Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


lunes, 22 de febrero de 2021

247).-Platón Laques o del valor II a

 

Laques

Convengo en ello.

Sócrates

Pues bien, ahora sucede todo lo contrario; damos el nombre de valor a una audacia insensata.

Laques

Lo confieso.

Sócrates

¿Y crees que obramos bien?

Laques

No, ¡por Júpiter! Sócrates.

Sócrates

De modo, Laques, que, por tu propia confesión, ni tú ni yo nos ajustamos al tono dórico, porque nuestras acciones no corresponden a nuestras palabras. Al ver nuestras acciones, yo creo que se diría que nosotros tenemos valor; pero oyendo nuestras palabras, bien pronto se mudaría de opinión.

Laques

Tienes razón.

Sócrates

¡Pero qué! ¿tienes por prudente que permanezcamos en este estado?

Laques

Te aseguro que no.

Sócrates

¿Quieres que nos conformemos por un momento con la definición que hemos dado?

Laques

¿Qué definición? [285]

Sócrates

Que el verdadero valor es la paciencia. Si quieres, mostremos nuestra paciencia continuando nuestra indagación, a fin de que el valor no se burle de nosotros y nos acuse de no buscarle valientemente, puesto que, según nuestros principios, ser paciente es ser valiente.

Laques

Estoy dispuesto a ello, Sócrates, y no lo esquivo, por más que sea nuevo en esta clase de disputas; pero te confieso que estoy disgustado y que tengo un verdadero sentimiento en no poder explicar lo que pienso, porque me parece que concibo perfectamente lo que es el valor; y no comprendo cómo se me escapa tanto esta idea, que no puedo explicarla.

Sócrates

Pero, Laques, el deber de un buen cazador ¿no consiste en no cansarse y no verse jamás burlado?

Laques

Estoy conforme.

Sócrates

¿Quieres que entre en nuestra partida de caza Nicias, para ver si es más dichoso?

Laques

Lo quiero, y ¿por que no?

Sócrates

Ven acá, Nicias, ven, si puedes, a socorrer a tus amigos, que se ven embarazados y que no saben qué rumbo tomar; porque ya ves cuán imposible se hace que consigamos nuestro objeto. Sácanos de este apuro y fija tu propio pensamiento, diciéndonos lo que es el valor.

Nicias

Ha mucho que me parecía que definíais mal esta virtud. ¡Ah! ¿de dónde nace que no os habéis valido en esta ocasión de lo que tantas veces y con tanto acierto te he oído yo en otras? Sócrates. [286]

Sócrates

¿Y qué es? Nicias

Nicias

Te he oído decir muchas veces que en aquello en que cada uno sabe es idóneo, pero que en lo que no sabe es inepto.

Sócrates

¡Por Júpiter! eso es muy cierto, Nicias

Nicias

Por consiguiente, si un hombre valiente es bueno, es hábil en lo que sabe.

Sócrates

¿Lo entiendes tú? Laques.

Laques

Sí lo entiendo; sin embargo, no comprendo por entero lo que quiere decir.

Sócrates

Me parece que yo lo comprendo; creo que quiere decir, que el valor es una ciencia.

Laques

¿Qué ciencia? Sócrates.

Sócrates

¿Por qué no se lo preguntas a él?

Laques

Pues ya se lo pregunto.

Sócrates

¡Pues bien! Nicias, responde a Laques y dile qué ciencia es el valor, en tu opinión; porque no será indudablemente la ciencia del tocador de flauta.

Nicias

No.

Sócrates

¿Ni la del tocador de lira?

Nicias

Tampoco. [287]

Sócrates

¿Cuál es, y sobre qué versa?

Laques

Le apuras bien, Sócrates; sí, que diga qué ciencia es.

Nicias

Digo, Laques, que es la ciencia de las cosas que son de temer y de las que no son de temer, sea en la guerra, sea en todas las demás ocasiones de la vida.

Laques

¡Extraña definición! Sócrates.

Sócrates

¿Por qué la encuentras tan extraña, Laques?

Laques

¿Por qué? porque la ciencia y el valor son dos cosas diferentes.

Sócrates

Nicias pretende que no.

Laques

Sí, lo pretende, y en eso chochea.

Sócrates

Pues bien, tratemos de instruirle; las injurias no son razones.

Nicias

No tiene intención de ofenderme, pero desea mucho que lo que yo he dicho no valga nada, porque él mismo se ha engañado en grande.

Laques

Esa es la pura verdad, pero yo te haré ver, que tú no has andado más acertado que yo. Sin ir más lejos, ¿los médicos no conocen lo que hay que temer en las enfermedades? Y en este caso ¿crees tú, que los hombres valientes son los que conocen lo que es de temer? ¿o llamas a los médicos hombres valientes?

