Vino de Israel |
El vino se ha producido en Israel desde tiempos bíblicos, incluso, mucho antes que en Europa. Actualmente, se encuentra en Israel una gran variedad de productoras de vino, desde pequeñas bodegas hasta grandes compañías. La industria moderna del vino israelí fue fundada por Edmond de Rothschild, dueño de Château Lafite Rothschild. Ahora, el país está dividido en seis regiones productoras: Galilea (הגליל Ha-Galil), una región muy apropiada para la viticultura, debido a su elevación, sus brisas frescas, las marcadas diferencias entre temperatura nocturna y diurna, y sus suelos bien drenados; los montes de Judea (הרי יהודה Harei Yehuda) que rodean Jerusalén; Sansón (שמשון Shimson), localizada entre los montes de Judea y la llanura costera; la llanura de Sharon (שרון), entre la costa mediterránea y el sur de Haifa, que es la mayor zona productora de uvas en la región, y los Altos del Golán (רמת הגולן Ramat HaGolán). Nota.Israel produce vino kosher El vino kosher, el único que puede beber un judío religioso, se obtiene con estrictos preceptos desde el cultivo hasta el embotellamiento. EFE · JERUSALÉN · 06 DE SEPTIEMBRE DE 2019 Elaborar un vino sin productos animales o lácteos y que en su proceso de maceración esté solo en contacto con judíos religiosos son algunos de los requisitos que certifican que es kosher y cumple las normas de alimentación del judaísmo, como alrededor del 95% de los vinos producidos en Israel. Este es el único vino que puede beber un judío respetuoso con la Torah, y por supuesto incluye la ceremonia de la Fiesta de la Pascua, que fue la que celebró Jesús con sus discípulos antes de sufrir el juicio y la crucifixión, fiesta conocida como la "última cena". El producto final no es notoriamente distinto a los vinos que no son kosher, tiene el mismo sabor y, como el resto, la bebida "puede ser de buena o de mala calidad", pero sus diferencias radican en el proceso de producción y en el hecho de que reciba un certificado que lo acredite como tal, señala el viticultor Jacob Ner-David. En su bodega en el corazón de la región bíblica de Galilea, a poca distancia del pueblo de Kafar Kana, donde la tradición cristiana establece que Jesus convirtió el agua en vino, supervisa Ner-David (tocado con una kipá) los barriles de madera llenos de vino elaborado según las reglas de la religión judía. Desde que comenzó su aventura en el mundo del vino en 2012 con la Bodega Jezreel Valley, este viticultor originario de Jerusalén produce unas 100.000 botellas al año de distintos tipos de vino que mantienen su sello kosher, y que exporta en un 70% al extranjero. El mercado del vino kosher está orientado tanto a consumidores que son judíos religiosos como a los que no. La media de su consumo en Israel sigue siendo una de las más bajas del mundo, por lo que sus productores buscan difundir la cultura vitícola entre su población, pero también exportan para dar salida a sus botellas. "El vino ha sido usado durante miles de años con fines espirituales, y es central para el cristianismo y el judaísmo", comenta este agricultor que, asegura que esta fue uno de las razones que le motivó revitalizar la producción vitícola en la Galilea. Según Ner-David, una parte importante de sus compradores son judíos practicantes, "que solo beben vino con certificado kosher" aunque, concreta, estos no se producen solo en Israel y las bodegas del país deben competir con empresas de Estados Unidos, Francia, Chile o Nueva Zelanda, que dirigen estratégicamente sus ventas a fieles judíos. Un proceso riguroso La guía anual de vinos israelíes de Daniel Rogov -histórico crítico gastronómico y experto en viticultura ya fallecido- explica los requisitos imprescindibles para que los vinos sean aceptados como religiosamente aptos. En primer lugar, las uvas para su elaboración no pueden utilizarse hasta que hayan pasado cuatro años de la primera siembra de los viñedos. Además, no puede haber otras frutas o verduras que se cultiven entre las hileras de viñas, y los cultivos se deben dejar en barbecho cada siete años, por lo que todos tienen que pasar un "un año sabático". Desde el inicio de la cosecha, solo se pueden usar herramientas que sean kosher, igual que las instalaciones de almacenamiento o los barriles