Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


viernes, 24 de octubre de 2014

17).-Los 1.891 mártires de la Guerra Civil Española.


Mártires españoles del siglo XX. 




Mártires españoles del siglo XX es la denominación elegida por la Iglesia católica para el reconocimiento o beatificación de un número de sus religiosos que murieron de forma violenta en los años 1930 y durante el llamado Terror Rojo a lo largo del periodo de la II República, y dentro de la zona del Frente Popular por odio a su fe católica, en circunstancias que consideran modélicas por haber mantenido la profesión de su fe en el momento de la ejecución, siendo así mártires para ellos. Su memoria se recuerda en la Iglesia católica el 6 de noviembre.

Durante la II República y la guerra civil española, un grandísimo número de católicos españoles fueron martirizados y asesinados por el hecho de ser católicos y de no querer renunciar a su fe y a su vocación cristiana. Dios les dio la fuerza necesaria para perseverar firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad cristiana. Todos estos mártires vivieron amando y murieron perdonando a sus verdugos.

En agosto de 2026 se cumple el 90º aniversario del asesinato in odium fidei de la mayoría de obispos españoles que murieron mártires.
En julio de 1936 fue asesinado Mons. Eustaquio Nieto, obispo de Sigüenza.
El 5 de agosto fue asesinado el obispo de Lérida, Mons. Salvio Huix.
El obispo de Cuenca, Mons. Cruz Laplana, murió fusilado el 8 de agosto de 1936.
Mons. Florentino Asensio había sido consagrado obispo en enero de 1936 y nombrado administrador apostólico de la diócesis de Barbastro. Fue asesinado el 8 de agosto de 1936 junto con otros detenidos.
Mons. Miguel Serna había tomado posesión de la diócesis de Segorbe en junio de 1936 tras quince años al frente de la diócesis de Canarias.  Fue fusilado la madrugada del 9 de agosto del mismo año.
El 12 de agosto de 1936 alcanzaron la palma del martirio Mons. Manuel Basullo, obispo de Jaén, y Mons. Manuel Borrás, obispo auxiliar de Tarragona.
El 22 de agosto fue fusilado Mons. Narciso de Estanaga, obispo de Ciudad Real y prior de las Órdenes Militares.
El 30 de agosto encontraron la gloria del martirio los obispos de Almería, Mons. Diego Ventaja, y de Guadix, Mons. Manuel Medina.
Después de esta fecha fueron dos obispos y un sacerdote en funciones de administrador apostólico los que fueron martirizados y asesinados: Mons. Juan de Dios Ponce y Pozo ejercía como administrador apostólico de Orihuela desde 1935, tras la dispensa canónica por dos años concedida a Mons. Francisco Javier de Irastrorza.
El obispo de Barcelona, Mons. Manuel Irurita, pudo esconderse en casa de una familia amiga, pero fueron descubiertos y detenidos. Irurita fue fusilado en el cementerio de Montcada i Reixach el 3 de diciembre de 1936. Su causa de beatificación sigue abierta.
El obispo de Teruel, Mons. Anselmo Polanco, agustino, fue arrestado en enero de 1938 y estuvo preso durante trece meses hasta que dos meses antes del fin de la guerra civil fue maniatado y llevado en un camión junto a otros prisioneros hasta el barranco de Can Tretze, donde fue fusilado.
El martirio es el supremo don que Dios puede conceder a un cristiano y,  aunque no a todos se nos concede la gracia del martirio cruento, a todos los discípulos de Cristo se nos pide que seamos testigos de Jesucristo y de nuestra fe en Él con todas las consecuencias.
Pidamos al Señor, Rey de los mártires y Dueño del universo, que, por intercesión de sus mártires, nos conceda perseverar siempre firmes en la fe de la Iglesia Católica, columna y fundamento de la verdad. Demos testimonio de Jesucristo con nuestras obras y palabras, todos los días de nuestra vida.




Los 1.891 mártires de la Guerra Civil Española.


Miles de españoles llenaron la Plaza de San Pedro durante la enorme
ceremonia beatificación que se produjo en 2007. 1.891 mártires
asesinados por odio a la fe en España durante la Guerra Civil están ya en los altares.


Este martes 6 de noviembre la Iglesia celebra la memoria litúrgica de los mártires españoles de la persecución religiosa del siglo XX, asesinados durante la Guerra Civil  por “odio a la fe”.  Las cifras hablan de más de 10.000 católicos asesinados en este proceso de los que 1.891 ya están en los altares.
En esta lista se incluyen ya los mártires que serán beatificados el próximo sábado 10 de noviembre en Barcelona, en una ceremonia en la basílica de la Sagrada Familia en la que se beatificará a 16 personas que fueron asesinados entre 1936 y 1937. En concreto se trata de 9 religiosos de la Congregación de San Pedro ad Víncula, 3 religiosas de la Congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, 1 religiosa de la Congregación de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones y 3 laicos protectores de los religiosos de San Pedro ad Víncula.

