiese examinado antes de la impresión, hubiera sido condenada sin ninguna duda, puesto que mencionaba a varios herejes como autoridades escrituristas. La Congregatio dio, en definitiva, su aprobación, aunque sin mucho entusiasmo, pero el Vaticano dejó la última decisión a los teólogos españoles por motivos diplomáticos, que tras grandes disputas la aprobaron.

BENITO ARIAS MONTANO Y JUICIO DE LA INQUISICIÓN

En realidad, bajo toda esta cuestión de la Políglota se encontraba un problema central en las disputas teológicas del siglo XVI: la cuál es el verdadero texto de la Biblia. Según los escolásticos, que eran en general los más reaccionarios y estaba relacionados con la Universidad de Salamanca, el texto hebreo del Viejo Testamento se había falsificado por los rabinos; de aquí que aquellos prefiriesen la edición autorizada por la tradición católica, es decir, la Vulgata de San Jerónimo, para cuya traducción se creía que dicho santo recibió una gracia especial. En realidad, bajo ese argumento se ocultaba en España un fuerte impulso que nada tenía que ver con motivos científicos: el profundo antisemitismo de grandes sectores de la población española, que llegaba hasta el rechazo de fuentes judías en el trabajo escriturístico.
Un nuevo motivo táctico en la lucha contra el Protestantismo se unían a los anteriores. Precisamente porque Roma conocía las deficiencias de la Vulgata, temía que dar libertad en este aspecto hubiese provocado una multiplicación de nuevas traducciones, que, a su vez hubieran socavado la unidad de la doctrina católica. En realidad, ésta fue la razón de más peso para que el Concilio de Trento declarase "auténtica" la Vulgata; era una medida puramente disciplinar y defensiva.
En contra de esta actitud estaban los escrituristas no escolásticos, y al frente de ellos, Arias Montano. Este intentó aplicar un método de traducción literal basado en la erudición filológica, mediante el cual se propuso traducir exactamente lo que se hallaba en el texto original; así prefería una interpretación literal (de verbo as verbum) frente a los métodos alegóricos medievales (sensum de sensu exprime). Y con ello, en el fondo, lo que hacía Arias Montano era seguir la inspiración erasmista de "predicar a Cristo desde las fuentes", con lo que se proclamaba en representante de un sector y un aspecto poco conocidos de la Contrarreforma: el grupo de hebraístas que se aprestaban a atacar a los protestantes con sus mismas armas, es decir, el estudio filológico de los textos originales.
 En realidad, este biblismo español no era sino prolongación del Erasmismo de la primera mitad de la centuria, que penetraba y se expresaba en múltiples facetas del pensamiento contrarreformista. En conclusión, el pensamiento de Arias Montano no es el de un representante típico de la tradición oficial y reaccionaria de la Contrarreforma española.

FERNANDO ÁLVAREZ DE TOLEDO Y CRISTÓBAL PLANTINO

Aguantó durante un año más en Flandes, hasta 1575, acometiendo la misión secreta de ser consejero del Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, gobernador general en los Países Bajos. Arias Montano admiraba al general, poniendo de manifiesto sus virtudes, pero no estaba de acuerdo en los métodos rígidos y violentos que allí desplegaba. Por eso, tras conocer la forma de ser de los flamencos, mantuvo conversaciones con el gobernador para que emplease una actitud más suave y permisiva en su política. Finalmente, influyó en su sustitución por Luis de Requesens.
Sobre el modo de gobernar en Flandes, Arias Montano escribió unos Advertimentos que forman su teoría de sabiduría política y prudencia cristiana, muy al modo de la literatura del Arbitrismo político de la época. Un correcto gobernador cristiano debería destacar por su comprensión y su bondad, por eso insistía en que "con la gente de la tierra el mostrase afable y blando en cuanto al trato y conversación, entiendo sería de gran importancia para tan buen propósito y efecto".
Sobre ética y moral del buen gobernador cristiano también escribió en latín Dictatum christianum, el mismo daño de 1575. Esta Lección Cristiana es un tratado sobre el modo de obrar del hombre y de la familia cristiana en general, pero de forma particular especifica las obligaciones de los reyes, príncipes, jueces, gobernadores, mercaderes, etc. En esta obra se nota la influencio que ejerció sobre su pensamiento Desiderio Erasmo de Rotterdam y su Manual del caballero cristiano.

MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL

A su regreso a España, su predilección iba a ser el retiro y descanso en su cueva ermita de Peña de Alájar, en la Sierra de Aracena. Tras permanecer un par de años, fue comisionado nuevamente por el rey para una misión cultural, la recopilación y catalogación de libros y la organización de la Biblioteca Real del Monasterio de El Escorial, enorme edificación que se estaba construyendo sobre la sierra de Guadarrama.
El origen estuvo en la biblioteca personal de Felipe II, quien fue atesorando una selecta y abundante colección de manuscritos durante todo su reinado, que se fue aumentando con la adquisición de nuevos libros por sus administradores desplegados en los territorios de la Monarquía hispánica y la donación de las bibliotecas privadas de sus grandes nobles. Durante su estancia en Amberes, Arias Montano procuraba la adquisición de manuscritos antiguos de las más diversas materias. Pero también trajo tratados relacionados con las ciencias ocultas, la magia y la cabalística.
Desde que recibió el encargo de Felipe II, en 1577, hasta la conclusión de la Biblioteca, en 1592, Arias Montano estuvo cuatro veces en El Escorial, algunos periodos duraron varios años seguidos. Nunca quiso integrarse en la vida monasterial, prefiriendo una morada en la villa, la casa de Sebastián Santoyo, o en Navas de Marqués. Esta actividad fue alternada con largos descansos en Peña de Alájar. Su cometido consistía en la catalogación, clasificación y ordenación de los nuevos libros que iban llegando a la Biblioteca. 
Para organizar los manuscritos árabes solicitó la colaboración del médico morisco Alonso de Castillo, consiguiendo uno de los fondos más ricos de Europa en esa lengua. Colaboró con el arquitecto Juan de Herrera y el pintor Pellegrino Tebaldi en la composición del programa iconográfico de la Sala Principal. Suya fue la idea de colocar las esculturas de los seis reyes de Judea sobre la fachada de la basílica. Por último, se encargó de separar de la totalidad un conjunto de textos de peligroso contenido esotérico, y guardarlo en otra biblioteca a parte a la que sólo podían acceder el rey y él. 
Y el resultado final fueron unos excelentes y abundantes fondos bibliográficos que formaron una de las mejores y más amplias Bibliotecas de su tiempo.

BIBLIOTECA REAL DE EL ESCORIAL

En medio de estas jordanas escurialenses, Arias Montano fue requerido para asistir al Concilio Provincial de Toledo de 1582, organizado por el cardenal Quiroga, y cuya misión fue la comprobación de los decretos del Concilio de Trento en España.
Todavía sería requerido en alguna ocasión más por el monarca, por ejemplo para examinar los misterioso documentos hallados en Granada y que fueron conocidos como libros plúmbeos o Plomos del Sacromonte.
La última fase de su vida, entre los años 1592 y 1598, repartió su tiempo entre el Convento de Santiago de la Espada, en Sevilla, del cual era prior, la Peña de Alájar, y el Monasterio Cartujo de Santa María de las Cuevas, donde murió. Benito Arias Montano nació el mismo año que su rey Felipe II, al que con tanta fidelidad sirvió, en 1527, y murió el mismo año también, 1598.
Fue enterrado en el Convento de Santiago, pero tras la desamortización de la orden sus restos fueron trasladados a la cripta de la iglesia de la Universidad de Sevilla, sede de la actual Escuela de Bellas Artes. Esta cripta es una especie de Panteón de Hombres Ilustres donde se ubica su sepulcro, contiene un bello epitafio con unos versos del literato Félix Lope de Vega dedicados en su honor para su primera sepultura:
Aquí Montano reposa
de la Biblia Sacra un sol
un Jerónimo español
y un David en verso y prosa.
No se acabará jamás,
aunque en estas losas cupo
que, si muchas lenguas supo,
son las que le alaban más.
Benito Arias Montano está considerado uno de los más grandes humanistas de la segunda mitad del siglo XVI en Europa, algo que se ha llamado Segundo Renacimiento. Su principal género literario por el alcanzó tan alta relevancia fue la escriturística y de interpretación bíblica. Destacan sus comentarios a los textos sagrados, sobre todo los Profetas y los Salmos, los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles, así como varios estudios encaminados a la mejor inteligencia del texto bíblico. Por todo esto, se le ha considerado a veces "El rey de nuestros escrituristas", o también "El Jerónimo español".
La Políglota de Amberes ha sido muy elogiada y es bastante general. Gerardo Vosio la denominaba "iraculum orbis" (milagro del Mundo). Menéndez Pelayo le definió "el primer escriturario del siglo XVI" en su Historia de las ideas estéticas en España.

PEÑA ARIAS MONTANO EN ALÁJAR

Relacionada con los textos bíblicos fue el Liber generationis et regenerationis Adam (Libro de la generación y regeneración de Adán), publicado en 1593, que aborda la historia de la Humanidad desde la Creación divina hasta la llegada de Jesucristo. La otra gran obra de este género es la Naturae Historia (Historia Natural), sobre Astronomía, Geografía y Botánica, y que quedó inconclusa. Ambas obras conforman lo que él denomino su Opus Magnum (Gran Obra), por ser de creación propia y original.

