Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


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martes, 14 de abril de 2020

213).-El peregrinaje de las siete iglesias de Roma.


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garín; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 


El peregrinaje de las siete iglesias de Roma



Antoine Lafréry, Le sette chiese di Roma, recogido en el Speculum Romanae magnificentiae de 1575


El peregrinaje de las siete iglesias de Roma, también conocido como el tour o giro o ronda de las siete iglesias (en italiano, visita delle Sette Chiese o Giro delle Sette Chiese), es una peregrinación urbana tradicional que se realiza a pie por la ciudad de Roma en la que se visitan siete iglesias antiguas y grandes, centros mayores de peregrinación religiosa, para lograr la indulgencia plena. Muchos romeros siguen hoy las huellas de San Felipe Neri que fue quien informalmente impulsó este tour hacia el año 1540 y que quedó establecido en el año jubilar de 1575. Originariamente se hacía en un único día,​ y actualmente se lleva a cabo en grupo por la noche dos veces al año, en septiembre y mayo, poco antes de la fiesta de San Felipe Neri, dirigida por un padre de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri.​ También se considera un acto de devoción típico del Viernes Santo y/o el Sábado Santo, que consiste en entrar en esas siete iglesias diferentes y acercarse a orar cerca del Cristo muerto.
El recorrido tiene una longitud total de 25 km, ya que conecta los santuarios, en su mayoría excéntricos, con el centro antiguo (Foro romano) y medieval (Campo de Marte) de la ciudad. La Via delle Sette Chiese comprende el recorrido entre San Pablo extramuros y San Sebastián.3​ De hecho, las basílicas construidas sobre las tumbas de los apóstoles (Pedro y Pablo) o de los mártires (Sebastián y Lorenzo) estaban por este hecho situadas fuera de las murallas de Roma. El Laterano (San Juan) y el Sessorium (Santa Cruz) eran antiguos dominios imperiales que tocaban la muralla Aureliana. En cuanto a Santa María la Mayor, en el Esquilino, su emplazamiento fue indicado mediante un milagro: una nevada en el mes de agosto
El número 7 tiene un valor bíblico símbólico fuerte de plenitud y de realización. No sólo son los siete días de la creación del mundo (del libro del Génesis), sino también los siete milagros de Jesús (Evangelio de Juan) y las Siete Palabras de Jesús en la Cruz. También puede hacer referencia a las siete colinas de Roma o las siete maravillas del mundo. Sin embargo, no hay ninguna referencia directa a las "siete iglesias" del libro del Apocalipsis.


La peregrinación a Roma

Roma había sido durante siglos un faro para los viajeros. Como sede del papado y de la curia católica, así como lugar en el que había muchos sitios y reliquias que eran venerados en relación con los apóstoles, santos y mártires cristianos, la ciudad había sido durante mucho tiempo un destino para los peregrinos cristianos.
El tour de las siete iglesias fue emprendido de manera informal a principios de los años 1540 por San Felipe Neri y algunos de sus discípulos. San Ignacio de Loyola, un amigo cercano de Felipe Neri, hizo la peregrinación de las siete iglesias el 22 de abril de 1541, con cinco cofundadores compañeros de la Compañía de Jesús. Ese día, los primeros seis jesuitas hicieron su profesión religiosa definitiva en la capilla del Santísimo Sacramento de la Basílica de San Pablo Extramuros.
Cobró impulso durante el Año Jubilar de 1550 y se convirtió en una práctica estable y organizada desde 1559. Originalmente, la peregrinación duraba dos días (miércoles y jueves Santo), y fue concebida específicamente como una alternativa al carnaval profano.
En 1575, la peregrinación a las siete iglesias se convirtió en requisito para obtener la indulgencia plenaria del Jubileo. Su recorrido se hará entonces durante todo el año y no sólo el Jueves Santo, como pre-Cuaresma. Las exigencias disminuyeron durante el post-jubileo en 1575.
Las siete iglesias ya aparecieron enumeradas en la guía de Girolamo Franzini de 1595, Le cose Maravigliose dell'alma citta de Roma, en el siguiente orden: San Juan de Letrán, San Pedro, San Pablo Extramuros, Santa María la Mayor, San Lorenzo Extramuros, San Sebastián y Santa Cruz de Jerusalén.
Giovanni Baglione, en su libro de 1639 Le nove chiese di Roma, lista a su vez nueve iglesias principales, añadiendo algo peculiarmente la iglesia de Santa Maria Annunziata dei Gonfalone y el trío de iglesias conocidas una vez como alle Tre Fontane, y situadas en el lugar del martirio de San Pablo: Santi Vincenzo y Anastasio a Trevi , Santa María Scala Coeli y San Paolo Alle Tre Fontane.

En el año 2000, la bula de la proclamación del Jubileo seguía mencionando todavía esas mismas siete iglesias romanas, junto a los santuarios de Tierra Santa, como lugares cuya visita permite obtener una indulgencia plenaria. Aunque el papa Juan Pablo II, en ocasión de ese Gran Jubileo, sustituyó San Sebastián Extramuros, por el santuario de Nuestra Señora del Divino Amor. Sin embargo, muchos peregrinos siguen prefiriendo las siete basílicas de antes de 2000 y así también asisten a San Sebastián, además de a las iglesias necesarias para la indulgencia.




El peregrinaje de las siete iglesias

El tour incluye las cuatro basílicas mayores o patriarcales de Roma:

  • 1.-basílica de San Juan de Letrán, catedral de la diócesis de Roma y cabeza de las iglesias católicas del mundo;
  • 2.-basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, tumba del ápostol San Pedro;
  • 3.-basílica de San Pablo Extramuros en la Via Ostiense, tumba de Pablo de Tarso;
  • 4.-basílica de Santa María la Mayor, la iglesia más antigua dedicada a María de Nazareth, madre de Dios;
y dos basílicas menores y un santuario (también basílica menor), que se recogen en orden de prioridad:
  • 5.-basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, que conserva las reliquias de la Pasión;
  • 6.-basílica de San Lorenzo Extramuros, la tumba de Lorenzo mártir;
  • 7.-Santuario de Nuestra Señora del Divino Amor. (antiguamente basílica de San Sebastián Extramuros, la tumba de san Sebastián (mártir), remplazado de la ruta de pereginaje por el papa Juan Pablo II en el Jubileo de 2000.)




Cantar de los cantares
 


1

  • 1Cantar de los cantares. De Salomón. 
  • 2¡Béseme con los besos de su boca! | ¡Tus amores son más dulces que el vino! 
  • 3¡Qué exquisito el olor de tus perfumes; | aroma que se expande es tu nombre; | por eso te aman las doncellas! 
  • 4Llévame contigo, ¡corramos!; | condúzcame el rey a su alcoba; | disfrutemos y gocemos juntos, | saboreemos tus amores embriagadores. | ¡Con razón te aman las doncellas! 
  • 5Soy morena pero hermosa, | muchachas de Jerusalén, | como las tiendas de Quedar, | como las lonas de Salmá. 
  • 6No os fijéis en mi tez morena, | pues el sol me ha bronceado. | Mis hermanos se enfadaron conmigo; | me pusieron a guardar las viñas. | ¡Y mi propia viña no la guardé! 
  • 7Dime, amado mío, dónde pastoreas, | dónde sesteas al mediodía, | para que no sea como una errante, | tras los rebaños de tus compañeros. 
  • 8Si no lo sabes por ti misma, | la más bella de las mujeres, | sigue las huellas del rebaño, | y lleva a pacer tus cabritillas | junto a las chozas de los pastores. 
  • 9Te comparo, amada mía, | a la yegua de la carroza del faraón.
  • 10¡Bellos son tus flancos oscilantes, | y bello tu cuello entre collares!
  •  11Te haremos collarines de oro | con engastes de plata. 
  • 12Mientras el rey yacía en su diván, | mi nardo exhalaba su perfume. 
  • 13Bolsita de mirra es mi amado para mí: | entre mis pechos descansa. 
  • 14Es mi amado para mí un manojito de alheña, | en las viñas de Engadí.
  •  15¡Qué bella eres, amada mía, | qué bella eres! | ¡Palomas son tus ojos! 
  • 16¡Qué bello eres, amado mío, | cuán delicioso! | ¡Y nuestro lecho es frondoso! 
  • 17El techado de nuestra casa es de cedro, | y nuestro artesonado, de enebro.

