Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


jueves, 1 de diciembre de 2016

70).-La Biblioteca Británica publica tesoros de manuscritos hebreos.

  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda ; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas ; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; 

 
La Biblioteca Británica publica tesoros de manuscritos hebreos.


 
Fuente: The Times of Israel – Traducción: Silvia Schnessel

Prayer book (siddur), Italian rite. Creator:Yo’el ben Shim’on Feibush (scribe)Created:1469 CE. Formats: Manuscript , Illumination , Illuminated manuscript

La Biblioteca Británica publicó la semana pasada un nuevo sitio web que muestra 1.300 manuscritos hebreos, desde antiguos rollos de la Torá y libros de oraciones hasta obras filosóficas, teológicas y científicas.
El nuevo sitio es la primera colección bilingüe en línea de la biblioteca, que permite a los usuarios buscar escaneos de manuscritos en hebreo e inglés.
“La Biblioteca Británica posee una de las mejores colecciones de manuscritos hebreos del mundo“, dijo Ilana Tahan, curadora principal de las Colecciones Hebreas y Cristianas de Oriente de la biblioteca.
“Digitalizar y hacer que estos elementos hermosos e importantes estén disponibles en línea es un gran avance para abrirlos a los académicos internacionales y a una audiencia pública más amplia. Esperamos que, al proporcionar acceso a los artículos y a los aspectos más destacados de la colección tanto en hebreo como en inglés, los hagamos accesibles para aún más personas, permitiéndoles aprender más sobre nuestra increíble colección de manuscritos hebreos”.
Las obras que se pueden buscar en el sitio incluyen la Hagadá hispano-morisca de la España del siglo XIII, una edición ilustrada del Código de la Ley de Maimónides del siglo XV de Portugal y la Biblia de Lisboa de 1482, 14 años antes de que los judíos portugueses fueran expulsados de su patria.
“Se considera que es el manuscrito fechado más completo de la escuela portuguesa de la iluminación hebrea medieval“, dijo Tahan sobre la Biblia de tres volúmenes.
La biblioteca con sede en Londres ha estado digitalizando su colección de aproximadamente 3.000 manuscritos hebreos, que se remonta al establecimiento de la biblioteca en el siglo XVIII, desde 2013. Hasta ahora, aproximadamente la mitad están disponibles para su consulta en línea en el sitio web, dijo Tahan a The Times. of Israel el lunes.

Una página de la Biblia de Lisboa, el más completo códice fechado (es decir, un manuscrito en forma de libro en lugar de un desplazamiento) de la escuela portuguesa de iluminación medieval hebreo. Terminado en 1482, la Biblia de Lisboa es un testimonio de la rica vida cultural de los judíos portugués.

Además de los escaneos de los manuscritos originales, el Catálogo de la Fundación Polonsky de Manuscritos Digitales en Hebreo también incluye varios artículos académicos relacionados con los documentos, que tratan sobre arte manuscrito, liturgia judía, investigación digital, Cabala y misticismo y otros temas. Los artículos fueron encargados y escritos especialmente para este proyecto.
“Actualmente tenemos 17 artículos y 39 temas de colección en la plataforma en inglés y 11 artículos y 30 temas de colección en la plataforma hebrea. Estamos en el proceso de traducir al hebreo los artículos destacados y los artículos de colección“, dijo Tahan.
“El sitio web del proyecto actúa como un escaparate de la colección, con imágenes de elementos destacados y artículos interpretativos y contextuales sobre temas como la Cábala y el misticismo, biblias en hebreo, comunidades judías en la Edad Media y el proceso de conservación de mantos bordados de la Torá“, dijo la Biblioteca Británica en un comunicado de prensa.
“Los videoclips incluyen tomas de lapso de tiempo que muestran el meticuloso trabajo de digitalización de frágiles pergaminos, así como presentaciones de la conferencia de noviembre de 2016 sobre digitalización de manuscritos hebreos realizada por expertos de la Biblioteca Británica, la Biblioteca John Rylands y la Biblioteca Nacional de Israel”.

Cada año, unos 10 millones de personas visitan el sitio web de la Biblioteca Británica, donde se puede ver más de 40 millones de páginas de cuatro millones de artículos de colección digitalizados.



Roberto Merino: anotaciones al margen de Ciudad del olvido.