Otro gran humanista europeo de su tiempo y amigo suyo fue Justo Lipsio, quien reconoció el alcance de su obra literaria en una de sus misivas:
"Las dotes que solemos admirar una a una repartidas en cada hombre, puede decir Benito Arias, que tú las has alcanzado todas juntas. ¿Qué más santo que estudiar teología?, ¿qué más raro que hablar y conocer extrañas lenguas, griego, latín, hebreo, caldeo, árabe? No solo osas leer los poetas antiguos, sino expresarte en verso."
Era un excelente poeta latino, cuya influencia le vino principalmente por Horacio, su escritor latino de referencia. Su Rhetoricarum, libri IIII, de 1569, está formada de hexámetros latinos. Es tratado de retórica en el que muestra su fidelidad hacia personajes que habían sido perseguidas por la Inquisición, como los humanistas Luis de la Cadena o Alfonso García Matamoros. Mientras que, Humanae salutis monumenta, de 1571, está compuesto de diversas odas sobre temas bíblicos. Poemata es el recopilatorio de toda su obra poética latina, publicada en 1589. Su Hymni et Saecula fue su última publicación. Por toda su abundante lírica en latín, Menéndez y Pelayo le calificó como "un Lope en los versos latinos".
Adquirió conocimientos en Medicina y cirugía durante su estudio en la Universidad de Alcalá con Pedro de Mena, más tarde médico de Felipe II, y posteriormente ampliados por las enseñanzas del gran cirujano Francisco de Arce.

LIBER GENERATIONIS Y NATURAE HISTORIA, POR BENITO ARIAS MONTANO

En cuanto a la Filosofía en sentido estricto, Arias Montano nunca llegó a escribir una gran obra. Su pensamiento siempre estuvo relacionado con la Teología y las Santas Escrituras. En ocasiones abordó temas filosóficos como la naturaleza del hombre y de Dios, los conceptos de ciencia y sabiduría, la clasificación de las cosas; en el segundo volumen de Apparatus trató temas a veces considerados filosóficos como la interpretación de la lengua santa, el lenguaje del gesto, las medidas hebraicas, la geografía bíblica, la disposición del templo, las vestiduras sacerdotales, los ornamentos del culto y la topografía de Jerusalén. Pero siempre mantuvo la desconfianza de la razón por sí sola, buscando el magisterio divino, a través de la Revelación y las Escrituras. Parece que quiso prescindir de la tradicional Escolástica, lo que le relaciona con el Humanismo de Erasmo y de Valdés.
Todo esto le convierte en un pensador independiente, que incluso se acercaba a la heterodoxia. El historiador Ben Rekers ha demostrado en su biografía Arias Montano, publicada en 1874, que perteneció a la secta espiritualista de la Familia Charitatis, a la que se convirtió durante su estancia en Amberes. Esta secta fue fundada por Henrick Jansen Barrefelt, y también fue llamada La Familia del Amor o Amigos de Dios, conocidos por los miembros como Hiël. Tenía como principio básico la "identificación personal con el Ser divino". Los familiaristas eran indiferentes respecto a la adscripción a una iglesia determinada, y por tanto había católicos como protestantes.
Se trataba de una religión personal e interior, sin sacramentos, que admitía a creyentes de cualquier adscripción. En algunos aspectos se acercaba al Erasmismo o al Neoestoicismo de Justo Lipsio. Adrián Saravia, un calvinista que tuvo conocimiento directo de la secta, escribió que "no le parece muy lejana de la de los estoicos, según la cual los hombres tienen en sí mismos la felicidad y el sumo bien, si quieren". Rekers insistió también en este aspecto, sus tendencias neoestoicas.
Arias Montano entró en la secta por la amistad que mantuvo durante sus años en Amberes con el impresor Cristóbal Plantino. Aquella relación de trabajo casi a diario entre ambos, se mantuvo mediante correspondencia epistolar cuando el teólogo regreso a Madrid. En esas misivas expresó de forma clara su adhesión a Hiël, seudónimo sólo comprensible a los iniciados, y cuya pertenencia le hacía "sentirse exiliado en su propios país", según explica Ben Rekers. No fue el único español afincado en Flandes que profesó esta idea, también pertenecía algunos discípulos del humanista judío converso español Luis Vives, ferviente erasmista que vivió en Brujas.
En cuanto a la heterodoxia de esta adscripción, no concedían importancia a la celebración de prácticas religiosas exteriores. Seguramente fue una táctica ante el peligro de parecer contrarios a los principios de la religión oficial. Pero los familiaristas, nunca actuaron contra el poder establecido del Estado ni contra el poder temporal del Vaticano, sino que simplemente ignoraban su autoridad.

IMAGINES FAMILIA CHARITATIS Y BENITO ARIAS MONTAN.

