Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


lunes, 5 de junio de 2017

91).-Mujeres y la filosofía.-



Mujeres y la filosofía.-



                                                        Beatriz Galindo.




Beatriz Galindo, llamada la Latina (Salamanca, c. 1465-Madrid, 23 de noviembre de 1535), fue una escritora y humanista española, maestra de latín y gramática de la reina Isabel la Católica y preceptora de sus hijos.

Biografía

Natural de la ciudad de Salamanca, su fecha de nacimiento aún suscita algunas dudas: la mayoría de investigadores la sitúan en 1465, pero algunos en 1464.
Nació en el seno de una familia hidalga que había sido acaudalada, pero venida a menos. Era probablemente hermana de Gaspar de Gricio, que tuvo en la corte el cargo de secretario del príncipe Juan y que después lo fue de la reina Isabel. Parece que su baronía era Gricio, linaje hidalgo del reino de León, y que por algún costado provenía de los Galindos de la ciudad de Écija.
A causa de su inteligencia y afición a las letras, sus padres la eligieron entre las hijas del matrimonio para destinarla al claustro, y decidieron que tomase clases de gramática en una de las academias de la Universidad de Salamanca. Mostró grandes dotes para el latín: a los quince años de edad, no sólo leía y traducía bien los textos clásicos, sino que también era capaz de hablar y escribir en esta lengua con gran corrección y fluidez. Su fama se extendió primero por Salamanca y después por todo el reino y empezó a ser conocida como la Latina. También dominaba el griego, y gustaba especialmente de Aristóteles. En 1486, cuando se estaba preparando para ingresar en el convento como monja, fue llamada por la reina Isabel la Católica a la corte. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo describió a Beatriz Galindo como:

...muy grande gramática y honesta y virtuosa doncella hijadalgo; y la Reina Católica, informada d'esto y deseando aprender la lengua latina, envío por ella y enseñó a la Reina latín, y fue ella tal persona que ninguna mujer le fue tan acepta de cuantas Su Alteza tuvo para sí.

Su presencia en la Corte no se limitó únicamente a sus labores como preceptora, sino que, como narra Lucio Marineo Sículo, la reina tenía en muy alta estima sus consejos.
Casada en diciembre de 1491 con el capitán artillero y consejero de los Reyes Católicos Francisco Ramírez de Madrid, boda para la que los Reyes Católicos le dieron una dote de 500.000 maravedíes, tuvo dos hijos, Fernán y Nuflo. Enviudó en 1501, retirándose de la corte y asentando su residencia en Madrid, en el que hoy es el Palacio de Viana, que está muy remodelado.
Se le debe la fundación del hospital de la Latina (1499-1507) y de los conventos o monasterios de la Concepción Francisca y la Concepción Jerónima (donde fue enterrada), en Madrid. Se le atribuyen poesías latinas y unos Comentarios a Aristóteles. Escribía poesía en latín y había estudiado teología y medicina.
Beatriz Galindo​ forma parte de este grupo de mujeres educadas desde su infancia en las lenguas clásicas, latín y griego, y a las que se instruyó con todo el saber del humanismo, exceptuando la retórica, que se suponía propio de los varones ya que preparaba para la política y la guerra.​ Formaron parte de las cortes renacentistas peninsulares​ durante los siglos XV y primera mitad del siglo XVI y tuvieron como impulsoras principalmente a la reina Isabel la Católica y a Doña María de Portugal. Isabel iba a favorecer la creación de la Casa de la Reina, espacio de encuentro de estas mujeres eruditas. Los libros fueron bienes muy estimados.
Son una de las varias respuestas peninsulares junto a Isabel de Villena, Teresa de Cartagena y otras a la Querella de las mujeres. Christine de Pisan fue ampliamente conocida en el mundo humanista peninsular. Ejemplo de ello es que la reina Isabel tenía un ejemplar en francés de La ciudad de las damas en su biblioteca. La lengua generalmente usada en sus escritos es el latín.
En España la lista es larga y especialmente ilustre. La encabezan cinco reinas que fueron discípulas de Beatriz Galindo: la propia reina Isabel I y sus cuatro hijas: Juana, reina de Castilla; Catalina, reina de Inglaterra, e Isabel y María, reinas ambas de Portugal. También cabe citar a Luisa de Medrano, primera profesora de una universidad hispánica; a Francisca de Nebrija, hija de Antonio de Nebrija, que colaboró con su padre en la Gramática castellana y le sucedió en la cátedra de retórica; a María Pacheco, hija del conde de Tendilla y mujer del comunero Padilla; a Ana de Cervatón, señora de Chucena, dama de honor de la reina Germana de Foix; a Juana de Contreras, que como la anterior fue discípula y corresponsal de Lucio Marineo Sículo;​ y a otras muchas como Ángela de Carlet o Isabel de Vergara.7​ Todas fueron brillantes cultivadoras del género epistolar, pero no se conserva de ellas mucha obra escrita, salvo de Luisa Sigea.