donde se lleve a cabo la elaboración del vino. El material de trabajo se debe limpiar para asegurarse "de que no queden objetos extraños" en ningún lugar. A partir del momento en que las uvas llegan a la bodega para empezar el proceso de vinificación, solo se permite a judíos observantes que cumplen con el Shabat (jornada de descanso) estar en contacto con el producto. Muchos viticultores no pueden estar personalmente en contacto con el vino mientras se elabora, al no ser estrictamente religiosos, por lo que contratan para las tareas técnicas a judíos ortodoxos. Por último, hay otra regla a tener en cuenta: durante los tiempos del Segundo Templo de Jerusalén "había una tradición que establecía que una parte del vino que se producía se debía dar a los sacerdotes, a los rabinos y a los pobres", explica Ner-David. Cuando se restauró estas últimas décadas la industria vitícola en Israel, se estableció que una parte de la producción, alrededor del uno por ciento, que antes se entregaba como diezmo al Segundo Templo, destruido el año 70 por los romanos, sería ahora derramada en el suelo como ofrenda simbólica, una última característica que convierte el vino en enteramente kosher y, por tanto, bebible para los más religiosos. Israel produce vinos de la época de Jesús y del Rey David Agencia AJN.- La Agencia AJN visitó el laboratorio de análisis de vino en la ciudad de Ariel, donde se encargan de analizar las semillas que se utilizaban durante la época de Jesús y del Rey David. “Cuando recogimos viñedos, creíamos que pertenecían a algún europeo. Pero cuando vimos que eran autóctonos, israelíes, llegamos al cielo”, destacó Elyashiv Drori, encargado del Departamento de Ingeniería Química y Biotecnología de la Universidad de Ariel. l 24 agosto, 2022 Agencia AJN.- La Agencia AJN visitó el laboratorio del Departamento de Ingeniería Química y Biotecnología de la Universidad de Ariel, donde se analiza el vino y las investigaciones arqueológicas que dieron paso a la industria vinícola israelí de hoy en día. “En todo país donde hay vino, hay una historia, y este es el vino de Jesús y del Rey David”, aseguró Elyashiv Drori, encargado del Departamento y de este emprendimiento junto al Keren Kayemet. Hace menos de una década, cuando Drori notó la inusual presencia de viñedos que crecían silvestres cerca de su casa, identificó más de cien variedades autóctonas. De esta manera, pudo producir los vinos que se consumían hace miles de años en la Tierra de Israel, a diferencia de las variedades que llegaron desde Europa. La historia del vino en Israel tiene una larga trayectoria que refleja también períodos históricos del territorio que hoy es el Estado de Israel. La bebida, tal como la conocemos hoy, no es la misma que se tomaba en la época del Rey David o de Jesús. No obstante, recientemente un trabajo de investigación, arqueología y biotecnología posibilitó a científicos de la Universidad de Ariel revivir los mismos vinos que se bebían en épocas anteriores. Hace 150 años, el Barón Rotschild comenzó nuevamente la industria vinícola en Israel. Él era rico, dueño de dos de los mejores viñedos del mundo y envió sus especialistas a Israel para intentar crear la industria de vino. «Aquí estaban los colonos, y qué iban a hacer además de leer la Torah, tenían que trabajar, por eso decidieron crear viñedos. Cuando los hombres de Rotschild llegaron vieron que era un desastre, que no había historia en esta rama. Porque los musulmanes no pueden hacer ni beber vino y por esto destruyeron todos los viñedos», relató Drori. En los años 900 comenzaron a gobernar la zona y en un momento determinado destruyeron toda la industria. Cuando llegó Rotschild, sus especialistas vieron que no había nada de dónde se podía empezar. De esta manera, el Barón Rotschild llevó de Europa variedades que sabía que eran buenas, como el Cavernet Sauvignon, Merlot y comenzó a hacer vino. Esta industria, con su ADN, sigue hasta el día de hoy. «Los musulmanes no pueden hacer ni beber vino y por esto destruyeron todos los viñedos.» “Seis años atrás llegamos a la conclusión de que no se puede continuar así, contando historias del Tanaj (Biblia). Entonces empezamos a buscar zona por zona, especialmente en zonas de ríos o aldeas abandonadas. Lugares