Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


lunes, 3 de julio de 2017

98).-Doctor de la Iglesia.


Doctor de la Iglesia.


San Jerónimo

Doctor de la Iglesia es un título otorgado por el papa o un concilio ecuménico a ciertos santos en razón de su erudición y en reconocimiento como eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos.

Historia.

Los doctores de la Iglesia han ejercido una influencia especial sobre el desarrollo del cristianismo, sentando las bases de la doctrina sucesiva, o interpretando de forma esclarecedora y perdurable vastos campos de la Revelación. 


El Papa Pío V, en el siglo XVI, definió formalmente los criterios para la declaración de la dignidad, y desde entonces otros 28 santos antiguos y modernos han sido reconocidos como doctores de la Iglesia.



Doctores de la Iglesia primitiva.
Padres de la Iglesia.


En el cristianismo primitivo el título se adjudicó espontáneamente a ocho de los Padres de la Iglesia, cuatro de ellos de rito latino:

San Ambrosio, óleo sobre tela de Claude Vignon (hacia 1623 o 1625).

  • Ambrosio de Milán (340-397), de nombre original Aurelio Ambrosio (en latín: Aurelius Ambrosius; Tréveris, c. 340 ‑ Milán, 4 de abril de 397), canonizado como san Ambrosio, fue un destacado obispo de Milán y un importante teólogo y orador.
  • Jerónimo de Estridón (346-420), filólogo trilingüe y autor de la traducción de la Biblia al latín conocida como Vulgata.
  • Agustín de Hipona (354-430), gran escritor y teólogo, autor de La ciudad de Dios, de Comentarios a las Sagradas Escrituras y de su propia biografía, intitulada Confesiones.
  • Gregorio Magno (540-604), quien evangelizó a los bárbaros, especialmente en Inglaterra; reformó las costumbres y renovó el canto eclesiástico.
y cuatro de rito griego:

Fresco de la iglesia de la Theotokos Peribleptos en Ohrid, Macedonia del Norte

  • Atanasio de Alejandría (296-373), quien combatió el arrianismo.
  • Basilio de Cesarea (329-379), quien se distinguió por su elocuencia, por su caridad hacia los pobres y su amor al monacato.
  • Gregorio Nacianceno (328-389), orador elocuentísimo, teólogo profundo y campeón de la unión de las dos iglesias.
  • Juan Crisóstomo (347-407), patriarca de Constantinopla y el mayor de los oradores cristianos.



Doctores orientales.


La tradición bizantina recordaba como Padres de la Iglesia, en sentido amplio, a todos los teólogos previos al siglo VI, la época de la primera estabilización de la doctrina cristiana. De entre éstos, pronto se generalizó una especial veneración hacia Juan Crisóstomo, hacia Basilio Magno y hacia Gregorio Nacianceno, y ya el emperador León VI el Sabio instituyó un festival común para los tres el día 30 de enero con el nombre de festival de los tres jerarcas. Los sermones leídos tradicionalmente en el festival son obra de Cosme Vestítor, renombrado orador del siglo X, y las representaciones iconográficas de los tres jerarcas son frecuentes en la arquitectura eclesiástica bizantina.
La Menaea del 30 de enero narra la leyenda de la aparición de los tres doctores al obispo Juan Eutiques en sueños, ordenándole conmemorarlos conjuntamente para evitar rivalidades entre sus fieles y seguidores. 
La inclusión de Atanasio parece posterior, probablemente motivada por la analogía con los cuatro doctores occidentales y los cuatro evangelistas, y siguiendo a Ireneo de Lyon, quien había buscado mostrar en varios ámbitos la existencia de cuatro pilares de la Iglesia.



Doctores occidentales.


La tradición escolástica elaboró por su parte la noción de los cuatro doctores, y esta se vio confirmada ya en 1298 por Bonifacio VIII, quien publicó una decretal que ordenaba honrarlos especialmente.
 El 11 de abril de 1567 el papa Pío V sumó al primer doctor moderno, Santo Tomás de Aquino, dominico como él y al año siguiente su número se incrementó al reconocer también las fiestas de los doctores griegos. En 1588 el papa franciscano Sixto V añadió al también franciscano San Buenaventura de Fidanza.



