Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


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viernes, 7 de julio de 2017

99).-Aristóteles.



Aristóteles.







Diccionario filosófico.


Aristóteles (años 384-322 antes de nuestra era)

El filósofo griego Aristóteles fue “el pensador más grande de la antigüedad” (Marx), un genial sabio enciclopedista, creador de la lógica. Aristóteles fue discípulo de Platón, pero refutó su teoría idealista de las ideas, sometiéndola a una severa crítica y revelando las raíces gnoseológicas del idealismo en general. A juicio de Aristóteles, Platón “separó la sustancia de aquello que es su sustancia”, transformando así lo general (los conceptos) en una sustancia aparte y creando un mundo sobrenatural, ideal, junto al mundo perceptible, real. Según Platón, las ideas son los modelos de las cosas que existen independientemente de ellas, y las cosas, copiando de las ideas su existencia, sólo son su reflejo, sombras, copias imperfectas. En cambio, según Aristóteles, la idea (en su terminología: la “forma”) es indisoluble de la cosa. Aristóteles oscila entre el idealismo y el materialismo. Cada objeto, cada cosa individual, según Aristóteles, se compone de dos principios: la materia y la forma (así, la estatua se hace de bronce, al que se da una cierta forma). El fundamento del Universo es un substrato (“sustancia”) completamente indefinido, pasivo; una “primera materia”. Sin embargo, en esta estado, la materia sólo existe en la abstracción; en la realidad se define (y está eternamente definida) por la actividad de las formas que en sí mismas son inmateriales. La materia es una posibilidad, una capacidad de las cosas, la forma es su realidad. La posibilidad se convierte en una realidad gracias al movimiento: la forma es materializada, la materia se reviste de forma. Aunque Aristóteles vincula la forma con la materia, a su juicio, existe, sin embargo, una forma pura, es decir, la “forma de las formas” destituida de la materia. Es la razón, “el pensamiento que piensa por sí mismo” –dios. Dios desempeña el papel del “motor inmóvil” del mundo que es único y eterno. El Universo, según Aristóteles, tiene la forma de un globo cuyo centro es la Tierra, y en lo alto se mueven las “esferas” a las que están adheridos los astros. En la teoría del conocimiento (así como en una serie de problemas de la filosofía de la naturaleza, de las matemáticas), Aristóteles se acerca enteramente al materialismo, defendiendo, a diferencia de Platón, el origen sensible de los conocimientos. La doctrina aristotélica imperaba en la Edad Media, pero “el obscurantismo clerical mató en Aristóteles lo vivo y eternizó lo muerto” (Lenin). Las obras más importantes de Aristóteles son: Metafísica, Física, Sobre el alma, Ética, Categorías, Primeras Analíticas y Segundas Analíticas.

Diccionario filosófico marxista · 1946:17-18




Aristóteles (384-322 a.n.e.)

Aristóteles 384-322 a.n.e. Filósofo de la Grecia antigua, “el más grande pensador de la antigüedad”, según lo define Marx en El Capital. Discípulo de Platón, Aristóteles repudió la teoría idealista de las “Ideas” profesada por su maestro, sometiéndola a una crítica rigurosa donde se manifiesta ya la comprensión de las raíces gnoseológicas del idealismo en general. Según Aristóteles, Platón separa la esencia de la cosa de la cual es esencia, transformando de ese modo lo general (el concepto) en una entidad; al lado del mundo sensible, real, crea un mundo aparte, un mundo ideal, suprasensible. A juicio de Platón, las ideas, prototipos de las cosas, existen independientemente de estas últimas; las cosas obtienen su existencia de las ideas, no siendo así más que reflejos, sombras, copias imperfectas. Aristóteles muestra que no es admitiendo esencias suprasensibles, inmutables, como se puede explicar las causas de la aparición y de los cambios de las cosas sensibles: “Decir que las ideas son modelos y que todo el resto participa de ellas, es hablar para no decir nada y usar metáforas poéticas”. Hay ya elementos materialistas en la filosofía de Aristóteles. “La crítica que Aristóteles hace de las «Ideas» de Platón, es una crítica del idealismo como idealismo en general...” (Lenin, Cuadernos filosóficos, Ed. rusa). En oposición a Platón, Aristóteles afirma que la esencia está encerrada en las propias cosas y que lo general no existe paralelamente a lo singular y separadamente de él. De otro modo, observa Aristóteles, “tendría que existir no sabemos qué cielo además del cielo sensible, y lo mismo sucedería con el sol, la luna y todos los demás cuerpos celestes. Pero, ¿cómo dar fe a afirmaciones semejantes?”. Lenin indica que Aristóteles no dudaba de la realidad del mundo exterior, pero se confundía en la dialéctica de lo universal y de lo singular, del concepto y de la sensación, de la esencia y del fenómeno. Según Aristóteles, la idea (la forma, como dice) y el objeto, son inseparables.

Aristóteles vacila entre el idealismo y el materialismo y termina por inclinarse al idealismo. Cada objeto, cada cosa se compone según él, de dos principios: la materia y la forma (así, la estatua es hecha de bronce al que se ha dado forma). El mundo reposa sobre un substrato pasivo e indeterminado: “la materia primera”. Sin embargo, tal materia no existe más que en la abstracción; en realidad, se halla determinada (y lo es por toda la eternidad) por la actividad de las formas, que son por sí mismas inmateriales. La materia es la posibilidad, la capacidad del objeto; la forma ideal es la realidad del objeto. La posibilidad se convierte en realidad gracias al movimiento: la forma se vuelve material, la materia reviste una forma. Aunque Aristóteles liga las formas a la materia, no deja de existir por ello, a su juicio, una forma pura, vale decir, desprovista de materia y forma de todas las formas. Es el pensamiento, la razón que “piensa por sí misma”, es Dios. Éste desempeña el papel de motor inmóvil del mundo que es uno y eterno. El universo tiene, a juicio de Aristóteles, forma esférica con la Tierra en el centro, alrededor de la cual se mueven “esferas” con los astros adheridos a ellas.

En su teoría del conocimiento (así como en una serie de problemas de la filosofía y de las matemáticas), Aristóteles se acerca al materialismo defendiendo, a diferencia de Platón, el origen sensorial del conocer. Aunque Aristóteles vacila entre la dialéctica y la metafísica, su filosofía denota elementos de la concepción dialéctica de la realidad. Engels afirma que Aristóteles “había llegado ya a estudiar las formas más esenciales del pensar dialéctico” (Anti-Dühring, p. 33, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Criticando a los eleatas por su negación del movimiento, Aristóteles los trata de “gente inmóvil” y “antinatural”. Estima que el desconocimiento del movimiento entraña ineluctablemente el desconocimiento de la naturaleza. Los elementos dialécticos de su filosofía se manifiestan con esplendor cuando aborda el problema de las relaciones de posibilidad y realidad, de forma y contenido.

Aristóteles es, en la filosofía antigua, el creador de la lógica. Se esfuerza no en separar pensamiento y existencia, sino en vincular las formas de aquél a ésta, en explicar las categorías lógicas conforme a la realidad objetiva. “En Aristóteles”, observa Lenin, “vemos la lógica objetiva confundirse constantemente con la lógica subjetiva, pero de modo que la lógica objetiva sobresale en todas partes” (Cuadernos filosóficos, Ed. rusa). Por sus concepciones políticas y sociales, Aristóteles es el ideólogo de los esclavistas. Consideraba como naturales la esclavitud de unos y el predominio de otros. Principales obras: “Metafísica”, “Física”, “Del alma”, “Ética”, “Política”, “Categorías”, “Analíticas I y II”.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:26-28



Aristóteles (384-322 a.n.e.)

Filósofo griego de conocimientos enciclopédicos, fundador de la lógica como ciencia y de varias ramas concretas del saber. Marx le llamaba “el pensador más grande de la Antigüedad”. Nació en Estagira (Tracia); estudió en Atenas, en la escuela de Platón. Criticó la teoría platónica de las formas incorpóreas (“ideas”), mas no llegó a superar por completo el idealismo platónico y osciló “entre el idealismo y el materialismo” (V. I. Lenin, t. XXXVIII, pág. 281). Fundó en Atenas (335) su propia escuela (Liceo). En la filosofía, Aristóteles distinguía: 1) una parte teórica, relativa al ser, sus elementos, causas y principios, 2) una parte práctica: sobre la actividad del hombre, y 3) una parte poética: acerca de la creación. El objeto de la ciencia es lo general, a lo que se llega por la razón. Pero lo general existe sólo en lo singular, sensorialmente perceptible, y puede conocerse sólo a través de lo singular: es condición de todo conocimiento general, la generalización inductiva, que no puede realizarse sin la percepción por los sentidos. Aristóteles admitía cuatro causas: 1) la materia o posibilidad pasiva de un proceso de formación, 2) la forma (esencia, el ser del ente), la actualización de aquello que en la materia está dado sólo como posibilidad, 3) el principio del movimiento y 4) el fin. En Aristóteles, la naturaleza entera es concebida bajo el aspecto de consecutivas transformaciones de la “materia” a la “forma” y viceversa. Sin embargo, veía en la materia tan sólo un principio pasivo, asignaba la actividad a la forma y redujo a ésta el principio del movimiento y el fin. La fuente última de todo movimiento, según Aristóteles, es Dios: “motor primero e inmóvil”. Ello no obstante, la doctrina idealista objetiva de Aristóteles sobre la “forma”, en muchos sentidos es “más objetiva y más distante, más general, que el idealismo de Platón y, por tanto, en filosofía natural, con más frecuencia = materialismo” (V. I. Lenin, t. XXXVIII, pág. 278); “Aristóteles llega al umbral del materialismo” (ibíd., pág. 282). La lógica formal aristotélica se halla estrechamente ligada a la teoría del ser, a la del conocimiento y a la de la verdad, dado que en las formas lógicas Aristóteles veía, al mismo tiempo, las formas del ser. En la teoría del conocimiento, distinguía el conocimiento fidedigno (Apodíctico) y el probable, comprendido en la esfera de la “opinión” (Dialéctica). En Aristóteles, sin embargo, estas dos clases de conocimiento se hallan relacionadas entre sí a través del lenguaje. Según él, la experiencia no constituye la última instancia para comprobar una “opinión”, y las premisas superiores de la ciencia se ven directamente en calidad de verdaderas por el intelecto y no a través de los sentidos. Ahora bien, los altos axiomas del saber intelectivamente aprehensibles no son innatos a nuestra mente y presuponen una actividad: acumulación de datos, orientación del pensamiento hacia los hechos reunidos, &c. El último fin de la ciencia, según Aristóteles, radica en la definición del objeto, y ésta se halla condicionada por el hecho de unir la deducción con la inducción. Como quiera que, en su opinión, no existe un concepto que pueda ser predicado de todos los otros conceptos, y, por ende, los distintos conceptos no pueden ser generalizados en un género único, Aristóteles señala la existencia de categorías, o sea, de géneros superiores a los que se reducen los demás géneros de lo que realmente existe. En cosmología, Aristóteles rechazó la doctrina de los pitagóricos y elaboró un sistema geocéntrico, admitido sin reservas hasta los tiempos de Copérnico, creador del sistema heliocéntrico. En ética, consideraba como la más elevada de todas las actividades la actividad contemplativa de la razón. En ello se reflejaba la separación –típica de la Grecia esclavista– entre el trabajo físico de los esclavos y el ocio intelectual, privilegio de los hombres libres. El ideal moral aristotélico es Dios o el filósofo perfectísimo, “el pensamiento que se piensa a sí mismo”. En la teoría relativa a la sociedad, Aristóteles procuró demostrar que las relaciones propias del régimen esclavista se hallaban enraizadas en la naturaleza misma. Entendía que las formas más elevadas de poder estatal eran aquellas en que queda excluida la posibilidad de utilizar el poder con fines egoístas y éste sirve a toda la sociedad. Las vacilaciones de Aristóteles en filosofía, determinaron el doble carácter de su influencia ulterior: las tendencias materialistas de su doctrina desempeñaron un importante papel en el desarrollo de las ideas progresivas en la filosofía de la sociedad feudal: los elementos idealistas fueron hiperbolizados por los clérigos medievales, que convirtieron la doctrina aristotélica en una “escolástica muerta”, desechando “toda búsqueda, toda vacilación, todo método en el planteamiento de los problemas” (V. I. Lenin, t. XXXVIII, pág. 366). Lenin, al estudiar la “Metafísica” (la obra fundamental de Aristóteles) estimó en mucho, en la doctrina expuesta sus “gérmenes vivos y el peso de la dialéctica”, su fe ingenua “en la fuerza de la razón, en la fuerza, potencia y veracidad objetiva del conocimiento” (ibíd.).

