LA REVOLUCIÓN DE LOS TIPOS MÓVILES, LA CLAVE DEL INVENTOR DE LA IMPRENTA. En Europa, durante muchos siglos no se conoció más forma de reproducción de textos que la copia manuscrita realizada por escribanos. El trabajo se concentró en los escritorios de los monasterios, pero en el siglo XIII la producción de manuscritos se desplazó a los nuevos centros universitarios, donde surgieron talleres que llegaron a emplear a medio centenar de copistas, organizados de forma prácticamente industrial. También se generalizó entonces el uso del papel, elaborado con lino y cáñamo, mucho más barato y manejable que el pergamino. Por otra parte, a finales del siglo XIV se difundió en Europa la técnica del grabado sobre madera, o xilografía, que permitía imprimir gran número de imágenes sobre tela o papel a partir de una única plancha. Esta primera imprenta se orientó inicialmente a la producción de imágenes piadosas, individuales o combinadas para formar libretos. También se podían imprimir opúsculos impresos por una sola cara, que coexistieron con los libros impresos en tipos metálicos durante la segunda mitad del siglo XV. Tenía, sin embargo, el inconveniente de que las planchas de madera grabada, además de requerir mucho tiempo para su talla, se deterioraban rápidamente. Faltaba idear un sistema que permitiera imprimir mecánicamente textos escritos sin que fuera necesario grabar cada página. La solución fueron los tipos móviles: letras talladas en metal que podían combinarse para formar las palabras y líneas de una página de texto. Las ventajas del procedimiento, que permitía reproducir escritos con una rapidez y a una escala sin precedentes, le garantizaron un éxito fulgurante que se ha prolongado hasta la actualidad. En el pasado, los historiadores han propuesto diversos nombres como inventores de los tipos móviles en lugar de Gutenberg. Sin duda habría que empezar con los precedentes en el Lejano Oriente, documentados ya en el siglo XI, aunque no hay pruebas de que la invención se transmitiera a Occidente. En Aviñón, un orfebre llamado Waldvogel alardeaba, entre 1444 y 1446, de conocer un «arte de escribir artificialmente» (léase, de modo mecánico) y de tener «dos alfabetos de acero… 48 formas de estaño… y unos materiales destinados a la reproducción de textos hebreos y latinos». En Holanda se cita igualmente el nombre de Coster. Hoy en día, sin embargo, la paternidad exclusiva del descubrimiento se atribuye a Gutenberg, aunque las circunstancias en que se produjo siguen rodeadas de incertidumbre. LAS PRIMERAS IMPRESIONES. Parece que Gutenberg hizo los primeros ensayos de impresión en Estrasburgo, con el apoyo de sus socios en la empresa de fabricación de espejos. Él mismo se cuidó de mantener sus trabajos en secreto; a sus socios les pedía, en un documento, que no enseñasen a nadie la prensa, no se sabe si para pulir espejos o fabricar libros. En cualquier caso, a la muerte de Dritzehn estalló un conflicto de intereses entre Gutenberg y sus otros socios, y poco después el impresor volvió a Maguncia, donde se encontraba en 1448. De nuevo Gutenberg se vio en la obligación de buscar socios capitalistas para su empresa. Johann Fust, un rico negociante de Núremberg, le prestó 800 florines para la fabricación de «ciertos instrumentos», y luego le prometió 300 florines más para la «obra de libros», mediante un nuevo contrato en el cual estaban contemplados los gastos para papel, pergamino y tinta. Los estudiosos creen que este dinero se estaba invirtiendo en la impresión de la célebre Biblia de 42 líneas, aunque antes ya había impreso un manual para aprender latín así como formularios de indulgencias papales. UN NEGOCIO MUY LUCRATIVO. Es probable que, pese a la gran inversión que se requería, la empresa fuera un éxito comercial desde el principio, o al menos suscitara expectativas de que llegara a serlo. Ello explicaría el sorprendente vuelco que se produjo a finales de 1455, cuando Fust acusó a Gutenberg de emplear el dinero que le había prestado para otra cosa que la «fabricación de libros». Fust logró que los tribunales condenasen a Gutenberg a devolverle el dinero que le adeudaba más los intereses, 1.200 florines en total, una suma enorme a la que Gutenberg no podía hacer frente. El resultado fue que Fust se hizo con buena parte del material de impresión y logró el objetivo