Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


sábado, 14 de septiembre de 2019

189).-Heráldica Eclesiástica Católica.


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 


Heráldica Eclesiástica Católica.


Introducción

La heráldica eclesiástica se divide naturalmente en diversas ramas, principalmente: las armas de organizaciones religiosas y otros grupos; las insignias de dignidad, rango u oficio eclesiástico; los blasones, términos y formas de la heráldica en general que tienen un origen, uso o carácter religioso o eclesiástico; los emblemas o divisas atribuidos o que tipifican a santos particulares u otros seres venerados por la Iglesia. Entremezclado con estas categorías está su simbolismo real, sugerido o imaginario; y profundamente entrelazada, más especialmente en relación con las insignias de rango eclesiástico, yace la consideración de las vestimentas eclesiásticas. El tema de las vestimentas en relación a los artículos propiamente dichos y su uso se considera más de lleno bajo vestimentas (vea también alba, casulla, etc.). 

(N. de la T.: Para beneficio del lector, daremos algunas definiciones relacionadas con la heráldica, tomadas del diccionario de la Real Academia Española, que le permitirán entender mejor el presente artículo. Las mismas se encuentran al final en la sección de Notas.)
Origen de la heráldica

En general:

Escudo del cardenal Ratzinger, arzobispo de la arquidiócesis de Múnich y Frisinga.

El origen de la heráldica misma sigue envuelto en mucho misterio. Es realmente el desarrollo y la conjunción de tres ideas, ninguna de las cuales por sí misma se puede considerar como heráldica.
Primero vino la simple divisa o emblema personal indicativo del individuo, una idea cuyo origen se puede buscar a través de los estandartes de los hijos de Israel, a través de las divisas de los romanos, los griegos y los egipcios, atribuidas tanto a personajes reales como míticos, y a través de los tótems de los salvajes.
Luego vino la idea decorativa de indicar la propiedad que evolucionó en una dirección a la autenticación del sello por su divisa.
Por último vino la necesidad militar de proclamar la identidad cuando la armadura hizo difícil el reconocimiento; y abusando de la buena fe de estas ideas se desarrolló la herencia o la continuidad de estos emblemas, para cuya época la heráldica era una ciencia perfeccionada y (para las necesidades de la época) completada, usada en todas partes para sellos, banderas, escudos y sobrevestes.
Escudo de Su Santidad el el Papa Bendedicto XVI, de feliz memoria


Se admite universalmente que la heráldica, como ahora entendemos el término, no existía en la época de la conquista normanda de Inglaterra. A finales del siglo XII se había generalizado en toda Inglaterra, Francia, Italia y Alemania, y sin duda se debió al lugar de reunión común de las naciones cristianas en y durante las Cruzadas que los principios fundamentales de la ciencia de la heráldica son y han sido siempre cosmopolitas.

Ornamentos de las armas del Soberano Pontífice

Heráldica eclesiástica:


Divisa cardenalicia
Escudo episcopal del Cardenal Jorge Bergoglio

No hay una línea divisoria rígida entre la heráldica en general y la heráldica eclesiástica ---ambas tienen el mismo origen, las mismas líneas de desarrollo contemporáneo--- pero la aplicación de la heráldica a fines eclesiásticos ocurre por primera vez en la aparición de los escudos de armas de naturaleza personal y familiar en los sellos eclesiásticos, y de las divisas sagradas o santas en vestimentas y estandartes eclesiásticos. Esta última influencia es de menor importancia porque era más efímera y más de la naturaleza de puro simbolismo que de heráldica.
Los primeros sellos eclesiásticos ---casi todos, en los primeros tiempos, en forma de circular, como han continuado hasta hoy día--- llevaban el busto, medio cuerpo o efigie completa del propietario del sello. Así eran también, en ese período, los sellos de los seglares en los que aparecen las efigies montadas del caballero y el noble con el escudo de armas (según se desarrollaban) y las bardas mostrados completamente. Entonces tenemos, desde alrededor de 1300, el sello que muestra sólo el escudo de armas, y al mismo tiempo el sello eclesiástico progresó a través de la efigie con dosel con el escudo de armas en la base a la forma posterior con el blasón heráldico y la leyenda solamente. La heráldica eclesiástica simplemente progresó al mismo tiempo y sobre las mismas líneas que la heráldica en general.
Los primeros sellos eclesiásticos fueron, sin duda, puramente personales, con la efigie, armas, o la divisa del obispo o abad respectivamente, según fuese el caso, pero, en Inglaterra, de todos modos, el "Statutum de apportis religiosorums" de 1307 (35 Eduardo I ) decretó que todas las casas religiosas debían tener un sello común, y que todas las concesiones que no llevasen ese sello serían nulas e inválidas. Con el sello común de una comunidad surgió la idea de un tabardo  impersonal para esa comunidad, pero como no hay fecha definitiva en la que esos sellos se volvieron heráldicos, no hay un origen común a partir del cual surgieron las divisas.

