La meditación. |
La contemplación es el estado espiritual que aparece en el ser humano cuando practica el silencio mental. El silencio mental El silencio mental se consigue con el desapego de pensamientos y sensaciones. Se puede trabajar para que aparezca mediante la meditación o la oración en silencio. El desapego por lo material surgirá como resultado de la práctica y esfuerzo total. La práctica La práctica se puede acompañar de lecturas que inspiren a la persona a continuar en el silencio interno y lo ilustren de cómo otros lograron que ese estado espiritual sucediera. Aparece, ya que no lo podemos provocar voluntariamente, solo meditando en silencio sin buscarlo. La contemplación ha sido practicada desde tiempos inmemoriales por la humanidad. En las diferentes culturas Formas de contemplación diversas las podemos encontrar en diferentes culturas y épocas de la humanidad, desde los chamanes o brujos de las tribus, hasta los tiempos actuales como los sufíes, los monjes tibetanos, los maestros zen, los gurus de la India, etc. Para que aparezca la contemplación, primero debemos de ver en nuestra mente que no puede tener interferencias de tipo, pensamiento, imaginación, etc. Luego simplemente contemplar. La maravilla de la contemplación surge, aparece en la propia contemplación sin dar nombre a lo contemplado. Contemplar no tiene nada que lo rodea, nada que lo envuelve, es la magia de la propia contemplación sin ser magia. Como contemplación no necesita nada más. Contemplación cristiana Se trata de hacerse consciente de las realidades sobrenaturales, centrando la mente en Dios. Los primeros grados para alcanzar la contemplación se basan en la ascesis, en que se domina el cuerpo para iluminar el alma, haciéndola más sensible a la Presencia Divina. El último grado de contemplación se podría definir como experiencia mística, aunque para llegar a este estado no es necesario experimentar éxtasis o levitaciones. Las levitaciones pueden ser paranormales, pero pueden ir acompañadas de estos fenómenos (ver Místicos españoles). El iniciado debe ir evolucionando en su capacidad de contemplación a medida que se va haciendo más sensible al Amor transmitido por Dios. La intimidad con Cristo hace posible la unión con el Padre, haciéndonos Uno con Él, a través de la asistencia del Espíritu Santo. Mediante esta unión nos vinculamos a todo el Cosmos creado. Los principales maestros contemplativos de la Iglesia se encuentran en las órdenes contemplativas, especializadas en la oración. Para llegar a este estado mental y espiritual se pueden usar diferentes tipos de oración, generalmente la meditación. Para practicar la contemplación no es necesario ser clérigo o religioso, basta con tener fe y fuerza de voluntad. Existe una oración contemplativa por excelencia, el Oficio divino; en el cual se meditan salmos y lecturas del Nuevo Testamento y se dirigen preces o peticiones a Dios. Siendo muy útil para disipar de la mente los pensamientos banales, haciendo del Creador el centro del pensamiento. Una lectura recomendada acerca de la contemplación cristiana es La nube del no-saber, un libro anónimo inglés del siglo XIV. |
La comida favorita de Hannibal Lecter es el timo de ternera (las glándulas del timo de animales jóvenes, llamadas sweetbreads en inglés), el cual solía sustituir en secreto con órganos humanos cosechados de sus propias víctimas, siendo sus favoritos el hígado, los riñones y el cerebro. A diferencia de los monstruos comunes del cine, Lecter no consume carne cruda de forma salvaje. Como un chef de alta cocina con entrenamiento clásico francés, su obsesión radica en transformar la carne humana en platillos gourmet extremadamente refinados. Sus platillos más icónicos en la saga. Hígado con habas (El silencio de los corderos): En la novela, el doctor devoró el hígado de un encuestador del censo preparado al estilo beurre noir (mantequilla negra) acompañado de habas grandes. Sesos salteados (Hannibal): En uno de los momentos más memorables de la literatura y el cine, Lecter mantiene consciente al burócrata Paul Krendler mientras le abre el cráneo, extrae una porción de su lóbulo frontal, la saltea en una sartén con mantequilla, trufas negras y alcaparras, y se la da a probar al propio Krendler antes de comerla él mismo.
