Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


lunes, 23 de enero de 2017

75).-Georgios Gemistos.


Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farías Picón; Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda ; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas ; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala ; Marcelo Yáñez Garín; 

  
Georgios Gemistos.


  
Retrato de Pletón, detalle de un fresco por Benozzo Gozzoli, Palacio Medici Riccardi, Florencia.

Georgios Gemistos (; ca. 1355-1452), quien se hizo llamar Pletón o Plethon (dependiendo de la transliteración), fue un humanista y filósofo bizantino, unos de los principales impulsores del estudio del griego en el mundo latino, y del platonismo. Ferviente seguidor de Platón, enseñó en Florencia y con sus enseñanzas estableció la base para la creación de la Academia de Florencia.

Juventud

Probablemente originario de Constantinopla, en su juventud estudió en Adrianópolis, donde conoció el pensamiento de Platón, en cuyo honor cambiaría su nombre por el de Pletón (que además de sonar de modo similar a Platón significa "pleno"). Luego viajó hacia Palestina y Chipre, entre otros sitios, hasta afincarse en Mistra, donde se dedicó a la enseñanza.

Magisterio en Mistra

En Mistra escribió y enseñó filosofía, astronomía, historia y geografía, y realizó compilaciones de varios autores clásicos. Allí estudiaron junto a él Basilio Bessarión y Jorge Scholarius (o Escolario), quien luego sería Patriarca de Constantinopla y un gran oponente de Plethón. En Mistra Plethón fue nombrado magistrado del déspota Teodoro II Paleólogo (hermano de Juan VIII Paleólogo).
Plethón escribió De Differentiis, una detallada comparación entre las concepciones de Platón y de Aristóteles acerca de Dios. Jorge Escolario, años después, defendió a Aristóteles y convenció al emperador Manuel II Paleólogo que el apoyo de Plethón de Platón conducía a la herejía. Manuel confinó a Plethón en Mistra, donde Plethón ganó fama y se convirtió en una celebridad. En 1415 y en 1418 escribió panfletos a Teodoro y a Manuel describiendo cómo el imperio podría organizarse mejor de acuerdo a los consejos de Platón en La República, lo que incluía reformas políticas, económicas y legales. Con estos panfletos, Plethón adquirió mayor renombre como legislador, y hubo rumores que indicaban que en sus memorias escribía completos códigos legales.

Escribió también un resumen de las doctrinas de Zoroastro y de Platón que muestra sus eclécticas creencias politeístas. También escribió sobre la condición del Peloponeso, compilando varios volúmenes de extractos de autores antiguos. Escribió también obras de música, geografía, filosofía política y otros asuntos.


Enseñanza en Florencia.


Manuscrito en griego escrito por Pletón a comienzos del siglo XV.


En 1428 Gemistos fue consultado por el emperador romano Juan VIII Paleólogo sobre la unión de las iglesias griega y latina, y aconsejó que ambas delegaciones tuviesen igual poder de voto.
Los estudiosos bizantinos habían estado en contacto con sus pares occidentales desde la época del Imperio Latino, y más especialmente desde que el el Imperio Bizantino comenzó a solicitar ayuda a Europa occidental ante la amenaza de los otomanos y su avance, durante el siglo XIV. Europa occidental tenía acceso a algunas obras de la antigua filosofía griega, pero los bizantinos tenían muchos escritos de autores griegos y de sus intérpretes que los occidentales jamás habían podido leer. Después de 1438, cuando el emperador bizantino Juan VIII Paleólogo acudió al Concilio de Ferrara, después conocido como Concilio de Florencia, los occidentales tuvieron acceso a gran parte de estos escritos.
A pesar de que Pletón era un filósofo secular, fue elegido para acompañar a Juan VIII por su sabiduría y vida moral. Otros delegados fueron su antiguo alumno, Basilio Bessarión, Marco Eugenikos y Scholarios.2​ Fue asesor en el Concilio de Ferrara entre 1438 y 1439.
Como maestro secular, Pletón en muchas ocasiones no fue precisado durante el concilio; y ante la invitación de algunos humanistas florentinos, estableció temporalmente una escuela para enseñar las diferencias entre Platón y Aristóteles. En esta época, pocas obras de Platón se estudiaban en el mundo latino​ y básicamente reintrodujo a Platón en el mundo occidental. Cosimo de' Medici estuvo presente en estas lecciones y por ellas se guió para fundar luego la Accademia Platonica en Florencia, donde los que estudiaron con Pletón continuaron su enseñanza una vez que el concilio llegó a su fin.2​ Por este motivo, Pletón es considerado uno de las más importantes influencias sobre el renacimiento italiano. Marsilio Ficino y el primer director de la Academia Platónica dieron a Pletón el honor de llamarlo el segundo Platón, mientras que Bessarión consideraba que el alma de Platón ocupaba su cuerpo. Pletón pudo haber sido también la fuente para el orfismo de Ficino en su sistema de magia natural.

