Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Aristóteles I


  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda ; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas ; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; 




Su Vida

El más grande de los filósofos paganos, nació en Estagira, una colonia griega en la península tracia Calcídica, en el 384 a.C. Murió en Calcis, en Eubea, en el 322 a.C.

Biografía 

Su padre, Nicómaco, era médico de la corte del rey Amintas de Macedonia. Existen razones para creer que este puesto fue desempeñado por los antepasados de Aristóteles bajo el reinado de varios predecesores de Amintas, de modo que la profesión de médico era, en cierto sentido, hereditaria en la familia. Cualquiera que fuese la formación que Aristóteles recibió en un principio, probablemente estuvo influida por esta circunstancia. Así, cuando marchó a Atenas a la edad de dieciocho años, su mente estaba ya orientada en la dirección que tomaría posteriormente, la investigación de los fenómenos de la naturaleza.
Permaneció en Atenas como discípulo de Platón desde los dieciocho hasta los treinta y siete años, y se dice que destacaba entre los que acudían a instruirse a la arboleda de Academo, contigua a la casa de Platón. Las relaciones entre el famoso profesor y su ilustre discípulo han dado pie a varias leyendas, muchas de las cuales presentan a Aristóteles de forma no muy favorable. No cabe duda de que existieron diferencias de opinión entre el maestro, que tomó partido por los principios sublimes e idealistas, y el alumno, que, incluso en aquel entonces, mostraba ya una predilección por la investigación de los hechos y leyes del mundo físico. 
Es probable que Platón afirmara que Aristóteles necesitaba unas riendas más que una espuela, pero no hay razón para creer que ello abriera una brecha en su amistad. De hecho, el comportamiento de Aristóteles tras la muerte de Platón, su continuada asociación con Xenócrates y otros platónicos y sus alusiones en sus escritos a las doctrinas de Platón prueban que, aunque hubo discrepancias de opinión entre maestro y discípulo, no faltaba una estima cordial o ese mutuo dominio de si mismos que podría esperarse de hombres de carácter noble. 
Además de todo esto, en la medida en que presentan a Aristóteles bajo un prisma desfavorable, se puede rastrear el origen de las leyendas hasta los epicúreos, que desde antiguo fueron conocidos como profesionales de la calumnia, y si escritores patrísticos como Justino Mártir y Gregorio Nacianceno proporcionaron amplia circulación a tales leyendas, debe buscarse la razón no en una tradición histórica bien fundamentada, sino en la desproporcionada estima en que los herejes de las primeras épocas del cristianismo tenían a Aristóteles.

Después de la muerte de Platón (347 a.C.) Aristóteles marchó, en compañía de Xenócrates, a la corte de Hermias, gobernador de Atarneus en Asia Menor, y allí se casó con la sobrina e hija adoptiva de éste, Pythias. En el 344, dado que Hermias había sido asesinado por sus súbditos en una rebelión, Aristóteles marchó con su familia a Mitilene, y desde allí, uno o dos años más tarde, fue llamado a su Estagira natal por el rey Filipo de Macedonia, para que se convirtiera en el tutor de Alejandro, que por entonces contaba trece años. 
Tanto si creemos o no a Plutarco, cuando afirma que Aristóteles no sólo impartió al futuro conquistador del mundo conocimientos de ética y política, sino que también le inició en los más profundos secretos de la filosofía, tenemos pruebas tangibles de que, por una parte, el discípulo real se benefició del trato con el filósofo, y por otra, de que el maestro hizo un uso prudente y provechoso de su influencia sobre la mente del joven príncipe. Gracias a dicha influencia, Alejandro puso a disposición de su maestro amplios medios para la adquisición de libros y la prosecución de su investigación científica, y la historia no se equivoca cuando atribuye a este trato con Aristóteles aquellos dones singulares de la mente y el corazón que distinguieron a Alejandro, casi hasta el fin, entre los pocos que han sabido cómo utilizar las victorias de manera inteligente y moderada.
 Alrededor del año 335 Alejandro emprendió la campaña de Asia; en consecuencia, Aristóteles, que había desempeñado el puesto de consejero más o menos informal desde que su alumno accediera al trono, regresó a Atenas e inició allí una escuela de filosofía. Es posible que, como afirma Gelio, él hubiera dirigido una escuela de retórica durante su estancia anterior en la ciudad; pero ahora, siguiendo el ejemplo de Platón, se dedicó a impartir una enseñanza sistemática de la filosofía y eligió para este propósito un gimnasio dedicado a Apolo Licio, por lo que su escuela llegó a ser conocida con el nombre de Liceo. También se la denominó Escuela Peripatética, debido a la costumbre del maestro de discutir los problemas filosóficos con sus alumnos mientras paseaba (peripateo) por los caminos sombreados (peripatoi) alrededor del gimnasio.