Doctrinas católica y ortodoxa.


Mientras en Oriente la dignidad de doctor no ha estado asociada a ninguna definición formal, y otros teólogos además de los arriba mencionados se honran ocasionalmente con ese título —en especial San Gregorio Niseno, San León I Magno, San Máximo el Confesor, San Juan Damasceno, Simeón el Nuevo Teólogo, Gregorio Palamás y Marcos de Éfeso—, la Iglesia católica vincula el título a tres condiciones: la eminens doctrina, es decir, la eminencia doctrinal en materia de teología y culto; la insignis vitae sanctitas, es decir, un elevado grado de santidad, y la Ecclesiae declaratio, es decir, una proclamación formal por parte de la Iglesia, que Benedicto XIV precisó como afirmada por el Sumo Pontífice o por un Concilio Ecuménico. Ningún Concilio ha ejercido esta facultad, sin embargo.

La concesión de la dignidad de doctor de la Iglesia no implica necesariamente la convalidación de la totalidad de la doctrina que el doctor ha sostenido. Aunque la Sagrada Congregación de Ritos, la encargada de la proclamación, realiza un examen de la obra del prospectivo doctor, esta no se integra necesariamente al dogma proclamado ex cathedra por la Iglesia, y aun en el caso de los doctores más reputados muchas de sus doctrinas han sido declaradas erróneas tras su muerte.

Los temas sobre los que los doctores han escrito varían marcadamente; además de teólogos sistemáticos, como Santo Tomás de Aquino, San Anselmo de Canterbury o San Alberto Magno, se cuentan entre ellos epígrafes y predicadores, místicos, como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, y aun historiadores y eruditos como San Beda el Venerable, cuya Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum es una extraordinaria fuente de información sobre la Inglaterra medieval.

Los apodos.

La tradición escolástica llama convencionalmente a ciertos teólogos con epítetos que recuerdan al de doctor de la Iglesia; así, Juan Duns Scoto es conocido como doctor subtilis (el «doctor sutil») y Roger Bacon como doctor mirabilis (el «doctor en maravillas»), el Papa Inocencio V como «doctor famosissimus», Raimundo Lulio como «doctor illuminatus» y Francisco Suárez como «doctor eximius», aunque ninguno de ellos es formalmente doctor de la Iglesia. 
De hecho, la teología de Scoto ha gozado de poca popularidad fuera de su propio tiempo. Sí son, en cambio, realmente doctores el doctor seraphicus San Buenaventura, el doctor universalis San Alberto Magno, el doctor angelicus Santo Tomás de Aquino, el doctor evangelicus San Antonio de Padua, el doctor mellifluus San Bernardo de Claraval, el doctor caritatis San Francisco de Sales, el doctor mysticus San Juan de la Cruz, etc.


Liturgia.

Los doctores de la Iglesia son honrados con una liturgia especial en la misa oficiada en su honor. Esto excluye del nombramiento como doctor a los mártires, puesto que el oficio de la misa se reserva tradicionalmente para honrar a los confesores. 
El introito de la misa se adopta del de Juan, Apóstol y Evangelista; adicionalmente, el oficio incluye la lectura del Credo, y la antífona del Magnificat reza O doctor optime ("oh, excelentísimo doctor"). Estos dos últimos son los rasgos característicos del oficio doctoral, pues en la fiesta de algunos santos —en particular Juan Damasceno, pero también Atanasio, Basilio y Cirilo de Jerusalén— se ofician misas especiales.                                     



                                                Incorporaciones.