Nicias

No, seguramente. [288]

Laques

Lo mismo que los labradores. Sin embargo, los labradores conocen perfectamente lo que hay que temer respecto a sus trabajos. Lo mismo sucede con todos los demás artistas; conocen todos muy bien lo que hay que temer en su profesión y lo que no, y no son por esto más valientes.

Sócrates

¿Qué dices, Nicias, de esta crítica de Laques? Me parece que significa algo.

Nicias

Seguramente dice alguna cosa, pero no dice nada verdadero.

Sócrates

¿Cómo?

Nicias

¿Cómo? Es que él cree que los médicos no saben más que reconocer lo que es sano y lo que es enfermo, y de hecho no saben más. ¿Pero crees tú, Laques, que los médicos saben si la salud es más de temer para tal enfermo, que la enfermedad? Y no crees, que hay muchos enfermos a quienes sería más ventajoso no curar que curar? ¿Te atreverás a decir, que es bueno vivir siempre, y que no hay muchas personas para las que seria más ventajoso el morir?

Laques

Eso podrá ocurrir algunas veces.

Nicias

¿Y crees tú, que las cosas, que parecen temibles a los que tienen por bueno el vivir, parezcan lo mismo a los que tienen por más ventajoso el morir?

Laques

No, sin duda.

Nicias

¿Y a quiénes tomarás por jueces? ¿los médicos? ¿los de [289] otras profesiones? Ellos nada conocen, porque esto sólo pertenece a los que están versados en esta ciencia de las cosas temibles, y estos son los que yo llamo valientes.

Sócrates

Laques, ¿entiendes ahora lo que dice Nicias?

Laques

Sí, entiendo, que, según se explica, no hay otros hombres valientes que los adivinos; porque ¿qué otro que un adivino puede saber si es más ventajoso morir que vivir? Te preguntaría con gusto, Nicias, si eres adivino. Si no lo eres, adiós tu valor.

Nicias

¿Cómo? Piensas que sea negocio de adivino conocer las cosas que son temibles y las que no lo son?

Laques

Sin duda, y si no, ¿a quién toca?

Nicias

¿A quién? al que yo di, o, mi querido Laques, al hombre valiente; porque, el oficio de un adivino es conocer sólo los signos de las cosas que deben suceder, como muertes, enfermedades, pérdida de bienes, derrotas, victorias, ya sea en la guerra, ya en otras luchas; ¿pero crees tú, que conviene más a un adivino que a otro hombre el juzgar cuáles de estos accidentes son más o menos ventajosos?

Laques

En verdad, Sócrates, no comprendo lo que quiere decir; porque para él no hay ni adivino, ni médico, ni otro hombre a quien el nombre de valiente pueda convenir. Es preciso ir en busca de un Dios. Pero si he de decirte lo que pienso, Nicias no tiene valor para confesar que no sabe lo que dice; no hace más que bregar y retorcerse para ocultar su embarazo. Otro tanto pudimos hacer tú y yo, Sócrates, si sólo nos hubiéramos propuesto ocultar las contradicciones en que incurrimos. Si habláramos delante [290] de jueces, esta conducta tendría disculpa, pero en una conversación como la nuestra ¿qué significa querer triunfar con vanos discursos?

Sócrates

Indudablemente eso a nada conduciría, pero veamos bien si lo que pretende decir Nicias tiene algún valor, y si tú no tienes razón al acusarle de que todo es un hablar por hablar. Supliquémosle que nos explique más claramente su pensamiento, y si vemos que está la razón de su parte, seguiremos sus principios; si no lo está, trataremos de instruirle.

Laques

Interrógale tú mismo, Sócrates, si quieres; yo bastante le he preguntado.

Sócrates

Sea así; le interrogaré por ti y por mí.

Laques

Como quieras.

Sócrates

Dime, te lo suplico, Nicias, o más bien dinos, porque hablo también por Laques; ¿sostienes que el valor es la ciencia de las cosas que deben temerse y de las cosas que no deben temerse?

Nicias

Sí, lo sostengo.

Sócrates

Sostienes igualmente, que esta ciencia no es dada a toda clase de gentes, puesto que no es conocida ni por los médicos, ni por los adivinos, que, por consiguiente, no pueden ser valientes, si no han adquirido esta ciencia. ¿No es esto lo que dices?

Nicias

Sí, sin duda.

Sócrates

No se puede aplicar aquí el proverbio: una jabalina [291] comprendería esto; y la jabalina no es valiente.

Nicias

No, seguramente.

