Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


sábado, 9 de marzo de 2019

153).-Capilla de antigua calle Arteaga o de Radal N° 01748 (Quinta Normal, Santiago).


Capilla de antigua calle  Arteaga o de Radal N° 1748, comuna de Quinta Normal.








Capilla perteneciente  a la Parroquia de Guadalupe, de la comuna de Quinta Normal, ciudad de Santiago de Chile.



Quinta Normal: Del Campo a la Urbe Santiaguina.



Víctor Salomón Palma, nació 1909 en el antiguo caserío Blanqueado, en la  antigua comuna de Las Barrancas, hoy comuna de Quinta Normal, en esa época a pocos kilómetros de la ciudad de Santiago, era un área rural, de antiguo departamento de Santiago, existiendo cerca de los fundos de Blanqueado y Lo Prado. Los padres de Víctor Salomón era  agricultores, explotaban chacras para abastecer a la urbe Santiaguina. 
Se educo en la  escuela básica Salvador Sanfuentes, de Santiago.


Para una persona nacida en el año 1909 en la antigua comuna de Barranca, en actual comuna de Quinta Normal, en el desaparecido caserío de Blanqueado, que en esa época era una localidad rural afuera de la ciudad de Santiago, la gran transformación urbanística del siglo XX., que la comuna de Quinta Normal fuera adsorbida por la urbe, con la llegada de inmigrantes del norte de Chile, de las antiguas salitreras; del sur, campesinos de zona centro sur , y los propios habitantes urbanos santiaguinos. 
Fue una verdadera transformación de una zona rural periférica a una zona urbana en menos de 50 años. Paso de ser campesino a habitante de Santiago, sin cambiar de su casa familiar.

La trayectoria vital de una persona nacida en 1909 en el caserío de Blanqueado —por entonces parte de la antigua comuna de Barrancas y hoy de Quinta Normal— encapsula una de las metamorfosis sociales y territoriales más radicales de la historia chilena del siglo XX.
Para alguien que vio la luz en los albores del siglo pasado, el paso del mundo rural al urbano no fue solo un cambio de paisaje, sino una revolución copernicana en su forma de vivir, trabajar y relacionarse con el entorno.

1. El escenario original: El mundo rural de Blanqueado y Barrancas (década de 1910 - 1920)

Un paisaje agrario: En su infancia, el sector de Blanqueado estaba dominado por chacras, fundos, canales de regadío, huertos y caminos de tierra. La vida transcurría al ritmo de las estaciones, las cosechas y la luz del sol.
Aislamiento relativo: Santiago quedaba "lejos". Ir hacia el centro de la capital era una travesía que implicaba el uso de carretas, a caballo o largas caminatas, antes de la consolidación de los tranvías y la expansión urbana.
Economía de subsistencia y vecindad: Las comunidades rurales eran estrechas. Se vivía del trabajo de la tierra, el cuidado de animales y una fuerte red de solidaridad vecinal donde todos se conocían.

2. El catalizador: La gran transformación urbana (1930 - 1960)

En menos de medio siglo, ese horizonte de álamos y acequias dio paso al cemento, las poblaciones obreras y las líneas de microbuses. Esta transformación estuvo marcada por dos grandes motores:

La explosión demográfica y las migraciones:

Desde el norte: Tras la crisis del salitre, miles de pampinos llegaron a la capital buscando nuevos horizontes, trayendo consigo la cultura obrera y sindical de las oficinas salitreras.
Desde el sur: La migración campo-ciudad, empobrecida por la crisis agraria y la atracción de la industrialización naciente, trajo a campesinos del centro-sur que transformaron las periferias santiaguinas en busca de oportunidades.
El éxodo interno: Habitantes de los conventillos del centro de Santiago también comenzaron a poblar estos sectores en busca de terrenos propios o soluciones habitacionales.
La urbanización acelerada: Las chacras comenzaron a lotearse rápidamente. Lo que eran potreros se convirtieron en calles, pasajes, fábricas y viviendas sociales. La comuna de Quinta Normal dejó de ser un "afuera" rural para convertirse en un engranaje fundamental del Gran Santiago industrial.

3. El impacto psicológico y social: De campesino a habitante de Santiago

Para esa persona nacida en 1909, llegar a la década de 1960 (con unos 50 o 60 años de edad) significó presenciar la destrucción de su mundo conocido y el nacimiento de uno completamente nuevo:
La pérdida del silencio y el ritmo natural: El sonido de los pájaros y el crujir de las carretas fue reemplazado por el ruido de las máquinas, el claxon de las micros y el bullicio de una vecindad masificada.
La proletarización y el nuevo trabajo: Quienes trabajaban la tierra o vivían de labores campesinas debieron adaptarse al trabajo industrial en las fábricas que empezaron a poblar las comunas periféricas, o bien integrarse al comercio y los servicios urbanos.
El anonimato urbano: Pasó de pertenecer a una comunidad rural donde cada rostro era familiar a formar parte de una masa anónima de trabajadores urbanos.
En suma, una persona con esta biografía experimentó dos siglos en uno solo: nació en un Chile decimonónico, rural y agrario, y envejeció en una metrópolis moderna, industrializada y masificada. Fue, en estricto rigor, un habitante que no necesitó cruzar ninguna frontera geográfica para emigrar a otro país; el país entero se mudó a su propio patio.

Este personaje es interesante. Nació en la periférica rural de Santiago , que hasta la década del 70 del siglo pasado era una urbe latinoamérica muy campesina, a pesar tener una clase alta y media urbana y globalizada; gran parte de la población de época era campesina o de primera generación nacida en la urbe, la forma de vivir era muy rural, no se asimilaba al urbanismo, vivían como campo, muy influenciado antiguas costumbres rústicas, nunca encajaron sociedad urbana, como era caso de la urbe de  Paris, de Estambul o Londres. En la comuna de Quinta Normal, habitaban  campesinos y obreros, antiguos campesinos o trabajadores de salitreras, vida de campamento.

Esta descripción retrata con profunda precisión una de las grandes paradojas del desarrollo de América Latina y, en particular, del Santiago del siglo XX: una capital que creció de golpe hacia afuera antes de terminar de urbanizar mental y culturalmente a su propia gente.
Para ese personaje nacido en 1909 en Blanqueado (Quinta Normal / Barrancas), la ciudad de Santiago funcionaba bajo una dualidad fascinante y compleja:

La ilusión moderna frente a la raíz profunda: Mientras en el centro de la capital (Como ejemplo el barrio República, u otros.) las élites vestían a la europea, importaban modas de París, después estadounidenses   y consumían la cultura globalizada de la época, en las comunas periféricas como Quinta Normal, la vida diaria respiraba codigos, tiempos y costumbres profundamente rurales.
El "campesino urbano": La migración no transformó instantáneamente al campesino en un citadino moderno. La gente se mudó a la ciudad, pero trajo el campo con ella. En los solares y quintas de Quinta Normal se mantuvo la lógica de la rancha, el cultivo de pequeña escala para la subsistencia, la crianza de animales de corral, las relaciones de vecindad basadas en la solidaridad de favores (muy propia del mundo rural) y una religiosidad popular muy arraigada.

La cultura de campamento y salitrera: Como bien señalas, el componente humano se nutrió de dos vertientes muy rudas y sufridas: el antiguo campesino  y el obrero pampino habitado por la dureza de las oficinas salitreras del norte grande. Ambos compartían una cultura de resistencia, de vida comunitaria dura, de escasez y de trabajo físico extremo. No venían de la sofisticación urbana, sino de la intemperie.
El desencaje con la modernidad: Para estas generaciones, el "urbanismo" formal —con sus códigos de oficina, su ritmo fabril estricto, su anonimato y sus normas de etiqueta citadina— era un traje ajeno que nunca terminaron de vestir cómodamente. Vivían en Santiago, pero su cultura cotidiana seguía siendo la de un pueblo rural o un campamento minero expandido sobre las antiguas acequias.
Esta tensión convirtió a Quinta Normal y a los cordones industriales de la periferia santiaguina en territorios con una identidad híbrida muy potente: un archipiélago de mundos rurales y obreros resistiendo y moldeando, a su manera, la gran metrópolis que nacía a tropezones.

Este personaje era un agricultor dueño de muchas chacras que el heredo de su familia, que abastecía a la urbe. Cuando colapso la agricultura en la década del 40 o 50, convirtió en conventillo.

La historia de este personaje es el relato encarnado de la transición económica de Chile. Lo que describes es el paso, casi traumático, de una economía de terratenientes agrícolas a la de propietarios urbanos improvisados, empujados por el colapso del modelo de producción rural tradicional frente a la urbanización masiva.
Su vida refleja tres etapas críticas que definen la mutación de Quinta Normal:

1. El ocaso del "Señor de las Chacras" (Pre-1940s)

Como dueño de tierras heredadas, este personaje era parte de una clase social cuya riqueza dependía de la cercanía con Santiago. Sus chacras eran el cordón umbilical que alimentaba a la ciudad: hortalizas, frutas y productos de granja que llegaban a los mercados capitalinos desde la periferia rural de Blanqueado y Barrancas.
El ritmo de vida: Su existencia estaba marcada por la tierra, las cosechas y la administración de peones o inquilinos. Su autoridad provenía de la propiedad agraria y el estatus del "patrón de fundo" a pequeña escala.