Diccionario filosófico · 1965:23-24



Aristóteles (384-322 a.n.e.)

Pensador de la Grecia antigua cuyas obras abarcan casi todas las esferas del saber de su tiempo; en filosofía vacilaba entre el materialismo y el idealismo. Obras fundamentales: Organon, Del alma, Metafísica, Política, 11, 38, 58, 68, 72, 90, 93, 96, 100, 105, 119, 177, 184, 187, 188, 203, 205, 253, 259, 280, 306.

Diccionario marxista de filosofía · 1971:324



Aristóteles (384-322 a. n. e.)

Filósofo antiguo griego, enciclopedista, fundador de la ciencia de la lógica y de una serie de ramas del conocimiento especial. Marx lo llamó el pensador más grande de la Antigüedad. Nació en Estagira (Tracia) y estudió en Atenas, en la escuela de Platón. Sometió a crítica la teoría platónica de las formas incorpóreas (“ideas”), pero no pudo superar completamente el idealismo platónico, oscilando entre el idealismo y el materialismo. En 335 fundó en Atenas su propia escuela (Liceo). En filosofía, Aristóteles distinguía: 1) la parte teórica: doctrina del ser, sus partes, causas y principios; 2) la parte práctica: sobre la actividad humana y 3) la parte poética: sobre la creatividad. Reconocía cuatro causas: 1) la materia, o la posibilidad pasiva del devenir; 2) la forma (esencia del ser), realidad de lo que está dado en la materia sólo como posibilidad; 3) el comienzo del movimiento y 4) la finalidad. Concibe toda la naturaleza como transiciones consecuentes de la “materia” a la “forma” y viceversa. Ahora bien, Aristóteles no veía en la materia sino un principio pasivo, atribuyendo toda la actividad a la forma, a la que reducía el comienzo del movimiento y la finalidad. Según Aristóteles, la fuente final de todo movimiento es Dios (“primer motor inmóvil”). No obstante, la doctrina idealista objetiva de Aristóteles sobre la “forma” es en muchos aspectos más objetiva que el idealismo de Platón y llega muy de cerca al materialismo. La lógica formal de Aristóteles está estrechamente vinculada con la doctrina del ser, con la teoría de la verdad, pues Aristóteles veía en las formas lógicas las formas del ser. En la doctrina del conocimiento, diferenciaba el conocimiento verídico (apodíctico) del probable, relativo a la esfera de la “opinión” (dialéctica). Sin embargo, estos dos tipos de conocimiento están estrechamente interconectados a través del idioma. Según Aristóteles, la experiencia no es la última instancia en la comprobación de la “opinión”, y las premisas superiores de la ciencia se advierten directamente como auténticas por el intelecto, y no por los sentidos. Sin embargo, los axiomas superiores del saber, concebidos especulativamente, no están dados a nuestro intelecto desde el nacimiento y presuponen la actividad: recogida de hechos, orientación del pensamiento a los hechos, &c. Según Aristóteles, el fin último de la ciencia consiste en determinar el objeto, y la condición para ello es la unión de la deducción y la inducción. En cosmología, Aristóteles rechazó la doctrina de los pitagóricos y elaboró un sistema geocéntrico que conservó su dominio sobre las mentes hasta la aparición del heliocentrismo, cuyo autor fue Copérnico. En ética, Aristóteles reconocía la actividad contemplativa de la razón como actividad superior. En ello se dejó sentir la separación –característica para la Grecia esclavista– entre el trabajo manual de los esclavos y el ocio mental, que era privilegio de los libres. El modelo moral para Aristóteles es Dios, o el filósofo más perfecto, “el pensamiento que se piensa a sí mismo”. En la doctrina de la sociedad, Aristóteles trató de demostrar que las relaciones del esclavismo estaban arraigadas en la naturaleza misma. Consideraba que las formas supremas del poder del Estado eran aquellas que excluían la posibilidad de la utilización egoísta del poder y lo ponían al servicio de toda la sociedad. Las vacilaciones de Aristóteles en filosofía determinaron la dualidad de su influencia ulterior: las tendencias materialistas de su doctrina desempeñaron un importante papel en el desarrollo de las ideas progresistas en la filosofía de la sociedad feudal, mientras que los elementos idealistas fueron hiperbolizados por los eclesiásticos medievales que convirtieron la doctrina de Aristóteles en “escolástica muerta”. Lenin, que estudió la “Metafísica” (trabajo fundamental de Aristóteles), valoró altamente en su doctrina “los gérmenes vivos y las demandas de la dialéctica” y la fe ingenua “en el poder de la razón, en la fuerza, el poderío y la veracidad objetiva del conocimiento”.

Diccionario de filosofía · 1984:24-25




Aristóteles en nombre de la rosa.




El Segundo Libro de la Poética y el Secreto del Monasterio

En la famosa novela El nombre de la rosa (1980) de Umberto Eco, la figura de Aristóteles y específicamente su perdida Poética sobre la comedia (el segundo libro de la Poética) es el eje central de toda la trama criminal y filosófica que investiga Fray Guillermo de Baskerville.

1. El Enigma del Segundo Libro

En la obra, se narra que Aristóteles escribió un segundo libro de la Poética dedicado enteramente a la comedia, la risa y la burla, temas que el filósofo griego consideraba dignos de estudio filosófico y catártico, al igual que había hecho con la tragedia en el primer libro que sí ha sobrevivido hasta nuestros días.
La postura de Aristóteles en la novela: Para el Estagirita, la risa es un instrumento poderoso para desmitificar el miedo, sacudir las falsas certezas y desarmar el poder dogmático a través de la ironía y el ridículo.

2. El Conflicto Teológico y el Asesino

El nudo de la novela gira en torno al temor de que este libro vea la luz:

Jorge de Burgos, el anciano monje ciego que custodia celosamente la biblioteca del monasterio (un personaje inspirado en el escritor Jorge Luis Borges), considera que la risa es una obra del Diablo.
El argumento de Jorge: Si se permite que la gente (y especialmente los religiosos) descubra que se puede ridiculizar la autoridad, burlarse de los dogmas sagrados y ver el miedo desde la comicidad, el orden eclesiástico y el monopolio de la verdad absoluta se vendrían abajo.
Para evitar que las enseñanzas de Aristóteles sobre la comedia se propaguen, Jorge envenena las páginas del manuscrito con arsénico. Los monjes que intentan leerlo mueren al humedecerse los dedos para pasar las hojas.

3. El Triunfo de la Risa

Frente a la visión rígida y tenebrosa de Jorge de Burgos, la postura de Guillermo de Baskerville (heredera del espíritu crítico y humanista de Aristóteles) defiende que la risa es la cura contra el fanatismo.

"El gnomon de la risa libera al hombre del miedo al diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo aparece como un pobre infeliz, cómico y por lo tanto dominable."

El libro culmina con el incendio accidental de la gran biblioteca, destruyendo para siempre el ejemplar prohibido del tratado de Aristóteles sobre la comedia, convirtiéndolo en un mito literario dentro de la misma ficción.

Existió este libro o es fantasía o mito.

El tratado perdido de Aristóteles sobre la comedia es una obra de ficción literaria dentro de la novela de Umberto Eco, pero se basa en un hecho histórico real: Aristóteles sí escribió sobre la risa y la comedia, y ese libro realmente se perdió.
A continuación se detalla cómo se mezclan la historia y la fantasía en torno a este famoso manuscrito:

1. Lo que es real (La historia)

La existencia del tratado: La mayoría de los historiadores y filólogos coinciden en que Aristóteles escribió una segunda parte de su Poética centrada en la comedia, la sátira y el papel catártico de la risa.
La mención oficial: En el primer libro de la Poética (que sí sobrevivió), el propio Aristóteles promete abordar la comedia más adelante. Además, en los antiguos catálogos de obras griegas (como el de Ptolomeo el Heiberg o el de Diógenes Laercio) se registra la existencia de este segundo libro dedicado a la poesía y comedia yámbica.
La pérdida: Al igual que miles de textos de la antigüedad clásica, el libro se perdió durante la Edad Media, probablemente debido a la destrucción de bibliotecas, la falta de copistas interesados en la comedia (considerada menor en comparación con la tragedia) o la censura. Nunca existió un manuscrito medieval envenenado ni un monje ciego que lo escondiera en un laberinto; esa es la genialidad literaria de Eco.

2. Lo que es ficción (El mito de Eco)

El contenido exacto y el debate sobre el miedo: Lo que dice la novela sobre lo que contenía el libro —la idea de que la risa es el arma definitiva contra el miedo al poder y al diablo— es una interpretación filosófica moderna que Umberto Eco (que era semiólogo y profesor de filosofía medieval) puso en boca de sus personajes, inspirándose vagamente en algunas ideas dispersas sobre el humor que se recogen en su Ética nicomaquea o la Retórica.
El complot criminal: Todo el misterio de los asesinatos por páginas envenenadas con arsénico en una abadía benedictina del siglo XIV es pura creación narrativa.

¿Intentó alguien encontrarlo alguna vez?

Aunque no de la forma novelesca que describe Eco, el misterio de este libro perdido ha obsesionado a los clásicos durante siglos. De hecho, inspiró al propio Umberto Eco y a otros escritores. Un ejemplo famoso es la novela corta El club de los inmortales (o El manuscrito de Arras) o las investigaciones filológicas modernas que han intentado reconstruir qué pudo decir Aristóteles sobre el humor (un famoso intento contemporáneo de especulación académica es el ensayo del filólogo Richard Janko, Aristotle on Comedy).

(Nota al margen: El guionista de la adaptación cinematográfica de 1986, Andrew Birkin, y el director Jean-Jacques Annaud tuvieron que idear un contenido falso para los fragmentos que se leían en la película, ya que el libro real jamás existió).

Los diálogos de debate filosófico donde los personajes explican el peligroso contenido que albergaban sus páginas del libro.