La influencia del Familiarismo en la vida de Arias Montano explica la mayoría de sus actitudes políticas, religiosas e ideológicas. En los años de su estancia en Flandes, cambió su actitud respecto a la política española en aquellos dominios, desde el mantenimiento del autoritarismo y la intolerancia hasta la clemencia práctica y la tolerancia religiosa; así se constituyó un pequeño grupo, enemigo tanto de la Inquisición como del rígido sistema calvinista, que logró influir en la política española para darle un cariz más tolerante y permisivo.
En lo que respecta a su actividad como escriturario, fue determinante su pertenencia al Familiarismo en su pensamiento filosófico y teológico. La conclusión de Rekers en este sentido dice:
"Arias Montano extrajo su inspiración escriturística en este período de su vida casi exclusivamente de esta fuente espiritualista, y consideraba los escritos de Hiël casi más importantes que el texto mismo de la Biblia… Sus interpretaciones de aquellos pasajes de la Biblia que resultaban demasiado oscuros para el erudito método de Arias Montano adquirían rango de verdad exclusiva para un hombre que se había esforzado antes por alcanzar un método de exégesis literal y seguro y que había desechado la tradición alegórica medieval."
Esta forma clandestina de Erasmismo hizo su aparición camuflada de biblismo y espiritualismo en la España de finales del siglo XVI. A causa de la enorme influencia de Arias Montano en determinados círculos religiosos e intelectuales, el Familiarismo ganó una serie de adeptos, especialmente en los lugares de El Escorial y de Sevilla.
Durante la formación de la Biblioteca escorialense, surgió el primer grupo familiarista, cuya principal figura fue fray José de Sigüenza, discípulo de Arias Montano y autor de una conocida Historia de la Orden de San Jerónimo. En 1592, fue involucrado en un proceso inquisitorial, junto a su mentor Arias Montano, del que salieron rehabilitados. Años después de haber fallecido Felipe II, sus obras serían condenadas y prohibidas. En general, la trayectoria espiritual de los monjes jerónimos que custodiaban el monasterio se vio influenciada por la doctrina familiarista. No se sabe con exactitud quieren eran todos sus miembros, pero parece seguro que entre ellos estaban los padres Juan de San Jerónimo y Bartolomé de Santiago; también el prior Lucas de Alaejos.
En Sevilla, ciudad con la que mantuvo una asidua relación durante los últimos años, parece que figuraban los siguientes miembros: los biólogos Simón de Tovar y Francisco Sánchez Oropesa; los canónigos Luciano Negrón y Francisco Pacheco, el consejero municipal Diego Núñez Pérez. Algunos de los más importantes discípulos de Arias Montano durante estos años fueron Juan Ramírez Moreno y Pedro de Valencia.

Biblia Real: Vulgata y Humanismo

Biblia real de Felipe II de España es una obra magnífica del humanismo, como está tratada la Vulgata de san Gerónimo en esta biblia poligrata.

La Biblia Real (o Políglota de Amberes, impresa entre 1569 y 1572 por Cristóbal Plantino bajo la dirección de Benito Arias Montano y patrocinada por Felipe II) abordó la Vulgata de san Jerónimo con un profundo respeto doctrinal, pero con una gran audacia filológica y crítica, propia del humanismo renacentista.

El tratamiento de la Vulgata en esta monumental obra se estructuró y defendió a través de los siguientes ejes clave:

1. El estatus de la Vulgata como texto canónico de la Iglesia

Tras el Concilio de Trento (clausurado en 1563), la Iglesia católica había declarado a la Vulgata como la versión oficial y auténtica para la liturgia, la predicación y la teología. Arias Montano, consciente de las tensiones contrarreformistas y de la necesidad de no contravenir las directrices romanas, mantuvo y respetó la Vulgata como pilar indiscutible dentro del armazón de la políglota, situándola en un lugar de honor junto a los textos originales (hebreo, arameo y griego).  

2. Disposición e integración en los volúmenes bíblicos

En los primeros volúmenes del Antiguo Testamento, la Biblia Regia heredó el espíritu crítico de la Políglota Complutense organizando las páginas enfrentadas de forma que el texto latino de la Vulgata dialogase directamente con las fuentes originales y las traducciones interlineales. De este modo, los eruditos podían cotejar el rigor de la traducción de san Jerónimo frente a la severidad del texto masorético hebreo o la Septuaginta griega.

3. Las correcciones filológicas y el aparato crítico (El "Aparato")

Arias Montano no se limitó a reproducir ciegamente la Vulgata tradicional, sino que dedicó los últimos tomos de la obra —los volúmenes del llamado Apparatus— a profundizar en el estudio filológico de las lenguas bíblicas. Siguiendo el método humanista, se revisaron variantes textuales, etimologías y notas críticas con el fin de depurar los errores de copia que los siglos habían acumulado en los manuscritos de la Vulgata, sin alterar el dogma pero afinando la comprensión científica de las Escrituras.

4. La gran polémica: La defensa frente a las acusaciones de "judaización"

El enfoque dado a los textos originales y a la Vulgata en la Biblia Real no estuvo exento de graves conflictos. Teólogos conservadores, como el catedrático salmantino León de Castro o el obispo Guillermo Lindano (Lindanus), acusaron a Arias Montano ante la Inquisición española y ante la Santa Sede. Sostenían que otorgar tanto peso a los textos hebreos y a la crítica filológica humanista equivalía a restarle valor a la Vulgata de san Jerónimo y a desviar la tradición católica.  
Arias Montano tuvo que viajar a Roma para defender personalmente la obra, logrando finalmente la absolución y la aprobación papal tras demostrar que el cotejo de los originales hebreos y griegos no pretendía desplazar a la Vulgata, sino iluminarla y defender su autoridad mediante un conocimiento más exacto y erudito de los textos sagrados.