Escudo de abades.

Ha sido un asunto de gran controversia en Inglaterra en qué fecha la autoridad soberana ejerció efectivamente el control en materia de armería[5]. Se puede rastrear al comienzo del siglo XIV; pero en materia de religión, la apelación era a Roma y no al soberano temporal, y hay poca evidencia, si de hecho hay alguna, del control regularizado de la heráldica eclesiástica antes de la fecha de la Reforma. Por esta razón, las armas de abadías y prioratos tienen poco de la exactitud que caracteriza otra heráldica de la época; y nos encontramos con que en Inglaterra, como en todos los demás países, las armas personales de los donantes, benefactores o predecesores en el cargo eran constantemente requisadas al servicio de las armas impersonales de la comunidad. 
En algunos casos (por ejemplo, en el caso de las armas de la Sede de Hereford), incluso estas armas personales se volvieron estereotipadas por el uso repetido en las armas impersonales del oficio o la comunidad, aunque, por supuesto, muchas, quizá la mayoría, a partir del carácter de los blasones y divisas que componían el escudo de armas, eran obviamente diseñadas para, e indicativas de, la finalidad que servían y la comunidad que representaban.


Escudo de Arzobispo con jurisdicción histórica

Un gran número de escudos de armas eclesiásticas, así como otras públicas, se basan en las figuras y efigies de los santos patrones originalmente usados y representados como tales y sin ninguna intención heráldica. La consecuencia natural es que en muchos casos de comunidades religiosas hay dos o más escudos de armas que cumplen la función indistintamente. Armas impersonales de este tipo se produjeron para las sedes, episcopales y arzobispales, y para las abadías y conventos, y para las órdenes religiosas. Estas armas, consideradas simplemente como escudos de armas en todos los asuntos de la regla heráldica y blasón, se ajustan a las reglas y leyes ordinarias de la armería en general en la medida en que éstas le conciernen; ni en sus características difieren de eso, salvo en asuntos de la ornamentación exterior.


Escudos episcopales

Sin embargo, debemos aludir aquí a un punto. El escudo es el vehículo ordinario del escudo de armas. Es obvia y esencialmente un instrumento militar, y el eclesiástico alegadamente amante de la paz a menudo ha preferido sustituir el escudo por la cartela ovalada. En algunos países, especialmente Italia, España y Francia, el uso de la cartela con fines eclesiásticos ha sido muy general, pero con el reconocimiento de esta preferencia eclesiástica por la cartela, no hay que olvidar que los laicos también han hecho uso ocasional de la misma por armería puramente personal, y que el uso del escudo por los eclesiásticos es muy universalmente general en todos las épocas para que cualquier sugerencia de incorrección siga su uso en preferencia a la cartela.
Armas impersonales

Inglaterra:

Estudio de Patriarcas y Primados

Aunque Inglaterra es un país protestante, y su heráldica eclesiástica posterior a la Reforma carece de posteriores desarrollos romanos, sin embargo, el control oficial de la armería en ese país ha sido y sigue siendo más eficiente y eficaz que el control en cualquier otro país, y cuando en Inglaterra el poder temporal asumió la jefatura de la Iglesia Anglicana, y en consecuencia el control de su heráldica, la práctica heráldica existente en esa fecha era estereotipada y desde entonces ha permanecido inalterada. Por esa razón la ley inglesa relativa a las armas episcopales bien puede ser considerada como indicativa de la realidad en una época en que la heráldica era de mayor importancia que en la actualidad. 

Vicarios y sacerdote

El escudo de armas oficial de un obispo no le pertenece a él personalmente ni a su rango. Está ligado a su jurisdicción como parte del Estado y la religión establecida del Estado. Por esa razón, un obispo sufragáneo (que corresponde a lo que se conoce entre los católicos como obispo auxiliar), aunque posee una descripción titular local, no tiene escudo de armas oficial. Por la misma razón, en la separación de las iglesias episcopales escocesa e irlandesa se extinguieron los escudos de las sedes legítimas y ya no son reconocidos oficialmente, aunque un número de prelados de esas iglesias continúan usándolos. Woodward, por cierto, establece que todas las armas episcopales irlandesas son posteriores a la Reforma.
Por esta misma razón técnica, la corona inglesa se niega a conceder armas de oficio a ninguna de las sedes establecidas en el Reino Unido por la Santa Sede, aunque en varias ocasiones se ha hecho la solicitud con una oferta de los honorarios adecuados. El resultado es que los obispos católicos en Inglaterra, como en algunos otros países, utilizan sólo las armas personales con sus insignias exteriores de rango. En el caso de la sede arzobispal de Westminster se le concedieron las armas por un breve papal, pero este es un caso aislado, y las autoridades temporales no han hecho ningún reconocimiento oficial de él. En el registro de las armas personales de su eminencia el difunto cardenal Vaughan, en el Colegio de Armas en Londres, y en la matrícula de las armas personales del Rt. Rev. Eneas Chisholm, obispo de Aberdeen, no hubo objeción al registro del capelo de cardenal y la mitra del obispo.
Ejemplos de armas eclesiásticas oficiales son las de la Sede Anglicana de Hereford, del Arzobispado de Colonia y de la Abadía de Melk. Éstas, en los primeros casos se aplicaron a un escudo separado de las armas personales, pero ahora se encuentran a la voluntad del individuo, llevadas solas o pareadas con sus armas personales en un escudo único. En Inglaterra siempre ha sido costumbre, cuando se ordenan las armas oficiales con las personales hacerlo por empalamiento y no de otra manera, y las armas oficiales tienen la prioridad en el lado derecho.
Una consecuencia curiosa de la Reforma inglesa con su abolición de la necesidad del celibato se encuentra en el ordenamiento de las armas de un obispo (anglicano) casado, lo cual no se hace nunca en un solo escudo, sino que usan dos acolados. En el escudo derecho las armas oficiales de la sede se empalan con las armas personales del obispo y en el escudo de la izquierda las armas personales se empalan con las de la esposa.