2


  • 1Soy un narciso de la llanura, | una rosa de los valles.
  •  2Como rosa entre espinas | es mi amada entre las mozas.
  •  3Como manzano entre árboles silvestres, | es mi amado entre los mozos: | desearía yacer a su sombra, | pues su fruto me es dulce al paladar. 4Me llevó al banquete, | y enarboló sobre mí la bandera de su amor. 5Tendedme entre las tortas de pasa, | recostadme entre las manzanas, | porque estoy enferma de amor. 6Su izquierda bajo mi cabeza | y su diestra me abraza. 7Os conjuro, muchachas de Jerusalén, | por las gacelas y las ciervas del campo, | que no despertéis ni desveléis a la amada | hasta que ella quiera. 8¡Un rumor…! ¡Mi amado! | Vedlo, aquí llega, | saltando por los montes, | brincando por las colinas. 9Es mi amado un gamo, | parece un cervatillo. | Vedlo parado tras la cerca, | mirando por la ventana, | atisbando por la celosía. 10Habla mi amado y me dice: | «Levántate, amada mía, | hermosa mía y ven». 11Mira, el invierno ya ha pasado, | las lluvias cesaron, se han ido. 12Brotan las flores en el campo, | llega la estación de la poda, | el arrullo de la tórtola | se oye en nuestra tierra. 13En la higuera despuntan las yemas, | las viñas en flor exhalan su perfume. | «Levántate, amada mía, | hermosa mía, y vente». 14Paloma mía, en las oquedades de la roca, | en el escondrijo escarpado, | déjame ver tu figura, | déjame escuchar tu voz: | es muy dulce tu voz | y fascinante tu figura. 15«Atrapadnos las raposas, | las raposas pequeñitas, | que devastan nuestras viñas, | nuestras viñas floridas». 16Mi amado es mío y yo suya, | ¡se deleita entre las rosas! 17Hasta que surja el día | y huyan las tinieblas, | ronda, amado mío, | sé como un gamo, | aseméjate a un cervatillo | sobre las colinas de Beter.

3

  • 1En mi lecho, por la noche, | buscaba al amor de mi alma; | lo buscaba, y no lo encontraba. 2«Me levantaré y rondaré por la ciudad, | por las calles y las plazas, | buscaré al amor de mi alma». | Lo busqué y no lo encontré. 3Me encontraron los centinelas | que hacen la ronda por la ciudad. | —«¿Habéis visto al amor de mi alma?». 4En cuanto los hube pasado, | encontré al amor de mi alma. | Lo abracé y no lo solté, | hasta meterlo en mi casa materna, | en la alcoba de la que me concibió. 5Os conjuro, muchachas de Jerusalén, | por las gacelas y las ciervas del campo, | que no despertéis ni desveléis a la amada | hasta que ella quiera. 6¿Quién es esta que sube del desierto, | como columna de humo, | perfumada con mirra y olíbano, | con tantos aromas exóticos? 7¡Mira: la litera de la Sulamita! | Sesenta valientes la escoltan, | de los más valientes de Israel. 8Todos ellos empuñan la espada, | son adiestrados guerreros: | cada uno con la espada al flanco, | contra las emboscadas nocturnas. 9El rey Salomón | se ha hecho un palanquín | con maderas del Líbano: 10hizo de plata sus columnas, | de oro su respaldo, | de púrpura su asiento; | recamado de marfil en su interior. 11Muchachas de Jerusalén, salid; | contemplad, muchachas de Sión, | al rey Salomón con la corona | que le ciñó su madre, | el día de su boda, | día de fiesta en su corazón.

4

  • 1Qué bella eres, amada mía, | qué bella eres! | ¡Palomas son tus ojos | tras el velo! | Tus cabellos, como un rebaño | de cabras que trisca | por la sierra de Galaad. 2Tus dientes, cual hato | de ovejas trasquiladas, | que suben del baño; | todas ellas gemelas; | ninguna solitaria. 3Cinta escarlata tus labios, | y tu habla, fascinante. | Dos cortes de granada tus mejillas | tras el velo. 4Tu cuello, cual torre de David, | edificada con sillares: | mil escudos penden de ella, | los paveses de los valientes. 5Tus dos pechos, dos crías | mellizas de gacela | que pacen entre rosas. 6Hasta que surja el día, | y huyan las tinieblas, | iré al monte de la mirra, | a la colina del incienso. 7¡Toda bella eres, amada mía, | no hay defecto en ti! 8¡Ven del Líbano, esposa, | ven del Líbano, acércate!| ¡Desciende de la cumbre del Amaná, | de las cumbres del Senir y del Hermón, | de las guaridas de leones, | de los montes de leopardos! 9Me has robado el corazón, | hermana mía, esposa; | me has robado el corazón | con una sola mirada tuya, | con una vuelta de tus collares. 10¡Cuán bellos son tus amores, | hermana mía, esposa! | ¡Tus amores son más dulces que el vino! | ¡más exquisito que el bálsamo | el olor de tus perfumes! 11Néctar destilan tus labios, esposa mía, | miel y leche bajo tu lengua; | la fragancia de tus vestidos, | cual fragancia del Líbano. 12Eres huerto cerrado, | hermana mía, esposa; | manantial cerrado, fuente sellada. 13Es tu seno paraíso de granados, | con frutos exquisitos: | alheña con nardos, 14nardo y azafrán, | canela y cinamomo, | con los árboles de incienso, | mirra y áloe, | con los mejores ungüentos. 15¡Fuente de los jardines, | manantial de aguas vivas, | que fluyen del Líbano! 16Despierta, cierzo; acércate, ábrego; | soplad en mi jardín, | que exhale sus aromas. | Entre mi amado en su jardín | y coma sus frutos exquisitos.

5

  • 1He entrado en mi jardín, | hermana mía, esposa; | he recogido mi mirra y mi bálsamo, | he comido mi néctar con mi miel, | he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, | embriagaos de amores! 2Yo dormía, pero mi corazón velaba. | ¡Un rumor…! Mi amado llama: | «Ábreme, hermana mía, amada mía, | mi paloma sin tacha; | que mi cabeza está cubierta de rocío, | mis rizos del relente de la noche». 3Me he quitado la túnica, | ¿cómo vestirme otra vez?; | me he lavado los pies, | ¿cómo mancharlos de nuevo? 4Mi amado introdujo su mano por el postigo, | y mis entrañas se estremecieron por él. 5Me levanté para abrir a mi amado, | y mis manos destilaban mirra; | mis dedos goteaban mirra, | en el pestillo de la cerradura. 6Abrí yo misma a mi amado, | pero mi amado ya se había marchado. | ¡El alma se me fue tras él! | Lo busqué y no lo encontré, | lo llamé y no me respondió. 7Me encontraron los centinelas, | que hacen la ronda por la ciudad; | me golpearon, me hirieron, | me desgarraron el velo | los centinelas de las murallas. 8Os conjuro, muchachas de Jerusalén, | si encontráis a mi amado, | ¿qué habéis de decirle? | Que he sido herida de amor. 9¿Qué tiene de particular tu amado, | tú, la más bella de las mujeres? | ¿Qué tiene de particular tu amado, | para que así nos conjures? 10Mi amado es radiante y bermejo, | egregio entre millares. 11Su cabeza es oro finísimo; | sus rizos, colinas ondulantes, | son negros como el cuervo. 12Sus ojos, cual palomas | a la vera de las aguas: | se bañan en leche, | se posan en la orilla. 13Sus mejillas, plantel de balsameras, | semillero de plantas aromáticas. | Sus labios rosáceos | destilan mirra líquida. 14Sus manos, cofres de oro, | llenos de gemas. | Su vientre, disco de marfil, | cubierto de zafiros. 15Sus piernas, columnas de alabastro, | asentadas en basas de oro. | Su porte, como el Líbano, | esbelto como los cedros. 16Su talle es delicioso, | todo él es codiciable. | Así es mi amado, así es mi amigo, | muchachas de Jerusalén.

6

  • 1¿Adónde se fue tu amado, | tú, la más bella de las mujeres? | ¿Adónde se encaminó tu amado, | para que lo busquemos contigo? 2Mi amado ha bajado a su jardín, | al plantel de balsameras, | a deleitarse en el jardín, | a recoger sus rosas. 3Yo soy para mi amado y mi amado es para mí. | ¡Se deleita entre las rosas! 4Eres bella, amada mía, como Tirsá, | fascinante como Jerusalén, | imponente como un batallón. 5Aparta de mí tus ojos, | que me turban. | Tus cabellos, como un rebaño | de cabras que trisca | por la sierra de Galaad. 6Tus dientes, cual hato | de ovejas que suben del baño; | todas ellas gemelas, | ninguna solitaria. 7Dos cortes de granada tus mejillas, | tras el velo. 8Sesenta son las reinas, | ochenta las concubinas | e innumerables las doncellas, 9pero única es mi paloma hermosísima, | única es para su madre, | predilecta de aquella que la engendró. | Las doncellas la felicitan al verla, | las reinas y las concubinas la elogian. 10«¿Quién es esta que despunta como el alba, | hermosa como la luna, | refulgente como el sol, | imponente como un batallón?». 11Había bajado al nogueral, | a contemplar la floración del valle, | a ver si las vides habían brotado, | a ver si florecían los granados. 12¡Sin que yo me diera cuenta, me raptó; | me puso en los carros de Aminadab!

