Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


jueves, 2 de mayo de 2013

Oratoria sagrada.


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán;Paula Flores Vargas; 



Oratoria sagrada.


La profecía de Isaías, de Louis-Félix Legendre, 1835.

Oratoria sagrada es el subgénero de la oratoria que se utiliza por los predicadores. Se vincula estrechamente con el género deliberativo o político.

En el cristianismo se denomina sermón u homilía al discurso de tema religioso, por lo general pronunciado desde un lugar elevado, especialmente habilitado al efecto (el púlpito), por el oficiante durante la misa o el ministro​ del servicio religioso de que se trate; pero también en otras circunstancias o por otros clérigos o incluso seglares. Los predicadores solían llevar preparado lo que iban a decir mientras que los más ejercitados improvisaban. En ocasiones, algunos "notarios" copiaban los sermones valiéndose para ello de "notas" o abreviaturas.





















Las aventuras de Telémaco (Les Aventures de Télémaque) es una novela didáctica escrita en francés por François Salignac de la Mothe Fénelon, arzobispo de Cambrai, entre 1694 y 1697. La escribió mientras era preceptor de Luis de Francia, duque de Borgoña (hijo del Delfín, nieto de Luis XIV y segundo en la línea de sucesión al trono de Francia).

La obra, muy inspirada en la Odisea de Homero, relata los viajes y aventuras del joven Telémaco, hijo de Ulises, mientras busca a su padre, que aún no ha vuelto de la guerra de Troya. En esa búsqueda es acompañado por su tutor, Méntor, quien es, en realidad, la diosa Minerva bajo apariencia humana. Telémaco recorre varios países del ámbito griego (Sicilia, Egipto, Fenicia, Chipre, Creta) para terminar en la Magna Grecia italiana, especialmente en la península salentina y la adyacente Apulia, antes de volver a Ítaca, donde por fin encuentra a su padre.
La novela, aunque lleva el nombre de «aventuras» en su título, es, sobre todo una colección de discursos éticos sobre el arte de gobernar, de los que se puede deducir una crítica acerba a los sistemas de gobiernos autoritarios y absolutos, como era el de Luis XIV. Fue publicada de manera anónima, y sin conocimiento o permiso del autor, en 1699, y retirada del mercado inmediatamente, aunque eso no impidió múltiples reimpresiones más o menos clandestinas, pues la novela supuso un éxito inmediato.
Tras la muerte del autor en 1715, su familia la reimprimió en 1717, siendo el texto de esta última edición el que se toma como definitivo. A partir de esa fecha fue un libro permanentemente reeditado y traducido, y por su buen estilo se popularizó como herramienta para el aprendizaje del francés. Es también una de las obras fundamentales que dieron origen al movimiento de la Ilustración en Europa.

Argumento

La obra está dividida en 18 libros, aunque son comunes las ediciones divididas en 24 libros.

Primer libro

Telémaco es arrojado por una tormenta a la isla que gobierna la ninfa Calipso. Esta diosa, desconsolada por la partida de Ulises, da al hijo de este héroe la acogida más favorable, y, concibiendo inmediatamente por él una pasión violenta, le ofrece la inmortalidad si desea permanecer con ella. Presionado por Calipso para que cuente la historia de sus aventuras, le cuenta su viaje, dirigido por Minerva —la cual ha asumido la figura de Méntor—, a Pilos y Esparta, su naufragio en la costa de Sicilia, el peligro que corrió allí de ser inmolado en honor del difunto Anquises, padre de Eneas, la ayuda que Méntor y él dieron a Acestes, rey de este país, en una incursión de los bárbaros, y la gratitud que este príncipe les mostró, al darles pasaje en una nave fenicia para volver a Ítaca.

Segundo libro

Continua el relato de Telémaco. El barco tirio en el que viajaba fue capturado por las naves del rey egipcio Sesostris, y Méntor y él fueron hechos prisioneros y llevados a Egipto. Se describen las riquezas y maravillas de este país, y la sabiduría de su gobierno. Los protagonistas son conducidos ante Sesostris, quien los somete al juicio de uno de sus oficiales, de nombre Metofis. Por orden suya, Méntor es vendido a los etíopes, quienes lo llevan a su país, y Telémaco es empleado como pastor en el desierto de Oasis. 
Allí, Termosiris, sacerdote de Apolo, suaviza el rigor de su destierro enseñándole a imitar al dios, quien, obligado a custodiar los rebaños de Admeto, rey de Tesalia, se consolaba de su deshonra puliendo las costumbres salvajes de los pastores. Sesostris, informado de como se comportaba Telémaco en Oasis, lo llamó, reconoció su inocencia y prometió enviarlo de regreso a Ítaca. Sin embargo, la muerte del faraón sumió a Telémaco en nuevas desgracias: es encarcelado en una torre al borde del mar, desde donde ve perecer a Boccoris, nuevo rey de Egipto, en una lucha contra sus súbditos sublevados.

Tercer libro

Telémaco sigue narrando sus viajes. El nuevo rey, sucesor de Boccoris, libera a los prisioneros fenicios, entre ellos Telémaco, quien es llevado al barco de Narbal, comandante de la flota tiria. Durante el viaje, Narbal menciona el poder de los fenicios y la triste esclavitud a la que habían sido reducidos por el cruel tirano Pigmalión. Telémaco, llega a Tiro y observa atentamente la opulencia de esta gran ciudad; ante sus preguntas, Narbal le cuenta por qué medio ha llegado a tan floreciente estado. Cuando Telémaco está a punto de embarcarse para la isla de Chipre, Pigmalión trama asesinarlo; Astarbé, amante del tirano, lo salva y hace dar muerte a otro joven en su lugar. Telémaco finalmente se embarca en un navío chipriota para regresar a su patria.

Cuarto libro

Telémaco al día siguiente continúa contando su historia. Después de desembarcar en Chipre, la isla dedicada a la diosa Venus, cuenta las costumbres disolutas de los habitantes y las obras de arte frívolas que lo turbaron. En ese momento reaparece Méntor, quien había sido vendido en Damasco a un rico mercader llamado Hazael. Este comerciante acepta llevar a ambos en su barco, rumbo a la isla de Creta.

Quinto libro

Se describe la riqueza y fertilidad de Creta, las costumbres de sus habitantes, y su prosperidad bajo las sabias leyes de Minos. Telémaco se entera de que el rey Idomeneo, que ha combatido con su padre frente a Troya, ha sacrificado a su hijo y que los cretenses, indignados, lo forzaron al exilio. Reunidos para elegir otro rey, Telémaco, que ha destacado por su habilidad atlética y su sagacidad, es propuesto como soberano y aclamado por la asamblea. Él, sin embargo, rehúsa gobernar sobre los cretenses, prefiriendo la pobre Ítaca a la opulente Creta. En su lugar sugiere coronar a Méntor, quien también se niega. Finalmente Aristodemo, a instancias del propio Méntor, es elegido soberano. Poco después, Méntor y su protegido suben a un barco cretense para regresar a Ítaca. Entonces Neptuno, para consolar a la irritada Venus, provoca una horrible tormenta que destroza la nave. Los protagonistas, no obstante, escapan de este peligro agarrándose a los restos del mástil y, empujados por las olas, arriban a la isla de Calipso.

Sexto libro

Calipso, fascinada por la historia de Telémaco, se enamora apasionadamente del joven y solicita la ayuda de Venus, quien lleva a su hijo Cupido a la isla para que atraviese con sus flechas el corazón del hijo de Ulises. Telémaco es herido pero se apasiona por la ninfa Eucaris y desea permanecer en la isla pese a las advertencias de Méntor. Cuando Calipso comprende que el joven ama a la ninfa, decide expulsarlo de su reino e insta a Méntor a construir un barco para retornar a Ítaca. Mientras Méntor conduce a Telémaco hacia la orilla para embarcar, Cupido va a consolar a Calipso y obliga a las ninfas a quemar la embarcación; al ver las llamas, Telémaco siente una alegría secreta; pero su tutor, que lo nota, lo arroja al mar junto con él. A lo lejos divisan un barco y se aproximan.