Muchos humanistas italianos tuvieron influencia de Pletón, entre ellos Francesco Filelfo, Segismundo Malatesta, Leonardo Bruni y Ciriaco d'Ancona.
Mientras se encontraba en Florencia, Pletón resumió sus enseñanzas en un volumen llamado Sobre las diferencias entre Aristóteles y Platón, generalmente conocido como De Differentiis. Jorge Scholarius replicó a este escrito con otro titulado Defensa de Aristóteles, que originó una subsecuente respuesta por parte de Pletón, y otras respuestas por parte de otros autores, como Bessarión.

Politeísmo y últimos días

Al volver al Peloponeso, Gemistos fundó una escuela, donde enseñó el politeísmo, en abierta confrontación con el monoteísmo, queriendo establecer las bases del antiguo politeísmo griego, con base platónica. Algunos de sus discípulos oraban ante estatuas de deidades paganas.
Pletón murió en Mistra en 1452 o en 1454, de acuerdo a John Monfasani. En 1466, algunos de sus discípulos italianos, liderados por Sigismondo Pandolfo Malatesta, robaron sus restos de Mistra y los enterraron en el Templo Malatestiano, en Rímini, "para que el gran maestro pudiera encontrarse entre hombres libres".




El sepulcro de Pletón.




La catedral inacabada del excomulgado condottiere, Sigismondo Pandolfo Malatesta, en la ciudad de Rímini, esconde una curiosa inscripcion. De hecho, no la esconde, digamos que más bien la exhibe discretamente en su exterior, en un sarcófago dispuesto en la tercera ventana a la derecha de la nave. Desde 1466 está allí, medio a la intemperie, el cadáver de uno de los últimos grandes filosófos neoplatónicos griegos, Georgios Gemistos Pletón. Prueba su grandeza el que, como recordó Marsilio Ficino, fuera él quien inspiró la creación de la Academia Florentina y, en consecuencia, de manera simbólica, fundara todo el humanismo renacentista italiano:

«En el Sínodo de Florencia, organizado con participación de griegos y latinos, Cosimo de' Medici escuchó a menudo a un filósofo griego llamado Gemisto Pletón explicar los misterios platónicos. Sus inspiradas lecciones le provocaron tan fuerte impresión que por entonces concibió la idea de crear una Academia».

El cadáver de Pletón fue robado el año 1466 de su tumba en el Peloponeso, en la ciudad de Mystras –caída en manos turcas–, por sus antiguos discípulos con ayuda de unos mercenarios venecianos a las órdenes de Malatesta, y conducido a Rimini «para que nuestro gran maestro descanse entre gente libre», y para autorizar con su presencia la fuerte iconografía pagana neoplatónica de la iglesia de Malatesta. La inscripción del sarcófago plantea un interesante problema histórico y geográfico: desde cuándo Bizancio se llamó Bizancio.

La pregunta podría parecer trivial de entrada. Vale la pena revisar el origen del nombre.

El Imperio «bizantino» en realidad nunca vivió bajo tal denominación, que nace y se usa exclusivamente en la historiografía. El término fue acuñado cerca de un siglo después de la caída del Imperio Romano –como era realmente llamado– por un historiador humanista germano, Hieronymus Wolf.