En El nombre de la rosa, el enfrentamiento dialéctico entre Fray Guillermo de Baskerville y el anciano Jorge de Burgos es el punto culminante de la novela. Es un debate filosófico y teológico sobre el poder, el miedo, el orden del mundo y la naturaleza de la risa.
A continuación se recrean los pasajes esenciales de ese diálogo, donde se revela el contenido prohibido del segundo libro de la Poética de Aristóteles y el motivo por el cual Jorge estaba dispuesto a desatar el infierno para mantenerlo oculto.

El debate sobre el peligro de la risa

Jorge de Burgos:
«Tú crees que estás defendiendo la razón, Guillermo, pero estás abriendo las puertas al caos. Ese libro... las palabras del Filósofo escritas en esas páginas... destruyen el fundamento mismo de la verdad divina.»
Guillermo de Baskerville:
«¿Qué temes tanto, Jorge? ¿Temes la palabra de uno de los más grandes pensadores de la antigüedad? En su primer libro, Aristóteles enseñó a la humanidad a entender la tragedia, a purificar las pasiones a través de la piedad y el terror. ¿Por qué niegas que la comedia tenga el mismo poder redentor?»
Jorge de Burgos:
«Porque la comedia es el arte de los tontos y el arma del demonio. En la tragedia, el hombre cae porque desafía el orden cósmico, y su caída inspira temor y respeto. Pero la comedia... la comedia presenta a los hombres grandes y justos como bajos, ridículos y deformes. Enseña a no temer ya al diablo ni a la autoridad terrenal, porque el miedo es la fuente de la sabiduría, y el respeto a Dios nace del temblor.»
Guillermo de Baskerville:
«¿Y es ese el peligro? ¿Que los hombres pierdan el miedo?»
Jorge de Burgos:
«Exacto. Si un día alguien llegara a convencer a las multitudes de que la risa es la medicina contra el miedo, de que se puede mirar a los poderosos, a los obispos y a las mismas sagradas escrituras con ironía y burla, el orden del mundo se vendría abajo. Si la gente ríe, ya nadie obedecerá. La risa despoja al poder de su manto de sacralidad. Hace que el diablo parezca un bufón patético y que el infierno cause gracia en lugar de pavor.»

El argumento del Filósofo sobre la catarsis de la risa
Guillermo de Baskerville:
«El Filósofo sostenía en esas páginas que la risa es propia del hombre, un don que nos permite examinar la verdad a través de la máscara de la falsedad. Así como la tragedia nos libera del terror mediante el dolor, la comedia nos libera del miedo a lo desconocido mediante el ingenio.»
Jorge de Burgos:

«¡Mentiras de un pagano! Dios no sonrió nunca. Cristo nunca rió. La risa sacude el cuerpo, deforma las facciones del rostro y hace que el hombre parezca un animal irracional. Es la señal del espíritu que no sabe contenerse. Permitir que el mundo crea que la verdad puede ser puesta en duda entre carcajadas es destruir la Iglesia y entregar las almas a la soberbia de la razón humana.»

Guillermo de Baskerville:

«Tal vez lo que realmente temes, Jorge, no es que el mundo se entregue al diablo, sino que descubra que el poder terrenal, y el poder de la Iglesia que tú defiendes, se sustentan únicamente sobre el miedo. Y cuando los hombres pierden el miedo, los tiranos ya no mandan.»

 Según los historiadores existió este libro o es mito.

Según el consenso de los historiadores y filólogos clásicos, el tratado de Aristóteles sobre la comedia sí existió como documento histórico, pero el contenido exacto que describe la novela es un mito creado por Umberto Eco.

Para la comunidad académica, la situación se divide en dos realidades muy claras:

1. La existencia real del libro (Lo que confirman los historiadores)

El testimonio de los antiguos catálogos: Los expertos en filosofía griega saben que Aristóteles escribió un segundo libro de la Poética porque aparece registrado en los catálogos bibliográficos de la antigüedad grecorromana (como el catálogo de Hesiquio de Alejandría y el de Ptolomeo el Heiberg), que listaban las obras conservadas en la célebre Biblioteca de Alejandría.

La propia promesa de Aristóteles: En el primer libro de la Poética (el único que sobrevivió), el propio autor deja por escrito que tratará más adelante sobre la comedia, el yambo y la poesía jocosa.

¿Por qué se perdió?: Durante la Edad Media y la transición a la modernidad, miles de rollos y códices se perdieron debido a incendios, guerras, descomposición del material o simplemente porque los copistas cristianos de los monasterios tenían muy poco interés en reproducir textos sobre la risa pagana, priorizando la filosofía moral, la lógica y la teología.

2. El contenido y el peligro (Lo que es un mito literario)

Invento filosófico de Eco: Todo lo que la novela plantea sobre de qué trataba exactamente ese libro —la tesis de que la risa es un arma política y revolucionaria para destruir el miedo al poder y al infierno— no está respaldado por ningún texto histórico. Es una genialidad intelectual del propio Umberto Eco (quien era profesor de semiótica).

La visión sobre la risa en Grecia: Los historiadores señalan que la concepción de la risa como un acto de "subversión contra el dogma" pertenece más a la filosofía moderna y al siglo XX que a la Grecia clásica del siglo IV a.C. Para los antiguos griegos, la comedia cumplía una función social de catarsis y purificación (tal como describe el primer libro para la tragedia), pero no pretendía derrocar imperios ni socavar órdenes cósmicos.

En resumen: El libro existió en los estantes de la antigüedad, pero su contenido real se perdió para siempre. Lo que dice la novela sobre su peligro teológico es una brillante ficción literaria.

Que libros se menciona en novela de Nombre de la rosa.

El libro central y más importante mencionado en El nombre de la rosa es el segundo libro de la Poética de Aristóteles, una obra perdida dedicada a la comedia y la risa que el monje Jorge de Burgos oculta y envenena para evitar su difusión.

Dado que la trama transcurre en la inmensa biblioteca de una abadía medieval, se citan y consultan numerosos textos religiosos, teológicos, filosóficos y científicos reales. Los más destacados son:

Obras científicas y filosóficas

Obras de Aristóteles: Además de la ya mencionada Poética, los monjes discuten ampliamente sus textos de lógica y física.

Libros de Al-Juarismi: Es el único científico del que se mencionan explícitamente dos tratados matemáticos dentro de la biblioteca.

Tratados de Óptica de Alhacén y Roger Bacon: Libros fundamentales que Guillermo de Baskerville evoca para fabricar y explicar el uso de sus lentes de lectura (gafas).

De oculis de Ibn Isa Al-Kahhal: Un célebre tratado árabe sobre oftalmología descubierto por los protagonistas al inspeccionar los estantes.

De medicamentis de Quintus Serenus: Texto de medicina antigua que leen en sus incursiones nocturnas.

Textos religiosos y teológicos

La Biblia: Es el libro más citado, especialmente el Apocalipsis de San Juan, que sirve como el macabro patrón que los monjes creen que siguen los asesinatos.

De contemptu mundi de Bernardo de Cluny: Poema satírico medieval del cual Umberto Eco extrae la célebre última línea de la novela ("Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus").

Tratados sobre la pobreza: Escritos teológicos reales de la disputa entre los franciscanos espirituales (como Ubertino da Casale) y las bulas del Papa Juan XXII.

Si deseas profundizar en alguno de estos ámbitos, te puedo detallar cómo influye el Apocalipsis en las muertes o qué debates teológicos reales recreó Umberto Eco en la historia.




Ubertino de Casale



Líder de los Espirituales, nacido en Casale de Vercelli, en 1259; murió alrededor de 1330. Tomó el hábito franciscano en un convento de la provincia de Génova en 1273, y fue enviado a París a continuar sus estudios, permaneciendo allí durante nueve años, luego de los cuales regresó a Italia. En 1285 visitó los santuarios de Roma, y después siguió para Greccio, cerca de Rieti, para ver al Beato Juan de Parma, que era considerado como el patriarca de los Frailes Espirituales.

Después se estableció en Toscana y en 1287, en Florencia, fue compañero y discípulo del Hermano Pierre-Jean Olivi. Fue lector en Santa Croce, Florencia, pero dejó el cargo luego de algunos años para dedicarse a predicar, especialmente en Florencia. Hombre de genio, pero de carácter excéntrico y revoltoso, pronto se convirtió en líder de los famosos Espirituales de Toscana, profesó extrañas ideas relativas a la pobreza evangélica y franciscana, y atacó al gobierno de la orden, aunque algunas de estas ideas habían sido reprobadas por Olivi en su carta de Setiembre de 1295, al Beato Conrado da Offida, un [zelote] moderado de la pobreza franciscana. 

Los Espirituales de Toscana eran tan fanáticos como para reprobar públicamente a Gregorio IX y Nicolás III, y hasta condenarlos como herejes, por haber interpretado la Regla de San Francisco con relación a la pobreza de acuerdo con la justicia y la moderación; también condenaban a Inocente III, porque se oponía fuertemente a las enseñanzas de Joaquín de Flora, que ellos consideraban oráculo del Espíritu Santo, y cuyas teorías eran la causa de la discordia dentro de la Orden Franciscana en la primera mitad del siglo XIV. 

Con motivo de su crítica excesiva y satírica, Ubertino fue convocado por Benito XI; se le prohibió predicar en Perugia, y fue apartado al Convento de La Verna, donde en 1305 concibió y escribió, en sólo tres meses y siete días (si podemos creerle en este punto), su obra mayor, "Arbor vitae crucifixae Jesu Christi". Esta obra es una colección de teorías alegóricas, teológicas y políticas relativas a la sociedad civil y a la Iglesia de aquellos días, en la que expone también su ideal para el futuro cercano. En esta obra critica todo y a todos, a los papas y a la Iglesia, especialmente por presuntos abusos de riqueza en el estado eclesiástico y en el civil, y finalmente a la Orden Franciscana por no practicar la más extrema pobreza. 

En la misma obra (libro I, capítulo IV), se menciona por primera vez la leyenda de la resurrección de San Francisco, que afirma haber escuchado del Beato Conrado da Offida, y éste del Beato Hermano León, que Cristo había elevado a San Francisco en un cuerpo glorioso para consolar a sus pobres frailes, que, de acuerdo con Ubertino, eran evidentemente sólo los Espirituales. A pesar de sus utópicas teorías, Ubertino tenía muchos protectores y admiradores, y en 1307, después de haber escrito el "Arbor vitae", fue elegido capellán y [cercano] del Cardenal Napoleone Orsini, sobrino de Nicolás III, que había sido nombrado por Celestino V protector de los Espirituales de la [marca] de Ancona, pero su protectorado había terminado pronto, con la elección de Bonifacio VIII en Diciembre de 1294. 

Orsini, que durante los años 1306-08 había sido legado pontificio en Italia central, envió a Ubertino el 10 de setiembre de 1307, para absolver a los habitantes de Siena, que habían incurrido en censura eclesiástica. Cuando Orsini se trasladó a Alemania en 1308, Ubertino no lo acompañó, habiendo sido llamado entonces a Francia. En los años 1309-12, que fueron testigos de la mayor batalla dentro de la Orden Franciscana, Ubertino fue convocado a Avignon con otros jefes de los Espirituales para discutir ante el Papa las cuestiones en debate entre las dos partes de la orden.