El timo de ternera / "L'Ortolan" (La serie de NBC): En la adaptación televisiva, sus menús son verdaderas obras de arte visuales. Prepara desde pulmones humanos asados al vino tinto hasta el tradicional y polémico platillo francés Ortolan (un pequeño pájaro que se ahoga en armañac y se come entero, huesos incluidos). La filosofía detrás de su dieta Para Hannibal Lecter, comer a sus víctimas no es solo una necesidad biológica, sino un acto estético y de juicio moral. Él solo consume a personas que considera groseras, maleducadas o mediocres (como músicos incompetentes de la orquesta filarmónica o funcionarios públicos corruptos). Al cocinarlos de forma tan sofisticada, considera que está elevando a esos individuos vulgares a una categoría superior de arte. |
El kashrut. |
El kashrut (del hebreo כַּשְׁרוּת, que designa lo que es "correcto" o "apropiado" para ser consumido; lo que cumple con los preceptos del kashrut es kasher, כָּשֵׁר, conocido también por su pronunciación en yídish, kósher) es la parte de los preceptos de la religión judía que trata de lo que los practicantes pueden y no pueden ingerir, basado en los preceptos bíblicos del Levítico (uno de los libros bíblicos del Antiguo Testamento y del Tanaj). Tales reglas, interpretadas y expandidas a lo largo de los siglos, determinan con precisión qué alimentos se consideran puros, es decir, cuáles cumplen con los preceptos de la religión y cuáles no son kasher (estos últimos se llaman, en hebreo: טְרֵפָה, (trefá). Usualmente se asocia la idea de kashrut con dos de las costumbres alimenticias de los judíos: la que establece que los cárnicos no deben ser consumidos al mismo tiempo que los lácteos; y la que prohíbe a los judíos comer carne porcina en cualquiera de sus formas (Levítico). Esta idea de lo que es kasher es solo parcialmente correcta, pues el concepto en realidad es mucho más vasto y se extiende a prácticamente todos los alimentos y, ciertamente, a los mencionados antes. La etiqueta kasher (aunque es más frecuente la palabra kosher) que reciben ciertos productos alimenticios indica que dichos productos respetan los preceptos de la religión judía y que, por tanto, se consideran puros y aptos para ser ingeridos por los practicantes de dicha religión. |
Jerusalén Mea Shearim. |
Mea Shearim (en hebreo: מאה שערים, lit. ‘Cien puertas’, pero en contexto, 'Cien medidas'), también Me'a She'arim (llamado en yidis: Meye Shorim), es un barrio del norte de Jerusalén, muy conocido por ser una zona en la que viven exclusivamente judíos ultraortodoxos. Los letreros invitan a las visitantes a no entrar en el barrio vestidas de forma «indecente». Historia El barrio se construyó a lo largo del siglo XIX, puesto que la vida en el casco antiguo de Jerusalén era demasiado incómoda. Estaba compuesto de pequeñas casas de dos habitaciones para unas diez personas, estando las casas construidas unas junto a otras, formando una muralla natural, mientras que las escuelas se encontraban en el casco antiguo. La guerra de 1948 dejó Mea Shearim en manos de Israel y el casco antiguo de la ciudad pasó a dominio jordano. Cuando se creó el Estado de Israel, se tuvo en cuenta a la población de Mea Shearim y sus objetivos particulares. Se respetó el derecho primordial de cualquier judío religioso de regresar a Israel, sin tener que mezclarse con la sociedad moderna y civil, ya que el «derecho al retorno» se aplicaba tanto a ortodoxos como a laicos. Nunca se les impuso el servicio militar, al aceptar el ejército israelí las razones religiosas para no obligar a nadie a empuñar un arma. Tampoco se les impuso el llamado «servicio nacional de ayuda alternativa» a aquellos que estudiasen en una yeshivá. En el barrio, la