Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


lunes, 1 de mayo de 2017

88).-Juan Besarión (O BASILIUS).


  
Juan Besarión  (O BASILIUS).




Juan Besarión  (O BASILIUS). Cardenal, nacido en Trebisonda en 1389 o según otros, en 1395 pero más probablemente en 1403; muerto en Rávena el 18 de noviembre de 1472.

Hay quienes dicen que era de familia ilustre, pero nada se sabe con certeza. En 1413, siendo aún muy joven, fue enviado a Constantinopla, donde se dedicó al estudio, con mucho éxito en el campo de las letras. En 1423 entró en la orden de San Basilio y el mismo año fue enviado al Peloponeso a estudiar filosofía con Gemisto Pletón. Es sabido que Pletón era un agrio oponente de Aristóteles, contra el que oponía con celo inmoderado las doctrinas de Platón, sin distinguir entre el platonismo genuino y el neoplatonismo. Las lecciones de Pletón, aunque hacen de Besarión un seguidor de Platón sin embargo no le impidieron percibir los muchos puntos de contacto entre los filósofos y durante el renacimiento de la sabiduría clásica, defendía constantemente la armonización entre los dos sistemas. Criticaba el partidismo descontrolado de su maestro tanto como el de Miguel Apostolius.

Su sabiduría y elocuencia suscitaron pronto la admiración y el respeto de todos y con el tiempo le trajeron dignidades eclesiásticas. En 1436 fue nombrado obispo de Nicea, pero no estaba destinado a ver su diócesis porque el emperador Juan VIII Paleólogo hizo que le acompañara al concilio de Ferrara, a donde llegaron el 4 de marzo de 1438. Allí, su dignidad y emotiva elocuencia así como su vasta erudición teológica le dieron tal autoridad entre los obispos griegos que el éxito del concilio---la reunión con la Iglesia Latina---debe ser atribuida a él en justicia, como fue reconocido el 6 de julio en la catedral de Florencia a la que se trasladó el concilio, cuando se le comisionó para leer la redacción griega del Acta de Unión.

Besarión volvió a Grecia, pero durante el mismo año se halla dos veces más en Florencia con el Papa Eugenio IV quien, en el consistorio del 18 de diciembre de 1439 (o en el del 8 de diciembre de 1440) le creó cardenal del Título de los Doce Apóstoles. Otro griego, el arzobispo Isidoro, recibió con él la púrpura.

El bien conocido lo poco que duró la unión de las iglesias. El mismo Besarión que había cambiado al rito latino era detestado por los cismáticos griegos, apero a pesar de ello Besarión siguió trabajando para conseguir la unión de otros cismáticos orientales, los jacobitas y etiópicos (1442), sirios (1444), caldeos y maronitas (1445). Por entonces, para refutar las acusaciones de Marco de Éfeso contra el concilio, escribió el libro “De successu synodi florentinæ".

Nicolás V, como Eugenio IV, dio muestras del gran respeto que tenía al sabio griego. En 1449 le nombró obispo de Ulazzara y el mismo año le concedió la diócesis suburbicaria de Sabina, y poco después la de Fracati. Al año siguiente fue enviado como legado papal a Bolonia, una ciudad rota por las continuas desavenencias. En el Breve de nombramiento de 26 de febrero de 1450 dice el Papa que envió a Besarión tamquam angelum pacis, y expresa la esperanza de que sea capaz de gobernar la ciudad en paz con su experiencia y prudencia.
Besarión continúo como gobernador de Bolonia durante cinco años logrando un éxito total calmando las discordias internas. Pero no satisfecho con eso, introdujo sabias reformas en el gobierno de la ciudad y en la administración de justicia. Pero sobre todo dedicó toda su atención y generosidad a la Universidad, la mayor gloria de Bolonia, restaurando el edificio que amenazaba ruinas. Reunió allí como profesores a los más famosos profesores de entonces supliendo con sus propias expensas las deficiencias en sus honorarios y animando con generosidad sobre todo al estudio de los clásicos, de manera que reunió en torno a sí una corte de poetas y hombres de letras. Era cordial con todos hasta con los más bajos.