Wolf aprendió griego de modo autodidacta. En 1549 publicó la primera traducción de los discursos de Demóstenes. Desde 1551 trabajó en la biblioteca Fugger de Augsburgo, donde catalogó los manuscritos medievales griegos llegados desde Venecia. En 1557 publicó su trabajo principal, el Corpus Historiae Byzantinae, compilado a partir de las fuentes griegas de la biblioteca de Augsburgo. Con él, inadvertidamente, reescribió la historia del mundo. Cuando a principios del s. XVII Luis XIV de Francia encargó una similar compilación de las fuentes supervivientes de la historia de Constantinopla, tuvieron que basarse, obviamente, en el trabajo de Wolf. 
De este modo, Phillippe Labbé, el jesuita responsable del proyecto, ni se molestó en buscar un título alternativo para sus colección de 34 volúmenes: Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae. Los estudiosos dedicados a las postrimerías del Imperio Romano, al centrarse en Constantinopla, todos asumieron esta terminología (p.e. Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae, Bonn 1822-1897). El adjetivo «bizantino» que durante la Ilustración se extendió por todo el mundo, especialmente gracias a los escritos de Montesquieu, ya fue imposible de despegar del (último) Imperio Romano. Y el adjetivo iba también cargado de connotaciones explícitamente negativas deducidas de las supuestas características del aparato de poder: intrigas cortesanas, burocracia compleja, ceremonialismo sobrecargado e incomprensible y diplomacia fraudulenta.

El carácter problemático del adjetivo «bizantino» puede verse en estos tres ejemplos:

¿Un país? — Un estado llamado «Bizancio» o un «Imperio Bizantino» no han existido nunca en la historia real del mundo. Si alguien hubiera usado tal término entre los siglos VI y XV, nadie le habría entendido. El nombre oficial del estado centralizado en Constantinopla y de lengua griega era Βασιλεία τῶν Ῥωμαίων (Basileia tōn Rōmaiōn), es decir, Roma en su fase final. Sus ciudadanos se autodenominaban romanos aun siendo conscientes de su herencia helenística. En la historia no se marcan cesuras tan tajantes como la de una fecha a partir de la cual Roma devino Bizancio. La raíz del problema es que con la coronación de Carlomagno el Imperio romano ganó un contendiente que buscaba fortalecer su propia legitimidad. Para ello buscó despojar al Imperio de su carácter romano, llamándolo Grecia, o Imperio de Constantinopla, pero nunca Bizancio. Este empeño adquirió carta de naturaleza con el Sacro Imperio Romano (Germánico) de Otón I, pero no obtuvo su victoria definitiva hasta que el auténtico Imperio Romano fue engullido por la marea turca. Cuando Wolf entró en escena ya no quedaba nadie que fuera a protestar contra el apelativo «bizantino».

¿Una ciudad? — La ciudad de Bizancio existió, en el sitio de Constantinopla, la moderna Estambul, sobre el promontorio que toca la bahía del Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, frente a Calcedonia, la «ciudad de los ciegos», que no se percató de que aquella costa opuesta era mucho mejor para instalar una ciudad. La fundaron colonos de Megara a las órdenes de su caudillo Byzas, a la altura de lo que luego se conocería como «la primera colina». En el 330 el emperador Constantino rehizo por completo bajo patrones romanos el primitivo asentamiento, que pasó a llamarse Constantinopla, o Nueva o Segunda Roma. No podía de este modo asociarse con el Imperio Romano (Oriental) pues la historia de aquella ciudad de Bizancio acabó en el momento en que éste nació con la fundación de Constantinopla..