lengua más hablada es el yidis. Yeshivá de Mea Shearim y Talmud Torá es una yeshivá que se encuentra en el barrio ultraortodoxo de Mea Shearim en Jerusalén, Israel. Esta yeshivá fue establecida en 1885 como una escuela para el estudio del Talmud y la Torá. El director de la yeshivá fue el rabino Yosef Gershon Horowitz, uno de los líderes del movimiento mundial Mizrachi. Durante el mandato británico el edificio sirvió como sede de este movimiento en Jerusalén. La sala de estudio en el segundo piso tiene un magnífico techo pintado con representaciones de lugares sagrados judíos. El artista, Yitzhak Beck, llevó a cabo el trabajo en andamios especiales construidos por él. Las pinturas han comenzado a deteriorarse con el tiempo y se están haciendo esfuerzos para su conservación. Las escuelas Talmud Torá son unas escuelas creadas en el mundo judío, tanto asquenazí como sefardí, para dar educación primaria a los niños de familias humildes, enseñándoles la lengua hebrea y las Sagradas Escrituras, con un enfoque especial hacia el Pentateuco. Historia El Talmud Torá estaba destinado a preparar los estudiantes varones para ir a la yeshivá, o bien a una escuela judía secundaria. Se inspira en el jéder, una institución tradicional educativa judía, a menudo financiada a través de donaciones particulares. La institución conocida como 'Casa de Estudio', encuentra sus raíces en un decreto de Esdras y la Gran Asamblea, que hizo abrir una escuela pública en Jerusalén para asegurar la educación de los niños huérfanos, pero fue el gran sacerdote Yehoshua ben Gamla quien alrededor de 64-65 d. C. estableció las escuelas públicas en todas las ciudades y pueblos para todos los niños varones desde la edad de seis o siete años. Los costes eran sufragados por la comunidad, y se fijó el número de estudiantes en veinte alumnos por profesor. El Talmud Torá tenía la intención de instruir al estudiante en la Ley de Moisés y en la literatura rabínica, en la lectura de oraciones, bendiciones y en los principios pedagógicos del judaísmo que se integraron en el plan de estudios. La enseñanza dura todo el día, y los meses de invierno, una parte de la noche. Las clases se suspenden los viernes por la tarde y el día anterior a un día festivo del calendario judío. No hay clases los sábados y los días festivos. Las escuelas Talmud Torá siguen existiendo en todo el mundo judío. Es más frecuente la incorporación en las escuelas primarias de materiales curriculares seculares junto con las enseñanzas judías, con el fin de preparar a los alumnos para la educación secundaria. Hoy en día, las escuelas son mayoritariamente mixtas, se suele seguir una orientación tradicional de la educación judía, en vez de corrientes modernistas o progresistas que surgieron en el siglo XX, como el judaísmo reformista y el judaísmo conservador. Las escuelas Talmud Torá, junto con la sinagoga, ofrecen una educación religiosa a los niños judíos de todo el mundo. Mea Shearim, el barrio de las cien puertas en Jerusalén. 05/12/2017 Mea Shearim es uno de los pocos lugares de Jerusalén donde las calles se cortan totalmente al tráfico rodado los shabat y no se permite ninguna violación de las leyes judías en su interpretación más estricta. Según Ofir Barak, “La comunidad judía ultraortodoxa de Mea Shearim es una sociedad religiosa más cerrada que otras muchas. Está luchando constantemente contra la revolución digital porque creen que eso los alejará de la religión”, asegura este fotógrafo que ha dedicado dos años a retratar las calles de ese barrio. “Mientras estuve en Mea Shearim, de día o de noche, solo vestía ropa negra y hasta me dejé crecer una larga barba”, asegura Barak quien realizó este gesto “para