donde teníamos rastros o información y, al día de hoy, tenemos cerca de 600 en todo el país donde hay vid. Acá controlamos su ADN para comprender con profundidad que es un vid especial de Israel y no otra cosa”, desarrolló. A finales del período del Segundo Templo se utilizaron Chandali y chendali para hacer vino y hasta hoy los árabes lo utilizan como comestible, pero no para la producción de vino. En arqueología se muestran hallazgos de la época del Rey David. “Encontramos cosas así en todo el país. Los traemos al laboratorio y tomamos fotografías y luego chequeamos el ADN de los hallazgos arqueológicos”, explicó Drori. El vino en Israel Este importante laboratorio en Ariel, una zona donde hay muchos productores de vinos, se ocupa, principalmente, de analizar el vino -color, nivel de alcohol, entre otros-, pero también de investigarlo. “Nosotros investigamos por ejemplo ¿cuál es la influencia de la dilución de uvas en comparación a un viñedo en el que no le hicieron dilución? Traemos las uvas, hacemos vinos chicos y chequeamos cuál es mejor”, detalló Drori a la Agencia AJN. En los 80 funcionaba en Rejovot el Instituto del Vino, que realizaba investigaciones. Sin embargo, en los últimos diez años dejó de trabajar por falta de fondos y ahora simplemente se dedica a hacer análisis en favor de la producción e importaciones. “Las investigaciones no dan rédito económico. A nosotros nos cuesta mucho porque en nuestro país, el mercado del vino creció mucho y debemos dar respuestas para que la rama del vino pueda desarrollarse y avanzar”. “¿Cómo puede un vid sobrevivir en un desierto, donde hay solo 20 milímetros de lluvia anual? Al parecer tiene genes tan fuertes que son resistentes a la sequedad. Esto es nuestro próximo paso: lograr variedades que sean fuertes en Israel para que después ayuden al mundo.” En todo país que hay industria del vino, como Argentina, Francia, España e Italia, hay universidades que se ocupan de su análisis e investigaciones. Sin embargo, la Universidad de Ariel es la única institución seria de Israel que se encarga de esto. “Poseemos una fuente de información internacional de 300 variedades, y si nuestra vid no es compatible con alguna ya existente, eso es signo de que es especial de Israel. Tenemos 70 variedades que no existen en otro lugar del mundo y tenemos muchos estudiantes que cada uno se encarga de un aspecto diferente. Chequean cómo se desarrolla, su fenología, otros sobre qué vino se puede hacer, qué aromas tiene cada vino”, siguió explicando. “En el proceso que realizamos para identificar variedades antiguas desarrollamos muchas técnicas como, por ejemplo, la identificación morfológica con cámaras que no eran conocidas anteriormente. Este proceso podría servir de ejemplo para todo el mundo”, destacó y se preguntó: “¿Cómo puede un vid sobrevivir en un desierto, donde hay solo 20 milímetros de lluvia anual? Al parecer tiene genes tan fuertes que son resistentes a la sequedad. Esto es nuestro próximo paso: lograr variedades que sean fuertes en Israel para que después ayuden al mundo”. La semilla de la época del Rey David. “Cuando recogimos viñedos y no sabíamos que eran israelíes, creíamos que pertenecía a algún europeo. Cuando encontramos uvas pequeñas estábamos seguros de que eran europeas, pero cuando recibimos los primeros resultados y vimos que eran israelíes, llegamos al cielo”, expresó el también investigador de vid y enología. En 2007, un empresario de Miami se comunicó con el laboratorio, interesado en invertir diez millones de euros y desarrollar el producto comercialmente. “Yo no estoy interesado. Mi objetivo es que la industria vinícola israelí se fortalezca, no dársela a alguien de afuera. Si yo ahora se la doy a otro país, la comercializan en un segundo, porque este también es el vino de Jesús, no solo del Rey David”, remarcó Drori. “Nosotros queremos ayudar a que el vino israelí sea más profesional, con mejores controles y una producción más inteligente. La competencia hoy es tanto en precios, como en calidad. Cuando miramos la industria vinícola entendemos que tenemos que dar respuesta a otras cosas y una de ellas es la historia. En todo país donde hay vino, hay una historia”, aseguró. |
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