¿Un personaje famoso? — Hasta la Navidad del año 800, aparte de unos pocos autoproclamados emperadores, nadie cuestionó que el Emperador romano gobernaba desde Constantinopla. Incluso los papas de Roma reconocieron su supremacía hasta finales del s. VIII, acuñaron moneda según el modelo de Constantinopla y fecharon sus documentos siguiendo los años de sus emperadores hasta 781/782. Una vez que el papa León III coronó a Carlomagno en Roma, tuvieron que definir un nuevo título porque, a pesar de que por entonces el Imperio Romano Oriental estaba regido momentáneamente por una mujer, nadie pensaba que Carlomagno fuera a desplazase hasta Constantinopla para gobernar desde allí todo el Imperio Romano. 
Entre 800 y 1461 los títulos de Emperador del Imperio Romano Oriental y Occidental convivieron en paralelo. Y en este periodo fueron los emperadores occidentales quienes se sintieron más proclives a ostentar la «romanidad» de su cetro. En consecuencia, llamaban «griegos» a los emperadores de Constantinopla, que desde Heraclio dejaron de usar el título de «augustus» para adoptar el griego «basileus». 
El idioma oficial del imperio era el griego pero el estado mismo, sus gobernantes y su organización eran los sucesores legítimos del Imperio Romano. Por esta razón nada sentían en Constantinopla como mayor insulto diplomático que oírse nombrar «imperio –o emperador– griego». Liutprando de Cremona, legado del Sacro Emperador Romano Otón, cuenta cómo recibían a quienes llegaban con cartas dirigidas de este tenor:.
Los griegos reñían al mar y maldecían el océano, y se mostraban vivamente extrañados de que las olas no se hubieran abierto para engullir el barco en el que un monstruo tal viajaba. «Un extranjero», gritaban, «un mendigo romano se atreve a llamar al único, grande y majestuoso emperador romano, Nicéforo,  "¡emperador de los griegos!" ¿Qué debemos hacer con estas gentes sacrílegas, y perdidas? Son pobres gusanos; si los matamos, contaminaremos nuestras manos con sangre vil.» Y así, encerraron a los emisarios papales en prisión y remitieron la carta pecaminosa a Nicéforo en Mesopotamia……
Pero qué tiene todo esto que ver con la inscripción del sepulcro de Pletón.

El epitafio de Rímini llama al filósofo «bizantino»:


IEMISTII•BIZANTII•PHILOSOPHOR[um]•SVA•TEMP[ore]•PRINCIPIS•RELIQVVM•
SIGISMVNDVS•PANDVLFVS•MAL[atesta]•PAN[dulfi]•F[ilius]•BELLI•PELOP[onnesiaci]•ADVERSVS•TVRCOR[um]•
REGEM•IMP[erator]•OB•INGENTEM•ERVDITORVM•QVO•FLAGRAT•AMOREM•
HVC•AFFERENDVM•INTROQVE•MITtENDVM•CVRAVIT•MCCCCLXV•

Los restos mortales del bizantino Gemisto Pletón, el más grande filósofo de su tiempo, fueron traídos hasta aquí por Sigismondo Pandolfo Malatesta, hijo de Pandolfo, comandante de la guerra peloponesa emprendida contra el imperio de los turcos, y, inspirado por su ardiente amor hacia las personas sabias, los depositó aquí en 1465.
Aparte de Gemisto Pletón hubo más gentes «bizantinas» conocidas. Por ejemplo, el astrónomo Epígenes de Bizancio, que vivió hacia el año 200 y, por tanto, realmente era de la ciudad de Bizancio. Lo mismo ocurre con su contemporáneo, el lingüista Aristófanes, que también fue un auténtico «bizantino». En situación algo más confusa está Esteban de Bizancio, lexicógrafo griego conocido por su obra geográfica Ethnica, sobre la antigua Grecia. En sus obras publicadas en Europa su nombre se escribió solo como «Stephanus» hasta 1678, en la edición de Amsterdam. En la edición de Leiden de 1688 ya se le nombra como «Esteban de Bizancio». Es decir, fue sencillamente rebautizado en algún momento del último tercio del s. XVII.