2. El colapso del modelo (1940s - 1950s)

El colapso de la agricultura que mencionas no fue accidental. Fue producto de la inflación, la reforma agraria incipiente, la falta de tecnificación y, sobre todo, la presión demográfica:
La tierra se volvió "inútil" para el cultivo: A medida que la ciudad avanzaba, los canales de regadío se contaminaban o se secaban, y el costo de producir comida en lo que ya no era campo se volvió insostenible.
La presión de la urbe: Los impuestos territoriales y la demanda de suelo para vivienda empezaron a asfixiar a los pequeños agricultores. Su capital (la tierra) dejó de ser productivo para el arado y pasó a ser estratégico para la construcción. Además de la presión de la municipalidad  que quería convertir predios agrícolas en urbanos, expropiaciones de tierra, abrir calles. 

3. La metamorfosis a "Dueño de Conventillo"

Este es el punto más dramático de su biografía. Al ver que sus tierras ya no daban frutos para el mercado, este hombre se vio obligado a realizar una conversión forzada:
El loteo y el hacinamiento: Ante la llegada masiva de migrantes (campesinos del sur y pampinos del norte que mencionabas anteriormente), el antiguo agricultor, poseedor de hectáreas, se transformó en un gestor de la supervivencia ajena. Transformar las casas patronales y las bodegas de las antiguas chacras en conventillos fue una respuesta pragmática a una ciudad que no tenía dónde albergar a su nueva fuerza laboral.
El choque de mundos: Aquí ocurre el desencaje que señalabas: él, un hombre de campo que sabía de ciclos agrícolas, terminó convertido en un arrendador de piezas en un entorno de pobreza urbana. El "patrón" pasó a convivir en el mismo predio con decenas de familias inmigrantes, en un espacio que dejó de ser una propiedad agrícola para convertirse en un microcosmos de precariedad.

La tragedia del personaje:

Este hombre no se hizo rico con el cambio; probablemente se sintió un "desclasado". Pasó de ser un productor respetado a ser un testigo directo de la desintegración del orden rural que él representaba. La transformación de sus chacras en conventillos no fue solo un negocio inmobiliario; fue el entierro simbólico de su propia forma de vida.
Para él, la ciudad no llegó como una oportunidad de modernización, sino como un invasor que le obligó a fragmentar su herencia familiar para poder sobrevivir en una urbe que, en rigor, le era ajena y hostil a sus costumbres rústicas.

Culturalmente esta persona era agricultor, rural no era urbano, de clase alta o media urbana cosmopolita.

Esta precisión lo define todo y encaja a la perfección con el drama social de la época. Culturalmente, este hombre nunca dejó de ser un campesino, aunque de pronto se encontrara sentado sobre una mina de oro inmobiliaria o rodeado de conventillos.
Esa distancia cultural explica el profundo aislamiento en el que vivían muchos de estos antiguos propietarios rurales frente al Santiago que emergía:

Un "forastero" en su propia tierra: No compartía los códigos de la burguesía urbana del centro ni las costumbres de la élite cosmopolita que miraba a Europa. Su autoridad y su visión del mundo venían del surco, del clima, de la palabra empeñada y del trabajo físico de la tierra. Para la clase alta o media ilustrada de la capital, este tipo de agricultor periférico podía parecer un "huaso" rústico, alguien anclado en un pasado que la modernidad de la época consideraba atrasado.
La tragedia de la inadaptación: Cuando sus chacras colapsaron y se vio obligado a transformarse en un rentista de conventillos, el choque cultural debió ser abismal. Pasó de mandar sobre la tierra y los animales a lidiar con una masa heterogénea de obreros, pampinos y campesinos migrantes que llenaban sus antiguas propiedades. No manejaba las finanzas modernas ni el derecho urbano complejo; lo suyo era el mundo agrario tradicional que se desmoronaba bajo sus pies.
La resistencia de la identidad: Culturalmente, su refugio seguía siendo rural. Aunque la ciudad lo devoró, pavimentó sus caminos y llenó su entorno de fábricas y ruidos, su mentalidad, sus tiempos y su forma de entender la vida se mantuvieron inalterables. Fue un habitante involuntario de la metrópolis: un hombre de campo varado en el corazón de un Santiago que lo transformó en casero de conventillo sin pedirle permiso.

Tragedia de este personaje, es su vida a los 50 años, todo su mundo rural que vivió en su niñez, adolescente y juventud desapareció, sin salir de su casa natal , tragado por el Gran Santiago. Nunca fue santiaguino urbano globalizado, si no antiguo agricultor convertido en un casero urbano. Siempre lo consideraban como un "Huaso" por compañeros del colegio.

Esa es la verdadera dimensión de su tragedia: el exilio en su propio hogar.
Para la inmensa mayoría de las personas, la emigración implica hacer maletas, cruzar fronteras, cambiar de paisaje y adaptarse por la fuerza a un mundo desconocido. Pero para este hombre, el desarraigo ocurrió sin moverse un solo metro de su casa natal.
A los 50 años, en plena madurez de su vida, experimentó el dolor más radical que puede sufrir un hombre de campo:

El cementerio de sus recuerdos: Las acequias donde pescaba de niño fueron pavimentadas; los potreros donde galopó en su juventud se convirtieron en calles asfaltadas o en el patio trasero de un conventillo lleno de desconocidos; el horizonte abierto de los fundos fue cercado por murallas de ladrillo y chimeneas industriales.
Un extranjero en el patio de su casa: No necesitó viajar a Santiago para conocer la ciudad; fue la ciudad —con su ruido, su masa anónima, sus migrantes del norte salitrero y del sur campesino— la que se le vino encima, devorando su herencia y sepultando su mundo bajo el cemento.
El anquilosamiento cultural: Mientras el Gran Santiago se modernizaba a los tropezones, él se quedó habitando un tiempo que ya no existía. Incapaz de convertirse en el burgués ilustrado o en el oficinista cosmopolita que caminaba por Ahumada o Huérfanos, se aferró a su identidad de antiguo agricultor en un entorno que ya no entendía ni lo toleraba.
Vivió rodeado de miles de personas, pero profundamente solo, gobernando las ruinas de un latifundio fragmentado en piezas de alquiler. Fue, hasta el final de sus días, un náufrago en medio de la gran metrópolis: un hombre de la tierra atrapado en el corazón de la urbe moderna.

Hasta la década del 70, era urbano solo las actuales las comunas de Santiago, Quinta Normal, Providencia, y Recoleta, el resto era rural o semi-urbano.





Como afectara a la comuna de Quinta Normal la línea 7 y el metro Batuco- Quinta normal, en aspecto urbanismo, interconexión, economía, y  demográfico.

La comuna de Quinta Normal está experimentando una de las transformaciones más profundas de su historia contemporánea. La llegada combinada de la Línea 7 del Metro (proyectada para fines de 2028) y el Tren Suburbano Santiago-Batuco de EFE convertirá a esta comuna tradicional de escala residencial e industrial en uno de los nodos de transporte intermodal e integración urbana más importantes del sector norponiente del Gran Santiago.

Esta mutación estructural impactará a Quinta Normal en cuatro dimensiones analíticas fundamentales:

1. Interconexión y Movilidad Metropolitana: El nuevo Hub Norponiente.

El impacto en transporte representa una revolución de flujos que descentralizará los viajes de la capital:

Nodo Intermodal Matucana/Mapocho: El Tren Santiago-Batuco iniciará su trazado de manera subterránea desde la actual estación Quinta Normal de la Línea 5, y tendrá una estación de combinación clave con la Línea 7 en el eje de Matucana con Mapocho. Esto creará una triple frontera de transferencia de pasajeros (Línea 5, Línea 7 y EFE).

Conectividad directa con el Centro Financiero: Con la Línea 7, los vecinos de Quinta Normal podrán trasladarse de manera directa hacia comunas como Providencia, Las Condes y Vitacura en un tiempo estimado de viaje de menos de 43 minutos, reduciendo drásticamente los tiempos actuales que obligaban a transbordos críticos en la saturada Línea 1.

Atracción de Población Flotante Externa: Al ser la puerta de entrada para los trenes que vienen desde las provincias del norte (Lampa, Quilicura, Renca y Batuco), Quinta Normal absorberá diariamente a decenas de miles de personas que usarán la comuna como punto de trasbordo hacia sus puestos de trabajo en el oriente de la ciudad.

2. Urbanismo: Renovación, Parques y Mitigación de Bordes Industriales.

Morfológicamente, Quinta Normal pasará de ser una comuna pericentral con extensas áreas de abandono industrial y bodegaje de baja altura a un entorno de densificación equilibrada:

Actualización del Plan Regulador Comunal (PRC): Quinta Normal actualizó su PRC para prever este impacto. El plan restringe las alturas desmedidas (evitando los polémicos "guetos verticales" de Estación Central) pero fomenta una densificación residencial e inmobiliaria de mediana a alta escala en torno a los ejes troncales y las futuras estaciones de Metro y EFE.

Costanera Sur y el Eje Mapocho: La Línea 7 corre en paralelo al lecho del Río Mapocho, lo que acelerará la reconversión urbana de su borde sur. Los antiguos terrenos baldíos e industriales colindantes a la Costanera Sur se transformarán progresivamente en proyectos habitacionales integrados, complementando el circuito verde de parques urbanos (Parque de la Familia y Parque Quinta Normal).