que seguramente se proponía con la acusación: apropiarse del pingüe negocio y desembarazarse de un inventor fastidioso al que robó sus hallazgos. Con ayuda de su futuro yerno, Peter Schoeffer, que conocía la técnica de Gutenberg y era, sin duda, más fácil de manejar, creó uno de los talleres más prósperos de Europa. Pese a ello, Gutenberg conservó al menos una prensa con la que siguió trabajando en Maguncia. Allí imprimió un diccionario latino, el Catholicon. Algunos autores creen que luego se trasladó un tiempo a la cercana Bamberg, donde entre 1458 y 1460 concluiría la impresión de la Biblia de 36 líneas, empezada en Maguncia años antes. |
Descubriendo secretos de la Biblia de Gutenberg. 04/2012 -
La invención y orígenes de la imprenta es un tema en el que parece que está todo dicho, pero no es así: algunas teorías no se han tocado desde hace décadas y se observan lagunas de información importantes. En este artículo se han utilizado herramientas matemáticas cómo son las letras de la Biblia de 42 líneas impresa por Johannes Gutenberg, entre 1452 y 1455, y que se considera el primer gran trabajo realizado con la tecnología de los tipos móviles, utilizada posteriormente en las imprentas durante siglos. Concretamente, el interés del grupo de investigación, en el que han participado investigadores de la UAB, era probar, a partir de las formas impresas observadas, que en la fabricación de los tipos metálicos se usó más de una matriz para cada forma de letra. Curiosamente, la teoría dominante hasta el momento afirmaba precisamente lo contrario. La principal herramienta empleada es el análisis de conglomerados, que permite concluir, con una probabilidad muy pequeña de error, que efectivamente se utilizaron múltiples matrices, al menos para las letras más frecuentes. Referencias “Classifying the typefaces of the Gutenberg 42-line bible”. Aureli Alabert, Luz Rangel. International Journal of Document Analysis and Recognition (IJDAR). Vol. 14, no. 4, DOI 10.1007/s10032-010-0140-6. Si se revisan las formas impresas dejadas por los tipos móviles -piezas metálicas con el relieve de una letra o carácter usadas en la imprenta- que utilizaron Gutenberg y Schöffer en su famosa Biblia de 42 líneas (conocida como B42), se ve claramente que son diferentes.
Figura 2. Tipos móviles metálicos Sin embargo, siempre ha pensado que los diferentes tipos móviles de metal fueron fabricados con una única matriz para cada carácter. En las primeras décadas del siglo XX, Gottfried Zedler, un investigador alemán que hizo su tesis en la Universidad de Leipzig, en 1885, sobre los primeros tiempos de la imprenta, clasificó 299 letras y signos de puntuación diferentes, y esta clasificación había sido considerada como definitiva hasta la actualidad.
En este trabajo se muestra evidencia estadística de la existencia de más de una matriz para la fundición de los tipos de metal. Para demostrarlo usamos el análisis de conglomerados como técnica principal, complementándola con test de valores extremos para validar los grupos obtenidos. El análisis de conglomerados (cluster analysis en inglés), es un conjunto de técnicas para subdividir un conjunto de objetos en diversas clases, de forma que queden agrupados en una misma clase (cluster o conglomerado) objetos que se parezcan entre sí y , en clases diferentes, aquellos que no se parezcan. Los datos de partida para hacer la clasificación en clusters son las medidas de disimilaridad entre todas las letras impresas representando el mismo glifo - imagen del símbolo gráfico, en este caso, huella del tipo móvil-en una misma página. Las medidas se obtuvieron con un escáner analógico de alta resolución sobre una reproducción en microfilm, por lo que no hay ninguna pérdida de calidad para digitalización. Lo difícil es determinar cuántas clases diferentes hay realmente. Pero nuestra intención era encontrar evidencia estadística que había más de una. Para ser conservadores y asegurarnos de que no veíamos clases diferentes donde no había, usamos los test de valores extremos (outliers test) que permite asegurar con probabilidad pequeña de equivocarse que las diferencias entre clases (clusters) eran , en efecto, significativamente mayores que las diferencias dentro de una misma clase. Vimos que, en efecto, aparecían varias clases de letras "a" con fuertes semejanzas