Se discutieron cuatro puntos:
  • las relaciones de la orden con la secta de los llamados Seguidores del Espíritu Libre,
  • la condena y la doctrina de Olivi,
  • la pobreza y la disciplina en la Orden de los Frailes Menores, y
  • las supuestas persecuciones de los Espirituales de la orden.
Durante las discusiones Ubertino se comportó de forma atropellada e insolente contra todo el cuerpo de la orden, acusándolos de muchas cosas falsas e injustas; no obstante fue forzado a reconocer que la disciplina regular existía sustancialmente dentro de la orden, pero en lo relativo a la pobreza atacó abiertamente las declaraciones pontificias como contrarias a la regla y como causa de la ruina de la orden. 

Él pretendía que los Frailes Menores fueran obligados a observar literalmente la Regla y el Testamento de San Francisco, incluso todos los consejos evangélicos enseñados por Cristo. Y como no era posible lograr todo esto para la mayoría de la orden, exigía que se erigieran conventos y provincias para el partido reformado. 

Esto fue absolutamente denegado, mientras por otro lado el tema de la observancia práctica de la pobreza fue resuelto por la famosa Bula, "Exivi de paradiso", el 6 de mayo de 1312, provocada en parte por los polémicos escritos de Ubertino.

A continuación Ubertino se retiró a Aviñón, en 1313, y permaneció con el Cardenal Giacomo Colonna hasta que obtuvo permiso de Juan XXII (el 1º de octubre de 1317) para dejar la orden y entrar en la Abadía Benedictina de Gembloux, en la Diócesis de Lieja. Algunos dudan que los Benedictinos recibieran en su congregación a una persona de carácter tan tumultuoso, pero estamos seguros de ello a través de Clareno y de un notario del Rey Jaime II de Aragón en el año 1318. 

A pesar de ello, Ubertino no desistió de mezclarse en la cuestión que agitaba a la Orden Franciscana hasta que fue excomulgado por Juan XXII. Cuando aún era un favorito de este Papa y [cercano] al Cardenal Orsini, fue invitado por el soberano pontífice a dar su opinión relativa a la otra famosa cuestión debatida entre los Dominicanos y los Franciscanos, esto es, relativa a la pobreza de Jesucristo y la de los Apóstoles.

 Esta última cuestión, mucho más que la relativa a los Espirituales fue la causa del desastroso cisma de la orden encabezado por Miguel de Cesena, general de la Orden, y secundado por el rebelde Luis IV de Baviera. Ubertino estaba en Avignon en 1322; a solicitud del Papa escribió su respuesta sobre el tema en controversia en ese momento, afirmando que Cristo y los Apóstoles deben ser considerados en una doble condición: como personas privadas habían repudiado toda propiedad, pero como ministros de religión hicieron uso de bienes y dinero para cubrir necesidades y limosnas.

 A Juan XXII le satisfizo la respuesta, pero Ubertino regresó al servicio del Cardenal Orsini, y continuó escribiendo para comprometerse con la cuestión, que mientras tanto había sido resuelta, 1322-23. Sea como fuere, es cierto que en 1325 fue acusado de herejía, especialmente por haber sostenido obstinadamente algunos errores de Olivi.

Ubertino, previendo la condena que pendía sobre él, huyó de Avignon, y el Papa en una carta de fecha 16 de setiembre de 1325, le ordenó al general de los Franciscanos que lo arrestara como hereje; pero Ubertino probablemente se trasladó a Alemania bajo la protección de Luis el Bávaro, quien se dice que lo acompañó camino a Roma en 1328.

Desde esta época Ubertino desapareció de la historia, de modo que no se conoce nada más sobre él. Algunos suponen que dejó a los Benedictinos en 1332 para ingresar en la Cartuja, pero no es cierto. Los Fraticelli del siglo XV, que lo veneraban como a un santo, difundieron la noticia de que había sido asesinado. El final de este famoso líder de los Espirituales, recordado aun por Dante en el canto 12 del "Paraíso", probablemente seguirá siendo un punto oscuro de la historia.

Además del "Arbor vitae", su obra principal, impresa sólo una vez en Venecia en 1485, y de la cual se conocen apenas trece manuscritos en las principales bibliotecas de Europa, Ubertino escribió también otras obras de carácter polémico:
  • el "Responsio" a las cuestiones de Clemente V (1310);
  • el "Rotulus" (1311);
  • la "Declaratio" contra la Orden Franciscana (1311);
  • la apología de Olivi "Sanctitati Apostolicae", y
  • el tratado "Super tribus sceleribus" sobre la pobreza, compilado también en 1311.
HIERON. GOLUBOVICH

Transcrito por Carol Kerstner
Traducido por Amparo Cabal





El Arbor vitae crucifixae Jesu Christi (El árbol de la vida crucificada de Jesús) es la obra principal del religioso franciscano Ubertino da Casale, terminada en 1305. El tratado, escrito en latín, constituye una síntesis de teología cristocéntrica, reflexión mística y escatología apocalíptica.
El texto se considera el manifiesto doctrinal de la corriente de los Franciscanos espirituales. La obra destaca por su defensa de la pobreza evangélica y por el análisis crítico hacia la jerarquía eclesiástica de la época.

Dante Alighieri utilizó la obra como fuente para diversas imágenes y conceptos teológicos presentes en la Divina comedia. En el Canto XII del Paraíso, el poeta cita a Ubertino, aunque critica su excesivo rigor en la interpretación de la Regla franciscana.
 Durante el siglo XV, Bernardino de Siena recurrió al texto para sus sermones, de donde derivó su devoción al Nombre de Jesús. La obra influyó también en la espiritualidad del norte de Europa a través de la Devotio moderna y en los círculos cartujos entre los siglos XIV y XVI.
 En la época contemporánea, la figura de Ubertino y su obra principal fueron recuperadas por Umberto Eco como elementos de la novela El nombre de la rosa.

Historia

Ubertino redactó el tratado durante su retiro en el eremitorio de La Verna, entre el 9 de marzo y el 28 de septiembre de 1305. El autor había sido apartado de la predicación por el papa Benedicto XI debido a sus posturas polémicas. La redacción del texto fue impulsada por algunos de sus hermanos de orden, entre ellos Juan de Fermo.
 La tradición manuscrita de la obra consta de unos 39 testimonios íntegros y numerosos fragmentos. La única edición impresa del siglo XV fue publicada en Venecia el 12 de marzo de 1485 por el tipógrafo Andrea de Bonetis.

Estructura

La obra se organiza en cinco libros que siguen la alegoría del árbol de la vida. Bajo este esquema simbólico, las raíces representan el designio divino de la Encarnación, el tronco la vida de Jesús, las ramas sus obras y los frutos las acciones de los elegidos.

Los cinco libros se dividen de la siguiente manera:

  • Libro I (Iesus plene dotatus): examina los prolegómenos de la Encarnación y el episodio de la Anunciación.
  • Libro II (Iesus natus): se centra en el nacimiento de Jesús y el vínculo entre la Natividad y la pobreza.
  • Libro III (Iesus magister): describe la vida pública y el magisterio de Cristo.
  • Libro IV (Iesus crucifixus): aborda la Pasión y la muerte en la cruz como la máxima expresión de pobreza absoluta.
  • Libro V (Iesus resurgens et gloriosus): ofrece una visión profética y escatológica de la historia de la Iglesia.

Contenido

El núcleo de la obra reside en la doctrina del usus pauper, que defiende el uso restringido y pobre de los bienes materiales. Ubertino da Casale sostiene que Cristo y los Apóstoles renunciaron a cualquier forma de propiedad civil (dominium), señalando esta renuncia como el modelo a seguir por los Franciscanos.
La perspectiva escatológica adopta el esquema de los siete estados de la Iglesia de derivación joaquinita. Francisco de Asís es identificado con el ángel del sexto sello del Apocalipsis. El quinto libro incluye críticas a los pontífices Celestino V y Benedicto XI, presentados como figuras apocalípticas negativas. El autor profetiza finalmente la aparición de un «Papa Angélico» encargado de restaurar la pureza de la Iglesia.


domingo, 2 de julio de 2017

97).-Aristóteles I


Aristóteles I






Su Vida

El más grande de los filósofos paganos, nació en Estagira, una colonia griega en la península tracia Calcídica, en el 384 a.C. Murió en Calcis, en Eubea, en el 322 a.C.

Biografía 

Su padre, Nicómaco, era médico de la corte del rey Amintas de Macedonia. Existen razones para creer que este puesto fue desempeñado por los antepasados de Aristóteles bajo el reinado de varios predecesores de Amintas, de modo que la profesión de médico era, en cierto sentido, hereditaria en la familia. Cualquiera que fuese la formación que Aristóteles recibió en un principio, probablemente estuvo influida por esta circunstancia. Así, cuando marchó a Atenas a la edad de dieciocho años, su mente estaba ya orientada en la dirección que tomaría posteriormente, la investigación de los fenómenos de la naturaleza.
Permaneció en Atenas como discípulo de Platón desde los dieciocho hasta los treinta y siete años, y se dice que destacaba entre los que acudían a instruirse a la arboleda de Academo, contigua a la casa de Platón. Las relaciones entre el famoso profesor y su ilustre discípulo han dado pie a varias leyendas, muchas de las cuales presentan a Aristóteles de forma no muy favorable. No cabe duda de que existieron diferencias de opinión entre el maestro, que tomó partido por los principios sublimes e idealistas, y el alumno, que, incluso en aquel entonces, mostraba ya una predilección por la investigación de los hechos y leyes del mundo físico. 
Es probable que Platón afirmara que Aristóteles necesitaba unas riendas más que una espuela, pero no hay razón para creer que ello abriera una brecha en su amistad. De hecho, el comportamiento de Aristóteles tras la muerte de Platón, su continuada asociación con Xenócrates y otros platónicos y sus alusiones en sus escritos a las doctrinas de Platón prueban que, aunque hubo discrepancias de opinión entre maestro y discípulo, no faltaba una estima cordial o ese mutuo dominio de si mismos que podría esperarse de hombres de carácter noble. 
Además de todo esto, en la medida en que presentan a Aristóteles bajo un prisma desfavorable, se puede rastrear el origen de las leyendas hasta los epicúreos, que desde antiguo fueron conocidos como profesionales de la calumnia, y si escritores patrísticos como Justino Mártir y Gregorio Nacianceno proporcionaron amplia circulación a tales leyendas, debe buscarse la razón no en una tradición histórica bien fundamentada, sino en la desproporcionada estima en que los herejes de las primeras épocas del cristianismo tenían a Aristóteles.