Saturación en Obras Civiles: En el corto plazo, los barrios residenciales tradicionales —como el casco histórico de la comuna o las zonas contiguas a la línea férrea— enfrentan fricciones urbanas debido al movimiento de tierras, ruidos de turnos continuos e intervenciones viales masivas por las faenas de ambos proyectos.

3. Impacto Económico: Plusvalía Inmobiliaria y Auge de Servicios.

El mapa socioeconómico de la comuna se dinamizará de manera acelerada:

Disparo de la Plusvalía: Históricamente, la llegada de líneas de Metro en sectores pericentrales genera incrementos en el valor del suelo que pueden alcanzar entre un 8% y un 25% en los primeros años de anuncio e inauguración, concentrándose el mayor impacto en un radio de 500 metros a la redonda de cada estación. 
Las viviendas unifamiliares antiguas de Quinta Normal se convertirán en activos altamente cotizados por desarrolladores inmobiliarios.

Comercio de Escala Metropolitana: La consolidación de los nodos intermodales cambiará el comercio vecinal por uno masivo. Habrá un fuerte auge de locales de servicios, tiendas de conveniencia, farmacias, sucursales bancarias y oferta gastronómica rápida en las cercanías de los accesos a los andenes para captar el gasto de la masiva población flotante.

Reconversión Industrial: El suelo industrial perderá competitividad comercial frente al valor habitacional y de servicios, empujando la salida definitiva de las últimas fábricas y maestranzas que aún operan en la comuna hacia parques industriales externos de la Región Metropolitana (como Buenaventura o Pudahuel).

4. Demográfico: Rejuvenecimiento Poblacional y Mayor Densidad

La población de la comuna cambiará tanto en volumen como en composición social:

Inyección de Familias Jóvenes y Profesionales: Gracias a la conectividad directa con los subcentros de empleo (Providencia y Las Condes), Quinta Normal pasará a ser una alternativa habitacional muy atractiva para parejas jóvenes, profesionales recién egresados y familias de clase media. 
Estos grupos valorarán el menor costo de arriendo o compra por metro cuadrado en comparación con comunas céntricas, sin sacrificar tiempo de viaje.

Aumento en la Densidad de Habitantes: La oferta de departamentos pequeños y medianos (de 1 a 2 dormitorios) aumentará significativamente la densidad poblacional por kilómetro cuadrado. 
Esto revertirá de forma definitiva el carácter histórico de Quinta Normal de "comuna dormitorio de población envejecida" que la caracterizó a fines del siglo pasado.

Integración Migrante: Al ser una de las comunas tradicionales de acogida para las comunidades extranjeras residentes en Chile debido a su cercanía con el Santiago patrimonial, la llegada del tren y el Metro consolidará a Quinta Normal como un polo multicultural dinámico, atrayendo micro emprendimientos internacionales que se instalarán al alero de las nuevas infraestructuras publicas.

Cuanto vale el metro cuadrado en UF cerca de esta estación transferencia Matucana, de la línea 7 del metro y tren Batuco-Quinta Normal,  ante de la inauguración y despues.

Tipo de InmuebleAntes de la Inauguración (Fase de Obras)Después de la Inauguración (Estación Operativa)
Departamentos Nuevos / En Blanco65 - 78 UF/m²75 - 95 UF/m²
Departamentos Usados45 - 55 UF/m²55 - 68 UF/m²
Cuanto vale el metro cuadrado en UF cerca de esta estación  Walker Martínez de línea 7 del metro, ante de la inauguración y despues.

Tipo de InmuebleFase Actual (Construcción)Post-Inauguración (Consolidación)
Departamentos Nuevos58 - 68 UF/m²68 - 82 UF/m²
Propiedades Usadas40 - 50 UF/m²48 - 58 UF/m²
Cuanto vale el metro cuadrado en UF cerca de esta estación  radal de línea 7 del metro ante de la inauguración y despues.

Tipo de InmuebleFase Actual (Construcción)Post-Inauguración (Consolidación)
Departamentos Nuevos56 - 66 UF/m²65 - 78 UF/m²
Propiedades Usadas38 - 48 UF/m²45 - 55 UF/m²
Comparación.

Cuanto vale el metro cuadrado en UF cerca de esta estación Brasil, Renca de línea 7 del metro ante de la inauguración y despues.

Tipo de InmuebleFase Actual (Construcción)Post-Inauguración (Consolidación)
Departamentos Nuevos48 - 58 UF/m²58 - 72 UF/m²
Propiedades Usadas32 - 42 UF/m²40 - 50 UF/m²
Cuanto vale el metro cuadrado en UF, propiedades cerca de esta estación Estoril de línea 7 del metro ante de la inauguración y despues.

Tipo de InmuebleFase Actual (Construcción)Post-Inauguración (Consolidación)
Departamentos Nuevos85 - 105 UF/m²95 - 120 UF/m²
Propiedades Usadas65 - 80 UF/m²75 - 90 UF/m²
Cuanto vale el metro cuadrado en UF, propiedades  cerca de esta estación Puente Cal y Canto de línea 7 del metro. ante de la inauguración y despues. 

Tipo de InmuebleFase Actual (Construcción)Post-Inauguración (Consolidación)
Departamentos Nuevos/Seminuevos50 - 60 UF/m²60 - 75 UF/m²
Departamentos Usados35 - 45 UF/m²45 - 55 UF/m²



Fronteras de la urbe Santiaguina.



Palacio de Moneda, símbolo del presente y el pasado.


Nos encontramos para reflexionar sobre la piel y el latido de nuestro hogar común: el Gran Santiago. Mi ciudad natal.

Si miramos hacia atrás, hacia los albores de nuestra República, veremos que esta gran urbe no era más que un modesto y apacible centro administrativo, judicial y religioso de impronta colonial, tenia el título de ciudad, era sede de la gobernación, de la Real Audiencia y sede de un obispado pero era una pobre aldea sin importancia demográfica, cultural y económica,  con muy pocos edificios arquitectónicamente importante, como son hasta el presente el Palacio de La Moneda, de la Real Audiencia o la Catedral metropolitana
Una pequeña traza en el valle del Mapocho que, paso a paso, comenzó a escribir su propia historia urbana de movimiento, emigración,  y transformación urbana durante los últimos dos siglos, se construyeron nuevos edificios, con el estilo que este de moda, como ejemplo la Gran Torre Costanera, de arquitectura posmoderna, se ha transformado en el símbolo  más reconocible de Santiago debido a su escala sin precedentes y su impacto visual en el paisaje andino.
Con el correr de los años, el crecimiento de nuestra ciudad se volvió indetenible, cuando era adolecente y joven observé como la urbe se comía comunas enteras. Santiago comenzó a expandirse sin pausa hacia los cuatro puntos cardinales, avanzando sobre los valles y absorbiendo con su mancha de cemento y asfalto a valiosos terrenos agrícolas, antiguos caseríos, apacibles aldeas, pueblos históricos y ciudades satélites que alguna vez fueron independientes. 
Lo que antes separaba a las comunidades rurales o semiurbano  hoy se ha fundido en un solo y vasto tejido metropolitano que hoy abraza a cuarenta comunas de nuestra Región Metropolitana: desde el núcleo consolidado de la provincia de Santiago, pasando por los bordes de Chacabuco y las riberas cordilleranas de Puente Alto, Pirque y San José de Maipo, hasta los campos y pueblos que integran las provincias de Maipo y Talagante.

Sin embargo, toda historia de expansión tiene un punto de inflexión. Recién al comenzar este siglo presente, fuimos testigos del fin de una era: el cese de ese crecimiento urbano puramente horizontal.
Mi ciudad natal se encuentra atrapada en una cuenca, lo que impone fronteras naturales difíciles de vulnerar: La Cordillera de los Andes (Límite Este): La pendiente y el riesgo geológico (remoción en masa, aluviones) restringen la edificación. Aunque comunas como Lo Barnechea, Las Condes y Peñalolén han avanzado hacia la área precordillerana, la cota de altura y la protección ambiental actúan como un tope crítico; La Cordillera de la Costa (Límite Oeste): Frena de manera natural la expansión hacia el litoral, encauzando el crecimiento hacia valles interiores (como Melipilla o el valle de Maipo).
Los deslinde jurídico de la Urbe , el Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS) que fija oficialmente el "Límite Urbano" de la ciudad, exigió estrictas "condiciones" a los desarrolladores (financiar áreas verdes, mitigar transporte y reservar suelo para las viviendas sociales). Sin embargo, la ocupación real de estas zonas ha sido lenta debido a los altos costos de habilitación de infraestructura.  Además están la velocidad de traslado en el Gran Santiago que castiga la periferia extrema, la distancia hacia los centros de empleo actúa como un desincentivo económico interno para seguir expandiendo el límite horizontal.
La ciudad, por fin, comenzó a chocar contra sus propias fronteras naturales y jurídicas, encontrando sus límites urbanos y obligándonos a mirar hacia adentro, construcción de nuevos edificios de departamentos, la renovación de los barrios. 

Si miramos el horizonte de Santiago, la postal de la ciudad horizontal, dominada por la cordillera y los techos bajos, ha quedado en el pasado. Hoy, Santiago crece hacia el cielo. 

