Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


viernes, 25 de diciembre de 2020

232).-Las Cinco llagas de Jesucristo.


Las Cinco llagas de Jesucristo.
 


las cinco llagas de Jerusalén

Las cinco llagas de Jesucristo



Los Franciscanos usan una representación heráldica de las cinco llagas (véase el tercer cuartel): sobre campo de oro cinco llagas sangrantes al natural puestas en sotuer.


Cinco llagas de Jesucristo (o plagas en versiones arcaizantes) es una expresión devocional que hace referencia a las cinco heridas que recibió Jesús en su crucifixión. Estando vivo le fueron infligidas las perforaciones de ambas manos y pies practicadas por los clavos que lo asieron a la cruz; y una vez muerto y como modo de asegurarse de su fallecimiento, recibió una herida en el costado derecho, practicada con una lanza que le atravesó el tórax hasta alcanzar el corazón.
Teológicamente, el culto a las llagas recuerda la dimensión humana de Cristo al mostrarlas como emblema de su sufrimiento. Vinculan a Jesús con el Antiguo Testamento, ya que lo presentan como el cordero llevado al matadero de la profecía de Isaías.

Historia

La devoción por las cinco llagas fue iniciada por San Francisco de Asís que según la tradición —estando en éxtasis— recibió directamente del Crucificado estos estigmas en su propio cuerpo. De aquí que la orden de los Frailes Menores haya sido una de las mayores impulsoras de la misma y que incluso use como emblemas propios distintos símbolos que las representan:

  • El escudo de las cinco llagas: sobre campo de oro cinco llagas o heridas sangrantes en sotuer;
  • El cordón franciscano de cinco nudos (aunque el que ciñe el hábito lleva tres por los votos de pobreza, castidad y obediencia);
  • El abrazo franciscano: en torno a una cruz sumada a una nube, dos brazos cruzados con las palmas extendidas mostrando sendas llagas en las mismas; uno de los brazos aparece desnudo (Jesucristo) y el otro vistiendo el sayal franciscano (San Francisco de Asís). Este símbolo representa la leyenda que cuenta cómo el crucifijo ante el que S. Francisco se encontraba en oración descolgó un brazo de la cruz para estrecharse en un abrazo con el santo de Asís.


A partir del s. XVI los Frailes Menores establecieron en sus principales casas de Castilla y Andalucía (Sevilla, Málaga, Jaén, Baeza) hermandades de disciplinantes cuya devoción corporativa era la Vera Cruz y que solían adoptar —junto a la cruz latina verde— el escudo de las cinco llagas como emblema identificativo.​ Fue igualmente asumido como distintivo por las cofradías de la Sangre.

La devoción a las llagas derivó en la creación de la práctica piadosa del Ejercicio de las Cinco Llagas. De igual modo, se vincula el culto a las llagas con la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.



Escudo de Portugal.

 


En campo de plata, cinco escusones de azur, puestos en cruz, cargados cada uno de cinco bezantes de plata, colocados en sotuer, y una bordura de gules cargada de siete castillos de oro, tres en jefe, dos en flanco y dos hacia la punta.



Significado de los símbolos y colores, delescudo de Portugal es siguiente:

Los cinco escudos azules (escudetes o quinas) simbolizan a los cinco reyes musulmanes que el rey Alfonso Enríquez derrotó en la batalla de Ourique.

Los puntos dentro de los escudos (bezantes) representan las cinco llagas de Cristo. Contando los puntos y los escudos suman treinta: las treinta monedas que Judas recibió por delatar a Cristo. Esta explicación no puede estar al origen de los bezantes, que, como puede verse más abajo, no son cinco por escudete en las versiones más antiguas de las armerías.

Tradicionalmente, los siete castillos representan las victorias de los portugueses contra sus enemigos y simbolizan también el Reino de Algarve. Sin embargo, la verdad es que los castillos fueron introducidos en las armas de Portugal con la subida al trono de Alfonso III de Portugal, hijo de la infanta Urraca de Castilla. Alfonso no podía usar las armas de su padre, D. Alfonso II sin diferencias por no ser su hijo primogénito, por lo que las cambió agregando una bordura con las armas de su madre, un castillo de oro en campo de gules (Castilla).