Sacerdotes, obreros, padres de familia...

El grupo incluye sacerdotes, personas consagradas y laicos; jóvenes y mayores; hermanos estudiantes y superiores; obreros, padres de familia y educadores: todos ellos servidores, por el Evangelio y el amor a Dios, hasta el momento de su entrega martirial. Todos ellos estaban en Cataluña.
En 2013 se beatificaron a 522 mártires en Tarragona, hasta la fecha la ceremonia más numerosa en esta causa
Precisamente, Cataluña fue un claro ejemplo de la gran persecución contra los católicos en este corto pero sangriento periodo histórico. El arzobispo de Barcelona, el auxiliar de Tarragona y el obispo de Lérida fueron ejecutados por anarquistas, comunistas y otros grupos extremistas en los primeros meses de la guerra. Ya al final de la contienda, y siendo prisionero, en Gerona también fue fusilado el obispo de Teruel.

Algunos datos clarificadores.

El historiador Vicente Cárcel Ortí ofrece algunos datos sobre el asesinato de sacerdotes en estas diócesis catalanas que ejemplifican la gravedad de lo que allí ocurrió:

- Lérida: 270 sacerdotes asesinados (67% del total).

- Tortosa: 316 asesinados (62% del total del clero).

- Vic: 177 asesinados (27% del clero).

- Barcelona: 279 asesinados (22% del total)G

- Gerona: 194 sacerdotes muertos (20% del total)

- Urgel: 109 asesinados (20%)

- Solsona: 60 sacerdotes asesinados (13%).

Otras diócesis también perdieron un porcentaje importante de su clero. Por ejemplo, en Málaga mataron a prácticamente la mitad de los sacerdotes, lo mismo que ocurrió en la sede primada de Toledo o en Menorca. En Segorbe incluso fue más del 50%. En otras como Madrid fusilaron a 334 sacerdotes (30% del total) o 327 en Valencia (27%).

El caso de Barbastro.

Sin embargo, fue la pequeña diócesis aragonesa de Barbastro en la que la brutalidad se convirtió en una limpieza de católicos. Grupos anarquistas y comunistas asesinaron al 88% del clero así como a todos los seminaristas. Tampoco el obispo se salvó, que sufrió todo tipo de torturas y vejaciones antes de ser fusilado.
Este obispo fue uno de los 13 que murió en estos años. 12 de ellos en los primeros meses de la guerra civil y uno, el de Teruel, ya cuando concluía.
Los historiadores hablan de una cifra de víctimas por odio a la fe de más de 10.000 personas. Además de los obispos, fueron asesinados en España 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas. El número de seglares asciende a 3.000 aunque la cifra podría ser bastante mayor.

1.891 ya beatos.

De todos ellos, 1.891 han sido ya beatificados, incluyendo los del próximo sábado en Barcelona, desde que en 1987 San Juan Pablo II declarara beatos por primera vez a tres mártires de esta persecución, carmelitas descalzas de Guadalajara.
Durante el pontificado de San Juan Pablo II se beatificaron a 471 mártires asesinados en el periodo 1931-1939 en España. 530 lo fueron durante el pontificado de Benedicto XVI, y con papa Francisco la cifra ascienda a 890.
De los 1.891 mártires ya beatificados 9 eran obispos, 274 sacerdotes seculares o diocesanos, 1.499 religiosos (incluidos religiosos sacerdotes, no sacerdotes y religiosas), un diácono, un subdiácono y 107 seglares, incluidos cuatro seminaristas. Once de ellos son ya santos.
La revista Ecclesia publica en esta lista todas las beatificaciones de este periodo promulgadas por los tres últimos Papas de los españoles asesinados por odio a la fe en el siglo XX:

Beatos mártires con Juan Pablo II.

La relación de las beatificaciones ya efectuadas por san Juan Pablo, siempre en Roma, es la siguiente:

29-3-1987: Tres carmelitas descalzas de Guadalajara, martirizadas el 24 de julio de 1936 en Guadalajara. Sus nombres eran sor María Pilar, sor María Ángeles y sor Teresa del Niño Jesús.

1-10-1989: 26 religiosos pasionistas de la comunidad de Daimiel (Ciudad Real), martirizados entre julio y octubre de 1936.