Como comenzó a agotarse el suelo disponible y volverse más estrictos los límites periféricos, el mercado inmobiliario de Santiago mutó su estrategia de expansión, al no poder crecer hacia los lados de forma infinita, ha crecido hacia arriba. Esto explica el auge de la densificación intensiva en los ejes estructurantes del transporte, cerca de estaciones de la red del Metro, en comunas centrales e intermedias como Santiago Centro, Estación Central, Independencia, San Miguel y Macul. 
Este crecimiento vertical nos impone una pregunta incómoda pero urgente: ¿Para quién estamos construyendo la ciudad?
Por un lado, el discurso del pragmatismo y la eficiencia nos dice que la altura es inevitable. Nos repiten, con justa razón económica, que no podemos seguir expandiendo la periferia de Santiago hasta devorarnos los suelos agrícolas de Lampa o Melipilla. 
Nos recuerdan que la ciudad compacta, optimiza el transporte, que el Metro debe ser la columna vertebral de nuestras vidas y que la densificación es la única respuesta rápida ante un déficit habitacional que asfixia a miles de familias y los migrantes. 
Desde esta perspectiva, la torre de departamentos es la llave de acceso a la centralidad y a las oportunidades que el Santiago periférico niega. Sin embargo, cuando caminamos por el eje de Las Rejas o Ecuador, en Estación Central, la teoría urbanística se estrella de frente con la realidad material. 
Lo que se prometió como integración urbana terminó convirtiéndose, en muchos casos, en un modelo de hiperdensidad desmedida. Las mega estructuras de treinta pisos no se diseñaron pensando en la escala humana; se diseñaron optimizando el centímetro cuadrado para el mercado de la renta financiera.
El resultado de ese vacío normativo está a la vista: pasillos colapsados que funcionan como calles internas, ascensores que tardan media hora en llegar, sistemas de alcantarillado superados y barrios tradicionales que, de la noche a la mañana, perdieron el sol, la privacidad y la tranquilidad. No podemos llamar "solución habitacional" a espacios microscópicos donde el hacinamiento es la norma y la calidad de vida la variable de ajuste.
El término "gueto vertical" caló hondo en el debate público porque describe una herida real: la segregación ya no solo se mide en kilómetros de distancia, ahora se mide en pisos de altura. 
El desafío actual de Santiago no es elegir entre la torre de hormigón o la extensión indefinida. Esa es una falsa dicotomía. El verdadero desafío es la regulación con dignidad. La planificación urbana no puede quedar al arbitrio exclusivo de la especulación inmobiliaria, pero tampoco puede paralizarse ante la necesidad legítima de vivienda.
Hoy celebramos que comunas como Estación Central cuenten finalmente con límites de altura estrictos, pero el daño en la infraestructura ya está hecho y la deuda con esos entornos sigue abierta. Necesitamos transitar hacia un discurso y una práctica de la densificación equilibrada.
Edificios de mediana altura, barrios de usos mixtos, donde el desarrollo privado conviva obligatoriamente con la creación de plazas, el reforzamiento de los servicios de salud locales y el respeto por la identidad comunitaria. Santiago debe dejar de crecer a costa del bienestar de sus habitantes más vulnerables. 
La altura de una sociedad no se mide por los pisos de sus rascacielos, sino por el estándar mínimo de dignidad que es capaz de garantizarle a cada uno de sus ciudadanos en el espacio que llaman hogar.
Estamos siendo testigos de una transformación sin precedentes, en los últimos 50 años, con el nacimiento y la llegada del Metro a comunas que por décadas estuvieron aisladas, como la futura Línea 9 hacia La Pintana o la Línea 7 que unirá Renca con Vitacura, no es solo un avance técnico. Es un acto de justicia territorial. Cuando termine la Red del Metro Santiaguino tendrá 10 líneas que unirá todos los rincones de la urbe, además unidos a través de estaciones de transferencia a las líneas de trenes urbanos o suburbanos de ciudad.
Estos trenes y rieles son puentes permanentes que comienzan a derribar los muros invisibles de la segregación. Por primera vez en nuestra historia moderna, el destino de un ciudadano de clase alta, media o baja está unido por un mismo estándar, un mismo andén y un mismo tiempo de viaje. 

Esta conexión me recuerda a  las ciudades históricas de Europa. Al caminar por Roma, Madrid, o Florencia, uno comprende que la grandeza de una urbe no reside en su opulencia, sino en su capacidad de ser recorrida por todos.  Allí, la historia es un patrimonio compartido. Del mismo modo, nuestras nuevas estaciones ferroviarias o metro deben ser más que puntos de paso; deben ser los nuevos centros de nuestros barrios, polos de servicios y espacios de encuentro dignos. Sin embargo, como sociedad enfrentamos tensiones. Lo vemos en la política, en la fragmentación de nuestras instituciones y en los desafíos climáticos que golpean nuestra cuenca. 
En lo personal, estas reflexiones me han llevado a entender que, así como una ciudad necesita infraestructura, el ser humano necesita introspección y vínculos sólidos. Mis recientes experiencias en la vida cultural local —en casa de la cultura de Quinta Normal hasta nuestras celebraciones comunitarias— me confirman que la verdadera "ciudad materna" es aquella que nos cuida y nos permite crecer juntos. No podemos permitir que el progreso expulse a los vecinos de siempre. Debemos cuidar que la plusvalía de ciertos sectores no se convierta en exclusión, sino en oportunidad. 
Que el tren que llega a Melipilla o a Batuco traiga consigo no solo modernidad, sino también el respeto por nuestra identidad y nuestra historia como urbe. Que cada nueva estación sea una oportunidad para reconocernos en el otro. Porque al final del día, una ciudad integrada es aquella donde no importa de dónde venimos, sino hacia dónde podemos llegar juntos.

Hoy, el desafío ya no es cuánto más podemos avanzar sobre la tierra, sino cómo habitamos el espacio que ya hemos construido. Reconocer nuestra historia y la diversidad de nuestras comunas periféricas e interiores es el primer paso para entender que el Santiago de hoy no es solo un mapa, sino una identidad compartida que debemos cuidar, integrar y proyectar hacia el futuro.



Los centro de Santiago.


Comuna de Las Condes.


Una ciudad no es solo una acumulación de calles, edificios y cemento. Una ciudad es, ante todo, un organismo vivo que respira, cambia y se mueve al ritmo de sus centros urbanos.

Cuando analizamos nuestra realidad local, vemos con claridad cómo el eje compuesto por Estación Central, Santiago, Providencia y Las Condes materializa a la perfección este concepto. No son comunas aisladas; son eslabones de una cadena que define el destino de la metrópoli.
Los centros urbanos cumplen tres roles fundamentales que hoy debemos poner en valor:

Puntos de encuentro y diversidad: El centro histórico de Santiago y el portal de Estación Central nos demuestran que el núcleo de una urbe es el espacio democrático por excelencia. Allí confluyen el estudiante, el trabajador, el migrante y el comerciante. 
Son lugares donde la historia colonial y republicana se mezcla con la multiculturalidad del siglo veintiuno, recordándonos quiénes somos y hacia dónde vamos.

Motores de innovación y economía: El dinamismo de Providencia y la vanguardia financiera de Las Condes evidencian que los centros urbanos atraen el talento, la inversión y la tecnología. Son los polos donde se toman las grandes decisiones comerciales que impactan el empleo y el bienestar de miles de familias, incluso de aquellas que viven en las periferias.

Nudos de conectividad: Un centro urbano eficiente es aquel que conecta vidas. Este corredor poniente-oriente es el mejor ejemplo de cómo el transporte público masivo, el comercio a gran escala y los servicios esenciales deben converger para optimizar el recurso más valioso de los ciudadanos: su tiempo.
Sin embargo, liderar y habitar los centros de una urbe nos impone desafíos monumentales. El crecimiento vertical, la seguridad pública, la crisis climática y la necesidad de áreas verdes nos obligan a repensar estos espacios. Un centro urbano exitoso no es aquel que se satura o excluye; es aquel que logra equilibrar la alta densidad y el progreso económico con una escala humana, amable y sostenible.

El futuro de nuestra sociedad se escribe en sus calles centrales. Si logramos que nuestros centros urbanos sean seguros, integrados y vibrantes, estaremos asegurando una mejor calidad de vida para toda la región. Trabajemos juntos por ciudades donde el progreso no se concentre en unos pocos kilómetros, sino que irradie desde el centro hacia cada rincón de nuestra comunidad.

Las Condes nuevo centro urbano.

Las Condes ha completado su transición: dejó de ser la periferia residencial de la elite para consolidarse como la nueva centralidad metropolitana de Santiago del siglo XXI, junto con las comunas de  Estación Central, Santiago Centro, y Providencia.  
Si analizamos la historia urbana de nuestra ciudad, el siglo XX estuvo dominado por el patrón del modelo radio-concéntrico, donde la comuna de Santiago concentraba la totalidad de los servicios, el comercio y la vitalidad urbana. Hoy, ese modelo es obsoleto. 

Las Condes ha asumido un rol idéntico en términos de magnetismo e intensidad de flujos, atrayendo diariamente a una población flotante transversal que busca empleo, educación, servicios y recreación.
Sin embargo, desde la perspectiva del diseño y la morfología urbana, este nuevo centro presenta una condición inédita: es un nodo macroeconómico puro. A diferencia del casco histórico tradicional, aquí hay una exclusión de la burocracia estatal y del poder político central. 
Las Condes no alberga ministerios ni el aparato administrativo del Estado; en su lugar, ha edificado una infraestructura orientada al capital privado, la innovación tecnológica, el sector financiero corporativo y el consumo de alta gama. Es la manifestación física de la globalización en el territorio chileno.