Italia:

En Italia la mayoría de las sedes tienen armas oficiales, las cuales no se usan a menudo, pero cuando se utilizan con frecuencia ocupan la parte superior, o parte "principal", de un escudo dividido en fajas.

Alemania:

En Alemania, las armas oficiales y personales, aunque a veces se ordenan por empalamiento, son por lo general cuarteladas, colocando el escudo oficial en el primer y cuarto puntos. Donde varias sedes están unidas en una sola persona las diversas armas oficiales son cuarteladas, y las armas personales se colocan “sobre el todo”, pero por el contrario, donde las armas personales consisten en un escudo cuartelado las armas oficiales a veces se encuentran en “sobre el todo”, que ilustra una diversidad de prácticas a las que parecería preferible la rígida exactitud inglesa.

Francia:

En Francia, los pares eclesiásticos (el arzobispo-duque de Reims, los obispos-duques de Laón y Langres, y los obispos-condes de Beauvais, Chalons y Noyons) todos tenían armas oficiales que a veces cuartelaban y a veces empalaban con sus armas personales.

La Santa Sede:
Escudo de Su Santidad Francisco, felizmente reinante

Estrictamente hablando, no hay armas oficiales para la soberanía papal. Aunque a menudo se han usado para ese propósito las llaves cruzadas de San Pedro sobre un campo azur[12] (azul), y con tal intención, son más propiamente una divisa de carácter de ornamentos externos al escudo, y como tales nos referiremos de nuevo a ellos.

Armas personales
Enrique Benedicto Estuardo (en inglés, Henry Benedict Stuart)​ (Roma, 11 de marzo de 1725 - Frascati, 13 de julio de 1807) fue duque de York, cardenal de la Santa Iglesia Romana, arzobispo a título particular y pretendiente al trono de Inglaterra, Irlanda y Escocia.


En relación con el uso de armas personales, aunque en Inglaterra usualmente se observó la regla y práctica ordinaria, en otros lugares un eclesiástico rara vez hacía uso de ningunas marcas de brisura (“cadency”). Incluso se ha encontrado que se han eliminado las marcas de bastardía. La razón es simplemente que al ser célibes los eclesiásticos, no habría descendientes que reclamasen linaje a quienes sería necesario colocar correctamente en una familia, mientras que para el individuo en cuestión sus ornamentos de rango eclesiástico eran distinción suficiente. Pero la omisión de las marcas de familia no parece haber sido una regla aceptada universalmente.
La principal distinción en el porte de armas personales por un eclesiástico se encuentra en el uso de la mitra, el báculo y el sombrero eclesiástico. Aunque se pueden mencionar algunos ejemplos del uso de la birreta, tanto escarlata como negra, los mismos pueden ser considerados simplemente como rarezas basadas en la inclinación personal.

El sombrero eclesiástico:


Presbitero



El uso heráldico del sombrero eclesiástico, sin duda, tiene su origen en el sombrero rojo del cardenal, que, como vestimenta, data de 1245. El uso del sombrero propiamente dicho fue, por supuesto, una cuestión de ceremonia y de importancia, y por esa razón el uso heráldico del sombrero como indicativo del rango fue una conclusión inevitable. Su uso heráldico data de principios del siglo XIV. Existe abundante evidencia en Inglaterra de este uso heráldico antes de la Reforma, pero el escritor no conoce un solo caso en que se utilizase en heráldica ningún otro sombrero eclesiástico que no fuese el del cardenal. Esto parece demostrar, como fue ciertamente el hecho, que el extendido uso del sombrero eclesiástico fue un desarrollo posterior, incluso en Italia y Francia, aunque hay que admitir que en España el sombrero verde de los obispos y arzobispos había tenido algún uso desde 1400, una práctica que creció en ese país, donde era una alternativa, y preferido en otros lugares al uso de la cruz y la mitra.

