Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


martes, 14 de noviembre de 2017

113).-Los ritos litúrgicos latinos.


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garín; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 


Los ritos litúrgicos latinos.




Los ritos litúrgicos latinos usados en las áreas de la iglesia católica donde el latín fue el lenguaje dominante fueron durante muchos siglos no menos numerosos que los ritos litúrgicos de las iglesias orientales católicas. En la actualidad su número es mucho más reducido. Posteriormente al Concilio de Trento, en 1568 y 1570, el papa Pío V suprimió los breviarios y misales que no pudieron demostrar una antigüedad de por lo menos dos siglos.
 Muchos ritos locales que continuaban siendo legítimos incluso después de este decreto fueron voluntariamente abandonados, especialmente en el siglo XIX. La mayoría de las órdenes religiosas que aún mantenían un rito propio decidieron, en la segunda mitad del siglo XX, adoptar el rito romano reformado tal como se revisó de acuerdo con los decretos del Concilio Vaticano II. Unos pocos ritos litúrgicos latinos persisten hoy día para la celebración de la misa en forma revisada desde 1965-1970, pero los ritos litúrgicos específicos para celebrar los demás sacramentos han sido prácticamente abandonados.



Ritos litúrgicos actualmente en uso en la Iglesia católica de rito latino.




Rito romano

El rito romano es por mucho el más ampliamente usado. Como los demás ritos litúrgicos, se desarrolló con el tiempo, con las nuevas formas sustituyendo las antiguas. Pasó por muchos cambios en el primer milenio y medio de existencia (ahora llamadas "misas pretridentinas"). 
La forma establecida por Pío V siguiendo lo solicitado por el Concilio de Trento y establecida entre 1560 y 1570, continuó con mínimas variaciones en los siglos posteriores. Cada edición típica nueva (la edición a la cual las otras impresiones deben adaptarse) del misal romano (ver misa tridentina) y de los otros libros litúrgicos derogaba la anterior.
Fue en el siglo XX cuando hubo cambios más profundos. El papa Pío X modificó radicalmente el salterio del breviario y alteró las rúbricas de la misa. Los papas posteriores continuaron con los cambios, empezando con Pío XII, quien revisó las ceremonias de semana santa y ciertos aspectos del misal romano en 1955.

El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue seguido por una revisión general de los rituales de todos los sacramentos, incluyendo la eucaristía. Como antes, cada nueva edición típica de un libro litúrgico oficial derogaba la anterior. Así pues, el misal romano de 1970, que derogó la edición de 1962, fue derogado por la de 1975. La edición 2002, a su vez, deroga la edición de 1975 tanto en latín, como en las traducciones oficiales que aparece y en las lenguas vernáculas.
 La misa de Pablo VI es actualmente la forma ordinaria del Rito Romano, pero bajo los términos del motu proprio Summorum Pontificum del papa Benedicto XVI la forma de la misa tridentina en la edición 1962 del misal romano está autorizada como forma extraordinaria del mismo rito.

Uso de Zaire

El uso de Zaire o rito congoleño es una variación inculturada del la forma ordinaria del rito romano usada de forma muy limitada en algunos países africanos desde finales de la década de 1970.

Uso Anglicano

Este uso, durante la liturgia de la eucaristía, especialmente la oración eucarística, es muy parecido al rito romano, mientras que es muy diferente durante la liturgia de la palabra y el rito penitencial. El lenguaje utilizado, que difiere del usado por la traducción de la Comisión Internacional sobre el Inglés Litúrgico, más extendida, está basado en el Libro de Oración Común, escrito originalmente en el siglo XVI. La mayoría de las parroquias usan el Libro de Alabanza Divina, el cual es una adaptación del anterior.
El uso anglicano está permitido por una instrucción pastoral de 1980 y solo está permitido en unas cuantas parroquias de los Estados Unidos, las cuales abandonaron la iglesia episcopal. La misma Instrucción permite también la ordenación de antiguos ministros episcopalianos casados como sacerdotes católicos.



Ritos occidentales.