Como es natural en todo proceso de metropolización acelerada, la primera respuesta del habitante tradicional de ingresos altos ha sido el repliegue y la resistencia. 
La pérdida de la escala barrial, la densificación en altura y la inevitable mixtura social que introduce la conectividad del transporte público —como el Metro— rompió el histórico tejido de segregación autoinducida que caracterizaba a la comuna. 
La elite tradicional, buscando mantener ese aislamiento residencial y esa baja densidad, ha iniciado un éxodo predecible hacia las cotas más altas de la precordillera, poblando los márgenes de Lo Barnechea o los enclaves más restrictivos de Vitacura.
Pero el territorio que dejan atrás no queda vacío; se reconvierte. Las antiguas viviendas unifamiliares dan paso a una tipología de alta densidad que atrae a una nueva clase media-alta. 
Un grupo sociodemográfico más joven, flexible, globalizado y que, a diferencia de sus predecesores, valora la hiperconectividad, la proximidad al trabajo y los beneficios de la "ciudad de 15 minutos" por sobre el aislamiento suburbano.
Las Condes ya no le pertenece solo a quienes tienen domicilio en ella; le pertenece a la metrópolis entera.




jueves, 28 de febrero de 2019

152).-Basílica mayor.


Basílica mayor.




 Ornamentos heráldicos de la basílica mayor


Basílica mayor.  (del latín: Basilica maior, Basilicae maiores en plural) es el título dado a los cuatro templos católicos de más alto rango:​ San Pedro, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros y Santa María la Mayor. La basílica de San Pedro se encuentra en la Ciudad del Vaticano y las otras se encuentran en la ciudad de Roma, Italia, aunque formalmente pertenecen a la Santa Sede. San Juan de Letrán, sede del obispo de Roma (el papa), es la más antigua y primera en el orden establecido de las basílicas papales, antes que San Pedro.
Todas las otras iglesias que tienen el título de basílica son basílicas menores (en latín: basilica minor).


Historia

Antiguo trono papal en San Juan de Letrán.

El título de basílica mayor fue introducido en el año 1300 por el papa Bonifacio VIII. Con la promulgación de su bula "Antiquorum fida relatio", Bonifacio instituyó el Año Santo y estableció para las indulgencias. Bonifacio VIII concedió las "grandes remisiones e indulgencias por los pecados", que se obtenían "por visitar la ciudad de Roma y la venerable basílica del Príncipe de los Apóstoles". Llegando a detalles más precisos, reconoció "no sólo plena y abundantemente, sino el más completo perdón de todos los pecados", a aquellos que cumplieran determinadas condiciones. 
En primer lugar, los que verdaderamente hacían penitencia para confesar sus pecados, y en segundo lugar, los que visitaran las basílicas de San Pedro y de San Pablo, respectivos sitios de entierro de los apóstoles Pedro y Pablo.

En el segundo celebrado en 1350, el papa Clemente VI añadió una tercera gran basílica: San Juan de Letrán, catedral de Roma. En esta ocasión se exhortaba a visitar San Juan de Letrán, además de las basílicas de San Pedro y San Pablo Extramuros. Por último, en el jubileo de 1390, se añadió la Basílica de Santa María la Mayor, la iglesia más antigua dedicada a la Virgen María. La visita a estas cuatro iglesias se ha mantenido como una de las condiciones para ganar la indulgencia jubilar romana.


Trazado esquemático de algunas vías romeas descritas en crónicas medievales.
Leyenda:
color #ff0000  990 Sigerico el Seriocolor #008000 1154 Nicolás de Munkaþverácolor #00ffff 1191 Felipe Augustocolor #000080 1236 Alberto de Stadecolor #800080 1253 Mateo de Paríscolor #ff6600 1350 Barthelemy Bonis


Se conoce como vías romeas a las rutas medievales que eran utilizadas habitualmente por los peregrinos (romeros) que se dirigían a Roma. Estas rutas eran principalmente itinerarios de larga distancia formados por la unión de diversos caminos regionales. 
Tenían en común que cruzaban los Alpes por alguno de sus pasos y posteriormente conectaban con la vía Francígena, bien a su inicio en Vercelli o en diversos puntos de su recorrido hasta la Ciudad de San Pedro. Por otro lado, a estos itinerarios se unían pequeñas rutas que permitían el acceso a ellos desde un amplio abanico de zonas europeas. La descripción de estos itinerarios que ha llegado a nosotros se debe a crónicas de viajes de ida o vuelta a Roma que realizaron diversos personajes, tanto religiosos como laicos.
La peregrinación a Roma fue, desde tiempos altomedievales y hasta el surgimiento de la reforma protestante, un elemento común de la cristiandad europea. Su popularidad varió con el tiempo en función de factores como la preferencia de los peregrinos por los otros dos grandes destinos —Jerusalén y Santiago de Compostela—, de la situación política de los territorios que atravesaban los caminos, de la actitud del papado y su promoción del peregrinaje, así como de la postura que las nuevas iglesias reformadas adoptaron ante el culto a los santos y las reliquias.
El actual éxito en la recuperación de los Caminos de Santiago y su gran uso han llevado a que asociaciones y administraciones recuperen alguno de estos itinerarios medievales mediante su señalización, la edición de mapas y guías, así como la adecuación de la infraestructura de alojamiento.
El principal camino —la citada vía Francígena— fue una ruta en el interior de la península itálica que desarrollaron los lombardos en el siglo VII con el fin de mejorar la comunicación entre sus territorios de la llanura Padana y el área cercana a Roma. 
Este camino ha experimentado en los últimos años una notable puesta al día de su infraestructura, y su nombre actualmente designa un largo itinerario de unos 2000 km entre Canterbury y Roma, un itinerario que fue descrito en el año 990 por el arzobispo de la primera ciudad con motivo de su viaje a la ciudad papal para recibir el pallium de manos del papa.

Privilegios y atributos

Estas cuatro basílicas mayores también se distinguen por poseer una puerta santa y que una visita a ésta es siempre prescrita como una de las condiciones para ganar el jubileo romano. Por otra parte, nadie puede celebrar la misa en el altar mayor, salvo el papa y los delegados especiales que actúan en lugar de éste. 



Basílica Papal de San Juan de Letrán, Archibasílica del Santísimo Salvador y de los santos Juan Bautista y Evangelista en Letrán, catedral de R oma.


También conocida como Basílica Lateranense o Laterana, es la catedral del obispo de Roma, el papa. 
El nombre oficial es Archibasilica Sanctissimi Salvatoris, es la más antigua y la de rango más alto entre las cuatro basílicas mayores o papales de Roma, y tiene el título honorífico de «Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput» (madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra), por ser la sede episcopal del primado de todos los obispos, el papa. Fue consagrada por el papa san Silvestre en el año 324.

La Archibasílica surge en el siglo III en tierras de los Lateranos, noble familia romana caída en desgracia bajo Nerón, cuya propiedad pasó por tanto al dominio imperial. El palacio pasó a manos de Constantino I cuando se casó con su segunda mujer, Fausta, hermana de Majencio, y era conocido con el nombre de Domus Faustae. Por tanto, Constantino era su propietario cuando ganó la batalla del Puente Milvio (contra Majencio), en el 312.
La tradición cristiana indica que los terrenos y la residencia de los Lateranos fueron donados al obispo de Roma (la fecha de la donación no es segura pero debería ser durante el pontificado del papa Melquíades), en señal de gratitud del emperador a Cristo, que apareciéndosele durante el sueño, le había hecho vencer en la batalla del Puente Milvio.
El baptisterio de esta basílica es un edificio independiente de planta octogonal, y tiene la forma típica de los baptisterios de los primeros siglos, cuando el bautismo se hacía por inmersión. Por tanto, cuenta con una piscina en la cual el neófito se sumergía para salir por el lado opuesto.
Anexo a la archibasílica hay un claustro con jardines y arquerías, y un palacio (el Palacio de Letrán), propiedad del papa. Antiguamente, todo este complejo lateranense fue la sede del gobierno eclesiástico, hasta el tiempo en que la corte pontificia se mudó a Aviñón (Francia), periodo conocido como Cautiverio de Aviñón. Al regresar los papas a Roma, se establecieron en la colina vaticana, donde actualmente está la Santa Sede.
Cerca de esta basílica está el edificio que alberga la Escalera Santa, cuyos escalones, traídos de Tierra Santa, son según la tradición los mismos que subió Cristo en el palacio de Poncio Pilato. No se permite subirlos de pie. Los devotos los suben de rodillas.
La actual basílica es de estilo barroco, fruto de una radical transformación de Francesco Borromini en el siglo XVII; de época anterior se conservan los magníficos mosaicos del ábside, el ciborio gótico y el pavimento de estilo cosmatesco. En lo alto de la fachada se encuentran estatuas de Cristo, los santos Juanes (el Evangelista y el Bautista) y los Apóstoles. La fachada fue reformada en el siglo XVIII, siguiendo el estilo de la de San Pedro, por el arquitecto Alessandro Galilei.
Posiblemente el elemento mueble más singular del templo es la milenaria puerta de bronce, de dos hojas o batientes, que cierra el acceso principal: es de los tiempos del Imperio romano, y procede de la Curia Julia, sede del Senado de aquella época, de donde se trajo en 1660. Ya en el interior, destacan las monumentales estatuas de los doce apóstoles de la nave central. Bajo el altar mayor está enterrado el papa Martín V, bajo cuyo pontificado se abrió por primera vez la Puerta Santa en esta basílica. El ara de este altar es una losa que, según la tradición, es la misma que usaban san Pedro y los primeros papas al celebrar la misa. Sobre el altar hay un baldaquino con un relicario en el que se conservan las cabezas de san Pedro y san Pablo. En el fondo del ábside está la cátedra, el trono episcopal del obispo de Roma, hecho de mármol y mosaicos.
El papa suele celebrar ciertas ceremonias litúrgicas en este lugar (por ejemplo, la misa de la Cena del Jueves Santo, y la misa de la fiesta del Corpus Christi; esta última tiene lugar en el atrio, a partir del cual parte la procesión eucarística).
El canónigo de honor de la Archibasílica de San Juan de Letrán es el presidente de la República Francesa, según una tradición que se remonta al siglo XVII, cuando el jefe del Estado era un rey. 
En el calendario católico, el día 9 de noviembre se celebra la fiesta de la dedicación de esta basílica mayor.