Monumentos funerarios

La propia Beatriz Galindo encargó varios monumentos funerarios en memoria de su esposo y de ella misma, que fueron realizados al estilo renacentista plateresco, en el año 1531. Esos cenotafios, o sepulcros vacíos, fueron instalados en los dos monasterios que fundó: la Concepción Francisca y la Concepción Jerónima.

Retrato de Beatriz Galindo en su monumento funerario del año 1531. Este cenotafio se
conserva en la iglesia del cuarto Monasterio de la Concepción Jerónima, en Madrid.


Tras su muerte en 1535, fue enterrada en la iglesia del primer Monasterio de la Concepción Jerónima, pero no en ese sepulcro, sino bajo el altar del coro alto.​ En 1891 se trasladaron sus restos al nuevo convento de la calle de Lista, y de allí pasaron a la cripta de la iglesia del cuarto monasterio de la Concepción Jerónima, en El Goloso. Tanto sus restos como esos cenotafios han ido acompañando a la comunidad religiosa en sus sucesivas sedes.
En cambio, los otros cenotafios del antiguo convento de la Concepción Francisca, actualmente se encuentran en el Museo de San Isidro, o de los orígenes de Madrid. Estos sepulcros tienen motivos diferentes, aunque son del mismo estilo renacentista plateresco. Destaca la escultura yacente de Beatriz Galindo, en alabastro.

Reconocimientos

Madrid honra de varias maneras la memoria de esta ilustre vecina y benefactora de la villa: con el odónimo de la calle de Beatriz Galindo, en los jardines de Las Vistillas, y con los topónimos de dos divisiones del municipio, que aluden a ella por su apodo. El barrio de La Latina, en el casco antiguo, debe su nombre tradicional al antiguo hospital y convento fundados por Beatriz Galindo junto a la plaza de la Cebada. 
Y además, en 1971 el ayuntamiento dio el nombre de Latina, a uno de los distritos resultantes de dividir en tres el de Carabanchel, surgido en 1948 por la anexión de los municipios de Carabanchel Alto y Bajo. El distrito de Latina, —que no se ha de confundir con el barrio de igual nombre, ni le es aledaño— erigió en 1999 un monumento a Beatriz Galindo en la plaza de la Puerta del Ángel: una estatua colosal de bronce, obra del escultor José Luis Parés, que representa a la docta dama sentada ante su escritorio.
Diversos centros de enseñanza llevan su nombre en España; así, al terminar la guerra civil española, en 1940, fue fundado el Instituto de Enseñanza Secundaria Beatriz Galindo, en el Palacio Villapadierna de la calle de Goya, núm. 10 de Madrid.​ Otros centros de enseñanza se encuentran en Motril, Marbella, Alcalá de Henares (donde también tiene una calle), Bollullos de la Mitación, Salamanca, y en el barrio de Aluche de Madrid.
También se le otorga la realización de varios escritos de los cuales no se ha conservado ninguno. Estas obras serían poemas escritos y dos documentos: Notas y comentarios sobre Aristóteles y Anotaciones sobre escritos clásicos



                                    Elena Lucrezia Cornaro Piscopia
 



 (5 de junio de 1646 – 26 de julio de 1684) fue una filósofo veneciana que en el año 1678 se convirtió en la primera mujer en recibir un doctorado en filosofía de una universidad.

Primeros años

Elena Cornaro Piscopia nació en el Palazzo Loredan, en Venecia, República de Venecia, el 5 de junio de 1646. Fue la tercera hija de Giovanni Battista Cornaro-Piscopia y de Zanetta Boni, campesina pobre que en ese momento no era legalmente su esposa y con quien tuvo cuatro hijos más.1​ Giovanni Battista era procurador, un cargo muy alto en la república, lo que le permitía residir en la Plaza de San Marcos. Como hija ilegítima, según la ley veneciana estaba excluida de cualquier privilegio noble, aunque su padre la reconociera. Giovanni y Zanetta se casaron en 1654, pero la situación legal inferior de sus hijos no cambió, para irritación de Giovanni. En 1664, fue nombrado Procuratore di San Marco di Supra, el tesorero de San Marcos, un puesto codiciado y solo superado por el del propio Dux. Por ello, a pesar de su condición de ilegítima, Elena tuvo muchos pretendientes. La joven los rechazó a todos, pues había hecho un voto de castidad a los once años.
​ Al ver su aguda inteligencia, siguiendo el consejo de Giovanni Fabris, un sacerdote amigo de la familia, Elena comenzó a estudiar latín y griego bajo la tutela de distinguidos profesores, y pronto adquirió fluidez en ambos idiomas, a los siete años de edad. También aprendió hebreo, español, francés y árabe, lo que le valió el título de "Oraculum Septilingue". Años más tarde, estudió matemáticas, filosofía y teología. En 1665, tomó los hábitos de oblata benedictina, aunque sin convertirse en monja. En 1669, tradujo Colloquio di Cristo nostro Redentore all’anima devota, del monje cartujo Giovanni Laspergio, del español al italiano.
​ Fue invitada a formar parte de numerosas sociedades de eruditos cuando su fama comenzó a extenderse, y en 1670 fue elegida presidenta de la sociedad veneciana Accademia dei Pacifici.