Rito ambrosiano

El rito ambrosiano es celebrado en la mayor parte de la arquidiócesis de Milán, Italia y en partes de algunas diócesis colindantes en Italia y Suiza. El idioma actualmente utilizado suele ser el italiano. Es similar al rito romano, con algunas variantes en los textos y una ligera diferencia en el orden de las lecturas.

Rito de Braga

El rito bracarense es usado, de forma opcional desde el 18 de noviembre de 1971 en la arquidiócesis de Braga al norte de Portugal

Rito mozárabe

La liturgia hispánica, también llamada rito mozárabe o visigótico, fue el prevalente a lo largo de España en tiempos de los visigodos, ahora es celebrado en contadas ocasiones, principalmente en la catedral de Toledo.

Rito cartujo

El rito cartujo está en uso bajo una versión revisada en 1981.​ Aparte de los nuevos elementos en esta revisión, es fundamentalmente el rito de Grenoble del Siglo XII con algunas añadiduras de varias fuentes. ​
Es actualmente el único rito de la Misa ordinario existente de una orden religiosa; pero por virtud del indulto Ecclesia Dei, alguno individuos o pequeños grupos están autorizados a usar algunos ritos hoy ya no usados.

La liturgia cartuja


Desde su llegada a la Cartuja, San Bruno y sus compañeros, como es el caso de muchas comunidades monásticas y religiosas, formaron una liturgia particular, en este caso tomando con toda probabilidad el rito cluniacense más antiguo (hay que recordar que en ese entonces, antes de la uniformidad litúrgica que siguió al Concilio de Trento, coexistían en la Iglesia Occidental una gran cantidad de ritos y usos locales, así como diversos ritos propios de las órdenes religiosas) y adaptándolo a su vocación eremítica y a la austeridad extrema de su modo de vida. Es así que el rito cartujo constituye el único testimonio todavía viviente de la Misa romana del siglo IX. 

El rito cartujo contaba al momento de la promulgación del Misal de San Pío V con la antigüedad necesaria para su preservación y, a lo largo de los siglos, los cartujos han tratado de conservar esta liturgia acomodada a su vida solitaria, sencilla y contemplativa, y no la abandonaron tras el Concilio Vaticano II, como sí lo hicieron la mayoría de las órdenes que contaban con un rito propio, muchas de las cuales comienzan a redescubrirlo recién luego del motu proprio Summorum Pontificum. Si bien el rito cartujo actualmente se celebra conforme a su versión revisada en 1981 (los textos litúrgicos vigentes están disponibles online en la página oficial de la orden, aquí), los cambios introducidos fueron en general de menor entidad y a grandes rasgos puede decirse que se conserva en lo esencial el Rito de Grenoble del siglo XII (un recuento detallado de los cambios, en inglés, se encuentra aquí; una exposición sobre el rito cartujo como era celebrado antes de las reforma litúrgica posconciliar puede leerse aquí, también en inglés). Con todo, cabe consignar que la instrucción Universae Ecclesiae (2011), relativa a la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum, ha hecho posible la celebración de todos los ritos propios de las órdenes religiosas conforme a la respectiva versión vigente en 1962 (núm. 34).
Es así que, a pesar de que la reforma litúrgica, emprendida luego del Concilio Vaticano II, ha reducido algunas peculiaridades, la Misa cartuja sigue conservando algunos caracteres propios. Entre otros pueden mencionarse el rito penitencial, el cual difiere bastante del empleado en el rito romano, al igual que el ofertorio. El sacerdote mantiene los brazos en cruz durante la recitación de la Plegaria eucarística y la Misa se termina sin bendición.

En comparación con la liturgia romana, el rito cartujo se caracteriza por su gran simplicidad y una sobriedad a nivel de formas exteriores. En la liturgia cartuja destacan los tiempos de silencio, así como la prohibición de todo instrumento musical, si bien la liturgia se acompaña por el canto cartujano, una variante del canto gregoriano preservada celosamente durante siglos de cambios e influencias exteriores, que se caracteriza por su mayor austeridad en comparación con el canto gregoriano que practican las comunidades benedictinas, siendo más lento, de tonos menos agudos, y menos melismático. 