Aristóteles escribió la mayoría de sus obras a lo largo de los trece años (335-322) que permaneció como profesor en el Liceo. A imitación del ejemplo de su maestro, puso en las manos de sus alumnos "Diálogos" en los que las enseñanzas eran expuestas en un lenguaje un tanto popular. Asimismo, compuso numerosos tratados (que se mencionarán más adelante) sobre física, metafísica y demás, en las que la exposición es más didáctica y el lenguaje más técnico que en los "Diálogos". Estas obras dan cuenta del buen uso que dio a los medios que Alejandro puso a su disposición. En particular, muestran cómo consiguió reunir las obras de los filósofos griegos que le precedieron, y cómo no reparó en esfuerzos ni gastos a la hora de proseguir sus investigaciones en el campo de los fenómenos naturales, bien personalmente bien a través de otros. 
Al leer sus tratados de zoología es fácil dar crédito a la afirmación de Plinio cuando dijo que Alejandro puso bajo las órdenes de Aristóteles a todos los cazadores y pescadores del reino, y a todos los guardas de los bosques reales, lagos, estanques y todo tipo de ganado; y cuando se aprecia cuán exhaustivamente conoce Aristóteles las doctrinas de los que le precedieron, es posible aceptar la afirmación de Estrabón de que fue el primero en reunir una gran biblioteca. Durante los últimos años de la vida de Aristóteles las relaciones entre éste y su antiguo alumno real se enrarecieron considerablemente, debido a la caída en desgracia y consiguiente castigo de Calistenes, a quien él había recomendado ante el rey. Sin embargo, en Atenas él continuó siendo considerado un amigo de Alejandro y un representante del dominio macedonio. Por consiguiente, cuando llegaron las noticias de la muerte de Alejandro a Atenas y se produjo la declaración que llevó a la guerra lamia, Aristóteles sufrió forzosamente la hostilidad general hacia los macedonios. 
La acusación de impiedad, que se había esgrimido contra Anaxágoras y Sócrates, fue ahora, con menor razón aún, lanzada contra él. Abandonó la ciudad mientras afirmaba (según muchas autoridades de la antigüedad) que no permitiría que los atenienses pecaran por tercera vez contra la filosofía. Estableció su residencia en su patria, en Calcis, Eubea, y allí murió al año siguiente, en el 322 a.C. Su muerte se debió a una enfermedad que le había aquejado desde hacía largo tiempo. La versión de que su fallecimiento fue ocasionado por un envenenamiento con cicuta, y la leyenda en la que se arrojó al mar "porque no podía explicar las mareas" carecen de todo fundamento histórico.

Se conoce muy poco sobre el aspecto personal de Aristóteles, excepto aquello procedente de fuentes manifiestamente hostiles. Sin embargo, no hay razón para dudar de la exactitud de las estatuas y bustos que han llegado hasta nuestros días, cuyo origen se remonta posiblemente a los primeros años de la Escuela Peripatética, que representan su rostro con rasgos angulosos y penetrantes, y algo por debajo de la estatura media. 
Su carácter, revelado en sus obras, su testamento (que es, sin ninguna duda, genuino), fragmentos de sus cartas y las alusiones de aquellos contemporáneos sin prejuicios, muestran un hombre magnánimo y de gran corazón, amante de su familia y de sus amigos, amable con sus esclavos, justo con sus enemigos y rivales, agradecido hacia sus benefactores - en una palabra, la personificación de aquellas ideas morales que él bosquejó en sus tratados de ética y que son reconocidas como muy por encima del concepto de excelencia moral vigente en sus días y entre sus contemporáneos. 
Cuando cesó el dominio del Platonismo sobre la esfera de la reflexión cristiana y las obras del estagirita comenzaron a ser estudiadas sin miedos ni prejuicios, la personalidad de Aristóteles se mostró a los escritores cristianos del siglo XIII como lo había sido a los escritores paganos imparciales de su propia época, sosegado, majestuoso, sin dejarse dominar por las pasiones y libre de defectos morales graves, "el maestro de los que saben".