7

  • 1¡Gira, gira, Sulamita! | ¡Gira y gira, que te contemplemos! | ¿Qué contempláis en la Sulamita, | que danza entre dos coros? 2¡Qué bellos son tus pies | con sandalias, hija de príncipe! | La juntura de tus caderas es un collar, | obra artesana de orfebre; 3tu ombligo, un ánfora redonda, | ¡que nunca le falte el vino mezclado!; | tu seno, un montoncito de trigo, | un recinto de rosas; 4tus dos pechos, dos crías | mellizas de gacela; 5tu cuello, como torre de marfil; | tus ojos, las piscinas de Jesbón, | junto a las puertas de Batrabín; | tu nariz, como la torre del Líbano, | que mira hacia Damasco; 6tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, | y tu melena, como púrpura regia, | se recoge en el cintero. 7¡Cuán bello y dulce es | amor en las delicias! 8Se asemeja tu talle a una palmera | y tus pechos a racimos. 9Me dije: «Treparé a la palmera, | cosecharé sus dátiles». | Son tus pechos racimos de uvas; | tu aliento, aroma de manzanas, 10y tu paladar, un vino exquisito | que entra fácilmente, | que se desliza suavemente | entre mis labios. 11Yo soy de mi amado, | y él me busca con pasión. 12Ven, amado mío, salgamos al campo; | pernoctemos entre los cipreses; 13amanezcamos entre las viñas; | veremos si las vides han brotado, | si se abren las yemas, | si florecen los granados; | allí te daré mis amores. 14Las mandrágoras exhalan su fragancia, | nuestra puerta rebosa de frutos: | los nuevos y los antiguos, amado mío, | los he reservado para ti.

8

  • 1¡Oh, si fueras mi hermano, | amamantado a los pechos de mi madre!| Al encontrarte en la calle, te besaría | sin que nadie me despreciara. 2Te llevaría, te metería | en la casa de mi madre, | allí me enseñarías. | Te daría a beber vino aromado, | el licor de mis granadas. 3Su izquierda bajo mi cabeza, | y su diestra me abraza. 4Os conjuro, muchachas de Jerusalén: | que no despertéis ni desveléis a la amada | hasta que ella quiera. 5¿Quién es esta que sube del desierto, | apoyada en su amado? | —Te desperté bajo el manzano, | allí donde te concibió tu madre, | donde tu progenitora te dio a luz. 6Grábame como sello en tu corazón, | grábame como sello en tu brazo, | porque es fuerte el amor como la muerte, | es cruel la pasión como el abismo; | sus dardos son dardos de fuego, | llamaradas divinas. 7Las aguas caudalosas no podrán | apagar el amor, | ni anegarlo los ríos. | Quien quisiera comprar el amor | con todas las riquezas de su casa, | sería sumamente despreciable. 8Tenemos una hermanita, | sin pechos todavía. | ¿Qué haremos con nuestra hermanita | cuando sea pedida? 9Si ella es una muralla, | la coronaremos con almenas de plata; | si es una puerta, | la reforzaremos con tablones de cedro. 10Yo soy una muralla, | y mis pechos, como torres; | pero a sus ojos soy | embajadora de paz. 11Salomón tenía una viña en Betleamón; | arrendó la viña a los guardas, | y cada uno le entregaba por sus frutos | mil siclos de plata. 12Mi propia viña es para mí, | los mil siclos para ti, Salomón, | y doscientos para los guardas. 13¡Mujer que yaces en el jardín, | —los compañeros están al acecho—, | permíteme escuchar tu voz! 14«Entra, amado mío, | sé como un gamo, o un cervatillo, | sobre las colinas de las balsameras».



sábado, 15 de febrero de 2020

206).-El Templo de Jerusalén.


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garin; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 


El Templo de Jerusalén.




Maqueta del Segundo Templo de Jerusalén en el siglo I E.C.

 (hebreo: בית המקדש, Beit Hamikdash) o el Templo de Salomón fue el santuario principal del pueblo de Israel y contenía en su interior el Arca de la Alianza, el candelabro de los siete brazos y demás utensilios empleados para llevar a cabo el culto hebraico en tiempos de la Edad Antigua.
Se localizaba en la explanada del monte Moriá, en la ciudad de Jerusalén, donde se ubican en la actualidad la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa.


Reconstrucción computerizada del Templo de Salomón (2010).

El Primer Templo fue construido por el rey Salomón para sustituir al Tabernáculo como único centro de culto para el pueblo judío. Fue saqueado por el faraón Sisac (Sheshonq I) en 925 a. C. y destruido por los babilonios durante el tercer asedio de Nabucodonosor II a Jerusalén en 587 a. C.
El Segundo Templo, mucho más modesto, fue completado por Zorobabel en 515 a. C. (durante el reinado del persa Darío I) y seguidamente consagrado. Tras las incursiones paganas de los seleúcidas, fue vuelto a consagrar por Judas Macabeo en 165 a. C.​ Reconstruido y ampliado por Herodes, el Templo fue a su vez destruido por las tropas romanas al mando de Tito en el año 70, en el Sitio de Jerusalén, durante la primera guerra judía. Su principal vestigio es el Muro de las Lamentaciones, también conocido como Kotel o Muro Occidental.
La escatología hebrea establece que el Tercer Templo de Jerusalén será reconstruido con el advenimiento del mesías del judaísmo.




Introducción

La palabra “templo” deriva del latín templum, que significa un lugar descubierto que permite una visión de la región circundante. En un sentido más estricto significa un lugar sagrado para la Divinidad, un santuario. En la Biblia el santuario de Jerusalén lleva el nombre hebreo de Bet Yehovah (casa de Yahveh). El edificio sagrado consistía en dos salas principales, una llamada hekal (casa o templo), o godes (el Santo), y la otra debir (que es el oráculo), o godesh haggodashim (el Santo de los Santos). El Nuevo Testamento la llama oikos, “la casa”, ouaos, en latín, cella, “el lugar más sagrado del templo” y hieron, “el conjunto del recinto sagrado”. El templo que Salomón erigió al Señor hacia el 966 antes de Cristo fue destruido por Nabucodonosor el 596 antes de Cristo. Tras la vuelta de la cautividad Zorobabel lo levantó de nuevo de sus ruinas (537 antes de Cristo), pero en tan modestas condiciones que los ancianos que habían visto el antiguo Templo lloraban. 
En el décimo octavo año de su reinado, que corresponde al 19 antes de Cristo, el rey Herodes destruyó el Templo de Zorobabel para reemplazarlo por otro que igualaría, si no sobrepasaba en esplendor, al de Salomón.
Muchos escritores admiten tres templos materialmente diferentes: Ahora bien, como el profeta Ageo (Vulgata 2,10) dice del de Zorobabel: “Grande será la gloria de esta casa, la de la segunda mayor que la de la primera”, a causa de la venida del Mesías (versículos 8-9), pretenden que esta profecía no se cumplió porque Cristo nunca entró en el segundo Templo. Otros afirman que la obra de Zorobabel no fue destruida completamente sino reemplazada gradualmente por un templo mucho más grande y rico (Josefo, “Ant Jud.” ed. Dindorf, XV, XI, 2) y consiguientemente admiten sólo dos templos materialmente diferentes. 
Toda la dificultad desaparece si elegimos a los Setenta en vez de a la Vulgata. El profeta ya ha preguntado: “¿Quién queda entre vosotros que haya visto esta casa en su primer esplendor?” (2, 4). Según los Setenta luego dice: “La gloria final de esta casa será mayor que la primera”. Para el profeta, por tanto, había sólo una y la misma casa de Yahveh desde Salomón al tiempo del Mesías, construida siempre en el mismo lugar y según el mismo plano, el del Tabernáculo.
 Podemos por tanto admitir tres templos diferentes y este artículo describirá: I. El de Salomón; II. El de Zorobabel; III El de Herodes.



Templo de Salomón


Por orgullo David había ordenado el recuento de su pueblo, en castigo de lo cual Dios diezmó a los israelitas con una epidemia. Un día el rey vio cerca de la era de Ornán (Areuna) el jebuseo un ángel que estaba a punto de herir a la gente de la ciudad, después de lo cual David se humilló ante el Señor, quien le perdonó y detuvo la plaga. El rey se apresuró a comprar la propiedad del jebuseo por cincuenta siclos de plata y construyó un altar en la era, sobre el cual ofreció holocaustos y ofrendas de paz (2 Samuel, 24). Esta colina, que es el Monte Moria (2 Crónicas 3,1) del Génesis (22,2) estuvo desde entonces destinada a ser el emplazamiento del Templo de Yahveh, para el que David había amasado ya grandes tesoros, pero cuya construcción se reservaba a Salomón. Como hasta entonces los hebreos no habían cultivado las artes, Salomón se dirigió a Hiram, rey de Tiro en Fenicia, para conseguir constructores y obreros hábiles en la piedra, metal y la madera de cedro y ciprés del Líbano. Tras siete años y medio de trabajo, el rey pudo dedicar solemnemente el templo del Dios verdadero. 

Junto al recinto sagrado construyó después grandes edificios, entre los cuales la Biblia hace mención especial del palacio del rey, el de la reina, hija del Faraón, la casa del bosque, el pórtico del trono y el de las columnas.