Si asumimos que la inscripción del sarcófago no se hizo después de la obra de Wolf de 1557 (y el tallador estaba al tanto de las últimas investigaciones científicas), tendremos que admitir también que el término «bizantino» ya existía antes de 1557 como otro de los típicos hiperclasicismos renacentistas (como Istrópolis en lugar de Posonium), pero aplicado exclusivamente a la ciudad, no al estado. Wolf probablemente estuvo al tanto de este uso, y mientras trataba de marcar un corte entre la literatura y las fuentes griegas antiguas y medievales, adoptó el término «bizantino» que luego se extendería, gracias a su obra, para designar a todo el Imperio Romano con centro en Constantinopla.
Bizancio, como aquel genio del cuento, salió volando escapado de la lámpara de Wolf, y es improbable que podamos comprimirlo de nuevo allí dentro. Hoy en día, si alguien habla del Imperio Romano en relación con el período entre los siglos VI y XV, sorprende a sus oyentes tanto como si aplicara el término Imperio Bizantino en aquellos mismos siglos.


A READING WOMAN
Goliarda Sapienza: el placer femenino y una autobiografía imaginada.

Melina Márquez
27 oct 2020



La escritora siciliana, concretamente de Catania, Goliarda Sapienza se ha convertido en mi lectura durante los últimos meses y, desde que comencé con su bibliografía, no he podido dejar de maravillarme con sus novelas (y eso que aún no he terminado). Como en muchas historias literarias, Goliarda murió sin un gran reconocimiento literario por parte de la crítica. 
Este, en mi opinión, aún está por llegar. Goliarda Sapienza (1924-1996) fue una escritora y actriz siciliana, fumadora empedernida, mujer independiente y sin pelos en la lengua que amó, vivió y escribió cada día tras abandonar los escenarios y la gran pantalla. Quizá los amantes del cine italiano recuerden su cara de una de las escenas de la aclamada película de Visconti, Senso, donde el breve papel de la actriz se convirtió en todo un símbolo del imaginario cinematográfico de la historia de la Unificación Italiana.
La joven que al finalizar la ópera grita 'Fuori lo straniero da Venezia!' a la vez que lanza un clavel a los austríacos aún invasores del norte de Italia es la joven Goliarda Sapienza. Su recorrido como actriz se puede leer en otra de sus primeras novelas Il filo di mezzogiorno, aunque abandonará el teatro para dedicarse por entero a la escritura, su verdadero destino.

La odisea de la primera publicación de L'arte della gioia

Bien es cierto que, hasta ahora, toda su obra ha ido viendo la luz poco a poco, con un impulso mayor después de su muerte - qué pena que ella no lo haya podido ver - con un total de once títulos publicados, siendo siete publicaciones posteriores a su muerte. 
Entre las póstumas, se encuentra la que podría denominarse su obra maestra, L'arte della gioia, publicada en 1998. El éxito de esta obra merece una ovación a la odisea que tanto la escritora como su marido, tras la muerte de Goliarda, tuvieron que sufrir para publicar por primera vez el volumen. Goliarda intentó durante años que las editoriales aceptaran su manuscrito sin encontrar ninguna respuesta positiva, y ante tales negativas decidió aparcarlo en un cajón y vio cómo otros títulos de su mano como Lettera aperta, Il filo di mezzogiorno o L'Università di Rebbibia veían la luz. Pero esta, su obra, la obra de su vida tuvo quedarse en ese cajón a la espera. 

Dos años después de su muerte, acaecida en 1996 por un paro cardíaco mientras salía de casa, su marido y compañero Angelo Pellegrino decidió mostrar al público la gran obra de Sapienza en una tirada con Stampa Alternativa que pagó él mismo de su bolsillo. Sin embargo, aunque hubiera sido milagroso (y un poco peliculero) que gracias a esta primera publicación la crítica se hubiera hecho eco del talento ya demostrado de Goliarda, el camino no iba a ser tan fácil. Pasaron tres años, como el propio Pellegrino explica en el prólogo a la edición italiana ahora publicada por Einaudi, hasta que un documental en RaiTre dedicado a Goliarda Sapienza suscitara un mayor interés por su obra.