integrarse en la zona”, donde los varones llevan traje negro y sombrero de ala o peculiares vestimentas con batines y medias de hace dos siglos. Las mujeres deben llevar falda o vestido y cubrir todo su cuerpo, excepto las manos, el cuello y la cara. Algunas se tapan el cabello con un tocado y otras lo hacen con pelucas que ocultan el cabello original. Barak fue testigo día a día de un año difícil en el barrio: 2015, cuando se firmó el primer borrador de ley que obligaba a las comunidades jaredíes (literalmente, temerosas de Dios) a cumplir con el servicio militar, obligatorio para hombres y mujeres en todo Israel, y al que estas se oponen férreamente. La norma motivó decenas de manifestaciones violentas en las que estos mostraban su rechazo. Los varones ultraortodoxos dedican su día a día al estudio de la Torá (Pentateuco), muy pocos trabajan y viven en buena medida de las subvenciones que reciben por número de hijos, lo que genera malestar entre la población laica, que exige que contribuyan y aporten a la sociedad. “A pesar de que históricamente la fundación de Mea Shearim en el siglo XIX, fue askenazí, hay una mezcla de orígenes”, explica Tamar El Or, profesora de Antropología de la Universidad Hebrea de Jerusalén. En sus calles se habla mayoritariamente yidish, el dialecto vernáculo originado en Centroeuropa en el siglo IX, y no hebreo, la lengua de la erudición o semítica, que recuperó Israel tras su fundación en 1948. El Or asegura que, aunque “todos comparten las mismas raíces y la mayoría de sus residentes son hasídicos, una corriente dentro de los jaredí, existen muchas diferencias. Cada uno tiene su propia comunidad. Vienen de Hungría, Rusia, Polonia y Rumania, entre otros lugares”. Benjamin Brown, profesor y experto en Ortodoxia Judía en la misma universidad, asegura que la corriente que impera en Mea Shearim sigue la rama hasídica, cuyo padre fundador y primer líder fue el rabino ucraniano Israel Baal Shem Tov (1700-1760), aunque la fecha de su nacimiento, e incluso su misma existencia, son un misterio en algunos círculos religiosos. Se le conoció como el “Amo del Buen Nombre” y quiso introducir modelos de vida nuevos para revitalizar la comunidad judía en Europa Oriental. Además, fue un curandero que “alivió a los enfermos a través de la Torá”, según coinciden los que escribieron sobre él. En uno de esos textos, se dice que las últimas palabras que pronunció, y que su hijo pudo escuchar, fueron: “No temáis a nadie más que a Dios”, de donde los jaredíes recibieron el nombre de temerosos de Dios. “Después de él, tomó el relevo su hijo y así hasta nuestros días, en que muchos de los rabinos descienden de él”, explica la joven Maty Shlomo, pálida y de ojos azules por su origen húngaro y eslovaco, que trabaja en una tienda de libros bíblicos del barrio ultraortodoxo. GRAN VARIEDAD DE TENDENCIAS. Como reniegan de todo avance tecnológico, usan pasquines para informarse: carteles colgados en las paredes de las calles y renovados a diario que hacen la función de periódicos. En algunos, denuncian al estado de Israel y lo tachan de sionista y colonizador. “Los judíos no son sionistas”, se lee sobre una bandera palestina, “Israel ocupa la Tierra Santa”, objeta otro, colgado por los grupos antisionistas, minoritarios entre los ultraortodoxos, pero muy llamativos. Sentada cerca de Shlomo está su compañera Faigui Avraham, que cubre su cabello con una peluca desde que se casó: “Cuando ves en las noticias las protestas de los jaredíes en Jerusalén, la gente piensa que eso somos todos, pero no se dan cuenta de que dentro de ese gran grupo hay muchísimos más y no todos pensamos igual”, asegura Avraham. Su abuelo llegó a este lugar después del