Emplazamiento

El Monte Moria, que se extiende de norte a sur, es un largo espolón o promontorio, lindando al norte con el Monte Bezetha y limitado al este y al oeste por dos estrechos valles que se juntan en su extremidad sur (ver Jerusalén). Entre sus dos empinados declives la cima de la colina sólo permite un estrecho espacio para edificaciones, y para asegurar un adecuado emplazamiento para el Templo, los patios, y los palacios reales se construyó una plataforma levantando muros de sostén de bellas piedras cuidadosamente labradas que medían ocho o diez codos (1 Reyes 5,17; 7,9-10). Según la tradición judía el Templo estaba en el punto más alto del Monte Moria, mientras que las habitaciones reales se construyeron al sur de su recinto y en un nivel más bajo.Se admite generalmente que la “roca sagrada” en el centro de la Mezquita de Omar (ver Jerusalén) constituía la base del altar de los holocaustos en el Templo de Jerusalén. En esta colina, según una antigua tradición, Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo Isaac; aquí, junto a la era de Ornán, el ángel exterminador volvió a guardar su espada en su vaina; y en esta era, que según la costumbre estaba situada en el punto más alto, erigió David un altar al Señor. Si esta roca prominente fue constantemente preservada en las diversas reconstrucciones de la plataforma debe haber sido por sus asociaciones. 
Además, se corresponde con todos los requisitos de Éxodo (20,24 y s.) para el altar de los holocaustos. Es una roca de piedra caliza, sin labrar e irregular, de cincuenta y ocho pies de largo por cuarenta y cinco de ancho, y que sobresale tres o cuatro pies por encima del suelo. Además, casi en el nivel superior de su superficie hay un agujero por donde se cree que la sangre y el agua de las abluciones fluía en la cavidad inferior para ser llevada por un conducto subterráneo al valle del Cedrón. La Mishna (Yoma, II,I) afirma que bajo el altar de los holocaustos había un canal de esta clase. Admitido este punto, la “roca sagrada” servirá como señal para descubrir el sitio exacto de la casa de Yahveh, porque esta última se abría hacia el este, enfrente del altar de los holocaustos y consiguientemente al oeste del patio de los sacerdotes que contenía el altar.
Las principales fuentes de información relativas al plano, construcción y adorno del Templo son, en primer lugar 1 Rey. 6,7; luego el relato paralelo de 2 Crón. 3 y 4, que tiende a magnificar inconmensurablemente las dimensiones. El profeta Ezequiel describió el Templo a la luz de una visión celestial, y aunque su descripción es simbólica concuerda en sus rasgos esenciales con la del Libro de los Reyes; según todas las apariencias describen la casa del Señor tal como la vio mientras realizaba sus tareas sacerdotales. La información suministrada por Josefo y el tratado Middoth de la Mishná inspira menos confianza; parece basada más bien en el Templo de Herodes que en el de Salomón. En realidad sólo poseemos una breve descripción del primer Templo y los términos técnicos utilizados por la Biblia no son siempre fácilmente inteligibles en los tiempos actuales; de ahí que haya una gran diversidad de opiniones entre los autores que han intentado reconstruir el Templo de Salomón en sus detalles arquitectónicos.

Arquitectura y medidas

Salomón reprodujo en materiales sólidos y proporciones dobles el Tabernáculo que Moisés había construido en el desierto (Sabiduría 9,8), cuyo entero plano estaba por tanto esbozado (Éxodo, 26, 36). Con respecto al estilo adoptado por los arquitectos fenicios simplemente sabemos que en ese periodo la arquitectura de todos los pueblos semíticos era muy similar a la de los egipcios. Un codo tenía la anchura de seis manos o veinticuatro dedos y era igual a un pie y cinco pulgadas y tres cuartos; la anchura de un codo real era una mano (tres pulgadas) más. El codo menor de seis manos, o veinticuatro dedos, existía en el imperio oriental, pero era algo más largo, al ser igual a un pie y siete pulgadas y un tercio. 

El arca de la Alianza

La anchura del codo real era igualmente mayor, siendo igual a un pie y nueve pulgadas y un sexto. Ahora bien a juzgar por las excavaciones hechas en Taanath y Megiddo en Palestina, el codo real de Babilonia, introducido por la larga dominación caldea, era el único en uso en es época (Benzinger, "Hebr. Archaologie", 190). Es probable que en la época de la Cautividad de Babilonia sólo estuviera en uso el codo pequeño, de ahí que el autor sagrado (2 Crón. 3,3) dé las dimensiones del Templo por la “primera medida”, o codo antiguo, y Ezequiel (40,5 y 43,13) añade a cada codo una mano (el antiguo palmo menor, un sexto del codo pequeño) para obtener la longitud dada en el Libro de los Reyes. El codo real babilonio fue por tanto la mesura verissima (Ezequiel, 43, 13) usada en la construcción del Templo de Salomón.La casa de Dios era de forma rectangular, de sesenta codos de largo de este a oeste por veinte codos de ancho y treinta de alto (1 Reyes, 6, 2; 2 Crónicas, 3, 3). 

Éstas eran las dimensiones interiores que no incluían el espesor de los muros, como lo demuestran numerosos textos. Este espacio estaba dividido en dos habitaciones de desigual tamaño. La primera, el hekal, o Santo (ver plano, fig. 1) era de cuarenta codos de largo por veinte de ancho. Se entraba por el extremo este por una puerta cuadrada (1 Reyes, 6, 33), de diez codos de anchura (Ezequiel, 41, 2). El marco era de madera de acebuche, con dos puertas de madera de ciprés. Cada puerta se subdividía verticalmente en dos hojas que se plegaban por medio de bisagras (1 Reyes, 6, 33,34). Al otro lado del departamento había una puerta de forma pentagonal (1 Reyes, 6, 31) con una abertura de seis codos a través de un tabique de dos codos de espesor (Ezequiel, 41, 3-4). Se abría al debir, o Santo de los Santos (2), una habitación que medía veinte codos por lado. 

Las dos puertas de madera de acebuche en la puerta se abrían hacia el este y se mantenían siempre abiertas para permitir el paso del aire puro y que el humo del incienso entrara en el interior, pero un velo de lino en violeta, púrpura y escarlata, bordado con querubines, ocultaba siempre * el Santo de los Santos (2 Crónicas, 3, 14), al que entraba sólo el sumo sacerdote una vez al año. En las puertas de las dos entradas Salomón hizo que se labraran figuras de querubines, palmeras y *capullos abiertos revestidos de oro (1 Reyes 6, 32,35). Las paredes del debir y del hekal estaban forradas con planchas de cedro adornadas con calabazas y flores labradas en relieve y profusamente recubiertas de oro. Dentro del debir incluso el suelo de madera de abeto estaba cubierto *con planchas de oro fino y el frente estaba cerrado con* cadenas del mismo metal (1 Reyes, 6, 15).

Cámaras secundarias.

Todo el edificio, incluyendo el Santo de los Santos que constituía la parte principal, era de treinta codos de alto. Ahora bien, como el interior del debir era de sólo veinte codos de alto debe haber habido encima de él un espacio de diez codos. La altura del Santo no se indica en la Biblia, pero hay mención de “cenáculos” o cámaras superiores (2 Crónicas, 3, 9); de ahí se infiere que el Santo debe haber sido de la misma altura que el debir *y como él haber tenido encima una cámara de diez codos de alto. El mismo texto nos informa que estas cámaras superiores estaban ricamente adornadas como las de abajo y hay poca duda de que el Tabernáculo se conservaba en la amplia cámara superior (3 Reyes, 8, 4; Crónicas 5, 5) y en la inferior reliquias y recuerdos de la vida en el desierto. Enfrente del *hekal estaba el vestíbulo o pórtico (3) ulam, en griego pronaos, de la misma longitud que el templo pero de diez codos de profundidad sólo (1 Reyes, 6, 3); era un especie de torre majestuosa, que recordaba los pilones de los templos egipcios y que tenía como ellos un amplio corredor sin puertas. El 2º Libro de las Crónicas (3, 4) afirma que su altura era de ciento veinte codos. Pero un pórtico seis veces más alto que largo estaría tan fuera de proporción que muchos exegetas se inclinan a reducir esta cifra a sesenta codos, la altura del pórtico del Templo de Zorobabel. Según Ezequiel los muros eran de seis codos de espesor.

A lo largo de los otros tres lados del santuario se alzaba un edificio dividido en tres pisos (1 Reyes, 6, 5-6), teniendo cada piso treinta habitaciones [Ez., 12, 6; Ant. Jud., VIII, III, 2] (4) La casa de Jehová era tan sagrada que no se permitía que las vigas de cedro que soportaban los techos de las habitaciones laterales se fijaran a las paredes del Templo; de ahí que en los muros del Santo y del Santo de los Santos hubiera tres huecos en los que descansaban los extremos de las vigas. Así, las cámaras inferiores eran de cinco codos de anchura, las del primer piso de seis codos y las del segundo de siete. Cada piso tenía cinco codos de alto. La entrada era por una puerta (5) que abría al sur (1 Reyes 6, 6-8); Ez. (12, 2) menciona otra (6) al norte, lo que sería muy natural. La subida de un piso a otro se hacía por medio de una escalera de caracol (7), y es muy probable que se accediera a las cámaras superiores, o cenáculos, por uno de los pisos del pórtico. En estas estrechas celdas de bajo techo se conservaban los archivos, el tesoro público, los accesorios de culto y las vestimentas sagradas (1 Reyes, 8, 4; 2 Crónicas, 5, 5). De esta manera el Santo y el Santo de los Santos estaban completamente rodeados por imponentes estructuras.

