Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


martes, 4 de abril de 2017

80).-La Biblia de Gutenberg III La Vulgata y Comentarios.-a


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán;Paula Flores Vargas; 

La Vulgata.



La Vulgata es una traducción de la Biblia hebrea y griega al latín, realizada a finales del siglo IV (en el 382 d.C.) por Jerónimo de Estridón. Fue encargada por el papa Dámaso I dos años antes de su muerte (366-384). La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición divulgada) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que Jerónimo de Estridón dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.
La Biblia latina utilizada antes de la Vulgata, la Vetus Latina, no fue traducida por una única persona o institución y ni siquiera se editó de forma uniforme. La calidad y el estilo de los libros individuales variaba. Las traducciones del Antiguo Testamento provenían casi todas de la Septuaginta griega.
En el siglo IV, pudo haber sido añadido la coma joánica (en latín, comma johanneum), como una glosa en los versículos de la Primera epístola de Juan 5:7-8, y luego fue agregada al texto de la epístola, en la Vulgata latina, cerca del año 800.

Conservación

Un número de manuscritos tempranos que atestiguan la Vulgata sobreviven hoy. Fechado en el siglo VIII, el códice Amiatinus es el manuscrito completo más antiguo. El códice Fuldensis, que data aproximadamente del 545, es anterior aunque los evangelios son una versión corregida del Diatessaron.
En la Edad Media la Vulgata sucumbió a los cambios inevitables forjados por el error humano, en el copiado incontable del texto en los monasterios a través de Europa. Desde sus días más tempranos, las lecturas del Vetus Latina fueron introducidas. Las notas marginales fueron interpoladas erróneamente en el texto. Ninguna copia era igual a otra. Cerca del año 550, Casiodoro hizo la primera tentativa de restauración de la Vulgata a su pureza original. Alcuino de York supervisó esfuerzos para copiar una Vulgata restaurada, que él presentó a Carlomagno en 801. Tentativas similares fueron repetidas por Teodulfo, Obispo de Orleans (787? - 821); Lanfranc, Arzobispo de Canterbury (1070-1089); San Esteban Harding, el abad de Císter (1109-1134), y el diácono Nicolás Maniacoria (sobre el principio del siglo XIII).

Aunque el advenimiento de la imprenta redujo mucho el potencial del error humano y aumentó la consistencia y la uniformidad del texto, las ediciones más tempranas de la Vulgata reprodujeron simplemente los manuscritos que estaban disponibles fácilmente para los editores. De los centenares de ediciones, la más notable es la de Mazarin, publicada por Johann Gutenberg en 1455, famosa por su belleza y antigüedad. En 1504 la primera Vulgata con variantes de lectura fue publicada en París. 
Uno de los textos de la Biblia Políglota Complutense fue una edición de la Vulgata, hecha con los manuscritos antiguos y corregida para convenir con el griego. Erasmo publicó una edición corregida y cotejada con el griego y el hebreo en 1516. En 1528, Robertus Stephanus. La edición crítica de Juan Hentenius de Lovaina siguió en 1547.

 




La Biblia de Gutemberg, también conocida como la Biblia de 42 líneas o Biblia de Mazarino, es una versión impresa de la Vulgata, que fue impresa por Johannes Gutenberg en ciudad de Maguncia, Alemania, en el siglo XV. Aunque no es, como se dice a menudo, el primer libro impreso mediante el sistema de tipos móviles (fue el «Misal de Constanza», en 1449), fue su mayor trabajo, y tiene el status de icono como el comienzo de la «Edad de la Imprenta».
El formato es posiblemente una imitación del manuscrito de Maguncia, también llamado Biblia gigante de Maguncia, cuyas 1.300 páginas fueron escritas a mano.
El nombre «Biblia de 42 líneas» se refiere a al número de líneas impresas en cada página, y es usada para diferenciarlo de la edición de 36 líneas posterior.
La preparación para esta edición comenzó después de 1450, y las primeras copias estaban disponibles para 1454 ó 1455. Fue realizada usando una prensa de impresión y tipos movibles. Una copia completa tiene 1.282 páginas y la mayoría fueron encuadernadas en al menos dos volúmenes.
Esta Biblia es el más famoso incunable, y su producción dio comienzo a la impresión masiva de textos en Occidente.
Se cree que fueron producidas alrededor de 180 copias, 45 en pergamino y 135 en papel. Luego de impresas, fueron rubricadas e iluminadas a mano, trabajo realizado por especialistas, lo que hace que cada copia sea única.
El primer libro impreso producido en masa fue la Biblia, una versión basada en el latín edición vulgata de aproximadamente 380 AD.  La Biblia fue impresa en Maguncia, Alemania por Johannes Gutenberg de 1452 -1455.  Aunque los bibliógrafos alemanes reclamación que era también puede haber sido terminado y perfeccionado por Johann Fust, un rico financiero que ganó Gutenberg parte de la empresa en una demanda, y Peter Schöffer, el ayudante de Gutenberg. 
La primera copia que atrajo la atención fue descubierta alrededor de 1760 entre los libros del estadista francés cardenal Mazarino.  El libro es el primer volumen se sabe que han sido impresos con tipos móviles de metal.  
 La historia de la Biblia impresa es objeto de considerable debate de carácter académico. Fragmentos de Biblia anteriores también se han encontrado, que se diferencian por el número de líneas de texto en una página.  Los estudiosos han identificado diversas variantes y trató de elaborar la secuencia de desarrollo sobre la base de la calidad de las piezas de cada tipo. 
 La Biblia más antigua impresa de clases de tipos es a menudo llamada la Biblia de Gutenberg (el nombre de su impresora Johannes Gutenberg), o el 42 - Línea Biblia (así llamada porque con pocas excepciones, cada página tiene 42 líneas de impresión), o la Biblia Mazarino (Ya que la primera copia de recuperar la atención en 1760 fue encontrado en la biblioteca del cardenal Mazarino, en París). 
 En 1440, el inventor alemán Johannes Gutenberg inventó la imprenta proceso que, con el perfeccionamiento y aumento de la mecanización, sigue siendo el principal medio de la imprenta hasta fines del siglo 20.  El inventor del método de la imprenta de tipo móvil, incluida la utilización de moldes de metales y aleaciones, una prensa especial, y las tintas a base de petróleo, permitió por primera vez la producción en masa de libros impresos. 
 La Biblia, impresa en Mainz, probablemente requiere de varios años de trabajo, que comenzó en 1452 y se terminó a más tardar en 1455 e impreso en una edición de unos 180 ejemplares.  El texto de la Biblia es Latina.  Coloreadas las iniciales y otras iluminaciones eran dibujados a mano después fueron impresas las páginas. 
La Biblia de Gutenberg imprime carece de muchas características modernas que están acostumbrados a los lectores, como la paginación, el espaciamiento de palabra, muescas, y en el párrafo pausas.
La Biblia es grande con más de 1280 páginas, y el texto se establece en dos columnas.  El alemán tipo de estilo gótico se inspirara en los manuscritos de la época.  Las columnas de texto están perfectamente justificadas a izquierda y derecha. 
 Esto es posible porque las palabras pueden ser Latina abreviado mediante la sustitución de letras con símbolos. El texto impreso era negro, rojo y azul, con cabeceras e iniciales que se va a añadir más tarde por un iluminador.  La edición incluye tanto las copias en papel y pergamino.  En el diseño y mano de obra, la Biblia de Gutenberg ocupa su lugar como uno de los mejores de todos los libros impresos. 
 La primera página de Gutenberg imprime sólo había 40 líneas por columna.  Más tarde en el curso de la imprenta, Gutenberg realidad el documento podría acomodar 42 líneas y por lo que la página impresa y se restablezca de nuevo en el nuevo formato.  El original de las páginas de 40 líneas se incluyó en el primer tema de la Biblia de Gutenberg. 
 A partir de 2003, la Biblia de Gutenberg censadas son 11 copias completas sobre vitela, 1 ejemplar del Nuevo Testamento sólo en vitela, 48 sustancialmente completa integrante copias en papel, con otro dividido copia en papel, y una luminosa página (la Bagford).



Comentarios bíblicos.

Paula Flores Vargas

"Para escribir una historia completa de la exégesis", dice Farrar, "se requeriría el espacio de muchos volúmenes." No es de extrañar si se tiene en cuenta que el número de comentarios sobre un escritor tan reciente como Dante alcanzó el total de 1,300 a principios del siglo XX. Como el terreno a cubrir es muy extenso, aquí sólo podremos dar el bosquejo más sencillo. La bibliografía al final le permitirá al lector profundizar en el tema. Tocamos los puntos más importantes de los comentarios judíos, patrísticos, medievales y modernos (católicos y no católicos). Comenzamos con los escritores judíos, y tratamos brevemente con el Tárgum, Mishna y Talmud; ya que, aunque estos no pueden ser considerados como comentarios sobre la Biblia, en el sentido estricto de la palabra, naturalmente conducen a ellos.
 Aquellos que requieren más información sobre este punto pueden referirse a los artículos especiales en la Enciclopedia Católica, y a las obras mencionadas en la bibliografía. Se presta especial atención a la lista de los mejores comentarios modernos no católicos en inglés [V (3)]. El artículo se divide de la siguiente manera:

Comentarios Judíos
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Filón:

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Había una historia entre los judíos de la Edad Media, según la cual Aristóteles acompañó a Alejandro Magno a Jerusalén, y, con la astucia característica griega, se apropió de la sabiduría de Salomón, que posteriormente se atribuyó como propia delante de sus compatriotas. Esto explicaba todo lo bueno en Aristóteles; los defectos eran la única cosa peculiar al filósofo. Que la literatura griega, en general, obtuvo su inspiración de Moisés fue una idea no crítica que se remontaba a Filón, el gran escritor judío de Alejandría. 
Un visitante de Alejandría en el momento en que Cristo fue a predicar a Galilea, habría encontrado allí y en sus alrededores un millón de judíos que usaban la Versión de los Setenta como su Biblia, y habría podido entrar a su magnífica gran sinagoga, de la que estaban justamente orgullosos. 
Se suponía que quien no la había visto no había contemplado la gloria de Israel. De acuerdo al Sukkah, los miembros de su Sanedrín se sentaban en setenta y un tronos de oro valorados en decenas de miles de talentos de oro; y el edificio era tan grande que había que ondear una bandera para señalarle a la gente cuándo responder.
A la cabeza de esta asamblea, en el trono más alto, se sentaba el “alabarca” (N. de la T.: el alabarca era el título griego de un oficial que estaba a la cabeza de la población judía de Alejandría durante los períodos helenístico y romano temprano.), el hermano de Filón. Filón mismo era un hombre rico y erudito, que se mezclaba con todas clase de personas y frecuentaba el teatro y la gran biblioteca. Igualmente familiarizado con los Setenta y con los clásicos griegos, estaba asombrado y perplejo ante los muchos pensamientos hermosos y nobles contenidos en los segundos, que podían compararse con muchos pasajes de la Biblia. Como esta dificultad debe haberse presentado con frecuencia a las mentes de sus correligionarios, trató de hacerle frente diciendo que todo lo que era grande en Sócrates, Platón, etc. se originó con Moisés. Se dedicó a la conciliación de la filosofía pagana con el Antiguo Testamento, y para ello hizo amplio uso del método de interpretación alegórico. Muchos pasajes del Pentateuco no estaban destinados a ser tomados literalmente. Eran literalmente falsos, pero alegóricamente ciertos. No dio con la distinción, hecha más tarde por Santo Tomás de Aquino y otros pensadores católicos, entre la religión natural y la revelada.
 La Biblia contiene no sólo la religión revelada, sino también la natural, libre de errores y con la sanción divina. Los sistemas paganos pueden tener la religión natural muy desarrollada, pero con mucho error concomitante. Aunque esta distinción no se le ocurrió a Filón, su exégesis sirvió para superar las dificultades por el momento entre los judíos helenísticos, y tuvo gran influencia sobre Orígenes de Alejandría y de otros escritores cristianos alejandrinos.