La lista completa de doctores se acrecentó hasta la actualidad, en la que cuenta con treinta y seis nombres:
  • En 1720 Clemente XI incorporó a San Anselmo de Canterbury;
  • en 1722 Inocencio XIII, a San Isidoro de Sevilla;
  • en 1729 Benedicto XIII, a San Pedro Crisólogo;
  • en 1754 Benedicto XIV, a San León I Magno;
  • en 1828 León XII, a San Pedro Damián;
  • en 1830 Pío VIII, a San Bernardo de Claraval;
  • Pío IX incluyó a San Hilario de Poitiers (1851), a San Alfonso María de Ligorio (1871), y a San Francisco de Sales (1877);
  • en 1883 León XIII añadiría a San Cirilo de Alejandría, a San Cirilo de Jerusalén y a San Juan Damasceno, y en 1899, a San Beda el Venerable;
  • Benedicto XV proclamaría a San Efrén de Siria en 1920;
  • Pío XI, a San Pedro Canisio (1925), a San Juan de la Cruz (1926), a San Roberto Belarmino y a San Alberto Magno (ambos en 1931);
  • Pío XII, a San Antonio de Padua (1946);
  • Juan XXIII, a San Lorenzo de Brindisi (1959);
  • Pablo VI sumaría, en 1970, a las primeras mujeres: Santa Teresa de Jesús y Santa Catalina de Siena;
  • Juan Pablo II añadiría a Santa Teresa de Lisieux en 1997.
  • Benedicto XVI añade, en octubre de 2012, a San Juan de Ávila, patrón del clero español, y a Santa Hildegarda de Bingen, con ocasión de la misa de apertura de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
  • Francisco incorporó a San Gregorio de Narek, el 12 de abril de 2015.


Lista oficial.



Aquí está la lista de los 38 Doctores de la Iglesia Católica y el año en que fueron declarados como tales:
  • San Ambrosio, declarado en 1298
  • San Agustín de Hipona, declarado en 1298
  • San Jerónimo, declarado en 1298
  • San Gregorio Magno, declarado en 1298
  • San Juan Crisóstomo, declarado en 1568
  • San Basilio Magno, declarado en 1568
  • San Gregorio Nacianceno, declarado en 1568
  • San Atanasio de Alejandría, declarado en 1568
  • San Efrén el Sirio, declarado en 1920
  • San Hilario de Poitiers, declarado en 1831
  • San Cirilo de Jerusalén, declarado en 1883
  • San Cirilo de Alejandría, declarado en 1883
León I el Magno o el Grande (Toscana, c. 390-Roma, 10 de noviembre de 461) fue el papa 45.º de la Iglesia católica, desde 440 hasta 461. Benedicto XVI expuso que su papado "fue sin duda uno de los más importantes en la historia de la Iglesia"


  • San León Magno, declarado en 1754
  • San Pedro Crisólogo, declarado en 1729
  • San Isidoro de Sevilla, declarado en 1722
Beda (en inglés antiguo, Bǣda, Bēda; c. 672-27 de mayo de 735), también conocido como san Beda el Venerable[3] (en latín, Bēda Venerābilis), fue un monje benedictino nortumbrio del monasterio doble de San Pedro en Wearmouth (Sunderland) y de San Pablo en Jarrow (en el río Tyne), también conocido como Monkwearmouth-Jarrow

  • San Beda el Venerable, declarado en 1899
  • San Juan Damasceno, declarado en 1890
  • San Pedro Damián, declarado en 1828
San Anselmo de Canterbury O.S.B. (Aosta, 1033 - Canterbury, 21 de abril de 1109), conocido también como Anselmo de Aosta, por el lugar donde nació, o Anselmo de Bec, si se atiende a la población donde estaba enclavado el monasterio del cual llegó a ser prior, fue un monje benedictino que ejerció como arzobispo de Canterbury durante el periodo 1093-1109. 
  • San Anselmo de Canterbury, declarado en 1720
  • San Bernardo de Claraval, declarado en 1830
  • San Antonio de Padua, declarado en 1946
  • San Alberto Magno, declarado en 1931
  • San Buenaventura, declarado en 1588
  • Santo Tomás de Aquino, declarado en 1567
  • Santa Catalina de Siena, declarada en 1970
  • Santa Teresa de Ávila, declarada en 1970
  • San Juan de la Cruz, declarado en 1926
  • San Pedro Canisio, declarado en 1925
Roberto Francisco Rómulo Belarmino (Montepulciano, 4 de octubre de 1542 - Roma, 17 de septiembre de 1621) fue un miembro de la Compañía de Jesús (1560), sacerdote (1570), cardenal de la Iglesia católica (1599), arzobispo (1602), e inquisidor en la época de la contrarreforma.