Séptimo libro

Méntor y Telémaco llegan a la nave que resulta ser fenicia y está capitaneada por Adoam, hermano de Narbal. Al reconocer a Telémaco, promete llevarlo a Ítaca y le cuenta la trágica muerte de Pigmalión con Astarbé, y la elevación al trono de Balézer. Durante una comida que Adoam da a Telémaco y Méntor, el aedo Aquitoas, con los dulces acordes de su voz y su lira, reúne alrededor del barco a los tritones, las nereidas, las demás divinidades del mar y hasta a los mismos monstruos marinos. Méntor, tomando una lira, la toca con tanto arte que Aquitoas, celoso, deja caer la suya. Adoam relata las maravillas de la Bética, su clima templado y sus riquezas, cuyos habitantes llevan la vida más feliz en perfecta sencillez de costumbres.

Octavo libro

Venus, aún irritada contra Telémaco, le pide a Júpiter su muerte, pero el soberano de los dioses le dice que el Destino no permite que perezca. Entonces la diosa acude a Neptuno, quien envía al piloto Acamas una divinidad engañosa, que encanta sus sentidos y lo hace entrar con las velas desplegadas en el puerto de Salento, creyendo haber llegado a Ítaca. Allí encuentran a Idomeneo, ahora rey de Salento, quien los recibe con afecto y los conduce al templo de Júpiter, donde había ordenado un sacrificio por el éxito de una guerra contra los mesapios de Manduria. El sacerdote, consultando las entrañas de las víctimas, asegura al rey que deberá su felicidad a sus dos nuevos huéspedes.

Noveno libro

Idomeneo informa a Méntor sobre la guerra contra los mandurios y las medidas que ha tomado contra sus incursiones. Méntor le ofrece otras más efectivos. Durante esta entrevista, los mandurios se presentan a las puertas de Salento, con un numeroso ejército compuesto por varios pueblos vecinos. Al verlos, Méntor les propone un medio para terminar la guerra sin derramamiento de sangre, y él y Telémaco se ofrecen como rehenes para responder por la lealtad de Idomeneo a los términos de paz. Después de cierta resistencia, los mandurios aceptan los sabios consejos de Méntor, quien inmediatamente convoca a Idomeneo para hacer las paces en persona. Se dan rehenes, y se ofrecen sacrificios en común para la confirmación de la alianza. Entre los reyes aliados reencuentran al viejo rey Néstor, quien con sus hijos había venido desde Pilos para fundar Metaponto.

Décimo libro

Los nuevos aliados proponen a Idomeneo unirse a su liga contra los daunios; este accede y les promete tropas. Méntor lo critica por involucrarse tan a la ligera en una nueva guerra, cuando necesitaba una larga paz para consolidar su reino apenas fundado. Idomeneo acepta las palabras del sabio y envía a un contingente de solamente cien cretenses en apoyo a los mandurios, entre ellos va Telémaco. Méntor propone a Idomeneo nuevas leyes para Salento: divide al pueblo en siete clases, cuyos rangos distingue por la diversidad de vestidos, prohíbe el lujo y las artes inútiles para poder dedicar los artesanos innecesarios a las artes necesarias, al comercio y sobre todo a la agricultura. Esta reforma logra la prosperidad del reino.

Decimoprimer libro

Idomeneo le cuenta a Méntor la causa de todas sus desdichas, su ciega confianza en Protesilao y las artimañas de este favorito para disgustarlo con el sabio y virtuoso Filocles. Relata cómo, habiéndose dejado advertir contra él hasta el punto de creerle culpable de una horrible conspiración, envió en secreto a Timócrates para matarlo. Timócrates, habiendo fallado su atentado, fue arrestado por Filocles, a quien le reveló las maquinaciones de Protesilao. Disgustado, Filocles se retiró a la isla de Samos. Idomeneo finalmente descubrió los artificios de Protesilao; pero no se atrevió a perderlo y siguió confiando ciegamente a él, dejando al fiel Filocles pobre y deshonrado en su retiro.
 Méntor hace comprender al rey la injusticia de su conducta y lo obliga a desterrar a Protesilao y llamar de regreso a Filocles. Este, feliz de llevar en Samos una vida pobre y solitaria, consiente a duras penas en volver a la corte de Idomeneo. Al final, después de haber reconocido que los dioses así lo quieren, se embarca y llega a Salento, donde Idomeneo, enteramente cambiado por el sabio consejo de Méntor, le da una honorable bienvenida.

Décimo segundo libro

Telémaco, durante su estancia entre los aliados, se gana el afecto de sus principales jefes, y el de Filoctetes, al principio indispuesto contra él, a causa de su padre, Ulises. Filoctetes le cuenta sus aventuras y le muestra los efectos desastrosos de la pasión amorosa, a través de la trágica historia de la muerte de Hércules. Relata cómo obtuvo de este héroe las flechas fatales, sin las cuales la ciudad de Troya no podría ser tomada; cómo fue castigado por haber traicionado el secreto de la muerte de Hércules, los males que tuvo que sufrir en la isla de Lemnos y, finalmente, cómo Ulises usó a Neoptólemo para inducirlo a ir al sitio de Troya, donde fue curado de su herida por Macaón y Podalirio, hijos de Esculapio.

Decimotercer libro

Telémaco, durante su estancia con los aliados, encuentra grandes dificultades entre tantos reyes celosos unos de otros. Entra en una disputa con Falanto, jefe de los lacedemonios de Tarento, a causa de ciertos prisioneros daunios cuya pertenencia reclamaban ambos. Mientras se discute la causa en la asamblea, Hipias, hermano de Falanto, toma los prisioneros para llevarlos a Tarento. Telémaco, irritado, ataca con furia a Hipias y lo derrota en combate singular. Adrasto, rey de Daunia, informado de la querella, aprovecha para atacarlos; apresa y quema las naves de los aliados, mata a Hipias y hiere gravemente a Falanto. Al enterarse, Telémaco, sale precipitadamente del campamento, reúne en torno suyo al ejército de los aliados, y dirige los movimientos con tanta sabiduría que hace retroceder, en poco tiempo, al enemigo. Hubiera obtenido una victoria completa, si no se hubiera levantado una tormenta que separó a ambos ejércitos. Después del combate, Telémaco conforta a los heridos, especialmente a Falanto, a cuyo hermano Hipias brinda un solemne funeral. En este capítulo se describe el escudo de Telémaco, inspirado en la descripción de los escudos de Aquiles y Eneas.

Décimo cuarto libro

Telémaco, persuadido por varios sueños de que su padre Ulises ya no está vivo, ejecuta el plan que había concebido durante mucho tiempo de ir a buscarlo al inframundo. Se escabulle del campamento durante la noche, y se dirige a la famosa cueva de Aqueronte. Se interna en ella y pronto llega al borde del río Estigia, donde Caronte lo recibe en su bote. Se presenta ante Plutón, quien le permite buscar a su padre en el Hades; el joven atraviesa el Tártaro, donde ve los tormentos sufridos por los ingratos, los perjuros, los impíos, los hipócritas y especialmente los malos reyes. Entra entonces en los Campos Elíseos, donde contempla con deleite la felicidad de que gozan los hombres justos, y sobre todo los buenos reyes, que en vida han gobernado sabiamente a los hombres. Es reconocido por Arcesio, su bisabuelo, quien le asegura que su padre está vivo y que pronto recuperará el poder en Ítaca, donde él, su hijo, reinará después de Ulises. Arcesio instruye a Telémaco en el arte de gobierno. Después de esta entrevista, Telémaco abandona el reino de Plutón y regresa rápidamente al campamento de los aliados.