Después de la muerte de Platón (347 a.C.) Aristóteles marchó, en compañía de Xenócrates, a la corte de Hermias, gobernador de Atarneus en Asia Menor, y allí se casó con la sobrina e hija adoptiva de éste, Pythias. En el 344, dado que Hermias había sido asesinado por sus súbditos en una rebelión, Aristóteles marchó con su familia a Mitilene, y desde allí, uno o dos años más tarde, fue llamado a su Estagira natal por el rey Filipo de Macedonia, para que se convirtiera en el tutor de Alejandro, que por entonces contaba trece años. 
Tanto si creemos o no a Plutarco, cuando afirma que Aristóteles no sólo impartió al futuro conquistador del mundo conocimientos de ética y política, sino que también le inició en los más profundos secretos de la filosofía, tenemos pruebas tangibles de que, por una parte, el discípulo real se benefició del trato con el filósofo, y por otra, de que el maestro hizo un uso prudente y provechoso de su influencia sobre la mente del joven príncipe. Gracias a dicha influencia, Alejandro puso a disposición de su maestro amplios medios para la adquisición de libros y la prosecución de su investigación científica, y la historia no se equivoca cuando atribuye a este trato con Aristóteles aquellos dones singulares de la mente y el corazón que distinguieron a Alejandro, casi hasta el fin, entre los pocos que han sabido cómo utilizar las victorias de manera inteligente y moderada.
 Alrededor del año 335 Alejandro emprendió la campaña de Asia; en consecuencia, Aristóteles, que había desempeñado el puesto de consejero más o menos informal desde que su alumno accediera al trono, regresó a Atenas e inició allí una escuela de filosofía. Es posible que, como afirma Gelio, él hubiera dirigido una escuela de retórica durante su estancia anterior en la ciudad; pero ahora, siguiendo el ejemplo de Platón, se dedicó a impartir una enseñanza sistemática de la filosofía y eligió para este propósito un gimnasio dedicado a Apolo Licio, por lo que su escuela llegó a ser conocida con el nombre de Liceo. También se la denominó Escuela Peripatética, debido a la costumbre del maestro de discutir los problemas filosóficos con sus alumnos mientras paseaba (peripateo) por los caminos sombreados (peripatoi) alrededor del gimnasio.

Aristóteles escribió la mayoría de sus obras a lo largo de los trece años (335-322) que permaneció como profesor en el Liceo. A imitación del ejemplo de su maestro, puso en las manos de sus alumnos "Diálogos" en los que las enseñanzas eran expuestas en un lenguaje un tanto popular. Asimismo, compuso numerosos tratados (que se mencionarán más adelante) sobre física, metafísica y demás, en las que la exposición es más didáctica y el lenguaje más técnico que en los "Diálogos". Estas obras dan cuenta del buen uso que dio a los medios que Alejandro puso a su disposición. En particular, muestran cómo consiguió reunir las obras de los filósofos griegos que le precedieron, y cómo no reparó en esfuerzos ni gastos a la hora de proseguir sus investigaciones en el campo de los fenómenos naturales, bien personalmente bien a través de otros. 
Al leer sus tratados de zoología es fácil dar crédito a la afirmación de Plinio cuando dijo que Alejandro puso bajo las órdenes de Aristóteles a todos los cazadores y pescadores del reino, y a todos los guardas de los bosques reales, lagos, estanques y todo tipo de ganado; y cuando se aprecia cuán exhaustivamente conoce Aristóteles las doctrinas de los que le precedieron, es posible aceptar la afirmación de Estrabón de que fue el primero en reunir una gran biblioteca. Durante los últimos años de la vida de Aristóteles las relaciones entre éste y su antiguo alumno real se enrarecieron considerablemente, debido a la caída en desgracia y consiguiente castigo de Calistenes, a quien él había recomendado ante el rey. Sin embargo, en Atenas él continuó siendo considerado un amigo de Alejandro y un representante del dominio macedonio. Por consiguiente, cuando llegaron las noticias de la muerte de Alejandro a Atenas y se produjo la declaración que llevó a la guerra lamia, Aristóteles sufrió forzosamente la hostilidad general hacia los macedonios. 
La acusación de impiedad, que se había esgrimido contra Anaxágoras y Sócrates, fue ahora, con menor razón aún, lanzada contra él. Abandonó la ciudad mientras afirmaba (según muchas autoridades de la antigüedad) que no permitiría que los atenienses pecaran por tercera vez contra la filosofía. Estableció su residencia en su patria, en Calcis, Eubea, y allí murió al año siguiente, en el 322 a.C. Su muerte se debió a una enfermedad que le había aquejado desde hacía largo tiempo. 
La versión de que su fallecimiento fue ocasionado por un envenenamiento con cicuta, y la leyenda en la que se arrojó al mar "porque no podía explicar las mareas" carecen de todo fundamento histórico.

Se conoce muy poco sobre el aspecto personal de Aristóteles, excepto aquello procedente de fuentes manifiestamente hostiles. Sin embargo, no hay razón para dudar de la exactitud de las estatuas y bustos que han llegado hasta nuestros días, cuyo origen se remonta posiblemente a los primeros años de la Escuela Peripatética, que representan su rostro con rasgos angulosos y penetrantes, y algo por debajo de la estatura media. 
Su carácter, revelado en sus obras, su testamento (que es, sin ninguna duda, genuino), fragmentos de sus cartas y las alusiones de aquellos contemporáneos sin prejuicios, muestran un hombre magnánimo y de gran corazón, amante de su familia y de sus amigos, amable con sus esclavos, justo con sus enemigos y rivales, agradecido hacia sus benefactores - en una palabra, la personificación de aquellas ideas morales que él bosquejó en sus tratados de ética y que son reconocidas como muy por encima del concepto de excelencia moral vigente en sus días y entre sus contemporáneos. 
Cuando cesó el dominio del Platonismo sobre la esfera de la reflexión cristiana y las obras del estagirita comenzaron a ser estudiadas sin miedos ni prejuicios, la personalidad de Aristóteles se mostró a los escritores cristianos del siglo XIII como lo había sido a los escritores paganos imparciales de su propia época, sosegado, majestuoso, sin dejarse dominar por las pasiones y libre de defectos morales graves, "el maestro de los que saben".

Filosofía.

Aristóteles define la filosofía utilizando el término del ente, afirmando que la filosofía es " la ciencia que considera universalmente el ente en cuanto tal". 

Platón la había definido como "la ciencia de la idea", y tomaba por idea lo que ahora denominaríamos los fundamentos irreductibles de los fenómenos. Tanto el discípulo como su maestro consideran que el campo de la filosofía abarca todo el universo; sin embargo, el primero encuentra lo universal en las cosas concretas, y lo llama el ente de las cosas, mientras que el segundo considera que lo universal existe fuera de las cosas concretas, y que se relaciona con ellas a modo de prototipo o modelo. 
Para Aristóteles, por tanto, el método filosófico implica ascender del estudio de los fenómenos particulares hasta el conocimiento de los entes, en tanto que para Platón el método filosófico implica descender del conocimiento de las ideas universales a la contemplación de las imitaciones particulares de esas ideas. En cierto modo, el método de Aristóteles es a la vez inductivo y deductivo, mientras que el de Platón es básicamente deductivo. Dicho de otro modo, la tendencia de Platón a idealizar el mundo de la realidad a la luz de la intuición de un mundo superior es sustituida en Aristóteles por una tendencia científica a examinar primero los fenómenos del mundo real que nos rodea y de ahí razonar hasta alcanzar un conocimiento de los entes y de las leyes que la intuición no puede revelar pero cuya existencia puede demostrar la ciencia. 
De hecho, la noción de filosofía de Aristóteles corresponde, en líneas generales, a lo que más tarde se ha denominado ciencia, diferenciándola de la filosofía. En el más amplio sentido de la palabra, filosofía y ciencia, o razonamiento, son coextensivos:
“La ciencia (dianoia) puede ser práctica, poética o teórica". 
El considera ciencias prácticas la ética y la política; poéticas, el estudio de la poesía y otras artes, mientras que las ciencias teóricas son la física, las matemáticas y la metafísica. 
Esta última, que es la filosofía en sentido estricto, la define como "el conocimiento del ente inmaterial", y la denomina “filosofía primera", "la ciencia teológica" o "la del ente en su máximo grado de abstracción". 

Si la Lógica, o Analítica, como Aristóteles la denomina, es considerada como un estudio preliminar para la Filosofía, tenemos la siguiente división de la filosofía aristotélica: 
  • (1) Lógica; 
  • (2) Filosofía Teórica, que incluye la Metafísica, la Física y las Matemáticas; 
  • (3) Filosofía Práctica y 
  • (4) Filosofía Poética.

Lógica

Los tratados de lógica de Aristóteles conforman lo que posteriormente se denominó "Organon" y contienen el primer tratamiento sistemático de las leyes del pensamiento en relación con la adquisición de conocimiento. De hecho, constituyen el primer intento de reducir la lógica a una ciencia, y en consecuencia, confieren a su autor el derecho a ser considerado el fundador de la lógica. Son seis tratados y versan respectivamente sobre:
  • Clasificación de las nociones.
  • Juicios y proposiciones.
  • El silogismo.
  • Demostración.
  • El silogismo problemático.
  • Falacias.
  • Así, cubren prácticamente todo el campo de la lógica.
En el primer tratado, las "Categorías", Aristóteles da una clasificación de todos los conceptos, o nociones, según las clases en las que las cosas representadas por conceptos o nociones se dividen naturalmente. Estas clases son sustancia, cantidad, cualidad, relación, acción, pasión (que no debe entenderse meramente como una condición mental o psíquica), lugar, tiempo, posición, y estado. Hay que distinguirlas de los Predicamentos, que son género, especie (definición), diferencia, propiedad y accidente. Estos últimos son, sin duda, clases en las que las ideas se dividen, pero sólo en cuanto que una idea es predicada de la otra.
 Es decir, las Categorías son, en primer lugar, una clasificación de los modos de ser, y en segundo, de las nociones que expresan los modos de ser; los Predicamentos son, en primer lugar, una clasificación de los modos de predicar, y en segundo, de las nociones o ideas, según la diferente relación en la que una idea, como predicado, califica a otra como sujeto. En el tratado denominado "Primeros Analíticos", Aristóteles desarrolla las reglas del razonamiento silogístico, y establece los principios de la inducción. En el "Segundos Analíticos" emprende el estudio de la demostración y de los primeros principios indemostrables. Asimismo, trata el conocimiento en general, su origen, proceso y desarrollo hasta el estado de conocimiento científico. 
A partir de ciertos pasajes bien conocidos de este tratado y de sus otros escritos se puede bosquejar su teoría del conocimiento. Como se ha mencionado previamente, Aristóteles enfoca los problemas de la filosofía desde un punto de vista científico. El considera la experiencia como la verdadera fuente de todo nuestro conocimiento, tanto intelectual como material. "No hay nada en la mente que no estuviera primero en los sentidos", es un principio fundamental para él, como lo sería después para sus discípulos. Todo conocimiento comienza con la experiencia de una sensación, que tiene como objeto, naturalmente, al fenómeno concreto, particular y cambiante. Pero aunque el conocimiento intelectual empieza con la experiencia sensorial, no termina ahí, ya que tiene como fin la esencia inmutable, abstracta y universal.
Esta teoría del conocimiento puede ser, hasta aquí, resumida en los siguientes principios: el conocimiento intelectual depende básicamente del conocimiento sensorial, y el conocimiento intelectual es, sin embargo, superior al conocimiento sensorial.
 ¿Cómo asciende entonces la mente desde el conocimiento inferior al superior? 
¿Cómo puede el conocimiento de lo que perciben los sentidos (aistheton) conducir al conocimiento de lo inteligible (noeton)? 
La respuesta de Aristóteles es que la mente descubre lo inteligible en la experiencia sensorial. La mente no extrae, como Platón imaginara, el recuerdo de ciertas ideas de una existencia anterior a partir de lo que le recuerda la vista de ciertos fenómenos.