Shoá (palabra hebrea para referirse al Holocausto), pero su familia es originaria de Hungría. “Yo tampoco quise ir al Ejército y de hecho no fui, pero sí reconozco a Israel como un Estado”, defiende ella, que tiene cinco hijos, la mitad del número considerado ‘normal’ en estas calles. “Todos somos jaredíes, pero no pensamos igual, algunos no quieren saber nada de Israel ni del sionismo, para ellos es una herejía que haya un estado israelí que no haya sido proclamado por el Mesías”, continúa Avraham. “Hablamos distinto, vestimos distinto y vivimos de otra manera”, sentencia a su lado, tras el mostrador, Shlomo, que lleva el pelo cubierto con un sombrero además de una peluca. “Ella es ‘bels’ y yo soy ‘letaim’”, nombres que definen su corriente jaredí, “pero están los vishnis, los gu, bobob… Cada corriente jaredí recibe el nombre de la localidad de donde viene, y cada uno tiene su propio rabino”, aclara. La mayor parte de los vecinos de Mea Shearim son askenazíes, descendientes de inmigrantes de Europa del Este, apenas hay mizrajís (provenientes de Medio Oriente y del norte de África) y los pocos conversos se adhieren a la corriente sefardí, “mucho más relajada y más amigable que las demás”, opinan. “Nosotras sabemos a qué corriente pertenece cada uno con solo mirar su ropa. Los sombreros, aunque parezcan todos negros, son específicos de un grupo, si por ejemplo llevan la chaqueta abierta o cerrada, o si los calcetines son negros o blancos, definen una rama distinta dentro de la misma comunidad jaredí”, dice Shlomo. LOS CASAMENTEROS “Hasta la manera de comprometerse cambia de una rama a otra”, continúa Avraham, “muchos matrimonios son acordados entre las familias sin que la futura pareja se conozca y sin opción de negarse, en otras familias los jóvenes se conocen y en otras, tienen libertad para decidir por ellos mismos”, especifica. Como si se tratara de un gran secreto, agrega: “Existe lo que se llaman ‘shadján’, casamenteros, que si creen que dos personas pueden encajar, presentan a las dos familias” y si culmina en matrimonio, recibe hasta mil dólares de cada familia. “Cuanto más mayor es la pareja, más se paga”, revela ella, que reconoce haber ejercido de shadján con su marido para una pareja que acaba de tener su cuarto hijo. Ella tuvo la oportunidad de conocer a su esposo y de elegir si le quería o no, y Shlomo se reunió con su marido solo una vez antes del enlace, su padre se encargó de saber cómo era el chico. “Preguntó a los amigos, a los familiares, al rabino, a toda la gente que le rodeaba”, así es como funciona, sentencia orgullosa. Dentro de estos matices que tiene el barrio, donde los asuntos se resuelven entre los miembros de la comunidad y donde las leyes religiosas son las que gobiernan, Barak, el fotógrafo, confiesa que durante su trabajo allí capturó a menudo lo que denomina la “tristeza del lugar” un sitio donde, asegura, “se oprime a la mujer, hay pobreza y una muy mala educación”. Sus residentes no lo ven así. Mea Shearim es uno de los pocos lugares de Jerusalén donde las calles se cortan totalmente al tráfico rodado los shabat y no se permite ninguna violación de las leyes judías en su interpretación más estricta. Así, sus habitantes lo perciben como uno de los pocos reductos donde pueden vivir realmente como Dios ordenó a sus fieles. Monedas
El nuevo séquel (en hebreo: שקל חדש, shékel jadash; NIS por sus siglas en inglés), o nuevo siclo (nombre tradicional, derivado del latín siclus, que proviene del hebreo shéqel) es la unidad monetaria de Israel y, juntamente con el dinar jordano, también lo es de la Autoridad Nacional Palestina. Se divide en 100 agorot. |





.png)






No hay comentarios:
Publicar un comentario