Décimo quinto libro

Telémaco, en una asamblea de los jefes del ejército, combate la política de dejar a Venusia en poder de los lucanos al contrario del tratado jurado. No muestra menos sabiduría en el caso de dos desertores, uno de los cuales, llamado Acante, había sido comisionado por Adrasto para envenenarlo; el otro, un daunio llamado Dióscoro, había ofrecido a los aliados la cabeza de Adrasto. Se opone a ejecutar al primero por una mera sospecha y, confirmada su malicia por un astuto ardid, lo condena solamente al destierro. En cuanto al segundo, rehúsa emplear a un traidor, a pesar de la maldad de Adrasto, porque esto implicaría sustituir la guerra directa por el disimulo y la mala fe, por lo cual lo envía prisionero al jefe enemigo. La generosidad del hijo de Ulises irrita a Adrasto, quien lanza un nuevo ataque contra los aliados. Durante la batalla que sigue, Telémaco suscita la admiración general por su coraje y su prudencia. En el combate muere Pisístrato, el hijo del anciano Néstor. Se entabla una lucha a muerte entre Adrasto y el protagonista, en la cual el primero es derrotado y suplica por su vida. Telémaco lo perdona, pero Adrasto, traicionero, lo ataca de nuevo y entonces el joven héroe lo atraviesa con su espada. Los daunios se rinden y piden, como única condición para la paz, que se les permita elegir un rey de su propia nación.

Décimo sexto libro

 Telémaco, después de haber rendido los últimos honores a Pisístrato, va a la asamblea, donde la mayoría opina dividir entre ellos el país de los daunios y ofrecer a Telémaco, por su parte, la fértil tierra de Argiripa (Arpi) cerca de la actual Foggia. Lejos de aceptar este ofrecimiento, el joven demuestra que el interés común de los aliados es dejar sus tierras a los daunios, y darles por rey a Polidamante, célebre capitán de su nación, estimado no menos por su sabiduría que por su valor. Los aliados consienten en esta elección, que llena de alegría a los daunios.
 Entonces Telémaco los persuade para que entreguen Argiripa a Diomedes, rey de Etolia, quien era objeto de la ira de Venus, a quien había herido durante el sitio de Troya. Terminada la guerra, los príncipes quieren separarse para volver cada uno a su patria.

Décimo séptimo libro

Telémaco, de regreso en Salento, admira el estado floreciente del campo; pero se sorprende al no encontrar en la ciudad la magnificencia que brillaba por doquier antes de su partida. Méntor le da las razones de este cambio: le muestra en qué consiste la riqueza sólida de un estado y le expone las máximas fundamentales del arte de gobernar. Telémaco abre su corazón a su maestro sobre su inclinación por Antíope, hija de Idomeneo; Méntor le asegura que los dioses pretenden que ella sea su esposa, pero añade que ahora solo debe pensar en partir hacia Ítaca. Idomeneo, temiendo la partida de sus sabios huéspedes, le propone a Méntor varios negocios difíciles para los cuales, dice, todavía necesitaba su ayuda. Méntor le esboza la conducta que debe seguir, y persiste en embarcarse lo antes posible. El rey intenta detenerlos invitándolos a una partida de caza, durante la misma Telémaco salva a Antíope de ser muerta por un jabalí. Después de esto, Idomeneo, incapaz ya de retener a sus invitados, cae en una gran tristeza; Méntor lo consuela y finalmente obtiene su consentimiento para irse. Se separan con las más vivas demostraciones de estima y amistad.

Décimo octavo libro

Durante la navegación, Telémaco conversa con Méntor sobre los principios de un gobierno sabio, y en particular sobre los medios para conocer a los hombres y emplearlos según sus talentos. Durante esta entrevista, la calma del mar los obliga a desembarcar en una isla, en la cual también se encuentra Ulises, proveniente de la isla de los feacios. Ambos se encuentran pero Telémaco no lo reconoce. 
Después de la partida de Ulises, el joven siente una desazón interior cuya causa no puede explicar; Méntor le asegura que pronto se reunirá con su padre. Méntor entonces propone hacer un sacrificio a Minerva. Finalmente, la diosa misma, se revela oculta bajo la figura de Méntor. Ya en forma divina, da al joven sus instrucciones finales y desaparece. Telémaco se apresura a partir y llega a Ítaca, donde encuentra a su padre en la choza del fiel servidor Eumeo.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Oratoria sagrada.

    
Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garín; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 
  

 Oratoria sagrada.



Oratoria sagrada es el subgénero de la oratoria que se utiliza por los predicadores. Se vincula estrechamente con el género deliberativo o político.

En el cristianismo se denomina sermón u homilía al discurso de tema religioso, por lo general pronunciado desde un lugar elevado, especialmente habilitado al efecto (el púlpito), por el oficiante durante la misa o el ministro​ del servicio religioso de que se trate; pero también en otras circunstancias o por otros clérigos o incluso seglares. Los predicadores solían llevar preparado lo que iban a decir mientras que los más ejercitados improvisaban. En ocasiones, algunos "notarios" copiaban los sermones valiéndose para ello de "notas" o abreviaturas.

  

26/08/2003

Las enseñanzas de la fe cristiana siempre tuvieron en la palabra sabia y elocuente de los predicadores un eficaz medio de divulgación. Desde el ambón de las primeras iglesias, y desde los posteriores púlpitos (recordemos los monumentales ejemplares de Pisa y Florencia), la presencia y la voz de los predicadores se hacían indispensables en determinados conmemoraciones del calendario. 
La oratoria sagrada medieval alcanzó niveles supremos con el francés Gerson (1363-1429) y con el valenciano San Vicente Ferrer (1350-1419). Del Castellón medieval hay abundantes testimonios de la presencia de buenos predicadores en la Cuaresma y en las principales fiestas, siempre pagados y agasajados por el municipio. También se buscaban buenos predicadores para las solemnes exequias por la muerte de los reyes.
Se observa poca presencia del clero local en estas predicaciones; casi siempre se trata de miembros de órdenes religiosas, forasteros, frecuentemente adornados con el tratamiento de mestre en Teología. Las órdenes a las que pertenecían solían ser las de Mercedarios, Carmelitas y Dominicos. Cuando hubo problemas en el pago se recurrió más a menudo a las comunidades locales de Agustinos, Dominicos y Franciscanos. Desde el siglo XVI parece que aumentó la presencia del clero de Santa María. La música de la capilla solía acompañar a estas manifestaciones.
En 1500 tomó el consejo el acuerdo de ahorrar gastos, y dejó de pagar a los predicadores. Pronto hubo que volver al sistema de pagarles, dejando el fijar las cantidades a criterio de una comisión de consellers.

  

Jacques Bénigne Bossuet





(Dijon, 1627 - París, 1704) Religioso, predicador y escritor francés. Discípulo de los jesuitas, fue arcediano en Metz. De regreso a París (1659) y entregado a la oratoria sagrada, su fama se extendió gracias a sus sermones fúnebres, como el dedicado a Ana de Austria (1667). En 1670 Luis XIV le nombró preceptor del delfín, a quien dedicó diez años de su vida y obras como el Discurso sobre la historia universal (1681). Concluida esta misión, fue nombrado obispo de Meaux (1681). Intervino en la Asamblea del clero, combatió la Reforma protestante y, oponiéndose a su amigo François Fénelon, intervino en la querella del quietismo. Enemigo del teatro por considerarlo inmoral (lo criticó acerbamente en Máximas y reflexiones sobre la comedia, obra de 1694), en el último período de su vida retornó a la predicación. Entre sus muchas obras cabe destacar, aunque inacabada y editada tras su muerte, Política deducida de las propias palabras de la Sagrada Escritura (1709).

Nacido en una tradicional familia de magistrados, J. B. Bossuet estudió con los jesuitas, y en 1650 se ordenó sacerdote en París y obtuvo el título de doctor en Teología. Demostró sus aptitudes de predicador en Metz y despertó el interés de San Vicente de Paúl, quien le encargó varios sermones y oraciones fúnebres. En 1669 fue nombrado obispo de Condom y en 1670 el rey Luis XIV le encargó la educación del delfín, heredero de la corona.

Siendo preceptor en la corte escribió algunas de sus principales obras, como el Discurso sobre la historia universal (1681), donde explicó sus argumentos para la construcción de una concepción providencialista de la historia. En 1681 recibió el nombramiento de obispo de Meaux, y en 1697 el de Consejero de Estado. Buscó la unión de católicos y protestantes bajo el gobierno de un rey filósofo cristiano y participó de las polémicas suscitadas en el seno del cristianismo. Muchos de sus textos fueron utilizados como referencia en las controversias religiosas de la época; un ejemplo es su Historia de las variaciones de las Iglesias protestantes (1688).

