Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


domingo, 4 de junio de 2017

90).-Pentecostés.


Pentecostés.



Pentecostés (del griego πεντηκοστή pentēkostḗ ‘quincuagésimo’) es el término con el que se define la fiesta cristiana del quincuagésimo día del Tiempo de Pascua. Se trata de una festividad que pone término a ese tiempo litúrgico y que configura la culminación solemne de la misma Pascua, su colofón y su coronamiento.
Durante Pentecostés se celebra la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. La liturgia incluye la secuencia medieval Veni, Sancte Spiritus.
En las Iglesias ortodoxas existen además la celebración de las «Tres Divinas Personas» o de la Santa Trinidad. Las Iglesias occidentales celebran para esta ocasión desde el siglo XIV su propia fiesta llamada «Trinitatis» —la fiesta de la Santísima Trinidad— una semana después del Pentecostés.
En las narraciones sobre Pentecostés de los Hechos de los Apóstoles, a​ se le adjudica al Espíritu Santo (en congruencia con el Antiguo Testamento) características milagrosas (carismas): él ofrece valentía y libertad, posibilita la comprensión (glosolalia), y fortifica una comunidad universal.


Darstellung von Pentecoste (altfranzösisch für Pfingsten) im Ingeborg-Psalter (um 1200)


Significado teológico del Pentecostés cristiano.

En el cristianismo, Pentecostés es el fruto de la obra realizada por Cristo, el resultado de sus merecimientos.[ En el Nuevo Testamento se dice a veces que fue el mismo Cristo simplemente quien envió al Paráclito, también traducido como Consolador, en referencia al Espíritu Santo. Otras veces que fue el Padre pero, bien a ruegos de Cristo, o bien en nombre de Cristo. En una ocasión se afirma que lo envió Cristo de parte del Padre. Según Cabodevilla, todas estas expresiones denotan lo mismo: la emisión del Espíritu por parte del Padre y del Hijo. 
El Apocalipsis lo puso de manifiesto en la siguiente frase: Un río de agua viva, resplandeciente como el cristal, saliendo del trono de Dios y del Cordero.
Según los escritos neotestamentarios, el Espíritu Santo es el «Espíritu de Cristo». Otras veces se lo llama el «Espíritu de Jesús» o «Espíritu de Jesucristo». También se lo llama «Espíritu del Señor», o «Espíritu de su Hijo».
Fue Simón Pedro el primero en explicitar el significado del acontecimiento de Pentecostés en su discurso pronunciado ese mismo día. Era el comienzo de la efusión del Espíritu Santo que Dios había prometido para la «plenitud de los tiempos». Esos últimos tiempos, de los que se hablaba en el Libro de Joel,en el Libro de Ezequiel, y, por último, en los Hechos de los Apóstoles, empezaron con la muerte y resurrección de Jesucristo, cuya señal fue la de hacer hablar a los apóstoles como verdaderos profetas mediante la efusión del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo en Jesús

En la iglesia parroquial de San Juan Bautista en Wuchzenhofen, Leutkirch (Alemania), existen dos medallones en la pared del fondo que representan dos momentos bíblicos en la acción del Espíritu Santo: la Anunciación y Pentecostés.
En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo aparece moviendo a Jesús durante toda su vida. Fue el Espíritu Santo quien cubrió el seno materno de María antes de que Jesús naciera. Más tarde, descendió de forma visible en el momento del bautismo de Jesús, y posteriormente lo condujo al desierto para devolverlo luego a Galilea.

El primer sermón de Cristo comienza así: «El Espíritu del Señor está sobre mí». De allí que el Espíritu Santo aparezca en la Biblia operando en la misma línea que Jesús. Ireneo de Lyon lo resumió en la siguiente frase: «El Padre se complace y ordena, el Hijo obra y forma, el Espíritu nutre e incrementa».
La frase de Jesús: «Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os enseñará toda la verdad» (Juan 16:13) no se refiere tanto a noticias nuevas cuanto a una mayor profundización de la doctrina dictada ya por el Maestro. La función magisterial del Espíritu Santo se reducirá a la mayor iluminación de lo ya revelado, a la manifestación de elementos parciales, al descubrimiento de nuevos aspectos en las verdades ya poseídas, a la deducción de consecuencias, al asesoramiento en la aplicación de ciertas verdades a determinados sucesos. [...] He aquí el oficio del Espíritu de Cristo: dar testimonio de Cristo.
José María Cabodevilla
Hasta la muerte de Jesús, el Espíritu Santo parecía estar circunscrito a los límites normales de su individualidad humana y de su radio de acción. Pero cuando murió, entregó su espíritu a Dios:

Jesús [...] dijo: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Juan 19, 30
Los escrituristas suelen interpretar que esa entrega se derrama de inmediato sobre la Iglesia, por lo cual en el Evangelio de Juan aparece Jesús dándoles el Espíritu Santo a sus discípulos en el mismo día de su resurrección:
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana [...] Jesús les dijo otra vez: «La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, yo también los envío a vosotros.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo.»
Juan 20, 19-22

El Espíritu Santo en la Iglesia.