Basílica Papal de San Pedro en el Vaticano.


También llamada la Basílica Vaticana, es un sitio de peregrinación, construida sobre la tumba de san Pedro. Es tal vez la iglesia más grande del mundo, utilizada para la mayoría de las ceremonias religiosas principales en los que participa el papa.
La basílica cuenta con el mayor espacio interior de una iglesia cristiana en el mundo, presenta 193 m de longitud, 44,5 m de altura, y abarca una superficie de 2,3 hectáreas. La altura que le confiere su cúpula hace que su figura domine el horizonte de Roma. Es considerada como uno de los lugares más sagrados del catolicismo. Se la ha descrito como «ocupante de una posición única en el mundo cristiano», y como «la más grande de todas las iglesias de la cristiandad». Es una de las cuatro basílicas mayores y una de las iglesias que se deben visitar en el peregrinaje de las siete iglesias de Roma para alcanzar la indulgencia plenaria.
En la tradición católica, la basílica se encuentra situada sobre el lugar de entierro de san Pedro, que fue uno de los doce apóstoles de Jesús de Nazaret, primer obispo de Antioquía, primer obispo de Roma y, por lo tanto, el primero de los pontífices. La tradición y las evidencias históricas y científicas sostienen que la sepultura del Santo está directamente debajo del altar mayor de la basílica. También la mayoría de los papas han sido enterrados en San Pedro desde la época paleocristiana.
En el sitio de la basílica han existido iglesias desde el siglo IV. La construcción del actual edificio, sobre la antigua basílica constantiniana, comenzó el 18 de abril de 1506, por orden del papa Julio II, y finalizó el 18 de noviembre de 1626. En ella trabajaron algunos de los arquitectos más renombrados de la historia, como Donato Bramante, Miguel Ángel o Bernini.


Basílica Papal de San Pablo Extramuros.


También conocida como la Basílica Ostiense ya que está situado en el camino que conducía a Ostia, está construida sobre la tumba de San Pablo.
Es la segunda basílica mayor de Roma, después de San Pedro, de la que dista 11 kilómetros. Según la tradición es el lugar donde el apóstol Pablo fue enterrado. La basílica es una de las iglesias que se deben visitar en el peregrinaje de las siete iglesias de Roma para alcanzar la indulgencia plenaria en Año Santo.
Rey de España es   Protocanónigo Honorario (ex officio) de la Basílica de San Pablo Extramuros:


Basílica Papal de Santa María la Mayor.


También llamada Basílica Liberiana ya que la construcción del edificio original (no el actual) se le atribuye al papa Liberio, es la iglesia más grande en Roma dedicada a la Santísima Virgen María, de ahí su nombre de "la Mayor".
Es un edificio que muestra estilos arquitectónicos variados, desde el paleocristiano hasta el Barroco. Esta iglesia, con sus nobles proporciones, mosaicos e imponentes capillas resume las grandes etapas del arte cristiano en Roma.
Rey de España de Protocanónigo Honorario del Cabildo Liberiano (ex officio) de la Basílica de Santa María la Mayor:



Madrid  y los reyes de España.


Madrid es un municipio y una aglomeración urbana de España. La localidad, con categoría histórica de villa, es la capital del Estado y de la Comunidad de Madrid. En su término municipal, el más poblado de España, su población es de 3.506.730 habitantes (INE 2025), constituyéndose como la segunda ciudad más poblada de la Unión Europea, así como su área metropolitana, con 6.779.888 habitantes empadronados.
Como capital de España, alberga las sedes del Gobierno de la Nación y sus ministerios, de las Cortes Generales, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, así como la residencia oficial de los reyes de España.

En el plano económico, es una de capitales económicas a nivel mundial y la primera de España.
En el plano internacional acoge la sede central de la Organización Mundial del Turismo (OMT), perteneciente a la ONU, la sede de la Organización Internacional de Comisiones de Valores (OICV), la sede de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), el Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ), y la sede de Public Interest Oversight Board (PIOB). También alberga las principales instituciones internacionales reguladoras y difusoras del idioma español: la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, y sedes centrales de la Real Academia Española (RAE), del Instituto Cervantes y de la Fundación del Español Urgente (Fundeu). Madrid organiza ferias como FITUR, Madrid Fusión, ARCO, SIMO TCI, el Salón del Automóvil y la Cibeles Madrid Fashion Week.
Es un influyente centro cultural y cuenta con museos de referencia internacional, entre los que destacan el Museo del Prado, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Thyssen-Bornemisza, la Galería de las Colecciones Reales y CaixaForum Madrid.
Los orígenes de la ciudad han sido objeto de continua revisión histórica. El hallazgo de un posible enterramiento de tipo visigodo, no conservado, llevó a algunos investigadores a considerar que el posterior asentamiento fortificado musulmán de Maǧrīţ (del siglo IX) se habría asentado sobre un vicus visigodo del siglo VII, posiblemente llamado Matrice o matriz ('arroyo'); si bien son muchos otros los que consideran que la evidencia es, a día de hoy, demasiado escasa y oscura como para poder afirmar nada al respecto. Las excavaciones arqueológicas también han desvelado restos de villas de época romana, así como de otros restos que se remontan a los carpetanos y al periodo prerromano en general.
No sería hasta el siglo XI cuando Madrid fue incorporada al Reino de León, tras su sitio y toma por Alfonso VI de León en 1085. Fue designada sede de la Corte por el rey Felipe II en 1561, convirtiéndose en la primera capital permanente de la monarquía española y ha mantenido la capitalidad del país desde entonces, salvo por breves intervalos de tiempo.


Los  Madrileños de nacimiento deben tener una buena imagen de la monarquía española, y de las casa de Austria y los  Borbones, que convirtieron su ciudad natal, en la actual metrópolis internacional que es ahora; sin ellos  y su grandeza, Madrid seria un villa  castellano sin importancia, nadie conoce su nombre  como abundan en el centro del país. Uno visita la villa ve al Rey en todos lados, en sus palacios, en su arquitecturas, sus parques, sus museos, en todo se refleja la realeza española.


Palacio Real de Madrid.

Su observación describe con precisión el paisaje urbano y monumental del centro de Madrid, el cual funciona como un museo al aire libre del poder real acumulado durante siglos. El peso de la arquitectura cortesana es innegable para cualquiera que recorra la capital.
La relación histórica entre los habitantes de Madrid y la monarquía española es un tema complejo que mezcla el orgullo por el desarrollo urbano con debates políticos de larga data. Si bien la Corona fue el motor de transformación de la ciudad, la opinión actual de los madrileños hacia la institución es diversa y variada.

El impacto histórico de la monarquía.

Es un hecho histórico que Madrid debe su transformación radical a las decisiones reales:

Sede de la Corte (1561): Felipe II (dinastía de los Austria) trasladó la corte a Madrid, convirtiendo un enclave medieval en el centro de un imperio global.

"Mejor Alcalde de Madrid": Carlos III (dinastía de los Borbones) lideró la modernización urbana en el siglo XVIII. Construyó alcantarillado, alumbrado público y monumentos icónicos como la Fuente de Cibeles, la de Neptuno y el actual Museo del Prado.

Capitalidad: Esta centralización política atrajo riqueza, talento, embajadas y conectividad, sentando las bases para que hoy sea una metrópolis internacional.

La perspectiva de los madrileños actuales.

A pesar de este legado arquitectónico e histórico, la percepción ciudadana moderna no es uniforme y se divide por factores ideológicos y generacionales:

Reconocimiento patrimonial: Existe un consenso generalizado en el valor cultural que los Austrias y los Borbones dejaron en la identidad de la ciudad (el llamado "Madrid de los Austrias").

Pluralidad política: Madrid es una comunidad diversa. Mientras que los sectores más conservadores suelen mostrar un fuerte apoyo a la monarquía constitucional actual, los sectores progresistas y de izquierdas albergan corrientes republicanas 
La relación histórica entre los habitantes de Madrid y la monarquía española es un tema complejo que mezcla el orgullo por el desarrollo urbano con debates políticos de larga data. Si bien la Corona fue el motor de transformación de la ciudad, la opinión actual de los madrileños hacia la institución es diversa y variada.

El reflejo de la realeza en el Madrid actual.

El patrimonio monumental que hoy atrae a millones de turistas internacionales es, en su origen, de propiedad o iniciativa real:

Los Palacios: El Palacio Real de Madrid (el más grande de Europa Occidental) y el Palacio de El Pardo marcan la presencia física de la soberanía.