Sus obras, de una prosa lírica y vehemente, muchas de ellas inspiradas en la elocuencia de Cicerón y San Agustín de Hipona, incluyen las Oraciones fúnebres de Enriqueta de Francia (1669), que constituyen un modelo del género, Política deducida de las propias palabras de la Sagrada Escritura (1709) y Del conocimiento de Dios y de sí mismo (1722).

Numerosos historiadores lo reconocen como uno de los principales teóricos del sistema político del Antiguo Régimen o monarquía absoluta de derecho divino, cuyos conceptos dominaron la teoría política del siglo XVII en toda Europa y se mantuvieron hasta la época de la Revolución Francesa. El ideario de Jacques Bénigne Bossuet defendía la igualdad entre todos los hombres, pero entendía que la única forma de garantizar la paz y la seguridad era la implantación de un Estado gobernado por un rey cuya autoridad le era dada por Dios, y en quien los hombres debían depositar su derecho natural a regirse.

  

François Fénelon 





François Fénelon (1651-1715), arzobispo de Cambrai y destacado escritor francés, es una figura central en la historia de la oratoria sagrada. 

Su visión revolucionó la predicación de su época al rechazar la retórica rígida y artificial.

Su Obra Principal: Diálogos sobre la elocuencia.

Su tratado más célebre es Diálogos sobre la elocuencia en general y sobre la sagrada en particular (publicado póstumamente en 1717). En esta obra, Fénelon establece las bases de su filosofía sobre cómo debe ser un discurso:

Naturalidad y sencillez: Abogaba por un estilo directo, sin artificios ni adornos innecesarios que desviaran la atención del mensaje.

Conmoción por encima de la persuasión: Sostenía que el verdadero orador no debe buscar impresionar a la audiencia con su intelecto, sino conmover el corazón y llegar al alma de los oyentes.

El ejemplo de los clásicos: Admiraba profundamente a oradores como Cicerón y Demóstenes, proponiendo el estudio de los grandes discursos sin caer en la mera imitación.

Conocimiento del oyente: Argumentaba que para que un discurso sea efectivo, el orador debe conocer profundamente a su público y adaptar su lenguaje a la capacidad de comprensión de este.

Fénelon vs. la Oratoria de su Época

En la corte del rey Luis XIV, la oratoria estaba dominada por un estilo solemne, florido y grandilocuente (cuyo máximo exponente fue su contemporáneo, el obispo Jacques-Bénigne Bossuet).

Fénelon rompió con esta tendencia al proponer un modelo pastoral y pedagógico. Para él, la elocuencia no era una herramienta para hacer alarde de erudición, sino un vehículo para instruir, consolar y guiar a los fieles hacia una vida más.

Los discursos de François Fénelon no se conservan de forma masiva en forma de transcripciones textuales, ya que su enfoque de la oratoria priorizaba la improvisación guiada por el espíritu y el corazón, rechazando los sermones rígidamente memorizados.

No obstante, su legado discursivo y elocuente sobrevive a través de sermones específicos, textos políticos radicales y ficciones narrativas diseñadas como discursos de instrucción moral.

El corpus de sus discursos y textos elocuentes más importantes incluye los siguientes títulos y categorías:

1. Sermones y Panegíricos Sagrados

Aunque predicó extensamente durante su labor en el Instituto de los Nuevos Católicos y como arzobispo de Cambrai, solo una selección reducida fue editada oficialmente:

Sermón sobre la fiesta de la Epifanía (1685): Pronunciado en la iglesia de las Misiones Extranjeras de París, es uno de sus sermones más célebres. En él aborda la vocación universal de la salvación y la expansión de la fe, destacando la amabilidad y la instrucción sobre el uso de la fuerza.

Panegírico de San Agustín: Un discurso teológico y pastoral donde ensalza la figura del santo, utilizándolo como modelo del auténtico orador cristiano que conmueve a las masas a través de la verdad evangélica pura, desprovista de adornos paganos.

2. Discursos Políticos y Críticas a la Corona

Fénelon utilizó la elocuencia de su pluma para confrontar directamente los excesos absolutistas y bélicos de Luis XIV:

Carta a Luis XIV (1693): Aunque formalmente es una misiva, este texto funciona como un vibrante discurso político y moral de denuncia. En ella, Fénelon amonesta al rey de manera anónima pero directa por arruinar a Francia con guerras continuas, lujos desmedidos y por ignorar el clamor y la hambruna de sus propios súbditos.

Discurso de los diputados mandurienses a Idomeneo: Incluido en sus escritos políticos y ficciones morales, es un manifiesto pacifista donde los personajes eligen la paz como el bien más dulce sobre la guerra, sentando las bases del humanismo moderno.

3. Fábulas y Discursos de Instrucción Real

Como preceptor del duque de Borgoña (nieto de Luis XIV), Fénelon compuso discursos en formato alegórico para educar al futuro heredero en las virtudes de la justicia, la moderación y la compasión:

Diálogos de los muertos (1712): Una colección de discursos ficticios y debates intelectuales entre grandes personajes de la antigüedad (como Sócrates, Cicerón o Julio César). A través de estos diálogos, planteaba dilemas éticos y políticos sobre cómo gobernar correctamente.

Fábulas Morales: Textos breves leídos en la corte que operaban como discursos instructivos. Piezas como Los dos zorros (sobre los peligros de la avaricia y la fogosidad joven) o La historia de una reina vieja y una joven aldeana (sobre el peso real de la autoridad) servían de sermones laicos para moldear el carácter de la realeza.

El porqué de la escasez de sus discursos escritos

En su célebre tratado Diálogos sobre la elocuencia, Fénelon criticaba severamente a los oradores que escribían palabra por palabra sus sermones para luego recitarlos de memoria.
 Argumentaba que esta práctica enfriaba el discurso y eliminaba la conexión viva con el público. Fénelon prefería estudiar a fondo las Sagradas Escrituras, estructurar un esquema lógico y entregarse a la improvisación en el púlpito, permitiendo que la emoción del momento guiara sus palabras.
 Esto provocó que la gran mayoría de sus discursos hablados se perdieran tras ser pronunciados.



  

François de Salignac de la Mothe Fénelon.



Conocido obispo y autor, nacido en el Castillo de Fenelon en Perigord (Dordogne) el 6 de agosto de 1651 y muerto en Cambrai, el 7 de enero 1715. Provenía de una familia de noble cuna, pero de pocos medios. Su ancestro mas famoso fue Bertrand de Salignac (m. 1599), que luchó en Metz bajo el duque de Guisa y fue embajador en Inglaterra; también François de Salignac I, Louis de Salignac I, Louis de Salignac II y François de Salignac II, obispos de Sarlat entre 1567 y 1688.

Fénelon era el segundo de tres hijos de Pons de Salignac, Conde de La Mothe-Fénelon por su segunda esposa, Louise de La Cropte. Debido a su delicada salud, la infancia de Fenelon transcurrió en el castillo de su padre con un tutor, gracias al cual se interesó por los clásicos y consiguió un considerable conocimiento de la literatura griega que tuvo mucha importancia en su desarrollo mental. A los 12 años fue enviado a la cercana universidad de Cahors donde estudió retórica y filosofía y obtuvo su primer grado. Como ya había expresado su intención de entrar en la Iglesia, uno de sus tías, el marqués Antoine de Fenelón, amigo de Monseñor Olier y de S. Vincent de Paul, le envió a París y lo colocó en el Collège du Plessis, cuyos estudiantes seguían el curso de teología en la Sorbona.

