Diccionario filosófico. |
Aristóteles (años 384-322 antes de nuestra era) El filósofo griego Aristóteles fue “el pensador más grande de la antigüedad” (Marx), un genial sabio enciclopedista, creador de la lógica. Aristóteles fue discípulo de Platón, pero refutó su teoría idealista de las ideas, sometiéndola a una severa crítica y revelando las raíces gnoseológicas del idealismo en general. A juicio de Aristóteles, Platón “separó la sustancia de aquello que es su sustancia”, transformando así lo general (los conceptos) en una sustancia aparte y creando un mundo sobrenatural, ideal, junto al mundo perceptible, real. Según Platón, las ideas son los modelos de las cosas que existen independientemente de ellas, y las cosas, copiando de las ideas su existencia, sólo son su reflejo, sombras, copias imperfectas. En cambio, según Aristóteles, la idea (en su terminología: la “forma”) es indisoluble de la cosa. Aristóteles oscila entre el idealismo y el materialismo. Cada objeto, cada cosa individual, según Aristóteles, se compone de dos principios: la materia y la forma (así, la estatua se hace de bronce, al que se da una cierta forma). El fundamento del Universo es un substrato (“sustancia”) completamente indefinido, pasivo; una “primera materia”. Sin embargo, en esta estado, la materia sólo existe en la abstracción; en la realidad se define (y está eternamente definida) por la actividad de las formas que en sí mismas son inmateriales. La materia es una posibilidad, una capacidad de las cosas, la forma es su realidad. La posibilidad se convierte en una realidad gracias al movimiento: la forma es materializada, la materia se reviste de forma. Aunque Aristóteles vincula la forma con la materia, a su juicio, existe, sin embargo, una forma pura, es decir, la “forma de las formas” destituida de la materia. Es la razón, “el pensamiento que piensa por sí mismo” –dios. Dios desempeña el papel del “motor inmóvil” del mundo que es único y eterno. El Universo, según Aristóteles, tiene la forma de un globo cuyo centro es la Tierra, y en lo alto se mueven las “esferas” a las que están adheridos los astros. En la teoría del conocimiento (así como en una serie de problemas de la filosofía de la naturaleza, de las matemáticas), Aristóteles se acerca enteramente al materialismo, defendiendo, a diferencia de Platón, el origen sensible de los conocimientos. La doctrina aristotélica imperaba en la Edad Media, pero “el obscurantismo clerical mató en Aristóteles lo vivo y eternizó lo muerto” (Lenin). Las obras más importantes de Aristóteles son: Metafísica, Física, Sobre el alma, Ética, Categorías, Primeras Analíticas y Segundas Analíticas. Diccionario filosófico marxista · 1946:17-18 |
Aristóteles (384-322 a.n.e.) Aristóteles 384-322 a.n.e. Filósofo de la Grecia antigua, “el más grande pensador de la antigüedad”, según lo define Marx en El Capital. Discípulo de Platón, Aristóteles repudió la teoría idealista de las “Ideas” profesada por su maestro, sometiéndola a una crítica rigurosa donde se manifiesta ya la comprensión de las raíces gnoseológicas del idealismo en general. Según Aristóteles, Platón separa la esencia de la cosa de la cual es esencia, transformando de ese modo lo general (el concepto) en una entidad; al lado del mundo sensible, real, crea un mundo aparte, un mundo ideal, suprasensible. A juicio de Platón, las ideas, prototipos de las cosas, existen independientemente de estas últimas; las cosas obtienen su existencia de las ideas, no siendo así más que reflejos, sombras, copias imperfectas. Aristóteles muestra que no es admitiendo esencias suprasensibles, inmutables, como se puede explicar las causas de la aparición y de los cambios de las cosas sensibles: “Decir que las ideas son modelos y que todo el resto participa de ellas, es hablar para no decir nada y usar metáforas poéticas”. Hay ya elementos materialistas en la filosofía de Aristóteles. “La crítica que Aristóteles hace de las «Ideas» de Platón, es una crítica del idealismo como idealismo en general...” (Lenin, Cuadernos filosóficos, Ed. rusa). En oposición a Platón, Aristóteles afirma que la esencia está encerrada en las propias cosas y que lo general no existe paralelamente a lo singular y separadamente de él. De otro modo, observa Aristóteles, “tendría que existir no sabemos qué cielo además del cielo sensible, y lo mismo sucedería con el sol, la luna y todos los demás cuerpos celestes. Pero, ¿cómo dar fe a afirmaciones semejantes?”