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Los Tárgums:


Con el fin de ponernos en las principales líneas de interpretación judía es necesario irnos a la Tierra Santa. Farrar, en su "Vida de Cristo", dice que se ha sugerido que cuando Cristo visitó el Templo, a los doce años de edad, debieron haber estado presente entre los doctores Jonathan ben Uziel, que una vez se pensó ser el autor del Tárgum Jonatán, y los venerables maestros Hillel y Shammai, los transmisores de la Mishná. Los Tárgums (el más famoso de los cuales es el del Pentateuco, erróneamente atribuido a Onkelos, un nombre poco apropiado para Aquila, según Abrahams) eran la única aproximación a algo así como un comentario sobre la Biblia antes de la época de Cristo. 
Eran traducciones o paráfrasis interpretativas del hebreo al arameo para el uso en las sinagogas cuando, después del Exilio, la gente había perdido el conocimiento del hebreo. Es dudoso si cualquiera de ellas fueron puestas por escrito antes de la era cristiana. Son importantes ya que indican el carácter del texto hebreo que se usó, y porque concuerdan con el Nuevo Testamento en la interpretación mesiánica de ciertos pasajes que judíos posteriores negaron tuviesen ninguna relación mesiánica.

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La Mishná y los Talmud:


Hillel y Shammai fueron el ultimo “par” de varias generaciones de “pares” de maestros. Estos pares fueron los sucesores de los primeros escribas que vivieron después del Exilio. Se dice que estos maestros transmitieron y expandieron la ley oral, la cual, según la opinión no crítica de muchos judíos, comenzó con Moisés. Esta ley oral, cuyo origen está enterrado en la oscuridad, se compone de interpretaciones jurídicas y litúrgicas y aplicaciones del Pentateuco. Como ninguna parte de ella fue escrita, fue preservada mediante la repetición constante (Mishná). 
En la destrucción de Jerusalén varios rabinos, educados en dicha ley, se establecieron en Jamnia, cerca del mar, a veintiocho millas al oeste de Jerusalén. Jamnia se convirtió en la sede de la erudición judía hasta 135. A continuación, se abrieron escuelas en Séforis y Tiberíades, al oeste del Mar de Galilea. Los rabinos consolaban a sus compatriotas enseñándoles que el estudio de la Ley (tanto oral como escrita) tomaba el lugar de los sacrificios. Ellos dedicaron sus energías a la organización de la Tora no escrita, o la Ley.

Uno de los más exitosos en esto fue el Rabí Akiba, quien participó en la revuelta de Bar-Kokba, contra los romanos, y perdió la vida (135). El trabajo de sistematización se completó y, probablemente, fue puesto por escrito por el patriarca judío de Tiberíades, el rabino Jehudah ha-Nasi "El Príncipe" (150-210). Él era de origen noble, rico y culto, y era llamado por los judíos "Nuestro Maestro el Santo", o simplemente Rabí par excellence. La compilación realizada por este rabino es la Mishná. Está escrita en hebreo nuevo, y se compone de seis grandes divisiones u órdenes, y cada división contiene, en promedio cerca de diez tratados, compuesto cada uno de varios capítulos. Se puede decir que la Mishná es una recopilación de la teología moral, la liturgia, el derecho, etc. judíos tradicionales. Hay otras tradiciones no encarnadas en la obra del rabino, y a éstas se les llama Mishná adicionales.

Las discusiones de las últimas generaciones de rabinos se centran alrededor del texto de la Mishná. Intérpretes o "portavoces" trabajaron en ella tanto en Palestina como en Babilonia (hasta 500), y los resultados están contenidos en el Talmud babilónico y en el palestino. La palabra Talmud significa enseñanza, doctrina. Cada Talmud consta de dos partes, la Mishná (en hebreo), en sesenta y tres tratados, y una explicación de los mismos (Gemara), diez o doce veces tan extensa. La parte explicativa del Talmud palestino está escrita en arameo occidental y la del Talmud babilónico en arameo oriental, que está íntimamente ligado al siríaco o mandaico. Los pasajes en la Gemara que contienen Mishná adicionales, sin embargo, se dan en hebreo nuevo. Sólo treinta y nueve tratados de la Mishná tienen Gemara.

 El Talmud, entonces, consiste de la Mishná (tradiciones desde el 450 a.C. hasta el 200 d.C.), junto con un comentario a ella, Gemara, siendo este último compuesto alrededor de 200-500 d.C. Luego de la Biblia el Talmud babilónico es el gran libro religioso de los judíos ortodoxos, aunque el Talmud palestino es más altamente apreciado por los eruditos modernos. Desde el año 500 hasta la Edad Media los rabinos (geonim) en Babilonia y otros lugares se dieron a la tarea de comentar sobre el Talmud y de reconciliarlo con la Biblia. Una lista de tales comentarios aparece en “La Enciclopedia Judía”

El Midrashim

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Simultáneamente a la Mishná y al Talmud se formó una serie de Midrás, o comentarios sobre la Biblia. Algunos de estos fueron legalistas, al igual que la Gemara del Talmud, pero los más importantes fueron de carácter edificante y homilético (Midrash Hagadá). Estos últimos son importantes por la luz corroborativa que arrojan sobre el lenguaje del Nuevo Testamento. Se ve el Evangelio según San Juan como lleno de fraseología judía temprana, y las palabras del Salmo 99, "dijo el Señor a mi Señor", etc. se encuentran en un lugar aplicadas al Mesías, como en San Mateo, aunque Rashi y judíos posteriores le quitan su sentido mesiánico y se lo aplican a Abraham.

Comentarios caraítas:


Cuando se considera la naturaleza del Talmud y otros escritos, no es de extrañar que produjesen una reacción violenta contra el rabinismo incluso entre los propios judíos. A pesar de las pocas joyas del pensamiento dispersos a través de él a largos intervalos, no hay nada en ninguna literatura tan poco atractivo como el Talmud. La oposición a estas "tradiciones de hombres", finalmente se concretó. Anan ben David, un prominente judío de Babilonia en el siglo VIII, rechazó el rabinismo por el Antiguo Testamento escrito y se convirtió en el fundador de la secta conocida como los caraítas (una palabra que indica su preferencia por la Biblia escrita). 
Este cisma produjo una gran energía y capacidad de ambas partes. Los principales comentadores bíblicos caraítas fueron Mahavendi (siglo IX), Abul-Faraj Harun (siglo IX), exégeta y gramático hebreo; Salomón ben Yerucham (siglo X); Sahal-ben Mazliach (m. 950), gramático y lexicógrafo hebreo; Joseph al-Bazir (m. 930), Japhet ben Ali, el más grande comentarista caraíta del siglo X; y Judah Hadasi (m. 1160).

Edad Media:


Saadiah de Fay-Um (m. 892), el más poderoso escritor contra los caraítas, tradujo la Biblia al arábigo y agregó notas. Además de comentarios sobre la Biblia, Saadia escribió un tratado sistemático que armonizaba la religión revelada con la filosofía griega. Se convirtió así en el precursor de Maimónides y los escolásticos católicos. Salomón ben Isaac, llamado Rashi (n. 1040) escribió explicaciones muy populares del Talmud y la Biblia. Abraham-ben-Méir Aben-Ezra de Toledo (m. 1168) tenía un buen conocimiento de lenguas orientales y escribió comentarios eruditos sobre el Antiguo Testamento. Fue el primero en sostener que Isaías contiene la obra de dos profetas. Moisés Maimónides (m. 1204), el mayor estudioso judío de la Edad Media, del cual sus correligionarios dijeron que "desde Moisés a Moisés no hubo otro como Moisés", escribió su "Guía de los Perplejos", que fue leída por Santo Tomás. 

Fue un gran admirador de Aristóteles, que era para él el representante del conocimiento natural así como la Biblia lo es de lo sobrenatural. Estaban las dos Kimchis, especialmente David (m. 1235) de Narbona, quien fue un famoso gramático, lexicógrafo y comentarista inclinado al sentido literal. Fue seguido por Najmánides de Cataluña (m. 1270), doctor en medicina que escribió comentarios de una tendencia cabalística; Emanuel de Roma (n. 1270); y los caraítas, Aaron ben Joseph (1294) y Aarón ben Elías ( siglo XIV).

Modernos:


Isaac Abrabanel (nació en Lisboa en 1437 y murió en Venecia en 1508) fue un estadista y académico. Ninguno de sus predecesores llegó tan cerca del ideal moderno de un comentarista como lo hizo él. Le escribió introducciones generales a cada libro, y fue el primer judío en hacer uso extenso de los comentarios cristianos. También debemos mencionar a Elias Levita (m. 1549) y Azarías de Rossi (m. 1577). Moses Mendelssohn de Berlín (m. 1786), un amigo de Lessing, tradujo el Pentateuco al alemán. Sus comentarios (en hebreo) son exactos, eruditos, críticos y agudos. Él ha tenido mucha influencia en la modernización de los métodos judíos.
 Mendelssohn ha sido seguido por Wessely, Jaroslaw, Homberg, Euchel, Friedlander, Hertz, Herxheimer, Philippson, etc, llamados "biuristas", o expositores. La escuela liberal moderna entre los judíos está representada por Munk, Luzzato, Zunz, Geiger, Furst etc. En épocas pasadas los judíos le atribuyeron a Moisés tanto la Tora escrita como la oral; algunos judíos modernos parecen dispuestos a negar que tuviese algo que ver con ninguna.


Comentarios Patrísticos

La historia de la exégesis cristiana se puede dividir en tres períodos: la época de los Padres, la época de las Catenae y escolios (siglo VII al XVI) y la época de los comentarios modernos (siglos XVI al XX). La mayoría de los comentarios patrísticos están en forma de homilías, o discursos a los fieles, y cubren toda la Escritura. Hay dos escuelas de interpretación, la de Alejandría y la de Antioquía.