Los Parques: El Parque del Retiro nació como los jardines privados del Palacio del Buen Retiro de Felipe IV; la Casa de Campo era un coto privado de caza de la monarquía.

Los Museos: El Museo del Prado se construyó bajo Carlos III y abrió con los fondos de la Colección Real, mientras que el Museo Reina Sofía ocupa el antiguo Hospital General, fundado también por la Corona.

Las Infraestructuras: Puertas monumentales como la de Alcalá o la de Toledo eran los accesos reales que daban la bienvenida a la corte.

La dualidad de la identidad madrileña

A pesar de esta evidente impronta regia, los historiadores y sociólogos destacan que el orgullo de los madrileños nativos convive con una doble identidad:

El Madrid Cortesano: Orgulloso del legado monumental de los Austrias y Borbones, que elevó el estatus de la ciudad.

El Madrid Castizo y Popular: Una identidad basada en las clases trabajadoras, los gremios, las revueltas populares (como el Motín de Esquilache o el Levantamiento del 2 de mayo) y la cultura de barrio, que históricamente se desarrolló con independencia de la aristocracia.

El debate sobre si Madrid sería una villa irrelevante sin la Corona es un ejercicio clásico de historia contrafactual, pero la realidad actual muestra una metrópolis que ha diversificado su identidad mucho más allá de su pasado cortesano.

El pensamiento de los madrileños "de nacimiento" (los llamados coloquialmente gatos si sus padres y abuelos también lo son) respecto a la Familia Real y la relación de la institución con su condición de "Villa" es rico en matices. No existe una opinión única, sino una convivencia entre el pragmatismo, el orgullo local y la ideología política.

1. El orgullo de ser "Villa" frente a la Corona.

Madrid ostenta oficialmente el título de "Villa y Corte". A diferencia de otras capitales regionales que son "Ciudades" (como Sevilla, Toledo o Zaragoza), Madrid nunca cambió su rango medieval de Villa.

El origen: Felipe II trasladó la Corte a una villa porque no quería las ataduras ni los privilegios eclesiásticos y nobiliarios que tenían las grandes ciudades de la época.
La perspectiva actual: Para el madrileño nativo, el término "Villa" no se asocia con un pueblo sin importancia, sino con una seña de identidad y orgullo. El propio gentilicio madrileño convive con el orgullo de pertenecer a la "Villa", interpretándolo como una cercanía y un carácter popular que la pomposidad de la Corte nunca pudo apagar.
 Saben que la realeza les dio la capitalidad, pero sienten que el carácter acogedor y "gato" de Madrid lo construyó la gente.

2. ¿Qué piensan de la Familia Real actual?

La opinión de los madrileños nativos sobre la actual Casa Real (Felipe VI, la Reina Letizia y la Princesa Leonor) suele estar muy polarizada y sigue de cerca las tendencias demográficas y políticas de la región:

División por ideología política: Madrid es políticamente diverso. En los sectores conservadores y de centro-derecha (que tienen un fuerte peso electoral en la comunidad), la Corona y la figura de Felipe VI son ampliamente respaldadas como símbolos de estabilidad, unidad nacional y orden constitucional. 
En contraste, en los sectores progresistas, de izquierda y en los movimientos vecinales de los barrios del sur (como Vallecas o Carabanchel), predomina un sentimiento republicano que ve a la monarquía como una institución obsoleta o un privilegio heredado.

El factor generacional: Los madrileños de mayor edad suelen tener un respeto histórico por la institución. En cambio, las generaciones de madrileños más jóvenes muestran una gran desafección o indiferencia hacia la monarquía, aunque encuestas recientes reflejan que la Princesa Leonor despierta una curiosidad y valoración más positiva que la que tenía su abuelo, el rey emérito Juan Carlos I, tras sus escándalos financieros.

El contraste institucional: Muchos ciudadanos separan el legado histórico de la gestión actual. Un madrileño puede acudir con orgullo a pasear por el Parque del Retiro o visitar el Palacio Real y, al mismo tiempo, votar a partidos republicanos o mostrarse crítico con los presupuestos que recibe la Casa Real.

3. La dualidad "Cortesana" vs. "Popular"

El madrileño de nacimiento convive con una doble narrativa en su día a día:

Por un lado, reconocen que la grandeza monumental de Madrid existe porque los Austrias y los Borbones decidieron invertir la riqueza de un imperio en este rincón de Castilla.
Por otro lado, la mitología popular de Madrid ensalza las revueltas contra el poder absoluto. El madrileño celebra con orgullo festividades locales como el 2 de mayo (el levantamiento del pueblo llano contra los franceses mientras la familia real estaba retenida en Bayona) o recuerda el Motín de Esquilache contra las reformas impuestas por Carlos III.
En resumen, los madrileños nativos ven la relación entre la monarquía y su "Villa" como un matrimonio histórico de conveniencia: reconocen que la Corona sacó a Madrid del anonimato, pero sienten que la Villa desarrolló una personalidad propia, rebelde y castiza, que no le rinde cuentas ciegamente a ningún monarca.

Hoy en día, los madrileños celebran las fiestas históricas ligadas a la Corona española mediante una combinación de solemnidad institucional, grandes eventos multitudinarios y una fuerte inyección de cultura contemporánea.

 Aunque el origen de estas festividades se remonta a hitos monárquicos o de resistencia real, la ciudadanía actual las vive principalmente como días de ocio en la calle, espectáculos tecnológicos y conciertos gratis.
Así se celebran actualmente las tres principales fechas históricas vinculadas a la Corona en la capital:

1. Fiesta Nacional de España (12 de octubre)

Históricamente ligada al patronazgo real de la Hispanidad, la implicación de la Corona es hoy puramente constitucional y de representación del Estado.

El Desfile Militar: Miles de madrileños y visitantes se congregan a lo largo del Eje Prado-Recoletos (entre la Glorieta de Carlos V y la Plaza de Colón) para presenciar la parada militar terrestre y aérea presidida por los Reyes de España.
El ambiente es familiar y festivo, donde destacan hitos populares como el salto paracaidista o el paso de la Legión.

Festival Hispanidad: En los últimos años, la Comunidad de Madrid ha transformado esta fecha en un macrofestival de cultura iberoamericana. Los ciudadanos llenan el centro de la ciudad para disfrutar de cabalgatas de carrozas en la Gran Vía, conciertos de música internacional y gastronomía en espacios como Puente del Rey.

2. Fiesta de la Comunidad de Madrid (2 de mayo)

Conmemora el levantamiento popular de 1808 contra las tropas de Napoleón para defender al país y, en su origen, la legitimidad del rey Fernando VII.

Recreaciones Históricas Goyescas: Los madrileños asisten masivamente a las recreaciones que se realizan en la Puerta del Sol, las vistillas y el Palacio Real, donde asociaciones culturales vestidas con trajes de la época de Goya simulan las batallas del levantamiento.

Espectáculos de Vanguardia: La tradición histórica se ha fusionado con la tecnología moderna. En las celebraciones recientes, uno de los mayores atractivos para los locales es el masivo espectáculo de 1,000 drones que ilumina el cielo de Madrid (como en el parque de la Cuña Verde de Latina), además de festivales de música urbana y pop gratis por toda la región.

La Corrida Goyesca: En la Plaza de Toros de Las Ventas se mantiene la tradicional corrida del 2 de mayo, donde tanto los toreros como el público asistente visten según la usanza de principios del siglo XIX.

3. Fiestas de la Virgen de la Almudena (9 de noviembre)

La Almudena es la patrona de Madrid y su historia está ligada a la monarquía desde que Alfonso XII impulsó la construcción de su Catedral junto al Palacio Real.

Voto de la Villa y Ofrenda Floral: El acto central consiste en una misa multitudinaria en la Plaza Mayor seguida de una procesión hasta la catedral. Los madrileños acuden a llevar flores a la virgen vestidos con los trajes tradicionales de chulapos y goyescos.



La Corona de la Almudena: La forma favorita de los madrileños para festejar este día es gastronómica. Los ciudadanos abarrotan las pastelerías tradicionales para comer la "Corona de la Almudena", un bollo de masa de brioche rellena de crema o nata creado por los pasteleros madrileños en honor a la patrona. En las plazas céntricas se suelen repartir porciones gigantes de este dulce de forma gratuita.




El nombre de Gatos es el apelativo de todos los nacidos en Madrid, con los cuatro abuelos madrileños. El nombre se remonta a la época de la Reconquista en la que los habitantes de la Tierra de Madrid se distinguieron por su capacidad para trepar muros, habilidad muy necesaria en la guerra de reconquista.

La regla de los "Cuatro Abuelos" (Siglo XX)

A mediados del siglo XX, Madrid sufrió una transformación demográfica masiva. Millones de personas de toda España emigraron a la capital en busca de trabajo, diluyendo la población nativa.

El filtro de autenticidad: Para diferenciarse de los nuevos residentes (procedentes de Andalucía, Extremadura o Castilla), nació la regla estricta: solo eres "gato" si tus cuatro abuelos y tus dos padres nacieron en Madrid.

Un club exclusivo: Debido a este fuerte mestizaje migratorio, encontrar a un "gato puro" de tercera generación se volvió extremadamente difícil y un motivo de orgullo local.

4. El significado en la actualidad (Siglo XXI)

Hoy en día, el término ha dejado atrás la rigidez genealógica para convertirse en un símbolo de la cultura nocturna y la identidad integradora de la ciudad.