Trató con leyes restrictivas de someter el lujo excesivo y reconstruyó y adornó muchas iglesias de la ciudad, entre ellas la de San Lucas. Con su prudente y previsora administración y su imparcialidad absoluta se ganó la confianza de los ciudadanos de Bolonia así que a su partida honraron su memoria en una inscripción. En aelante en todas las transacciones con la Santa Sede siempre recurrían a su intervención.

Mientras Besarión era delegado en Bolonia, el cardenal Stefano Porcaro estaba deportado exiliado en la ciudad con una asignación de cien ducados además de su pensión anual de trescientos que le había asignado el Papa. Porcado evitó la vigilancia de Besarión y huyó a Roma, fuga de la que Besarión avisó enseguida al Papa. El resto es bien conocido. En 1453 murió Nicolás V y en el cónclave fue casi elegido para sucederle, aunque por fin lo fue Calixto III.

Constantinopla acababa de caer en manos de los turcos y se había destruido el Imperio Bizantino. Besarión usó todas sus influencias con el dogo de Venecia Francesco Foscari así como con el nuevo Papa para persuadirles de que tomaran la ofensiva contra los bárbaros invasores y no solo empleó la palabra sino que realizó pesados sacrificios pecuniarios para la causa de la cruzada. Su celo aumentó bajo Pío II, cuya elección se debió de manera especial a él. Besarión tomó parte muy activa en el Congreso de Mantua reunido por el Papa para formar una liga de todos los príncipes cristianos contra los turcos, pero los resultados no justificaron sus esfuerzos.

El amor a su tierra natal le impelía a aceptar la comisión del Papa para asistir a dos dietas alemanas al año siguiente, una el 2 de marzo en Nuremberg, la otra el 25 del mismo mes en Worms. Pero ninguna produjo resultados prácticos. Fue a Viena por orden del papa para convencer al emperador de que ayudara a Matías Corvino, joven rey de Hungría, con armas y provisiones. Después de mucho esperar, los líderes germanos pidieron otro aplazamiento y sólo el expreso deseo del Papa Pío II mantuvo a Besarión en Alemania durante un año, defendiendo la causa de los cristianos de oriente. Las disputas internas entre los líderes alemanes les impidió tomar ninguna decisión respecto a la cruzada y Besarión volvió a Roma desilusionado y desanimado. En premio a sus labores el Papa le concedió la abadía comendataria de Grotta-Ferrata de los basilios griegos, que se convirtió en un centro de de trabajos intelectuales. Poco después, al morir el cardenal Isidoro, metropolitano de Kiev y patriarca de Constantinopla, Besarión recibió el título patriarcal.
En 1463, Pío II le envió una vez más a Venecia para que ganara aquella república para la causa de la cruzada que el Papa quiso organizar por su propia iniciativa. Siguieron largas discusiones y por fin, en septiembre del mismo año la república firmó un tratado de alianza con Matías Corvino y el 20 de octubre se proclamo solemnemente la Cruzada. Pero no se consiguieron los resultados esperados. Durante el pontificado de Paulo II que continuó la cruzada Besarión se retiró de la vida activa y se dedicó al estudio, cultivando la amistad de muchos científicos griegos e italianos que había entonces en Roma y organizó discusiones cultas con ellos. Así ganó el título de Litterarum patronus. Fundó en su casa la primera academia. Cuando en 1470 Paulo II deseaba organizar una nueva cruzada, Besarión escribió la carta "De Bello Turcis inferendo".