  • San Roberto Belarmino, declarado en 1931
  • San Lorenzo de Brindis, declarado en 1959
  • San Francisco de Sales, declarado en 1877
Alfonso María de Ligorio, C.Ss.R., (Marianella, Nápoles, 27 de septiembre de 1696 - Pagani, Reino de Nápoles, 1 de agosto de 1787) fue un sacerdote y obispo católico, escritor y fundador de los Redentoristas. Vitral que representa a Alfonso María de Ligorio en su carácter de obispo, con el báculo de pastor. El vitral, del siglo XIX, se ubica en el transepto norte de la Catedral de Carlow en Irlanda, y es obra de Franz Mayer & Co.

  • San Alfonso María de Ligorio, declarado en 1871
Teresa de Lisieux, nacida como María Francisca Teresa Martin (Alenzón, Normandía, 2 de enero de 1873-Lisieux, Normandía, 30 de septiembre de 1897), en religión Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, y conocida simplemente como santa Teresita del niño Jesús, fue una religiosa carmelita descalza francesa.

  • Santa Teresa del Niño Jesús (Santa Teresita de Lisieux), declarada en 1997
San Juan de Ávila (Almodóvar del Campo, Ciudad Real, 6 de enero de 1500 – Montilla, Córdoba, 10 de mayo de 1569) fue un sacerdote y escritor místico español. Se le llama el "Apóstol de Andalucía" por su extenso ministerio en esa región. 


  • San Juan de Ávila, declarado en 2012
Hildegarda de Bingen (en alemán: Hildegard von Bingen; Bermersheim vor der Höhe, Sacro Imperio Romano Germánico, verano de 1098-Monasterio de Rupertsberg, 17 de septiembre de 1179) fue una santa abadesa benedictina y polímata alemana, activa como compositora, escritora, filósofa, científica, naturalista, médica, mística, líder monacal y profetisa durante la plena Edad Media.

  • Santa Hildegarda de Bingen, declarada en 2012
San Gregorio de Narek (en armenio: Գրիգոր Նարեկացի; entre 945 y 951-entre 1003 y 1010) fue un clérigo, teólogo, poeta y filósofo armenio. 

  • San Gregorio de Narek, declarado en 2015.
Ireneo de Lyon, conocido como san Ireneo (en griego: Εἰρηναῖος; Esmirna, Asia Menor, c. 125 - Lyon, c. 202), fue obispo de la ciudad de Lyon desde 189 hasta su muerte conocido por su papel en la guía y expansión de las comunidades cristianas en las regiones del sur de la actual Francia y, más ampliamente, por el desarrollo de la teología cristiana al oponerse a las interpretaciones gnósticas de las Escrituras cristianas y defender la ortodoxia.
  • San Ireneo de Lyon, declarado en 2022.-
John Henry Newman C.O. (Londres, 21 de febrero de 1801 - Birmingham, 11 de agosto de 1890) fue un teólogo, académico, filósofo, historiador, escritor y poeta católico inglés. Escudo de armas personal de Newman al ser elevado al cardenalato. El lema en latín, Cor ad cor loquitur, se traduce como «el corazón habla al corazón». 

John Newman (1881), óleo sobre lienzo de John Everett Millais. El artista lo representó con ropaje de cardenal, dignidad que había asumido en 1879


  • San John Henry Newman, declarado en 2025



Villa y Corte de Madrid.



Los reyes de España, en su villa de Madrid nunca aceptaron tener un obispado durante época moderna, no querían tener poderes eclesiásticos  paralelos que dieran sombra al poder de Corona. Uno visita el casco antiguo de Madrid, ve al Rey en todos lados, como la ciudad de Roma, al Papa, con excepción ruinas de antigüedad.

Exacto, captas perfectamente la esencia urbanística y política del Madrid de los Austrias y los Borbones. Al igual que Roma fue diseñada para glorificar el poder absoluto del Papa, el casco antiguo de Madrid fue moldeado para dejar claro que el único y soberano señor de la ciudad era el Rey.
Al pasear por el Madrid histórico, esa omnipresencia de la Corona se hace evidente en su arquitectura y organización espacial.