. Lenin indica que Aristóteles no dudaba de la realidad del mundo exterior, pero se confundía en la dialéctica de lo universal y de lo singular, del concepto y de la sensación, de la esencia y del fenómeno. Según Aristóteles, la idea (la forma, como dice) y el objeto, son inseparables. Aristóteles vacila entre el idealismo y el materialismo y termina por inclinarse al idealismo. Cada objeto, cada cosa se compone según él, de dos principios: la materia y la forma (así, la estatua es hecha de bronce al que se ha dado forma). El mundo reposa sobre un substrato pasivo e indeterminado: “la materia primera”. Sin embargo, tal materia no existe más que en la abstracción; en realidad, se halla determinada (y lo es por toda la eternidad) por la actividad de las formas, que son por sí mismas inmateriales. La materia es la posibilidad, la capacidad del objeto; la forma ideal es la realidad del objeto. La posibilidad se convierte en realidad gracias al movimiento: la forma se vuelve material, la materia reviste una forma. Aunque Aristóteles liga las formas a la materia, no deja de existir por ello, a su juicio, una forma pura, vale decir, desprovista de materia y forma de todas las formas. Es el pensamiento, la razón que “piensa por sí misma”, es Dios. Éste desempeña el papel de motor inmóvil del mundo que es uno y eterno. El universo tiene, a juicio de Aristóteles, forma esférica con la Tierra en el centro, alrededor de la cual se mueven “esferas” con los astros adheridos a ellas. En su teoría del conocimiento (así como en una serie de problemas de la filosofía y de las matemáticas), Aristóteles se acerca al materialismo defendiendo, a diferencia de Platón, el origen sensorial del conocer. Aunque Aristóteles vacila entre la dialéctica y la metafísica, su filosofía denota elementos de la concepción dialéctica de la realidad. Engels afirma que Aristóteles “había llegado ya a estudiar las formas más esenciales del pensar dialéctico” (Anti-Dühring, p. 33, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Criticando a los eleatas por su negación del movimiento, Aristóteles los trata de “gente inmóvil” y “antinatural”. Estima que el desconocimiento del movimiento entraña ineluctablemente el desconocimiento de la naturaleza. Los elementos dialécticos de su filosofía se manifiestan con esplendor cuando aborda el problema de las relaciones de posibilidad y realidad, de forma y contenido. Aristóteles es, en la filosofía antigua, el creador de la lógica. Se esfuerza no en separar pensamiento y existencia, sino en vincular las formas de aquél a ésta, en explicar las categorías lógicas conforme a la realidad objetiva. “En Aristóteles”, observa Lenin, “vemos la lógica objetiva confundirse constantemente con la lógica subjetiva, pero de modo que la lógica objetiva sobresale en todas partes” (Cuadernos filosóficos, Ed. rusa). Por sus concepciones políticas y sociales, Aristóteles es el ideólogo de los esclavistas. Consideraba como naturales la esclavitud de unos y el predominio de otros. Principales obras: “Metafísica”, “Física”, “Del alma”, “Ética”, “Política”, “Categorías”, “Analíticas I y II”. Diccionario filosófico abreviado · 1959:26-28 |
Aristóteles (384-322 a.n.e.) Filósofo griego de conocimientos enciclopédicos, fundador de la lógica como ciencia y de varias ramas concretas del saber. Marx le llamaba “el pensador más grande de la Antigüedad”. Nació en Estagira (Tracia); estudió en Atenas, en la escuela de Platón. Criticó la teoría platónica de las formas incorpóreas (“ideas”), mas no llegó a superar por completo el idealismo platónico y osciló “entre el idealismo y el materialismo” (V. I. Lenin, t. XXXVIII, pág. 281). Fundó en Atenas (335) su propia escuela (Liceo). En la filosofía, Aristóteles distinguía: 1) una parte teórica, relativa al ser, sus elementos, causas y principios, 2) una parte práctica: sobre la actividad del hombre, y 3) una parte poética: acerca de la creación. El objeto de la ciencia es lo general, a lo que se llega por la razón. Pero lo general existe sólo en lo singular, sensorialmente perceptible, y puede conocerse sólo a través de lo singular: es condición de todo conocimiento general, la generalización inductiva, que no puede realizarse sin la percepción por los sentidos. Aristóteles admitía cuatro causas: 1) la materia o posibilidad pasiva de un proceso de formación, 2) la forma (esencia, el ser del ente), la actualización de aquello que en la materia está dado sólo como posibilidad, 3) el principio del movimiento y 4) el fin. En Aristóteles, la naturaleza entera es concebida bajo el aspecto de consecutivas transformaciones de la “materia” a la “forma” y viceversa. Sin embargo, veía en la materia tan sólo un principio pasivo, asignaba la actividad a la forma y redujo a ésta el principio del movimiento y el fin. La fuente última de todo movimiento, según Aristóteles, es Dios: “motor primero e inmóvil”. Ello no obstante, la doctrina idealista objetiva de Aristóteles sobre la “forma”, en muchos sentidos es “más objetiva y más distante, más general, que el idealismo de Platón y, por tanto, en filosofía natural, con más frecuencia = materialismo” (V. I. Lenin, t. XXXVIII, pág. 278); “Aristóteles llega al umbral del materialismo” (ibíd., pág. 282). La lógica formal aristotélica se halla estrechamente ligada a la teoría del ser, a la del conocimiento y a la de la verdad, dado que en las formas lógicas Aristóteles veía, al mismo tiempo, las formas del ser. En la teoría del conocimiento, distinguía el conocimiento fidedigno (Apodíctico) y el probable, comprendido en la esfera de la “opinión” (Dialéctica). En