Sixto IV aprobó los planes de su predecesor y envió a Besarión de nuevo como legado al rey de Francia, al duque de Borgoña y al rey de Inglaterra para arreglar las discordias que habían surgido entre los dos primeros e inducir al tercero a unirse a una gran expedición contra el enemigo del cristianismo. El 20 de abril de 1470 dejó Roma, pero fue recibido de forma poco amistosa tanto en Borgoña como en París así que se vio obligado a volver e informar de un fracaso rotundo de su misión. La desilusión, las incomodidades del viaje y su avanzada edad hicieron estragos en su salud. En Rávena se vio obligado a interrumpir el viaje y murió en la abadía de San Juan el Evangelista el 18 de noviembre de 1472. Su cuerpo fue trasladado a Roma y enterrado en una tumba que se había erigido en el pórtico del convento de los minoritas conventuales, cerca de la Basílica de los Doce Apóstoles. Un simple sarcófago, en el que hay un dístico griego escrito por él mismo, contiene sus restos.
Todas las aspiraciones de Besarión que grandes eran únicas estaban inspiradas en tres ideas: la unión de la Iglesia Oriental con la Latina, el rescate de las tierras griegas del yugo de los musulmanes y el triunfo de la literatura y filosofía clásicas, especialmente las griegas.
Si la realización de las dos primeras fue sólo parcial, o de alguna manera, temporal, la tercera fue completada con más éxito del que había pensado Besarión. Sus esfuerzos en esa dirección tuvieron un éxito permanente. Sus traducciones de la “Memorabilia “de Jenofonte y la Metafísica de Aristóteles etc., prepararon el camino para un conocimiento más exacto del pensamiento real del Estagirita. Ya se ha mencionado su parte en la reconciliación del platonismo con el aristotelismo. En ambiente de contienda intelectual escribió las obras "In calumniatorem Platonis", contra Jorge de Trebisonda que en su traducción de las Leyes de Platón había criticado mucho a su autor pero exaltando a Aristóteles. En el libro quinto de esta obra, Besarión a su vez, enumera los errores de traducción en el comentario de Jorge.
A pesar del tremendo coste reunió una biblioteca de 800 códices de manuscritos griegos y a sus expensas hizo que se copiaran muchos otros por hombres de letras. Después de 1464 entregó estos tesoros a la República de Venecia por la que siempre había sentido gran simpatía. Estos códices formaron el núcleo de la famosa "Bibliotheca Sancti Marci".


Bibliografía: La mayor parte de las obras de BESARIÓN se pueden encontrar en P.L., CLXI. Respecto a Besarión: AL. BLANDINO, De vitâ et rebus pestis Besariónis (Roma, 1777); WOLFG. V. GOETHE, Studien und Forschungen über das Leben und Zeit des Card. B. (Jena, 1874); VAST, Le Card. B. (París, 1878); SADOV, Besarión de nicée son rôle au concile de Ferrara (Florencia y S. Petersburgo, 1883); ROCHOLL, Besarión (Leipzig, 1904).

Una donación condicionada

Pero su gran obra fue otra. Cuando Constantinopla cayó en 1453, Bessarión comprendió que con ella podía hundirse toda la herencia helenística escrita. Dedicó entonces su fortuna y su energía a una doble tarea. Por un lado, rastrear y rescatar cuantos códices pudiera, comprándolos o haciéndolos copiar, para que el menor número posible de obras se perdiera. Por otro, acoger a los sabios griegos que huían de los otomanos. Su casa romana se convirtió en puerto seguro para aquellos exiliados, que copiaban manuscritos y traducían del griego. Aquel círculo se conocería como la «Academia Bessarionis». Entre lo que salvó figuraban obras de la riquísima biblioteca del monasterio de San Nicolás de Casole, cerca de Otranto, que los otomanos destruirían en 1480.
En 1468 donó su biblioteca a Venecia, con la condición de que se abriera al público. El acta enumeraba 482 códices griegos y 264 latinos, una colección que con el tiempo rozaría el millar de volúmenes. Eligió Venecia porque la veía como baluarte frente al turco y heredera natural del mundo bizantino, lugar de encuentro entre Oriente y Occidente. Aquella donación que acabaría en el palacio Ducal fue el núcleo originario de la actual Biblioteca Nacional Marciana. Décadas después, el impresor Aldo Manucio se instalaría en la ciudad y daría a la imprenta varias de aquellas obras, multiplicando su difusión.


puerta del infierno


  

La eterna revolución de Goliarda Sapienza.