Sócrates

De aquí se infiere, Nicias, que estás persuadido de que la jabalina de Acromion{5} no ha sido valiente. No lo digo de burlas, sino muy de veras; es de necesidad que el que habla como tú no admita ningún género de valor en las bestias, o que conceda inteligencia a los leones, a los leopardos, a los jabalís, para que sepan muchas cosas que la mayor parte de los hombres ignoran, a causa de su mucha dificultad. también es preciso, que el que sostiene que el valor es lo que tú dices, sostenga igualmente que los leones, los toros, los zorros, están dotados de valor, tanto los unos como los otros.

Laques

¡Por todos los dioses, Sócrates, hablas perfectamente! Dime en verdad, Nicias, si crees que las bestias, que de común consentimiento pasan por valientes, son más hábiles que nosotros, ¿o te atreves a ir contra el común sentir y sostener que no son valientes?

Nicias

Te digo, en una palabra, Laques, que no llamo valiente, ni a bestia, ni a hombre, ni a nadie que por ignorancia no teme las cosas temibles; yo le llamo temerario y estúpido. ¡Ah! ¿piensas que llamo yo valientes a los niños, que por ignorancia no temen ningún peligro? a mi entender, no tener miedo y ser valiente son dos cosas muy diferentes; nada hay más raro que el valor acompañado de la prudencia, y nada más común que el atrevimiento, que la audacia, que la intrepidez acompañadas de imprudencia; porque este es el lote de la mayor parte de los [292] hombres, de las mujeres y de los niños; en una palabra, los que tú llamas, con todo el mundo, valientes , yo los llamo temerarios, y no doy el nombre de valientes más que a los que son valientes e ilustrados, que son los únicos de que quiero hablar.

Laques

Mira, Sócrates, cómo Nicias se inciensa a sí mismo, mientras que a todos aquellos, que pasan por valientes, intenta privarles de este mérito.

Nicias

No es esa mi intención, Laques, tranquilízate; por el contrario, reconozco que tú y Lamaco{6} sois prudentes y sabios, puesto que sois valientes. Lo mismo digo de muchos de nuestros atenienses.

Laques

Si bien tengo materia para responderte, no lo hago por temor de que me acuses de ser un verdadero Exonio{7}.

Sócrates

¡Ah! No digas eso, te lo suplico, Laques; se ve claramente que no te has apercibido de que Nicias ha aprendido estas bellas cosas de nuestro amigo Damon, y que Damon es el íntimo de Prodico, el más hábil de todos los sofistas para esta especie de distinciones.

Laques

¡Oh! Sócrates, sienta bien en un sofista hacer vana ostentación de sus sutilezas, pero no en un hombre como Nicias, que los atenienses han escogido para ponerle a la cabeza de la república.

Sócrates

Mi querido Laques, sienta bien en un hombre, a quien se le han encomendado tan graves negocios de gobierno, el trabajar para hacerse más hábil que los demás. He ahí [293] por lo que me parece que Nicias merece algún miramiento, y que, por lo menos, es preciso examinar las razones que tiene para definir el valor como lo hace.

Laques

Examínalas, pues, cuanto te plazca, Sócrates.

Sócrates

Es lo que voy a hacer; pero no pienses que te voy a echar fuera; tendrás una parte en mi discurso. Fija bien tu atención, y ten en cuenta lo que voy a decir.

Laques

Sea así, puesto que lo quieres.

Sócrates

Bien; Nicias, dime, te lo suplico, tomando la cuestión en su origen, si no es cierto que desde luego hemos mirado el valor como una parte de la virtud.

Nicias

Es cierto.

Sócrates

Conforme a tu respuesta, si el valor no es más que una parte de la virtud, ¿no hay otras partes, que reunidas con aquella constituyen lo que denominamos virtud?

Nicias

¿Cómo puede ser de otra manera?

Sócrates

En este punto piensas como yo; porque además del valor, reconozco también otras partes de la virtud, como la templanza la justicia y muchas otras. ¿No las reconoces tú igualmente?

Nicias

Sin duda.

Sócrates

Bueno. Henos aquí de acuerdo ya sobre este punto. Pasemos a las cosas que son temibles y a las que no lo son; examinémoslas bien, no sea que tú las entiendas de una manera y nosotros de otra. Vamos a decirte lo que [294] pensamos. Si no convienes en ello, nos dirás tu opinión. Creemos que las cosas temibles son las que inspiran miedo, y no temibles las que no le inspiran. El miedo no lo causan, ni las cosas sucedidas ya, ni las que en el acto suceden, sino las que se esperan; porque el miedo no es más que la idea de un mal inminente. ¿No lo crees así? Laques.

