Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


miércoles, 21 de febrero de 2018

124).-La Biblia del Rey Jacobo.-a


  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda ; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas ; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; 

(King James Version) es uno de los libros más leídos e influyentes de la historia de la literatura inglesa. Publicada por primera vez en 1611, su impacto en escritores tan famosos como Herman Melville, John Milton, John Dryden, William Wordsworth y otros muchos fue enorme. La obra, también conocida como la “versión autorizada”, tuvo una fuerte influencia en el léxico y la sintaxis de épocas posteriores.

Más de 40 eruditos participaron en esta biblia, una de las primeras que se hizo al ingles. Tomaron el Textus Receptus, el texto en griego del Antiguo Testamento editado por Erasmo de Rotterdam e impreso por primera vez e 1516, e iniciaron un “misterioso” proceso de traducción en el que aún se pueden encontrar “muchas fuentes desconocidas y no identificadas”, según señala Nicholas Hardy, profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Birmingham.

Más de 40 eruditos participaron en esta biblia, la primera que se hizo al ingles

Hasta ahora, los investigadores que se habían interesado por la ‘construcción’ de esta obra se basaban en cuatro fuentes escritas: la copia de una traducción previa en inglés, partes de la cual aparentemente fueron revisadas por algunos de los traductores; un borrador anónimo de un trozo del Nuevo Testamento; un conjunto de escritos sobre algunos de los libros apócrifos del traductor Samuel Ward; y notas sobre el Nuevo Testamento de otro traductor, John Bois.

Desde 1970, nadie había aportado más luz sobre este asunto. Pero Nicholas Hardy afirma que ha descubierto tres nuevas pruebas que nadie había “catalogado con precisión”, explica en un artículo publicado en The Conversation. Y uno de los detalles más sorprendentes es que uno de los traductores fue un erudito francés que ni tan siquiera hablaba inglés.

La primera fuente que se halló era “una copia impresa del Antiguo Testamento” con anotaciones de John Bois
Pero empecemos por el principio. La primera fuente que halló el profesor era “una copia impresa del Antiguo Testamento que estaba en las Bibliotecas Bodleian en Oxford, anotada en gran medida por Bois, un lingüista de quien se dice que ya podía ‘escribir en hebreo con una letra elegante’ cuando tenía solo seis años”.
La subcolección a la que pertenece este libro había estado en Oxford durante siglos, pero nadie la había catalogado según los estándares modernos. La información disponible era tan básica “que no revelaba que el libro contenía anotaciones, y mucho menos que fueran de un conocido traductor bíblico. Es uno de los cientos de miles de libros antiguos impresos en todo el mundo que los eruditos todavía tienen que inspeccionar”, comenta Hardy.
Isaac Casaubon

Lo mismo ocurría con el segundo y tercer artículos que encontró: un conjunto de cartas manuscritas intercambiadas entre Bois y el célebre sabio francés Isaac Casaubon, que llegó a Inglaterra en 1610 a instancias de Jacobo I. “Estas cartas han estado en la Biblioteca Británica durante unos dos siglos, pero el catálogo no dice nada más que los nombres de los corresponsales”, dice.
En las Bibliotecas Bodleian también aparecieron una serie de notas que Casaubon hizo después de discutir varios problemas de traducción con otro especialista, Andrew Downes, profesor de griego en la Universidad de Cambridge.
En las Bibliotecas Bodleian aparecieron unas notas que Casaubon hizo después de hablar con Andrew Downes
“Un factor que vincula los tres descubrimientos y que puede sorprender es que todos estos textos fueron escritos en latín e apenas alguna aportación en inglés. La edición impresa del Antiguo Testamento anotada por Bois había sido publicada en Roma y Bois y Casaubon se mandaban cartas en latín. Las conversaciones de Casaubon con Downes también eran en latín porque Casaubon no podía hablar ni escribir en inglés”, relata Nicholas Hardy.

El latín era lo más parecido que Europa tenía a un lenguaje común en ese momento, especialmente entre las elites intelectuales. “Estos descubrimientos demuestran que, al igual que otras traducciones de la Biblia al inglés de este período, no eran producto de una cultura literaria nacional nueva e independiente. Se puede haber visto así en siglos posteriores, pero en su momento fue fruto de la constante cooperación e intercambio entre los académicos ingleses y continentales”, concluye.

El latín era lo más parecido que Europa tenía a un lenguaje común en ese momento

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