  
Hoy en día, El arte de la alegría se ha traducido a muchos idiomas y se ha publicado en numerosos países de todo el mundo. 
Para celebrar el centenario de Goliarda Sapienza, se realizó una adaptación cinematográfica, escrita, entre otros, por Valeria Golino, quien también la dirigió. Golino había sido alumna de Goliarda; en 1986, recibió clases de interpretación de ella regularmente en su casa de Parioli, durante dos meses a petición de Francesco Maselli, antes de rodar su película, Storia d'amore, en la que interpretó el papel principal. A pesar de sus diferencias de edad y personalidad, las dos artistas congeniaron de inmediato a la perfección.

Quién sabe, tal vez sea gracias a las enseñanzas de Goliarda, además, obviamente, del talento de Golino, que esta última ganó el premio David di Donatello a la Mejor Actriz con esa interpretación.
Por otro lado, como escribió Goliarda: «No se le puede enseñar nada a quien no tiene hambre; al contrario, quienes tienen hambre de conocimiento lo toman en abundancia sin pedir permiso ni sentir vergüenza». (Goliarda Sapienza, Cuadernos )

Y fue al recordar su encuentro con Goliarda, quien aparentemente le dijo entonces: " Serías mi Modesta perfecta" (pero Valeria en ese momento no lo entendió, no lo supo, dado que el libro aún no se había publicado; véase aquí ) que la actriz y directora decidió recoger ese legado moral poniéndose manos a la ardua tarea de transponer esa novela tan difícil al lenguaje cinematográfico.

Su película, presentada en el Festival de Cine de Cannes, se proyectó en cines el 30 de mayo y el 15 de junio de este año y se emitirá como serie en Sky, que la produjo junto con Viola Prestieri para HT Film.

Una película basada en un libro no siempre resulta convincente, pero la de Golino lo logra con creces. Fiel al texto sin ser servil, es cinematográficamente creativa, con una dirección, actuaciones, diseño de producción y fotografía (de Fabio Cianchetti) cautivadoras


Pero volviendo a Gaeta, desde mediados de los setenta, Goliarda Sapienza había empezado a pasar allí las primaveras y los veranos, en el pequeño apartamento que su marido tenía en Via Indipendenza, en el corazón vibrante y popular de la ciudad costera, en esa calle entonces habitada por pescadores. 

Quienes frecuentaban la casa la describían como accesible desde la calle a través de una empinada escalera, con techos abovedados corroídos por la salinidad del mar cercano. Era pequeña, rebosante de papeles, incluso baúles abarrotados, y ceniceros llenos de colillas, pero con una terraza en la azotea con vistas al mar.

«Solíamos organizar cenas maravillosas en esa terraza», escribió Di Lollo. «Goliarda decía que no había casa más cómoda que aquella, porque en la calle de abajo había mujeres que vendían los auténticos productos de su tierra: vinotecas, panaderías, fruterías, pescado fresco. Decía que en esa casa ni siquiera habría nevera, porque todo lo que había abajo era fresco cada día. Lo más importante para ella era tener el bar, la tabaquería y el cine a solo unos pasos: el Triángulo de Goliarda».

Los residentes de Gaeta que conocieron a Goliarda Sapienza cuentan cómo, por la mañana, mientras caminaba hacia lo que ella llamaba "su oficina", le gustaba detenerse a escuchar el parloteo de las campesinas que, procedentes de las zonas rurales circundantes, instalaban sus puestos de frutas y verduras en las esquinas de esa calle que parece un trozo de Amalfi acurrucado junto al mar de Gaeta. 