La celebración del Sacrificio Eucarístico es el centro y la cima de la vida comunitaria. Si bien el rito cartujo en su versión revisada permite la concelebración, la Misa comunitaria no puede ser concelebrada más que en los domingos y en las grandes fiestas o con ocasión de grandes acontecimientos de la vida comunitaria y, de ordinario, no hay más que un celebrante en el altar. Además de la Misa comunitaria, los cartujos sacerdotes, de acuerdo con su vida eremítica, celebran la Misa en las solitarias capillas del claustro. 

La Misa conventual se canta a diario al rayar el alba de un modo extremadamente sencillo y recogido. Cuando en el coro los monjes comienzan el canto del Introito, el sacerdote sale de la sacristía y ora, profundamente inclinado, ante el altar. Saluda a la Comunidad con el Dominus vobiscum, una vez terminado el Introito; se dirige a la cátedra, situada en el lado derecho del presbiterio; recita el Confíteor junto con la Comunidad y escucha del canto del Kyrie y del Gloria. Estas melodías gregorianas son extremadamente sencillas y tan sólo los días solemnes varían un poco. El sacerdote canta la Colecta mientras los monjes permanecen profundamente inclinados sobre sus sillas del coro. La Epístola, leída desde el facistol por un monje instituido lector o, en su defecto, por el P. Procurador, la escuchan todos sentados y cubiertos con la capucha, incluso el sacerdote. Cuando el coro comienza el canto del Aleluya o del Tracto, el diácono, revestido simplemente con la cogulla eclesiástica, abandona su puesto en el coro y se acerca al sacerdote a quien pide la bendición, extendiendo ante él la estola. Todos escuchan de pie la lectura del Evangelio que, desde el lectorio del presbiterio, lee el diácono. Cuando da comienzo el canto del Ofertorio, el sacerdote sube al altar y el diácono le ofrece al mismo tiempo el pan y el vino, sosteniendo el cáliz, sobre el que va la patena con las formas, con el extremo de un gran paño que lleva colgado del hombro izquierdo.

Los domingos y días de solemnidad el sacerdote inciensa la oblata y, a continuación, entrega el incensario al diácono para que, a su vez, inciense en torno del altar. El diácono vuelve al coro y únicamente cuando su ayuda es imprescindible sube al presbiterio. El sacerdote canta la Oración sobre la oblata y el Prefacio, al que sigue el Sanctus, cantado lentamente por el coro.

La Plegaria eucarística transcurre en absoluto silencio (salvo, en la versión revisada del rito, en caso de concelebración); el sacerdote permanece casi todo el tiempo con los brazos en cruz y la Comunidad de pie o arrodillada, según la importancia litúrgica del día, y con la capucha calada hasta los ojos para favorecer el recogimiento, y la plegaria eucarística se dice en voz baja (en la versión revisada se añadieron como opcionales las plegarias eucarísticas nuevas del Misal de Pablo VI). Después de la consagración del vino, adoran al Señor Sacramentado, postrándose en tierra según costumbre antiquísima, hasta que el diácono da la señal para levantarse. El Pater noster es cantado juntamente por el sacerdote y la Comunidad. Toda la Comunidad, Padres y Hermanos, tienen facultad para comulgar en la Misa conventual bajo las dos especies, aunque hayan comulgado o vayan a comulgar en otra Misa.
Un rito particular en la liturgia cartuja es que todos los domingos, inmediatamente antes de la Misa conventual, el sacerdote bendice el agua con la que asperja primero en torno del altar y a continuación a los monjes que, en dos filas, se acercan a las gradas del presbiterio cantando una antífona penitencial. Se trata de un antiguo rito de mediados del siglo IX; antiguamente estuvo en uso en todos los monasterios y los cartujos lo conservan hasta el día de hoy.

Otro tiempo fuerte de la jornada de un monje cartujo es el oficio celebrado en la iglesia a media noche (Maitines y Laudes): durante dos o tres horas, según los días, alternan el canto de los salmos y lecturas de la Sagrada Escritura o Padres de la Iglesia, tiempos de silencio y preces de intercesión.
Hacia el fin de la jornada, los monjes se encuentran de nuevo en la iglesia para celebrar el oficio de Vísperas. Las demás partes se celebran por cada monje en su celda, excepto los domingos y ciertos días de fiesta, en los que se cantan en la iglesia. Los cartujos, además del oficio divino, recitan diariamente en la celda el oficio de la Virgen María y, una vez por semana, un oficio especial a intención de los difuntos.
Gracias a la liturgia, la Cartuja no es un grupo de solitarios aislados entre sí, sino que forman una verdadera comunidad monástica, de esta forma manifiestan el misterio de la Iglesia y dando un lugar al culto público que con su oración tributa a Dios.