Escuela Alejandrina:

Los principales escritores de la Escuela de Alejandría fueron Panteno, Clemente de Alejandría, Orígenes, San Dionisio de Alejandría, Dídimo el sacerdote ciego, San Cirilo de Alejandría y Pierio. A éstos se puede añadir San Ambrosio, quien, en un grado moderado, adoptó su sistema. Su característica principal fue el método alegórico. Este se basó, sin duda, en pasajes de los Evangelios y las Epístolas de San Pablo, pero recibió un fuerte impulso a partir de los escritos de los judíos de Alejandría, sobre todo de Filón. El gran representante de esta escuela fue Orígenes (m. 254). Desde sus años más tempranos Orígenes manifestó tan extraordinarias señales de piedad y genio que fue tenido en la más alta reverencia por su padre, él mismo un santo y mártir. Orígenes se convirtió en el maestro de muchos grandes santos y sabios, de los cuales uno de las más célebres fue San Gregorio Taumaturgo, quien fue conocido como el "Diamantino" debido a su incesante aplicación al estudio, a la escritura, a dar conferencias y a las obras de piedad. 
A menudo mantenía siete amanuenses empleados activamente; se decía que él se convirtió en el autor de 6,000 obras (Epifanio, Haer., LXIV, ); de acuerdo a San Jerónimo, quien redujo el número a 2,000 (Contra. Rufin, II, 22. ), dejó más escritos que los que ningún hombre pudiera leer en la vida (Ep. XXXIII, ad Paulam). Además de sus grandes trabajos en la Hexapla escribió escolios, homilías y comentarios sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En sus escolios dio una breve explicación de los pasajes difíciles, a la manera de sus contemporáneos, los anotadores de los clásicos griegos. La mayoría de los escolios, en el que principalmente buscaba el sentido literal, se han perdido por desgracia, pero se supone que su contenido se manifiesta en los escritos de San Juan Crisóstomo y otros Padres. En sus otras obras Orígenes empujó la interpretación alegórica al extremo máximo. 
A pesar de esto, sin embargo, sus escritos fueron de gran valor, y con la excepción de San Agustín, ningún escritor de la antigüedad tuvo tal influencia. Es lamentable que este gran hombre cayese en el grave error sobre el origen de las almas, la eternidad del infierno, etc.

Escuela Antioquena:

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A los escritores de la escuela de Antioquía no les gustaba el método alegórico, y buscaron casi exclusivamente el sentido literal, primario o histórico de las Sagradas Escrituras. Los principales escritores de esta escuela fueron San Luciano, Eusebio de Nicomedia, Maris de Calcedonia, Eudoxio, Teognis de Nicea, Asterio, el heresiarca Arrio, Diodoro de Antioquía (obispo de Tarso), y sus tres grandes alumnos, Teodoro de Mopsuestia, Policromio, el hermano de Teodoro, y San Juan Crisóstomo. Con estos se puede contar a San Efrén debido a su preferencia por el sentido literal.
 Los grandes representantes de esta escuela fueron Diodoro, Teodoro de Mopsuestia y San Juan Crisóstomo. Diodoro, quien murió siendo obispo de Tarso (394), siguió el sentido literal hasta la exclusión del sentido místico o alegórico. Teodoro nació en Antioquía (347), se convirtió en obispo de Mopsuestia y murió en la comunión de la Iglesia (429). Fue un pensador de gran alcance, pero un escritor oscuro y prolijo. Sentía aversión intensa hacia el sentido místico, y explicaba las Escrituras de una manera muy literal y casi racionalista. Su discípulo, Nestorio, se convirtió en uno de los fundadores de la herejía; los nestorianos tradujeron sus libros al siríaco y consideraban a Teodoro como su gran "doctor". 
Esto hizo que los católicos sospechasen de sus escritos, los cuales fueron condenados finalmente después de la famosa polémica sobre los Tres Capítulos. Los comentarios de Teodoro sobre el Evangelio según San Juan, en siríaco, fueron publicados a principios del siglo XX, con una traducción al latín, por un erudito católico, el doctor Chabot.

San Juan Crisóstomo, sacerdote de Antioquía, se convirtió en patriarca de Constantinopla en 398. Como intérprete de la Sagrada Escritura se encuentra en el primer rango de los Padres. Escribió homilías sobre la mayoría de los libros del Antiguo y el Nuevo Testamento. No hay nada en toda la antigüedad que iguale sus escritos sobre el Evangelio según San Mateo y las Epístolas de San Pablo. Cuando uno de sus hermanos le preguntó a Santo Tomás de Aquino si le gustaría ser el dueño de París, para que la pudiera destinar al rey de Francia y con los ingresos promover las buenas obras de su orden, él respondió que él preferiría ser el poseedor del “Super Matthæum” de Crisóstomo. 
Esta respuesta puede ser tomada como la verdadera expresión de la gran admiración que ha tenido siempre la Iglesia por los escritos de San Juan Crisóstomo. San Isidoro de Pelusio dijo de él que si el apóstol San Pablo pudiese haber utilizado lenguaje ático, habría explicado sus propias epístolas en las mismas palabras de San Juan Crisóstomo.

Escuela Intermedia:

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Los otros Padres combinaron lo mejor de los dos sistemas, algunos más inclinados al sentido alegórico y otros al literal. Los principales fueron San Isidoro de Pelusio, Teodoreto, San Basilio, San Gregorio Nacianceno, San Gregorio de Nisa, San Hilario de Poitiers, Ambrosiastro, San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno y Pelagio. San Jerónimo, tal vez el mayor estudioso bíblico de la antigüedad, además de sus famosas traducciones de las Escrituras, y otras obras, dejó muchos comentarios útiles, algunos de gran mérito. En otros se apartó demasiado del significado literal del texto. 
En la prisa de la composición no siempre indicó suficientemente cuándo estaba citando de diferentes autores, y esto, de acuerdo con Richard Simon, explica sus aparentes discrepancias.

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Comentarios Medievales

Los escritores medievales se conformaron con sacar de los ricos tesoros que dejaron sus predecesores. Sus comentarios consistieron, en su mayor parte, de los pasajes de los Padres, que conectaron entre sí como en una cadena, catena. No podemos dar más que los nombres de los autores principales, con el siglo después de cada uno. Aunque no todos son conocidos como catenistas, para los efectos prácticos pueden ser considerados como tales.

Catenistas Griegos:


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Procopio de Cesarea (siglo VI) fue uno de los primeros en escribir una catena. Fue seguido por San Máximo, mártir (VII), San Juan Damasceno (VIII), Olimpiodoro (X), Ecumenio (X), Nicetas de Constantinopla (XI), Teofilacto, arzobispo de Bulgaria (XI), Eutimio Zigabeno (XII) y los escritores de catenas anónimas editadas por Cramer y el cardenal Mai.

Catenistas Latinos, Escoliastas, etc.:

Los principales comentaristas latinos de este período fueron San Beda el Venerable, Walafrido Estrabón, Anselmo de Laon, Hugo de St-Cher, Santo Tomás de Aquino y Nicolás de Lira. Beda el Venerable (siglos VII al VIII), un buen griego y erudito hebreo, escribió un comentario útil sobre la mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. 

Es en realidad una catena de pasajes atinadamente escogidos y clasificados de los |Padres griegos y latinos. Walafrido Estrabón (siglo IX), un benedictino, escribió la "Glossa ordinaria" sobre toda la Biblia. Se trata de una breve explicación del sentido literal y místico, basada en Mauro Rábano y otros escritores latinos, y fue una de las obras más populares durante la Edad Media, siendo tan conocida como "Las Sentencias" de Pedro Lombardo. Anselmo, deán de Laon, y profesor en París (siglo XII), escribió la "Glossa Interlinearis", llamada así porque la explicación se insertó entre las líneas de la Vulgata. 

El cardenal dominico, Hugo de Saint-Cher (Hugo de Sancto Caro, siglo XIII), además de su famosa "Concordancia", compuso por un breve comentario sobre la totalidad de las Escrituras, explicando el sentido literal, alegórico, analógico y moral del texto. Su obra fue llamada "Postillæ", es decir, post illa (verba textus), porque la explicación seguía las palabras del texto.

Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) dejó comentarios sobre Job, los Salmos, Epístolas de San Pablo, y fue el autor de la conocida "Catena Aurea" sobre los Evangelios, la cual consiste de citas de más de ochenta Padres griegos y latinos. Arrojó mucha luz sobre el sentido literal, y es más feliz en la ilustración de los puntos difíciles mediante pasajes paralelos de otras partes de la Biblia. Nicolás de Lira (siglo XIII), un judío convertido, se unió a los franciscanos en 1291, y trajo al servicio de la Iglesia su gran conocimiento del hebreo y el aprendizaje rabínico. 
Escribió notas cortas o "Postillæ" sobre toda la Biblia, y estableció el significado literal con gran capacidad, especialmente de los libros escritos en hebreo. Esta obra fue muy popular, y de uso frecuente en la Edad Media, y Lutero estaba endeudado con ella por su despliegue de aprendizaje. El Concilio de Vienne (1311) le dio un gran impulso a los estudios exegéticos, pues decretó que se debía establecer cátedras de hebreo, caldeo, arábigo en París, Oxford, Bolonia y Salamanca.

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Además de los grandes escritores ya mencionados, los siguientes son algunos de los principales exégetas, muchos de ellos benedictinos, desde la época patrística hasta el Concilio de Trento: Casiodoro (siglo VI); San Isidoro de Sevilla (VII); San Julián de Toledo (VII): Alcuino (VIII); Mauro Rábano (IX); Druthmar (IX); Remigio de Auxerre (IX), San Bruno de Wurzburgo, un distinguido erudito griego y hebreo; San Bruno, fundador de los cartujos (XI) ; Gilberto de la Porrée; San Ruperto (XII); Alejandro de Hales (XIII); San Alberto Magno (XIII); Pablo de Burgos (XIV a XV); Alonso Tostado de Ávila (XV); Ludolfo de Sajonia; y Dionisio el Cartujo, el cual escribió un comentario piadoso sobre toda la Biblia; Faber Stapulensis (XV a XVI); Gagnaeus (XV a XVI).
 Erasmo y el cardenal Cayetano (XVI), escribieron en un espíritu científico, pero han sido justamente acusados de algunas opiniones imprudentes.

Comentarios Católicos Modernos

La llegada de los eruditos griegos a Italia luego de la caída de Constantinopla, el Renacimiento cristiano y anti-cristiano, la invención de la imprenta, la conmoción controversial causada por el auge del protestantismo y la publicación de Biblias políglotas por el cardenal Jiménez y otros, le dieron un renovado interés al estudio de la Biblia entre los estudiosos católicos. 
La controversia les mostró la necesidad de dedicar más atención al significado literal del texto, de acuerdo con el sabio principio establecido por Santo Tomás en el comienzo de su "Summa Theologica".