O tal vez todas las calles antiguas de las Repúblicas Marítimas sean así.

La Via Indipendenza conduce a la Piazza della Libertà, donde se encuentra el legendario bar La Triestin : allí Goliarda tenía su despacho. En uno de sus Cuadernos , escritos casi en su totalidad en La Triestin, lo definió como un refugio mundano […] para fiestas solitarias . ( Cuadernos )

«La Triestina era como un oasis en el desierto», escribió Angelo Pellegrino, «un oasis incluso de noche. Podías comprar los últimos cigarrillos, tomar una copa antes de dormir y comer algo, desde helados hasta postres, en la cafetería, todo todavía casero, preparado por los dueños, a quienes Goliarda conocía bien e incluso le daba crédito. La Triestina era también el lugar donde aterrizaban los últimos noctámbulos desesperados, aquellos a quienes la naturaleza permite existir incluso donde la noche es solo para dormir. Era con estas personas con quienes a menudo la encontraba inmersa en conversaciones agotadoras de las que a veces ya no sabía cómo escapar. […] La Triestina se había convertido recientemente en su hogar, donde se encontraba con todo lo que uno podía encontrarse en Gaeta, desde el almirante retirado hasta el poeta alcohólico, pasando por Rosa, la acomodadora del cine Ariston, la hija de nadie que había sido abandonada en un hotel encerrada en una maleta (a cambio de que Goliarda la escuchara atentamente sobre sus asuntos personales, la dejaba entrar gratis al cine cuando quisiera).

La propia Goliarda declaró en una entrevista que Triestina era "su oficina" cuando estaba en Gaeta. Allí, por la mañana, se sentaba a una mesa, leía el periódico, tomaba café, fumaba mil cigarrillos y escribía, y escribía. Siempre y únicamente a mano.

Angelo Pellegrino, en el prefacio de El arte de la alegría de Einaudi , dice:
“Siempre escribía en hojas de papel normal y corriente, extrafuertes, dobladas por la mitad porque, según decía, este pequeño formato le permitía tener su propia idea del tamaño. […]
Goliarda siempre escribía a mano, diciendo que necesitaba sentir la emoción en su pulso, usando un sencillo bolígrafo Bic negro con punta fina. Gastó docenas de ellos simplemente porque los esparcía por todas partes y luego ya no los encontraba.

Gaeta, interior del bar La Triestina , que Goliarda Sapienza consideraba su 'oficina', con su retrato colgado en la pared; Plaza Goliarda Sapienza.


Si nos fiáramos de la tradición oral y las memorias escritas, deduciríamos que Goliarda, al menos cuando estaba en Gaeta, siempre necesitaba una banda sonora para escribir: el murmullo de las olas y el graznido de las gaviotas en Fontania, o el bullicio de la gente y el ruido de la calle y el tráfico en Triestina.
 Para ella, allí, por lo tanto, no tenía nada que ver con el estereotipo de la escritora encerrada en una torre de marfil silenciosa y aislada, sino más bien con un encuentro cercano con el pulso de la vida.

También frecuentaba habitualmente el pub Hermes , el lugar más «americano» de la ciudad, punto de encuentro para todos los nostálgicos de la Generación Beat, y también La Francese , otro bar, ahora muy de moda, en la zona del puerto deportivo, pero entonces «un tugurio húmedo y lleno de humo al final del promontorio», escribe Angelo Pellegrino, «donde solíamos ir a trabajar en El arte de la alegría . Goliarda hablaba con la dueña del bar, Marie, una auténtica francesa de Borgoña, pálida y delicada, de la que todo el mundo estaba enamorado, que acabó casándose con un hombre de Gaeta».