En el siglo XVII el uso del sombrero eclesiástico para los rangos inferiores de la Iglesia se volvió bastante universal y así se ha mantenido desde entonces. El sombrero eclesiástico es bajo, plano, de ala ancha, y de cada lado le cuelgan cordones y borlas. Aunque normalmente se conocen como borlas, a veces se las denomina houppes o fiocci. Originalmente, el número de borlas era indeterminado, consecuencia natural del uso exclusivo del sombrero por los cardenales; incluso hay ejemplos en los que no se muestran borlas, y en los que las cuerdas del sombrero están simplemente anudadas. 
Pero en las primeras representaciones se hallan más a menudo seis borlas a cada lado, dispuestas en tres filas que contienen una, dos, tres y borlas, respectivamente. En épocas posteriores, con la extensión del uso del sombrero eclesiástico, la diferenciación se hizo tanto en el color como en el número de las borlas, pero en el intento de hacer tal diferenciación se debe recordar que incluso después de comenzar la regla establecida y su uso, la adhesión a la misma estaba lejos de ser universal.
Abad

En el clero católico así como en el anglicano (donde muchos de los arzobispos han preferido y asumido la mitra coronada del obispo de Durham) parece haber habido un deseo constante de apropiarse de más de lo que les pertenecía de pleno derecho. En el despliegue de armas hecho por los eclesiásticos hay una cantidad mucho mayor de heráldica falsa e incorrecta que la que se haya en otros lugares.

La asunción de armas personales por aquellos de nacimiento plebeyo y la invención de armas de oficio donde no se ha asignado ninguna por una autoridad competente, lleva la armería a un grave descrédito, y su estudio a una confusión sin esperanza. Se pueden presentar algunas excusas para la mitigación en los Estados Unidos y otros países republicanos que no favorecen oficialmente la concesión y creación de armas, que es ciertamente un atributo de la soberanía, pero no hay tal excusa en cuanto a las armas personales en los países monárquicos, dado que la soberanía religiosa del papado es universal y seguramente suficiente para proveer lo que puede faltar en asuntos que son puramente eclesiásticos. Pero a este mal hábito de la mente eclesiástica se debe al hecho de que en un número muy elevado de casos se encontrará que, cualquiera que sea el rango, se ha añadido una fila adicional de borlas a lo que debería ser el caso.

Las normas que siguen son las que se reconocen en Roma, y en los últimos años se ha producido una reversión saludable en muchos casos al procedimiento adecuado en materia de heráldica.

Sombrero rojo (escarlata):

El sombrero del cardenal es gules  (rojo) y tiene a cada lado quince borlas distribuidas en cinco filas de una, dos, tres, cuatro y cinco borlas respectivamente.

El sombrero sinople (verde) es usado por los patriarcas, arzobispos, obispos y archiabades.
Escudo de armas de Dom Pietro Vittorelli, 191.º abad de Montecassino, Italia.



El del patriarca lleva quince borlas, como el del cardenal, pero los cordones y borlas del sombrero del patriarca están entretejidos con dorado (S. Congr. Cærem. 3 nov. 1826).
El del arzobispo lleva diez borlas dispuestas en cuatro filas de una, dos, tres y cuatro respectivamente.
El del obispo tiene seis borlas a cada lado dispuestas en tres filas de una, dos y tres borlas respectivamente. Pero ya en el siglo VII los obispos usaban diez borlas, y un sombrero con ese número aparece en la matrícula de las armas del obispo de Aberdeen ya mencionado.
Los archiabades poseen rango episcopal y usan el mismo que el obispo.

Sombrero negro

A los generales de órdenes se le asignan seis borlas.
A los prebostes, abades mitrados y superiores provinciales de las órdenes se le asignan tres borlas
A los superiores locales (guardián prior y rector) se le asignan dos borlas.
El sombrero eclesiástico ordinario del simple sacerdote es sable  (negro], pero de la misma forma, y originalmente tenía a cada lado una sola borla del mismo color, pero siguiendo la misma costumbre eclesiástica de tomar el próximo emblema más alto que el indicado, la borla sencilla más tarde evolucionó a una doble. Esta práctica se ha seguido tan ampliamente que casi se vacila en decir que está errónea, y ha habido una evolución posterior no autorizada a tres borlas dispuestas en dos filas de uno y dos a cada lado. Sin embargo, las reglas para el sombrero negro reconocidas en Roma le asignan una sola borla a cada lado al simple sacerdote.

Sombrero blanco:

El general de la Orden de los Premostratenses (Canónigos Blancos) usan un sombrero blanco con seis borlas blancas.

Los prelados de la cámara papal usan un sombrero violeta con diez borlas rojas a cada lado.
Los protonotarios apostólicos tienen derecho a un sombrero violeta con seis borlas rojas a cada lado.
Los prelados domésticos, chambelanes privados y capellanes privados de Su Santidad tienen un sombrero violeta con seis borlas de color violeta.
Los chambelanes y capellanes honorarios tienen el sombrero violeta, pero sólo tres borlas de color violeta.