29-4-1990: 8 hermanos de las Escuelas Cristianas y un padre pasionista (Mártires de Turón, octubre 1934); otro hermano de las Escuelas Cristianas, Tarragona, 1937; y una religiosa de la Compañía de Santa Teresa, Barcelona 1936.

25-10-1992: 71 hermanos hospitalarios de San Juan de Dios y 51 claretianos de Barbastro (Huesca), asesinados en distintos grupos a lo largo de 1936.

10-10-1993: 9 mártires de Almería (los obispos de Guadix, Manuel Medina, y de Almería, Diego Ventaja, y 7 hermanos de la Salle) y dos de la Institución Teresiana (Pedro Poveda y María Victoria Díez), todos ellos asesinados en el verano de 1936, en distintos momentos.

1-10-1995:

- Anselmo Polanco, obispo de Teruel, y su vicario general, Felipe Ripoll, asesinados en la provincia de Gerona el 7 de febrero de 1939.

- Pedro Ruiz de los Paños y otros ocho sacerdotes operarios diocesanos, martirizados en Toledo el 23 de julio de 1936.

- Ángela de San José Lloret Martí y 16 compañeros de la Doctrina Cristiana, martirizadas el 20 de noviembre de 1936 en el picadero de Paterna (Valencia)

- Carlos Eraña Gurruceta y dos compañeros marianistas, asesinados en Alarcos (Ciudad Real) el 18 de septiembre de 1936.

- Trece religiosos escolapios, martirizados en distintos momentos en 1936.

- Vicente Vilar, laico valenciano, ingeniero industrial, martirizado en Manises (Valencia) el 1 de febrero de 1937

4-5-1997:

- Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro.

- Ceferino Giménez Malla, gitano.

10-5-1998:

- Carmelita descalza de Madrid María Sagrario Mogas.

- Dos hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón Rita Dolores Pujalte y Francisca Aldea Araujo.

- Siete monjas salesas de la Visitación de Madrid.

7-3-1999:

- Vicente Soler y otros seis compañeros agustinos recoletos

- Manuel Martín Sierra, sacerdote diocesano de Granada

11-3-2001: 233 mártires:

- José Aparicio Sanz y otros 36 sacerdotes diocesanos de Valencia.

- Manuel Albert Ginés y otros dos sacerdotes diocesanos de Zaragoza. (Uno de ellos va también en el grupo de los dominicos)

- Amalia Abad Casampere y otras 18 mujeres de la Acción Católica de Valencia.

- Rafael Alonso Gutiérrez y otros 17 hombres y jóvenes de la Acción Católica de Valencia.

- Jacinto Serrano López y otros 17 compañeros dominicos. (Uno de ellos era sacerdote diocesano de Zaragoza)

- Pascual Fortunato Almela y otros 4 compañeros franciscanos.

- Modesto Vegas Vegas y otros 5 compañeros franciscanos conventuales.

- Aurelio de Vinalesa y otros 11 compañeros capuchinos.

- Tomás Sitjar Fortiá y otros 10 compañeros jesuitas.

- José Calasanz Marqués y otros 28 compañeros salesianos.

- Vicente Cabanes Badenas y otros 18 compañeros terciarios capuchinos de la Virgen de los Dolores.

- Juan Mariano García Méndez, sacerdote dehoniano.

- Leonardo Olivera Buera y otros 4 compañeros hermanos de las Escuelas Cristinas.

- Elvira Torrenteallé Paraire y otras 23 carmelitas de la caridad.

- María Jesús Masiá Ferragud y otras 4 clarisas capuchinas.

- María Francisca Ricartolmos, religiosa Servita.

- María Josefa Masiá Ferragud, agustina recoleta.

- María Baldillou Bullit y otras 6 compañeras escolapias.

- Josefa Ruano García y Dolores Puig Bonany, hermanitas de los ancianos desamparados.

- Petra María Quintana Argos y otras dos compañeras de las terciarias capuchinas de la Sagrada Familia.

- Carmen García Moyón, seglar nacida en Nantes (Francia) y martirizada en Torrente (Valencia).

- Francisco Castelló Aleu, laico de la diócesis de Lérida.

Beatos mártires con Benedicto XVI.

La relación de las beatificaciones ya efectuadas por Benedicto XVI, solo en Roma en dos ocasiones (29 de octubre de 2005 y 28 de octubre de 2007) y sin que el Papa presidiera la celebración, y las otras dos veces, una en Mataró y otra en Madrid, es la siguiente:

29-10-2005:

- José Tapiés Sirvant y seis compañeros sacerdotes de Urgell.