Fenelon se hizo amigo allí de Antoine de Noailles que después sería cardenal arzobispo de París y mostró un talento tan decidido que a la edad de 15 fue elegido para predicar un sermón público que realizó admirablemente. Para facilitar su preparación para el sacerdocio, el marqués envió a su sobrino al seminario de Saint-Sulpice (alrededor de 1672), que entonces dirigía Mons. Tronson, pero el joven fue colocado en la pequeña comunidad reservada para los eclesiásticos cuya salud no les permitía seguir los excesivos ejercicios del seminario. En esta famosa escuela de la que siempre se acordaba con afecto, Fenelon profundizó no solo en la práctica de la piedad y virtudes sacerdotales sino sobre todo en la sólida doctrina católica lo que le salvó más tarde el Jansenismo y del Galicanismo.

Treinta años después, en una carta a Clemente XI, se congratula de su preparación en manos de M. Tronson en lo relativo a la fe y obligaciones de la vida eclesiástica. Hacia 1675 fue ordenado sacerdote y pensó dedicarse a las misiones en oriente, aunque esta idea fue olvidada pronto y se unió a la comunidad de S. Sulpicio entregándose a las obras del sacerdocio especialmente la predicación y la catequesis.

En 1678 Harlay de Champvallon, arzobispo de París encargó a Fenelon la dirección de la casa de "Nouvelles-Catholiques", una comunidad fundada en 1634 por el arzobispo Jean-François de Gondi para jóvenes mujeres protestantes que estaban a punto de entrar en la iglesia o conversos que requerían ser reforzados en su fe. Era una nueva forma delicada de apostolado que se presentaba a Fenelon y que requería todos los recursos de sus conocimientos teológicos, su persuasiva elocuencia y magnética personalidad.

En los últimos años se había criticado su conducta habiendo sido tachado intolerante, aunque no había razón para ello y hasta los autores protestantes de la "Encyclopédie des Sciences Religieuses" lo niegan; su veredicto sobre Fenelon es que en justicia hay que decir que él que en el esfuerzo por las conversiones empleó siempre la persuasión más que la severidad.

Cuando Luis XIV revocó el Edicto de Nantes, por el que Enrique IV había garantizado la libertad del culto publico a los protestantes, se eligió a misioneros entre los mejores oradores del momento, como Bourdaloue, Fléchier y otros y fueron enviados a los lugares de Francia donde había más herejes para trabajar en su conversión. Por sugerencia de su amigo Bossuet, Fenelon fue enviado con cinco compañeros a Santonge, donde manifestó gran dedicación, aunque sus métodos estaban siempre atemperados por la amabilidad.

Según el cardenal Bausset, indujo a Luis XIV a retirar todas las tropas y todas las muestras de fuerza de los lugares que visitaba y es cierto que insistió y propuso, métodos con los que el rey no siempre estaba de acuerdo. “Cuando hay que conmover a los corazones”, escribió a Seignelay, “la fuerza no sirve de nada. La convicción es la única conversión “. En vez de fuerza el empleaba la paciencia, establecía clases y distribuía Nuevos Testamentos y catecismos en el idioma vernáculo. Sobre todo ponía énfasis especial en predicar y que los predicadores fueran gente amable que instruyeran no solo para ganarse la confianza de los oyentes”.

Es cierto, como se ha demostrado documentalmente, que no siempre repudió las medidas de fuerza pero solo las permitió como último recurso. Su severidad se limitó a exiliar de sus pueblos a los recalcitrantes o a limitar a otros con multas de cinco “sous” u obligar a asistir a las instrucciones religiosas en las iglesias. Y ni siquiera pensaba que los predicadores debieran abogar abiertamente por estas medidas; de forma similar, no le gustaba que se supiera el nombre del autor de los panfletos católicos contra los ministros protestantes que propuso que se imprimieran en Holanda. Esto era ciertamente un exceso de prudencia, pero prueba, al menos, que Fenelon no simpatizaba con la vaga tolerancia fundada en el escepticismo que los racionalistas del siglo dieciocho le atribuyeron. En estas cuestiones compartía las opiniones de todos los grandes católicos de su tiempo. Con Bossuet y S. Agustín mantenía que “estar obligado a hacer el bien es siempre una ventaja y que los herejes uy cismáticos, cunado eran obligado a poner su atención en la consideración de la verdad, con el tiempo dejaba a un lado sus erróneas creencias, mientras que si la autoridad no les hubiera obligado nunca habrían considerado estas cuestiones”.

Antes y después de la misión en Santonge, que solo duró unos pocos meses (1686-1687), Fenelon hizo muchos amigos. Ya lo era Bossuet, el gran obispo que estaba en el culmen de su fama, consultado por todos como el gran oráculo de la Iglesia de Francia. Fenelon le mostró la mayor deferencia y le visitó en su casa de campo en Alemania asistiendo a sus conferencias espirituales y a sus clases sobre la Escrituras en Versalles. Inspirado por él, y quizá por sugerencia suya, Fenelon escribió por entonces "Réfutation du système de Malebranche sur la nature et sur la grâce", en el que ataca con gran valentía y en profundidad las teorías del famoso oratoriano sobre el optimismo, la creación y la encarnación. Fenelon no quiso publicar este tratado, ni anotado por Bossuet; hasta 1829 no vio la luz. Los primeros amigos de Fenelon en este periodo eran los duques de Bauvilliers y de Chevreuse, dos cortesanos influyentes, que sobresalían por su piedad y que se habían casado con dos hijas de Colbert, ministro de Luis XIV. Una de ellas, la duquesa de Beauvilliers, madre de ocho hijas, pidió a Fenelon consejo sobre su educación. Su respuesta fue el "Traité de l'education des filles", en el que insiste en que la educación comience muy pronto y que instrucción de la niñas en todos los deberes de su futura condición de vida. La educación religiosa ha de ser tal que les permita refutar herejías si fuera necesario. Aconseja un curso de estudios mucho más serio de lo que era costumbre. Las niñas deben ser eruditas sin pedantería y ser educadas de forma concreta, sensible, agradable y prudente de manera que se les ayude en sus habilidades naturales. En muchas cosas su pedagogía iba por delante de su tiempo y aún se puede aprender mucho de él.

El duque de Beauvilliers, que fue el primero en utilizar el "Traité de l'education des filles", en su propia familia, fue nombrado director de los estudios los nietos del rey Luis XIV. Enseguida se aseguró de que Fenelon fuera el tutor del mayor de ellos, el duque de Borgoña. El puesto era muy importante puesto que la formación del futuro rey de Francia estaba en sus manos, pero no carecía de dificultades, debido al carácter altivo y violento del discípulo. Fenelon se dedicó a su tarea con todo su interés y dedicación. Todo, desde los temas latinos y sus versiones se dirigía a domar su tempestuoso espíritu. Con este propósito escribió la “Fábulas” y sus "Dialogues des Morts", pero sobre todo su "Télémaque", en el que bajo el disfraz de una ficción agradable enseñaba al joven príncipe lecciones de autocontrol y todos los deberes propios de de su alta posición.

Los resultados fueron maravillosos. El historiador Saint-Simon, en general hostil a Fenenlón, dice:”: "De cet abîme sortit un prince, affable, doux, modéré, humain, patient, humble, tout appliqué à ses devoirs." (De este abismo salió un príncipe afable, dulce, moderado, humano, paciente, humilde y aplicado enteramente a sus deberes). Se ha preguntado si no fue demasiado bien. Cuando el príncipe se convirtió en un hombre de estado, su piedad parecía excesivamente refinada; se examinaba continuamente a si mismo razonando los pros y los contras hasta ser incapaz de llegar a una solución, paralizada su voluntad por miedo de hacer lo incorrecto. Sin embargo, estos defectos de carácter. Contra los cuales Fenelon fue el primero en protestar en sus cartas, no se mostraron en su juventud. Alrededor de 1695 todos los que trataron al príncipe estaban admirados por el cambio.

Para premiar al tutor, Luis XIV le dio, en 1694, la abadía de Saint-Valéry, con sus rentas anuales de 14.000 libras. La Academia la abrió las puertas y Madame de Maintenon, la esposa morganática del rey, comenzó a consultarle en asuntos de conciencia, en la regulación de la casa de Saint-Cyr, que acaba de abrir para la educación de las jóvenes. Poco después quedó vacante la sede arzobispal de Cambrai, una de las mejores de Francia y el rey se la ofreció a Fenelón, indicándole además que quería que siguiera instruyendo duque de Borgoña. Fenelon fue consagrado en agosto de 1969 por Bossuet en la capilla de Saint-Cyr. El futuro del joven prelado parecía brillante, cunado cayó en profunda desgracia.