Aristóteles, sin embargo, estas dos clases de conocimiento se hallan relacionadas entre sí a través del lenguaje. Según él, la experiencia no constituye la última instancia para comprobar una “opinión”, y las premisas superiores de la ciencia se ven directamente en calidad de verdaderas por el intelecto y no a través de los sentidos. Ahora bien, los altos axiomas del saber intelectivamente aprehensibles no son innatos a nuestra mente y presuponen una actividad: acumulación de datos, orientación del pensamiento hacia los hechos reunidos, &c. El último fin de la ciencia, según Aristóteles, radica en la definición del objeto, y ésta se halla condicionada por el hecho de unir la deducción con la inducción. Como quiera que, en su opinión, no existe un concepto que pueda ser predicado de todos los otros conceptos, y, por ende, los distintos conceptos no pueden ser generalizados en un género único, Aristóteles señala la existencia de categorías, o sea, de géneros superiores a los que se reducen los demás géneros de lo que realmente existe. En cosmología, Aristóteles rechazó la doctrina de los pitagóricos y elaboró un sistema geocéntrico, admitido sin reservas hasta los tiempos de Copérnico, creador del sistema heliocéntrico. En ética, consideraba como la más elevada de todas las actividades la actividad contemplativa de la razón. En ello se reflejaba la separación –típica de la Grecia esclavista– entre el trabajo físico de los esclavos y el ocio intelectual, privilegio de los hombres libres. El ideal moral aristotélico es Dios o el filósofo perfectísimo, “el pensamiento que se piensa a sí mismo”. En la teoría relativa a la sociedad, Aristóteles procuró demostrar que las relaciones propias del régimen esclavista se hallaban enraizadas en la naturaleza misma. Entendía que las formas más elevadas de poder estatal eran aquellas en que queda excluida la posibilidad de utilizar el poder con fines egoístas y éste sirve a toda la sociedad. Las vacilaciones de Aristóteles en filosofía, determinaron el doble carácter de su influencia ulterior: las tendencias materialistas de su doctrina desempeñaron un importante papel en el desarrollo de las ideas progresivas en la filosofía de la sociedad feudal: los elementos idealistas fueron hiperbolizados por los clérigos medievales, que convirtieron la doctrina aristotélica en una “escolástica muerta”, desechando “toda búsqueda, toda vacilación, todo método en el planteamiento de los problemas” (V. I. Lenin, t. XXXVIII, pág. 366). Lenin, al estudiar la “Metafísica” (la obra fundamental de Aristóteles) estimó en mucho, en la doctrina expuesta sus “gérmenes vivos y el peso de la dialéctica”, su fe ingenua “en la fuerza de la razón, en la fuerza, potencia y veracidad objetiva del conocimiento” (ibíd.). Diccionario filosófico · 1965:23-24 |
Aristóteles (384-322 a.n.e.) Pensador de la Grecia antigua cuyas obras abarcan casi todas las esferas del saber de su tiempo; en filosofía vacilaba entre el materialismo y el idealismo. Obras fundamentales: Organon, Del alma, Metafísica, Política, 11, 38, 58, 68, 72, 90, 93, 96, 100, 105, 119, 177, 184, 187, 188, 203, 205, 253, 259, 280, 306. Diccionario marxista de filosofía · 1971:324 |
Aristóteles (384-322 a. n. e.) Filósofo antiguo griego, enciclopedista, fundador de la ciencia de la lógica y de una serie de ramas del conocimiento especial. Marx lo llamó el pensador más grande de la Antigüedad. Nació en Estagira (Tracia) y estudió en Atenas, en la escuela de Platón. Sometió a crítica la teoría platónica de las formas incorpóreas (“ideas”), pero no pudo superar completamente el idealismo platónico, oscilando entre el idealismo y el materialismo. En 335 fundó en Atenas su propia escuela (Liceo). En filosofía, Aristóteles distinguía: 1) la parte teórica: doctrina del ser, sus partes, causas y principios; 2) la parte práctica: sobre la actividad humana y 3) la parte poética: sobre la creatividad. Reconocía cuatro causas: 1) la materia, o la posibilidad pasiva del devenir; 2) la forma (esencia del ser), realidad de lo que está dado en la materia sólo como posibilidad; 3) el comienzo del movimiento y 4) la finalidad. Concibe toda la naturaleza como transiciones consecuentes de la “materia” a la “forma” y viceversa. Ahora bien, Aristóteles no veía en la materia sino un principio pasivo, atribuyendo toda la actividad a la forma, a la que reducía el comienzo del movimiento y la finalidad. Según Aristóteles, la fuente final de todo movimiento es Dios (“primer motor inmóvil”). No obstante, la doctrina idealista objetiva de Aristóteles sobre la “forma” es en muchos aspectos más objetiva que el idealismo de Platón y llega muy de cerca al materialismo. La lógica formal de Aristóteles está estrechamente vinculada con la doctrina del ser, con la teoría de la verdad, pues Aristóteles veía en las formas lógicas las formas del ser. En la doctrina del conocimiento, diferenciaba el conocimiento verídico (apodíctico) del probable, relativo a la esfera de la “opinión” (dialéctica). Sin embargo, estos