Universidad y graduación

Siguiendo las recomendaciones de Carlo Rinaldini, su tutor de filosofía, Felice Rotondi solicitó a la Universidad de Padua que le otorgase a Cornaro el título de doctora en teología.1​ Cuando Gregorio Barbarigo, el obispo de Padua, recibió la noticia de que Elena estaba intentando obtener el doctorado en teología, se negó a otorgárselo, alegando que era mujer. Sin embargo, le permitió obtener el título de doctora en filosofía y, después de un curso brillante, obtuvo su título. El 25 de junio de 1678, Cornaro se graduó en la Catedral de Padua, ante la presencia de las autoridades de la universidad, los profesores de todas las facultades, los estudiantes y la mayoría de los senadores venecianos, junto con numerosos invitados de las universidades de Bolonia, Perugia, Roma y Nápoles.
 Elena habló durante una hora en latín clásico, explicando pasajes complejos seleccionados al azar de un libro de Aristóteles. Su público la escuchó con gran atención, y cuando terminó, el profesor Rinaldini procedió a otorgarle la insignia de doctora y el libro de filosofía, y le colocó la corona de laurel correspondiente en la cabeza, el anillo en su dedo y la muceta de armiño sobre sus hombros. Esta escena fue plasmada luego en la Ventana Cornaro, ubicada en el ala oeste de la Biblioteca Thompson Memorial del Vassar College.
Cornaro fue una de las primeras mujeres que recibió un título académico avanzado; otros ejemplos son Beatriz Galindo y Juliana Morell.​ Otras mujeres que recibieron doctorados en la era moderna fueron Sophie Kowalevski y la historiadora Stefania Wolicka, ambas alrededor del año 1875.
Elena fue miembro de varias academias y era bien considerada en toda Europa por sus logros y sus virtudes. Margaret Alic, en su libro Hypatia's Heritage, menciona que en 1678 ingresó a la Universidad de Padua como conferenciante en matemáticas.​ Dedicó los últimos siete años de su vida al estudio y la caridad. Falleció en Padua en 1684 de tuberculosis, y fue sepultada en la Basílica de Santa Justina. En la Universidad de Padua se erigió una estatua en su honor. Tras su muerte, se le realizaron servicios funerarios en Venecia, Padua, Siena y Roma. Sus escritos, publicados en Parma en 1688, constaron de discursos académicos, traducciones y tratados religiosos. 
En 1685, su alma máter creó una medalla en su honor. En 1895, la abadesa Mathilda Pynnsent, de las benedictinas inglesas de Roma, abrió la tumba de Elena, colocó sus restos en un nuevo ataúd y señalaron la tumba con una placa conmemorativa.



                                                Juliana Morell o Morella





Juliana Morell o Morella, (Barcelona, 16 de febrero de 1594 - Aviñón, 26 de junio de 1653), poetisa, humanista y monja dominica española de expresión francesa. En 1608 se doctoró en leyes.
Hija de descendientes de judíos conversos, perdió a su madre cuando contaba dos o tres años de edad. Superdotada, aprendió a leer y escribir a los cuatro años con suma facilidad con los frailes dominicos de Barcelona, quienes declararon que ya no podían enseñarle nada más. A los siete años sabía ya catalán, griego, latín y hebreo. A los doce dominaba al menos el árabe, el siriaco, el italiano, el francés y el español. A los diecisiete hablaba, leía y escribía en catorce idiomas. 
Su padre, Joan Antoni Morell, un conocido banquero y hombre culto, se vio implicado en un homicidio y huyó con ella, que por entonces contaba siete u ocho años, a Lyon, donde su hija se siguió educando añadiendo a sus saberes Filosofía, Matemáticas, Derecho civil y canónico, Astronomía, Física y Música.
En 1606 o 1607, cuando contaba doce o trece años, defendió unas tesis cum Logicas tum Morales dedicadas a Margarita de Austria, reina de España, y en 1608 recibió el grado de doctora summa cum laude ​ en Aviñón, adonde se había trasladado con su padre y que por entonces formaba parte de los Estados Pontificios; protegida por la Condesa de Comté y huyendo del matrimonio que le preparaba su padre, entró en el convento dominico de San Práxedes de Aviñón como novicia. 
Hizo los votos finales el 20 de junio de 1610. A los tres años ya era priora, y lo fue otras dos veces más; en ese convento pasó el resto de su vida hasta su muerte en 1656 y allí está enterrada. La alaban Lope de Vega en la segunda silva de su Laurel de Apolo y Benito Jerónimo Feijoo entre otros muchos. Se cuenta con una biografía de esta escritora, más bien una hagiografía, por parte de Gabriela de Vellay, escrita en 1662.