El gran silencio

Los cartujos, a diferencia de otras comunidades monásticas, de ordinario no permiten visitantes, por lo que su forma de vida resulta desconocida para la mayor parte de la gente. 




Ritos occidentales católicos en desuso.



Rito africano

Este rito fue usado, antes de la conquista árabe del siglo VIII, en el norte de África, en particular en la provincia romana de África, la cual corresponde al actual Túnez, de la cual Cartago era su capital. Es muy similar al Rito romano, tanto así que las tradiciones litúrgicas occidentales han sido clasificadas como pertenecientes a dos corrientes, la tradición Norte Africana-Romana y la tradición Galicana (en el sentido amplio), comprendiendo ésta al resto del Imperio Romano de Occidente, incluyendo el norte de Italia.

Rito celta

El antiguo uso celta fue un compuesto de estructuras rituales no-romanas (posiblemente antioquenas) y textos no exentos de influencia romana, que era similar al rito mozárabe en muchos aspectos y habría sido usado por lo menos en algunas partes de Irlanda, Escocia, la parte norte de Inglaterra y tal vez incluso en Gales, Cornwall y Somerset, antes de haber sido ordenado su reemplazo por el rito romano en la Alta Edad Media.
 El calificativo "celta" es probablemente un término equivocado y puede deberle su origen a la re-evangelización de las Islas Británicas por parte de Agustín de Canterbury en el Siglo VI. Se sabe poco de él, a pesar de que sobreviven varios textos litúrgicos.

Rito galicano

El rito galicano es un término retrospectivo aplicado a la suma de las variantes locales, en líneas similares a los arriba designados (como el rito celta o el hispánico), los cuales cayeron en desuso en Francia a finales del primer milenio. No deben ser confundidos con los llamados libros litúrgicos Neo Galicanos publicados en varias diócesis francesas luego del Concilio de Trento, los cuales tienen muy poco o nada que ver con él.

Entre los ritos  occidentales diversos del romano, está el llamado «rito galicano». Fue propio de las iglesias de Francia desde el s.V al IX aproximadamente.

Origen. Aunque los comienzos de esta liturgia resulten todavía muy oscuros para los historiadores, parece lo más probable que «en la base existe un sustrato fundamental con la liturgia romana, derivado de ella y resto lejano del núcleo litúrgico primitivo» (M. Righetti, Historia de la Liturgia, I, Madrid 1955, 140). Pero muy variados factores determinan poco a poco su diferenciación. Por una parte, la situación política en que se encontraron aquellas poblaciones gálico-romanas durante la dominación de los francos , sin apenas contacto con la antigua metrópoli; y más tarde el empuje dado al cristianismo por los reyes cristianos de la dinastía merovingia, no exento de ciertos tintes nacionalistas.