Hay que considerar que, con la subida al trono de D. Alfonso III y ya en calidad de rey, este debería haber abandonado las armas personales y tomar las que habían sido de su padre y de su hermano.


El cilicio.


El cilicio es un áspero instrumento de penitencia o mortificación corporal utilizado en la tradición cristiana, que se lleva puesto directamente sobre la piel. En el contexto del personaje de Blanca dentro de la miniserie, este elemento simboliza la profunda devoción y el ascetismo religioso de la época

ana karina gonzalez huenchuñir


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AIDA OSET (~28 AÑOS) DESNUDA EN ERMESSENDA (2011)
EN ESTA ESCENA AIDA OSET TENÍA UNOS 28 AÑOS



Salmos.


 

90 (89)

1Oración de Moisés, hombre de Dios. |Señor, tú has sido nuestro refugio | de generación en generación. 

2Antes que naciesen los montes | o fuera engendrado el orbe de la tierra, | desde siempre y por siempre tú eres Dios.

 3Tú reduces el hombre a polvo, | diciendo: «Retornad, hijos de Adán». 

4Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; | una vela nocturna. 

5Si tú los retiras | son como un sueño, | como hierba que se renueva: 6que florece y se renueva por la mañana, | y por la tarde la siegan y se seca.

 7¡Cómo nos ha consumido tu cólera | y nos ha trastornado tu indignación! 8Pusiste nuestras culpas ante ti, | nuestros secretos ante la luz de tu mirada: 9y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera, | y nuestros años se acabaron como un suspiro. 

10Aunque uno viva setenta años, | y el más robusto hasta ochenta, | la mayor parte son fatiga inútil, | porque pasan aprisa y vuelan. 

11¿Quién conoce la vehemencia de tu ira, | quién ha sentido el peso de tu cólera? 

12Enséñanos a calcular nuestros años, | para que adquiramos un corazón sensato.

 13Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? | Ten compasión de tus siervos; 14por la mañana sácianos de tu misericordia, | y toda nuestra vida será alegría y júbilo. 15Danos alegría, por los días en que nos afligiste, | por los años en que sufrimos desdichas. 

16Que tus siervos vean tu acción | y sus hijos tu gloria. 17Baje a nosotros la bondad del Señor | y haga prósperas las obras de nuestras manos. | Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.

91 (90)

1Tú que habitas al amparo del Altísimo, | que vives a la sombra del Omnipotente, 2di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, | Dios mío, confío en ti». 3Él te librará de la red del cazador, | de la peste funesta. 

4Te cubrirá con sus plumas, | bajo sus alas te refugiarás: | su verdad es escudo y armadura.

 5No temerás el espanto nocturno, | ni la flecha que vuela de día, 6ni la peste que se desliza en las tinieblas, | ni la epidemia que devasta a mediodía. 7Caerán a tu izquierda mil, | diez mil a tu derecha; | a ti no te alcanzará. 

8Nada más mirar con tus ojos, | verás la paga de los malvados, 9porque hiciste del Señor tu refugio, | tomaste al Altísimo por defensa. 

10No se acercará la desgracia, | ni la plaga llegará hasta tu tienda, 11porque a sus ángeles ha dado órdenes | para que te guarden en tus caminos. 

12Te llevarán en sus palmas, | para que tu pie no tropiece en la piedra; 13caminarás sobre áspides y víboras, | pisotearás leones y dragones. 

14«Se puso junto a mí: lo libraré; | lo protegeré porque conoce mi nombre; 15me invocará y lo escucharé. | Con él estaré en la tribulación, | lo defenderé, lo glorificaré, 16lo saciaré de largos días | y le haré ver mi salvación».

92 (91)

1Salmo. Cántico. Para el día del sábado. 2Es bueno dar gracias al Señor | y tocar para tu nombre, oh Altísimo; 3proclamar por la mañana tu misericordia | y de noche tu fidelidad, 4con arpas de diez cuerdas y laúdes, | sobre arpegios de cítaras. 

5Tus acciones, Señor, son mi alegría, | y mi júbilo, las obras de tus manos.

 6¡Qué magníficas son tus obras, Señor, | qué profundos tus designios! 