- María de los Ángeles Ginard Martí, religiosa celadora del Culto Eucarístico.

28-10-2007:

- 2 obispos (Cruz Laplana Laguna y Narciso Esténaga Echevarría, obispos de Cuenca y de Ciudad Real, respectivamente).

- 24 sacerdotes diocesanos, 1 diácono y 1 subdiácono.

- 8 seglares (Uno era seminarista)

- 464 religiosos (98 agustinos, 62 dominicos, 59 salesianos, 58 hermanos de La Salle, 47 maristas, 31 carmelitas, 29 franciscanos, 23 adoratrices 16 carmelitas, 9 dominicas, 9 trinitarios, 4 carmelitas misioneras, 4 misioneros de los Sagrados Corazones, 3 misioneras Hijas del Corazón de María, 2 franciscanas Hijas de la Misericordia, 1 dominica contemplativa, 1 carmelita de la caridad, 1 trinitaria de clausura y 1 carmelita).

23-1-2010:

- Josep Samsó Elías, sacerdote diocesano de Barcelona. Fue beatificado en Mataró.

17-12-2011:

—En la catedral de la Almudena de Madrid son beatificados 22 religiosos oblatos y un laico: Juan Antonio Pérez Mayo, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Juan Pedro Cotillo Fernández, Pascual Aláez Medina, Francisco Polvorinos Gómez, Justo González Lorente, Cándido Castán San José (laico), José Vega Riaño, Serviliano Riaño Herrero, Francisco Esteban Lacal, Vicente Blanco Guadilla, Gregorio Escobar García, Juan José Caballero Rodríguez, Publio Rodríguez Moslares, Justo Gil Pardo, Ángel Francisco Bocos Hernández, Marcelino Sánchez Fernández, José Guerra Andrés, Daniel Gómez Lucas, Justo Fernández González, Clemente Rodríguez Tejerina y Eleuterio Prado Villarroel.

Beatos mártires con Francisco.

Todas las beatificaciones han continuado en el ministerio de Francisco siendo en las diócesis tal como instituyó su antecesor. Estas son las beatificaciones de mártires del siglo XX en España llevadas a cabo en distintas ciudades de nuestra nación:

- 13-10-2013: Tarragona (antigua universidad laboral), 522 mártires del siglo XX en España: 3 obispos, 97 sacerdotes diocesanos, 3 seminaristas, 412 consagrados y 7 laicos.

- 01-11-2014: Vitoria (catedral nueva), Pedro de Asúa y Mendía.

- 5-9-2015: Catedral de Gerona, Fidela Oller Angelats, Josefa Monrabal Montaner y Facunda Margenat Roura (mártires de las Religiosas de San José de Gerona).

- 3-10-2015: Catedral de Santander, Pío Heredia y 15 compañeros mártires cistercienses y dos monjas cistercienses.

- 21-11-2015: Catedral de Barcelona, Frederic de Berga y 25 compañeros capuchinos mártires.

- 23-4-2016: Catedral de Burgos, Valentín Palencia (sacerdote diocesano) y 4 compañeros discípulos suyos jóvenes laicos (Donato Rodríguez, Germán García, Emilio Huidobro y Zacarías Cuesta).

- 8-10-2016: Catedral de Oviedo, Genaro Fueyo Castañón (sacerdote), y los laicos Antonio González Alonso, Isidro Fernández Cordero y Segundo Alonso González.

- 29-10-2016: Catedral de Madrid, José Antón Gómez, Antolín Pablos Villanueva, Rafael Alcocer Martínez y Luis Vidaurrázaga González, monjes benedictinos y sacerdotes.

- 25-3-2017: Palacio de Congresos de Aguadulce-Roquetas de Mar (Almería), 115 mártires (95 sacerdotes —José Álvarez-Benavides, deán de la catedral de Almería y 94 compañeros, incluidos un religioso franciscano y dos sacerdotes operarios diocesanos,— y 20 laicos —18 hombres y 2 mujeres, entre ellos, la primera mujer gitana beata, Emilia Fernández, la «canastera»—).

- 6-5-2017: Catedral de Gerona, 7 jóvenes misioneros del Sagrado Corazón mártires (Antonio Arribas Hortigüela, Abundio Martín Rodríguez, José Vergara Echevarría, Josep Oriol Isern Massó, Gumersindo Gómez Rodrigo, Jesús Moreno Ruiz y José del Amo del Amo) en Serinyà (Girona).

- 21-10-2017: Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, 109 misioneros claretianos (sacerdote Mateu Casals, el estudiante Teófilo Casajús, y el hermano Ferran Saperas y otros 106 compañeros mártires.