Laques

Sí.

Sócrates

He aquí nuestro dictamen, Nicias. Por cosas temibles entendemos los males del porvenir, y por cosas no temibles entendemos las cosas del porvenir, pero que, o parecen buenas, o, por lo menos, no parecen malas. ¿Admites nuestra definición o no la admites?

Nicias

La admito seguramente.

Sócrates

¿Y la ciencia de estas cosas es lo que tú llamas valor?

Nicias

Es eso mismo.

Sócrates

Pasemos a un tercer punto, para ver si nos ponemos de acuerdo.

Nicias

¿Qué punto es?

Sócrates

Vas a verlo. Decimos Laques y yo que en todas las cosas la ciencia tiene un carácter universal y absoluto; no es una para las cosas pasadas, y otra para las cosas del porvenir, porque la ciencia siempre es la misma. Por ejemplo, en lo que mira a la salud, siempre es la misma ciencia de la medicina la que juzga de ella, y la que ve lo que ha sido, lo que es y lo que será sano o enfermo. La agricultura asimismo juzga de lo que ha [295] venido, de lo que viene y de lo que vendrá sobre la tierra. En la guerra, ya lo sabes, la ciencia del general se extiende a todo, a lo pasado, a lo presente y a lo porvenir; ninguna necesidad tiene del arte de la adivinación y antes, por el contrario, manda en el adivino, como quien sabe mucho mejor que éste lo que sucede y lo que debe suceder. ¿No es formal la ley misma? Pues la ley dispone, no que el adivino mande al general, sino que el general mande al adivino. ¿No es esto lo que sostenemos? Laques.

Laques

Seguramente, Sócrates.

Sócrates

¿Y tú, Nicias, concedes como nosotros que la ciencia, siendo siempre la misma, juzga igualmente de lo pasado, de lo presente y de lo porvenir?

Nicias

Sí, lo digo como tú, Sócrates, porque me parece que no puede ser de otra manera.

Sócrates

Dices, muy excelente Nicias, que el valor es la ciencia de las cosas temibles y de las que no lo son. ¿No es esto lo que dices?

Nicias

Sí.

Sócrates

¿No estamos también de acuerdo en que estas cosas temibles son males del porvenir, así como son bienes del porvenir las cosas que no son temibles?

Nicias

Sí, Sócrates, estamos de acuerdo.

Sócrates

¿Y en que esta ciencia no se extiende sólo al porvenir, sino también a lo presente y a lo pasado?

Nicias

Convengo en ello. [296]

Sócrates

No es cierto, entonces, que el valor sea sólo la ciencia de las cosas temibles y no temibles, porque no conoce sólo bienes y males del porvenir, sino que se extiende tanto como las demás ciencias, y juzga igualmente de los males y de los bienes presentes, de los males y de los bienes pasados.

Nicias

Así parece.

Sócrates

Tú sólo nos has definido la tercera parte del valor, y quisiéramos conocer la naturaleza del valor todo entero. Ahora me parece, según tus principios, que la ciencia es, no sólo la de las cosas temibles, sino también la de todos los bienes y todos los males en general. ¿Habrás cambiado de opinión, Nicias, o es esto mismo lo que quieres decir?

Nicias

Me parece, que el valor tiene toda la extensión que tú dices.

Sócrates

Sentado esto, ¿piensas que un hombre valiente esté privado de una parte de la virtud, poseyendo la ciencia de todos los bienes y de todos los males pasados, presentes y futuros? ¿Crees que semejante hombre tendrá necesidad de la templanza, de la justicia y de la santidad, cuando puede precaverse prudentemente contra todos los males que le puedan venir de parte de los hombres y de los dioses, y proporcionarse todos los bienes a que pueda aspirar, puesto que sabe cómo debe conducirse en cada lance que ocurra?

Nicias

Lo que dice Sócrates me parece verdadero.

Sócrates

¿El valor no es una parte de la virtud, sino que es la virtud entera? [297]

Nicias

Así me lo parece.

Sócrates

Sin embargo, nosotros habíamos dicho que el valor no era más que una parte.

Nicias

En efecto, así lo dijimos.

Sócrates

Y lo que entonces dijimos ¿no nos parece ahora verdadero?

Nicias

Lo confieso.

Sócrates

Por consiguiente, aún no hemos averiguado lo que es el valor.

Nicias

Estoy conforme.

Laques

Creía, mi querido Nicias, que tú lo indagarías mejor que cualquiera otro, al ver el desprecio que me habías manifestado, cuando yo respondía a Sócrates; y había concebido grandes esperanzas de que, con el socorro de la sabiduría de Damon, lo hubieras conseguido.