¿Cómo está organizada una página de del Antiguo Testamento?
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En la Biblia Real (o Políglota de Amberes), la distribución de los textos del Antiguo Testamento supuso una evolución visual y tipográfica muy sofisticada respecto a su predecesora, la Complutense. Mientras que la Complutense agrupaba todos los textos de un mismo pasaje en una sola página, Arias Montano y el impresor Cristóbal Plantino diseñaron un sistema de páginas enfrentadas (doble página) mucho más limpio y cómodo para la lectura comparada de los eruditos.

La estructura tipográfica de una página del Antiguo Testamento en la Biblia Regia se organizaba de la siguiente manera:

1. El diseño general de la plana (Columnas y bloques)

Dos páginas enfrentadas: El texto no se agolpaba en una única hoja, sino que se distribuía de forma conjunta entre la página par y la página impar para que las diferentes versiones dialogaran cara a cara.  
Columnas verticales: Cada página individual estaba dividida habitualmente en dos columnas verticales de texto principal.  
El espacio inferior (el quinto inferior): Las páginas contaban con una sección horizontal diferenciada que ocupaba aproximadamente la quinta parte inferior de la plana, la cual se dejaba sin dividir en columnas para albergar textos exegéticos complementarios (como los targunes arameos).  

2. La distribución de los textos e idiomas

La disposición exacta variaba ligeramente según el volumen y los libros (por ejemplo, los libros históricos frente a los proféticos), pero seguía una estricta jerarquía humanista y filológica para destacar las lenguas originales y sus traducciones:

El latín en posición central/interior: Las versiones latinas (incluyendo la Vulgata o traducciones interlineales) se colocaban estratégicamente en las columnas interiores (las más cercanas al margen del lomo o pliegue del libro), dotando al conjunto de un eje central de simetría y referencia inmediata.  
El hebreo y el griego en la columna exterior: Las lenguas originales (el texto hebreo masorético y la Septuaginta griega) solían ocupar las columnas exteriores de las páginas para facilitar el cotejo directo con el margen de la hoja.  
El uso de los Targunes (arameo): En la parte inferior de las páginas (el quinto inferior mencionado), se integraba el Tárgum (la antigua paráfrasis o traducción de la Biblia hebrea al arameo), apareciendo el texto arameo en la página par y su respectiva traducción latina en la página impar para mantener la simetría horizontal.  
Gracias a este despliegue arquitectónico e impresor, un teólogo o filólogo del siglo XVI podía abrir la Biblia Regia y, con un solo golpe de vista horizontal entre las dos páginas abiertas, contrastar el texto sagrado en hebreo, en griego, en latín (Vulgata) y en arameo con total claridad visual.

¿Cuánto es el valor para comprar una Biblia como esta? El que compra, ¿qué capital tendría que tener?

Adquirir una obra de esta magnitud en el mercado de antigüedades y libros raros exige disponer de un capital muy elevado, ya que se trata de una auténtica joya bibliográfica mundial.

1. Valor actual en el mercado de coleccionismo

Las copias completas de la Biblia Regia (o Políglota de Amberes) rara vez salen a la venta, pues la inmensa mayoría se encuentra custodiada en bibliotecas nacionales, universidades y grandes instituciones históricas.
Cuando excepcionalmente algún ejemplar en manos privadas llega a las grandes casas de subastas internacionales (como Christie's), su precio suele estimarse y adjudicarse en una horquilla de entre 400.000 y 700.000 euros (aproximadamente entre 450.000 y 800.000 dólares), dependiendo estrictamente de factores como:

El estado de conservación de sus volúmenes (por lo general consta de 8 tomos).
La calidad y tipo de papel original con el que fue encuadernada.
Su procedencia histórica o la elegancia de su encuadernación de época.

2. El capital necesario para el comprador

Para adquirir una pieza así, el comprador no solo debe contar con el capital líquido equivalente al valor de subasta (mínimo medio millón de dólares/euros), sino que idealmente requiere un patrimonio neto o un nivel de coleccionismo de alta gama.

Además del coste de adquisición, mantener una obra de arte y libro antiguo de esta categoría implica costes asociados que un comprador debe contemplar en su capital disponible:

Seguros especializados contra robo, incendio o daños.

Condiciones ambientales estrictas (control preciso de humedad y temperatura en una biblioteca privada o cámara acorazada) para evitar la degradación del papel del siglo XVI.

Como dato histórico de coste (en el siglo XVI):
Para dimensionar la obra en su contexto, cuando Cristóbal Plantino la imprimió por encargo real, los precios variaban según el tipo de tirada: los ejemplares corrientes en papel raisin u hoja grande costaban entre 70 y 80 florines de la época, mientras que los lujosos ejemplares impresos en pergamino (reservados para la realeza) ascendían considerablemente. Hoy en día, esa inversión inicial se ha multiplicado exponencialmente debido a la extrema escasez de ejemplares disponibles en el mercado libre.  