Techos y ventanas

El Templo estaba cubierto con una techumbre formada por vigas y tableros de cedro (1 Reyes, 6, 9). Cualquier superficie amplia que descansa sobre una armazón en vez de sobre arcos de albañilería es inestable y no puede evitar las filtraciones por la lluvia; de ahí que sea nuestra opinión que los techos del templo de Salomón serían inclinados, y los tableros cubiertos con amplias losas. Por lo demás, algunos autores consideran que eran planos. El piso superior del Santo de los Santos, las numerosas habitaciones pequeñas del edificio adyacente, como también el pórtico, estaban provistos de ventanas que tenían fijadas rejas de madera, de las que se hace mención en el texto (1 Reyes, 6, 4). Las paredes del hekal tenían aberturas similares al norte y al sur, al menos en la parte inferior, pero la situación de estas ventanas apenas permitía la entrada de luz en la amplia cámara, que, además, estaba iluminada día y noche por numerosas lámparas. Las ventanas estaban pensadas más bien para permitir la circulación de aire puro y la salida del humo de incienso a las habitaciones laterales. El Santo de los Santos parece no haber tenido ventanas y estaba siempre rodeado de oscuridad (1 Reyes, 8. 12).

Pilares de bronce

Debe tenerse en cuenta que todo el edificio se construyó con hermosa piedra caliza roja y blanca del país, que podía pulirse como el mármol. No podemos creer que un monumento tan suntuoso se construyera sobre la tierra sin cimientos. Además Ezequiel nos dice (12, 8) que descansaba sobre un cimiento de seis codos de alto, que formaba alrededor de él un margen de cinco codos de ancho (8). Se accedía al pórtico por una escalera de diez peldaños [Ezequiel, 40, 49 (9)], lo que en la época antigua era siempre más bien alto. En la parte alta de la escalera sobre los cimientos había dos pilares de metal fundido cada uno de dieciocho codos de alto y doce de circunferencia (1 Reyes, 7, 15). Los pilares eran huecos, pero el metal era de cuatro dedos de espesor (Jeremías, 52, 21). Los capiteles que los coronaban eran de cinco codos de alto, y sus partes superiores estaban modeladas en forma de lirios. Estaban ricamente adornadas con redes, guirnaldas, granadas, follaje, etc., pero pese a los detalles proporcionados por la Biblia (1 Reyes, 7, 16-19; 2 Crónicas, 3, 13-17), es muy difícil reconstruirlos en su verdadera forma. El pilar que estaba a la derecha de la puerta del pórtico (10) se llamaba Jachin, “Él fundará”, y el de la izquierda Booz, “en fortaleza”. No hay mención en el texto de basa o pedestal, pero alguna clase de basamento no habría estado fuera de lugar. Pese a su forma rechoncha estos magníficos pilares recuerdan a los obeliscos ante los pilones de los templos egipcios

Mobiliario


En el hekal, ante la puerta del debir estaba el altar del incienso, un mueble rectangular de madera de cedro, cada lado del cual medía un codo de ancho y dos codos de alto. La madera estaba completamente cubierta de láminas de oro (1 Reyes, 6, 20,22; 7, 48; 1 Crónicas, 28, 18; 2 Crónicas, 4, 19). En el lado norte estaba la mesa en la que se ponían los panes de la proposición cada Sábado. 1 Reyes, 7, 48, habla de sólo una mesa de oro para estos panes sagrados, mientras que 1 Crónicas, 28, 16 y 2 Crónicas 4, 19 mencionan varias, pero el texto ha sido mutilado por el copista, pues en otras partes (2 Crónicas, 13, 11 y 29, 18) hay similar mención de sólo una. Las diez mesas de 2 Crónicas 4, 8 eran las que tenían los candelabros. A cada lado de los patios norte y sur había cinco candelabros de oro puro adornados con flores que sostenían lámparas de aceite doradas, probablemente en número de siete. Las despabiladeras, cuencos, cuchillos, morteros, copas, incensarios y otros recipientes eran igualmente todos de oro puro (1 Reyes, 7, 48-50; 2 Crónicas 4, 8-9; 21-22). El arca de la alianza hecha por Moisés en el desierto, con sus varales, estaba en el debir (1 Reyes, 8, 6). Contenía un recipiente de oro que tenía maná, la vara de Aarón y las dos tablas de la Ley (Hebreos, 9, 4). En los extremos del Arca había dos querubines con las alas extendidas de diez codos de alto, labrados en madera de acebuche y recubiertos de oro. Las alas interiores se juntaban por encima del asiento de la misericordia o cobertura del Arca y las alas exteriores tocaban las paredes (ver Arca de la Alianza)

Patio de los sacerdotes

A los lados norte, sur y oeste del edificio había un patio de unos veinte codos de ancho que se extendía frente a la casa una distancia de cien codos por cada lado (Ezequiel, 40, 47). Este era el “patio interior” (1 Reyes, 6, 36), también llamado “patio de los sacerdotes” (2 Crónicas 4, 9), porque sólo ellos entraban en él, y sólo se admitía a los laicos en circunstancias excepcionales (cf. 2 Reyes, 12, 12; Jeremías, 35 1 y s. y 36) (10). Estaba rodeado por un muro de tres filas de piedras pulimentadas y una fila de vigas de cedro (1 Reyes, 6, 36), probablemente colocadas de canto en forma de barandilla. El patio estaba pavimentado con losas de piedra (2 Crónicas, 7, 3) y se entraba en él por tres puertas en los lados norte, sur y este (Jeremías, 38, 14; 52, 24; Ezequiel, 40, 28,32,35), la última era llamada la “puerta del rey” (1 Crónicas, 9, 18). En este patio frente a la entrada del pórtico y a una distancia de veintidós codos estaba el altar de bronce de los holocaustos (1 Reyes 8, 64), que era de veinte codos de largo y ancho y diez codos de alto (2 Crónicas, 4, 1). La subida al mismo se hacía por una rampa que daba al este. Según Ez., 43, 13 y s., el altar consistía en una base cuadrada que medía veinte codos por lado y un codo de alto, con una zanja alrededor del borde; sobre la base había una ancha sección de dieciocho codos por lado y dos de alto, encima de la cual había una segunda sección de dieciséis codos por lado y cuatro de alto. Finalmente venía el harel, “montaña de Dios”, que medía catorce codos por lado y dos de alto. La parte superior del altar consistía en el ariel, “corazón de Dios”, que tenía en cada esquina un cuerno de un codo de alto, y en una sección de un codo de alto rematada por una corona.

Entre el Templo y el altar, pero algo más hacia el sur, estaba el famoso “mar de bronce fundido”, un recipiente “todo redondo”, de altura de cinco codos y diámetro de diez codos. El borde exterior, que era del espesor de una mano (cuatro dedos) estaba adornado con calabazas. Tenía una capacidad de 2.000 bates (1 Reyes 7, 23-26). (La capacidad debe haber sido duplicada por el copista, pues un bate equivale a 36,4 litros; pero el diámetro interior del recipiente en vez de permitir una capacidad de 72.800 litros apenas permite 36.000). El mar de bronce descansaba sobre doce bueyes, igualmente de bronce, que estaban en cuatro grupos, enfrentando los cuatro puntos cardinales. Este magnífico recipiente se utilizaba por los sacerdotes para lavar sus manos y pies a las horas del sacrificio. 
Junto a cada una de las alas derecha e izquierda del Templo había dispuestos cinco recipientes de bronce móviles. Sobre cuatro ruedas de un codo y medio de diámetro había una basa de cuatro codos de ancho y largo y tres de alto; los bordes estaban decorados con figuras de bueyes, leones y querubines. Sobre este vehículo se fijaba un cilindro de un codo y medio de diámetro y un codo de alto, sobre el que se colocaba un recipiente amplio de cuatro codos de diámetro con forma de plato alargado. Cuatro asas sujetas a las cuatro esquinas de la basa sostenían el recipiente (1 Reyes, 7, 27-39). Estos recipientes móviles, cada uno de los cuales tenía una capacidad de cuarenta bates, se utilizaban principalmente para lavar la carne de las víctimas. Recientemente se ha descubierto en Larnaca, Chipre un recipiente fenicio de bronce que se corresponde en los más mínimos detalles con el descrito en la Biblia (Benzinger, op. cit., 218, 221).