 Por otra parte, en este s. v se fue acentuando la revolución cultural iniciada ya en el siglo anterior, con los continuos viajes, las peregrinaciones a Tierra Santa, el intercambio de obispos y monjes, occidentales unos, que permanecían por largo tiempo en Oriente admirando y aprendiendo entre otras cosas el esplendoroso culto de aquellas iglesias; orientales otros, que venían a establecerse en Occidente y trataban de incorporar a la liturgia occidental cuanto de bueno y edificante habían vivido en sus iglesias de Oriente.
De ahí, el hacerse paulatino de una liturgia autóctona, cuyas características pudieran ser, en consonancia con el genio de la raza, la ampulosidad de sus ritos, el vuelo lírico de sus fórmulas, la delicada expresión del sentimiento popular, tan distante ya de la sobriedad exquisita de la liturgia romana. De ahí también las claras influencias orientales que adornan el rito galicano, fenómeno perfectamente explicable en una época tan hondamente impresionable, con su lógico sentido de adaptación y de imitación.
Decadencia. Sin embargo, la liturgia galicana no duró mucho; llevaba dentro de sí aquellos elementos disgregadores que la arrastrarían a su disolución. Si el rito milanés ambrosiano  logró sobrevivir a la romanización del culto, se debió en buena parte a la autoridad y prestigio de la sede metropolitana, y a la veneración por el que creían entonces fundador de este rito, S. Ambrosio. Pero en la Galia merovingia reinó una amplísima libertad, que llevó la variedad ritual demasiado lejos, hasta convertirse en pura anarquía. Faltaba la autoridad de un Obispo y de una sede que centralizara de algún modo la ordenación de la liturgia, y ni los esfuerzos realizados por los concilios provinciales de la época en pro de una mayor unidad consiguieron su intento.
Semejante inestabilidad y desconcierto no hizo sino acelerar el trance de decadencia. A su vez, los Romanos Pontífices no cejaron en su empeño de una mayor unidad litúrgica en torno al rito romano. Así, S. Bonifacio, aconsejado por el papa Zacarías, trabajó por desenraizar ciertas intromisiones galicanas en el rito romano de los países germánicos, lo cual no dejó de impresionar a los pueblos francos. 
Se aprecia ya una fuerte romanización en los libros litúrgicos galicanos que hoy conocemos: Missale Gallicanum vetus, Missale Gothicum, Missale Francorum. Todavía más significativa es la presencia del Sacramentario Gelasiano (s. VII), importantísimo libro litúrgico de la iglesia de Roma, escrito en Francia con no pocos usos galicanos ya. Tan implantado estaba en las diócesis galas, que fueron apareciendo a continuación diversas adaptaciones, como el Gelasiano de San Galo 348, el de Angulema, el de Gallone, etc.
El proceso de romanización coronó su última etapa durante el reinado carolingio. El esplendor de la liturgia y canto de la iglesia de Roma, desplegado en París por el papa Esteban cuando vino a la coronación de Pipino el Breve (a. 754), entusiasmó a los francos. El mismo Pipino comenzó introduciendo el canto gregoriano  en la liturgia galicana, según testimonio de su hijo Carlomagno, para terminar incorporando el Sacramentario Gregoriano, con la ayuda de su tío, el obispo de Metz. 
Finalmente, Carlomagno consumó la obra de su padre con facilidad, hasta el punto de que, pocos años después de su muerte, solamente quedaban algunos misales galicanos arrinconados en los archivos y en estado calamitoso.

La Misa galicana. Mientras el celebrante y clero hacen su ingreso, se entona una antífona con salmo, similar al canto de entrada romano. El celebrante saluda al pueblo con «El Señor esté siempre con vosotros» y se canta el Trisagio en griego y latín, al que sigue el canto de la Prophetia o del Benedictus. Termina este rito de entrada con la collectio post prophetiam, precedida de una invitación a la plegaria de los fieles o praefatio.

Tres son las lecturas de la Misa galicana: la primera, tomada del A. T.; la segunda, del Apóstol (Hechos y Epístolas), seguida del Cántico de los tres jóvenes; la lectura evangélica va precedida de una solemne procesión y seguida del Trisagio, nuevamente. El celebrante hace luego la explicación homilética de los textos leídos.
Termina esta liturgia de la Palabra con unas preces litánicas, que dirige el diácono, de marcado sello oriental. En el Misal de Stowe se conserva un formulario de estas preces:
«Digamos todos de corazón: Señor, escúchanos y ten misericordia de nosotros...»; con la collectio post precem, el celebrante cierra esta oración.
La liturgia del sacrificio se abre con la procesión solemne de ofrendas: se llevaba al altar el pan encerrado en una caja en forma de torre y el vino en el cáliz, cubierto todo con velos, mientras el pueblo cantaba el sonus, canto procesional de ofertorio, análogo al bizantino Himno de los Querubines. Depositadas las ofrendas sobre el altar, se cantan las Laudes o triple Aleluya, se leen los dípticos con los nombres de vivos y difuntos que se conmemoran, juntamente con la memoria de los santos, y el celebrante recita la collectio post nomina. El rito termina con el beso de paz, a la vez que se recita la collectio post pacem.