 Curiosamente - y un dato que para mí fue el último detalle que me faltaba para embarcarme en la lectura de esta novela - fue gracias a la traducción que L'arte della gioia finalmente recibió el éxito que su escritora desgraciadamente nunca pudo vivir. Digo curiosamente porque mientras en Italia esa primera edición de 1998 pasó con más pena que gloria, gracias a una agente literaria contratada por el mismo Pellegrino, el libro llegó a Francia y allí una traductora se enamoró de él. 
La traducción de la obra - siguiendo los designios de una curiosa rueda de la fortuna - en Francia fue todo un éxito entre la crítica y el público lector. L'arte della gioia se convertía así en uno de esos 'curiosos' casos en los que la traducción es necesaria para dar el valor crítico a un libro que en su cultura original no ha recibido - por despiste, queremos entender, de la crítica - y que gracias a la traducción recibe. 

Pedacitos de su vida

Resumir la enormidad de esta historia en este breve artículo que pretendo redactar es una tarea ardua como todo lo que parece concernir a la obra de Goliarda Sapienza. Para comenzar, es ineludible señalar que, hasta ahora, todas las novelas de Goliarda Sapienza que he tenido el placer de leer tienen un pedacito de su vida, todas son autobiográficas en cierta manera y en todas su voz es reconocible. La manera de narrar en la que su visión se multiplica siendo la protagonista, la espectadora de su propia vida y la compañera de sí misma, no ha hecho más que engancharme más y más a su prosa.
 De esta forma, presenta una revisión constante de la tríada psicoanalítica - el Yo, el Súper-yo y el Ello - primordial para entender la vida y la obra de esta escritora catanese. Su paso por la cárcel, por el psiquiátrico, su vida familiar completamente politizada - su familia era abiertamente socialista y antifascista, lo que se reflejó en su educación -, hija única del matrimonio pero rodeada de numerosos hermanastros y hermanastras, todos ellos detalles que conforman la obra y de los que se aprende leyendo cada pieza del puzzle que representa su ficción: Goliarda es uno con sus obras. 

A todos estos datos familiares constantemente psicoanalizados se añade, en L'arte della gioia, el aspecto sexual representado por una bisexualidad manifiesta, -deseada, imaginada o quizá real también para Goliarda- , del personaje protagonista: Modesta, una mujer inteligente, calculadora y, sobre todo, con un afán de libertad que le lleva a construir una vida basada en el deseo del ahora. 

El arte del placer es eso mismo, el placer y el deseo sexual no reprimidos de Modesta que tras 'perder' ('asesinar') trágicamente a su familia y pasar una temporada en un convento donde la masturbación se convierte en la respuesta a sus instintos, por una serie de curiosos acontecimientos se erige como la dueña y señora de la familia Brandiforti. A partir de aquí, varias generaciones de amantes y familiares llenarán su casa, desde Beatrice con la que establecerá una relación de poder sexual y mental casi inmediato; un poder de atracción que Modesta sabrá ejercer y desarrollar sobre todos aquellos que le rodean. 
Tras Beatrice, se sucederán innumerables amantes y amores tanto masculinos como femeninos que le darán no solo descendencia sino experiencias sexuales que ella vivirá con pasión y libertad. Desde su vida acomodada en Catania también deberá enfrentarse a la victoria del fascismo en Italia y, con ello, a las consecuencias para su familia y, también, para ella. 

Modesta, la cárcel y el 'arte del placer'

Modesta -al igual que Goliarda en la vida real- deberá ingresar en la cárcel donde, de nuevo, el deseo y el amor harán de su experiencia algo necesario para entender la historia, la vida y el placer. Un placer que, aunque la sucesión de amantes marque el ritmo de la novela y de la maduración del personaje en ciertas ocasiones, se trata de algo mucho más que encuentros sexuales. La isla de Sicilia, la ciudad de Catania, las lecturas, el mar, las discusiones políticas, su casa o la observación de sus hijos y amigos son la forma en la que Modesta vive y manifiesta ese 'arte del placer' que da título a la novela. 
Un arte y un placer que parten de la libertad del personaje, de sus desinhibiciones y de su manera de acercarse a la vida y a los acontecimientos y, sobre todo, como ella misma le dice a uno de sus hijos en una discusión acalorada sobre su independencia, de su libertad: 
«Certo, e come tutti i pazzi ti ripeto ciò che ti dissi tanti anni fa: come non ho subito il ricatto dei vecchi, non subirò il ricatto dei giovani». [Claro, y como a todos los locos te repito lo que te dije hace ya muchos años: al igual que no me he sometido al chantaje de los viejos, no me someteré al chantaje de los jóvenes.] 
Un personaje femenino fuerte e independiente, una mujer que no le tiene miedo al placer y que hace de la inteligencia su arma secreta, cultivándola constantemente para no verse sometida por nadie. 