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Fue entonces que los hijos de San Ignacio, el cual fundó su Orden en 1534, entraron en primera fila para repeler los ataques a la Iglesia. La Ratio Studiorum de los jesuitas hicieron obligatorio el que sus profesores de Escritura tuviesen pleno dominio del griego, el hebreo y otras lenguas orientales. Salmerón, uno de los primeros compañeros de San Ignacio, y el teólogo del Papa en el Concilio de Trento, fue un distinguido erudito hebreo y comentarista prolífico. Belarmino, uno de los primeros cristianos en escribir una gramática hebrea, compuso un valioso comentario sobre los Salmos, en el que daba una exposición de los textos hebreos, los Setenta y la Vulgata. Fue publicado como parte de un comentario de Cornelius Lapide sobre toda la Biblia. Cornelius a Lapide, S.J. (n. 1566), un nativo de los Países Bajos, estaba bien versado en griego y hebreo. 
Durante cuarenta años se dedicó a la enseñanza y a la composición de su gran obra, que ha sido muy elogiada tanto por protestantes como por católicos. Maldonado, un jesuita español, (n. 1534) escribió comentarios sobre Isaías, Baruc, Ezequiel, Daniel, Salmos, Proverbios, Cantar de los Cantares (Cántico de Salomón) y Eclesiastés. Sin embargo, su mejor obra es su comentario en latín sobre los Cuatro Evangelios, el cual es generalmente reconocido como una de los mejores jamás escritos. Cuando Maldonado enseñaba en la Universidad de París, la sala se llenaba de estudiantes ansiosos antes del comienzo de la clase, y a menudo él tenía que hablar al aire libre. Tan grande como fue el mérito de la obra de Maldonado, fue igualado por el comentario sobre las Epístolas de Estio (nacido en Gorcum, Holanda, 1542), un sacerdote secular, y superior del Colegio de Douai. 
Estas dos obras son todavía de gran ayuda para el estudiante. Muchos otros jesuitas fueron los autores de valiosas obras exegéticas, como por ejemplo: Francisco Ribera de Castilla (n. 1514); el cardenal Toledo de Córdoba (n. 1532); Manoel de Sa (m. 1596); Bonfrere de Dinant (n. 1573); Mariana de Talavera (n. 1537), Alcázar de Sevilla (n. 1554); Barradio el "Apóstol de Portugal"; Sánchez de Alcalá (m. 1628); Serario de Lorena (m. 1609); Lorino de Aviñón (n. 1559); Tirino de Amberes (n. 1580); Menoquio de Pavía; Pereira de Valencia (m. 1610) y Pineda de Sevilla.

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Los jesuitas tenían como competidores a Arias Montano (m. 1598), el editor de la Biblia Políglota de Amberes; Sixto de Siena, O.P. (m. 1569); Johann Wild (Fero), O.S.F.; Domingo de Soto, O.P. (m. 1560); Masio (m. 1573); Jansen de Ghent (m. 1576); Génébrard de Cluny (m. 1597); Agelio (m. 1608); Lucas de Brujas (m. 1619); Calasio, O.S.F. (m. 1620); Malvenda, O.P. (m. 1628); Jansen de Ypres; Simeón de Muis (m. 1644); Jean Morin, oratoriano (m. 1659); Isaac Le Maistre (de Sacy); Juan Silveira, carmelita (m. 1687); Bossuet (m. 1704); Richard Simon, oratoriano (m. 1712); Calmet, oratoriano, quien escribió un valioso diccionario de la Biblia, del cual hay una traducción al inglés, y un comentario muy estimado sobre todos los libros de la Escritura (m. 1757); Louis de Carrières, oratoriano (m. 1717); Piconio, capuchino (m. 1709); Lamy, oratoriano (m. 1715); Guarin, O.S.B. (m. 1729); Houbigant, oratoriano (m. 1783); Smits, recoleto (1770); Le Long, oratoriano (m. 1721); Brentano (m. 1797).

En el siglo XIX, algunos de los escritores católicos sobre la Biblia son los siguientes: Scholz, Hug, Jahn, Le Hir, Allioli, Mayer, van Essen, Glaire, Beelen, Haneberg, Meignan, Reithmayr, Patrizi, Loch, Bisping (su comentario sobre el Nuevo Testamento fue llamado "excelente" por Vigouroux), Corluy, Fillion, Lesêtre, Trochon (Introducciones y Coment. sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento., "La Sainte Bible", 27 vols.), Schegg, Bacuez, Kenrick, McEvilly, Arnauld, Schanz (una obra muy valiosa, en alemán, sobre los Evangelios), Fouard, Maas, Vigouroux (obras de Introducción), Ward, McIntyre, etc. Los católicos también han publicado importantes libros científicos. Está el gran “Curso” latino sobre toda la Biblia por los padres jesuitas Cornely, Knabenbauer y Hummelauer. Los escritos de Lagrange (Les Juges), Condamin (Isaïe), Calmes (Saint Jean), Van Hoonacker (Les Douze Petits Prophètes), etc., son todos obras valiosas. Para una lista de publicaciones católicas modernas sobre la Escritura el lector debe referirse al "Revue biblique", editado por Lagrange (Jerusalén y París), y el "Biblische Zeitschrift', publicado por Herder (Friburgo im Breisgau). Para más información respecto a los principales comentadores católicos vea los artículos respectivos.



Comentarios No Católicos

En General

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Los comentarios de los primeros reformadores, Lutero, Melanchton, Calvino, Zuinglio, etc., son en su mayoría polémicos, y actualmente los eruditos los citan muy poco. Sus sucesores inmediatos se involucraron demasiado enérgicamente en polémicas entre ellos como para dedicar mucho tiempo a las obras regulares de exégesis. Los siguientes escribieron sobre la Sagrada Escritura durante los siglos XVII y XVIII. Luteranos: Gerhard; Geier; Calov; S. Schmid; J. H. Michaelis; Lange. Calvinistas: Drusius; Louis de Dieu (gran erudito oriental); Cappel; Bochart; Cocceius; Vitringa. Socinianos: John Crell y Jonas Schlichting. Arminianos: Hugo Grocios (un hombre de gran erudición); Limbroch; John le Clerc (racionalista). Escritores ingleses: Brian Walton (Políglota de Londres), John Lightfoot (Horæ Heb. et Talm.), ambos minas de conocimiento; Pearson, etc., editores de "Critici Sacri" (compilado a partir de los mejores escritores continentales, católicos y protestantes); Mayer; S. Clarke (breves notas juiciosas); Wells; Gill; John Wesley; Dodd; W. Lowth; R. Lowth; y los editores de la Biblia de los Reformadores.

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Durante el siglo XIX: Priestly (1803); Burder (1809); D'Oyly y Mant (1820); A. Clarke (1826, erudito); Boothroyd (1823, erudito hebreo); Thomas Scott (1822, popular); Matthew Henry (1827, un comentario práctico sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento); Bloomfield (Test. Griego con notas en inglés, 1832, bueno para la época); Kuinoel (Com. Filológico sobre el Nuevo Test., 1828); Oldshausen (1839); Haevernick (1845); Baumgarten (1859); Tholuck (1843); Trench (Parábolas, El Sermón de la Montaña, Milagros, N. T. Syn.—muy útil); "The Speakers Commentary" (todavía valioso); Alford (Test. griego con com. crítico y exegético, 1856, bueno); Franz Delitzsch (1870), Ebrard Hengstenberg (1869); Wordsworth (El Test. Griego, con notas, 1877); Keil; Ellicott (Ep. De San Pablo, muy estimado); Conybeare y Howson (San Pablo, contiene mucha información útil); Lange, junto con Schroeder, Fay, Cassel, Bacher, Zoeckler, Moll, etc. (Ant. Y Nuevo Test., 1864-78); Lewin (San Pablo, 1878); Beet; Cook; Gloag; Perowne; obispo Lightfoot (Eps. de San Pablo); Westcott. Hubo muchos comentarios publicados en Cambridge, Oxford, Londres, etc. (vea los catálogos de las editoriales, y las comunicaciones en "Expositor", "Expository Times" y "Journal of Theological Studies"). Otros escritores son Farrar, A. B. Davidson, Fausset, Plummer, Plumptre, Salmon, Swete, Bruce, Dods, Stanley, Driver, Kirkpatrick, Sanday, Green, Hovey, Robinson, Schaff, Briggs, Moore, Gould, etc. "The International Critical Commentary" es una obra por muchos y distinguidos eruditos ingleses y estadounidenses. También están los diccionarios de la Biblia de Kitto, Smith y Hastings. Muchas de estas obras, especialmente las últimas, son valiosos por su método científico, aunque no de igual valor por sus puntos de vista o conclusiones.

Comentarios Racionalistas

Los deístas ingleses, Lord Herbert de Cherbury (m. 1648), Hobbes, Blount, Toland, Lord Shaftesbury (m. 1713), Mandeville, Collins, Woolston (1731), Tindal, Morgan, Chubb, Lord Bolingbroke (d. 1751), Annet y David Hume (m. 1776), aunque admiten la existencia de Dios, rechazaban lo sobrenatural, e hicieron desesperados ataques a diferentes partes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Fueron hábilmente refutados por hombres como Newton, Cudworth, Boyle, Bentley, Lesley, Locke, Ibbot, Whiston, S. Clarke, Sherlock, Chandler, Gilbert West, George Lord Lytton, Waterland, Foster, Warburton, Leland, Law, Lardner Watt, Butler. Estas respuestas fueron tan eficaces que en Inglaterra el deísmo prácticamente murió con Hume. Mientras tanto, por desgracia, Voltaire y otros difundieron las opiniones de los racionalistas ingleses en el continente. En Alemania, el terreno estaba preparado por la filosofía de Christian Wolff y los escritos de su discípulo Semler. Gran escándalo fue causado por los escritos póstumos de Raimaro, que fueron publicados por Lessing entre 1774 a 78 (Los Fragmentos de Wolfenbüttel). Lessing alegaba haber descubierto el manuscrito en la biblioteca ducal de Wolfenbüttel y que el autor era desconocido. De acuerdo a los "Fragmentos", Moisés, Cristo y los Apóstoles eran impostores. Lessing fue atacado vigorosamente, sobre todo por Gotze; pero Lessing, en lugar de enfrentarse a los argumentos de su oponente, con gran destreza literaria lo convirtió en ridículo. Los racionalistas, sin embargo, pronto se dieron cuenta que las Escrituras tenían un tono muy genuino como para ser tratadas como el resultado de la impostura. Eichhorn, en su "Introd. al Ant. Test." (1789), sostuvo que las Escrituras eran producciones genuinas, pero que, como los judíos veían la intervención de Dios en los fenómenos naturales más comunes, los milagros debían ser explicados naturalmente, y él procedió a mostrar cómo. Paulo (1761-1850), siguiendo el ejemplo de Eichhorn, les aplicó a los Evangelios el método naturalista para explicar los milagros. Cuando Paulo era un niño a su padre se le trastornó la mente y constantemente veía a su esposa fallecida y a otros ángeles guardianes, y veía milagros en todas partes. Después de un tiempo el joven Paulo comenzó a deshacerse de esta pesadilla y se divertía tomando ventaja de la debilidad de su padre, y hacía bromas sobre él. Él creció con la aversión más amarga hacia todo lo sobrenatural, y su juicio se volvió casi tan retorcido como el de su padre, pero en la dirección opuesta. Los Apóstoles y los primeros cristianos le parecían gente como su ilustre padre, y pensaba que distorsionan los hechos naturales por medio de su imaginación excitada. Esto le llevó a dar una explicación naturalista de los milagros del Evangelio.