dos tipos de conocimiento están estrechamente interconectados a través del idioma. Según Aristóteles, la experiencia no es la última instancia en la comprobación de la “opinión”, y las premisas superiores de la ciencia se advierten directamente como auténticas por el intelecto, y no por los sentidos. Sin embargo, los axiomas superiores del saber, concebidos especulativamente, no están dados a nuestro intelecto desde el nacimiento y presuponen la actividad: recogida de hechos, orientación del pensamiento a los hechos, &c. Según Aristóteles, el fin último de la ciencia consiste en determinar el objeto, y la condición para ello es la unión de la deducción y la inducción. En cosmología, Aristóteles rechazó la doctrina de los pitagóricos y elaboró un sistema geocéntrico que conservó su dominio sobre las mentes hasta la aparición del heliocentrismo, cuyo autor fue Copérnico. En ética, Aristóteles reconocía la actividad contemplativa de la razón como actividad superior. En ello se dejó sentir la separación –característica para la Grecia esclavista– entre el trabajo manual de los esclavos y el ocio mental, que era privilegio de los libres. El modelo moral para Aristóteles es Dios, o el filósofo más perfecto, “el pensamiento que se piensa a sí mismo”. En la doctrina de la sociedad, Aristóteles trató de demostrar que las relaciones del esclavismo estaban arraigadas en la naturaleza misma. Consideraba que las formas supremas del poder del Estado eran aquellas que excluían la posibilidad de la utilización egoísta del poder y lo ponían al servicio de toda la sociedad. Las vacilaciones de Aristóteles en filosofía determinaron la dualidad de su influencia ulterior: las tendencias materialistas de su doctrina desempeñaron un importante papel en el desarrollo de las ideas progresistas en la filosofía de la sociedad feudal, mientras que los elementos idealistas fueron hiperbolizados por los eclesiásticos medievales que convirtieron la doctrina de Aristóteles en “escolástica muerta”. Lenin, que estudió la “Metafísica” (trabajo fundamental de Aristóteles), valoró altamente en su doctrina “los gérmenes vivos y las demandas de la dialéctica” y la fe ingenua “en el poder de la razón, en la fuerza, el poderío y la veracidad objetiva del conocimiento”. Diccionario de filosofía · 1984:24-25 |
Aristóteles en nombre de la rosa. |
El Segundo Libro de la Poética y el Secreto del Monasterio En la famosa novela El nombre de la rosa (1980) de Umberto Eco, la figura de Aristóteles y específicamente su perdida Poética sobre la comedia (el segundo libro de la Poética) es el eje central de toda la trama criminal y filosófica que investiga Fray Guillermo de Baskerville. 1. El Enigma del Segundo Libro En la obra, se narra que Aristóteles escribió un segundo libro de la Poética dedicado enteramente a la comedia, la risa y la burla, temas que el filósofo griego consideraba dignos de estudio filosófico y catártico, al igual que había hecho con la tragedia en el primer libro que sí ha sobrevivido hasta nuestros días. La postura de Aristóteles en la novela: Para el Estagirita, la risa es un instrumento poderoso para desmitificar el miedo, sacudir las falsas certezas y desarmar el poder dogmático a través de la ironía y el ridículo. 2. El Conflicto Teológico y el Asesino El nudo de la novela gira en torno al temor de que este libro vea la luz: Jorge de Burgos, el anciano monje ciego que custodia celosamente la biblioteca del monasterio (un personaje inspirado en el escritor Jorge Luis Borges), considera que la risa es una obra del Diablo. El argumento de Jorge: Si se permite que la gente (y especialmente los religiosos) descubra que se puede ridiculizar la autoridad, burlarse de los dogmas sagrados y ver el miedo desde la comicidad, el orden eclesiástico y el monopolio de la verdad absoluta se vendrían abajo. Para evitar que las enseñanzas de Aristóteles sobre la comedia se propaguen, Jorge envenena las páginas del manuscrito con arsénico. Los monjes que intentan leerlo mueren al humedecerse los dedos para pasar las hojas. 3. El Triunfo de la Risa Frente a la visión rígida y tenebrosa de Jorge de Burgos, la postura de Guillermo de Baskerville (heredera del espíritu crítico y humanista de Aristóteles) defiende que la risa es la cura contra el fanatismo. "El gnomon de la risa libera al hombre del miedo al diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo aparece como un pobre infeliz, cómico y por lo tanto dominable." El libro culmina con el incendio accidental de la gran biblioteca, destruyendo para siempre el ejemplar prohibido del tratado de Aristóteles sobre la comedia, convirtiéndolo en un mito literario dentro de la misma ficción. Existió este libro o es fantasía o mito. El tratado perdido de Aristóteles sobre la comedia es una obra de ficción literaria dentro de la novela de Umberto Eco, pero se basa en un hecho histórico real: Aristóteles sí escribió sobre la risa y la comedia, y ese libro realmente se perdió. A continuación se detalla cómo se mezclan la historia y la