La traducción al castellano

El arte del placer es, hasta ahora, el único libro traducido al castellano de la bibliografía de Goliarda . La obra fue publicada por Lumen y traducida por José Ramón Monreal Salvador en 2007, y actualmente no es un libro fácil de encontrar .  Esperemos que la traducción (siempre al rescate en la obra de Goliarda) vuelva a hacerse eco de su obra y su potente voz, y que su feminismo novecentesco desgarrador y su autobiografía imaginada psicoanalizada hasta la saciedad siga dando placer a sus lectores, y éxitos a su nombre. 

Decía su ya mencionado marido en el epílogo a la edición de L'arte della gioia en mayo de 2016: «Oggi l'interesse per i suoi libri cresce ogni giorno di più, sopratutto presso i giovani che leggono in essi quanto da tempo aspettavano». [Hoy, el interés por sus libros crece cada día más, sobre todo entre los jóvenes que leen en ellos todo lo que esperaban desde hacía tiempo]. 

Quizá por eso me he enamorado de sus novelas, porque las esperaba desde hace mucho tiempo.

La Rechazaron los círculos literarios.

Sapienza no encajaba en ninguna de las corrientes dominantes de la posguerra, lo que generó un fuerte muro de rechazo a su alrededor:

Doble exclusión política: El ambiente cultural italiano estaba polarizado entre la tradición conservadora católica y la agenda ortodoxa del Partido Comunista Italiano. Al poseer un pensamiento fuertemente anarquista, libertario y ajeno a directrices partidistas, fue aislada por ambos bandos.

Temáticas "inmorales": Sus textos hablaban abiertamente sobre el placer femenino, la bisexualidad, el cuestionamiento de la maternidad y el psicoanálisis. El establishment literario, profundamente patriarcal, calificó su visión de "inadmisible".

El calvario de su Obra Maestra: Dedicó una década a escribir El arte de la alegría (L'arte della gioia). Las grandes editoriales de su país se negaron a publicarla en su totalidad por considerarla un texto escandaloso. Solo se editó de forma póstuma gracias al empeño de su esposo, Angelo Pellegrino.

La familia de Goliarda Sapienza en su ciudad natal (Catania) no pertenecía a la burguesía local tradicional, sino que formaba parte de una militancia política de izquierda radical y profundamente obrera.

Su entorno familiar estaba completamente alejado de los valores, la comodidad y las convenciones de la clase burguesa de la época.Su dinámica familiar se caracterizó por la marginalidad y la resistencia ideológica en lugar del estatus social acomodado:

Padres militantes y perseguidos:

Su padre, Giuseppe Sapienza, era un abogado de ideas socialistas y anarquistas conocido como "el abogado de los pobres" por defender a las clases trabajadoras locales. 
Su madre, Maria Giudice, fue una de las figuras más destacadas del sindicalismo marxista italiano y una líder del Partido Socialista. Ambos eran figuras perseguidas activamente por el régimen fascista.

Una familia poco convencional: 

El hogar de los Sapienza en el humilde barrio de San Berillo funcionaba como una comuna antifascista y librepensadora. Estaba compuesto por hijos de matrimonios anteriores de ambos padres en una estructura familiar extendida y libre de los lazos del matrimonio formal tradicional, algo completamente inaceptable para la burguesía siciliana de la época.

Aislamiento y boicot educativo:

 Para evitar que la niña fuera adoctrinada por la propaganda del régimen de Mussolini, sus padres decidieron no enviarla a la escuela pública. Goliarda se educó exclusivamente en su hogar, rodeada de discusiones políticas, literatura prohibida y visitas de disidentes, creciendo aislada de la vida social de las niñas burguesas de Catania.