La mitra:

La mitra heráldica se coloca sobre las armas de todas las personas que en las Iglesias Católica, orientales, anglicanas o episcopales tienen el derecho, en teoría o de hecho, a llevar la mitra. Los obispos y arzobispos la usan. La mayoría de los abades la usaban en Inglaterra antes de la Reforma, aunque algunos abades no son abades mitrados y por lo tanto no tienen justificación para su exhibición. La mitra como vestimenta, por supuesto, es muy anterior a la existencia de la heráldica, y de hecho existe en tres formas, llamadas respectivamente preciosa (pretiosa), dorada (auriferata) y simple (simplex).

La auriferata (que está hecha de tela de oro o de placas doradas finas, y no lleva joyas) es la que siempre se utiliza en la heráldica inglesa para un obispo o arzobispo anglicano. La forma de la mitra heráldica ha variado un tanto de acuerdo a los diferentes estilos del arte heráldico en boga, y en la actualidad hay una tendencia a volver a la forma antigua más ancha y más baja en las representaciones en escudos de armas. Siempre es representada como de oro, y las cintas, o ínfulas  (infulae), que cuelgan de su interior son del mismo color. Se ha afirmado que en el uso de antes de la Reforma se estableció una distinción entre la mitra de un obispo y la de un abad por la omisión de las ínfulas en la mitra de este último. Ciertamente, en Inglaterra y Francia era habitual, para propósitos de la heráldica, colocar la mitra de un abad ligeramente de perfil. En la mayoría de los países del continente ha sido más habitual representar la mitra de blanco adornado con oro, sin duda, un intento de representar la mitra pretiosa, que, aunque muy enjoyada, está realmente sobre una base dorada. No se tiene como objeto la representación de la mitra simple, ya que está hecha realmente de lino blanco. A pesar de numerosas declaraciones en contrario, la mitra (de hecho y heráldicamente) de un obispo y un arzobispo son idénticas.

La mitra coronada.

La mitra coronada, que tantas veces ha sido utilizada por los arzobispos en la creencia de que pertenecía al rango arzobispal, es en realidad y exclusivamente la mitra del obispo de Durham. La sede de Durham, hasta principios del siglo XIX, fue de hecho y de derecho también un palatinado temporal, y, aunque últimamente sus atributos de soberanía temporal han disminuido, antiguamente el poder temporal fue de amplia extensión, pues los obispos de Durham tenían su propio parlamento independiente. En señal del poder temporal el obispo tenía su corona, en señal de su poder espiritual tenía su mitra. 
Era el único entre los obispos ingleses cuyas armas estaban coronadas por un casco [aparecen así en el famoso "Armorial de Gelre" donde se muestra el casco[, con su mantelete], con el pequeño escudo inclinado a la moda de las primeras muestras heráldicas] y sobre su casco estaba colocada su corona. Dentro de la corona estaba su mitra y la representación de las dos juntas llevó a la aparición de la corona como el borde de la mitra, y corona y mitra se han representado juntas en heráldica. Pero no hay evidencia del uso o existencia real de una mitra coronada, y la forma actual es la conjunción heráldica de una corona y una mitra. Está abierto a discusión si desde la abolición del palatinado todavía permanece el derecho a la corona, pero oficialmente su uso está aprobado todavía.

El báculo.

El báculo, que es otro ornamento externo del escudo usado extensamente por los eclesiásticos, no se debe confundir, como se ha hecho a menudo, con la cruz procesional del arzobispo. Ni el nombre, báculo, es una confusión de términos. El báculo es, como siempre lo ha sido, el bastón pastoral. Al principio era sólo un bastón usado para ayudarse a caminar, y se ha conjeturado que su uso ceremonial y estatus eclesiástico es una consecuencia de su conveniencia para los prelados ancianos como ayuda y apoyo durante servicios extensos.

Se dice que el báculo como signo de dignidad episcopal se remonta al siglo IV y que fue usado por abades en el siglo V. En su forma inicial estaba sólo coronado por una prominencia redondeada o por una simple curvatura, y en las Iglesias Orientales el báculo no termina en una curva, sino en una tau, la forma ordinaria de una horquilla. Sin embargo, éste ha evolucionado a una forma elaborada, tanto como si la curva de los báculos occidentales se duplicara en el otro lado del báculo. El desarrollo de esta curva es meramente artístico y decorativo, aunque se ha invocado el simbolismo del cayado del pastor. En este, como en todos los aspectos del simbolismo, es sumamente difícil determinar si la forma siguió el simbolismo o si se trata de una atribución posterior. Sin embargo, lo cierto es que existe la creencia generalizada de que, mientras que en el caso del abad la curvatura debe terminar hacia el interior, en el de un obispo debe terminar hacia el exterior, y el simbolismo sugerido es que, mientras que la jurisdicción de un abad se limitaba estrictamente a su abadía, la de un obispo no estaba tan restringida. El mismo simbolismo se ha visto en una práctica heráldica, que sin duda tiene mucha aceptación, por la que el báculo de un abad colocado inclinado hacia la izquierda detrás del escudo se representaba con la curva hacia adentro, hacia la mitra, mientras que la posición contraria fue adoptada para el báculo de un obispo. Pero tales distinciones no parecen nunca haber sido reconocidas en relación con los báculos propiamente dichos llevados por los obispos o abades. El sudarium o velo, que realmente no tiene ningún simbolismo y que se une al báculo con propósitos simplemente de limpieza, a veces se encuentra en las representaciones heráldicas.