Obra


Morell Tradujo del latín al francés varias obras de San Vicente Ferrer comentándolas, en concreto la Vita Spiritualis (Lyon, 1617; París, 1619) con el título Traité de la vie spirituelle par S. Vincent Ferrier de l’Ordre de S. Dominique, traduit de Latin en Francez avec des remarques &annotations sur chaque chapitre; unos Exercices spirituales sur l’éternité, avec quelques autresméditations de divers sujets,& un petit exercice préparatoire pour la sante profession (Avignon, 1637); una traducción al francés de la Regla de San Agustín con varios comentarios y observaciones con el propósito de instruir (La regle de S. Agustín traduite en François, enrichie de diverses explications & remarques pour servir d’istruction, Avigon, 1680) que incluye como apéndice una biografía de la autora por parte de Marie de Beauchamp; una Histoire du retablissement & de la reforme de son monastere desante Praxede, avec les vies de quelques religieuses du dit monastere decedées de sontemps en opinión de vertu, manuscrita, y poemas en latín y francés conservados principalmente en forma manuscrita, así como también textos en prosa como la «Oración recitada ante Paulo V», que será impresa y fue probablemente su tesis doctoral leída en Aviñón ante el papa.

Reconocimientos.

Juliana Morell, juntamente con Teresa de Jesús y Ia reina Isabel II de España, son las tres únicas mujeres que aparecen citadas en el paraninfo de la Universidad de Barcelona.
Ha sido homenajeada en el callejero de ciudades como Tarrasa y Barcelona.

Juliana Morell, la vida de la catalana que se doctoró a los 14 años.

Con siete años ya hablaba griego, latín, hebreo y catalán, y podía leer y escribir en 14 idiomas distintos.

La primera mujer en conseguir un doctorado en todo el mundo, de la que se tiene constancia, es Juliana Morell. En 1608 y con tan solo 14 años, esta mujer nacida en Barcelona defendió su tesis en Dialéctica y Ética con la obra Oración recitada ante Pablo V en el palacio pontificio de Aviñón. Sus conocimientos le permitieron obtener el grado de doctora summa cum laude. No obstante, Morell ya había demostrado importantes dotes intelectuales: con apenas cuatro años, los monjes dominicos que la educaban aseguraron que “no podían enseñarle nada más”. Con siete años ya hablaba griego, latín, hebreo y catalán, y entre los 14 y los 17 (dependiendo de las fuentes) amplió la lista hasta poder leer y escribir en 14 idiomas distintos. Por todo ello se convirtió en una de las mujeres más importantes del humanismo.

Sin embargo, la vida de Juliana Morell no fue nada fácil. Siendo muy pequeña perdió a su madre y con siete u ocho años tuvo que huir a Francia, concretamente a Lyon, debido a la supuesta implicación de su padre en un homicidio. Fue allí donde comenzó su aprendizaje en materias como la filosofía, las matemáticas, la música, la física, el derecho civil y canónico y la astronomía. Su interés por el conocimiento le llevó a buscar a algunos de los mejores profesores de la universidad. Al poco tiempo de doctorarse, su padre concertó su matrimonio. Pero mediante la protección de la Condesa de Comté pudo entrar en el convento dominico de San Práxedes de Aviñón como novicia. El 20 de junio de 1610 hizo los votos finales y en 1613 se convirtió en priora.

En el convento pasó el resto de su vida formando a otras monjas hasta que murió en 1656. También tradujo al francés una gran parte de la obra de san Vicente Ferrer y la regla de San Agustín, además de escribir textos propios como poemas, una autobiografía y una historia sobre el propio convento. A pesar de sus logros, la profesora de Historia Rosa María Alabrús asegura en Entre el protestantismo y el catolicismo. Conversión y espiritualidad femenina: Juliana Morell que “publicó menos de lo que se podría pensar teniendo en cuenta sus portentosas capacidades intelectuales”.

La dominica fue considerada como “un milagro de su tiempo”, aunque su padre siempre se intentó apropiar de una parte de su éxito considerando que era el resultado de la formación que él le había proporcionado. La educación de las hijas no era vista como una forma de empoderamiento femenino sino como el medio para lograr una mejora cualitativa de las tareas domésticas que debían ser realizadas por ellas. A pesar de ser denostada por su progenitor, fue alabada por personajes masculinos como Lope de Vega, quien dijo de ella en el Laurel de Apoloque había hecho “cuatro las Gracias, y las Musas diez”, es decir, la definió como la cuarta Gracia y la décima Musa, ya que las Gracias eran tres y las Musas nueve. También la alabaron otras importantes personalidades como Marie de Merle de Beauchamps, Gabriela de Vellay o Benito Jerónimo Feijoo.

Gracias a sus aportaciones, Juliana Morell ha sido homenajeada en el callejero de ciudades como Terrassa y Barcelona.




Margaret Cavendish (1623 -1673), duquesa de Newcastle, fue una aristócrata inglesa, filósofa, poeta, científica, escritora de ficción y dramaturga. Escribió un gran número de obras, en las que deja constancia de su pensamiento liberal y lucha por el reconocimiento de la mujer.
Fue una pensadora epistemológicamente imposible de clasificar. Defendía una teoría que se encontraba entre el racionalismo y el empirismo, las dos corrientes más relevantes de la Edad Moderna.