 
Jueves 09 julio de 2026 
Eduardo Vassallo
Escritor


En el número uno de Le Navire d’Argent (El barco de plata), la revista de Adrienne Monnier, un artículo de Valery Larbaud pudo haber sido escrito por Roberto Merino hace cien años. En “Paris de France” decreta el “derecho a la ciudad” aparejado al mismo repertorio de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el que se valida caminando y conociendo la urbe, yendo a los barrios, durmiendo en ellos, escribiendo las novelas y obras literarias in situ.
Larbaud llegó a elaborar un cuestionario con preguntas sobre las calles y puntos de interés cultural que bien respondido te hacía adjudicatario de un “certificado de parisianidad”, la máxima distinción para un citadino. El escritor buscaba terminar con el provincianismo en el propio París, ya que no se iba de un distrito a otro ni en plan ojeo; trataba de combatir la segregación, el desconocimiento del convecino, la soledad sobreviniente cuando has perdido las referencias y los contactos humanos con el que no está tan lejos después de todo.

Es el grado de adhesión que uno observa en el trabajo de Merino, como en este reciente libro Ciudad del olvido (2026), una recopilación de crónicas y textos provenientes de otros lomos y un par de inéditos de interés. El olvido (sustantivo abstracto central en el título) no es sólo la pérdida de algo, un efecto natural del paso del tiempo como se supone, sino también le pertenece en el significado una voluntaria operación de ocultamiento (hablamos de las raíces griegas, por supuesto). En este olvido voluntario, interesado, por tanto, hay fuerzas que lo animan: las finanzas, el mercado, las inmobiliarias, son todo un brazo ejecutor que aquí también se explicita en lo que toca. El otro me parece una de las vertientes de la política que se hizo patente en la agresión a la ciudad en los hechos cuasi revolucionarios de octubre de 2019, y que una opinión irresponsable apoyó como un costo a pagar mientras los fulgores de la pira les inflamaban el rostro: la ciudad de Santiago fue quemada como un papel bajo el fuego del lanzallamas de Montag.

Merino nos convoca a hablar una especie de lengua muerta, a una filología urbana hecha de derrumbes, eriazos, fantasmas, voces en off, cartelería, publicaciones del ramo, retazos de la historia citadina que nos incumbe. La urbe secreta un lenguaje que Merino nos impele a compartir para no quedarse hablando solo, y que él puede silabear en la cuadra, la plaza, la vidriera emplomada. Su trabajo es recomponerla para que sea conversable.

La sorpresa es que me he visto algo involucrado en este libro. Primero, porque me doy cuenta ahora de que Merino es dos años mayor que yo, y, por tanto, hay alguna contigüidad cronológica; segundo, la ciudad de Santiago también la transité y viví en algunos de los tramos temporales y espaciales que propone, y otras razones que no vienen al caso. Es decir, soy parte de la zona de observación, me siento alentado a conversar con el libro, a producir anotaciones al margen que surgen de la lectura, sin ánimo de enmendarle la plana al escrito, sino de diálogo en el entendido de una interacción lograda.

El texto “Cosas de treinta años” es un panorama que entusiasma una retrospectiva del período; se dispone en una función estratégica: dinamiza las épocas, da un aire, un corte de edad como el mío se siente y ve en la escena en tránsito. Comparto el supuesto: la protesta es el gran aglutinador interestratos sociales y hecho decisivo. De primer orden la mención que hace de Solidaridad, que también connota Dónde Están, publicación de la misma Vicaría de la Solidaridad; pregunta fuerte, radical, que trascendió las tapas (además, entroncada bíblicamente) y circuló en la oralidad cotidiana. Además, mencionaría Lonquén, de Máximo Pacheco, una respuesta escalofriante a la pregunta anterior que estremeció.
 Respecto al tema de la emergencia juvenil y todo lo que el texto describe y valora en los tramos de Jordi Lloret, Ramón Griffero y Alfredo Castro, añado el nombre de Vicente Ruiz, a quien el sólo hecho de divisarlo caminando por la acera norponiente de la Alameda, ya era un agrado por lo que significaba: algo estaba tramando. En efecto, esos oficios y quehaceres produjeron un valor de obra sin parangón, y sobre todo actitud joven desafiante, o por lo menos participativa.