En la época, qué millonario podría comprarse esta Biblia que sepa  latín o griego.

Una obra como la Biblia Real no era accesible para cualquier potentado; exigía una combinación muy específica de enorme poder adquisitivo, profunda erudición humanista y devoción religiosa o coleccionista.
En la época de su impresión (siglo XVI) y hoy en día, el perfil de comprador capaz de adquirirla y leerla cruza dos mundos muy selectos:

1. ¿Quiénes podían comprarla y leerla en el siglo XVI?

En pleno Renacimiento, el latín y el griego clásico no eran adornos, sino las lenguas de trabajo de las élites intelectuales, eclesiásticas y políticas. Los principales candidatos de la época habrían sido:

Monarcas y Príncipes herederos: El propio Felipe II financió parte del proyecto, pero reyes como Maximiliano II de Habsburgo o príncipes electores del Sacro Imperio Romano Germánico contaban con el oro necesario y una educación esmerada que incluía el dominio del latín y, a menudo, rudimentos de griego bíblico.
Cardenales y Altos Prelados humanistas: Cardenales ricos (como los Farnesio o los Médici en Italia) disponían de fortunas colosales procedentes de rentas eclesiásticas y solían ser eruditos formados en universidades como Salamanca, Bolonia o París, capaces de leer los textos políglotas con soltura.
Magnates de la banca y el comercio internacional: Familias como los Fugger o los Welsser (los grandes banqueros de Carlos V y Felipe II) acumulaban fortunas que superaban a las de los propios reyes. Muchos de sus miembros recibían una educación humanista de élite para gestionar sus redes comerciales globales, por lo que poseer y leer una joya así era símbolo máximo de estatus y prestigio intelectual.

2. ¿Qué perfil de millonario actual podría hacerlo?

Llevar esto al plano contemporáneo reduce el número de candidatos a una cifra diminua. Se necesita un milmillonario (billionaire) con una debilidad muy concreta: el coleccionismo bibliográfico de alta gama enfocado en humanidades clásicas o teología histórica, y que además haya cultivado el estudio de las lenguas muertas.
El mecenas o empresario humanista: Figuras del sector del lujo, la cultura o la industria con sensibilidad clásica —como el empresario italiano Brunello Cucinelli (conocido por financiar proyectos de restauración filosófica y bibliotecas monumentales inspiradas en la antigüedad)— encajarían perfectamente por mentalidad y recursos económicos.  
Magnates tecnológicos o financieros coleccionistas de incunables: Hay multimillonarios de Silicon Valley o de Wall Street que invierten millones en manuscritos raros (como Bill Gates comprando el Códice Leicester de Leonardo da Vinci). Sin embargo, el escollo aquí sería el idioma: muy pocos magnates tecnológicos actuales poseen el dominio fluido del latín clásico y el griego koiné necesario para sentarse a leer y cotejar una políglota del siglo XVI.
Para un coleccionista moderno de este nivel, la Biblia Real no se compra para leerla de cabecera como un pasatiempo lingüístico, sino como un trofeo supremo de la historia del pensamiento humano, delegando su estudio técnico en conservadores y filólogos profesionales, o bien destinándola como pieza central de una gran fundación cultural privada.

Don Felipe II de España, él debe haber sabido latín y griego, lo habrá leído.

Efectivamente, Felipe II sabía latín y era capaz de leerlo con fluidez, ya que formaba parte indispensable de la educación esmerada que recibían los príncipes del Renacimiento. Sin embargo, su relación con el griego fue bastante más limitada y pasiva.
Su perfil lingüístico respecto a estos idiomas encajaba perfectamente en el contexto de la corte de los Austrias:

1. El latín: Su dominio y uso cotidiano

Educación regia: Desde su infancia en la corte española, sus preceptores (entre ellos destacados humanistas) le inculcaron el latín como la lengua culta de la diplomacia, la teología y el gobierno.
Uso práctico: Felipe II leía documentos oficiales, tratados políticos y correspondencia en latín con absoluta naturalidad. Como monarca profundamente piadoso y gobernante del mayor imperio de su tiempo, el latín era la herramienta con la que examinaba bulas papales, decretos y obras teológicas. De hecho, era célebre por su meticulosidad y su costumbre de leer y corregir textos de su puño y letra.

2. El griego: Una formación ornamental

Conocimiento superficial: Aunque en los planes de estudio humanistas de los príncipes se incluían rudimentos de griego clásico, este idioma no formaba parte de su uso activo ni profesional.
Lectura técnica: Podía reconocer el alfabeto y tal vez descifrar términos o citas muy comunes, pero no leía fluidamente los textos largos en griego. Para obras complejas —como las que aparecían en las columnas griegas de la Biblia Políglota—, el rey confiaba plenamente en sus secretarios, teólogos y eruditos de corte (como el propio Benito Arias Montano), quienes analizaban los textos originales y se los traducían o explicaban en latín o castellano.
En resumen: Felipe II sí leía y dominaba el latín a la perfección, lo que le permitía valorar intelectualmente la obra y entender gran parte de sus estructuras, pero para el griego y el arameo dependía del equipo de sabios humanistas a los que patrocinaba.