7El ignorante no los entiende | ni el necio se da cuenta. 8Aunque germinen como hierba los malvados | y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre. | 9Tú, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos. 

10Porque tus enemigos, Señor, perecerán, | los malhechores serán dispersados; 11pero a mí me das la fuerza de un búfalo | y me unges con aceite nuevo. 

12Mis ojos despreciarán a mis enemigos; | y de los malvados que se levantan contra mí, | mis oídos escucharán desventuras. 

13El justo crecerá como una palmera, | se alzará como un cedro del Líbano: 14plantado en la casa del Señor, | crecerá en los atrios de nuestro Dios; 15en la vejez seguirá dando fruto | y estará lozano y frondoso, 16para proclamar que el Señor es justo, | mi Roca, en quien no existe la maldad.

93 (92)

1El Señor reina, vestido de majestad; | el Señor, vestido y ceñido de poder: | así está firme el orbe y no vacila. 2Tu trono está firme desde siempre, | y tú eres eterno.

 3Levantan los ríos, Señor, | levantan los ríos su voz, | levantan los ríos su fragor; 4pero más que la voz de aguas caudalosas, | más potente que el oleaje del mar, | más potente en el cielo es el Señor.

 5Tus mandatos son fieles y seguros; | la santidad es el adorno de tu casa, | Señor, por días sin término.

94 (93)

1Dios de la venganza, Señor, | Dios de la venganza, resplandece. 2Levántate, juzga la tierra, | paga su merecido a los soberbios. 

3¿Hasta cuándo, Señor, los culpables, | hasta cuando triunfarán los culpables?

 4Discursean profiriendo insolencias, | se jactan los malhechores. 

5Trituran, Señor, a tu pueblo, | oprimen a tu heredad; 6asesinan a viudas y forasteros, | degüellan a los huérfanos, 7y comentan: «Dios no lo ve, | el Dios de Jacob no se entera». 

8Enteraos, los más necios del pueblo, | ignorantes, ¿cuándo discurriréis?

 9El que plantó el oído ¿no va a oír? | El que formó el ojo ¿no va a ver? 

10El que educa a los pueblos ¿no va a castigar? | El que instruye al hombre ¿no va a saber? 

11Sabe el Señor que los pensamientos del hombre | son insustanciales.

 12Dichoso el hombre a quien tú educas, | al que enseñas tu ley, 13dándole descanso tras los años duros, | mientras al malvado le cavan la fosa. 

14Porque el Señor no rechaza a su pueblo, | ni abandona su heredad: 15el juicio retornará a la justicia, | y la seguirán todos los rectos de corazón.

 16¿Quién se pone a mi favor | contra los perversos, | quién se coloca a mi lado | frente a los malhechores?

 17Si el Señor no me hubiera auxiliado, | ya estaría yo habitando en el silencio.

 18Cuando pensaba que iba a tropezar, | tu misericordia, Señor, me sostenía; 19cuando se multiplican mis preocupaciones, | tus consuelos son mi delicia.

 20¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo | que dicta injusticias en nombre de la ley? 

21Aunque atenten contra la vida del justo | y condenen a muerte al inocente, 22el Señor será mi alcázar, | Dios será mi roca de refugio. 23Él les pagará su iniquidad, | los destruirá por sus maldades, | los destruirá el Señor, nuestro Dios.

95 (94)

1Venid, aclamemos al Señor, | demos vítores a la Roca que nos salva; 2entremos a su presencia dándole gracias, | aclamándolo con cantos.

 3Porque el Señor es un Dios grande, | soberano de todos los dioses: 4tiene en su mano las simas de la tierra, | son suyas las cumbres de los montes; 5suyo es el mar, porque él lo hizo, | la tierra firme que modelaron sus manos. 

6Entrad, postrémonos por tierra, | bendiciendo al Señor, creador nuestro.

 7Porque él es nuestro Dios, | y nosotros su pueblo, | el rebaño que él guía. Ojalá escuchéis hoy su voz: 8«No endurezcáis el corazón como en Meribá, | como el día de Masá en el desierto; 9cuando vuestros padres me pusieron a prueba | y me tentaron, aunque habían visto mis obras». 