Biografía

Margaret Cavendish nació como Margaret Lucas en 1623. Sus padres eran Thomas Lucas y Elizabeth Leighton Lucas. Mayor de ocho hermanos, nació en el seno de una familia aristocrática, adinerada y con alto estatus social.
Recibió una educación típica para las mujeres de la época—enfocada en el cuidado del hogar y los niños. Por lo tanto, a pesar de su interés temprano en el estudio, no pudo obtener ningún conocimiento en ciencia, filosofía, latín o griego. No obstante, debido a su estatus, pudo acceder a las grandes bibliotecas privadas de Inglaterra y superar su falta de enseñanza formal en dichos temas. Su hermano John, futuro padre fundador de la Royal Society, fue de gran ayuda en su educación informal puesto que era un estudioso de las ciencias y humanidades.
Tuvo que huir a Oxford con su hermana cuando tenía 17 años por el estallido de la guerra civil inglesa en 1642—mismo sitio donde se encontraban Carlos I y su corte en exilio. Fue dama de la reina Enriqueta María de Francia, acompañándola en su exilio a Francia debido a la derrota de las fuerzas realistas en 1644, viviendo cierto tiempo en la corte de Luis XIV. Alrededor de este tiempo se separa de su hermana por primera vez—un tema que se convertiría recurrente en su literatura. En París, conoció a su futuro esposo y se casó con 22 años en 1655, convirtiéndose en la segunda esposa de Sir William Cavendish, Barón de Ogle, Primer Marqués de Newcastle y posteriormente Primer duque de Newcastle (1592-1676), treinta y un años mayor que ella.

Durante su matrimonio, vivieron en Róterdam y en Amberes, y regresaron a Inglaterra con la llegada de la restauración. Mientras, Margaret Cavendish obtuvo una enseñanza informal de ciencia y filosofía tanto de su marido como del hermano de este, Sir Charles Cavendish.
Era conocida como “Mag Madge” debido a que era una dama bastante excéntrica, según sus contemporáneos, e incluso a veces también la llamaban “la loca Madge”.
En 1651, Margaret regresó a Inglaterra y durante este periodo escribió su primer libro. Se trata de una colección de poemas titulada Poemas y Fantasías. La publicación de este libro provocó gran número de críticas por parte de la alta sociedad inglesa de la época, que consideraba que una mujer de su clase debía dedicarse únicamente a sus labores; también por su ortografía, así como por su género narrativo, ya que era un estilo caracterizado por la ficción. Además, se le criticó su lenguaje coloquial, ya que tenía un conocimiento del inglés culto algo limitado.
La Restauración de 1660 trajo como premio a la fidelidad a Carlos II de Inglaterra por parte de su marido la conversión de su marquesado en ducado de Newcastle-upon-Tyne.
Interesada en todo tipo de ciencias, fue la primera mujer en ser recibida en la Royal Society de Londres, tras muchos años de desplantes y desprecios hacia su persona. De hecho, sus diversas colecciones particulares (principalmente, de telescopios) estaban mucho mejor provistas que las de la propia institución. Tras una obstinada insistencia, la duquesa consiguió asistir a una sesión de experimentos de Robert Boyle en la Royal Society en 1667.
Tampoco dudó en realizar declaraciones tales como "Las mujeres viven como murciélagos o búhos, trabajan como bestias y mueren como gusanos", a pesar de las críticas, de la presión social y de la política contemporáneas.
Retirada en las posesiones de su marido, en Welbeck Abbey (Nottinghamshire), Margaret Lucas-Cavendish falleció súbitamente el 15 de diciembre de 1673, con tan sólo 50 años y con 14 obras publicadas. Tal era su prestigio, que Carlos II dispuso que fuera sepultada con honores en la Abadía de Westminster (Londres), privilegio que se concedía a los personajes más relevantes del país.
El duque de Newcastle, viudo y aquejado de la enfermedad de Parkinson, moriría tres años después, en 1676, a la edad de 84 años.

Obra.

Margaret tuvo gran importancia literaria: fue una autora prolífica que publicó tanto poemas, obras de teatro o críticas literarias como obras sobre filosofía natural. A pesar de las numerosas críticas recibidas nunca abandonó sus ideales; por este motivo no dejó de escribir. Escribió veintidós obras durante su vida. Cabe destacar que Margaret Cavendish introdujo en su obra el diálogo, un recurso que utilizó para que los nuevos conocimientos que iban dirigidos, principalmente, a un público nuevo, calaran y fueran entendidos con claridad. El diálogo permitía seguir con más facilidad las nuevas ideas.
Participó en discusiones sobre la materia y el movimiento, la existencia del vacío, la percepción y el conocimiento. También en la formulación de las primeras teorías moleculares. Llegó a escribir diez libros de filosofía natural (lo que hoy se conoce como Física).
La obra de Cavendish, sin embargo, no se considera actualmente científica al presentar términos obsoletos, como las ideas atomistas de Cavendish, compartidas por la mayoría de sus contemporáneos.  
También se sabe que Margaret Cavendish insistió en poner su nombre y retrato en cada una de sus obras publicadas. Esto lo hacía para dejar constancia de que era una mujer y que era ella la que realizaba dicha obra.
A menudo se considera su obra The Blazing World como la primera novela de ciencia ficción,[6] pero no es cierto (la primera es la Historia verdadera de Luciano de Samósata, del siglo II d. C.). Fue una de las primeras obras firmadas por una mujer, no obstante las obras de Safo de Lesbos, Santa Teresa de Jesús o María de Zayas son solo algunos ejemplos de autoras anteriores a Cavendish.