fantasía en torno a este famoso manuscrito: 1. Lo que es real (La historia) La existencia del tratado: La mayoría de los historiadores y filólogos coinciden en que Aristóteles escribió una segunda parte de su Poética centrada en la comedia, la sátira y el papel catártico de la risa. La mención oficial: En el primer libro de la Poética (que sí sobrevivió), el propio Aristóteles promete abordar la comedia más adelante. Además, en los antiguos catálogos de obras griegas (como el de Ptolomeo el Heiberg o el de Diógenes Laercio) se registra la existencia de este segundo libro dedicado a la poesía y comedia yámbica. La pérdida: Al igual que miles de textos de la antigüedad clásica, el libro se perdió durante la Edad Media, probablemente debido a la destrucción de bibliotecas, la falta de copistas interesados en la comedia (considerada menor en comparación con la tragedia) o la censura. Nunca existió un manuscrito medieval envenenado ni un monje ciego que lo escondiera en un laberinto; esa es la genialidad literaria de Eco. 2. Lo que es ficción (El mito de Eco) El contenido exacto y el debate sobre el miedo: Lo que dice la novela sobre lo que contenía el libro —la idea de que la risa es el arma definitiva contra el miedo al poder y al diablo— es una interpretación filosófica moderna que Umberto Eco (que era semiólogo y profesor de filosofía medieval) puso en boca de sus personajes, inspirándose vagamente en algunas ideas dispersas sobre el humor que se recogen en su Ética nicomaquea o la Retórica. El complot criminal: Todo el misterio de los asesinatos por páginas envenenadas con arsénico en una abadía benedictina del siglo XIV es pura creación narrativa. ¿Intentó alguien encontrarlo alguna vez? Aunque no de la forma novelesca que describe Eco, el misterio de este libro perdido ha obsesionado a los clásicos durante siglos. De hecho, inspiró al propio Umberto Eco y a otros escritores. Un ejemplo famoso es la novela corta El club de los inmortales (o El manuscrito de Arras) o las investigaciones filológicas modernas que han intentado reconstruir qué pudo decir Aristóteles sobre el humor (un famoso intento contemporáneo de especulación académica es el ensayo del filólogo Richard Janko, Aristotle on Comedy). (Nota al margen: El guionista de la adaptación cinematográfica de 1986, Andrew Birkin, y el director Jean-Jacques Annaud tuvieron que idear un contenido falso para los fragmentos que se leían en la película, ya que el libro real jamás existió). Los diálogos de debate filosófico donde los personajes explican el peligroso contenido que albergaban sus páginas del libro. En El nombre de la rosa, el enfrentamiento dialéctico entre Fray Guillermo de Baskerville y el anciano Jorge de Burgos es el punto culminante de la novela. Es un debate filosófico y teológico sobre el poder, el miedo, el orden del mundo y la naturaleza de la risa. A continuación se recrean los pasajes esenciales de ese diálogo, donde se revela el contenido prohibido del segundo libro de la Poética de Aristóteles y el motivo por el cual Jorge estaba dispuesto a desatar el infierno para mantenerlo oculto. El debate sobre el peligro de la risa Jorge de Burgos:
Guillermo de Baskerville:
Jorge de Burgos: «Porque la comedia es el arte de los tontos y el arma del demonio. En la tragedia, el hombre cae porque desafía el orden cósmico, y su caída inspira temor y respeto. Pero la comedia... la comedia presenta a los hombres grandes y justos como bajos, ridículos y deformes. Enseña a no temer ya al diablo ni a la autoridad terrenal, porque el miedo es la fuente de la sabiduría, y el respeto a Dios nace del temblor.» Guillermo de Baskerville: «¿Y es ese el peligro? ¿Que los hombres pierdan el miedo?» Jorge de Burgos: «Exacto. Si un día alguien llegara a convencer a las multitudes de que la risa es la medicina contra el miedo, de que se puede mirar a los poderosos, a los obispos y a las mismas sagradas escrituras con ironía y burla, el orden del mundo se vendría abajo. Si la gente ríe, ya nadie obedecerá. La risa despoja al poder de su manto de sacralidad. Hace que el diablo parezca un bufón patético y que el infierno cause gracia en lugar de pavor.» El argumento del Filósofo sobre la catarsis de la risa Guillermo de Baskerville: «El Filósofo sostenía en esas páginas que la risa es propia del hombre, un don que nos permite examinar la verdad a través de la máscara de la falsedad. Así como la tragedia nos libera del terror mediante el dolor, la comedia nos libera del miedo a lo desconocido mediante el ingenio.» Jorge de Burgos: «¡Mentiras de un pagano! Dios no sonrió nunca. Cristo nunca rió. La risa sacude el cuerpo, deforma las facciones del rostro y hace que el hombre parezca un animal irracional. Es la señal del espíritu que no sabe contenerse. Permitir que el mundo crea que la verdad puede ser puesta en duda entre carcajadas es destruir la Iglesia y entregar las almas a la soberbia de la razón humana.» Guillermo de Baskerville: «Tal vez lo que realmente temes, Jorge, no es que el mundo se entregue