El papa que le regalaron la Biblia de Don Felipe II,  la leyó, sabía griego, latín y  hebreo.

El papa que dio la aprobación definitiva a la Biblia Regia y la recibió formalmente fue Gregorio XIII (quien sucedió a Pío V).  
Y tu apreciación es completamente acertada: a diferencia de Felipe II, el pontífice reunía un perfil de altísima erudición teológica y lingüística para examinar una obra de tal calibre. Gregorio XIII (cuyo nombre secular era Ugo Boncompagni) poseía una sólida formación jurídica y humanista, y dominaba a la perfección el latín y el griego, además de tener nociones y acceso directo a los estudios exegéticos en hebreo gracias a los círculos académicos y orientalistas de Roma.  
De hecho, cuando Benito Arias Montano viajó a Roma para defender la obra ante las reticencias iniciales de la Curia y conseguir el visto bueno papal, se encontró con un pontífice plenamente capacitado para valorar con rigor técnico las columnas multilingües de la políglota, lo que facilitó que finalmente se otorgara el aval pontificio que Felipe II tanto deseaba.  

El problema de la Biblia es que la vulgata en esa época no era muy mala calidad la traducción.

Tienes toda la razón en el fondo del problema, y ese es precisamente el gran dilema que movió a los humanistas del Renacimiento.
La Vulgata que se usaba en el siglo XVI arrastraba problemas colosales, y calificarla de deficiente en muchos pasajes es históricamente correcto por varias razones:

El deterioro por los copistas: Durante más de mil años, la Vulgata había sido copiada a mano por amanuenses medievales. En ese proceso se acumularon miles de errores tipográficos, omisiones, palabras interpoladas y confusiones que habían corrompido el texto original que redactó san Jerónimo en el siglo IV.
Las limitaciones del propio san Jerónimo: Aunque san Jerónimo hizo un trabajo titánico traduciendo directamente del hebreo y el griego, vivía en el siglo IV y disponía de fuentes muy inferiores a las que manejaban los eruditos del siglo XVI. Además, en ocasiones se vio obligado a ceder ante la presión popular o a mantener traducciones tradicionales anteriores (la Vetus Latina) para no escandalizar a los fieles.
Errores de traducción técnica: Humanistas célebres como Erasmo de Rotterdam o Lorenzo Valla demostraron con el método filológico que la Vulgata contenía errores de bulto. Por ejemplo, el famoso término latino penitentia para traducir la palabra griega metanoia (que en realidad significa "cambio de mente o de actitud") había condicionado toda la teología medieval de la penitencia y el sacramento.

El dilema de la Iglesia y la solución de las Políglotas

Este estado de la Vulgata generó una crisis enorme: por un lado, la Iglesia católica necesitaba proteger la unidad doctrinal y frenar a los protestantes (que hacían sus propias traducciones vulgares desde los originales); por otro, los sabios sabían que el texto latino oficial tenía fallos evidentes.
Obras monumentales como la Biblia Complutense y posteriormente la Biblia Real de Felipe II nacieron precisamente por esto. No pretendían destruir la Vulgata, sino rescatarla de sus propios errores poniendo los textos originales al lado para que los teólogos pudieran ver dónde se había traducido mal y entender el verdadero sentido de los textos sagrados.

La Biblia tuvo la suerte de tener el apoyo del rey de España don Felipe II de España

Sin el respaldo financiero, político y logístico de Felipe II, una empresa de la magnitud de la Biblia Real (o Políglota de Amberes) jamás habría visto la luz.

El rey asumió el proyecto no solo como una obra de mecenazgo cultural, sino como una misión de Estado y de defensa de la fe católica frente a la Reforma protestante. Su apoyo marcó la diferencia en varios frentes cruciales:

1. El músculo financiero e imperial

Imprimir una obra de ocho volúmenes en papel de alta calidad, con tipos móviles especiales en hebreo, griego, arameo y latín, requería una fortuna que ningún impresor privado —por muy prestigioso que fuera Cristóbal Plantino— podía sufragar por sí solo.
Felipe II financia directamente parte de la imprenta y facilita subvenciones y privilegios reales.
Pone a disposición de Plantino la infraestructura comercial y de transporte de su imperio global. Los tomos viajaron protegidos por las rutas imperiales, lo que permitió su distribución por toda Europa.

2. La elección del talento: Benito Arias Montano

El monarca tuvo el gran acierto de delegar la dirección técnica en Benito Arias Montano, uno de los humanistas y teólogos más brillantes de su tiempo. Felipe II lo nombró su capellán y lo envió a Amberes para supervisar personalmente cada detalle del proyecto, rodeándolo de un equipo internacional de los mejores filólogos, orientalistas y tipógrafos.