- 11-11-2017: Palacio Vistaalegre de Madrid, 60 mártires de la Familia Vicenciana (24 sacerdotes misioneros paúles, 5 sacerdotes diocesanos de Cartagena, 16 hermanos paúles, 2 hijas de la caridad y 13 laicos de asociaciones vicencianas).

- 10-11-2018: Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, 16 mártires del siglo XX en España (9 religiosos de la Congregación de San Pedro ad Víncula, 3 religiosas de la Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, 1 religiosa de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones y 3 laicos protectores de los religiosos de San Pedro ad Víncula).

6 noviembre de  2018 



El Papa aprueba la beatificación de 80 mártires asesinados durante la Guerra Civil.

Se trata de sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos ejecutados en Santander por odio a la fe entre 1936 y 1937
El Papa recibe su acreditación para las ceremonias del viaje a España 

Javier Martínez-Brocal

Corresponsal en el Vaticano

22/05/2026 

El Papa ha firmado este viernes seis decretos sobre causas de beatificación, entre ellos el que reconoce el martirio de ochenta españoles asesinados por odio a la fe durante la guerra civil en Santander, y el de la religiosa Ana Alberdi Echezarreta, fallecida en Madrid en 1998 y abadesa del monasterio «La Latina» de la capital.
El decreto del martirio se refiere a un grupo muy numeroso. Como es habitual, la Santa Sede reúne a grupos de mártires de la misma diócesis asesinados en el mismo periodo aunque no se conocieran entre ellos, y lo encabeza por uno de ellos al que destaca especialmente. En este caso se trata de Francisco González de Córdova.

Éste nació Viérnoles (Cantabria) en 1888. Cuando estalló la persecución religiosa en los años 30 tuvo la oportunidad de escapar, pero decidió no abandonar a las personas que atendía en una parroquia de Santoña. «Le prohibieron decir misa, tocar las campanas, celebrar bautismos o visitar enfermos sin permiso del alcalde; le incautaron las llaves con los libros parroquiales y la iglesia fue convertida en almacén de explosivos», dice su biografía.
Cuando lo arrestaron, lo encerraron en la bodega del barco «Alfonso Pérez», atracado en Santander y convertido en prisión pues no había sitio ni en las cárceles ni en las checas. Allí el sacerdote atendió espiritualmente a los demás detenidos.
«El 27 de diciembre de 1936, al ser llamado para la ejecución, pidió ser el último para confesar y bendecir a sus compañeros», añade su biografía. Tenía 48 años.
De los otros 79 mártires españoles de este mismo grupo, 67 eran sacerdotes diocesanos de Santander; tres eran religiosos carmelitas; tres, seminaristas; y siete, laicos, entre ellos un juez y un maestro.
El proceso para reunir información que demostrase su martirio fue iniciado en julio de 1996. El material llegó a Roma en mayo de 2020, y desde entonces ha esperado pacientemente su turno hasta que el Dicasterio para las Causas de los Santos lo ha podido abordar. Tras revisarlo y comprobar que reúnen las condiciones para poder ser considerados mártires, este viernes, el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio, ha solicitado al Papa que aprobase oficialmente el martirio.
«Demos gracias a Dios por la vida y el testimonio de nuestros mártires. Pidamos su intercesión por nuestra querida Diócesis de Santander, para que seamos una verdadera familia y podamos dar abundantes frutos de amor y de esperanza», ha dicho Arturo Ros, obispo de Santander, tras conocer la noticia.
En la década de los sesenta, el Papa Pablo VI decidió, de acuerdo con los obispos españoles, suspender provisionalmente los procesos de beatificación de mártires españoles de este periodo, para que no fueran instrumentalizados por el régimen de Franco. Fueron retomados años más tarde, en torno a 1983, justo después del primer viaje de Juan Pablo II a España, y cuando ya había culminado la Transición.
Desde 1987, ya han sido beatificados 2.254 mártires asesinados durante la persecución religiosa de la guerra civil española. Otros once fueron posteriormente canonizados, y por lo tanto propuestos para la devoción universal y no sólo local. Entre los canonizados están Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana fusilado en Madrid en 1936, o el religioso de La Salle, Jaime Hilari Barbal i Cosán, fusilado en Tarragona en 1937.