Él atribuye a los fenómenos una facultad específica de la mente, por la cual ésta hace inteligibles aquellos entes que son imperceptibles a los sentidos, por estar ocultos bajo cualidades no esenciales. El hecho es que la sustancia individual (sustancia primera) observada a traves de nuestros sentidos - este libro, esta mesa, esta casa - presenta determinadas cualidades individuales ( su tamaño particular, forma, color, etc.) que la distinguen de otras de su especie y que sólo son percibidas por los sentidos. Pero en la misma sustancia subyace a las cualidades individuales una naturaleza general (por la que es un libro, una mesa, una casa); ésta es la sustancia segunda, la Esencia, el Universal, el Inteligible. 
Así, la mente está dotada del poder de abstracción, generalización o inducción (Aristóteles no es muy explícito sobre la naturaleza precisa de esta facultad) mediante el cual descorre, de manera figurada, el velo de las características particularizantes y saca a la luz, o permite que se revele, el elemento universal o realmente inteligible de las cosas, que es el objeto del conocimiento intelectual. En esta teoría, el conocimiento intelectual se desarrolla a partir del conocimiento sensorial en la medida en que dicho proceso pueda llamarse desarrollo, por el cual lo que sólo era potencialmente inteligible se transforma de hecho en inteligible gracias a la actuación del intelecto activo.
 El Universal estaba in re antes de que la mente humana comenzara a trabajar, pero estaba ahí de forma únicamente potencial, ya que, debido a las cualidades individualizantes que lo envolvían, sólo era potencialmente inteligible. La teoría de los universales de Aristóteles consiste, por tanto, en que

El universal no existe separado del particular, como enseñaba Platón, sino que existe en las cosas particulares
El Universal como tal, en toda su inteligibilidad, es una obra de la mente, y existe sólo en la mente aunque tiene su fundamento en la esencia potencialmente universal que existe independientemente de la mente y fuera de ella.



Aristóteles II 

 
Filosofía Teórica
Metafísica

La metafísica o, más propiamente dicho, la filosofía primera, es la ciencia del ente en cuanto tal. Es decir, aunque todas las ciencias giran en torno al ser, las otras ciencias se ocupan sólo de parte de la realidad, mientras que esta ciencia contempla toda la realidad; las otras ciencias buscan las causas próximas y particulares, mientras que esta ciencia busca la causa última y universal; las otras ciencias estudian el ser en su determinación inferior (cantidad, movimiento, etc.) mientras que esta ciencia estudia el ente en cuanto tal, es decir, en su más alta determinación (sustancia, causa, bondad, etc.). 
Los matemáticos afirman que un objeto entra dentro del campo de estudio de su ciencia si es circular o cuadrado, o provisto de cantidad de cualquier otra forma. De manera similar, el físico reclama para su ciencia todo aquello que esté dotado de movimiento. Para el metafísico es suficiente que el objeto en cuestión sea un ente. Como el alma humana o Dios, el objeto puede estar desprovisto de cantidad o de todo movimiento físico; sin embargo, en tanto que es, ya entra dentro del campo de la metafísica. Por tanto, la cuestión principal en la Filosofía Primera es:

 ¿Cuáles son los últimos principios del ser, o de la realidad en cuanto que es? 

Aquí, Aristóteles pasa revista a las opiniones de todos sus predecesores de la filosofía griega, desde Tales a Platón, mostrando cómo cada respuesta sucesiva a la pregunta anterior resulta en cierto modo defectuosa. Especial atención le dedica a la teoría platónica, según la cual las ideas eran los últimos principios del ente. El sostiene que dicha teoría fue formulada para explicar cómo son las cosas, y cómo se conocen las cosas; en ambos casos es inadecuada. 
Postular la existencia de las ideas separadas de las cosas es únicamente complicar el problema, ya que, a menos que las ideas tengan algún contacto definido con las cosas, no pueden explicar cómo las cosas llegan a ser, ni tampoco cómo llegan a ser conocidas por nosotros. Platón no mantiene un contacto entre ideas y fenómenos en una forma definida y científica, sino que sólo se refugia en expresiones como participación, imitación, que, si son algo más que metáforas vacías, implican una contradicción.
 En una palabra, Aristóteles opina que Platón, al postular la existencia de las ideas en un mundo separado al de los fenómenos, excluye la posibilidad de resolver mediante las ideas el problema de la naturaleza última de la realidad. ¿Cuáles son, por tanto, según Aristóteles, los principios del ente?
 En el orden metafísico las determinaciones más altas del ente son el acto (entelecheia) y la potencia (dynamis). El primero es perfección, realización, plenitud del ente; el segundo, imperfección, incompleto, perfectibilidad. El primero es el principio determinante, el segundo el determinable. Acto y potencia están por encima de todas las categorías; se encuentran en todos los entes, con excepción de la Causa Suprema, en la cual no hay imperfección y, por tanto, no hay potencia. El es en realidad Actus Purus.
 Todos los demás entes están compuestos de acto y potencia, un dualismo que es una fórmula metafísica general para el dualismo de materia y forma, cuerpo y mente, sustancia y accidente, el alma y sus facultades, el intelecto pasivo y el activo. En el orden físico, potencia y acto se convierten en materia y forma. A éstos hay que añadir el agente (causa eficiente) y el fin (causa final); pero como la eficiencia y la finalidad han de ser reducidas, en un último análisis, a la forma, nos encontramos con dos últimos principios del ente en el orden físico, a saber, la materia y la forma. Las cuatro causas genéricas - material, formal, eficiente y final - serían, en el caso, por ejemplo, de una estatua:

La causa material, aquella de la cual está hecha la estatua, es el mármol o el bronce.

La causa formal, aquella según la cual se ha hecho la estatua, es la idea que existe en primer lugar como modelo en la mente del escultor, y en segundo lugar como causa intrínseca, determinante, la expresada en la materia.
La causa eficiente, o agente, es el escultor.
La causa final es aquella por la cual se ha hecho la estatua (como, por ejemplo, el precio pagado al escultor, el deseo de agradar a un superior, etc.)
Todas ellas son causas verdaderas en tanto que el efecto depende de ellas para existir o para su modo de existir. La filosofía pre-aristotélica fracasó, bien al intentar discriminar entre los diferentes tipos de causas, confundiendo el principio material con el eficiente, bien al insistir en que sólo las causas formales eran los verdaderos principios del ente, o bien al reconocer que hay un principio de finalidad y dudar al aplicar ese principio a los detalles del proceso cósmico. 
La filosofía aristotélica, al discriminar entre las diferentes causas genéricas y retener al mismo tiempo todos los diferentes tipos de causas que intervenían en el pensamiento filosófico anterior, marca un verdadero desarrollo en la especulación metafísica y se presenta como una auténtica síntesis de las filosofías jónica, eleática, socrática, pitagórica y platónica.
 Un punto que se debería recalcar al exponer esta parte de la filosofía aristotélica es la doctrina de que toda acción consiste en poner en acto aquello que estaba contenido en potencia en el material sobre el que trabaja el agente. Esto es cierto no sólo en el mundo de las cosas animadas, en el que, por ejemplo, el roble está contenido en la bellota, sino también en el mundo inanimado en el que el calor, por ejemplo, está contenido en potencia en el agua, y sólo necesita como agente al fuego para ser puesto en acto. Ex nihilo nihil fit. Este es el principio del desarrollo de la filosofía aristotélica que es tan comentado en relación con la noción moderna de evolución. La mera potencialidad, sin ningún acto o realización - la denominada materia prima - no existe por si misma en ninguna parte, aunque entra en la composición de todas las cosas excepto en la Causa Suprema; está en un polo de la realidad, mientras que ésta última está en el otro. 
Ambas son reales. La materia prima posee lo que pudiera denominarse realidad más atenuada, dado que es pura indeterminación; Dios posee la más alta y completa realidad, ya que El es, en el más alto grado de determinación. Una de las tareas de la metafísica, la ciencia teológica, consiste en demostrar la existencia de una Causa Suprema. Y Aristóteles se embarca en esta tarea en muchas partes de su obra de la Filosofía Primera. 
En la "Física", adopta y mejora un argumento teleológico de Sócrates cuya premisa mayor es "Aquello que exista para un propósito útil debe ser la obra de una inteligencia". 
En el mismo tratado él argumenta que, aunque el movimiento es eterno, no puede haber una serie infinita de entes que mueven y entes que son movidos, y que, por tanto, debe haber uno, el primero de la serie, que es inmóvil, to proton kinoun akineton - primum movens immobile. 

En la "Metafísica" sostiene que el acto, por su naturaleza, precede a la potencia, y que, consecuentemente, previo a toda materia y a toda composición de materia y forma, de potencia y acto, debe haber existido un Ente que es acto puro, y cuya existencia consiste en el pensamiento sobre si mismo, que es pensamiento (noesis noeseos). El Ente Supremo imparte movimiento al universo al mover el Primer Cielo; sin embargo, el movimiento que emana de la Primera Causa es el deseo. En otras palabras, el Primer Cielo, atraído por el deseo hacia el Ente Supremo "como el alma es atraída por la belleza", se pone en movimiento e imparte su movimiento a las esferas inferiores, y así, en último lugar, a nuestro mundo terrestre. 
Según esta teoría, Dios nunca abandona el eterno reposo en que El consiste. Voluntad e intelecto son incompatibles con la eterna inmutabilidad de su existencia. Dado que la materia, el movimiento y el tiempo son eternos, el mundo es eterno. Pero ha tenido una causa. La manera en que se ha originado el mundo no está definida en la filosofía aristotélica. Parece aventurado afirmar que él enseñó la doctrina de la creación. Aunque sí se puede afirmar con seguridad que él estableció los principios que, llevados a su conclusión lógica, conducirían a la doctrina de que el mundo fue hecho de la nada.

Física

La física tiene por objeto de su estudio los "entes dotados intrínsecamente de movimiento", en otras palabras, el estudio de la naturaleza. La naturaleza difiere del arte en lo siguiente: la naturaleza esencialmente se determina a si misma desde dentro de ella misma, mientras que el arte permanece externo a los productos artísticos. En su autodeterminación, esto es, en sus procesos, la naturaleza sigue una forma inteligente e inteligible. 
"La naturaleza está siempre luchando por conseguir lo mejor".
 El movimiento es una característica del ente, esto es, la condición por la que un ente en potencia se convierte en un ente actual. 
Hay tres tipos de movimiento: cuantitativo (aumentar y disminuir), cualitativo (alteración) y espacial (locomoción). El espacio no es ni materia ni forma, sino "el límite primero e inmóvil del continente en contraste con el contenido". El tiempo es la medida de la sucesión del movimiento. Al tratar las nociones de movimiento, espacio y tiempo, Aristóteles refuta la doctrina eleática de que el movimiento real, el espacio real y la sucesión real implican una contradicción. De acuerdo con Empédocles, también Aristóteles enseña que todos los cuerpos terrestres están compuestos de cuatro elementos o principios radicales, a saber: fuego, aire, tierra y agua. Estos elementos determinan no sólo el calor natural y la humedad de los cuerpos, sino también su movimiento natural, hacia arriba o hacia abajo, según el predominio del aire o de la tierra. Los cuerpos celestes no están constituidos por los cuatro elementos, sino por el éter, cuyo movimiento natural es circular.
 La Tierra es el centro del sistema cósmico; es un cuerpo esférico, inmóvil y alrededor de él giran las esferas en las cuales están fijados los planetas. El Primer Cielo, que juega un papel tan importante en el sistema cosmogónico general aristotélico, es el cielo de las estrellas fijas. Está rodeando todas las demás esferas y, al estar dotado de inteligencia, se volvió hacia Dios como atraído por el deseo hacía El y así comunicó a todos los demás cuerpos celestiales el movimiento circular que les es natural. Estas doctrinas, al igual que el concepto general de naturaleza como dominada por el designio o el propósito, llegaron a darse por sentado en toda filosofía de la naturaleza hasta los tiempos de Newton y Galileo, y hasta el nacimiento de la ciencia física moderna.