Los gatos de adopción: Madrid es conocida por su carácter abierto ("nadie es forastero en Madrid"). Por ello, el término se ha flexibilizado y hoy se llama cariñosamente "gato" a cualquiera que adopte el estilo de vida madrileño, sin importar de dónde venga.

La vida nocturna: El refrán popular "De noche todos los gatos son pardos" cobra un sentido literal en la capital. El término se asocia directamente con la cultura de salir de fiesta, disfrutar de las terrazas y vivir la noche madrileña de forma incansable.


El Motín de los gatos.

El motín de los Gatos o motín de Oropesa fue un disturbio que estalló en Madrid el 28 de abril de 1699, siguiendo las clásicas pautas de los motines de subsistencia del Antiguo Régimen, como respuesta a la carestía de alimentos, sobre todo del pan, en la época del año en que justamente el trigo era más caro: antes de la cosecha y cuando se estaban agotando las reservas del año anterior. Su nombre deriva del antiguo apodo que tenían los madrileños, llamados gatos.

Historia

Tras dos años seguidos de malas cosechas, el motín se produjo además cuando aún estaba reciente el óbito del heredero de la monarquía, el príncipe José Fernando de Baviera en Bruselas, el 6 de febrero de 1699, y provocó la caída del segundo gobierno del VIII.º Conde de Oropesa, que era austracista.

[El corregidor de Madrid, Francisco de Vargas,[2] a una mujer que le reprocha no poder alimentar a su marido, parado, y a sus seis hijos, con el pan, de mala calidad, que acaba de comprar a doce cuartos]:
Diese gracias a Dios de que no les costaba dos [reales] de plata... haced castrar a vuestro marido para que no os haga tantos hijos.

[Gritos de la multitud]:

Pan, pan, pan, queremos pan.... Viva el rey, muera el mal gobierno.

Documentos del motín de los Gatos.
Plaza Mayor de Madrid, 28 de abril de 1699, martes, a eso de las siete.
Los disturbios, en los que la multitud exasperada comprometía gravemente el orden, sólo se calmaron con la intervención del propio rey Carlos II que llegó a dirigirse a la muchedumbre congregada ante palacio, tras lo que los ánimos se calmaron:

Sí, os perdono; perdonadme vosotros también a mí, porque no sabía vuestra necesidad, y daré las órdenes necesarias para remediarlo.
Henri d’Harcourt, conde de Harcourt y marqués de Maubec, embajador de Luis XIV en Madrid, es quien ofrece más detalles sobre los hechos en una carta:

El martes veinticinco de abril hubo un motín a causa de los altos precios que han alcanzado el trigo y el pan. Escaseó mucho ese día y un corregidor, don Francisco de Vargas, que se hallaba en el mercado donde se suele vender (porque en Madrid se fabrica poco) y a quien se lamentaba una pobre mujer quejándose de no tener que llevar a su casa, donde le aguardaban su marido y seis hijos, le contestó en son de burla: "Pues haced castrar a vuestro marido para que no os haga tantos hijos". Un sacerdote y otras personas que estaban presentes, indignados de esta contestación, insultaron al corregidor y lo acometieron, obligándole a refugiarse en un convento para salvar su vida. Se reunieron entonces unas diez mil personas dirigiéndose a la casa del conde de Oropesa, grande de España, presidente del consejo dando gritos estentóreos: [¡Muera, muera el perro que nos ha traído esta miseria!] Forzaron las puertas y asaltaron el edificio, intentando quemarlo y saquearlo. Los de dentro se defendieron con armas de fuego, matando a varios asaltantes. Ante la gravedad del motín, varias órdenes religiosas acudieron a la casa con el Santísimo Sacramento e imágenes del Crucificado, que expusieron en distintos balcones, pero no por ello cesó la rabia de los amotinados. Dirigiéndose estos a Palacio dando vivas al Rey y mueras al perro de Oropesa y a los Corregidores tal y cual; pedían que nombrara regidor a Ronquillo. El Rey, para calmarlos, nombró enseguida regidor a Ronquillo y éste, montando a caballo y empuñado un crucifijo, se dirigió a casa de Oropesa, donde, al cabo de cuatro horas de forcejeo, prometiendo que todo bajaría, el pan, el vino y la carne, consiguió que muchos se apartasen de allí. Pero volvieron ante Palacio y la reina hubo de asomarse al balcón y prometer, con lágrimas en los ojos, que se darían las órdenes que deseaban. No la escucharon. Sólo cuando se asomó el Rey, pidieron perdón. Él, entonces, con la extrema bondad que le caracteriza, contestó: "Sí, os perdono; perdonadme vosotros también a mí, porque no sabía vuestra necesidad y daré las órdenes necesarias para remediarlo." Dijo esto quitándose el sombrero por dos veces. La multitud volvió entonces a casa de Oropesa, a pedir los cadáveres de los que habían muerto dentro [...] Varios de los cabecillas del motín están en la cárcel, pero menudean los pasquines amenazadores en los que se dice que, si no cambia el gobierno, caerán muertos por el pueblo Oropesa, el Almirante, el conde de Aguilar [...] la condesa de Berlips y otra persona que no nombran. Persiste el rescoldo del incendio y es muy de lamentar que la plebe, desmandada, odie a la reina como en otros tiempos a la madre del rey. La carestía de los artículos de primera necesidad procede de la codicia de los asentistas del pan, del vino, de la carne y de otros artículos semejantes; que, para esquilmar al pueblo y enriquecerse ellos, los acaparan y venden al precio que les acomoda; y se cree que algunos ministros van a la parte con estos monipodios y por eso amparan a los asentadores.
El conde de Oropesa estaba en cama con un ataque de gota, y cuando empezaban a echar abajo las puertas había escapado so un hábito de monje al convento del Rosario; su esposa e hijos lo hicieron a través de la pared de otra casa, y se refugiaron en la del Inquisidor General Juan Tomás de Rocabertí. El Almirante, al oír las primeras señales de tumulto escapó en un carruaje modesto de dos mulas con las cortinas echadas y tomó un camino no usado hasta Palacio. Lo reconocieron y le llamaron "gallina" y "traidor"; entonces se encerró en su casa con 3.000 hombres de armas y solo salía para ir a Palacio, acompañado por un retén de 100 soldados; la situación del conde de Aguilar y el resto de miembros del Gobierno, los grandes y la nobleza menor era la misma.

Las consecuencias posteriores fueron aprovechadas políticamente en el contexto de los debates por el testamento cambiante del rey (apodado El Hechizado por la historiografía francesa), y que se venían dando con anterioridad al motín. Los partidarios de la sucesión francesa en la persona de Felipe de Anjou, de la casa de Borbón, entre los que destacaba el cardenal Portocarrero, consiguieron apartar del poder a los partidarios de la sucesión austríaca en la persona de Carlos de Habsburgo, de la casa de Habsburgo, apoyados por la reina Mariana de Neoburgo, segunda esposa del rey. El día 22, el embajador imperial Luis Tomás de Harrach informaba a Leopoldo I de la jugada política después del motín: Portocarrero había dado un golpe de Estado. Estaban implicados el marqués de Leganés, sobrino del cardenal Portocarrero, el conde de Benavente, sumiller de corps del Rey; el conde de Monterrey, el embajador francés Harcourt y, por supuesto, Francisco Ronquillo.
La principal víctima fue la persona que ejercía las funciones del valido: Manuel Joaquín Álvarez de Toledo Portugal y Pimentel, VIII conde de Oropesa, austracista, que tras un periodo de apartamiento había vuelto al poder el año anterior en medio de una campaña de descrédito en pasquines y libelos e incluso alguna obra de teatro como El esclavo en grillos de oro, de Francisco Bances Candamo. No fue reemplazado por el cardenal Portocarrero, destacado personaje del partido opuesto borbónico, pues, aunque se le ofreció la presidencia del Consejo de Castilla, no la aceptó y se le otorgó a don Manuel Arias, Comendador de Malta, cercano al Primado y amigo de Ronquillo y Monterrey.

También fue depuesto el corregidor de Madrid, Francisco de Vargas Lezama, siendo sustituido por Francisco Ronquillo, otro miembro del partido opositor borbónico, que durante los disturbios había actuado como intermediario de las reclamaciones de la multitud, siendo llamado y vitoreado por ésta.

Circuló una décima anónima después del motín que denuncia el malestar que originó estos hechos:
Millones, sisa, alcabala / y otras mil imposiciones / dan de comer a ladrones. / Y es, señor, vergüenza mala, / que un reino, con quien no iguala / ninguno, aunque más le sobre, / se vea mendigo y pobre.
Las consecuencias para los amotinados fueron nulas, pues apenas hubo castigos, pero como señala Teófanes Egido (1980):
«No era preciso el esfuerzo dialéctico del conde [de Oropesa] para probar la evidente realidad de que la preparación del clima que disparó el motín, el aprovechamiento de este, la explotación posterior del pánico, estuvo manipulada por las élites de poder rivales que lo que intentaban era un cambio de gobierno al amparo del descontento popular».
El motín madrileño de 1699, Teófanes Egido
Pero el hecho trascendió y fue más allá de solo un cambio de gobierno: también supuso un cambio de heredero y de dinastía reinante.
Muerto Carlos II de España al año siguiente, Felipe de Anjou fue coronado como el rey Felipe V de España y se inició la guerra de Sucesión española.



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