El sentido común de los racionalistas alemanes pronto se dio cuenta, sin embargo, que si se aceptaba la autenticidad de los libros sagrados, con Eichhorn y Paulo, la explicación naturalista de estos dos escritores era tan absurda como el sistema impostor de Raimaro. Con el fin de acabar con lo sobrenatural era necesario deshacerse de la autenticidad de los libros; y para esto se prestaron fácilmente las observaciones de Richard Simon y Jean Astruc. G. L Bauer, Heyne (m. 1812) y Creuzer negaron la autenticidad de la mayor parte del Pentateuco y lo compararon con la mitología de los griegos y los romanos. El mayor defensor de tales puntos de vista fue de Wette (1780-1849), discípulo de San Pablo, quien pronto se convenció de la falsedad de su método. En su "Introd. al Ant. Test.” (1806) sostuvo que los relatos milagrosos del Antiguo Testamento eran sólo leyendas populares, que, al pasar de boca en boca, en el transcurso de los siglos, se transformaron y transfundieron con lo maravilloso y lo sobrenatural, y finalmente fueron puestas por escrito en perfecta buena fe. Strauss (1808-1874), en su "Das Leben Jesu" (1835) le aplicó esta explicación mítica a los Evangelios. Él demostró con claridad que si con Paulo se les permite a los Evangelios ser auténticos, el intento de explicar los milagros, naturalmente, se desmorona por completo. Strauss rechazó la autenticidad y consideró los relatos milagrosos en los Evangelios como leyendas ingenuas, las producciones de la imaginación piadosa de las primeras generaciones de cristianos. Los puntos de vista de Strauss fueron severamente criticados por los católicos Kuhn, Mack, Hug y Sepp, y por los protestantes Neander, Tholuck, Ullman, Lange, Ewald, Riggenbach, Weiss y Keim. Baur sobre todo, el fundador de la Escuela de Tubinga, demostró que Strauss iba en contra de los hechos más claramente establecidos de la historia cristiana primitiva, y demostró la insensatez de negar la existencia histórica de Cristo y de su personalidad transcendente. Incluso Strauss perdió toda confianza en su propio sistema. Baur, por desgracia, originó una teoría que estuvo en boga durante un tiempo, pero que fue abandonada posteriormente por la mayoría de los críticos. Sostuvo que el Nuevo Testamento contiene los escritos de dos partidos antagonistas entre los Apóstoles y los primeros cristianos. Sus principales seguidores fueron Zeller, Schwegler, Planck, Köslin, Ritsch, Hilgenfeld, Volkmar, Tobler, Keim, Hosten, algunos de los cuales, sin embargo, se emanciparon de su maestro.

Además de los escritores ya mencionados, los siguientes escribieron en un espíritu racionalista: Ernesti (m. 1781), Semler (1791), Berthold (1822), los Rosenmullers, Crusio (1843), Bertheau, De Wette, Hupfeld, Ewald, Thenius, Fritzsche, Justi, Gesenio (m. 1842), Longerke, Bleek, Bunsen (1860), Umbreit, Kleinert, Knobel, Nicolas, Hirzel, Kuenen, J. C. K. von Hoffmann, Hitzig (m. 1875), Schulz (1869), B. Weiss, Renan, Tuch, H. A. W. Meyer (y sus continuadores Huther, Luneman, Dusterdieck, Bruckner, etc.), Welihausen, Wieseler, Jiilicher, Beyschlag, H. Holtzmann, y sus colaboradores Schmiedel, von Soden, etc. Holtzmann, mientras que prácticamente acepta la autenticidad de los Evangelios, especialmente el de San Marcos, se esfuerza por explicar los milagros. Aborda el tema con su mente predeterminada a que los milagros no existen, y trata de deshacerse de ellos hábilmente tratando de demostrar que no son más que ecos de las historias de milagros del Antiguo Testamento. En esto es tan poco exitoso como Paulo, que veía en ellos sólo el equivalente a la imaginación distorsionada de su infortunado padre. Holtzmann fue severamente reprendido por varios autores en el "International Critical Commentary". El intento de deshacerse de lo sobrenatural ha fracasado por completo; pero la actividad de tantas mentes agudas ha arrojado gran luz sobre la lengua y la literatura de la Biblia.

Los mejores comentarios (no católicos) modernos en ingles

Hay una lista muy útil de tales comentarios en "The Expository Times" (vol. XIV, enero y febrero, 1903, 151, 203), por Henry Bond, bibliotecario de Woolwich. Es el resultado de las opiniones que obtuvo de muchos de los más reconocidos estudiosos ingleses. El número de votos dados a las diferentes obras se imprime después de cada nombre, pero no aparece ningún nombre en la lista a menos que recibiera más de cinco votos. El editor, el Dr. James Hastings, agregó notas y observaciones juiciosas (270, 358). La siguiente lista se basa, en gran medida, en estos papeles, complementada con otras fuentes. 
Las obras se distinguen de la siguiente manera: (e) excelente, (b) bueno, (r) regular. Algunos de los que están marcados (b) y (r) fueron excelentes para el momento en que se publicaron; y todavía se pueden considerar útiles. La caracterización de cada uno es, por supuesto, desde el punto vista no-católico.

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Antiguo Testamento

Introducción: Driver, "Introd. a la Literatura del Antiguo Testamento", escrito desde un punto de vista de la “Alta Crítica”; por otro lado está el poderoso libro de Orr, "The Problem of the Old Testament" (Londres, 1906). Ambos contienen amplia literatura. —Génesis: Skinner, en "International Critical Commentary"; Spurrell (b) (notas sobre el texto); Delitzsch (b), y Dillmann (b); Dods en "Handbook Series". —Éxodo: Al presente no hay ningún comentario de primera clase sobre el Éxodo; Kennedy en "Int. Crit. Comm."; Chadwick (b). —Levítico: Stenning en "Int. Crit. Comm."; Kalish (b) el mejor en ingles; Driver y White (r) en Biblia Policroma; Ginsburg (Londres); Kellog (r) (Londres). —Números: Buchanan Gray (e) en "Int. Crit. Comm.": Kittell, "History of the Hebrews"; hay mucho más a qué referirnos, pues los demás están fuera de fecha. —Deuteronomio: Driver (e) en "Int. Crit. Comm."; Harper (b). —Josué: Smith en "Int. Crit. Comm."; Maclear (r). —Jueces: Moore (e) en "Int. Crit. Comm."; Watson (f); Lias (r). —Rut: Briggs en "Int. Crit. Comm.". —Samuel: Smith (e) en "Int. Crit. Comm."; Kirkpatrick (e). —Reyes: Brown en "Int. Crit. Comm."; Lumby, una excelente obra popular. —Crónicas (Paralip.): Curtis en "Int. Crit. Comm."; también su artículo en Hastings, "Dict. of the Bible"; Ben-nett (b); Barnes (b). —Esdras y Nehemías: Batten en "Int. Crit. Comm."; el de Ryle es un excelente comentario popular; Adeney (r). —Ester: Paton en "Int. Crit. Comm."; Lange (r); Adeney (r). —Job: Parece que no hay comentarios de primera clase de estudiantes sobre Job; el de Davidson es un excelente libro popular; las obras anteriores de Driver, Gibson y Cox son regulares. —Salmos: Briggs (e) en "Int. Crit. Comm."; Delitzsch (e); Kirkpatrick (e); Perowne (b); Cheyne (r). —Proverbios: Toy (e) en "Int. Crit. Comm.". —Eclesiastés: Barton (e) en "Int. Crit. Comm."; Strong (e); Tyler (b); Plumptre, un buen comentario popular; Delitzsch (r); Wright (r). —Cántico de Salomón (Cantar): Briggs en "Int. Crit. Comm."; Harper, una obra valiosa; Gins-burg (r). —Isaías: Driver y Gray en "Int. Crit. Comm."; Smith (e); Delitzsch (b); Cheyne (r). —Jeremías: Kirkpatrick en "Int. Crit. Comm."; Streane una obra popular excelente; el de Ball y Bennett es bueno; Orelli (r). —Lamentaciones: Briggs en "Int. Crit. Comm."; Streane y Adeney, Buenos libros populares. —Ezequiel: Cooke y Burney en "Int. Crit. Comm."; Cobern (b); Toy (r) en "Biblia Policroma"; Davidson (e), un excelente comentario popular. —Daniel: Peters en "Int. Crit. Comm."; Kennedy (b); Bevan (b); Driver tiene un comentario popular de primera clase. —Amós y Oseas: Harper (e) en "Int. Crit. Comm."; hay tres excelentes obras populares por Smith, Driver y Cheyne. —Otros profetas menores: Smith, etc., en "Int. Crit. Comm."; Smith (e); Davidson (b), y Perowne (b); Orelli (r); Dods, "Profetas Post-Exilio", en Serie de Panfletos; Low (b); Zechariah (b); Pusey (r).

Nuevo Testamento

Introducción: Salmon, "Introd. to the New Test.", un libro excelente; Westcott, "Canon del Nuevo Test." (7ma ed., 1896); Lightfoot, "Essays on Supernatural Religion" (1893), una ponderosa respuesta a los ataques al Nuevo Testamento de un racionalista anónimo; también su "Disertaciones sobre la Era Apostólica, y Ensayos Bíblicos; Ramsay, "San Pablo el Viajero", "¿Nació Cristo en Belén?", etc.; Harnack, "San Lucas el Médico", defiende la autenticidad del Evangelio y de los Hechos; Hawkins, "Horae Synopticae". Text: "Variorum New Test."; Weymouth, "The Resultant Greek Test.", que muestra las lecturas griegas de once grandes ediciones; Westcott y Hort, "El Nuevo Testamento en Griego", vol. II, Introd.; Salmon, "Alguna Crítica del Texto" (1897), una crítica de Westcott y Hort; "El Debate de Oxford sobre la Crítica Textual del Nuevo Test." (Oxford, 1897); Kenyon, "Nuestra Biblia y los Manuscritos Antiguos", un libro muy valioso; también su "Manual de la Crítica Textual del Nuevo Test." (1901); Hammond, "Outlines of Text. Crit. applied to N. Test." (Oxford); Nestle (también tr.), y la exhaustiva obra por von Soden (ambas en alemán). —Evangelio según San Mateo: Allen (e) en "Int. Crit. Comm."; Meyer (e), una de las obras más antiguas, pero todavía en uso, dice el Dr. Hastings, por algunos de los mejores eruditos, que siempre la tuvieron a la mano; Bruce (b) en "Exp. Greek Test.'; Alford (r); Morison (b); Carr (b); "Camb. Greek Test." —Evangelio según San Marcos: Swete (e); Gould (b) en "Int. Crit. Comm."; Hort (b) Lindsay, un excelente librito. —Evangelio según San Lucas: Plummer (e) en "Int. Crit. Comm."; Wright (b), "El Evangelio de San Lucas en Griego"; Godet (b); Farrar (b). —Evangelio según San Juan: Westcott (e) en "Speaker's Comm.", el más elogiado de todos los comentarios sobre el Evangelio según San Juan; Bernard en "Int. Crit. Comm."; Godet (b); Milligan y Moulton (b); Dods en "Exp. Gr. Test." (b); Reith (b).