La psicología en la filosofía aristotélica es considerada una rama de la ciencia física. Tiene como objeto el estudio del alma, es decir, del principio de la vida. La vida es la facultad de la automoción, o del movimiento desde el interior. Las plantas y los animales, al estar dotados de la facultad de adaptación, tienen almas, y el alma humana es peculiar únicamente en que, a las facultades vegetativas y sensitivas que caracterizan la vida vegetal y animal respectivamente se añade la facultad racional - la capacidad de adquirir conocimiento intelectual y universal. Debe por tanto tenerse en cuenta que, cuando Aristóteles habla del alma, no se refiere solamente al principio del pensamiento; alude al principio de la vida. 
El define el alma como la forma, realización o actualidad del cuerpo, “la entelequia primera del cuerpo organizado que posee la facultad de la vida". 
No es una sustancia distinta del cuerpo, como pensaba Platón, sino un principio consustancial al cuerpo, y ambos están unidos para formar la sustancia compuesta, el hombre. Las facultades o potencias del alma son cinco: nutritiva, sensorial, apetitiva, locomotiva y racional. 
La sensación es definida como la facultad "por la cual percibimos las formas de los objetos sensibles sin la materia, como la cera recibe la figura del sello sin el metal del que está compuesto el sello". 
Es "un movimiento del alma", y la "forma sin la materia" es el estímulo que provoca ese movimiento. El typos, como se denomina esta forma, aunque es análogo a los "espectros" sobre los que disertaron los atomistas, no es, como el espectro, un objeto disminuido, sino una forma de movimiento que media entre el objeto y la facultad. Aristóteles distingue entre los cinco sentidos externos y los internos, de los cuales los más importantes son el sentido central y la imaginación. El intelecto (nous) se diferencia de los sentidos en que se ocupa de lo abstracto y universal, mientras que éstos últimos tienen como objeto lo concreto y particular. 
La cualidad natural del intelecto no es el conocimiento en si, sino meramente la facultad de adquirir conocimiento. La mente "no tiene ideas al principio, es como una tabla rasa en la que nada está escrito". Todos nuestros conocimientos se adquieren, por tanto, mediante un proceso de elaboración o desarrollo a partir del conocimiento sensorial. 
En este proceso el intelecto exhibe una doble fase, activa y pasiva. Por ello es costumbre referirse al intelecto pasivo y al activo, aunque no está claro en absoluto lo que Aristóteles quería decir con estos conceptos. La corrupción del texto en algunos de los pasajes más críticos de la obra "De Anima" - la mezcla con el panteísmo estoico en las explicaciones de los primeros comentaristas, por no hablar de las adiciones posteriores de elementos ajenos por parte de los árabes, escolásticos y los modernos comentaristas trascendentalistas del texto - han vuelto imposible afirmar con precisión qué significado se debe atribuir a los términos de intelecto pasivo y activo. Es suficiente subrayar aquí que:
Según los escolásticos, Aristóteles entendía por intelecto activo y pasivo partes o fases de la mente individual.
Según los árabes y algunos de los primeros comentaristas, el primero de los cuales posiblemente haya sido Aristocles, el intelecto activo sería algo divino o, al menos, algo trascendental a la mente individual.
Según algunos intérpretes, el intelecto pasivo no es en ningún caso una facultad intelectual propiamente dicha, sino simplemente un agregado de sensaciones del cual se forman las ideas, como la estatua se elabora a partir del mármol.
A partir del hecho de que el alma alcanza, mediante sus operaciones intelectuales, un conocimiento de lo abstracto y universal, y así trasciende a la materia y a los condicionantes materiales, Aristóteles sostiene que el alma es inmaterial e inmortal. La voluntad, o facultad de elegir, es libre, como lo demuestra el reconocimiento de la voluntariedad de la virtud y la existencia de premios y castigos.

Matemáticas

Aristóteles consideró las matemáticas como una división de la filosofía, coordinada con la física y la metafísica, y la definió como la ciencia del ente inmóvil. Esto viene a significar que se centra en el ente cuantitativo, y no limita su atención, como la física, al ente dotado de movimiento.

Filosofía práctica

Incluye la ética y la política. El punto de partida de los interrogantes éticos es la pregunta: ¿En qué consiste la felicidad? Aristóteles responde que la felicidad del hombre está determinada por el fin o propósito de su existencia, o dicho de otro modo, que su felicidad consiste en "el bien propio de su naturaleza racional", ya que la prerrogativa del hombre es la razón. Su felicidad, por tanto, debe consistir en vivir conforme a la razón, es decir, en vivir una vida de virtud. La virtud es la perfección de la razón y tiene dos vertientes naturales, según consideremos la razón en relación con las facultades inferiores (virtud moral) o en relación a si misma (virtud intelectual o teorética). 
La virtud moral se define como "un determinado hábito de la facultad de elegir, que consiste en un medio adecuado a nuestra naturaleza y fijado por nuestra razón en la forma en que lo fijaría un hombre prudente". 
Está en la naturaleza de las virtudes morales, por tanto, el evitar todo exceso así como todo defecto; la timidez, por ejemplo, es tan contraria a la virtud de la modestia como el descaro. Las virtudes intelectuales (comprensión, ciencia, sabiduría, arte y conocimiento práctico) son perfecciones de la razón misma, sin relación con las facultades inferiores.
 Una peculiaridad del sistema ético aristotélico consiste en que sitúa las virtudes intelectuales por encima de las morales, lo teorético sobre lo práctico, lo contemplativo sobre lo activo, lo dianético sobre lo ético. Un constituyente importante de la felicidad, según Aristóteles, es la amistad, el lazo de unión entre el individuo y la agrupación social, entre el hombre y el Estado. 
El hombre es esencialmente, o por naturaleza, un "animal social", es decir, no puede alcanzar una felicidad completa más que en dependencia social y política de sus congéneres. Este es el punto de partida de la ciencia política. Que el Estado no es un absoluto, como enseñaba Platón; que no hay un Estado ideal, sino que nuestro conocimiento de la organización política debe ser adquirido mediante el estudio y la comparación de las diferentes constituciones de los Estados; que la mejor forma de gobierno es aquella que mejor concuerda con el carácter de la gente...son algunas de las doctrinas políticas más características de Aristóteles.

Filosofía poética

Bajo este apartado se encuentra la teoría aristotélica del arte y su análisis de la belleza. Cuando Aristóteles define que el fin del arte es "la imitación de la naturaleza" no quiere decir que las artes plásticas y la poesía deberían limitarse a copiar los productos naturales; él se refiere a que, al igual que la naturaleza da cuerpo a la idea, así mismo hace el arte, pero de forma más perfecta y elevada. De aquí su famosa afirmación que dice que la poesía "es más filosófica y elevada que la historia". De aquí proviene también su igualmente famosa doctrina de que el propósito del arte es calmar, purificar (katharsis) y ennoblecer los afectos. Por esta razón prefiere la música a todas las artes plásticas, ya que posee un valor ético superior.

El concepto de Aristóteles de la belleza es vago e indefinido. A veces considera el orden, la simetría y la limitación y otras meramente el orden y la grandiosidad como componentes de lo bello. Estas últimas cualidades las encuentra especialmente en la belleza moral. Resulta imposible hacer aquí una valoración del conjunto de la filosofía aristotélica o rastrear su influencia sobre los sistemas filosóficos que le siguieron. Bastaría con decir que, tomado como un sistema de conocimiento, es más científico que metafísico; su punto de partida es la observación, más que la intuición, y su objetivo es averiguar la causa última de las cosas, más que determinar el valor (ético o estético) de éstas. 
Su influencia se extendió, y todavía se extiende, más allá de los campos de la ciencia y de la filosofía. Nuestro pensamiento, incluso en asuntos muy lejanos de la ciencia y la filosofía, desemboca naturalmente en las categorías y las fórmulas del aristotelismo, y a menudo encuentra su expresión en términos que fueron inventados por Aristóteles, de forma que "las palabras de Aristóteles, entendidas a medias, se han convertido en leyes de pensamiento para otros tiempos".



La Escuela Aristotélica.


Liceo de Aristóteles e actualidad.

La identidad de la Escuela Aristotélica fue conservada desde el momento de la muerte de Aristóteles hasta el siglo tercero de la era cristiana, gracias a la sucesión de Escolares, o directores oficiales de la escuela. El primero de ellos, Teofrasto, así como su sucesor inmediato, Estrato, dedicaron una atención especial al desarrollo de las doctrinas físicas de Aristóteles. También bajo su dirección la escuela se interesó por la historia de los problemas filosóficos y científicos. En el siglo I a.C. Andrónico de Rodas editó las obras de Aristóteles, y posteriormente la escuela produjo sus comentaristas más famosos, Aristocles de Messene y Alejandro de Afrodisias (alrededor del 200 d.C.). En el siglo III la labor de comentarista fue continuada por los filósofos neoplatónicos y eclécticos, el más famoso de los cuales fue Porfirio.
 En los siglos V y VI los principales comentaristas fueron Juan Filopono y Simplicio; éste último estaba enseñando en Atenas cuando, en el año 529, la escuela ateniense fue cerrada por orden del emperador Justiniano. Después del cierre de la escuela de Atenas, los filósofos exiliados hallaron un refugio temporal en Persia. Allí, así como en Armenia y Siria, las obras de Aristóteles fueron traducidas y explicadas. Uranio, David el Armenio, los cristianos de las escuelas de Nisibis y Edesa y, finalmente, Honain ben Isaac, de la escuela de Bagdad, fueron especialmente activos como traductores y comentaristas. 
Fue de esta última escuela de la que los árabes, que bajo el reinado de los abasíes experimentaron un renacimiento literario similar al de la Europa Occidental bajo Carlomagno, obtuvieron el conocimiento de las obras de Aristóteles. Mientras tanto se había preservado en Bizancio una tradición más o menos intermitente de las enseñanzas aristotélicas, las cuales, habiendo sido representadas en siglos sucesivos por Miguel Psellus, Focio, Arethas, Nicetas, Juan Italo y Ana Comnena, alcanzaron su más alto desarrollo en el siglo XII, bajo la influencia de Miguel Efesio. En este siglo las dos corrientes, una procedente de Persia, Siria, Arabia y la España árabe, y la otra de Atenas, a través de Constantinopla, se encuentran en las universidades cristianas de Europa Occidental, especialmente en la Universidad de París. 
Los escritores cristianos de la época patrística fueron, con escasas excepciones, platonistas que miraban a Aristóteles con suspicacia y generalmente le minusvaloraban como filósofo. Había excepciones como Juan de Damasco, que en su "Origen de la ciencia" compendia las "Categorías" y la "Metafísica" de Aristóteles y la "Introducción" de Porfirio; Nemesio, obispo de Emesa, que en su "Naturaleza del hombre" sigue las huellas de Juan de Damasco; y Boecio, que tradujo varios de los tratados de lógica de Aristóteles al latín. Estas traducciones y la "Introducción" de Porfirio eran las únicas obras aristotélicas que conocían los universitarios más destacados, es decir, los filósofos cristianos de Europa Occidental desde los siglos IX al XII. En el siglo XII la tradición árabe y la bizantina se encontraron en París, las obras metafísicas, físicas y éticas de Aristóteles fueron traducidas en parte de los textos árabes y en parte de los griegos, y después de un breve periodo de suspicacias y dudas por parte de la Iglesia, la filosofía de Aristóteles fue adoptada como la base de una exposición racional del dogma cristiano. 
Las suspicacias y dudas fueron debidas al hecho de que, en los textos árabes y sus comentarios, las enseñanzas de Aristóteles habían sido tergiversadas y orientadas al materialismo y panteísmo. Después de más de dos siglos de triunfo casi universalmente indiscutido, Aristóteles se constituyó una vez más en tema de disputa en las universidades cristianas del periodo renacentista, debido a que los humanistas, al igual que los árabes, pusieron el énfasis en aquellos elementos de las enseñanzas aristotélicas que eran irreconciliables con la doctrina cristiana. Con la llegada de Descartes y el desplazamiento del centro de los interrogantes filosóficos desde el mundo externo al interno, de la naturaleza a la mente, el aristotelismo como sistema empezó a ser más y más identificado con la escolástica tradicional y no se estudiaba separado de la escolástica más que por su interés histórico.