internas y con formas sensiblemente diferentes entre clase y clase. De ahí la conclusión de que las letras dentro de una clase estarían impresas con tipos que provenían de la misma matriz, mientras que letras en clases diferentes estarían hechas con tipos que provenían de matrices diferentes. El hecho de comparar letras sólo dentro de una misma página permite asegurar que todas ellas fueron impresas con tipos metálicos diferentes, ya que una página entera sólo se puede imprimir a partir de una forma completa realizada por el compositor tipográfico. Evidentemente, las letras impresas con el mismo tipo de metal provienen de la misma matriz y son muy similares en forma; asegurando en cambio que todas las letras pertenecen a tipos metálicos diferentes, los grupos que eventualmente se detecten deberán ser atribuibles a diferentes orígenes matriciales. Las "desviaciones" o "errores" de la letra impresa, debidas a causas como la falta de homogeneidad de la tinta, la irregularidad en el papel, y el desgaste del tipo, se pueden considerar aleatorios e independientes para cada letra impresa en la misma página, y quedan "filtrados" por el procedimiento de cluster analysis, de manera que los diferentes grupos se forman por una diferencia real estructural entre letras.
Para este estudio se ha utilizado la Biblia depositada en el Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Se escogió la primera página del Evangelio de Mateo, al principio del Nuevo Testamento, de la que se tomaron dos muestras: una de 10 letras "i", lo suficientemente pequeña como para permitir el cálculo de la agrupación óptima enumerando exhaustivamente todas las posibilidades; la segunda, de 21 letras "a", al ser más grande nos daba más posibilidades de encontrar patrones diferentes. En este segundo caso se empleó un método aproximado de análisis de conglomerados, jerárquico aglomerados, ya que el cálculo exhaustivo es inviable con esta medida muestral. La conclusión más importante es que, tanto en las letras "y" como en las letras "a", se observa evidencia estadísticamente significativa de la existencia de grupos diferentes, atribuibles únicamente a la existencia de diferentes matrices originales. En la muestra de letras "i", formadas por un solo contorno, hay evidencia de al menos 3 matrices diferentes; en la muestra de "a", se observan, siendo conservadores, al menos 4 clusters, y por tanto 4 matrices . Puesto que, en la tipografía de la B42, la letra "a" tiene 3 contornos, un exterior y dos interiores, llevamos a cabo también un estudio de clasificación de uno de los contornos interiores, y los resultados parecen indicar que los diferentes contornos exteriores se combinan con diferentes contornos interiores. Esto sería muy importante, ya que sólo puede implicar que el contorno exterior también se hacía con un punzón, una posibilidad nueva en el campo de la historia de la imprenta.
Desde el punto de vista de la investigación histórica, saber qué herramientas fueron utilizadas o desarrolladas por Schöffer y Gutenberg para completar su monumental obra es uno de los elementos más interesantes. El hecho de que los tipos de metal fueran construidos a partir de múltiples matrices es un nuevo aspecto que indica que la tecnología de construcción de matrices se desarrolló fuerza ya en aquella época. El uso de punzón y contrapunzón para esculpir los contornos interiores es algo indiscutible hoy en día, pero su uso como herramientas para la fabricación de los contornos exteriores es un aspecto que merece ser trabajado con más profundidad. Los resultados, en conjunto, no son tan sorprendentes si tenemos en cuenta los antecedentes personales de Johannes Gutenberg (orfebre y cortador), así como las circunstancias históricas y razones técnicas, entre él y sus socios, Peter Schöffer (calígrafo y diseñador de tipo) y Johann Fust (inversor financiero). Los tres estuvieron involucrados en la impresionante empresa de desarrollar los tipos móviles que se utilizaron para imprimir la Biblia de 42 líneas. Aunque por circunstancias históricas se ha adjudicado el honor de la invención sólo a Gutenberg, sin el verdadero proyecto de diseño realizado por Schöffer, nunca habría sido posible el origen de la imprenta que hoy conocemos. |






























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