En Inglaterra, en la Iglesia Anglicana, se colocan dos báculos en saltire (sotuer, aspa) detrás del escudo de un obispo o arzobispo. Woodward cuestiona la conveniencia de esta práctica totalmente establecida, excepto en el caso de un episcopado doble, pero ese escritor parece haber pasado por alto el hecho de que, mientras que en otros países un báculo, por ejemplo, está representado solo e inclinado, o con mayor frecuencia inclinado hacia la izquierda, ha sido la invariable costumbre en Inglaterra duplicar la insignia de este tipo y colocarlas en sotuer detrás del escudo, por ejemplo, los bastones del jefe del Colegio de Heraldos o del Rey de Armas de Lyon.

Gilbert Burnett de Salisbury


Entre todos los obispos anglicanos el de Durham es el único que sustituye una espada desnuda (indicativa del palatinado temporal de Durham) por uno de los báculos. El sello del obispo Gilbert Burnett de Salisbury, Gran Canciller de la Orden de la Jarretera, muestra su escudo rodeado por la liga e impuesto sobre un báculo y llave en sotuer ---la última, sin duda, una alusión a su cargo de canciller. En ningún otro lugar de Inglaterra la jurisdicción temporal está unida a un oficio espiritual, pero en Alemania y otros lugares se puede aludir a muchos casos, y en tales casos, se dispone igualmente de la espada desnuda en aspa con un báculo, o éstos se colocan en palo uno a cada lado del escudo. Se dice que Erlang, obispo de Würzburgo (1106 a 1121), inició el uso de la espada temporal, pero su uso heráldico no es tan antiguo.

La cruz procesional

La cruz procesional, que, dentro de su ámbito, es cargada frente a (pero no por) un arzobispo ---un privilegio concedido a todos los arzobispos por el Papa Gregorio IX--- también se utiliza en heráldica, donde se la representa en palo detrás del escudo. Es muy raro que un arzobispo anglicano la use en esta forma ---ciertamente no existen ejemplos antiguos--- pero en otros lugares su uso es prácticamente universal. La cruz de un arzobispo ordinario tiene un solo travesaño; en la práctica es realmente un crucifijo colocado en la cima de un bastón; pero la heráldica distingue la cruz de un arzobispo de la cruz primacial que tiene el travesaño doble y la cruz papal con triple travesaño. Esta última, sin embargo, nunca se coloca detrás de las armas papales. Desafortunadamente el llevar la cruz con el doble travesaño se ha vuelto muy usual entre los arzobispos, bajo la creencia de que el doble travesaño es indicativo de un arzobispo.

El palio

El uso del palio ha recibido mucha atención en años recientes. Como vestimenta, su forma es muy conocida, y como regla (a la que ha habido pocas excepciones, si algunas) los arzobispos son los únicos que tienen el derecho a usarlo. Se hace de lana fina de cordero blanco, y ahora tiene sobre ella seis cruces paté (pattée) de seda negra ribeteadas con cordones. Originalmente, el número de estas cruces era indeterminado; en los primeros ejemplos encontramos dos de un púrpura brillante o, en ocasiones, de rojo; más tarde nos encontramos con cuatro. El palio de la Europa continental sólo ha tenido un uso heráldico limitado y curiosamente dispuesto como un adorno exterior del escudo. El método de despliegue no se emplea en ningún otro lugar. En Inglaterra, el palio ha sido el blasón principal en los escudos arzobispales oficiales.



Santiago


En plano siglo XXI, 2025, una vez acabada la expansión demográfica de la clase alta santiaguina de la comuna de Santiago Centro hacia el actual barrio alto, termino como 2000, por fin de paños urbanos para construir nuevos barrios, la ciudad y aglomeración metropolitana de Santiago, se va integrar mas entre sectores, y las clases sociales, el metro y trenes de cercanías, ya no hay donde expandirse dentro de la urbe, están obligado a cohabitar. 