Trabajos destacados

En 1653 realizó la obra Poems and Fancies. Esta obra es una recopilación de varios poemas, epístolas y algunas prosas. Destaca debido a que el principio del libro contiene varios poemas sobre los átomos y explica varios fenómenos naturales. Los otros poemas tienen la vida, la muerte, el amor, etc, como protagonistas.
En 1655 escribió Philosophical and Physical Opinions. En esta obra, Cavendish presentó la variedad que existe en la naturaleza y la posibilidad de conocer esa naturaleza.
De 1662 es Orations of Divers Sorts. Esta obra es una colección sobre todo aquello que tiene que ver con una sociedad ficticia que está al borde de una guerra civil. El discurso expone los pros y los contras de la paz y de la guerra como son la recaudación de impuestos, la libertad, los robos, etc. Por último, también indaga sobre la posición de la mujer en la sociedad y el porqué de la posición de sumisión que tiene ante el hombre..
En 1664 publicó Philosophical Letters. El trabajo presenta la filosofía natural de Cavendish y se relaciona con las ideas de Hobbes, Descartes, Henry More, J.B. Van Helmont y otros filósofos del siglo XVII como Robert Boyle y William Harvey. Por ejemplo, Cavendish analizó sus explicaciones mecánicas de la percepción, la luz y los colores, la opinión de que el movimiento puede transferirse y sus puntos de vista sobre las sustancias inmateriales. También discutió los límites del conocimiento humano. El trabajo a menudo se interpreta como una respuesta crítica a estos filósofos.
En 1666 apareció The Blazing World. En ella narra un viaje a un mundo oculto en el interior de la Tierra al que se accedía desde el Polo Norte.
The Life of William (1667) es una biografía de su esposo, William Cavendish, el primer duque de Newcastle. La biografía se hizo muy popular y se reimprimió varias veces.
En 1668 redactó Grounds of Natural Philosophy. Se trata de la tercera edición de Philosophical and Physical Opinions, Cavendish da su visión sobre la filosofía natural y sus implicaciones para una variedad de fenómenos naturales, como la percepción, la reproducción animal y humana, los apetitos y pasiones, los sueños humanos, la enfermedad, etc. También discute fenómenos naturales tales como fuego, mareas, viento, los movimientos de los planetas, etc. La obra incluye cinco apéndices sobre los temas de los espíritus inmateriales, la posibilidad de otros mundos, etc.



Anna Maria van Schurman (Colonia, 5 de noviembre de 1607-Wieuwerd, 26 de mayo de 1678) fue una pintora, grabadora, poeta, filósofa, teóloga y erudita germana-holandesa. Conocida en toda Europa por su educación, sobresalió en el arte, la música y la literatura y se convirtió en experta en 14 idiomas, incluyendo idiomas europeos contemporáneos, así como lenguas muertas y clásicas, tales como el latín, griego, hebreo, árabe, siríaco, arameo y amhárico. Defendió el derecho de la mujer a una educación completa sobre la base de argumentos filosóficos y religiosos.

Formación y carrera artística

Van Schurman nació en Colonia, hija de padres acomodados, Frederik de Schurman y Eva von Harff de Dreiborn. A los 4 años ya leía. A los seis años, en 1613 después de la muerte de su padre, se trasladó a Utrecht con su madre y dos tías. En la década de 1630 aprendió el arte del grabado con Magdalena van de Passe.
 En 1636 fue la primera mujer admitida a asistir a las conferencias de la Universidad de Utrecht. Las mujeres en ese momento tenían prohibido estudiar en una Universidad, y en las clases a las que asistía, tenía que mantenerse detrás de una cortina para que los estudiantes masculinos no pudieran verla. Mostró interés en la literatura y todo tipo de ciencias, pero sobre todo en la teología. Finalmente, se graduó en Derecho.
Anna Maria también desarrolló una amplia variedad de intereses artísticos. Produjo delicados grabados utilizando un cristal de diamante y se convirtió en experta en escultura, modelado en cera y la talla de madera y marfil. También pintó, especialmente retratos.

Pensamiento teológico y labadismo

En 1664 conoció a Jean de Labadie, un antiguo jesuita que se había convertido al pietismo y había fundado una secta religiosa contemplativa conocida como labadismo. Anna Maria acogió sus ideas y se convirtió en su principal ayudante. La secta se trasladó a Ámsterdam, pero no fue bien recibida allí y se trasladaron nuevamente a Altona (entonces en Dinamarca y ahora en Alemania), donde Labadie murió en 1674. Posteriormente el grupo se trasladó de nuevo a Wieuwerd en Frisia, donde Anna Maria falleció en 1678. El labadismo se extinguió totalmente 70 años más tarde, alrededor del año 1750.