Filosofía

Aristóteles define la filosofía utilizando el término del ente, afirmando que la filosofía es 
" la ciencia que considera universalmente el ente en cuanto tal". Platón la había definido como "la ciencia de la idea", y tomaba por idea lo que ahora denominaríamos los fundamentos irreductibles de los fenómenos. Tanto el discípulo como su maestro consideran que el campo de la filosofía abarca todo el universo; sin embargo, el primero encuentra lo universal en las cosas concretas, y lo llama el ente de las cosas, mientras que el segundo considera que lo universal existe fuera de las cosas concretas, y que se relaciona con ellas a modo de prototipo o modelo. 
Para Aristóteles, por tanto, el método filosófico implica ascender del estudio de los fenómenos particulares hasta el conocimiento de los entes, en tanto que para Platón el método filosófico implica descender del conocimiento de las ideas universales a la contemplación de las imitaciones particulares de esas ideas. En cierto modo, el método de Aristóteles es a la vez inductivo y deductivo, mientras que el de Platón es básicamente deductivo. Dicho de otro modo, la tendencia de Platón a idealizar el mundo de la realidad a la luz de la intuición de un mundo superior es sustituida en Aristóteles por una tendencia científica a examinar primero los fenómenos del mundo real que nos rodea y de ahí razonar hasta alcanzar un conocimiento de los entes y de las leyes que la intuición no puede revelar pero cuya existencia puede demostrar la ciencia. 
De hecho, la noción de filosofía de Aristóteles corresponde, en líneas generales, a lo que más tarde se ha denominado ciencia, diferenciándola de la filosofía. En el más amplio sentido de la palabra, filosofía y ciencia, o razonamiento, son coextensivos: “La ciencia (dianoia) puede ser práctica, poética o teórica". El considera ciencias prácticas la ética y la política; poéticas, el estudio de la poesía y otras artes, mientras que las ciencias teóricas son la física, las matemáticas y la metafísica. Esta última, que es la filosofía en sentido estricto, la define como "el conocimiento del ente inmaterial", y la denomina “filosofía primera", "la ciencia teológica" o "la del ente en su máximo grado de abstracción". 
Si la Lógica, o Analítica, como Aristóteles la denomina, es considerada como un estudio preliminar para la Filosofía, tenemos la siguiente división de la filosofía aristotélica: 
(1) Lógica; 
(2) Filosofía Teórica, que incluye la Metafísica, la Física y las Matemáticas; 
(3) Filosofía Práctica y 
(4) Filosofía Poética.

Lógica

Los tratados de lógica de Aristóteles conforman lo que posteriormente se denominó "Organon" y contienen el primer tratamiento sistemático de las leyes del pensamiento en relación con la adquisición de conocimiento. De hecho, constituyen el primer intento de reducir la lógica a una ciencia, y en consecuencia, confieren a su autor el derecho a ser considerado el fundador de la lógica. Son seis tratados y versan respectivamente sobre:

Clasificación de las nociones
Juicios y proposiciones
El silogismo
Demostración
El silogismo problemático
Falacias
Así, cubren prácticamente todo el campo de la lógica.