Patio exterior

El patio interior (1 Reyes, 6, 36), también llamado “patio superior” (Jeremías, 36, 10), implica la existencia de un patio exterior e inferior, y el patio de los sacerdotes (2 Crónicas 4, 9) supone otro para laicos. Hay aún mención de otro en la época de Josafat (2 Crónicas, 20, 5), pero tenemos muy poca información interesante relativa a estos patios que deben haber sido completados y adornados por los sucesores de Salomón. Se afirma, por ejemplo, que Joatham “construyó la puerta más alta de la casa del Señor” (2 Reyes, 15, 35), que se refiere a una nueva puerta, probablemente al norte de un patio. Por otro lado Acaz reemplazó el altar del holocausto por otro, cuyo modelo había visto en Damasco. También quitó los doce bueyes de bronce y las basas grabadas de los diez recipientes móviles y cambió la puerta del Sábado y la entrada exterior para el rey (2 Reyes, 16, 10-18). 
Ezequías vació el tesoro del Templo y se llevó las planchas de oro y plata con que él mismo había cubierto las puertas y dinteles, y las dio para comprar la paz con Senaquerib (2 Reyes, 18, 15-16). Manasés profanó el Templo de Jehová por el culto a los ídolos (2 Reyes, 21, 4). Al final el monumento de Salomón, más célebre en la antigüedad por su esplendor que por su tamaño, fue reducido a cenizas por Nabucodonosor en 586.



Templo de Zorobabel


En 537 Sasabasar, nombrado gobernador de Jerusalén por Ciro, rey de Persia, y Zorobabel, un descendiente del Rey Joaquín, volvieron de la cautividad con un vasto número de judíos, provistos de autoridad para reconstruir el Templo de Jerusalén. En el séptimo mes después de su vuelta, el altar de los holocaustos de piedra sin labrar se había colocado sobre los fundamentos del anterior. En el segundo mes del segundo año pusieron la primera piedra del nuevo Templo. Pero la obra se vio dificultada e incluso suspendida por la hostilidad y conspiraciones de los Samaritanos, y el Templo no se acabó hasta 516 (Esdras, 3, 6). El Templo de Zorobabel era de sesenta codos de ancho y lo mismo de alto (Esdras, 6, 3), siendo éstas las dimensiones interiores. Josefo nos dice (Ant. Jud., XV, xi, 1) que ésta era realmente su altura, pues Herodes recordó al pueblo que la altura del segundo Templo era de sesenta codos menos que la del primero, al ser el Templo de Salomón de ciento veinte codos de alto, según 2 Crónicas, 3, 1. Es difícil decir si la anchura de sesenta codos atribuida al Templo por el decreto de Ciro era en números redondos, o si las cifras se refieren al codo más pequeño entonces en uso, pero importa poco, pues si la anchura fuera realmente sesenta codos reales sólo significaría que las cámaras laterales se habrían ampliado cinco codos por cada lado. El Santo y el Santo de los Santos mantuvieron en el Templo de Zorobabel las dimensiones que tenían en el de Salomón, y permanecieron iguales en el tercer Templo.
Sabemos por Esdras (3, 12) y por Ageo (2, 3) que el Templo de Zorobabel era muy inferior al de Salomón. La pobreza del nuevo Templo consistía principalmente en la escasez de su mobiliario. El Arca de la Alianza no había sido recuperada y el debir estaba vacío, pero como era la morada de Dios en la tierra la entrada se ocultó una vez más con un costoso velo. En el Santo había un nuevo altar del incienso y una mesa para los panes de la proposición, pero sólo había un candelabro de siete brazos. Una vez más se acumularon los tesoros, y todo el mobiliario era de nuevo de oro o recubierto con planchas de oro, incluidas las paredes. En 168 antes de Cristo los metales preciosos que adornaban el Templo suscitaron la codicia de Antíoco Epífanes, quien “se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz, y todos los recipientes, la mesa de la proposición, y los vasos de las libaciones, y los frascos, y los pequeños morteros de oro, y el velo, y las coronas, y el adorno dorado que estaba delante del templo, y los rompió todos en pedazos” (1 Macabeos, 1, 23). Judas Macabeo se apresuró a dotar la casa de Dios con nuevo mobiliario. La mesa de la proposición escapó a la destrucción del Templo por Tito y con otros utensilios sagrados figuró en la procesión triunfal del conquistador en Roma (Bell. Jud., VII, v, 4-6) El patio interior tenía la misma circunferencia que la del primer Templo (Esdras, 6, 4), y según Hecateo, citado por Josefo, el altar de los holocaustos tenía las mismas dimensiones que el de Salomón. La Mishná (Middoth, III,VI) menciona un recipiente móvil sobre ruedas. Josefo (Ant. Jud., XI, IV, 7) relata que Zorobabel había erigido varios pórticos con vestíbulos dentro de los recintos interiores del templo y en 1 Mac., 4, 38,57, hay mención de las cámaras construidas en el patio interior.

Durante las heroicas guerras de los Macabeos con los sirios el Templo tuvo que sufrir muchas vicisitudes. Los muros con sus grandes torres construidas por Judas Macabeo para la protección del Templo (1 Macabeos, 4, 60) fueron destruidos por Antíoco Eupator (1 Macabeos, 6, 62), pero Jonatán y Simón los reconstruyeron enseguida (Ant. Jud., XIII, 5, 11). En el 63 antes de Cristo Pompeyo, tras tomar la ciudad, puso sitio al Templo, para quebrar la última resistencia de los judíos (Ant. Jud., XIV, IV, 4), y nueve años después el procurador Craso lo despojó de sus riquezas (Ant. Jud., XIV, VII,1). Finalmente Herodes, hecho rey de los judíos por el Senado, se vio obligado a tomar la ciudad por asalto y a asediar la fortaleza del Templo (Ant. Jud., XVI, XVI, 2 y s.)



Templo de Herodes

Herodes emprendió la restauración del Templo en su esplendor original y con sus disposiciones tradicionales. Los edificios se demolieron uno tras otro conforme estaban disponibles los materiales para las nuevas estructuras. Una multitud de sacerdotes se convirtió en albañiles y carpinteros y tomó a su cargo el derribo y reconstrucción del santuario, tarea que fue llevada a cabo en dieciocho meses. Casi 10.000 trabajadores fueron empleados en los otros edificios. Tras ocho años de trabajo (10 antes de Cristo) el nuevo edificio se abrió al culto. 
Pero este monumento, que rivalizaba en sus vastas proporciones y magnificencia con las más bellos construcciones de la antigüedad y que sobrepasaba mucho incluso al de Salomón, sólo se acabó en el 62 o 64 después de Cristo (Cf. Juan, 2, 20), estando en esa época aún empleados 18.000 trabajadores (Ant. Jud., XX, IX, 7). Pues Herodes duplicó la plataforma artificial que tenía el Templo de Zorobabel, ampliando los recintos sagrados hacia el sur y especialmente hacia el norte donde las galerías llegaban hasta la roca de Baris y la Antonia (Ant. Jud., XV, xi, 3; Bell. Jud., I, XXI, 1; V, v, 2).
 El Templo con sus patios, galerías y pórticos ocupaba todo el emplazamiento actual del haram esh sherif, que mide 1.070 pies por el norte, 1.540 por el este, 920 por el sur y 1.630 por el oeste. El Templo de Herodes constaba de dos patios, uno interior y otro exterior. El primero incluía todos los edificios del Templo propiamente dicho y se dividía en: (1) El Patio de los Sacerdotes, que contenía la casa de Dios y el altar de los holocaustos; (2) el Patio de Israel; y (3) el Patio de las Mujeres.

 Todo el espacio entre el patio interior y el muro exterior de la plataforma se llamaba Patio de los Gentiles, porque se permitía entrar en él a los no-judíos. Las que siguen son las disposiciones del Templo según Josefo (Ant. Jud., XV, XI; Bell. Jud., V, V), indicándose las de otras fuentes en el curso de las descripciones.Patio de los Sacerdotes y Casa de DiosEl Patio de los Sacerdotes formaba un rectángulo de ciento ochenta y siete codos de este a oeste y ciento treinta y siete codos de norte a sur [Middoth, II, 6 (fig. 3)]. Al oeste estaba la casa de Jehová y al este el altar de los holocaustos. Se subía al santuario por una escalera de doce peldaños (2), que terminaba en un majestuoso pórtico de cien codos de alto y de igual anchura (3). Una puerta sin hojas de veinte codos de ancho y cuarenta de alto conducía a un vestíbulo de once codos de ancho. Según la Mishná esta entrada estaba flanqueada por dos pilares de forma cuadrada formado cada uno por diez cubos que medían cuatro codos de lado. Sobre estos dos pilares descansaba una especie de cornisa formada por cinco vigas de roble, separadas una de otra por piedras cuadradas colocadas en línea con los pilares. 

Era una reproducción de los arcos triunfales entonces tan comunes en Oriente. Sobre el inmenso enrejado o verja se extendía una viña de oro, cuyos racimos, según Josefo, eran de la altura de un hombre. Añade que se extendía veinticinco codos de norte a sur y que su altura era de setenta codos sobre el suelo. Tácito (Ann., V, v) también habla de esta viña. Por encima de ella Herodes colocó una colosal águila dorada, el águila romana, lo que disgustó mucho a los judíos (Ant. Jud., XVII, VI, 2-4). El hekal (4) y el debir mantenían sus antiguas dimensiones en longitud y anchura, pero su altura fue aumentada a sesenta codos. Una puerta de diez codos de ancho y veinte de alto daba acceso al Santo. Las hojas de la puerta eran de madera labrada cubierta con láminas de oro, y la puerta fue además embellecida con una magnífica cortina de lino de tinte babilonio. La cámara ricamente decorada contenía el altar de los perfumes ante la entrada al debir, al norte de la mesa de la proposición y al sur del candelabro de los siete brazos. No estaba tan bien iluminada o aireada como la de Salomón. Solos los sacerdotes entraban en este patio para ofrecer incienso cada noche y cada mañana, para arreglar las lámparas, y para cambiar el sábado los panes de la proposición. Fue junto al altar del incienso donde se apareció el ángel a Zacarías (Lucas, 1, 11).