En la crónica “El trauma de la renovación. Sobre el Club Hípico de Santiago”, dos considerandos. Uno: en lo relativo a la mención de Andrés Bello y su gramática, un rastro de la misma se conserva nada menos que en piedra en el frontis de la Escuela de Injeniería de la U. de Chile, en la entrada principal de Beauchef. Dos: el Club Hípico representó algo así como la supervivencia de algunas de las prácticas de la hacienda, dada la proliferación de personal adscrito para que esto funcione: preparador, jinete, cuidador, herrero, talabartero, familias aledañas, etc., todo un conservatorio de costumbres. Si ya no nos asociamos con los estratos populares en la producción y el trabajo, nos queda el inquilinaje del jolgorio, el juego, el momento del gasto mientras seguimos capitalizando. Se dan en la ciudad, podría decirse, resistencias de distinto grado de un orden viejo, autárquicas cuando no herméticas a la evolución de los tiempos, y más que eso, ya desasida su presencia institucional exclusivista, alojadas de pleno derecho en la vida diaria como si se tratara de un mero pasatiempo.

El último texto del libro transita la calle San Isidro y el barrio que conforma, lugares del propio autor. Nace la aquí la experiencia primera de esta sensibilidad citadina, asistida por fantasmas, misterios, hitos urbanos fijados en el globo ocular, callejeras cuncunas gigantes de papel, personas que habitan cercanas y en la lejanía de la memoria. Merino, aquí, busca y encuentra: enraíza su vida familiar y documenta el carácter histórico del barrio remontándose hasta donde puede declarar el documento y la investigación. En este punto no podría dejar de mencionar, en otra fuga de tiempo dispuesta por el propio escrito, la presencia de lo que me parece un ilustre del barrio y la calle San Isidro: Miguel Vicuña, intelectual de primer orden, profesor de filosofía, poeta y ensayista formado en el Pedagógico de la Universidad de Chile y en la Universidad de París I, donde asistió a los seminarios de Derrida, Foucault, etc. 
Recuerdo coloquios organizados en su casa de San Isidro 75, en los que uno se podía encontrar con Raquel Olea, Manuel Silva Acevedo, Andrés Ajens, Pepe Cuevas, y participar del diálogo. Con Miguel se podía provocar esa conversación densa, filosófica, que con toda naturalidad él remontaba a las raíces griegas y latinas y luego adelantaba a la especulación de punta.

Interesante cuando Merino sale del archivo y aparece un “Tomo un rumbo cualquiera”, “Me interno por Cienfuegos”, Me devuelvo hacia Brasil y vislumbro la plaza”, dejando los papeles por la inspección ocular y dice ¡aló! para preguntar a un vecino. Merino maneja un gran caudal de información: diarios personales de época, memorias, artículos de prensa, revistas, saberes históricos como los de Armando de Ramón, los del folklorólogo Oreste Plath, las crónicas de Joaquín Edwards Bello, y todavía más. 
Tal vez algunos documentos velados, pienso en ese libro Memorias del tiempo viejo y En familia, de Luis Orrego Luco. Éstos dos esenciales para algunos de los períodos en los que se detiene, a pesar de que por tramos Orrego es insufrible, ya que se regusta demasiado en los propios.

Al referir Merino “la erosión de los signos”, bien puede ser una entrada a retículas muy finas plegadas en el plano, y que podrían convocar algunas de las reflexiones de ese filósofo y sociólogo Henri Lefebvre sobre la ciudad, del todo atingentes a la nuestra: el lenguaje y los estratos de significación, sus modos y estrategias de circulación, el tiempo del trabajo y del gasto, la polución de la charlatanería, los imaginarios barriales o los discursos fundantes de la periferia, grupos sociales en y fuera de la historia, etc., materiales de observación en La vida cotidiana en el mundo moderno, algunos de cuyos estímulos argumentales siguen vigentes o han proyectado nuevas investigaciones.
 Es central su idea de que en la cotidianeidad se verifica el sentido, se une el significado al significante, operación cotidiana natural en ciertos lapsos de referentes estables, y difícil en otras, como podría ser la nuestra, en el desborde de los significantes que circulan plenos como tales, sin necesitar nada.

Al plano se superpone la cotidianeidad (microrrelatos barriales de un modo de ser) y a ésta la historia. Merino no deja que la ciudad sea sólo el añoro de una maqueta, sino marca lo aborrecible, lo más feo. Así la ocupación de la DINA (y luego su franquicia) en el barrio República en esa metamorfosis horrorosa. Y como todo es tan revuelto a veces, digamos que ahí mismo funcionaba el Departamento de Estudios Humanísticos de la U. de Chile (República 475), lugar al menos de conservación cultural en esos años, en que Ronald Kay (bajo la dirección de Cristián Huneeus) editó el número único de la revista Manuscritos en 1975.

A la manera de Enrique Bravo Menadier, aquí en este valioso libro hay una pregunta: quién soy yo / quiénes somos.

Roberto Merino Rojo (Santiago, 14 de noviembre de 1961) es un escritor y periodista chileno.


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