al diablo, sino que descubra que el poder terrenal, y el poder de la Iglesia que tú defiendes, se sustentan únicamente sobre el miedo. Y cuando los hombres pierden el miedo, los tiranos ya no mandan.» Según los historiadores existió este libro o es mito. Según el consenso de los historiadores y filólogos clásicos, el tratado de Aristóteles sobre la comedia sí existió como documento histórico, pero el contenido exacto que describe la novela es un mito creado por Umberto Eco. Para la comunidad académica, la situación se divide en dos realidades muy claras: 1. La existencia real del libro (Lo que confirman los historiadores) El testimonio de los antiguos catálogos: Los expertos en filosofía griega saben que Aristóteles escribió un segundo libro de la Poética porque aparece registrado en los catálogos bibliográficos de la antigüedad grecorromana (como el catálogo de Hesiquio de Alejandría y el de Ptolomeo el Heiberg), que listaban las obras conservadas en la célebre Biblioteca de Alejandría. La propia promesa de Aristóteles: En el primer libro de la Poética (el único que sobrevivió), el propio autor deja por escrito que tratará más adelante sobre la comedia, el yambo y la poesía jocosa. ¿Por qué se perdió?: Durante la Edad Media y la transición a la modernidad, miles de rollos y códices se perdieron debido a incendios, guerras, descomposición del material o simplemente porque los copistas cristianos de los monasterios tenían muy poco interés en reproducir textos sobre la risa pagana, priorizando la filosofía moral, la lógica y la teología. 2. El contenido y el peligro (Lo que es un mito literario) Invento filosófico de Eco: Todo lo que la novela plantea sobre de qué trataba exactamente ese libro —la tesis de que la risa es un arma política y revolucionaria para destruir el miedo al poder y al infierno— no está respaldado por ningún texto histórico. Es una genialidad intelectual del propio Umberto Eco (quien era profesor de semiótica). La visión sobre la risa en Grecia: Los historiadores señalan que la concepción de la risa como un acto de "subversión contra el dogma" pertenece más a la filosofía moderna y al siglo XX que a la Grecia clásica del siglo IV a.C. Para los antiguos griegos, la comedia cumplía una función social de catarsis y purificación (tal como describe el primer libro para la tragedia), pero no pretendía derrocar imperios ni socavar órdenes cósmicos. En resumen: El libro existió en los estantes de la antigüedad, pero su contenido real se perdió para siempre. Lo que dice la novela sobre su peligro teológico es una brillante ficción literaria. Que libros se menciona en novela de Nombre de la rosa. El libro central y más importante mencionado en El nombre de la rosa es el segundo libro de la Poética de Aristóteles, una obra perdida dedicada a la comedia y la risa que el monje Jorge de Burgos oculta y envenena para evitar su difusión. Dado que la trama transcurre en la inmensa biblioteca de una abadía medieval, se citan y consultan numerosos textos religiosos, teológicos, filosóficos y científicos reales. Los más destacados son: Obras científicas y filosóficas Obras de Aristóteles: Además de la ya mencionada Poética, los monjes discuten ampliamente sus textos de lógica y física. Libros de Al-Juarismi: Es el único científico del que se mencionan explícitamente dos tratados matemáticos dentro de la biblioteca. Tratados de Óptica de Alhacén y Roger Bacon: Libros fundamentales que Guillermo de Baskerville evoca para fabricar y explicar el uso de sus lentes de lectura (gafas). De oculis de Ibn Isa Al-Kahhal: Un célebre tratado árabe sobre oftalmología descubierto por los protagonistas al inspeccionar los estantes. De medicamentis de Quintus Serenus: Texto de medicina antigua que leen en sus incursiones nocturnas. Textos religiosos y teológicos La Biblia: Es el libro más citado, especialmente el Apocalipsis de San Juan, que sirve como el macabro patrón que los monjes creen que siguen los asesinatos. De contemptu mundi de Bernardo de Cluny: Poema satírico medieval del cual Umberto Eco extrae la célebre última línea de la novela ("Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus"). Tratados sobre la pobreza: Escritos teológicos reales de la disputa entre los franciscanos espirituales (como Ubertino da Casale) y las bulas del Papa Juan XXII. Si deseas profundizar en alguno de estos ámbitos, te puedo detallar cómo influye el Apocalipsis en las muertes o qué debates teológicos reales recreó Umberto Eco en la historia. |
Ubertino de Casale |