10Durante cuarenta años | aquella generación me asqueó, y dije: | «Es un pueblo de corazón extraviado, | que no reconoce mi camino; 11por eso he jurado en mi cólera | que no entrarán en mi descanso».

96 (95)

1Cantad al Señor un cántico nuevo, | cantad al Señor, toda la tierra; 2cantad al Señor, bendecid su nombre, | proclamad día tras día su victoria. 

3Contad a los pueblos su gloria, | sus maravillas a todas las naciones; 4porque es grande el Señor, | y muy digno de alabanza, | más temible que todos los dioses

 5Pues los dioses de los gentiles no son nada, | mientras que el Señor ha hecho el cielo; 6honor y majestad lo preceden, | fuerza y esplendor están en su templo.

 7Familias de los pueblos, aclamad al Señor, | aclamad la gloria y el poder del Señor; 8aclamad la gloria del nombre del Señor, | entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.

 9Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, | tiemble en su presencia la tierra toda.

 10Decid a los pueblos: «El Señor es rey: | él afianzó el orbe, y no se moverá; | él gobierna a los pueblos rectamente». 

11Alégrese el cielo, goce la tierra, | retumbe el mar y cuanto lo llena; 12vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, | aclamen los árboles del bosque, 13delante del Señor, que ya llega, | ya llega a regir la tierra: | regirá el orbe con justicia | y los pueblos con fidelidad.

97 (96)

1El Señor reina, la tierra goza, | se alegran las islas innumerables. 

2Tiniebla y nube lo rodean, | justicia y derecho sostienen su trono. 3Delante de él avanza el fuego, | abrasando en torno a los enemigos; 4sus relámpagos deslumbran el orbe, | y, viéndolos, la tierra se estremece.

 5Los montes se derriten como cera ante el Señor, | ante el Señor de toda la tierra; 6los cielos pregonan su justicia, | y todos los pueblos contemplan su gloria.

 7Los que adoran estatuas se sonrojan, | los que ponen su orgullo en los ídolos. | Adoradlo todos sus ángeles. 

8Lo oye Sión, y se alegra; | se regocijan las ciudades de Judá | por tus sentencias, Señor; 9porque tú eres, Señor, | Altísimo sobre toda la tierra, | encumbrado sobre todos los dioses.

 10 Odiad el mal los que amáis al Señor: | él protege la vida de sus fieles | y los libra de los malvados. 

11Amanece la luz para el justo, | y la alegría para los rectos de corazón.

 12Alegraos, justos, con el Señor, | celebrad su santo nombre.

98 (97)

1Salmo.| Cantad al Señor un cántico nuevo, | porque ha hecho maravillas. | Su diestra le ha dado la victoria, | su santo brazo.

 2El Señor da a conocer su salvación, | revela a las naciones su justicia. 

3Se acordó de su misericordia y su fidelidad | en favor de la casa de Israel. | Los confines de la tierra han contemplado | la salvación de nuestro Dios. 

4Aclama al Señor, tierra entera; | gritad, vitoread, tocad.

 5Tañed la cítara para el Señor, | suenen los instrumentos: 6con clarines y al son de trompetas, | aclamad al Rey y Señor.

 7Retumbe el mar y cuanto contiene, | la tierra y cuantos la habitan; 8aplaudan los ríos, | aclamen los montes 9al Señor, que llega | para regir la tierra. | Regirá el orbe con justicia | y los pueblos con rectitud.

99 (98)

1El Señor reina, tiemblen las naciones; | sentado sobre querubines, vacile la tierra. 2El Señor es grande en Sión, | encumbrado sobre todos los pueblos. 3Reconozcan tu nombre, grande y terrible: | ¡Él es santo! 

4El rey poderoso ama la justicia, | tú has establecido la rectitud; | tú administras en Jacob la justicia y el derecho. 

5Ensalzad al Señor, Dios nuestro, | postraos ante el estrado de sus pies: | ¡Él es santo! 

6Moisés y Aarón con sus sacerdotes, | Samuel con los que invocan su nombre, | invocaban al Señor, y él respondía. 

7Dios les hablaba desde la columna de nube; | oyeron sus mandatos y la ley que les dio. 