La abadesa de «La Latina»

Por otro lado, el Papa ha firmado este viernes el decreto que reconoce que Sor Ana Alberdi (1912-1998) vivió «heroicamente» las virtudes cristianas. Nació en 1912 en Azcoitia (Guipúzcoa), y después de trabajar cinco años en una fábrica, muy joven, a los 19 años, entró en el Monasterio de la Concepción Francisca de Madrid, en el barrio de La Latina, en Madrid. Fue su abadesa desde 1953 hasta 1990, excepto entre 1984 y 1987. Falleció hace menos de 30 años, y por eso aún viven muchas personas que la conocieron. 
El reconocimiento de la «heroicidad de las virtudes» es un paso necesario para la futura beatificación de la religiosa española. El siguiente es presentar un milagro realizado por su intercesión, que de alguna forma atestigüe su santidad.
Precisamente, entre los otros decretos que el Papa León XIV ha firmado este viernes, está el reconocimiento de un «milagro atribuido a la intercesión de Elías Hoyek (1843-1931), Patriarca de Antioquía de los Maronitas». Significa que este libanés será beatificado en los próximos meses.
El Papa también ha reconocido las «virtudes heroicas» del sacerdote salesiano Costantino Vendrame (1893-1957), nacido en Italia y misionero en India; del capuchino Nazareno da Pula (1911-1992), que se hizo franciscano tras regresar de la II Guerra Mundial; y del carmelita descalzo Jean-Thierry Ebogo (1982-2006), nacido en Camerún y fallecido en Italia, tras afrontar con gran serenidad una durísima enfermedad.


Que piensan  el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Esquerra Republicana de Catalunya y demás partidos que todavía existen que apoyaron la segunda republica de todos asesinatos y persecución contra el clero durante la II republica española.   Que piensas los descendientes de republicanos y anarquistas tantos asesinatos y masacres. Que piensan los familiares de los criminales condenados por estos asesinatos y masacres, se probo sus delitos sangre. 

El debate en torno a los episodios de violencia antirreligiosa, la persecución al clero y los crímenes cometidos durante la Segunda República Española y la subsecuente Guerra Civil sigue generando profundas reflexiones, posturas encontradas y valoraciones complejas en la sociedad española actual.

Postura de los partidos políticos actuales (PSOE y ERC)

Partido Socialista Obrero Español (PSOE): El PSOE actual condena cualquier forma de violencia, persecución o vulneración de los derechos humanos ocurrida durante el periodo republicano y la Guerra Civil, sin distinción de bando. Desde la perspectiva institucional y de la memoria democrática, el partido defiende la legalidad constitucional de la Segunda República como un proyecto legítimo de modernización del Estado, separación entre la Iglesia y el Estado y avances sociales, al tiempo que reconoce y lamenta los episodios de violencia incontrolada, persecuciones y asesinatos perpetrados por elementos radicales o milicias durante el vacío de poder y el caos bélico, señalando que dichos actos al margen de la ley no constituyeron una política oficial de los gobiernos republicanos democráticos.

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC): Por su parte, ERC mantiene una defensa de sus liderazgos históricos de la época (como Lluís Companys o Francesc Macià), enmarcándolos en la lucha por las libertades de Cataluña, el autogobierno y la república social. Respecto a la violencia anticlerical y los crímenes ocurridos en Cataluña durante la retaguardia republicana, el partido suele reconocer el contexto de violencia revolucionaria incontrolada que desbordó a las autoridades republicanas y de la Generalitat en los primeros momentos de la contienda, lamentando la pérdida de vidas humanas y la destrucción de patrimonio, y abogando por un análisis histórico riguroso que no justifique los crímenes cometidos por ningún bando.  

La perspectiva de los descendientes de republicanos y anarquistas

Para los familiares y descendientes de aquellos que integraron el bando republicano, las organizaciones obreras, los partidos de izquierda y el movimiento libertario (anarquistas), la memoria de este periodo se vive desde matices diversos:

Muchos rechazan y condenan de manera explícita los asesinatos, masacres y la persecución religiosa, argumentando que la violencia desatada por sectores incontrolados de la retaguardia empañó los ideales de justicia social, libertad y progreso que el republicanismo y el anarquismo pretendían defender.  
A su vez, denuncian lo que consideran un desequilibrio histórico en el reconocimiento y la reparación institucional, señalando que, mientras las víctimas del clero y del bando sublevado recibieron homenajes, reconocimiento oficial y procesos judiciales durante la dictadura franquista, miles de republicanos, anarquistas y civiles vinculados a la izquierda sufrieron ejecuciones sumarísimas, represión sistemática, fosas comunes anónimas y un largo periodo de olvido institucional que las leyes de memoria histórica actuales intentan paliar de forma global.  

El punto de vista de las familias de los condenados y los procesos judiciales.