3. El peso político ante Roma y la Inquisición

Quizás el mayor escudo que proveyó el rey fue su autoridad política y su influencia diplomática. Cuando la obra fue ferozmente atacada por sectores conservadores e inquisitoriales que temían que el estudio de los textos originales socavara a la Vulgata, el respaldo inquebrantable de Felipe II protegió a Arias Montano. Fue el propio prestigio de la monarquía hispánica el que pavimentó el camino para que el papa Gregorio XIII terminara otorgando la codiciada aprobación oficial a la obra.
La Biblia tuvo la fortuna de contar con un monarca que, a pesar de sus múltiples frentes bélicos y políticos en Europa y América, entendió que el poder de una monarquía universal católica también se cimentaba sobre la vanguardia del conocimiento, la imprenta y la erudición bíblica.

¿Qué pasa con las fuentes en hebreas eh y otros idiomas biblicos

Las fuentes en hebreo y otros idiomas bíblicos (como el arameo, el griego y el siriaco) fueron precisamente la gran revolución y el corazón científico de la Biblia Regia. Lejos de limitarse a repetir la Vulgata latina, Benito Arias Montano y su equipo elevaron el listón respecto a anteriores publicaciones incorporando los textos originales con un rigor filológico extraordinario.  

1. El texto hebreo (Antiguo Testamento)

Base textual: Se revisó meticulosamente a partir de la prestigiosa edición hebrea de Jacob ben Hayyim (impresa en Venecia por Bomberg), dotándolo de todos los signos de puntuación vocálica y acentual masorética.  
El tratamiento crítico: Para los humanistas, el hebreo era la veritas hebraica (la verdad hebrea original). Poder leer el Antiguo Testamento en su lengua primigenia permitía corregir los desvíos que los copistas medievales habían introducido en el latín. Esto fue, paradójicamente, lo que enfureció a los sectores más rígidos de la Inquisición, que temían que dar tanta autoridad al hebreo restara poder a la tradición latina de la Iglesia.  


2. El griego (Septuaginta y Nuevo Testamento)  

El Antiguo Testamento griego: Se integró la Septuaginta (la traducción griega antigua que usaban los primeros cristianos), permitiendo contrastar el texto hebreo con cómo lo interpretaron los judíos helenísticos siglos antes de Cristo.
El Nuevo Testamento: Se presentó en columnas paralelas con el texto griego original y la traducción latina, facilitando el análisis directo de las palabras de los evangelistas y apóstoles sin intermediarios. 

3. Las grandes novedades: Arameo y Siriaco

La Biblia Regia superó a su predecesora (la Políglota Complutense) al ampliar el abanico de lenguas orientales antiguas:
El Tárgum (Arameo): Se incluyeron las antiguas paráfrasis y traducciones arameas de las Escrituras (como el Tárgum de Jonatán), acompañadas de sus respectivas traducciones latinas en la sección inferior de las páginas. Esto permitía ver cómo entendían los antiguos doctores judíos los pasajes más oscuros.  

La versión Siriaca (Peshitta): Fue una de las grandes aportaciones personales de la edición de Amberes. Se incorporó la Peshitta para el Nuevo Testamento (y porciones del Antiguo) junto con transcripciones y adaptaciones latinas, abriendo una ventana directa a una de las comunidades cristianas orientales más antiguas de la historia.  

El gran valor añadido: El Apparatus (Tomos de estudio)

Como leer idiomas tan diversos requería herramientas especializadas, los últimos volúmenes de la Biblia Real (los tomos del Apparatus) funcionaban como una auténtica enciclopedia lingüística. Incluían diccionarios de hebreo y arameo, gramáticas detalladas, atlas geográficos bíblicos y estudios arqueológicos redactados por el propio Arias Montano. De este modo, cualquier erudito que estudiara la obra no solo tenía frente a sí los textos originales en sus lenguas sagradas, sino también las llaves maestras para poder descifrarlos con precisión absoluta.  



Estructura de páginas enfrentadas: Al igual que en los primeros tomos, se utiliza un sistema de doble página (par e impar) dividido en columnas verticales para facilitar la comparación simultánea.  

Columnas principales (texto sagrado)Presenta el texto en griego y la versión latina de la Vulgata dispuestas en paralelo.  

Sección en lengua siríaca (Peshitta):   Para acomodar la inclusión de la versión siríaca (extraída de la Peshitta), esta se intercala utilizando tanto el alfabeto o caracteres siríacos originales como una transliteración con caracteres hebreos vocalizados.
Dicha versión viene acompañada de su respectiva traducción al latín (realizada por el orientalista Guy Lefebvre de la Boderie) dispuesta de forma contigua para su lectura comparada.


Disposición lingüística en las páginas (del I al IV):

  • Página izquierda (columnas superiores): Muestra el texto hebreo original (dotado de su puntuación vocálica tradicional) junto a su traducción literal al latín.

  • Página derecha (columnas superiores): Muestra el texto griego de la Septuaginta (versión de los LXX) acompañado también de su respectiva traducción latina.

  • Franja inferior (espacio inferior de las páginas): Integra el texto arameo (el Tárgum) para los libros correspondientes, complementado asimismo con su traducción al latín en la columna contigua.



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