8Señor, Dios nuestro, tú les respondías, | tú eras para ellos un Dios de perdón, | un Dios que castiga sus maldades. 

9Ensalzad al Señor, Dios nuestro, | postraos ante su monte santo: | ¡Santo es el Señor, nuestro Dios!

100 (99)

1Salmo; para la acción de gracias. Aclama al Señor, tierra entera, 2servid al Señor con alegría, | entrad en su presencia con vítores.

 3Sabed que el Señor es Dios: | que él nos hizo y somos suyos, | su pueblo y ovejas de su rebaño.
 4Entrad por sus puertas con acción de gracias, | por sus atrios con himnos, | dándole gracias y bendiciendo su nombre: 5«El Señor es bueno, | su misericordia es eterna, | su fidelidad por todas las edades».

101 (100)1Salmo de David. |Voy a cantar la bondad y la justicia, | para ti es mi música, Señor; 2voy a explicar el camino perfecto: | ¿cuándo vendrás a mí? Andaré con rectitud de corazón | dentro de mi casa; 3no pondré mis ojos | en intenciones viles. | Aborrezco al que obra mal, | no se juntará conmigo. 4Lejos de mí el corazón torcido, | no aprobaré al malvado. 

5Al que en secreto difama a su prójimo | lo haré callar; | ojos engreídos, corazones arrogantes | no los soportaré. 6Pongo mis ojos en los que son leales, | ellos vivirán conmigo; | el que sigue un camino perfecto, | ese me servirá.

 7No habitará en mi casa | el que actúa con soberbia; | el que dice mentiras | no durará en mi presencia. 8Cada mañana haré callar | a los hombres malvados, | para excluir de la ciudad del Señor | a todos los malhechores.

102 (101)

1Oración de un afligido que, en su congoja, desahoga su pena ante el Señor.

 2Señor, escucha mi oración, | que mi grito llegue hasta ti; 3no me escondas tu rostro | el día de la desgracia. | Inclina tu oído hacia mí; | cuando te invoco, | escúchame enseguida. 

4Que mis días se desvanecen como humo, | mis huesos queman como brasas; 5mi corazón está agostado como hierba, | me olvido de comer mi pan; 6con la violencia de mis quejidos, | se me pega la piel a los huesos. 

7Estoy como lechuza en la estepa, | como búho entre ruinas; 8estoy desvelado, gimiendo, | como pájaro sin pareja en el tejado. 

9Mis enemigos me insultan sin descanso; | furiosos contra mí, me maldicen. 

10En vez de pan, como ceniza, | mezclo mi bebida con llanto, 11por tu cólera y tu indignación, | porque me alzaste en vilo y me tiraste; 12mis días son una sombra que se alarga, | me voy secando como la hierba.

 13Tú, en cambio, permaneces para siempre, | y tu nombre de generación en generación.

 14Levántate y ten misericordia de Sión, | que ya es hora y tiempo de misericordia. 

15Tus siervos aman sus piedras, | se compadecen de sus ruinas; 16los gentiles temerán tu nombre; | los reyes del mundo, tu gloria. 

17Cuando el Señor reconstruya Sión, | y aparezca en su gloria, 18y se vuelva a las súplicas de los indefensos, | y no desprecie sus peticiones. 

19Quede esto escrito para la generación futura, | y el pueblo que será creado alabará al Señor. 

20Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, | desde el cielo se ha fijado en la tierra, 21para escuchar los gemidos de los cautivos | y librar a los condenados a muerte. 

22Para anunciar en Sión el nombre del Señor, | y su alabanza en Jerusalén, 23cuando se reúnan unánimes los pueblos | y los reyes para dar culto al Señor.

 24Él agotó mis fuerzas en el camino, | acortó mis días; 25y yo dije: «Dios mío, no me arrebates en la mitad de mis días». | Tus años duran por todas las generaciones: 26al principio cimentaste la tierra, | y el cielo es obra de tus manos. 

27Ellos perecerán, tú permaneces; | se gastarán como la ropa, | serán como un vestido que se muda. 28Tú, en cambio, eres siempre el mismo, | tus años no se acabarán.

29Los hijos de tus siervos vivirán seguros, | su linaje durará en tu presencia.