Hechos de los Apóstoles: Knowling (e), "Exp. Gr. Test.", uno de los mejores comentarios sobre los Hechos en cualquier lenguaje; Turner en "Int. Crit. Comm."; Rendall (b); Lumby (b) Rackn,::n (b); Page (b). —Romanos: Sanday y Headlam (e) en "int. Crit. Comm.", uno de los mejores comentarios existentes sobre los romanos, al cual hace superfluos a todos los demás comentarios en inglés. —1 Corintios: Robertson y Walker en "Int. Crit. Comm."; Evans (b) en "Speaker's Comm."; Findlay (b) en "Exp. Greek Test."; Edwards (b); Ellicott (b); Godet (r); Massie en Biblia del Siglo (b). —2 Corintios: Meyer (b), en "Int. Crit. Comm."; Bernard (b) en "Exp. Greek Test."; Waite (b) en "Speaker's Commentary". —Gálatas: Lightfoot (e) (Londres, 1874), una obra maestra de exégesis; Burton en "Int. Crit. Comm."; Rendall (b) en "Exp. Greek. Test."; Ellicott (b); Ramsay (b); Sanday (b). —Efesios: Abbott (e) en "Int. Crit. Comm." (Edimburgo); Armitage Robinson (e); Macpherson (b); Ellicott (b); Salmond (b) en "Exp. Greek Test."; Alford (r) (London); Meyer (r); Miller, bueno pero atrevido. —Filipenses y Filemón: Lightfoot (e), otra obra maestra; Vincent (e) en "Int. Crit. Comm."; Ellicott (r); Moule (b), "Philippian Studies", y en "Camb. Greek Test." —Colosenses: Lightfoot (e), otra gran obra; Abbott (e) en "Int. Crit. Comm." (en el mismo volumen que Efesios); Peake (b) en "Exp. Greek Test."; Maclaren (b); Ellicott (r); Findlay (r) en "Pulpit Comm."; Moule (b), "Colossian Studies". —Tesalonicenses: Milligan (e), muy estimado; Frame en "Int. Crit. Comm."; Ellicott (e); Meyer y Alford (r); Findlay (e); Denney (b); Mason (b). —Epístolas Pastorales: Lock en "Int. Crit. Comm."; Ellicott (e); Bernard (b) en "Camb. Greek Test."; Meyer (r); Lilley (b) en "Hand-book Series"; a estos se debe añadir los valiosos libros de Santiago, "The Genuineness and Authorship of the Pastoral Epistles" (1906). —Hebreos: Westcott (e), al mismo nivel que Lightfoot, la mayor obra sobre Hebreos; Nairne en "Int. Crit. Comm."; Davidson (b); Farrar (b). —Epístola de Santiago el Mayor (e); Ropes en "Int. Crit. Comm."; Alford y Meyer (r); Plumptre (b). —Epístolas de San Pedro y San Judas: Bigg (e) en "Int. Crit. Comm."; Hort (e), un fragmento espléndido; Masterman (b), "I Peter"; Salmon (b), "I Peter" en "Comentario Popular". —Epístolas de San Juan: Westcott (e), otra de sus grandes obras; Haupt (b) y Huther (b); Watson (b), "1 Juan". —Revelación (Apocalipsis): Swete (e), el mayor comentario sobre el Apocalipsis; Charles en "Int. Crit. Comm.'; Milligan (e); Simcox (b); Hort (e).


Bibliografía: Comentarios Judíos: ABRAHAMS, Short History of Jewish Literature (Londres, 1906); GRAETZ, History of the Jews (Filadelfia, 1891-98); OESTERLEY Y BOX, The Religion and Worship of the Synagogue (Londres, 1907); BACHER, Bible Exegesis in Jewish Encyc.; SCHECHTER, Talmud in Hist. Dict. Bib.; FARRAR, History of Interpretation (Londres, 1886); VON SCHÜRER, The Jewish People in the Time of Jesus Christ (Edimburgo, 1902). Comentarios patrísticos: BARDENHEWER, Gesch. der altkirchlichen Litteratur (Friburgo, 1902-3); IDEM, Patroloqie (1894: Fr. tr., París, 1899); TURNER en HAST., Dict. of the Bible, extra vol.; EHRHARD, Altchr. Litteratur (Friburgo, 1900). Comentarios Posteriores: CALMET, Dict. Bib., I; DIXON, General Introd. to the S. Scriptures (Dublín, 1872), II; GIGOT, General introd. to the Holy Scriptures (Nueva York, 1900); RICHARD SIMON, Histoire critique des principaux commentateurs du N. T. (Rotterdam. 1689); HORNE, Introd. to the Scriptures (Londres, 1834), II; HURTER, Nomenclator; VIGOUROUX, Manuel biblique (París, 1882); IDEM, Les Livres saints et la critique rationaliste (París, 1886), II.

 


domingo, 2 de abril de 2017

79).-La Biblia de Gutenberg II Impresión.-a


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán;Paula Flores Vargas; 

biblia 

LA REVOLUCIÓN DE LOS TIPOS MÓVILES, LA CLAVE DEL INVENTOR DE LA IMPRENTA.

En Europa, durante muchos siglos no se conoció más forma de reproducción de textos que la copia manuscrita realizada por escribanos. El trabajo se concentró en los escritorios de los monasterios, pero en el siglo XIII la producción de manuscritos se desplazó a los nuevos centros universitarios, donde surgieron talleres que llegaron a emplear a medio centenar de copistas, organizados de forma prácticamente industrial. También se generalizó entonces el uso del papel, elaborado con lino y cáñamo, mucho más barato y manejable que el pergamino.
Por otra parte, a finales del siglo XIV se difundió en Europa la técnica del grabado sobre madera, o xilografía, que permitía imprimir gran número de imágenes sobre tela o papel a partir de una única plancha. Esta primera imprenta se orientó inicialmente a la producción de imágenes piadosas, individuales o combinadas para formar libretos. También se podían imprimir opúsculos impresos por una sola cara, que coexistieron con los libros impresos en tipos metálicos durante la segunda mitad del siglo XV. Tenía, sin embargo, el inconveniente de que las planchas de madera grabada, además de requerir mucho tiempo para su talla, se deterioraban rápidamente.
Faltaba idear un sistema que permitiera imprimir mecánicamente textos escritos sin que fuera necesario grabar cada página. La solución fueron los tipos móviles: letras talladas en metal que podían combinarse para formar las palabras y líneas de una página de texto. Las ventajas del procedimiento, que permitía reproducir escritos con una rapidez y a una escala sin precedentes, le garantizaron un éxito fulgurante que se ha prolongado hasta la actualidad.

En el pasado, los historiadores han propuesto diversos nombres como inventores de los tipos móviles en lugar de Gutenberg. Sin duda habría que empezar con los precedentes en el Lejano Oriente, documentados ya en el siglo XI, aunque no hay pruebas de que la invención se transmitiera a Occidente. 
En Aviñón, un orfebre llamado Waldvogel alardeaba, entre 1444 y 1446, de conocer un «arte de escribir artificialmente» (léase, de modo mecánico) y de tener «dos alfabetos de acero… 48 formas de estaño… y unos materiales destinados a la reproducción de textos hebreos y latinos». 
En Holanda se cita igualmente el nombre de Coster. Hoy en día, sin embargo, la paternidad exclusiva del descubrimiento se atribuye a Gutenberg, aunque las circunstancias en que se produjo siguen rodeadas de incertidumbre.

LAS PRIMERAS IMPRESIONES.


biblia de Gutenberg 

Parece que Gutenberg hizo los primeros ensayos de impresión en Estrasburgo, con el apoyo de sus socios en la empresa de fabricación de espejos. Él mismo se cuidó de mantener sus trabajos en secreto; a sus socios les pedía, en un documento, que no enseñasen a nadie la prensa, no se sabe si para pulir espejos o fabricar libros. En cualquier caso, a la muerte de Dritzehn estalló un conflicto de intereses entre Gutenberg y sus otros socios, y poco después el impresor volvió a Maguncia, donde se encontraba en 1448. 
De nuevo Gutenberg se vio en la obligación de buscar socios capitalistas para su empresa. Johann Fust, un rico negociante de Núremberg, le prestó 800 florines para la fabricación de «ciertos instrumentos», y luego le prometió 300 florines más para la «obra de libros», mediante un nuevo contrato en el cual estaban contemplados los gastos para papel, pergamino y tinta. 
Los estudiosos creen que este dinero se estaba invirtiendo en la impresión de la célebre Biblia de 42 líneas, aunque antes ya había impreso un manual para aprender latín así como formularios de indulgencias papales.

UN NEGOCIO MUY LUCRATIVO.

paginas

Es probable que, pese a la gran inversión que se requería, la empresa fuera un éxito comercial desde el principio, o al menos suscitara expectativas de que llegara a serlo. Ello explicaría el sorprendente vuelco que se produjo a finales de 1455, cuando Fust acusó a Gutenberg de emplear el dinero que le había prestado para otra cosa que la «fabricación de libros». Fust logró que los tribunales condenasen a Gutenberg a devolverle el dinero que le adeudaba más los intereses, 1.200 florines en total, una suma enorme a la que Gutenberg no podía hacer frente.
El resultado fue que Fust se hizo con buena parte del material de impresión y logró el objetivo que seguramente se proponía con la acusación: apropiarse del pingüe negocio y desembarazarse de un inventor fastidioso al que robó sus hallazgos. Con ayuda de su futuro yerno, Peter Schoeffer, que conocía la técnica de Gutenberg y era, sin duda, más fácil de manejar, creó uno de los talleres más prósperos de Europa.
Pese a ello, Gutenberg conservó al menos una prensa con la que siguió trabajando en Maguncia. Allí imprimió un diccionario latino, el Catholicon. Algunos autores creen que luego se trasladó un tiempo a la cercana Bamberg, donde entre 1458 y 1460 concluiría la impresión de la Biblia de 36 líneas, empezada en Maguncia años antes.

ex libris

Biblia de Mazarino es el primer libro completo editado en occidente a partir de tipos movibles. Recibe su nombre porque "una copia en la biblioteca del cardenal Mazarino atrajo la atención de los bibliógrafos" en 1760. Fue impresa por Gutenberg, en Mentz, 1450-55, aunque no consta la fecha ni el lugar.