Madrid vs. Roma: Dos caras de la misma moneda absolutista.
  • Roma y el Papa: En Roma, las iglesias, las plazas barrocas (como Navona o San Pedro) y las fuentes llevan los escudos de armas de las familias papales (Pamphili, Borghese, Barberini). El espacio público te recuerda constantemente quién gobierna el cuerpo y el alma.
  • Madrid y el Rey: En Madrid, las grandes reformas urbanas eliminan el protagonismo de la Iglesia. La Plaza Mayor no está presidida por una catedral, sino por la Casa de la Panadería (control municipal y real). El Palacio Real y el Palacio del Buen Retiro (con su gran parque) devoraron el espacio urbano. Los grandes ejes como el Paseo del Prado o las puertas monumentales (Alcalá, San Vicente) son obras civiles de Carlos III, el "alcalde de Madrid", no proyectos eclesiásticos.

Monasterios reales: La Iglesia al servicio del Trono

En Madrid hay iglesias y conventos impresionantes, pero si te fijas en los más importantes, todos llevan el apellido de "Reales":
  • Las Descalzas Reales y la Encarnación: Fundados por mujeres de la familia real (Juana de Austria y Margarita de Austria). Eran refugios religiosos para la realeza y almacenes de su inmensa riqueza artística.
  • San Jerónimo el Real: La iglesia que funcionaba como escenario para las juras de los príncipes de Asturias.

El paisaje religioso de Madrid existía, pero estaba subordinado y domesticado por la Corona. No verás grandes palacios episcopales compitiendo con el Palacio Real porque, simplemente, no había obispo que los construyera. El espacio urbano de la Villa y Corte se diseñó para que el ciudadano, al mirar hacia arriba, solo viera las torres del alcázar o las cúpulas de los patronatos del rey.

La catedral de Madrid, fue regalo a los obispados de la villa, por la corona, al lado del Palacio real, mostrando el poder corona sobre la Iglesia.

.Esa es exactamente la clave de su arquitectura y orientación. La Catedral de la Almudena no es solo vecina del Palacio Real; fue diseñada de forma milimétrica para dejar claro el mensaje de que la Iglesia en Madrid se levanta bajo la sombra y el permiso de la Corona.
El propio origen del terreno, su disposición urbana y su diseño exterior reflejan este control absoluto del Trono sobre el Altar a través de tres hechos históricos contundentes:

1. El suelo fue un "regalo" directo de la Corona.

A finales del siglo XIX, tras la demolición de la antigua iglesia de Santa María durante la revolución de 1868, Madrid se quedó sin un templo principal para su patrona. 
Fue la reina María de las Mercedes de Orleans (esposa de Alfonso XII) quien intercedió para que el Patrimonio Real cediera en 1879 los terrenos de la plaza de la Armería. La Iglesia no compró el suelo ni conquistó ese espacio; se lo concedió el Rey en su propio complejo palaciego.

2. Una anomalía urbana: La catedral mira al Palacio, no a Jerusalén.

En la tradición arquitectónica cristiana, las catedrales se construyen con una orientación Este-Oeste (el ábside hacia el Oriente, por donde sale el sol y se espera la segunda venida de Cristo). 
La Almudena rompe por completo esta regla sagrada: está orientada Norte-Sur.¿Por qué? Porque se concibió como un anexo visual del Palacio Real.
 Su fachada principal mira directamente a la fachada sur del palacio, integrándose en el diseño urbanístico que el Rey consideraba idóneo para su corte.

3. Una fachada neoclásica para no hacer sombra al Rey

El plano original del arquitecto Francisco de Cubas contemplaba una impresionante catedral neogótica, llena de agujas apuntando al cielo, al estilo de las grandes catedrales francesas. Sin embargo, la Corona y los arquitectos posteriores modificaron radicalmente el plan. Se consideró que un estilo gótico vertical rompería el paisaje y restaría majestuosidad al Palacio Real.
Por ello, se rediseñó el exterior con un estilo neoclásico sobrio y gris, imitando las líneas, columnas y colores del propio palacio. El mensaje visual es contundente: la catedral simula ser un ala más del Palacio del Rey.
Aunque finalmente se consagró en 1993, el proyecto nació en el siglo XIX impregnado del viejo espíritu regalista: la Iglesia no compite con el soberano; se acopla a él.




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