Líder de los Espirituales, nacido en Casale de Vercelli, en 1259; murió alrededor de 1330. Tomó el hábito franciscano en un convento de la provincia de Génova en 1273, y fue enviado a París a continuar sus estudios, permaneciendo allí durante nueve años, luego de los cuales regresó a Italia. En 1285 visitó los santuarios de Roma, y después siguió para Greccio, cerca de Rieti, para ver al Beato Juan de Parma, que era considerado como el patriarca de los Frailes Espirituales. Después se estableció en Toscana y en 1287, en Florencia, fue compañero y discípulo del Hermano Pierre-Jean Olivi. Fue lector en Santa Croce, Florencia, pero dejó el cargo luego de algunos años para dedicarse a predicar, especialmente en Florencia. Hombre de genio, pero de carácter excéntrico y revoltoso, pronto se convirtió en líder de los famosos Espirituales de Toscana, profesó extrañas ideas relativas a la pobreza evangélica y franciscana, y atacó al gobierno de la orden, aunque algunas de estas ideas habían sido reprobadas por Olivi en su carta de Setiembre de 1295, al Beato Conrado da Offida, un [zelote] moderado de la pobreza franciscana. Los Espirituales de Toscana eran tan fanáticos como para reprobar públicamente a Gregorio IX y Nicolás III, y hasta condenarlos como herejes, por haber interpretado la Regla de San Francisco con relación a la pobreza de acuerdo con la justicia y la moderación; también condenaban a Inocente III, porque se oponía fuertemente a las enseñanzas de Joaquín de Flora, que ellos consideraban oráculo del Espíritu Santo, y cuyas teorías eran la causa de la discordia dentro de la Orden Franciscana en la primera mitad del siglo XIV. Con motivo de su crítica excesiva y satírica, Ubertino fue convocado por Benito XI; se le prohibió predicar en Perugia, y fue apartado al Convento de La Verna, donde en 1305 concibió y escribió, en sólo tres meses y siete días (si podemos creerle en este punto), su obra mayor, "Arbor vitae crucifixae Jesu Christi". Esta obra es una colección de teorías alegóricas, teológicas y políticas relativas a la sociedad civil y a la Iglesia de aquellos días, en la que expone también su ideal para el futuro cercano. En esta obra critica todo y a todos, a los papas y a la Iglesia, especialmente por presuntos abusos de riqueza en el estado eclesiástico y en el civil, y finalmente a la Orden Franciscana por no practicar la más extrema pobreza. En la misma obra (libro I, capítulo IV), se menciona por primera vez la leyenda de la resurrección de San Francisco, que afirma haber escuchado del Beato Conrado da Offida, y éste del Beato Hermano León, que Cristo había elevado a San Francisco en un cuerpo glorioso para consolar a sus pobres frailes, que, de acuerdo con Ubertino, eran evidentemente sólo los Espirituales. A pesar de sus utópicas teorías, Ubertino tenía muchos protectores y admiradores, y en 1307, después de haber escrito el "Arbor vitae", fue elegido capellán y [cercano] del Cardenal Napoleone Orsini, sobrino de Nicolás III, que había sido nombrado por Celestino V protector de los Espirituales de la [marca] de Ancona, pero su protectorado había terminado pronto, con la elección de Bonifacio VIII en Diciembre de 1294. Orsini, que durante los años 1306-08 había sido legado pontificio en Italia central, envió a Ubertino el 10 de setiembre de 1307, para absolver a los habitantes de Siena, que habían incurrido en censura eclesiástica. Cuando Orsini se trasladó a Alemania en 1308, Ubertino no lo acompañó, habiendo sido llamado entonces a Francia. En los años 1309-12, que fueron testigos de la mayor batalla dentro de la Orden Franciscana, Ubertino fue convocado a Avignon con otros jefes de los Espirituales para discutir ante el Papa las cuestiones en debate entre las dos partes de la orden. Se discutieron cuatro puntos:
Durante las discusiones Ubertino se comportó de forma atropellada e insolente contra todo el cuerpo de la orden, acusándolos de muchas cosas falsas e injustas; no obstante fue forzado a reconocer que la disciplina regular existía sustancialmente dentro de la orden, pero en lo relativo a la pobreza atacó abiertamente las declaraciones pontificias como contrarias a la regla y como causa de la ruina de la orden. Él pretendía que los Frailes Menores fueran obligados a observar literalmente la Regla y el Testamento de San Francisco, incluso todos los consejos evangélicos enseñados por Cristo. Y como no era posible lograr todo esto para la mayoría de la orden, exigía que se erigieran conventos y provincias para el partido reformado. Esto fue absolutamente denegado, mientras por otro lado el tema de la observancia práctica de la pobreza fue resuelto por la famosa Bula, "Exivi de paradiso", el 6 de mayo de 1312, provocada en parte por los polémicos escritos de Ubertino. A continuación Ubertino se retiró a Aviñón, en 1313, y permaneció con el Cardenal Giacomo Colonna hasta que obtuvo permiso de Juan XXII (el 1º de octubre de 1317) para dejar la orden y entrar en la Abadía Benedictina de Gembloux, en la Diócesis de Lieja. Algunos dudan que los Benedictinos recibieran en su congregación a una persona de carácter tan tumultuoso, pero estamos seguros de ello a través de Clareno y de un notario del Rey Jaime II de Aragón en el año 1318. A pesar de ello, Ubertino no desistió de mezclarse en la cuestión que agitaba a la Orden Franciscana hasta que fue excomulgado por Juan XXII. Cuando aún era un favorito de este Papa y [cercano] al Cardenal Orsini, fue invitado por el soberano pontífice a dar su opinión relativa a la otra