Obras

Publicó ¿Es el estudio de las letras adecuado para una mujer cristiana? en neerlandés y fue traducido al francés en 1646 e inglés en 1659. También hay una versión latina (Num feminae Christianae convenit studium litterarum), que está incluida en la edición recopilada de 1648. En ella argumenta, utilizando la técnica escolástica del silogismo, que las mujeres deben ser educadas en todas las cuestiones pero no deben utilizar su educación en la actividad profesional o empleo y no se debe interferir en sus labores domésticas. Para su tiempo era una posición muy avanzada. En otra obra, Sobre la capacidad de la mente femenina para el aprendizaje (1640), afirma:
«Lo que llena la mente humana con deleite infrecuente y honesto es apropiado para la mujer»
Anna Maria van Schurman

Su último trabajo Eucleria (1673), fue escrita con la ayuda de Jean de Labadie. El título hace referencia a una frase del Evangelio de Lucas donde María de Betania es elogiada por su buena elección (que es el significado de la palabra griega con la que denominó su obra). En ella expone reflexiones teológicas y filosóficas. Sus obras completas, incluida la correspondencia en francés, latín, griego y hebreo, fueron publicadas por la casa de Elsevier en 1648 y editado por Friedrich Spanheim, otro discípulo de Labadie.




Isabel de Bohemia y del Palatinado, también citada en las fuentes como Isabel de Herford o Isabel de Hervorden (Heidelberg, 26 de diciembre de 1618-Herford, 11 de febrero de 1680), fue una aristócrata alemana (princesa palatina), notable filósofa y religiosa calvinista (abadesa de Herford). Se relacionó con importantes intelectuales de su época: Descartes, Cocceius, Labadie, Penn y Leibniz.

Biografía

Era la hija mayor de Federico V del Palatinado y de Isabel Estuardo, que fueron por breve tiempo reyes de Bohemia (1619-1620).
Tras la deposición de su padre (uno de los líderes del bando protestante en la guerra de los Treinta Años) como elector palatino (1623), pasó su infancia en Berlín con su abuela Luisa Juliana de Orange-Nassau, hija de Guillermo I de Orange-Nassau; que la introdujo en el pietismo. Con nueve o diez años fue enviada con sus hermanos y hermanas a Leiden, en los Países Bajos, donde estudió lenguas y literaturas antiguas y modernas, ganándose el mote de "la griega" por su dominio de ellas. Mostró un especial interés por la filosofía. Tras sus estudios, se reunió con sus padres en La Haya, donde habían establecido su corte en el exilio. Se planeó su matrimonio con el rey de Polonia Vladislao IV Vasa, pero ella rehusó casarse con un católico.

Relación con Descartes

Desde 1639 mantuvo correspondencia con Anna Maria van Schurman, una erudita que se había ganado el mote de "la Minerva holandesa". Poco después entró en contacto con Descartes, al que pidió que le diera clases de filosofía y moral. El filósofo le dedicó en 1644 Les Principes de la philosophie ("Los principios de la filosofía"),con un elogio que muestra la universalidad de los intereses intelectuales de Isabel:
Dispongo, además, de otra prueba particular, pues ninguna otra persona conocida por mí ha comprendido en general y tan adecuadamente cuanto hay en mis escritos; es más, algunas de las cuestiones tratadas son consideradas como muy oscuras por los espíritus más capacitados y más doctos. Además, me percato que casi todos lo que comprenden las cuestiones propias de la metafísica, y al contrario, quienes cultivan con facilidad éstas, no siguen con facilidad las propias de las matemáticas. Así pues, puedo decir que no he conocido a otra persona que siguiera con igual facilidad las unas y las otras y, por tal tazón estoy asistido de razón para estimar incomparable vuestra capacidad.
Su relación intelectual y personal fue muy estimulante para ambos, y es objeto de interpretación, tanto por la diferencia de rango social como por su condición de hombre y mujer, que ha hecho que algunos autores hayan visto en ella algún tipo de enamoramiento más allá de la simple amistad y admiración mutua.
Durante años Descartes e Isabel de Bohemia mantuvieron uno de los intercambios epistolares más fructíferos de la historia de la ciencia y la filosofía (Correspondance avec Élisabeth -"Correspondencia con Isabel"-). En esa correspondencia Isabel planteó a Descartes la cuestión del dualismo en cuanto a la relación entre alma y cuerpo, que consideraba como dos entidades distintas, y a la que el filósofo no pudo dar respuesta satisfactoria.
¿Cómo el alma humana (ya que no es más que una sustancia pensante) puede llevar a los espíritus del cuerpo a producir acciones voluntarias?
Ya que parece que toda determinación de movimiento proviene de un impulso de la cosa movida, acorde con la manera en que es empujada por aquello que la mueve; y si no, depende de la calidad y figura de la superficie del segundo. Se requiere contacto para que se den las primeras dos condiciones y la extensión para el tercero. Usted excluye por completo la extensión de la noción del alma, y el contacto, por lo tanto, me parece incompatible con una cosa inmaterial.
Isabel a Descartes, 16 de mayo de 1643.
Puedo decir con toda honestidad que la pregunta que Su Alteza propone puede ser formulada, con toda justeza, con base en los escritos que he publicado debido a que existen dos cosas en el alma humana de las que depende todo el conocimiento que podemos tener de su naturaleza: la primera, que piensa, y la segunda, que estando unida al cuerpo, actúa y sufre con él. He dicho muy poco refiriéndome a esta última cuestión y he estudiado sólo lo suficiente para entender adecuadamente la primera [en virtud de] que mi objetivo principal era comprobar la diferencia que existe entre cuerpo y alma, por lo que la primera cuestión, por sí misma, era suficiente, mientras que la otra habría sido un obstáculo. Sin embargo, como Su Alteza es tan aguda que uno no puede ocultar cosa alguna de ella, intentaré explicar la forma en la cual concibo la unión entre alma y cuerpo y cómo el alma tiene la fuerza para mover el cuerpo.
Descartes a Isabel, 21 de mayo de 1643.
El contacto se mantuvo incluso tras la partida de Descartes a Estocolmo, donde residió el último año de su vida por invitación de la reina Cristina de Suecia (1649-1650). Se ha interpretado que el último libro publicado por Descartes, Les Passions de l'âme ("Tratado de las pasiones", 1649), fue el resultado de su esfuerzo científico y filosófico por sistematizar una respuesta plausible a las cuestiones planteadas por Isabel, a través de la interacción entre la res cogitans y la res extensa.