En cuanto a los procesos judiciales, las condenas y la situación de los familiares de quienes fueron procesados por crímenes, saqueos o asesinatos durante la guerra y la preguerra:

El contexto de la justicia en la época: Durante la Segunda República en tiempos de paz, los delitos comunes y de sangre fueron perseguidos por los tribunales ordinarios bajo la legislación republicana. Sin embargo, al estallar la Guerra Civil en 1936, el colapso del Estado de derecho en amplias zonas dio lugar a tribunales revolucionarios populares improvisados, paseíllos y ejecuciones extrajudiciales donde las garantías procesales brillaron por su ausencia.

La justicia de posguerra: Tras la victoria del bando franquista en 1939, el sistema judicial se invirtió por completo. Los tribunales militares del nuevo régimen dictaron miles de sentencias sumarísimas contra militantes republicanos, socialistas y anarquistas. Muchas de estas causas posteriores han sido consideradas por los historiadores y por las actuales leyes de memoria democrática en España como nulas de pleno derecho, al haberse basando en la persecución política e ideológica más que en garantías jurídicas imparciales.

El dolor de las familias: Para los descendientes de aquellos que fueron juzgados y condenados (ya fuera por tribunales republicanos en el contexto de depuraciones internas o, de manera abrumadora, por los tribunales franquistas de posguerra), el debate se centra en la exigencia de verdad, justicia y reparación. Las familias reclaman la revisión histórica de los expedientes para esclarecer la veracidad de las acusaciones de sangre, distinguir entre delitos comunes y represión ideológica, y recuperar la dignidad de aquellos cuyos procesos carecieron de las garantías de un Estado de derecho democrático.

Los familiares de los condenados, anarquistas, republicanos, y separatistas, por estos asesinatos, antes , durante y despues de la guerra civil española, sus antepasados son criminales condenados tanto por los tribunales de la II Republica como los tribunales franquistas. Nunca podrán limpiar sus nombre, siempre serán homicidas. Especialmente mataron personas famosas, siempre quedaran biografias de personas mataron. 

La cuestión sobre la responsabilidad penal, la memoria de los condenados y la posibilidad de rehabilitación jurídica o moral de quienes cometieron crímenes durante la Segunda República y la Guerra Civil genera debates complejos en el ámbito del derecho, la historia y la memoria familiar.

Validez jurídica y revisión de las condenas

Tribunales de la Segunda República: Durante el periodo democrático de la Segunda República (1931-1936), el sistema judicial ordinario funcionó bajo la legalidad constitucional para juzgar delitos comunes, incluidos los de sangre. Aquellos que fueron debidamente procesados, juzgados con garantías legales y condenados por tribunales republicanos por delitos de homicidio o asesinato conservan esa condición penal en los registros históricos de la época.

Tribunales franquistas y la Ley de Memoria Democrática: La situación de las condenas dictadas tras el estallido de la guerra y, sobre todo, durante la dictadura franquista (1939-1975) tiene un marco jurídico distinto en la actualidad. La legislación española vigente en materia de memoria democrática (como la Ley 20/2022) establece la nulidad de pleno derecho de todas las condenas y sanciones de carácter político, ideológico o de conciencia dictadas por los tribunales franquistas. 
Sin embargo, los expertos jurídicos e historiadores distinguen entre la persecución ideológica masiva (que afectó a miles de personas sin garantías procesales) y los delitos comunes o de sangre acreditados, señalando que la anulación de las sentencias políticas no borra automáticamente los hechos delictivos probados en causas justas, aunque sí cuestiona la imparcialidad y la legalidad de los tribunales de excepción de la dictadura.

El peso de las biografías y la memoria histórica

Figuras relevantes y el impacto público: Cuando las víctimas de la violencia en la retaguardia republicana o en el contexto bélico fueron personalidades públicas, intelectuales, religiosos destacados o figuras políticas reconocidas, sus biografías y las circunstancias trágicas de sus muertes suelen perdurar de forma prominente en la historiografía y en la memoria colectiva.

La carga familiar y el estigma: Para los descendientes de personas que efectivamente cometieron delitos de sangre probados, el peso de la memoria histórica plantea una disyuntiva compleja entre el reconocimiento del dolor de las familias de las víctimas y la herencia de un pasado conflictivo. En el ámbito historiográfico y ético moderno, se suele distinguir entre la responsabilidad penal individual —que recae estrictamente sobre quien cometió el acto ilícito— y la situación de los descendientes, bajo el principio de que la responsabilidad penal es personal y no se transmite por linaje.