famosa cuestión debatida entre los Dominicanos y los Franciscanos, esto es, relativa a la pobreza de Jesucristo y la de los Apóstoles. Esta última cuestión, mucho más que la relativa a los Espirituales fue la causa del desastroso cisma de la orden encabezado por Miguel de Cesena, general de la Orden, y secundado por el rebelde Luis IV de Baviera. Ubertino estaba en Avignon en 1322; a solicitud del Papa escribió su respuesta sobre el tema en controversia en ese momento, afirmando que Cristo y los Apóstoles deben ser considerados en una doble condición: como personas privadas habían repudiado toda propiedad, pero como ministros de religión hicieron uso de bienes y dinero para cubrir necesidades y limosnas. A Juan XXII le satisfizo la respuesta, pero Ubertino regresó al servicio del Cardenal Orsini, y continuó escribiendo para comprometerse con la cuestión, que mientras tanto había sido resuelta, 1322-23. Sea como fuere, es cierto que en 1325 fue acusado de herejía, especialmente por haber sostenido obstinadamente algunos errores de Olivi. Ubertino, previendo la condena que pendía sobre él, huyó de Avignon, y el Papa en una carta de fecha 16 de setiembre de 1325, le ordenó al general de los Franciscanos que lo arrestara como hereje; pero Ubertino probablemente se trasladó a Alemania bajo la protección de Luis el Bávaro, quien se dice que lo acompañó camino a Roma en 1328. Desde esta época Ubertino desapareció de la historia, de modo que no se conoce nada más sobre él. Algunos suponen que dejó a los Benedictinos en 1332 para ingresar en la Cartuja, pero no es cierto. Los Fraticelli del siglo XV, que lo veneraban como a un santo, difundieron la noticia de que había sido asesinado. El final de este famoso líder de los Espirituales, recordado aun por Dante en el canto 12 del "Paraíso", probablemente seguirá siendo un punto oscuro de la historia. Además del "Arbor vitae", su obra principal, impresa sólo una vez en Venecia en 1485, y de la cual se conocen apenas trece manuscritos en las principales bibliotecas de Europa, Ubertino escribió también otras obras de carácter polémico:
HIERON. GOLUBOVICH Transcrito por Carol Kerstner Traducido por Amparo Cabal |
El Arbor vitae crucifixae Jesu Christi (El árbol de la vida crucificada de Jesús) es la obra principal del religioso franciscano Ubertino da Casale, terminada en 1305. El tratado, escrito en latín, constituye una síntesis de teología cristocéntrica, reflexión mística y escatología apocalíptica. El texto se considera el manifiesto doctrinal de la corriente de los Franciscanos espirituales. La obra destaca por su defensa de la pobreza evangélica y por el análisis crítico hacia la jerarquía eclesiástica de la época. Dante Alighieri utilizó la obra como fuente para diversas imágenes y conceptos teológicos presentes en la Divina comedia. En el Canto XII del Paraíso, el poeta cita a Ubertino, aunque critica su excesivo rigor en la interpretación de la Regla franciscana. Durante el siglo XV, Bernardino de Siena recurrió al texto para sus sermones, de donde derivó su devoción al Nombre de Jesús. La obra influyó también en la espiritualidad del norte de Europa a través de la Devotio moderna y en los círculos cartujos entre los siglos XIV y XVI. En la época contemporánea, la figura de Ubertino y su obra principal fueron recuperadas por Umberto Eco como elementos de la novela El nombre de la rosa. Historia Ubertino redactó el tratado durante su retiro en el eremitorio de La Verna, entre el 9 de marzo y el 28 de septiembre de 1305. El autor había sido apartado de la predicación por el papa Benedicto XI debido a sus posturas polémicas. La redacción del texto fue impulsada por algunos de sus hermanos de orden, entre ellos Juan de Fermo. La tradición manuscrita de la obra consta de unos 39 testimonios íntegros y numerosos fragmentos. La única edición impresa del siglo XV fue publicada en Venecia el 12 de marzo de 1485 por el tipógrafo Andrea de Bonetis. Estructura La obra se organiza en cinco libros que siguen la alegoría del árbol de la vida. Bajo este esquema simbólico, las raíces representan el designio divino de la Encarnación, el tronco la vida de Jesús, las ramas sus obras y los frutos las acciones de los elegidos. Los cinco libros se dividen de la siguiente manera:
Contenido El núcleo de la obra reside en la doctrina del usus pauper, que defiende el uso restringido y pobre de los bienes materiales. Ubertino da Casale sostiene que Cristo y los Apóstoles renunciaron a cualquier forma de propiedad civil (dominium), señalando esta renuncia como el modelo a seguir por los Franciscanos. La perspectiva escatológica adopta el esquema de los siete estados de la Iglesia de derivación joaquinita. Francisco de Asís es identificado con el ángel del sexto sello del Apocalipsis. El quinto libro incluye críticas a los pontífices Celestino V y Benedicto XI, presentados como figuras apocalípticas negativas. El autor profetiza finalmente la aparición de un «Papa Angélico» encargado de restaurar la pureza de la Iglesia. |