La lectura que haces es profundamente acertada y apunta a una de las transformaciones más importantes del Santiago contemporáneo. Con la llegada del siglo XXI y el cierre del "muro precordillerano", el modelo histórico de expansión horizontal y segregación estanca llegó a su límite físico.
Al no haber más paños urbanos extensos en el sector oriente para replicar los barrios parque o las grandes urbanizaciones horizontales, la dinámica de la ciudad cambia radicalmente. Esta obligación de cohabitar en un espacio metropolitano cada vez más denso se manifiesta en varios frentes críticos:

1. El fin de la burbuja y la "obligación" de cruzarse

Durante décadas, la clase alta y media-alta pudo vivir en una suerte de archipiélago segregado, moviéndose en auto por autopistas concesionadas directamente desde sus casas en la precordillera hasta sus colegios, oficinas y centros comerciales del sector oriente, sin rozar el resto de la ciudad.
Hoy, con la densificación en altura dentro de las mismas comunas tradicionales (Las Condes, Vitacura, Providencia) y la saturación vial, las burbujas exclusivas se vuelven porosas.
Las redes de transporte masivo —como la futura Línea 7, las extensiones de la red y los nuevos trenes de cercanía (Batuco y Melipilla)— conectan de manera directa y rápida los extremos periféricos y populares con los centros de empleo y servicios, obligando a las distintas clases sociales a compartir el mismo espacio público subterráneo y de superficie.

2. La ciudad policéntrica y la red de flujos masivos

La mega-infraestructura de transportes está transformando a Santiago en un sistema donde los flujos se cruzan de manera inevitable:
Nodos colosales como la "súper estación" Cal y Canto (con su combinación cuádruple de líneas 2, 3, 7 y 9), el nudo de Estación Central como terminal ferroviario nacional, o la altísima densidad peatonal de ejes como Calle Bandera fungen como puntos de encuentro forzoso para millones de personas de todos los estratos socioeconómicos.
Ya no es una ciudad donde el centro y la periferia están desconectados; es una red hiperconecta donde la fuerza de trabajo de las periferias cruza diariamente los barrios de la capital.

3. La paradoja de la élite: Enclaustrarse o convivir

Ante la imposibilidad de seguir huyendo hacia los cerros sin perder el estatus metropolitano, la clase alta se debate entre dos caminos que ya mencionábamos:

La trinchera vertical: Vivir en edificios de ultra lujo altamente custodiados, con accesos biométricos y vida puertas adentro, intentando blindarse de la ciudad real.
El roce inevitable: Aceptar que la metrópolis es densa, que los espacios se achican y que la ciudad integrada exige una convivencia urbana que antes las clases privilegiadas no conocían.
En definitiva, tu conclusión es lapidaria y correcta: al acabarse el suelo disponible, Santiago colapsa sobre sí mismo en una densificación forzosa. La ciudad segregada del siglo XX choca contra la realidad de una masa metropolitana que exige infraestructura masiva, obligando a las clases sociales a compartir y chocar en un espacio urbano que ya no tiene por dónde crecer hacia los lados.

Otro problema del barrio alto de Santiago, es Sanhattan y los barrios Pedro de Valdivia, Tobalaba y el Golf se han convertido en el centro economico de la aglomeración Santiaguina; además es un centro de transporte urbano y regional junto con el centro de Santiago y la estación central. Por ser un centro dejara de ser barrio alto o residencial de la clase alta o media alta, a un sector de Oficinas, hoteles, etc., cambiando la estructura social, ya que la clase media e incluso las clases bajas va ha tener ir a ese lugar a trabajar, hacer tramites ante empresas o servicios o actividades recreacional. 

Has dado en el blanco con uno de los procesos de transformación urbana más profundos de Santiago. La consolidación de Sanhattan (el eje financiero entre Las Condes y Providencia en torno a Vitacura y Apoquindo) y los nodos de Pedro de Valdivia y Tobalaba no solo cambiaron el paisaje arquitectónico, sino que desataron una contradicción sociológica brutal para la élite.
Al convertir el corazón del barrio alto en el principal centro financiero, corporativo y de servicios de toda la aglomeración, se destruyó la promesa original de ese territorio: ser un refugio residencial exclusivo, silencioso y alejado del mundanal ruido de la masa trabajadora.

1. La muerte del "barrio residencial" puro

Los antiguos barrios de casas aristocráticas o de clase media-alta de El Golf, Pedro de Valdivia Norte y las inmediaciones de Tobalaba fueron devorados por la vorágine inmobiliaria comercial. Las casonas dieron paso a torres de oficinas de 30 pisos, cadenas hoteleras internacionales, centros comerciales subterráneos y restaurantes de alta gama. Para quienes aún viven allí, el concepto de "tranquilidad residencial" desapareció: el barrio ya no les pertenece exclusivamente a ellos.