La causa fue su relación con Madame Guyon, a la que había conocido en la sociedad de sus amigos los Beauvilliers y los Chevreuses. Ella había nacido en Orleans, que dejó a los 28 años, viuda y madre de tres niños, embarcada en una especie de apostolado místico, bajo la dirección del P. Lacombe, un barnabita.

Después de muchos viajes a Ginebra, por la Provenza e Italia, plasmó sus ideas en dos obras "Le moyen court et facile de faire oraison" y "Les torrents spirituels". En un lenguaje exagerado característico de su mente visionaria presentó un sistema demasiado claramente basado en el Quietismo de Molinos, que acababa de ser condenado por Inocencio XI, en 1687. Sin embargo había diferencias entre los dos sistemas. Mientras que para Molinos la perfección terrenal del hombre consistía en un estado de interrumpida contemplación y amor, que dispensaría al alma de toda virtud activa y lo reduciría a la absoluta inacción, Madame Guyon rechazaba con horror las peligrosas conclusiones de Molinos respecto al cese de la necesidad de ofrecer resistencia positiva a la tentación. De hecho, en todas sus relaciones con el P. Lacombe, así como con Fenelon, nunca se puso en duda su virtuosa vida. Al poco de su llegada a parís conoció a muchas personas piadosas de la corte y de la ciudad, entre ellas a Madame de Maintenon y a los duques de Beauvilliers y Chevreuse, que se la presentaron a Fenelon. A su vez, él se sintió atraído por su piedad, su amplia espiritualidad, el encanto de su personalidad y de sus libros. No tardó mucho el obispo de Chartres, en cuya diócesis estaba Saint-Cyr, comenzó a cuestionarse sobre la mente de Madame de Maintenon cuestionando la ortodoxia de las teorías de Madame Guyon. Esta, entonces, pidió que se sometieran sus libros a una comisión eclesiástica compuesta por Bossuet, de Noailles, entonces obispo de Châlons, más tarde arzobispo de París y M. Tronson superior de Saint-Sulpice. Después del examen que duró seis meses, la comisión publicó su decisión en treinta y cuatro artículos conocidos como "Articles d' Issy", por el lugar cerca de París donde estaba asentada la comisión. Estos treinta y cuatro artículos fueron firmados por Fenelon y por el obispo de Chartres y por los miembros de la comisión, condenando muy brevemente las ideas de Madame Guyon, y haciendo una cierta explicación de la doctrina católica sobre la oración. Madame Guyon se sometió a la condena, pero sus ideas siguieran expandiéndose en Inglaterra y los protestantes, que siguieron reimprimieron sus libros, han seguido expresando su simpatía por sus puntos de vista. Cowper tradujo algunos de sus himnos a versos ingleses y Thomas Digby (Londres 1805) y Thomas Upam (New York, 1848), tradujeron su autobiografía al inglés. Sus libros pronto fueron olvidados en Francia.

De acuerdo con la decisión tomada en Issy, Bossuet escribió sus instrucciones sobre los "Etats d' oraison", como explicación de los 34 artículos., Fenelon rehusó firmarlo, porque su honor le prohibía condenar a una mujer que ya había sido condenada. Para explicar su punto de vista de los "Articles d'Issy", se apresuró a publicar la "Explication des Maximes des Saints", un tratado bastante árido en cuarenta y cuatro artículos, cada uno de los cuales estaba dividido en dos párrafos, uno exponiendo la verdadera y otro la falsa doctrina sobre el amor de Dios. En su obra distingue claramente cada paso en el camino de ascensión a la vida espiritual. El punto de llegada final del alma cristiana es el amor puro de Dios sin mezcla de interés propio, un amor que ni teme el castigo ni desea el premio.

Los medios llegar a este fin, señala Fenelon, son los que dese hace mucho tiempo han señalado los místicos católicos, es decir la santa indiferencia, el alejamiento, al auto abandono, la pasividad; a través de todos estos estados el alma es llevada a la contemplación. Apenas se había publicado el libro de Fenelon cuando ya tuvo mucha oposición. El rey estaba enfadado. Le disgustaban las novedades religiosas y reprochó a Bossuet por no haberle avisado de las ideas del tutor de su nieto. Nombró a los obispos de Meaux, Chartres y París para examinar la obra de Fenelon y seleccionar los pasajes que debían condenarse, pero el mismo Fenelon envió el libro a la Santa sede para que fuera juzgado (27 abril, 1697). Enseguida estalló un enorme conflicto, particularmente entre Bossuet y Fenelon: ataques y réplicas se sucedieron demasiado rápidamente para ser analizadas aquí. Los escritos de Fenelon sobre el tema llenan seis volúmenes, sin hablar de las 646 cartas sobre el quietismo con las que probó ser un hábil polemista, muy versado en las cosas espirituales, dotado de una gran inteligencia y agilidad mental que no siempre se distingue bien en el uso y abuso del sentido. Después de u largo examen por parte de los consultores y cardenales del Santo Oficio, que duró más de dos años y que les ocupó 132 sesiones, por fin condenaron "Les Maxims des Saints" (12 marzo, 1699) por contener proposiciones que, en el sentido obvio de las palabras, o por la secuencia de los pensamientos, eran “temerarias, escandalosas, malsonantes, ofensivas a los oídos piadosos, perniciosa en la práctica y falsas de hecho”. 23 proposiciones fueron seleccionadas por haber incurrido en la censura, pero el papa de ninguna manera dejaba implícito que aprobaba el resto del libro.

Fenelon se sometió enseguida. “Nos adherimos a este breve”, escribió en una carta pastoral en la que hacía saber la sus fieles la decisión de Roma, “y la aceptamos no solo para las 23 proposiciones, sino para todo el libro, simplemente, absolutamente y sin sombra de reserva”.

La mayoría de sus contemporáneos juzgaron su sumisión adecuada admirable y edificante. En tiempos más recientes, sin embargo, cartas sueltas han permitido a los críticos dudar de su sinceridad. En nuestra opinión unas pocas palabras escritas impulsivamente y en contradicción con todo el tenor de la vida del escritor, no justifican tan grave acusación. Hay que recordar, también, que en la reunión de los obispos para recibir el breve de condena, Fenelon declaró que dejaba aparte su propia opinión y aceptaba el juicio de Roma y que si este acto de sumisión parecía incompleto estaba dispuesto a hacer lo que Roma dijera. La Santa Sede nunca requirió nada más que este acto espontáneo mencionado.

Luis XIV, que había hecho todo lo posible para que las "Maximes des Saints", fueran condenadas había ya castigado al autor ordenándole que permaneciera dentro de los límites de su diócesis. Molesto después por la publicación de "Télémaque", en el que veía una crítica a su persona y a su gobierno, nunca se dejó convencer de que retirara su orden. Fenelon se sometió sin queja ni lamento y se entregó completamente al servicio de sus fieles. Con unos ingresos de 200.000 libras y 800 parroquias, algunas en territorio español, Cambrai, que había vuelto a ganar Francia en 1678, era una de las sedes más importantes del reino. Fenelón dedicó varios meses al año a visitar a su archidiócesis, sin que le interrumpiera ni siquiera la Guerra de Sucesión Española, durante la cual ejércitos opuestos acamparon en su territorio. Los capitanes de esos ejércitos, llenos de veneración por su Fenelon, le dejaron moverse libremente. El resto del año lo pasaba en el palacio episcopal de Cambrai, donde con sus familiares y amigos, los Abbés de Langeron, de Chanterac y de Beaumont, llevó una vida normal, de regularidad monástica. Cada año daba un curso en cuaresma en una parroquia importante de su diócesis y en las fiestas principales predicaba en su propia catedral. Sus sermones eran breves y sencillos, compuestos después de una breve meditación y nunca escritos, con la excepción de algunos que predicó en ocasiones más importantes, y no se han conservado. Las relaciones con sus clérigos estaban rodeadas de condescendencia y cordialidad “Sus sacerdotes”, dice Saint-Simon, "para los que se hacía a si mismo padre y hermano, le llevaban en sus corazones”. Se interesó profundamente en su formación en sus seminarios, asistiendo a los exámenes de los que se iban a ordenar, dándoles charlas durante sus retiros. Presidía los concursos par asignación de beneficios y preguntaba a los párrocos sobre las calificaciones de los candidatos.