En la Iglesia, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés no fue un hecho aislado, sino que la está santificando continuamente, también a cada alma a través de sus innumerables inspiraciones que, según san Francisco de Sales son:
(...) todos los atractivos, movimientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros, previniendo nuestro corazón con sus bendiciones, por su cuidado y amor paternal, a fin de despertarnos, movernos, empujarnos y atraernos a las santas virtudes, al amor celestial, a las buenas resoluciones; en una palabra, a todo cuanto nos encamina a la vida eterna.
Pentecostés es la confirmación de la promesa de Jesús: «Dentro de pocos días seréis bautizados en el Espíritu Santo». Esto pone de manifiesto varios aspectos, entre los que se destacan:

La unidad espiritual de todos los que recibieron el Espíritu de Jesús.

Un solo Cuerpo y un solo Espíritu [...]. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.
Efesios 4, 4-6
La constitución de una comunidad abierta a todos los pueblos. Esto se ve simbolizado por el llamado milagro de Pentecostés: todos oían hablar a los apóstoles en su propio idioma. Mientras que en la soberbia de la construcción de la torre de Babel terminaron por confundirse todas las lenguas, de forma que nadie podía comprender al otro a punto tal de quedar esa construcción inconclusa, Pentecostés se visualiza como la restauración de la unidad perdida en Babel.
Si alguien tiene el Espíritu de Jesús, realiza los mismos gestos de Jesús: anuncia la palabra de Jesús;[ repite la oración de Jesús; perpetúa en la fracción del pan la acción de gracias de Jesús; y vive unido con los demás creyentes, compartiendo con ellos.

Mariología

Una iconografía secular tanto en las Iglesias occidentales como en las orientales refleja la creencia de la presencia de la Santísima Virgen María en el día de Pentecostés y su papel central en la concesión divina del don del Espíritu Santo a los apóstoles. Hechos 1.14 confirma la presencia de la Madre de Jesús con los Doce en una comunión espiritual de oración diaria. Es la única referencia a la madre de Dios después de que Jesús la confiara a Juan el Apóstol durante la Crucifixión.
De acuerdo con esa tradición iconográfica, la encíclica latina Mystici Corporis Christi declaró oficialmente:

Fue ella quien, con sus poderosas oraciones, obtuvo que el espíritu de nuestro Divino Redentor, ya entregado en la Cruz, fuera concedido, acompañado de dones milagrosos, a la Iglesia recién fundada en Pentecostés; y finalmente, soportando con valentía y confianza la tremenda carga de sus dolores y desolación, ella, verdaderamente la Reina de los Mártires, más que todos los fieles, «completó lo que faltaba de los sufrimientos de Cristo... ...por su Cuerpo, que es la Iglesia»; y sigue teniendo por el Cuerpo Místico de Cristo, nacido del Corazón traspasado del Salvador, el mismo cuidado maternal y el mismo amor ardiente con que acunó y alimentó al Niño Jesús en el pesebre.
Las Iglesias católica y ortodoxa otorgan a la Madre de Dios una forma especial de veneración llamada «hiperdulia». Esto se corresponde con el poder especial de las oraciones intercesoras dedicadas a la Santísima Virgen María sobre las de todos los santos. Los papas han afirmado que María rezó a Dios y que su intercesión fue capaz de persuadir a Dios para que enviara al Espíritu Santo como un don permanente a los Doce y a sus sucesores, formando así la Iglesia Apostólica.

De manera similar, el papa Juan Pablo II, en la audiencia general celebrada en el Vaticano el 28 de mayo de 1997, afirmó:

Al repasar la vida de la Virgen María, el Concilio Vaticano II recuerda su presencia en la comunidad que esperaba Pentecostés. Pero, dado que Dios había decidido no manifestar solemnemente el misterio de la salvación del género humano antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los apóstoles, antes del día de Pentecostés, «perseverando unánimes en la oración, junto con las mujeres, María, la madre de Jesús, y sus hermanos» (Hch 1, 14), y vemos también a María implorando con sus oraciones el don del Espíritu, que ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación» (Lumen gentium, n. 59). La primera comunidad es el preludio del nacimiento de la Iglesia; la presencia de la Santísima Virgen contribuye a esbozar sus rasgos definitivos, fruto del don de Pentecostés. [...]
Al contemplar la poderosa intercesión de María mientras espera al Espíritu Santo, los cristianos de todas las épocas han recurrido con frecuencia a su intercesión en el largo y fatigoso camino hacia la salvación, para recibir con mayor abundancia los dones del Paráclito. [...]
En la Iglesia y para la Iglesia, consciente de la promesa de Jesús, ella espera Pentecostés e implora una multiplicidad de dones para todos, de acuerdo con la personalidad y la misión de cada uno.
Papa Juan Pablo II, «Audiencia general», 28 de mayo de 1997, Roma

La oración de intercesión mariana se remonta al día anterior a Pentecostés; aunque no se afirma explícitamente que ella estuviera con los apóstoles, se tiene en cuenta el hecho de que el arcángel Gabriel la llamó «llena de gracia» en la Anunciación.
La relación especial de María con el Espíritu Santo y su presencia en Pentecostés dieron lugar a que uno de sus títulos devocionales fuera «Madre de la Iglesia». En 2018, el papa Francisco designó el lunes después de Pentecostés de cada año como la fiesta de María, Madre de la Iglesia.


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