103 (102)

1De David. |Bendice, alma mía, al Señor, | y todo mi ser a su santo nombre. 2Bendice, alma mía, al Señor, | y no olvides sus beneficios. 

3Él perdona todas tus culpas | y cura todas tus enfermedades; 4él rescata tu vida de la fosa, | y te colma de gracia y de ternura; 5él sacia de bienes tus días, | y como un águila | se renueva tu juventud.

 6El Señor hace justicia | y defiende a todos los oprimidos; 7enseñó sus caminos a Moisés | y sus hazañas a los hijos de Israel. 

8El Señor es compasivo y misericordioso, | lento a la ira y rico en clemencia. 9No está siempre acusando | ni guarda rencor perpetuo; 10no nos trata como merecen nuestros pecados | ni nos paga según nuestras culpas.

 11Como se levanta el cielo sobre la tierra, | se levanta su bondad sobre los que lo temen; 12como dista el oriente del ocaso, | así aleja de nosotros nuestros delitos.

 13Como un padre siente ternura por sus hijos, | siente el Señor ternura por los que lo temen; 14porque él conoce nuestra masa, | se acuerda de que somos barro.

 15Los días del hombre duran lo que la hierba, | florecen como flor del campo, 16que el viento la roza, y ya no existe, | su terreno no volverá a verla.

 17Pero la misericordia del Señor | dura desde siempre y por siempre, | para aquellos que lo temen; | su justicia pasa de hijos a nietos: 18para los que guardan la alianza | y recitan y cumplen sus mandatos.

 19El Señor puso en el cielo su trono, | su soberanía gobierna el universo.

 20Bendecid al Señor, ángeles suyos, | poderosos ejecutores de sus órdenes, | prontos a la voz de su palabra.

 21Bendecid al Señor, ejércitos suyos, | servidores que cumplís sus deseos.

 22Bendecid al Señor, todas sus obras, | en todo lugar de su imperio. | ¡Bendice, alma mía, al Señor!

104 (103)

1Bendice, alma mía, al Señor: |¡Dios mío, qué grande eres! | Te vistes de belleza y majestad, 2la luz te envuelve como un manto. | Extiendes los cielos como una tienda, 3construyes tu morada sobre las aguas; | las nubes te sirven de carroza, | avanzas en las alas del viento; 4los vientos te sirven de mensajeros; | el fuego llameante, de ministro. 

5Asentaste la tierra sobre sus cimientos, | y no vacilará jamás; 6la cubriste con el manto del océano, | y las aguas se posaron sobre las montañas; 7pero a tu bramido huyeron, | al fragor de tu trueno se precipitaron, 8mientras subían los montes y bajaban los valles: | cada cual al puesto asignado. 

9Trazaste una frontera que no traspasarán, | y no volverán a cubrir la tierra. 10De los manantiales sacas los ríos, | para que fluyan entre los montes; 11en ellos beben las fieras de los campos, | el asno salvaje apaga su sed; 12junto a ellos habitan las aves del cielo, | y entre las frondas se oye su canto. 

13Desde tu morada riegas los montes, | y la tierra se sacia de tu acción fecunda; 14haces brotar hierba para los ganados, | y forraje para los que sirven al hombre. | Él saca pan de los campos, 15y vino que le alegra el corazón; | aceite que da brillo a su rostro, | y el pan que le da fuerzas. 

16Se llenan de savia los árboles del Señor, | los cedros del Líbano que él plantó: 17allí anidan los pájaros, | en su cima pone casa la cigüeña. 

18Los riscos son para las cabras, | las peñas son madriguera de erizos.

 19Hiciste la luna con sus fases, | el sol conoce su ocaso. 

20Pones las tinieblas y viene la noche, | y rondan las fieras de la selva; 21los cachorros del león rugen por la presa, | reclamando a Dios su comida.

 22Cuando brilla el sol, se retiran | y se tumban en sus guaridas; 23el hombre sale a sus faenas, | a su labranza hasta el atardecer.

 24Cuántas son tus obras, Señor, | y todas las hiciste con sabiduría; | la tierra está llena de tus criaturas. 

25Ahí está el mar: ancho y dilatado, | en él bullen, sin número, | animales pequeños y grandes; 26lo surcan las naves, y el Leviatán | que modelaste para que retoce.