Fenelon fue siempre irreprochable y en sus paseos conversaba frecuentemente con los que se encontraba. Le encantaba visitar a los campesinos en sus casas, interesándose por sus alegrías y tristezas y evitando apenarles aceptaba el simple regalo de su hospitalidad. Durante la Guerra de Sucesión Española las puestas de su palacio se abrieron a todos los pobres que se refugiaron en Cambrai. Las habitaciones y escaleras se llenaron de ellos y sus jardines y vestíbulos protegían a sus animales. Aun se le recuerda en la vecindad de Cambrai y los paisanos aun dan a sus hijos el nombre de Fenelon, como el de un santo.

A pesar de estar completamente dedicado a la administración de su diócesis, nunca perdió de vista los intereses generales de la Iglesia. Esto quedó patente cuando el Jansenismo, durmiente durante casi treinta años, se despertó de nuevo con ocasión del famoso Cas de Conscience, en el que un escrito anónimo trató de dar nueva vida a la “cuestión de ley” y “cuestión de facto” (question de droit et question de fait), admitiendo que la Iglesia podía legalmente condenar las famosas cinco proposiciones atribuidas a Jansenio, pero negando que pudiera obligar a cualquier otro a creer que de de hecho se podían encontrar en el “Augustinus” de aquel escritor.

Fenelon multiplicó publicaciones de toda índole contra la herejía revivida; escribió cartas, instrucciones pastorales, memoranda, en francés y en latín, que llenan varios volúmenes de sus obras. Se puso a combatir los errores del Cas de Conscience, a refutar la teoría conocida como” respetuoso silencio” y a ilustrara Clemente XI sobre al opinión publica francesa. El P.Quesnel arrojó leña al fuego de la controversia con sus "Reflexions morales sur le Nouveau Testament", que fue solemnemente condenado con la bula "Unigenitus" (1713).

Fenelon defendió este famoso documento pontificio en una serie de diálogos que tenían la intención de influir en hombres de mundo. Su celo contra el error era grande, pero siempre era amable en el que erraba: Saint-Simon pudo decir: Los Países Bajos estaban llenos de jansenistas y la diócesis de Cambrai, en particular, abundaban mucho. En ambos sitios encontraron siempre un refugio pacífico y estaban contentos de vivir allí pacíficamente, bajo el que era su enemigo con la pluma. No temían al arzobispo que aunque se oponía a sus creencias no destruía su tranquilidad.”

A pesar de la multiplicada de trabajos, Fenelon siempre encontró tiempo para mantener una intensa correspondencia con sus familiares, amigos, sacerdotes y de hecho con todo el que buscara su consejo. En esta masa de correspondencia, diez volúmenes nos han llegado, donde podemos ver al Fenelon director de las almas. Hay entre ellos gentes de todas las esferas de la vida, hombres y mujeres, religiosos, soldados, cortesanos, sirvientes, entre ellos Madam de Maintenon, de Gramont, de la Maisonfort, de Montebron, de Noailles, miembros de la familia Colbert, el marqués de Seignelay, el duque de Chaulnes, y sobre todo los duques de Chevreuse y de Beauvilliers, sin olvidar al duque de Borgoña. Fenelon muestra que posee las cualidades que exige a los directores, paciencia, conocimiento del corazón humano y de la vida espiritual, disposición ecuánime, firmeza y rectitud, “junto con una tranquila alegría muy distante de cualquier fingida antipática austeridad”.

A cambio exigía docilidad de mente y sumisión total de la voluntad. Intentaba guiar a las almas al amor puro de Dios, en lo que era humanamente posible, porque, aunque los errores de sus "Maximus des Saints" ya no aparecen en las cartas de dirección, sigue siendo el mismo Fenelon, con el mismo deseo de auto abandono, con las mismas tendencias, conservadas todas, sin embargo, dentro de los limites debidos; porque como él mismo dice:”este amor de Dios no requiere a todos los cristianos que practiquen austeridades como los de los antiguos eremitas solitarios, sino meramente que sean sobrios, justos y moderados en el uso de las cosas útiles”; y la piedad no requiere, “ como los asuntos temporales una larga y continua aplicación”; “ la práctica de la devoción no es en absoluto incompatible con los deberes de la vida”. El deseo de enseñar a sus discípulos la forma de armonizar los deberes de la religión con los de la vida diaria sugiere a Fenelon toda clase de consejos, a veces muy inesperados en la pluma de un director, especialmente cuando cundo trata con sus amigos de la corte. Esto ha dado ocasión a algunos de sus críticos para acusarle de ambición y de tener tanta ambición en controlar el estado como en dirigir a las almas.

Sus ideas políticas se muestran sobre todo en las cartas al duque de Borgoña. Además de un gran número de cartas, le envió, a través de sus amigos los duques de de Beauvilliers y de Chevreuse, un "Examen de conscience sur les devoirs de la Royauté", 9 documentos sobre la Guerra de Sucesión Española y los "Plans de Gouvernement, concretes avec le Duc de Chevreuse". Si añañdimos el "Télémaque", la "Lettre à Louis XIV", el "Essai sur le Gouvernement civil", y las "Mémoires sur les precautions à prendre après la mort du Duc de Bourgogne", nos encontramos con una com,pleta exposición de sus ideas políticas.

Indicaremos solo los puntos en que son originales, en la época en que se escribieron. El Gobierno ideal, para Fenelon era una monarquía limitada por la aristocracia. El rey no debía tener poder absoluto; tenia que obedecer las leyes que hiciera en cooperación con la nobleza. En otras ocasiones debía ser asistido por los Estados Generales que debían, por asambleas provinciales, que eran como consejos del rey más que asambleas representativas. El Estado debía ocuparse de la educación, debía controlar los protocoles sociales con leyes suntuarias y prohibir a ambos sexos matrimonios inapropiados (mésalliances). Los brazos temporal y espiritual debían ser dependientes uno de otro, pero ayudándose mutuamente. Su estado ideal está descrito con mucha sabiduría en sus escritos políticos donde se hallan muchas observaciones notablemente juiciosas pero utópicas.

Fenelon se interesó también por la literatura y la filosofía. Dacier, secretario perpetuo de la Académie Française, le pidió en nombre de la institución, que les manifestara en qué proyectos debían ocuparse, desde su punto de vista, una vez terminado el "Dictionnaire". Fenelon contestó en su "Lettre sur les occupations de l'Académie Française", una carta aun muy admirada en Francia. Trata de la lengua francesa, de la retórica, poesía, historia y de los escritores antiguos y modernos exhibiendo una inteligencia equilibrada familiarizada con todas las obras maestras de la antigüedad, viva de simplicidad y encanto, seguidora de las tradiciones clásicas, pero abierta discretamente a nuevas ideas (especialmente en historia) también a ciertas teorías quiméricas, al menos en lo poético.

Por entonces el futuro regente, duque de Orleans, le consultaba sobre muchos y diferentes asuntos. Este príncipe, escéptico más por las circunstancias que por la fuerza de la razón, aprovechó la aparición de su "Traité de l'existence de Dieu" para consultarle sobre el culto debido a Dios, la inmortalidad del alma y la libre voluntad. Fenelon contestó en una serie de cartas, de las que solo las tres primeras son repuestas a las dificultades propuestas por el príncipe. En conjunto forman una continuación del "Traité de l'existence de Dieu", cuya primera parte había sido publicada en 1712, sin el conocimiento de Fenelon.