En el primer tratado, las "Categorías", Aristóteles da una clasificación de todos los conceptos, o nociones, según las clases en las que las cosas representadas por conceptos o nociones se dividen naturalmente. Estas clases son sustancia, cantidad, cualidad, relación, acción, pasión (que no debe entenderse meramente como una condición mental o psíquica), lugar, tiempo, posición, y estado. Hay que distinguirlas de los Predicamentos, que son género, especie (definición), diferencia, propiedad y accidente. Estos últimos son, sin duda, clases en las que las ideas se dividen, pero sólo en cuanto que una idea es predicada de la otra.
 Es decir, las Categorías son, en primer lugar, una clasificación de los modos de ser, y en segundo, de las nociones que expresan los modos de ser; los Predicamentos son, en primer lugar, una clasificación de los modos de predicar, y en segundo, de las nociones o ideas, según la diferente relación en la que una idea, como predicado, califica a otra como sujeto. En el tratado denominado "Primeros Analíticos", Aristóteles desarrolla las reglas del razonamiento silogístico, y establece los principios de la inducción. En el "Segundos Analíticos" emprende el estudio de la demostración y de los primeros principios indemostrables. Asimismo, trata el conocimiento en general, su origen, proceso y desarrollo hasta el estado de conocimiento científico. 
A partir de ciertos pasajes bien conocidos de este tratado y de sus otros escritos se puede bosquejar su teoría del conocimiento. Como se ha mencionado previamente, Aristóteles enfoca los problemas de la filosofía desde un punto de vista científico. El considera la experiencia como la verdadera fuente de todo nuestro conocimiento, tanto intelectual como material. "No hay nada en la mente que no estuviera primero en los sentidos", es un principio fundamental para él, como lo sería después para sus discípulos. Todo conocimiento comienza con la experiencia de una sensación, que tiene como objeto, naturalmente, al fenómeno concreto, particular y cambiante. Pero aunque el conocimiento intelectual empieza con la experiencia sensorial, no termina ahí, ya que tiene como fin la esencia inmutable, abstracta y universal.
Esta teoría del conocimiento puede ser, hasta aquí, resumida en los siguientes principios: el conocimiento intelectual depende básicamente del conocimiento sensorial, y el conocimiento intelectual es, sin embargo, superior al conocimiento sensorial.
 ¿Cómo asciende entonces la mente desde el conocimiento inferior al superior? 
¿Cómo puede el conocimiento de lo que perciben los sentidos (aistheton) conducir al conocimiento de lo inteligible (noeton)? 
La respuesta de Aristóteles es que la mente descubre lo inteligible en la experiencia sensorial. La mente no extrae, como Platón imaginara, el recuerdo de ciertas ideas de una existencia anterior a partir de lo que le recuerda la vista de ciertos fenómenos.

Él atribuye a los fenómenos una facultad específica de la mente, por la cual ésta hace inteligibles aquellos entes que son imperceptibles a los sentidos, por estar ocultos bajo cualidades no esenciales. El hecho es que la sustancia individual (sustancia primera) observada a traves de nuestros sentidos - este libro, esta mesa, esta casa - presenta determinadas cualidades individuales ( su tamaño particular, forma, color, etc.) que la distinguen de otras de su especie y que sólo son percibidas por los sentidos. Pero en la misma sustancia subyace a las cualidades individuales una naturaleza general (por la que es un libro, una mesa, una casa); ésta es la sustancia segunda, la Esencia, el Universal, el Inteligible. 
Así, la mente está dotada del poder de abstracción, generalización o inducción (Aristóteles no es muy explícito sobre la naturaleza precisa de esta facultad) mediante el cual descorre, de manera figurada, el velo de las características particularizantes y saca a la luz, o permite que se revele, el elemento universal o realmente inteligible de las cosas, que es el objeto del conocimiento intelectual. En esta teoría, el conocimiento intelectual se desarrolla a partir del conocimiento sensorial en la medida en que dicho proceso pueda llamarse desarrollo, por el cual lo que sólo era potencialmente inteligible se transforma de hecho en inteligible gracias a la actuación del intelecto activo.
 El Universal estaba in re antes de que la mente humana comenzara a trabajar, pero estaba ahí de forma únicamente potencial, ya que, debido a las cualidades individualizantes que lo envolvían, sólo era potencialmente inteligible. La teoría de los universales de Aristóteles consiste, por tanto, en que

El universal no existe separado del particular, como enseñaba Platón, sino que existe en las cosas particulares
El Universal como tal, en toda su inteligibilidad, es una obra de la mente, y existe sólo en la mente aunque tiene su fundamento en la esencia potencialmente universal que existe independientemente de la mente y fuera de ella.

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Asesoría Jurídica: Franco González Fortunatti

Abogado litigante, especializado en causa civiles, laborales y de familia; Además, asesoro y doy consejos jurídicos  para la redacción...