También era una asidua del bar Fiona . Angelo escribe sobre ello: 

«En el bar Fiona , ella era irlandesa y estaba casada con un lugareño; dos viejos hippies que llevaban allí veinte años, en ciertas noches de alegre desesperación íbamos a beber hasta altas horas de la madrugada y a malgastar nuestro tiempo, que nadie quería. […] Pizza y cerveza y nada más, frecuentado por marineros de la Armada estadounidense destinados con su gran buque de guerra, continuamente anclados en las aguas de este país como si estuvieran en casa».

Angelo también cuenta cómo el pub de Charlie era frecuentado por estadounidenses , donde a Goliarda le encantaba ir "para estudiar a la gente de ese país que había sido tan importante para los de su generación: los libertadores, los portadores de la paz, los productos de una verdadera democracia que muy pocos en Italia sabían lo que realmente era".

A Goliarda le habría encantado ir a Estados Unidos, pero nunca le concedieron un visado debido a su pasado político.

En sus bares favoritos, Goliarda Sapienza solía quedarse sola, tomando café, fumando como una turca (decía de sí misma que era como un jarrón antiguo unido por la nicotina ) y escribiendo. En la década de 1970, pocas mujeres italianas (a diferencia de las mujeres del norte de Europa y las estadounidenses) tenían el valor de sentarse solas en un bar, incluso de noche, fumando y quizás bebiendo vino. Por esta razón, Goliarda era vista con recelo por los lugareños, si no con abierta desaprobación. ¡Y ni hablemos de que incluso escribía allí! ¡Lo suyo era un auténtico desafío social! Una poderosa autoafirmación, la de una extraña, en el sentido etimológico de alius , que significa otra, alguien que pertenece a otra dimensión histórica (una del futuro), a otra forma de pensar, de ser, de vivir, de escribir.
 Un desafío, el de «esta gran escritora que, con sus libros y su vida, se encontraba en otro tiempo, en un lugar temporal proyectado unas décadas hacia adelante: tanto con la gran novela como con las novelas en forma de autobiografía analítica, y sobre todo con sus poemas y cuadernos. […]

[Goliarda] desbarata todos los engranajes del mecanismo en el que la sociedad la quiere encajar, haciendo así que su vida gire según su propio mecanismo.” (Anna Toscano)

Al igual que Modesta, la protagonista de El arte de la alegría , Goliarda también era un personaje duro , una mujer fuerte y decidida que, como se puede deducir de sus frecuentes visitas, amaba mucho los bares, hasta el punto de haberles dedicado algunas páginas, recopiladas posteriormente por Angelo en un libro que, parafraseando el famoso título del libro de Erasmo de Rotterdam, quería llamar Elogio del bar (Elliot, 2014).

Aquí hay un par de extractos:

Casi todas las mañanas, que pueden incluso prolongarse hasta las dos o las tres, lejos de ser las típicas mañanas puntuales, incluyen una parada en el bar. […]
Por fin me despierto temprano. La mañana en Gaeta es preciosa. Me quedo en la cocina: la mañana es preciosa cuando puedes relajarte con un café y un par de cigarrillos. Desayuno solo fruta y luego voy a la playa, aunque hay algunas nubes. No hay nadie, como antes, y los colores de las flores brillan con una intensidad eléctrica entre las nubes. Parece como si los espíritus vagaran entre las rocas.
Goliarda Sapienza y Angelo Pellegrino. Portada del libro que Angelo le dedicó.


Angelo Pellegrino era 23 años menor que Goliarda. Su amor desafió todo prejuicio. Él mismo escribió: «Solo existía un precedente, pero muy remoto: la relación entre Sibilla Aleramo y Franco Matacotta, 40 años menor que ella. Compartíamos una profunda comprensión de la vida, una consonancia de ideas que era en parte insular . Yo soy de Palermo, Goliarda de Catania, y compartíamos el amor por la vida mediterránea en general. […] A nuestra manera, no éramos más que una especie de pareja delictiva, la unión emocional más sólida posible entre dos sexos diferentes». 