La oración eucarística se inicia con la contestatio o immolatio correspondiente al prefacio romano, y de fórmula más extensa. Canta el pueblo el Sanctus, y sigue una breve oración de transición Post Sanctus, que conecta con la consagración. Después de la consagración tiene gran relieve la oración llamada Post pridie, dado su carácter de anámnesis  y epiclesis conjuntamente. En el rito de la fracción del pan, las partículas se ponen en forma de cruz y se entona un canto llamado Confractorium. 
El Pater noster es recitado por celebrante y pueblo, a la manera oriental. Precede a la comunión una bendición del obispo a los fieles, para que se acerquen justificados al cáliz de bendición; a los sacerdotes se les permite dar la bendición también, pero con fórmula más breve; era un rito entrañable para el pueblo, que continuó usándose en las diócesis galas, aun después de abolido el rito galicano. 
La comunión se recibía en el altar; los hombres, sobre la palma de la mano descubierta; las mujeres, en la mano cubierta con un pañuelo; se comulga también del cáliz del Señor. Mientras tanto, se canta la antífona fija Trecanum. Sigue la oración poscomunión. Y termina la Misa con estas palabras: Missa acta est. In pace!



Los ortodoxos rusos y el Fuego Sagrado de Jerusalén en tiempos de guerra.





Tras las celebraciones de la Semana Santa de las Iglesias de rito latino, el sábado 11 tendrá lugar el encendido de la llama pascual que, desde el Santo Sepulcro, las Iglesias ortodoxas difunden por todo el mundo. 
Existe tensión por las restricciones impuestas a los lugares de culto por el Gobierno israelí. Un asunto que se sigue con tonos apocalípticos también en Moscú, donde en los últimos años este rito se ha convertido en fundamental para afirmar su primacía.

por Vladimir Rozanskij
Russia
7 de abril de 2026

Moscú (AsiaNews) - El cierre del Santo Sepulcro, como medida de seguridad en el contexto del conflicto de Oriente Medio, ha suscitado en los últimos días numerosas protestas por parte de los católicos y está provocando nerviosismo entre los ortodoxos, sobre todo entre los rusos, que temen por la ceremonia del encendido del Fuego Santo en el principal santuario de la fe cristiana, prevista para el sábado 11 de abril, víspera de la Pascua ortodoxa. Hay incluso quienes lo interpretan como una señal de la llegada del Anticristo y el comienzo del fin del mundo.
El 29 de marzo, la policía israelí impidió al cardenal Pierbattista Pizzaballa celebrar la liturgia del Domingo de Ramos, aunque fuera de forma privada, y era la primera vez que esto ocurría desde la época de las Cruzadas en el siglo XII, cuando se confió a los franciscanos la Custodia de Tierra Santa. El incidente diplomático se resolvió con las disculpas del propio Benjamin Netanyahu, quien garantizó el acceso para liturgias sin público, que se seguirían a distancia, como de hecho se pudo hacer en la Vigilia Pascual. No obstante, algunos peregrinos se enfrentaron a las fuerzas del orden, llegando incluso a las manos.

La iglesia del Santo Sepulcro, en la que todas las confesiones cristianas tienen su propio altar, fue cerrada a todo el mundo el 28 de febrero, al inicio de la operación militar israelo-estadounidense contra Irán, y lo mismo ocurrió con los demás santuarios principales, incluidos el Muro de las Lamentaciones de los judíos y la mezquita de Al-Aqsa de los musulmanes (donde no se permitió ninguna oración). El propio patriarca ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, durante todo el mes de marzo sólo celebró misas en su casa o fuera de Jerusalén.

En los últimos 30 años, los rusos han exaltado mucho el culto al Fuego Santo: con expresiones de propaganda religiosa y política, que ven en el encendido del Sábado Santo un momento de revelación de la «verdadera fe». Se trata de una devoción ajena al mundo católico, salvo por la participación de las asociaciones de Scouts, que desde el Santo Sepulcro suelen difundir la llama pascual por todo el mundo. 
La variante rusa tiene una dimensión particularmente mística, ya que se cree que el milagro del encendido espontáneo «desde el cielo» en la vigilia de la Pascua ortodoxa, según el calendario juliano, es una demostración de la superioridad de la fe ortodoxa sobre todas las demás confesiones cristianas. Esta creencia adquiere connotaciones apocalípticas, basándose en textos de dudosa autoría que se remontan al siglo X, en la época del bautismo de la Rus’ de Kiev, cuando Jerusalén estaba bajo el control del califato islámico.