Fue descubierto  por Guillaume-François Debure  (25 de enero de 1731 - 15 de febrero de 1782) y descrita en el primer volumen de su Bibliographie instructive: ou Traite de la connoissance des livres rares et singuliers,  que fue publicado en París en 1763.

No sabemos cuándo entró en las colecciones de Jules Mazarin (1602-1661), ni quiénes fueron sus anteriores propietarios. Subastado en febrero de 1652, en la época de la Fronda, con toda la biblioteca del cardenal, fue comprado por Jean Joubert, abogado del Parlamento de París, quien rastreó allí a su ex-libris, pero lo devolvió después de los disturbios. Estaba encuadernado en rojo marruecos hacia 1770.

Esta copia es la primera que el librero Guillaume-François De Bure identificó y describió en 1763 en su Instructive Bibliography (Volume de théologie, n ° 25, p. 32-40 ) , y el nombre "Biblia Mazarina" se ha utilizado durante mucho tiempo para designarla.

retrato

Jules Raymond Mazarin (nacido como Giulio Raimondo Mazarini o Mazzarini o Mazarino), más conocido como el cardenal Mazarino (Pescina, Abruzos, 14 de julio de 1602-Vincennes, 9 de marzo de 1661) fue un hábil diplomático, cardenal y político italiano, primero al servicio del papa y más tarde al servicio del reino de Francia. Fue el sucesor del cardenal Richelieu como primer ministro.

Nació en Roma o en Piscina, en los Abruzzos, de una antigua familia siciliana, el 14 de julio de 1602; murió en Vicennes, el 9 de marzo de 1661. Su padre fue mayordomo de la familia Colonna en Roma. Uno de sus tíos, Giulio Mazarini (1544-1622), jesuita, disfrutó de una gran reputación como predicador en Italia, especialmente en Bolonia, y publicó numerosos volúmenes de oratoria sacra.

Su juventud estuvo plena de animación: acompañó a Madrid al futuro Cardenal Colonna; fue por turno capitán de las tropas pontificias y después diplomático pontificio en la Guerra de la Valtelina (1624) y en la Guerra de Sucesión de Mantua (1628-30). La tregua que negoció (26 de octubre de 1630) entre Francia, por una parte, y España y el Duque de Saboya, por otra, le granjeó el aprecio de Richelieu, quién quedó muy satisfecho de que permitiera que Pignerol cayera en manos francesas. Los españoles intentaron agraviarle ante el Papa Bonifacio VIII, pero le salvó la influencia del Cardenal Antonio Barberini y una carta de Richelieu. Llegó a ser canónigo de San Juan de Letrán, vicelegado en Aviñón (1632), y nuncio extraordinario en Francia (1634). 

Los españoles se quejaban que este último cargo, Mazarino lo desempeño de tal manera que su única labor fue para apoyar la política de Richelieu, y fue cesado como nuncio por Urbano VIII (17 de enero de 1636). Poco después de dejar el servicio papal, marchó a París, poniéndose a disposición de Richelieu, y se nacionalizó como súbdito francés en abril de 1639.

 A finales de 1640, Richelieu le encargó firmar un tratado secreto entre Francia y el Príncipe Tomás de Saboya, lo que dio lugar a que fuera nombrado cardenal el 16 de abril de 1641. Poco antes de la muerte de Richelieu, Mazarino, mediante una maniobra de una inteligente dirección, había sido capaz de llevar a cabo la recuperación de Sedán por tropas francesas, y Richelieu en su lecho de muerte (4 de diciembre de 1642) le recomendó al monarca. A la muerte de Luis XIII (14 de diciembre de 1642), Ana de Austria, dejando al Duque de Orleáns el vago título de teniente- general del reino, le dio el poder real a Mazarino, quien primero pretendió estar a punto de marcharse para Italia, y luego que su aceptación del cargo era solamente provisional hasta que la paz en Europa quedara restablecida.



Pero Mazarino, en realidad, al igual que Richelieu, estaba por mantenerse en el poder hasta su muerte, primero bajo la reina regente y luego bajo el rey, después que Luis XIV había alcanzado la mayoría de edad. Su muy humilde apariencia y forma de ser, sus suaves y bondadosas maneras, contribuyeron a su ascenso, y el afecto de la reina Ana hacia él fue la mejor garantía de su continuidad en el cargo. El carácter preciso de sus relaciones con Ana de Austria es uno de los enigmas de la historia. Algunas cartas de Ana de Austria a Mazarino, publicadas por Cousin, y las confesiones hechas por Ana a Mme de Brienne y recogidas en las Memorias de Loménie de Brienne, prueban que la reina regente estaba profundamente unida al cardenal. 

Más aún, “Mis sentimientos no tienen parte en esto”, le dijo a Mme de Brienne. Pocos historiadores dan crédito a la aseveración de Ana sobre este asunto, y algunos van tan lejos como para aceptar las revelaciones de la Princesa Palatina en sus cartas de 1717, 1718, y 1722, según las cuales Ana de Austria y Mazarino estuvieron casados. M. Loiseleur, que ha hecho un minucioso estudio de la cuestión, cree que Mazarino no estuvo nunca casado; es cierto que conservó hasta su muerte el título y símbolos de cardenal; probablemente fue cardenal-sacerdote a pesar de que nunca visitó Roma después de su elevación al cardenalato y parece que nunca llegó a recibir el capelo. Y en cualquier caso retuvo el título de Obispo de Metz desde 1653 hasta 1658.

Mazarino continuó la política de Richelieu en contra de la Casa de Austria. Ayudado por las victorias de Condé y Turena, consiguió llevar a término la Guerra de los Treinta años mediante los tratados de Munster y Osnabrück (Tratado de Westfalia) que dieron Alsacia (sin Estrasburgo) a Francia; y en 1659 finalizó la guerra con España en la Paz de los Pirineos que entregó a Francia el Rosellón, la Cerdaña y parte de los Países Bajos. En dos ocasiones, en 1651 y en 1652, fue expulsado del país por la Fronda parlamentaria y por la Fronda nobiliaria, con los innumerables panfletos (mazarinadas) que publicaron contra él, pero al final la derrota de ambas Frondas supuso la victoria del absolutismo monárquico, y de este modo, Mazarino preparaba el camino a la omnipotencia de Luis XIV. 

Paula Flores Vargas

Finalmente, en 1658, situó a Alemania, de alguna forma, bajo la protección del joven rey al constituir la Liga del Rin que estaba destinada a mantener a la Casa de Austria en jaque. De esta manera estableció los cimientos de la grandeza de Luis XIV. Su política exterior fue, al igual que había sido a menudo la de Richelieu, indiferente a los intereses del catolicismo: la Paz de Westfalia, dio sanción solemne a la existencia legal del Calvinismo en Alemania, y mientras el nuncio protestaba en vano, los príncipes Protestantes fueron recompensados por su política de oposición a Austria con los obispados y abadías secularizadas. Tampoco le importaba mucho si la institución monárquica se mantenía estable o en dificultades en una nación extranjera: fue aliado de Cromwell. Hacia los protestantes siguió una hábil política. 























En 1654 Cromwell entabló negociaciones con los calvinistas del Sur de Francia, quienes el año anterior habían tomado las armas en Ardeche para asegurarse ciertas libertades. Mazarino sabía como mantener a los calvinistas con buenas palabras, promesas, y demoras calculada: durante seis años creyeron estar en las vísperas del reconocimiento de sus privilegios, y al final no obtuvieron nada. El cardenal sabía bien como retener al servicio del rey a protestantes de valía como Turena y Gassion. Sus relaciones personales con la Santa Sede fueron difícilmente cordiales. No pudo impedir que un amigo de España, el cardenal Pamfili, fuera elegido papa (15 de septiembre de 1644) con el nombre de Inocencio X. Acogió en Francia, uno detrás de otro, a los cardenales Antonio y Francesco Barberini, sobrinos del papa anterior, y la Bula de 21 de febrero de 1646, detonada por Inocencio X contra los cardenales, que se habían ausentado sin autorización, fue declarada por el Parlamento de París “nula y abusiva” ( por el carácter de esta Bula, el propio Mazarino fue obligado a marchar a Roma). 

Mazarino obtuvo un decreto del Consejo Real, prohibiendo el envío de dinero a Roma para expedir bulas; hizo amagos de preparar una expedición contra Aviñón, e Inocencio X, cediendo a estas amenazas, terminó por restaurar sus propiedades y dignidades a los Barberini, protegidos de Mazarino. Continuando su política de amedrentar al papa, Mazarino envío dos escuadras a las costas napolitanas para apoderarse de los presidios españoles más cercanos a los territorios papales. 

Aparte de esto, carecía de una política italiana, propiamente hablando, y sus demostraciones sobre Italia no tenían otro objeto que obligar a los españoles a mantener sus tropas allí, y llevar al Papa a una actitud complaciente hacia Francia y hacia el propio Mazarino. La elevación de su hermano Michael Mazarino al cardenalato (octubre 1647) fue uno de sus triunfos diplomáticos. A pesar de no estar interesado en cuestiones teológicas, Mazarino aborrecía el Jansenismo por la intervención, rechazada, por otra parte, por Antoine Arnauld, que habían tenido algunos de ellos en la Fronda, y por su apoyo al Cardenal de Retz (q. v.). Una declaración del rey en julio de 1653 y una asamblea de obispos en mayo de 1655, presidida por Mazarino, dieron fuerza ejecutiva a los decretos de Inocencio X contra el Jansenismo. 

La orden condenando los “Provinciales” de Pascal a ser quemados, la orden de deposición de los discípulos, novicios y postulantes de los dos conventos de Port-Royal, la fórmula preparada por la Asamblea del Clero contra el “Augustinus” (1661), fórmula que todos los eclesiásticos tenían que firmar, deben ser vistos como episodios de la política antijansenista de Mazarino. En su lecho de muerte advertía al rey de “no tolerar la secta jansenista, ni siquiera su nombre”. Habiendo llegado a ser poco a poco “tan poderoso como Dios Padre al comienzo del mundo”, disfrutando de los beneficios de veintisiete abadías, siempre dispuesto a enriquecerse por cualquier medio, y poseyendo una fortuna equivalente a 40.000.000 dólares americanos actuales, Mazarino, al final de su vida, multiplicaba en París las exhibiciones de su riqueza. Organizó a su costa una lotería gratuita con premios por un importe de más de un millón de francos, coleccionaba en su propio palacio más objetos preciosos que los contenidos en el palacio real, no tenía inconveniente en presidir torneos, exhibiciones hípicas, y bailes, y costeó los primeros intentos del poeta cómico Molière. 

El joven Luis XIV sintió un profundo afecto hacia él, y aún más, se enamoró de las dos sobrinas del cardenal, Olimpia Manzini y María Manzini, una después de otra. Mazarino alejó a María para impedir al rey que concibiera la idea de casarse con ella. Pero si por razones de estado, rechazó convertirse en familiar del Rey de Francia, parece que hubo momentos en los que soñó con la tiara: el abate Choisy afirma que Mazarino murió “en la visión de ser hecho papa”. Al menos se encuentra en su testamento una reminiscencia de las viejas ideas políticas de la Europa Cristiana: dejó un fondo (600.00 libras) para continuar la guerra contra los turcos. 