Obras.

Es costumbre distinguir, siguiendo la autoridad de Gelio, dos tipos de obras aristotélicas: las exotéricas, destinadas al público en general, y las acroamáticas, destinada sólo a un circulo limitado, formado por aquellos que estaban versados en la fraseología y modos de pensamiento de la Escuela. Al primer tipo pertenecen los "Diálogos", de los cuales los más conocidos son el "Eudemus", tres libros sobre "Filosofía", cuatro libros "De la justicia", además de los tratados (que no están en forma de diálogo) "Del bien" y "De las ideas", todos los cuales desafortunadamente se han perdido. Bajo este apartado se debería mencionar también los "Poemas", "Cartas", "Oraciones", "Apología", etc., que en un momento dado se atribuyeron a Aristóteles, aunque hay pocas dudas sobre su falsedad. Al tipo de las obras acroamáticas pertenecen todas las obras existentes y también los tratados perdidos anatomai (que contenía cartas anatómicas), periphyton y los politeiai (una colección de las diferentes constituciones políticas de los estados griegos; una porción, que contenía la Constitución de Atenas fue descubierta en un papiro egipcio y publicada en 1891). Las obras existentes, con sus títulos en latín, como se acostumbra citarlas, pueden ser agrupadas en las siguientes clases:

Tratados de lógica: Fueron conocidos por los escritores bizantinos como el "Organon", e incluía (1) "Categoriae"; (2) "De Interpretatione"; (3) "Analytica Priora"; (4) "Analytica Posteriora"; (5) "Topica"; (6) "De Sophisticis Elenchis".

Tratados de metafísica: La obra corrientemente citada como "Metaphysica" o "Metafísica" (o, al menos, una porción de ella) fue titulada por Aristóteles "Filosofía primera" (prote philosophia). El título meta ta physika fue dado por primera vez por Andrónico de Rodas, en cuya colección o edición de las obras de Aristóteles estaba situado después de los tratados de física.

  • Tratados de física: (1) "Physica", o "Physica Auscultatio", comúnmente denominado Física; (2) "De Coelo"; (3) "Meteorologica".
  • Tratados de biología y zoología: (1) "Historiae Animalium"; (2) "De Generatione et Corruptione"; (3) "De Generatione Animalium"; (4) "De Partibus Animalium".
  • Tratados de psicología y antropología: (1) "De Anima"; (2) "De Sensu et Sensibili"; (3) "De Memoria et Reminiscentia"; (4) "De Vita et Morte"; (5) "De Longitudine et Brevitate Vitae".
  • Tratados de ética y política: (1) "Ethica Nicomachea", (2) "Politica". La "Etica a Eudemo" y la "Magna Moralia" no tuvieron como autor directo a Aristóteles.
  • Tratados de poética y retórica: (1) "De Poetica"; (2) "De Rhetorica; ambos son genuinos sólo en algunas de sus partes.

De las obras existentes, algunas fueron escritas en su forma actual y estaban destinadas a ser exposiciones científicas acabadas. Otras, aunque fueron escritas por Aristóteles, eran únicamente anotaciones para las clases, para ser completadas con la enseñanza oral. Finalmente, otras no son más que apuntes de clase de sus alumnos, y no fueron nunca corregidas por el maestro. 
Esta consideración obliga, como es obvio, al estudioso de Aristóteles a atribuir un valor muy diferente a las diferentes partes del texto; por ejemplo, nadie pensaría en atribuir el mismo valor a una cita del primer libro de la "Metafísica" que a una del segundo. De acuerdo con una bien conocida historia, contada en principio por Estrabón y repetida por Plutarco y Suidas, la biblioteca de Aristóteles, incluyendo los manuscritos de sus propias obras, fue dejada en herencia a Teofrasto, su sucesor como director de la Escuela Peripatética. Teofrasto se la legó a su heredero, Neleo de Scepsis. Tras la muerte de Neleo, los manuscritos fueron escondidos en una bodega o fosa, para evitar que fueran confiscados por reyes aficionados a coleccionar libros, y allí permanecieron durante casi dos siglos, hasta que en los tiempos de Sulla fueron descubiertos y traídos a Roma. Una vez en Roma fueron copiados por un gramático llamado Tyrannion y editados por Andrónico de Rodas (alrededor del 70 a.C.). 
El núcleo de esta historia puede ser considerado como verdadero; sin embargo, la deducción de que durante todo ese tiempo no se dispuso de ninguna copia de las obras de Aristóteles no está corroborada por los hechos. No está implícito en la narración de Estrabón, y tampoco es probable en si mismo. Puede que uno o dos libros estuvieran desaparecidos para la Escuela hasta que apareció la edición de Andrónico, pero esto mismo no puede ser cierto para todo el Corpus Aristotelicum. La edición de Andrónico continuó siendo utilizada por la Escuela Peripatética durante los primeros siglos de nuestra era. Para las varias traducciones del texto al sirio, árabe, latín, etc. véase lo anterior.


 
Estagira (en griego antiguo: Στάγειρα) o Estagiro (Stágiros)[fue una ciudad de la Antigua Grecia en la península Calcídica. Sus restos se encuentran en el departamento geográfico de Macedonia de la Grecia moderna, a ocho km de la localidad de Olympiada, en el término municipal de Aristotelis. Siete kilómetros al suroeste se encuentra la actual Stagira.
La antigua Estagira es famosa por haber sido el lugar de nacimiento de Aristóteles. Según un manuscrito de la Biblioteca Marciana de Venecia y una biografía árabe de Aristóteles, tras la muerte de este en Calcis en 322 a. C. sus restos fueron trasladados a Estagira por los habitantes de la ciudad en una urna de cobre. Crearon un monumento funerario que denominaron «Aristotelión», donde erigieron un altar, e instituyeron unas grandes fiestas anuales en su honor, denominadas «Aristotélicas».
En 2016 se anunció, durante el congreso internacional «Aristóteles, 2400 años», el posible descubrimiento en Estagira del sepulcro donde se habrían depositado sus cenizas.

El trágico destino de la ciudad natal de Aristóteles.

Sílvia Colomé
26/07/2021 

Aristóteles nació en Estagira, una floreciente ciudad macedónica, situada en la península de Calcídica. Fundada en el silgo VI a.C, vivió sus mejores momentos durante las épocas arcaica y clásica. Incluso acuñó su propia moneda. Y salió indemne de las guerras médicas y también del paso de Jerjes con su ejército. Hasta que llegó Filipo II. El padre de Alejandro Magno la asedió y la arrasó pocos años antes de que el laureado filósofo se convirtiera en el mentor de su hijo. Parece que no se lo tuvo en cuenta.
Esta es una de las curiosas anécdotas que explica María Belmonte en su libro En tierra de Dionisio (Acantilado), un recorrido por el norte de Grecia, la antigua Macedonia, menos turística pero tan rica en historia y mitos como el resto del país. El reino del gran Alejandro y de sus ancestros va tomando forma a través del relato que la historiadora y antropóloga explica basado en sus propios viajes por estas tierras.

“La destrucción llevada a cabo fue tan brutal que Estagira nunca recuperó su antiguo esplendor”, explica. La ciudad se fue abandonando y ya había quedado desértica en tiempos de Cristo. Eso sí, sus ciudadanos aún estuvieron a tiempo de enterrar a su hijo más célebre, Aristóteles. Y lo hicieron en un lugar que llamaron Aristotelion, debajo de un altar que levantaron en su memoria. 
“En aquel lugar solían reunirse los magistrados de la ciudad para tomar decisiones de importancia y también organizaron un festival anual en su honor con el nombre de Aristotelia”, detalla la autora.

Recorrido histórico

El libro hace un recorrido por otros sitios de interés histórico, algunos vinculados también a Aristóteles. Es el caso del Ninfeo de Mieza, el lugar que Filipo II le destinó para que instruyese a su hijo y otros adolescentes de la corte, entre los que se encontraban algunos de los que se convertirían en sus hombres de confianza, como Hefestión, Ptolomeo, Nearco o Casansa.
Situado en la ladera oriental del monte Vermio, formaba parte de un bosque sagrado dedicado a las ninfas, según cuenta Belmonte. Otra peculiaridad de este lugar tiene que ver con los mitos, ya que es aquí donde, según Herodoto, se instalaron tres hermanos que, huidos de Argos, fundarían la primera dinastía de reyes macedónicos. Así, pues, el marco era incomparable para un príncipe. Aristóteles impartió aquí sus enseñanzas durante dos años.

Aunque quizás la parada más espectacular de este recorrido histórico y sus respetivos yacimientos sea Vergina, la antigua capital macedónica antes de Pela y donde se siguieron enterrando a los reyes hasta el final (con excepción de Alejandro, que acabó sepultado en Egipto y cuya tumba es todavía un misterio por resolver). En 1977 se descubrieron, intactos, dos entierros: el de Filipo II y el de Alejandro IV, padre e hijo respectivamente del Magno.
“Cuando penetré en el recinto subterráneo permanecí quieta unos instantes, paralizada por la sorpresa y la emoción”, relata la autora. La tumba de Filipo II muestra una gran fachada monumental que todavía conserva un fresco de caza en el que se pueden apreciar, policromados, animales como ciervos, jabalíes o leones. 
Belmonte apunta un hecho de vital importancia y que todavía pasa desapercibido para la mayoría: “Hasta que se descubrieron las tumbas macedónicas sólo se conocían los frescos griegos por las descripciones antiguas o por copias romanas como las de Pompeya, de ahí el interés excepcional para la historia del arte de sus pinturas”. Y es solo un ejemplo de la riqueza todavía demasiado desconocida que atesora el norte de Grecia y que Belmonte nos acerca en este ensayo que invita a viajar, ni que sea desde el sofá, por los tesoros antigua Macedonia.






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