La entrada al debir no tenía puertas sino que, como antiguamente, estaba resguardada por una costosa cortina. Según la Mishná (Yoma, V, 1), ningún tabique separaba el hekal del debir, estando éste separado por dos velos colgados a la distancia de un codo uno de otro; pero Josefo distingue entre las dos cámaras dando las dimensiones de cada una. Además, habla sólo de un velo a la entrada del debir, lo que debe significar una puerta. Aún más, la ausencia de separación habría hecho necesaria una cortina de sesenta codos de larga por veinte de ancha, que nunca habría sellado herméticamente el Santo de los Santos. La afirmación de los rabinos sobre este punto está sujeta a sospecha. No podían ignorar que según los Evangelios (Mateo, 27, 51; Marcos, 15, 38; Lucas, 23, 45), cuando Cristo murió en la cruz el velo del templo se rasgó de arriba abajo. El debir estaba vacío.

 Sólo el sumo sacerdote entraba en él una vez al año. Encima del debir y del hekal había un piso de cuarenta codos de alto, de forma que todo el edificio era de la misma altura que el pórtico. A los lados norte, sur y oeste había un edifico dividido en tres pisos, cada uno de veinte codos de alto. El piso bajo y el primer piso tenían trece habitaciones de seis codos de ancho cada una (6) y el piso superior doce. Una puerta (7) se abría al norte desde el vestíbulo a una escalera de caracol de tres codos de diámetro situada en la esquina que formaba el muro de la casa y el saliente del pórtico. Los dos muros que formaban la caja de la escalera eran de cinco codos de espesor. En la esquina frente al sur había una caja similar que estaba pensada para facilitar la salida del agua. 
La anchura total de la casa, incluyendo las habitaciones laterales, era de cincuenta y cuatro codos y junto al pórtico de setenta codos, y su longitud total, incluyendo el pórtico, era de ciento seis codos, concediendo seis codos de espesor para los muros. La base era diez codos más ancha que las dimensiones dadas arriba.Veintidós codos al este de la casa estaba el altar de los holocaustos, construido de piedra sin labrar (8). Los rabinos hablan de un altar de tres pisos, de diez codos de alto y treinta y dos codos a lo largo de los lados de la base y veinticuatro en el centro (Maimónides, "Beth Haberasch", II, 16). 
Las cifras de Josefo, cincuenta codos a los lados por quince de alto, son obviamente incorrectas. Al norte del altar (9) cuatro filas de argollas estaban fijas al suelo y se usaban cuando se sacrificaba a los animales. A continuación venían ocho mesas de mármol para cortar y lavar la carne de las víctimas, y por encima había ocho columnas con garfios para colgar y desollar a los animales (Middoth III, 5-V, II; Talmud, Shek, VI, 4). Se admitía a los laicos en este patios sólo cuando ofrecían un sacrificio, pues tenían que colocar sus manos en la cabeza de las víctimas. Los cuatro lados del patio estaban rodeados por un parapeto de piedras de un pie y medio de alto.

Patio de Israel 

Bajando cinco escalones se pasaba del patio de los sacerdotes al patio de Israel, que rodeaba al primero por tres lados (10). Al norte y al sur era de cuarenta codos de ancho y al este sólo de once codos. Una galería de diez codos de ancho (11), sustentada por espléndidas columnas de mármol, corría alrededor de este patio, probablemente también por el lado oeste, y proporcionaba refugio del sol y la lluvia. Sólo se admitía aquí a los hombres y sólo al rey se le permitía sentarse. Al este de este patio frente a la casa de Dios (12) se alzaba una soberbia puerta, la más hermosa de todas, que según Josefo y la Mishná (Middoth, I, 4) era un regalo de Nicanor, un rico judío de Alejandría. Esta era la Thoura oraia, la porta speciosa (Hechos, 3, 2) donde San Pedro curó al hombre lisiado de nacimiento.
 Era de cincuenta codos de alto y cuarenta de ancho, y sus puertas de bronce corintio, labradas y cubiertas con planchas de oro y plata, eran tan pesadas que se precisaban veinte hombres para moverla. Josefo añade entre los signos premonitorios de la destrucción del Templo que esta puerta se abrió por sí sola a medianoche hacia el año 30 después de Cristo (Bell. Jud., VI, V, 3).

Patio de las Mujeres

Desde la Puerta de Nicanor una escalera semicircular (13) de quince escalones descendía al patio de las mujeres (14), rodeada por una galería al norte, este y sur. Aquí se admitía a las mujeres y se les reservaba sitios al norte y al sur, pero los hombres también frecuentaban este patio y habitualmente lo cruzaban cuando iban al Templo. Aquí había bancos, pues estaba permitido sentarse (cf. Marcos, 12, 41). A los lados probablemente de la Puerta de Nicanor había trece cajas, con una inscripción que indicaba la finalidad especial de cada una: aceite, madera, vestidos sacerdotales, palomas, etc. Aquí vio Cristo a los ricos y a la pobre viuda depositar sus ofrendas (Lucas, 21, 1). 
En las cuatro esquinas había cuatro cámaras sin techo, de cuarenta codos en cuadro (15). Según el Talmud la cámara del noroeste era donde los impuros y leprosos, que se habían curado, se bañaban y eran declarados limpios por los sacerdotes. En la cámara del noreste los sacerdotes clasificaban la madera; en la del sudoeste se conservaba en bodegas el aceite y el vino; en la del sudeste los que habían cumplido el voto de los Nazaritas afeitaban sus cabezas (Cf. Números, 6, 13 y ss; Hechos, 18, 18). En estas cámaras también estaba permitido lavar, cocinar, etc. Según Middoth, II, 5, había también en este patio cuatro habitaciones donde se alojaban ciertas mujeres.

Puertas y cámaras

Tres lados del patio interior estaban rodeados por edificios de cuarenta codos de ancho, separados por nueve puertas en forma de torres (16), cuatro al norte y cuatro al sur, de las cuales sólo dos se abrían al patio de las mujeres, con la puerta oriental. Estas puertas o más bien suntuosos pórticos, eran de 40 codos de alto, ancho y largo. Una amplia barra dividía la entrada en dos huecos de diez codos de ancho y veinte de alto cada una con hojas de madera recubiertas de planchas de oro y plata.
 El vestíbulo era de treinta codos por lado y sus seis arcos estaban soportados por dos pilares de doce codos de circunferencia. A los lados del patio de Israel cinco peldaños conducían al pórtico cuyo vestíbulo estaba provisto de manera similar de diez peldaños o una rampa. Aún había tres puertas dentro del haram esh sherif, la Puerta Dorada, la doble puerta y la triple puerta, construidas según el mismo plan. Entre estas puertas había una serie de cámaras dedicadas a diversos usos (17). Al oeste de la segunda puerta del sur estaba el lishkat gazit, sala del Sanedrín (Middoth, II, 5), con una cámara para la instrucción del pueblo, y en el patio de las mujeres estaba el gazophylakion, sala del tesoro (Ant. Jud., XIX, VI, 1). 
Este vasto edificio descansaba en unos cimientos con un saliente de diez codos formando un deambulatorio (18), al que se accedía por una escalera de doce o catorce peldaños. Ésta era el het, estaba rodeada por un parapeto de piedra llamado soreg y enfrente de las nueve puertas había pilares con inscripciones en griego y latín notificando a los visitantes que estaba prohibido bajo pena de muerte a los no-judíos acercarse más al Templo. Hace algunos años se encontró en las cercanías del haram esh sherif uno de los pilares con una inscripción griega.

Patio exterior

El resto de la vasta plataforma formaba el patio exterior de los gentiles. Estaba pavimentado con amplias losas y rodeado por todos lados por una doble galería formada por dos filas de columnas de veinticinco codos de alto. La que miraba al valle del Cedrón era llamada “Puerta de Salomón” (cf. 1 Crónicas, 9, 18). Seguramente era anterior a Herodes, y Josefo data su origen del mismo Salomón. 
Relata que en el año 62 o 64 después de Cristo los 18.000 trabajadores empleados todavía en el adorno del Templo empezaron a no tener trabajo y pidieron demoler la Puerta de Salomón; pero ésta, aunque antigua, era tan hermosa y el coste de reemplazarla habría sido tan grande que el rey Agripa II decidió conservarla y emplear a los trabajadores en pavimentar las calles de la ciudad (Ant. Jud., XX, IX, 7). Tanto si data de los reyes de Judá o sólo de Zorobabel es suficiente para dar una idea de la magnificencia de los dos primeros templos de Jerusalén. 
En las esquinas de estas galerías había cámaras (pastophoria) para los guardias. Por el lado de la ciudad la entrada se hacía a través de varias puertas de incomparable belleza, cuatro al oeste de la explanada, dos al sur, una al este y una al norte. En un terraplén inferior en el centro, Herodes erigió la basílica real, un edificio suntuoso dividido en tres naves por cuatro hileras de cuarenta y una columnas corintias.
 Cada columna era de más de cinco pies de diámetro. Al norte de la explanada construyó dos vastos patios rodeados de puertas que se extendían hasta la escarpadura de la roca de Baris. Estos patios se comunicaban con la Antonia sólo mediante dos escaleras (cf. Hechos, 21, 35).