Nicias

Vaya, Laques, que vamos perfectamente. No te importa nada aparecer muy ignorante sobre lo que es el valor, con tal de que haya aparecido yo tan ignorante como tú; sólo esto has tenido en cuenta, sin calcular si es conveniente que ignoremos cosas que debe conocer todo hombre de buen sentido. Así son todos los hombres; no se miran a sí mismos, y sólo fijan sus miradas en los demás. En cuanto a mí creo haber respondido medianamente. Si me he engañado en algo, no pretendo ser infalible, y me corregiré instruyéndome, sea con Damon, de quien parece te burlas sin conocerle, sea con otros; y cuando me [298] considere bien instruido, te comunicaré parte de mi ciencia; porque no soy envidioso, y me parece que tú tienes una gran necesidad de instrucción.

Laques

Y tú, Nicias, si hemos de creerte, eres un gran sabio. Sin embargo, con toda esta magnífica opinión de ti mismo, yo aconsejo a Lisímaco y a Melesías que no nos consulten más sobre la educación de sus hijos, y si me creen, como ya lo dije, que se entiendan para esto únicamente con Sócrates, porque por lo que a mí hace, si mis hijos estuvieran en edad, este es el partido que tomaría.

Nicias

¡Ah! En este punto estoy de acuerdo contigo. Si Sócrates se toma el cuidado de nuestros hijos, no hay necesidad de buscar otro, y estoy dispuesto a entregarle mi hijo Nicerate, si tiene la bondad de encargarse de él. Pero todos los días cuando le hablo de esto, me remite a otros maestros, y me rehúsa sus cuidados. Mira, Lisímaco, si tú tienes más influencia sobre él.

Lisímaco

Muy justo sería, porque por mi parte estoy dispuesto a hacer por Sócrates lo que por nadie haría. ¿Qué dices a esto, Sócrates? ¿te dejarás ablandar y querrás encargarte de estos jóvenes para hacerlos mejores?

Sócrates

Sería preciso ser bien despegado para no querer contribuir a hacer a estos jóvenes tan buenos cuanto puedan serlo. Si en la conversación que acabamos de tener hubiera aparecido yo muy hábil y los demás ignorantes, tendríais razón para escogerme con preferencia a cualquier otro, pero ya veis que todos nos hemos visto en el mismo embarazo. Y así ¿por qué preferirme? Me parece que ninguno de nosotros merece la preferencia. Siendo esto así, ved si os parece bien este consejo: soy de dictamen, (estamos solos y somos leales los unos para los otros) que [299] todos busquemos el mejor maestro, primero, para nosotros y, después, para estos jóvenes, sin ahorrar gasto ni sacrificio alguno; porque jamás aconsejaré el permanecer en la situación en que nos hallamos, y si alguno se burla de nosotros porque a nuestra edad vamos a la escuela, nos defenderemos, poniendo de frente la autoridad de Homero, que dice en cierto pasaje: el pudor no sienta bien al indigente{8}; y burlándonos de lo que pueda decirse, procuraremos mirar a la vez por nosotros mismos y por estos jóvenes.

Lisímaco

Ese consejo, Sócrates, me agrada en extremo, y con respecto a mí, cuanto más viejo soy, tanto más empeño tengo en instruirme al mismo tiempo que mis hijos. Haz, pues, lo que dices; ven mañana a mi casa desde la madrugada, y no faltes, te lo suplico, a fin de que acordemos los medios de ejecutar lo que hemos resuelto. Ahora ya es tiempo de que concluya esta conversación.

Sócrates

No faltaré, Lisímaco; iré mañana a tu casa temprano, si Dios quiere.

———

{1} Soldados mercenarios, hijos perdidos de los ejércitos.

{2} Vaso de barro cristalizado, muy difícil de amoldar.

{3} Los griegos tenían cuatro clases de tonos: el lidio, lúgubre, propio para las lamentaciones; el frigio, vehemente y propio para excitar las pasiones; el jónico afeminado y disoluto; y el dórico, varonil, y por esto Sócrates prefiere éste a los demás. En el tercer libro de la República Platón condena absolutamente el lidio y el jónico.

{4} Iliada, l. 8, v. 107.

{5} Acromion, país célebre por los estragos que causaba allí la jabalina madre del jabalí de Colidon, que mató Teseo.

{6} General ateniense.

{7} Los Exonios, desacreditados por su maledicencia.

{8} Odisea, l. 11, v. 347.


{Obras completas de Platón, por Patricio de Azcárate,
tomo primero, Madrid 1871, páginas 259-299.}

puerta al infierno

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