El canal de televisión ruso NTV tiene la exclusiva para la retransmisión del «descenso del Fuego», con el apoyo del Patriarcado de Jerusalén, que organiza la celebración según los horarios que convienen a la retransmisión rusa. El fondo ruso dedicado al apóstol San Andrés el Primoclito, dirigido por el consejero de Putin Vladimir Yakunin, tiene la tarea de llevar inmediatamente las lámparas de fuego por toda Rusia, comenzando por la entrega al patriarca de Moscú Kirill en la catedral del Santísimo Salvador, donde este año también se han dispuesto los antiguos iconos de la Madre de Dios Vladimirskaya y Donskaya, retirados de los museos.

En 2020, debido al coronavirus, solo se permitió el acceso al Santo Sepulcro al patriarca Teófilo, a algunos clérigos y a los operadores de televisión rusos, bajo la vigilancia de la policía. Ahora se prevé la posibilidad de repetir la celebración al menos con un contingente limitado, y la expectación se vuelve frenética en el contexto de la «guerra santa» que se libra desde hace unos años. Uno de los profetas del apocalipsis, el general checheno Apti Alaudinov, ya ha declarado que «en un 99 % el Anticristo ya está actuando en la tierra, y su nombre es Donald Trump».
 El jefe de la brigada chechena Akhmat es un musulmán que intenta superponer las revelaciones islámicas a las cristianas, y su declaración es compartida por muchos ortodoxos, sobre todo en las comunidades monásticas más radicales. La negación del Fuego Sagrado sería para los ortodoxos rusos el equivalente a la explosión de una bomba atómica, con consecuencias verdaderamente imprevisibles.

Planos de la urbe.

Ciudad antigua.

Cúpula de Roca.




La gastronomía de Jerusalén  



La gastronomía de Israel mezcla lo mejor de sus países vecinos dando lugar a una cocina llena de sabor, fusión y productos frescos, donde triunfan los platos vegetarianos.
La cocina árabe, las tradiciones judías y los ingredientes mediterráneos se dan la mano en la gastronomía de Jerusalén, una de las más variadas de Oriente Medio. Muchos de los platos típicos de Jerusalén y del resto del país se han inspirado en países vecinos, como Yemen o Irak, e incluso en España, gracias a las tradiciones sefardíes.
Los restaurantes de Jerusalén se caracterizan por la abundancia de platos vegetarianos: hummus, faláfel, sakshuka,

Platos típicos de Israel

Hummus con aceite y zumo de limón


Hummus: el plato más famoso de la gastronomía israelí ha traspasado fronteras en los últimos años y ha ganado adeptos a escala mundial. El hummus es el producto estrella de los restaurantes de Jerusalén y un condimento indispensable para casi todos los platos típicos de Israel. ¡No podéis marcharos sin probarlo!

Faláfel: otro de los platos típicos de Jerusalén es el faláfel, una especie de “albóndigas vegetarianas” hechas de garbanzos triturados con especias. El faláfel de Jerusalén se sirve acompañado de yogur o tahini y debe estar crujiente por fuera jugoso por dentro. ¡Una auténtica delicia!

Shawarma: es el kebab típico de Jerusalén. Las tiras de carne de pollo o ternera se sirven en pan de pita junto con lechuga, cebolla y tomate. Es uno de los platos más económicos que comer en la Jerusalén, sobre todo en el barrio árabe de la Ciudad Vieja.

Sakshuka: esta palabra en hebreo significa “todo junto” o “todo mezclado”. Este plato típico de la cocina de Israel lleva huevos escalfados en salsa de tomate acompañados con pimiento, cebolla, comino y pimentón. ¡Todo mezclado!

Mujaddara: otro de los mejores platos que comer en Jerusalén es esta ensalada de lentejas, uno de los platos vegetarianos más famosos de Israel. En los restaurantes de la ciudad se sirve acompañada con cebolla frita, arroz y aceite de oliva.