Cantar de los Cantares





Cantar de los Cantares (hebreo שִׁיר הַשִּׁירִים, Shir Hashirim), conocido también como Cantar de Salomón o Cantar de los Cantares de Salomón, es uno de los libros del Tanaj (parte de los Ketuvim), y por ende del Antiguo Testamento. El Cantar es un libro único en la Biblia y no encaja en ninguno de los principales géneros bíblicos: no se ocupa ni de la Ley, ni de los profetas, no es propiamente un libro sapiencial, ni examina tampoco la alianza y ni siquiera se ocupa de Dios. En el Cantar, los amantes se encuentran en plena armonía, y sienten un deseo mutuo y se regocijan en su intimidad.
Los estudiosos modernos tienden a sostener que los amantes de la Canción no están casados, lo que concuerda con su contexto en el antiguo Oriente Próximo. Las mujeres de Jerusalén forman un coro para los amantes, actuando como una audiencia cuya participación en los encuentros eróticos de los amantes facilita la participación del lector.
La mayoría de los estudiosos consideran que el Cantar de los Cantares es poesía erótica que celebra el amor humano, no una metáfora divina, y algunos ven influencias de los cultos a la fertilidad y la Literatura sapiencial. Su autoría, fecha y orígenes siguen siendo inciertos, y los estudiosos debaten su unidad, estructura y posibles influencias de la poesía amorosa mesopotámica, egipcia y griega.
En el judaísmo moderno, el Cantar se lee el sábado durante la Pascua judía, que marca tanto el comienzo de la cosecha de cereales como la conmemoración del Éxodo de Egipto. La tradición judía lo interpreta como una alegoría de la relación entre Dios e Israel. En el cristianismo, se considera una alegoría de Cristo y su novia, la Iglesia.
 El Cantar de los Cantares ha inspirado diversas obras de arte, cine, teatro y literatura, entre las que se incluyen piezas de Marc Chagall, Carl Theodor Dreyer, Toni Morrison y John Steinbeck.

De la Iglesia católica.

Ilustración del primer verso, un juglar tocando ante Salomón (Mahzor Rothschild del siglo XV).



El Cantar de los Cantares ocupa un lugar singular dentro de la Biblia. Es desconcertante porque apenas alude a Dios y no aborda los temas habituales del Antiguo Testamento, pero, paradójicamente, ha sido uno de los textos más comentados a lo largo de la tradición judía y cristiana. En el canon hebreo pertenece a los megillot, los cinco rollos destinados a celebraciones litúrgicas, y su lectura se reserva para la Pascua, lo que resalta su importancia simbólica. El núcleo del libro es el amor humano expresado en clave esponsal, pero su lenguaje evoca el de los profetas cuando describen la relación de Dios con su pueblo. De ahí que la interpretación constante lo haya entendido también como una alegoría del amor divino. Su grandeza radica en mostrar que existe un solo corazón y un único lenguaje para amar: el amor humano y el amor de Dios se expresan con las mismas palabras, y en el Cantar ese lenguaje se convierte en Palabra revelada.

Enseñanza

El Cantar de los Cantares habla del amor humano y, a la vez, del amor divino. En su literalidad describe el amor entre un hombre y una mujer, pero como el amor verdadero es uno solo, ese mismo lenguaje sirve para expresar el amor entre Dios y el alma. El libro recoge los movimientos propios del amor: nace, crece, busca, encuentra, se separa y se reencuentra. Hay deseo, ilusión, entrega, pruebas y fidelidad. Todo esto no es solo experiencia humana, sino reflejo del querer de Dios inscrito en el corazón del hombre. Por eso el amor que presenta es exclusivo y duradero: un amado y una amada que se llevan como sello en el corazón del otro. El Cantar evoca así el amor original del paraíso y deja entrever que la fidelidad puede redimir de la herida del pecado.
El texto se convierte en una escuela de amor. Enseña que amar es contemplar la belleza del otro, entregarse con exclusividad, superar pruebas y dejarse transformar. Así lo entendieron los místicos, que leyeron el Cantar como la búsqueda del alma hacia Dios. También los esposos cristianos pueden verlo como modelo de su amor conyugal. Juan Pablo II lo resumió al decir que el Cantar revela el lenguaje del cuerpo: la fascinación mutua entre varón y mujer no se queda en lo físico, sino que expresa la atracción hacia la persona entera. De ese modo, el poema celebra tanto la belleza del amor humano como la grandeza del amor divino.

El Cantar a la luz del Nuevo Testamento

El Cantar de los Cantares no se menciona directamente en el Nuevo Testamento, pero su lenguaje está presente en varias imágenes. Jesús habla del banquete de bodas en las parábolas de los invitados y de las vírgenes prudentes y necias, donde el esposo representa al Mesías y la esposa al pueblo llamado a la comunión con él. El mismo Jesús se identifica como el esposo cuya presencia es motivo de alegría, señalando que con él comienza el tiempo nuevo de la salvación. Esta idea alcanza su plenitud en el Apocalipsis, donde Cristo aparece como el esposo que llama a la puerta y la Iglesia como la esposa engalanada que se prepara para el banquete final. Así, aunque el Cantar no se cite de forma literal, su simbolismo atraviesa el Nuevo Testamento: el amor esponsal se convierte en la imagen más clara de la relación de Cristo con su Iglesia.
Alegrémonos; saltemos de júbilo; démosle gloria, pues llegaron las bodas del Cordero y se ha engalanado su esposa; le han regalado un vestido de lino deslumbrante y puro: el lino son las buenas obras de los santos.
las alusiones más directas del Nuevo Testamento se encuentran en los escritos de Pablo de Tarso que en:

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?.
hace una mención expresa de Cantar de los Cantares 8; vers 6, así como en su Epístola a los efesios, cap 5; versículos 21-33 donde el amor de Cristo y su Iglesia es el modelo del amor matrimonial.

Pero el primer gran comentarista del libro es Orígenes. Orígenes fue el primero en interpretar el Cantar de los Cantares de manera exclusivamente espiritual: la esposa no es solo la Iglesia, sino también el alma que busca unirse a Dios. Gregorio de Nisa profundizó esta línea, viendo en la esposa a la humanidad llamada a embellecerse con virtudes y alcanzar la comunión con el Verbo en los sacramentos. Esta lectura pasó a los Padres latinos. Ambrosio, Agustín de Hipona y Jerónimo citaron con frecuencia el Cantar, y en Ambrosio aparece la tipología mariana: la Virgen como esposa y modelo de la virginidad consagrada. La liturgia recogió esta tradición y San Gregorio Magno la resumió, interpretando el poema como la historia del alma que corre hacia Dios.

De ahí nacieron los grandes comentarios místicos: los sermones de Bernardo, los escritos de Teresa de Ávila y el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, que convirtió en poesía la unión amorosa con Dios. Otros santos también hallaron en el Cantar un lenguaje privilegiado para expresar la experiencia mística. Aunque el sentido espiritual predominó durante siglos, nunca se perdió el literal, como muestra Fray Luis de León en In Canticum Canticorum triplex explanatio. Hoy, los estudios bíblicos han recuperado ese valor original sin olvidar la dimensión espiritual, propia de la tradición desde sus comienzos.

Estructura

Existe un consenso generalizado en que, aunque el libro no tiene trama, sí tiene lo que se podría llamar un marco, indicado por los vínculos entre su principio y su final.[13] Sin embargo, más allá de esto, parece haber poco acuerdo: los intentos de encontrar una estructura quiástica no han sido aceptados, y los análisis que dividen el libro en unidades han empleado diversos métodos, lo que ha dado lugar a conclusiones dispares.

El siguiente esquema indicativo procede de la obra de Kugler y Hartin titulada «An Introduction to The Bible» (Introducción a la Biblia):
  • Introducción (1:1-6)
  • Diálogo entre los amantes (1:7-2:7)
  • La mujer recuerda una visita de su amante (2:8-17)
  • La mujer se dirige a las hijas de Sión (3:1-5)
  • Avistamiento de una procesión nupcial real (3:6-11)
  • El hombre describe la belleza de su amada (4:1-5:1)
  • La mujer se dirige a las hijas de Jerusalén (5:2-6:4)
  • El hombre describe a su amada, que lo visita (6:5-12)
  • Los observadores describen la belleza de la mujer (6:13-8:4)
  • Apéndice (8:5-14)



Santa Juana de Arco.

Santa Juana de Arcos (Domrémy, Francia, 1412 - Ruán, id., 1431) Santa y heroína francesa. Nacida en el seno de una familia campesina acomoda...