Angelo narró su historia de amor en el libro Goliarda , publicado por Einaudi en 2022. Sin él, sin su amor, nunca habríamos podido leer El arte de la alegría , la obra maestra de Goliarda Sapienza y quizás uno de los libros más bellos de nuestro siglo XX.

Además de escribir, bañarse en el mar, viajar a Palmarola (una isla que amaba profundamente), visitar con frecuencia el cine Ariston (en Piazza della Libertà como el Triestina ), cenar con amigos («Estaba orgullosa de haber heredado el arte de la cocina de su madre, la revolucionaria Maria Giudice, quien, cuando estaba exiliada en Suiza, solía cenar, además de con su querida amiga Angélica Balabanoff, con Lenin y Mussolini, quienes al parecer eran apasionados de sus exquisiteces», Pellegrino) y frecuentar bares, su tiempo en Gaeta también tuvo una dimensión social e intelectual, que giró en torno a la figura del pintor y escultor Ruggiero di Lollo, amigo tanto de ella como de su esposo. Y es el propio Di Lollo quien nos habla de ella en su libro titulado Goliarda Sapienza . Mi Goliarda , publicado el año pasado por Caramanica Editore.
Di Lollo conoció a Goliarda en 1975, cuando su colega Angelo Pellegrino, que al igual que él era profesor en el Instituto Científico de Gaeta, se la presentó. Él recuerda:

Fue durante la época en que Goliarda escribía El arte de la alegría, obra que le llevó diez años completar, y siempre que podía, prefería escribir aquí en Gaeta. Se convirtió en una costumbre: después de una jornada laboral, caminaba todas las tardes desde Via Indipendenza hasta mi casa en Fontania para leerme lo que había escrito o para resumirme la historia, y yo le mostraba lo que había pintado. […] A veces, para distraerse, me pedía que jugáramos a las cartas, y su juego favorito era la scopa.

Durante años, en las tardes de verano de Gaeta, este triunvirato cultural (Di Lollo, Pellegrino, Sapienza) también organizó encuentros inolvidables de música, poesía y cine en la pequeña plaza que da a Via Indipendenza, recientemente rebautizada en honor al escritor.
Goliarda amaba mucho a Gaeta, esto es lo que escribió al respecto en sus cuadernos : 

El humus que mueve esta ciudad es de una elegancia increíble .

Finalmente, Angelo Pellegrino relata: 

“Cuando estaba en Gaeta […] después de comprar en las callejuelas de Elena [Nota del editor: en 1897 el pueblo, tras separarse del resto de la ciudad, se convirtió en un municipio independiente con el nombre de la entonces princesa Elena, futura reina de Italia. Se reincorporaría al municipio principal en 1927], un antiguo pueblo costero, donde estaba mi casa, y tras intercambiar la charla habitual con los viejos aldeanos sentados en las esquinas de las callejuelas vendiendo sus verduras, que Goliarda elegía una a una, caminaba hasta el acantilado de Fontania, a las afueras del pueblo, donde cada vez se daba cuenta de su unión panteísta con el mar y la piedra. Dondequiera que la llevaba, acantilado, acantilado o yacimiento arqueológico, se quedaba dormida sobre la piedra. Para ganar fuerza, decía, y para comprender mejor el lugar. Luego le encantaba bucear, incluso desde una altura de 20 metros, lograba hacerlo incluso durante períodos de depresión, porque para ella el buceo era una conexión constante con la infancia que todos los artistas mantienen. Aprendió a bucear como Una niña, que buceaba entre las rocas volcánicas bajo el arco del ferrocarril en Catania, siguió haciéndolo incluso después de lastimarse la frente a los siete años: un niño travieso le gastó la broma de mover las rocas al fondo, donde solía bucear. Una pequeña cicatriz en su frente le quedó para siempre.