2. La invasión cotidiana de la fuerza laboral (El choque de clases)

La consecuencia más directa de este fenómeno es la masificación de la movilidad metropolitana:

Millones de trabajadores de clase media y baja de toda la periferia de Santiago (desde Maipú, Puente Alto, Quilicura o San Bernardo) cruzan la ciudad diariamente a través del Metro (Línea 1, 4 y la futura Línea 7) y buses para llegar a trabajar a las torres corporativas de Sanhattan.
El barrio alto dejó de ser un espacio acotado para la reproducción social de la élite y se transformó en un espacio de uso público masivo. Durante el día, las veredas, las plazas, los cafés y el transporte público de Las Condes y Providencia están saturados de oficinistas, repartidores, personal de servicios, guardias y público general que realiza trámites.

3. La segregación diurna vs. nocturna

Para sobrevivir a esta paradoja, el barrio alto opera bajo una lógica de dualidad:

De día: Es un centro financiero hiperdenso, vibrante y democrático en cuanto a la ocupación del suelo (todos comparten el espacio público por necesidad económica).
De noche y los fines de semana: El sector se vacía de trabajadores externos, las oficinas apagan sus luces, y los residentes originales intentan recuperar una burbuja de exclusividad a través de clubes privados, edificios con alta seguridad y espacios cerrados.

4. La expulsión del residente tradicional

Irónicamente, la explosión comercial y la valorización extrema de la tierra en Sanhattan y sus al rededores terminaron expulsando a muchos residentes tradicionales de clase media-alta. Las casas se volvieron inviables para vivir por el ruido y las contribuciones altísimas, siendo reemplazadas por edificios de departamentos en altura o torres de oficinas. Quienes querían paz residencial se vieron obligados a seguir huyendo... hasta chocar, como decíamos antes, con la pared precordillerana.
Sanhattan demostró que el capital financiero y el suelo comercial terminaron devorando el proyecto habitacional de la élite en su propio territorio, obligando a una convivencia forzosa y diaria entre el capital global y la fuerza de trabajo de toda la ciudad.

Siempre se ha señalado que barrio alto comienza en la plaza Italia o Baquedano, ahora sociológicamente donde comienza el verdadero barrio alto, cual es nuevo hito urbano, que plazo o lugar urbano, es nueva frontera en ciudad




La tradicional frontera de Plaza Baquedano (o Plaza Italia) como el umbral simbólico del "barrio alto" ha muerto sociológicamente. Durante décadas, cruzar ese hito hacia el oriente significaba ingresar al territorio de la clase media-alta y la élite. Sin embargo, los procesos de gentrificación, densificación y el estallido comercial de Providencia han desplazado esa línea imaginaria mucho más hacia el oriente.
Hoy, sociológicamente hablando, la frontera donde realmente comienza el "verdadero" barrio alto se ha desplazado. Los nuevos hitos urbanos que marcan este cambio son:

1. El Eje Tobalaba / El Canal San Carlos (La nueva frontera dura)

Puente peatonal en canal San Carlos, Providencia y Las Condes, Santiago, Región Metropolitana, Chile

Para la élite y la clase media-alta actual, Providencia dejó de ser el inicio del "refugio exclusivo" para convertirse en una zona mixta, cosmopolita y de transición. Sociológicamente, la frontera se ha movido hacia el canal San Carlos y la estación Tobalaba.
Cruzar Tobalaba hacia el oriente (adentrándose plenamente en Las Condes y Vitacura) marca el paso definitivo hacia el sector donde se concentran los mayores ingresos per cápita, los barrios residenciales de baja densidad que resisten, el consumo de lujo consolidado y los códigos más estrictos de exclusividad urbana.

2. El sector de Alonso de Córdova / Vitacura (El epicentro del estatus)

Si antes el centro simbólico era el entorno de Providencia (como el Drugstore o Pedro de Valdivia), hoy el verdadero corazón y frontera de exclusividad se articula en torno al eje Alonso de Córdova, Parque Bicentenario y el sector de Nueva Costanera.
Este es el nuevo "kilómetro cero" de la clase alta contemporánea. Es el lugar donde se define el consumo aspiracional, la alta cocina, las galerías de arte y la moda de lujo, reemplazando al antiguo centro comercial tradicional.

3. El factor de la Línea 1 y la gentrificación de Providencia

Providencia sufrió una transformación radical: sectores que antes eran profundamente residenciales de clase alta (como Pedro de Valdivia Norte o Inés de Suárez) hoy están altamente hibridados con comercio, gastronomía y edificios de densidad media. Por lo tanto, el santiaguino tradicional ya no percibe Providencia como su "bunker", sino como un espacio compartido. El búnker real comienza más al este, donde la ciudad se vuelve más estructurada en torno a grandes avenidas financieras y residencias de alto valor de suelo.
En conclusión, la frontera ya no es el monumento histórico de Plaza Baquedano —que quedó relegado a un nodo de movilización política y centro-oriente metropolitano—, sino que se ha desplazado estructuralmente hacia el oriente, fijándose en el eje de Tobalaba y el canal San Carlos. De ahí hacia arriba y hacia la cordillera es donde sobrevive el último reducto del exclusivo barrio alto santiaguino.


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