El cardenal que a lo largo de su vida había prestado escasa atención a los intereses de la Cristiandad, parece que buscaba el perdón por acordarse de ellos en su lecho de muerte. La misma voluntad dirigía la fundación del Colegio de las Cuatro Naciones para la educación gratuita de sesenta niños de aquellas provincias que había incorporado a Francia.

 A este Colegio donó la biblioteca conocida hoy en día como la Biblioteca Mazarino. Las sobrinas de Mazarino contrajeron matrimonios principescos: Ana María Martinozzi, duquesa de Módena; Olimpia Manzini llegó a ser Condesa de Soissons; Hortensia Manzini, Marquesa de la Meilleraie y duquesa de Mazarino; María Manzini, Condesa de Colonna; María Ana Manzini, Duquesa de Bouillon. Todas estas mujeres, y especialmente las cuatro últimas, llevaron una vida especialmente turbulenta.


Fuente: Enciclopedia Católica


Las bibliotecas de Mazarino.

La Biblioteca Mazarino, ubicada en París, es la biblioteca pública más antigua de Francia.​ Situada en el muelle de Conti, en el barrio de la Moneda del distrito 6º de París, constituye una "biblioteca de centro de interés científico y literario", bajo la tutela del Ministerio de Educación Superior y de la Investigación, dependiente administrativamente del Instituto de Francia.​ Sus colecciones, creadas a lo largo del tiempo, nacieron en su origen en la biblioteca personal del Cardenal Mazarino (1602-1661).

Esta biblioteca fue creada a partir de la biblioteca particular del Cardenal Mazarino (1602–1661), que era un gran bibliófilo. La primera biblioteca, organizada por su bibliotecario Gabriel Naudé, fue arrasada cuando Mazarino huyó de París durante la revolución de la Fronda.

Con la ayuda del sucesor de Naudé, François de La Poterie, y con los restos de la primera, se formó una segunda biblioteca que Mazarino legó al Colegio de las Cuatro Naciones que él mismo había fundado en 1661. Abierta al público desde 1643, se halla desde finales del siglo XVII en el ala oriental del edificio que, en 1805, fue denominado Palacio del Instituto de Francia.




Paula Flores Vargas

 




Descubriendo secretos de la Biblia de Gutenberg.


04/2012 -

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La invención y orígenes de la imprenta es un tema en el que parece que está todo dicho, pero no es así: algunas teorías no se han tocado desde hace décadas y se observan lagunas de información importantes. En este artículo se han utilizado herramientas matemáticas cómo son las letras de la Biblia de 42 líneas impresa por Johannes Gutenberg, entre 1452 y 1455, y que se considera el primer gran trabajo realizado con la tecnología de los tipos móviles, utilizada posteriormente en las imprentas durante siglos. 


Concretamente, el interés del grupo de investigación, en el que han participado investigadores de la UAB, era probar, a partir de las formas impresas observadas, que en la fabricación de los tipos metálicos se usó más de una matriz para cada forma de letra.

 Curiosamente, la teoría dominante hasta el momento afirmaba precisamente lo contrario. La principal herramienta empleada es el análisis de conglomerados, que permite concluir, con una probabilidad muy pequeña de error, que efectivamente se utilizaron múltiples matrices, al menos para las letras más frecuentes.


Referencias

“Classifying the typefaces of the Gutenberg 42-line bible”. Aureli Alabert, Luz Rangel. International Journal of Document Analysis and Recognition (IJDAR). Vol. 14, no. 4, DOI 10.1007/s10032-010-0140-6.


Si se revisan las formas impresas dejadas por los tipos móviles -piezas metálicas con el relieve de una letra o carácter usadas en la imprenta- que utilizaron Gutenberg y Schöffer en su famosa Biblia de 42 líneas (conocida como B42), se ve claramente que son diferentes.


Figura 1. Esquema de fabricación de los tipos móviles: matriz, molde de fundición, tipo metálico, carácter impreso










Figura 2. Tipos móviles metálicos


Sin embargo, siempre ha pensado que los diferentes tipos móviles de metal fueron fabricados con una única matriz para cada carácter. En las primeras décadas del siglo XX, Gottfried Zedler, un investigador alemán que hizo su tesis en la Universidad de Leipzig, en 1885, sobre los primeros tiempos de la imprenta, clasificó 299 letras y signos de puntuación diferentes, y esta clasificación había sido considerada como definitiva hasta la actualidad.

Figura 3. Esta es la tabla que publicó Gottfried Zedler en Die Sogenannte Gutenbergbibel, XX. Gutenberg-Gesellschaft, Mainz, 1929, pág. 64, con los tipos elaborados por Gutenberg y su socio Peter Schöffer que él encontró. Los aparatos de medida que utilizó no eran tan exactos como los que tenemos ahora.


En este trabajo se muestra evidencia estadística de la existencia de más de una matriz para la fundición de los tipos de metal. Para demostrarlo usamos el análisis de conglomerados como técnica principal, complementándola con test de valores extremos para validar los grupos obtenidos. El análisis de conglomerados (cluster analysis en inglés), es un conjunto de técnicas para subdividir un conjunto de objetos en diversas clases, de forma que queden agrupados en una misma clase (cluster o conglomerado) objetos que se parezcan entre sí y , en clases diferentes, aquellos que no se parezcan. Los datos de partida para hacer la clasificación en clusters son las medidas de disimilaridad entre todas las letras impresas representando el mismo glifo - imagen del símbolo gráfico, en este caso, huella del tipo móvil-en una misma página. Las medidas se obtuvieron con un escáner analógico de alta resolución sobre una reproducción en microfilm, por lo que no hay ninguna pérdida de calidad para digitalización.


Lo difícil es determinar cuántas clases diferentes hay realmente. Pero nuestra intención era encontrar evidencia estadística que había más de una. Para ser conservadores y asegurarnos de que no veíamos clases diferentes donde no había, usamos los test de valores extremos (outliers test) que permite asegurar con probabilidad pequeña de equivocarse que las diferencias entre clases (clusters) eran , en efecto, significativamente mayores que las diferencias dentro de una misma clase. Vimos que, en efecto, aparecían varias clases de letras "a" con fuertes semejanzas internas y con formas sensiblemente diferentes entre clase y clase. De ahí la conclusión de que las letras dentro de una clase estarían impresas con tipos que provenían de la misma matriz, mientras que letras en clases diferentes estarían hechas con tipos que provenían de matrices diferentes.


El hecho de comparar letras sólo dentro de una misma página permite asegurar que todas ellas fueron impresas con tipos metálicos diferentes, ya que una página entera sólo se puede imprimir a partir de una forma completa realizada por el compositor tipográfico. Evidentemente, las letras impresas con el mismo tipo de metal provienen de la misma matriz y son muy similares en forma; asegurando en cambio que todas las letras pertenecen a tipos metálicos diferentes, los grupos que eventualmente se detecten deberán ser atribuibles a diferentes orígenes matriciales.

 Las "desviaciones" o "errores" de la letra impresa, debidas a causas como la falta de homogeneidad de la tinta, la irregularidad en el papel, y el desgaste del tipo, se pueden considerar aleatorios e independientes para cada letra impresa en la misma página, y quedan "filtrados" por el procedimiento de cluster analysis, de manera que los diferentes grupos se forman por una diferencia real estructural entre letras.



Figura 4. Representación en forma de estrella del mejor clustering con tres clusters para la letra "i". Los representantes de cada clase podrían ser las letras numeradas como 1 (con un elemento al grupo), 2 (con 7 elementos en el grupo) y 3 (con 2 elementos al grupo). Los objetos son reproducciones de las letras reales.


Para este estudio se ha utilizado la Biblia depositada en el Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Se escogió la primera página del Evangelio de Mateo, al principio del Nuevo Testamento, de la que se tomaron dos muestras: una de 10 letras "i", lo suficientemente pequeña como para permitir el cálculo de la agrupación óptima enumerando exhaustivamente todas las posibilidades; la segunda, de 21 letras "a", al ser más grande nos daba más posibilidades de encontrar patrones diferentes. En este segundo caso se empleó un método aproximado de análisis de conglomerados, jerárquico aglomerados, ya que el cálculo exhaustivo es inviable con esta medida muestral.


La conclusión más importante es que, tanto en las letras "y" como en las letras "a", se observa evidencia estadísticamente significativa de la existencia de grupos diferentes, atribuibles únicamente a la existencia de diferentes matrices originales. En la muestra de letras "i", formadas por un solo contorno, hay evidencia de al menos 3 matrices diferentes; en la muestra de "a", se observan, siendo conservadores, al menos 4 clusters, y por tanto 4 matrices .


Puesto que, en la tipografía de la B42, la letra "a" tiene 3 contornos, un exterior y dos interiores, llevamos a cabo también un estudio de clasificación de uno de los contornos interiores, y los resultados parecen indicar que los diferentes contornos exteriores se combinan con diferentes contornos interiores. Esto sería muy importante, ya que sólo puede implicar que el contorno exterior también se hacía con un punzón, una posibilidad nueva en el campo de la historia de la imprenta.

Figura 5. En la fuente tipográfica con que está hecha la Biblia 42, que se conoce como "gótica textur", la letra "a" tiene dos espacios vacíos dentro. Por lo tanto, hay un contorno exterior y dos contornos interiores, que delimitan los dos espacios vacíos, como se aprecia en el detalle de varias letras de la B42 de la imagen.




Desde el punto de vista de la investigación histórica, saber qué herramientas fueron utilizadas o desarrolladas por Schöffer y Gutenberg para completar su monumental obra es uno de los elementos más interesantes. El hecho de que los tipos de metal fueran construidos a partir de múltiples matrices es un nuevo aspecto que indica que la tecnología de construcción de matrices se desarrolló fuerza ya en aquella época. El uso de punzón y contrapunzón para esculpir los contornos interiores es algo indiscutible hoy en día, pero su uso como herramientas para la fabricación de los contornos exteriores es un aspecto que merece ser trabajado con más profundidad.


Los resultados, en conjunto, no son tan sorprendentes si tenemos en cuenta los antecedentes personales de Johannes Gutenberg (orfebre y cortador), así como las circunstancias históricas y razones técnicas, entre él y sus socios, Peter Schöffer (calígrafo y diseñador de tipo) y Johann Fust (inversor financiero). Los tres estuvieron involucrados en la impresionante empresa de desarrollar los tipos móviles que se utilizaron para imprimir la Biblia de 42 líneas. Aunque por circunstancias históricas se ha adjudicado el honor de la invención sólo a Gutenberg, sin el verdadero proyecto de diseño realizado por Schöffer, nunca habría sido posible el origen de la imprenta que hoy conocemos.


Santa Juana de Arco.

Santa Juana de Arcos (Domrémy, Francia, 1412 - Ruán, id., 1431) Santa y heroína francesa. Nacida en el seno de una familia campesina acomoda...