Íbamos a Gaeta con frecuencia, en cualquier época del año, siempre que era mínimamente posible. Eran auténticas escapadas de Roma, donde trabajar se nos había vuelto casi imposible debido al ruido, la contaminación y diversas formas de alienación, pero también porque en Gaeta encontrábamos gran parte de la atmósfera mediterránea de nuestros orígenes, que siempre nos unió. Desde 1975, el año en que nos conocimos, Gaeta fue para Goliarda como el regreso a Positano [Nota del editor: un lugar costero que ella había amado] a un sitio aún más accesible, donde la vida era más sencilla, más fresca y más serena, y el mar estaba siempre presente por todas partes, junto con la luz violeta, el viento y las gaviotas.

Gaeta , 30 de agosto de 1996

«En esa casa [de Gaeta] Iuzza [Nota del editor: el apodo que su familia usaba de niña, Goliarda] y yo habíamos vivido incontables años», escribe Angelo Pellegrino. «Su gran obra se había completado allí, una mañana de octubre de hace una eternidad. Murió en esa casa, sola, mientras yo estaba fuera, y la encontraron tres días después tendida al pie de esas escaleras, bajando con su habitual y elegante atuendo —su vestido de flores, su sombrero de paja de ala ancha y su alegre bolso de tela al hombro— para buscar sus amados Muratti Ambassadors, el último hilo de energía que la mantenía con vida.

Gaeta, su ciudad elegida, donde Goliarda Sapienza pasó los últimos veintiséis veranos de su vida y donde falleció sola, acoge sus restos mortales en su cementerio. La lápida no lleva fotografía, pero sí el escudo de armas rojo y blanco del municipio y un epitafio:

Goliarda Sapienza (Catania 1924 – Gaeta 1996)
Escritora y actriz.
Una voz libre, enamorada de Gaeta.

Si quieres buscarlo, puedes encontrarlo en el cementerio de Gaeta. No es fácil de encontrar, te lo advierto: no hay letreros, ni fotos, ni jarrones de flores, solo grietas alrededor del mármol donde algún lector visitante desliza notas con mensajes secretos. 

Cuando cruces la gran puerta, verás a muchas de ellas. No hay mapas ni números, ni barrotes ni llaves. Solo escucha, dirige tu mirada y camina despacio. La encontrarás; siempre recibe con gusto a sus seres queridos. (Anna Toscano)

En 2020, Gaeta dedicó a ella la plaza que da a Via Indipendenza, junto a la casa donde vivió.

«Esa fría placa blanca con su nombre es testimonio de su paso por esta plaza inmutable, que hemos cruzado incontables veces, antaño repleta de puestos de frutas y verduras, ahora limpia y pulida como un espejo. Solo queda un nombre en lugar de su cuerpo ágil y vivaz, un nombre seguido de la palabra " escritora" , una sola palabra para toda una vida dedicada a la literatura. Ahora el mercado ha desaparecido, ya no se oyen las voces entre las frutas y verduras que convertían aquella vieja plaza en un jardín fresco, ahora elevada a una encantadora plazacita con la placa de mármol orgullosamente expuesta». (Angelo Pellegrino)

Hoy en día, grandes bancos con forma de libros abiertos invitan a la lectura.

Gaeta, en la tarde del 10 de mayo de 2024, día de su centenario, lo celebró en la playa de Fontania, gestionada por su amigo Giuseppe Valente, su playa con vistas al mar, con una celebración de palabras y música: sus palabras recitadas por Chiara Di Macco y Sabina Mitrano y cantadas por la voz 'mariniana' de Valentina Ferraiuolo, con Domenico De Luca a la guitarra.

Y la emoción era muy intensa. 
No sabía que la oscuridad
no es negra
, que el día
no es blanco
, que la luz
ciega
y que detenerse es correr
aún
más rápido .

(Goliarda Sapienza, Ancestral )


Gaeta es un municipio italiano de la provincia de Latina en la región del Lacio. Ubicado a orillas del golfo homónimo, tiene una población de 19.115 habitantes (ISTAT 2025).


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