La segunda parte apareció en 1718, después de la muerte del autor. Aunque era una obra casi olvidad de su juventud, fue muy bien recibida y pronto fue traducida al inglés y al alemán. Gracias a estas cartas y a este tratado sabemos algo de su postura ante la filosofía. Está influido tanto por S. Agustín como por Descartes. Para Fenelon los más fuertes argumentos de la existencia de Dios eran los que se basaban en las causas finales y en la idea de infinito, ambos desarrollados a lo largo de muchas páginas con encanto literario, más que con precisión y originalidad 

Los últimos años de Fenelon fueron tristes por las muertes de sus amigos. Hacia finales de 1710 perdió al Abbe de Langeron, compañero de toda la vida, en febrero de 1712 murió el duque de Borgoña, su discípulo y nos meses después el duque de Chevreuse; el de Beauvilliers en agosto de 1714. Fenelon les sobrevivió unos pocos meses. Aun pidió al rey que nombrase un heredero que fuese firme contra el Jansenismo y que ayudase al establecimiento de los Sulpicianos en su seminario. Con él desaparece uno de los más ilustres miembros del episcopado francés, ciertamente uno de los hombres más interesantes de su época. Debió su éxito exclusivamente a sus talentos y admirables virtudes. El renombre de tuvo en vida, creció tras su muerte. 

Desafortunadamente, su fama entre los protestantes se debió a su oposición a Bossuet y entre los filósofos, al hecho de que se opuso y fue castigado por Luis XIV. Precursor es para ellos un precursor de su propio escepticismo tolerante y de su filosofía al margen de la fe, un precursor de Rousseau, junto al que le colocaron en la fachada del panteón. La publicación de sus cartas ha manifestado los contrastes de su carácter, mostrándole al mismo tiempo antiguo y moderno, cristiano y profano, místico y estadista, demócrata y aristócrata, amable y obstinado, franco y sutil. Quizás no hubiera parecido más humano sui hubiera sido un hombre menos importante; sea o lo que fuere permanece como un o de las figura más atractivas, brillantes y sorprendentes que ha producido la iglesia católica.

El castillo de Fénelon es un castillo francés ubicado en la ciudad de Sainte-Mondane en el departamento de Dordoña, en la región de Nueva Aquitania. Fue construido en el siglo XII y modificado en los siglos XIV, XVI y XVII.El arzobispo de Cambray, François Fénelon nació en este castillo en 1651.


La más conveniente y mejor de las ediciones de sus obras es la que empezó Lebel en Versalles en 1820 y fue terminada en París por Leclere en 1830. Comprende veintidós volúmenes, además de otros once de cartas sin contar uno de índices., treinta y tres en total agrupados bajo cinco títulos (I) Teológicos y de controversia (Vols. I-XVI), de los que el principal es "Traité de l'existence et des attributs de Dieu", cartas sobre varios temas metafísicos y religiosos; "Traité du ministère des pasteurs"; "De Summi Pontificis auctoritate", "Réfutation du système du P. Malebranche sur la nature et la grâce"; "Lettre à l'Evêque d'Arras sur la lecture de l'Ecriture Sainte en langue vulgaire", obras sobre el Quietismo y el Jansenismo. (2) Obras sobre temas morales y espirituales (Vols. XVII y XVIII): "Traité de l'éducation des filles"; sermones o obras de piedad (3) 24 sobreasuntos pastirales (XVIII). (4) Obras literarias (Vols. XIX-XXII): "Dialogues des Morts"; "Télémaque"; "Dialogues sur l'éloquence". (5) Escritos politicos (Vol. XXII): "Examen de conscience sur les devoirs de la Royauté"; variso memorandos sobre la Guerra de Sucesión española; "Plans du Gouvernement concertes avec le Duc de Chevreuse".

La correspondencia incluye cartas a amigos de la corte, como Beauvilliers, Chevreuse, y el duque de Borgoña; cartas de dirección y cartas sobre el Quietismo. Hay que añadir la "Explication des rnaximes des Saints sur la vie lnterieure" (Paris, 1697).

Fuentes

DE RAMSAY, Histoire de vie et des ouvrages de Fénelon (London, 1723), De BAUSSET, Histoire de Fénelon (Paris. 1808); TABARAND, Supplement aux histoires de Bossuet et de Fénelon (Paris, 1822), De BROGLIE, Fenelon a Cambrai (Paris, 1884); JANET, Fénelon (Paris, 1892); CROUSLE, Fénelon et Bossuet (2 vols., Paris, 1894); DRUON, Fénelon archeveque de Cambrai (Paris, 1905); CAGNAC, Fénelon directeur de conscience (Paris, 1903); BRUNETIRE en La Grande Encyclopedie, s.v.; IDEM, Etudes critiques sur l'histoire de la Iitterature française (Paris, 1893); DOUEN, L'intolerance de Fénelon (2d ed., Paris,1875); VERLAQUE, Lettres inedites de Fénelon (Paris, 1874)); IDEM, Fénelon Missionnaire (Marseilles, 1884); GUERRIER, Madam Guion, sa vie, sa doctrine, et son influence (Orléans, 1881); MASSON, Fénelon et Madame Guyon (Paris, 1907): DELPHANQUE, Fénelon et la doctrine de l'amour pur (Lille, 1907): SCANNELL, François Fénelon in lrish Eccl. Record, XI, (1901) 1-15, 413-432.

  

Frases de Fénelon.

(1651-1715) François de Salignac de la Mothe. Escritor, clérigo y teólogo liberal francés.

Huye de los elogios pero trata de merecerlos.
Elogios 

Si queréis formar juicio acerca de un hombre, observad quienes son sus amigos.
Amigos 

El sufrimiento depende no tanto de lo que se padece cuanto de nuestra imaginación, que aumenta nuestros males.
Sufrimiento 

La fuerza no puede jamás persuadir a los hombres; sólo logra hacerlos hipócritas.
Fuerzas 

La ambición está más descontenta de lo que no tiene que satisfecha de lo que tiene.
Ambición 

Jamás es perdido el bien que se hace.
Bondad 

El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo.
Sufrimiento 

La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella.
Muerte 

Las almas bellas son las únicas que saben todo lo que hay de grande en la bondad.
Bondad 

Ningún poder humano puede jamás violentar el sagrario impenetrable de la libertad del corazón.
Corazón 

El amor lo toma todo, y todo lo da.
Amor 

Sólo el infortunio puede convertir un corazón de roca en un corazón humano.
Desgracia 

El hombre se mueve. Dios le guía.
Dios 

El verdadero valor consiste en prever todos los peligros y despreciarlos cuando llegan a hacerse inevitables.
Valor 

Los que saben ocuparse en cualquiera lectura útil y agradable, jamás sienten el tedio que devora a los demás hombres en medio de las delicias.
Lectura 

Si a cambio de mi amor a la lectura viera a mis pies los tronos del mundo, rehusaría el cambio.
Lectura 

No podemos ver a la virtud sin amarla, ni amarla sin ser felices.
Virtud 

La altivez es útil, todo hombre debe ser altivo.
Orgullo 

El verdadero medio de ganar mucho consiste en no querer nunca ganar demasiado.
Ganancias 

El más libre de todos los hombres es aquel que puede ser libre dentro de la esclavitud.
Libertad  

La guerra es un mal que deshonra al género humano.
Guerra 

Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más débiles y cobardes; doblan la cerviz en faltándoles la autoridad, y se les ve tan abatidos como se les conoció soberbios; en un momento pasan de un extremo a otro.
Adversidad 

Así como la demasiada autoridad corrompe a los reyes, así el lujo emponzoña toda una nación.
Autoridad 

El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad.
Poder.

La franqueza en las mujeres, es casi siempre una inconsecuencia.
Sinceridad 

El más desgraciado de todos los hombres es el que cree serlo.
Desgracia 

Ordinariamente, aquéllos que educan a los niños y no les perdonan nada se perdonan todo a sí mismos.
Educación 

Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.
Adversidad 

La curiosidad de los niños es una inclinación, que va delante de la instrucción; es menester pues aprovecharse de ella.


  

Santa Juana de Arco.

Santa Juana de Arcos (Domrémy, Francia, 1412 - Ruán, id., 1431) Santa y heroína francesa. Nacida en el seno de una familia campesina acomoda...