Heidelberg. Brandeburgo. Kassel. Krosno. Relación con Cocceius

Por esa época Isabel volvió a su corte natal de Heidelberg, donde se reencontró con su hermano Carlos Luis I del Palatinado, a quien el Tratado de Westfalia había devuelto el trono de su padre. El prestigio intelectual que le había dado su relación con Descartes hizo que se la requiriera para enseñar filosofía cartesiana en esa prestigiosa Universidad. Los problemas conyugales de su hermano provocaron su salida de Heidelberg.
Pasó un tiempo en la corte de su primo, el príncipe elector Federico Guillermo I de Brandeburgo, y luego en Kassel con su prima Hedwig Sophie. Tras visitar a una de sus tías en Krosno, Isabel conoció a Johannes Cocceius, con el que en los años siguientes mantuvo correspondencia. Cocceius le dedicará su comentario al Cantar de los Cantares, y le recomendó el estudio de la Biblia.

Abadesa de Herford. Relación con Labadie, Penn y Leibniz

En 1667 Isabel se establece en el monasterio imperial o abadía de Herford o Hervorden (Reichsabtei Herford), que regirá como una especie de abadesa protestante, bajo principios pietistas.
El cargo de abadesa conllevaba desde la Edad Media la dignidad de príncipe imperial, y desde 1533 era ejercido por nobles protestantes: luteranas entre 1533 y 1649 y calvinistas desde entonces (que no obstante, no alteraron la confesionalidad luterana de su jurisdicción). Sucedía en el cargo de abadesa a su hermana menor, que nueve años antes había dejado Herford y se había trasladado a Francia.
Como abadesa se distinguió por el rigor en el cumplimiento de sus deberes, su modestia y su filantropía, que ejercía especialmente protegiendo a los disidentes religiosos perseguidos que llegaron allí procedentes de toda Europa. En 1670 acogió a Jean de Labadie y su comunidad de labadianos, también de tendencia pietista. La relación entre ambos fue problemática, y en 1672 Labadie dejó Herford, dejando entristecida a Isabel, que mantuvo a un pequeño grupo de labadianos bajo su protección.
En 1677 la protección de Isabel benefició a los cuáqueros de William Penn y Robert Barclay, que pasaron tres días en el monasterio, dejando una fuerte impresión en la princesa. Su amistad con Penn duró hasta su muerte, y éste la recordará en la segunda edición de No Cross, No Crown ("Sin cruz, no hay corona", 1682), con una loa a su piedad y virtudes.
También Gottfried Leibniz acudió a Herford, en 1678.

Isabel de Bohemia y del Palatinado no escribió ningún libro formal ni tratado en vida. Su incalculable valor y estatus como una de las grandes filósofas del siglo XVII radica exclusivamente en su obra epistolar, conformada por cartas intelectuales de altísimo nivel filosófico y científico.

Su obra principal (Recopilaciones de su correspondencia)

Correspondencia con René Descartes: Es su legado fundamental. Entre 1643 y 1649 mantuvieron un intenso intercambio epistolar. Isabel fue la primera en destrozar el dualismo cartesiano al cuestionar cómo un alma inmaterial podía mover un cuerpo físico (el problema mente-cuerpo). Hoy en día, estas cartas se editan de forma conjunta bajo títulos como Correspondencia con Isabel de Bohemia y otras cartas.
Correspondencia con líderes cuáqueros: Durante su última etapa como Abadesa de Herford (entre 1676 y 1677), intercambió cartas con importantes figuras religiosas y pensadores de este movimiento (como William Penn y Robert Barclay). En ellas abordó dilemas de soberanía individual, fe y la condición humana frente a las circunstancias de la vida.


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