El barrio de San Berillo, ubicado en el pleno centro histórico de Catania, Sicilia, es el escenario clave que moldeó la infancia y el imaginario rebelde de Goliarda Sapienza. Con un trazado laberíntico de callejones estrechos, este rincón urbano posee una de las historias más complejas, trágicas y fascinantes de Italia.

Evolución Histórica: De Casbah a Zona de Sacrificio

Orígenes y diversidad social: Nació tras el terremoto de 1693. Originalmente proyectado como una zona noble, terminó convirtiéndose en un hervidero obrero e industrial. En tiempos de la infancia de Sapienza (años 20 y 30), era una "verdadera casbah" donde convivían azufreros, marineros, artesanos y militantes antifascistas en una densa red de ayuda mutua.

El "Sventramento" (Destripamiento): En la década de 1950, bajo la narrativa de una "modernización urbana" obligatoria, el ayuntamiento ejecutó un agresivo plan de demolición. Se arrasó con gran parte del barrio para abrir avenidas modernas (como el Corso Sicilia), desplazando a más de 30,000 habitantes humildes hacia las periferias de la ciudad.

El Barrio Rojo: La pequeña sección que sobrevivió a la demolición quedó marginada y aislada de los servicios básicos. Durante décadas se convirtió en el principal "distrito rojo" de Catania, un refugio para la prostitución, la exclusión social y la delincuencia callejera.

El San Berillo de Hoy: Arte Urbano y Reparación

En los últimos años, colectivos ciudadanos y asociaciones culturales como Trame di Quartiere han impulsado una intensa revitalización del vecindario:

Piazza Goliarda Sapienza: La antigua Piazzetta delle Belle (un punto neurálgico del barrio de tolerancia) fue rebautizada oficialmente en honor a la escritora. Hoy es un sitio de reunión juvenil rodeado de coloridos murales dedicados a su figura.

Galería a cielo abierto: San Berillo destaca actualmente como uno de los centros de arte urbano y graffiti más dinámicos de Europa. Sus fachadas antes decadentes lucen coloridas expresiones de protesta social y memoria histórica.

Tours de memoria: El Catania Segreta Tour permite recorrer la geografía real que inspiró fragmentos de su obra maestra El arte de la alegría, visitando los callejones donde jugaba y la casa donde nació en el antiguo Palazzo Fischietti.

En 2012, la Sociedad Italiana Letrada decidió colocar una placa en la fachada de un edificio situado en el número 20 de la calle Pistone – Catania . Cuenta: “Questa casa, la strada, i vicoli, Catania, la terra di Sicilia hanno nutrito il genio narrativo di Goliarda Sapienza (1924 – 1996)” [ Esta casa, la calle, los callejones, Catania y Sicilia atesoraban el espíritu ficticio de Goliarda Sapienza (1924-1996) ]. Antes de mudarse a Roma en 1941 y asistir a la Accademia d'Arte Drammatica, Goliarda pasó algún tiempo de su vida en el segundo piso de este edificio. 
Catania es una ciudad italiana, la segunda más poblada de Sicilia y entre las mayores de Italia. Situada en la costa este de la isla, es la capital de la ciudad metropolitana que lleva su nombre. La ciudad posee 337 862 habitantes (2014), su comarca 770.000 y la ciudad metropolitana 1.200.000, siendo la quinta más poblada del país. 
Se encuentra limitada al norte por el monte Etna, el volcán más grande de Europa y entre los más activos del mundo. Fue fundada en el siglo VIII a. C., según Plutarco deriva de «Katane» ("rayadura"), por asociación con áspero suelo del territorio lávico del que surge. 
Ha sido destruida siete veces por erupciones volcánicas y terremotos. Entre las últimas más catastróficas se recuerdan las de los años 1169 y 1693. Es sede de la primera universidad de Sicilia, fundada en 1434 por Alfonso V de Aragón, una de las más antiguas de Italia. Por su patrimonio arquitectónico construido después del terremoto en 1693, la ciudad está catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.





puerta del infierno






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