Que pasa con los familiares de los asesinos anarquistas, comunistas, republicanos o separatistas condenados por matar a gente famosa, que nombre y apellidos de sus antepasados, salen en las sentencias de muerte o condena, y en los libros de historia o las biografías, como el caso de los arzobispos asesinados. Las Actas de martirio, estas son publicas y conocidas. Siente familia esta sucia con sangre de mártires. 

El impacto de llevar un apellido vinculado a crímenes graves del pasado, especialmente cuando estos forman parte de registros judiciales históricos, causas célebres o procesos de canonización (como las "actas de martirio" en la Iglesia católica), es un tema profundo que abarca la ética, la psicología social y la historiografía.

1. El principio de la responsabilidad penal individual

Desde el punto de vista jurídico, ético y de los derechos humanos universales vigentes en las democracias modernas, existe un principio fundamental: la responsabilidad penal y moral es estrictamente personal.
Los actos delictivos, los homicidios o las ejecuciones cometidas por un individuo recaen única y exclusivamente sobre quien los perpetró.
Los hijos, nietos y descendientes no heredan la culpabilidad penal ni la responsabilidad moral de los actos cometidos por sus antepasados. Ningún marco jurídico o ético actual considera que una familia esté "sucia" o manchada por los delitos de uno de sus miembros, ya que la identidad y la dignidad de una persona son autónomas respecto a su árbol genealógico.

2. El peso de la memoria pública y los registros históricos

Es innegable que cuando un antepasado figura en documentos históricos de gran repercusión —como sentencias de tribunales, libros de historia, biografías de personajes célebres o actas eclesiásticas de mártires—, el impacto para sus descendientes adopta matices particulares:

Visibilidad y documentación: A diferencia del anonimato que suele rodear a la mayoría de las familias, los nombres de aquellos que protagonizaron episodios criminales o de gran relevancia pública quedan registrados de forma permanente en archivos estatales, eclesiásticos e historiográficos.
La carga psicológica y social: Para algunos descendientes, descubrir o cargar con el peso de que un familiar directo cometió un asesinato atroz (como el de arzobispos, obispos o figuras públicas durante el conflicto) genera un dilema íntimo complejo: el contraste entre el afecto filial o familiar y el rechazo absoluto a los actos cometidos.
La perspectiva historiográfica actual: Los historiadores profesionales suelen enfatizar que el estudio de estos nombres y actas busca comprender las motivaciones, el contexto de polarización extrema y el colapso institucional de una época trágica, más que estigmar linajes familiares o perpetuar odios generacionales.

3. La memoria de las víctimas y las actas de martirio

Por otro lado, para las instituciones religiosas y los familiares de las víctimas (como los religiosos beatificados o canonizados por la Iglesia católica tras ser asesinados durante la persecución religiosa), las actas de martirio y los registros históricos cumplen una función de memoria litúrgica y reivindicación espiritual. En este ámbito, la figura del "mártir" se define por haber perdonado a sus verdugos en el momento de la muerte, un principio teológico que busca cerrar el ciclo del odio y la venganza personal entre descendientes y sociedades divididas.

Muchas de estos familiares de estos famosos asesinos de clericós católicos que viven en el extranjero, exilio republicano, en la Francia, México, u otro país, están alejados de los nombre y apellidos ensangrentado de ancestros. Por suerte para ellos. Lo malo son los descendientes que vive en España, si es personaje famoso o conocido ahora sabe todo. 

El impacto de la memoria familiar y pública sobre los descendientes varía significativamente dependiendo del contexto geográfico y social en el que se encuentren.

Los descendientes en el exilio: Aquellos familiares que se establecieron en países como Francia, México u otras naciones de acogida tras el exilio republicano vivieron a menudo en entornos donde los nombres y antecedentes de sus antepasados se diluyeron en la distancia o en la propia integración con las sociedades locales. Para muchos, la lejanía geográfica supuso un distanciamiento del debate público directo que se mantiene en España respecto a los episodios de la Guerra Civil.

La visibilidad en España: En el ámbito nacional, la apertura de archivos históricos, la proliferación de investigaciones biográficas sobre personalidades de la época y el debate continuo en torno a la memoria histórica hacen que la trazabilidad genealógica sea mucho más accesible. Cuando se trata de figuras prominentes o casos de gran repercusión mediática o eclesiástica, la exposición pública de los nombres puede perdurar en la crónica histórica, generando dinámicas complejas para las generaciones actuales que conviven con ese legado en el debate social contemporáneo.



Ropa. 








No hay comentarios:

Publicar un comentario

El Índice de artículos.

Atrás   Adiós. 2021 Filosofía.-[ Patricio de Azcárate ] La puerta del Paraíso (escultura) La puerta del Infierno (escultura) 279 ).-Pa...