Burekas: el producto estrella de los puestos callejeros de Jerusalén son las burekas, empanadas fritas muy comunes en las gastronomías de los países que vivieron bajo la influencia del imperio otomano. 

Sabih: pan de pita a modo de sándwich relleno de berenjena, huevo cocido, tomate, aceitunas y hummus para acompañar. Es perfecto para un buen almuerzo o una comida rápida y lo venden tanto en restaurantes de Tel Aviv como en puestos de comida callejera.
Zaatar


Zaatar: otro de los productos estrella de los puestos de comida callejera de Jerualén es el zaatar, una masa fina de pan cubierta de semillas de sésamo.

Pan de pita: el pan de pita está presente en casi todos los platos de la gastronomía de Israel. Se trata del principal acompañante que os servirán en lo restaurates de Jerusalén y se come a cualquier hora del día. El pan de pita se puede comer solo, untarlo en hummus o usarlo a modo de sándwich.

Dátiles: uno de los postres más comunes de Israel, y uno de los souvenirs más famosos de Jersalén, son los dátiles secos o deshidratados. 

Halva: este dulce típico de Israel y de otros países de Oriente es una especie de turrón seco preparado con semillas de sésamo y especias.

Zumos: las callejuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén están llenas de puestos donde venden zumos naturales recién exprimidos. La fruta más demandada es la granda, símbolo de Israel. Son perfectos para refrescarse y combatir el caluroso tiempo de Jerusalén. 

Mejores zonas donde comer en Jerusalén

La variedad culinaria de Jerusalén está presente en cada una de sus calles, por lo que en una misma zona podéis encontrar restaurantes kosher, árabes, occidentales, etc. La Ciudad Vieja es la mejor zona donde comer de todo, desde burekas en los puestos callejeros, hummus en restaurantes judíos o shawarmas al estilo árabe.

Nuestra recomendación es que os perdáis por las callejuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén y vayáis comparando opciones. Las mejores zonas donde probar los platos típicos son los alrededores del Muro de las Lamentaciones y el barrio árabe. En este último encontraréis restaurantes abiertos incluso en shabat.
Si buscáis una experiencia todavía más auténtica, lo mejor es acercarse al Mercado Mahane Yehuda, lleno de puestos callejeros y clientes de lo más variopinto. Este mercado al aire libre ofrece la posibilidad de degustar desde productos frescos hasta los platos más gourmet.
La calle Ben Yehuda alberga la mayoría de cadenas de restaurantes occidentales, que conviven con restaurantes de comida kosher y árabe.


El Mercado Mahane Yehuda (en hebreo: שוק מחנה יהודה) a menudo referido como "El Shuk" (o "Majné", el apodo utilizado por los lugareños) es un mercado (originalmente al aire libre, pero ahora, al menos parcialmente cubierto) en la calle Jaffa de Jerusalén. Es popular entre los lugareños y turistas por igual, con más de 250 vendedores en el mercado que ofrcen frutas y verduras frescas; productos de panadería; pescados, carnes y quesos, frutos secos, semillas y especias, vinos y licores, prendas de vestir y calzado, y artículos para el hogar, textiles, y artículos judíos. En y alrededor del mercado hay locales donde sirven falafel y shawarma, bares de jugos, cafés y restaurantes. El color y el bullicio de los mercados se acentúa por los vendedores que llaman con sus precios a los transeúntes. Los jueves y viernes, el mercado está lleno de compradores abastecerse para Shabat.



SAM. – Short Film







Sam (2023) es un aclamado cortometraje dramático de 11 minutos dirigido por Jen Stafford y Ryan Thielen.
 Ambientado en el verano de 1994, narra la historia de Sam, una niña de 10 años de espíritu libre que acompaña a su hermano mayor y a sus amigos, experimentando el fin de la infancia y las limitaciones sociales de la adolescencia.






Soleia Clark                        Sam
Harrison Michael                Tommy
Emperor Kaioyus                Michael
Dylan Wright                       Tyler
Cora Wright                        Jennifer
Elizabeth Clark                   Mom
Trenton Clark                      Dad



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