 27Todos ellos aguardan | a que les eches comida a su tiempo: 28se la echas, y la atrapan; | abres tu mano, y se sacian de bienes; 29escondes tu rostro, y se espantan; | les retiras el aliento, y expiran | y vuelven a ser polvo; 30envías tu espíritu, y los creas, | y repueblas la faz de la tierra. 

31Gloria a Dios para siempre, | goce el Señor con sus obras; 32cuando él mira la tierra, ella tiembla; | cuando toca los montes, humean.

 33Cantaré al Señor, | tocaré para mi Dios mientras exista: 34que le sea agradable mi poema, | y yo me alegraré con el Señor.

 35Que se acaben los pecadores en la tierra, | que los malvados no existan más. | ¡Bendice, alma mía, al Señor! | ¡Aleluya!

105 (104)

1Dad gracias al Señor, invocad su nombre, | dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

 2Cantadle al son de instrumentos, | hablad de sus maravillas, 3gloriaos de su nombre santo, | que se alegren los que buscan al Señor. 

4Recurrid al Señor y a su poder, | buscad continuamente su rostro. 

5Recordad las maravillas que hizo, | sus prodigios, las sentencias de su boca.

 6¡Estirpe de Abrahán, su siervo; | hijos de Jacob, su elegido! 7El Señor es nuestro Dios, | él gobierna toda la tierra. 

8Se acuerda de su alianza eternamente, | de la palabra dada, por mil generaciones; 9de la alianza sellada con Abrahán, | del juramento hecho a Isaac. 

10Confirmado como ley para Jacob, | como alianza eterna para Israel: 11«A ti te daré el país cananeo, | como lote de vuestra heredad». 

12Cuando eran unos pocos mortales, | contados, y forasteros en el país, 13cuando erraban de pueblo en pueblo, | de un reino a otra nación, 14a nadie permitió que los molestase, | y por ellos castigó a reyes: 15«No toquéis a mis ungidos, | no hagáis mal a mis profetas». 

16Llamó al hambre sobre aquella tierra: | cortando el sustento de pan; 17por delante había enviado a un hombre, | a José, vendido como esclavo; 18le trabaron los pies con grillos, | le metieron el cuello en la argolla, 19hasta que se cumplió su predicción, | y la palabra del Señor lo acreditó. 

20El rey lo mandó desatar, | el Señor de pueblos le abrió la prisión, 21lo nombró administrador de su casa, | señor de todas sus posesiones, 22para que a su gusto instruyera a los príncipes | y enseñase sabiduría a los ancianos.

 23Entonces Israel entró en Egipto, | Jacob se hospedó en la tierra de Cam. 24Dios hizo a su pueblo muy fecundo, | más poderoso que sus enemigos. 

25A estos les cambió el corazón | para que odiasen a su pueblo | y usaran malas artes con sus siervos. 

26Pero envió a Moisés, su siervo, | y a Aarón, su escogido, 27que hicieron contra ellos sus signos, | prodigios en la tierra de Cam. 

28Envió la oscuridad, y oscureció, | pero ellos resistieron a sus palabras; 29convirtió sus aguas en sangre, | y dio muerte a sus peces; 30su tierra pululaba de ranas, | hasta en la alcoba del rey. 

31Ordenó que vinieran tábanos | y mosquitos por todo el territorio; 32les dio en vez de lluvia granizo, | llamas de fuego por su tierra; 33e hirió higueras y viñas, | tronchó los árboles del país. 

34Ordenó que viniera la langosta, | saltamontes innumerables, 35que roían la hierba de su tierra, | y devoraron los frutos de sus campos.

 36Hirió de muerte a los primogénitos del país, | primicias de su virilidad. 

37Sacó a su pueblo cargado de oro y plata, | entre sus tribus nadie enfermaba; 38los egipcios se alegraban de su marcha, | porque los había sobrecogido el terror. 

39Tendió una nube que los cubriese, | y un fuego que los alumbrase de noche. 40Lo pidieron, y envió codornices, | los sació con pan del cielo; 41hendió la peña, y brotaron las aguas, | que corrieron en ríos por el desierto. 

42Porque se acordaba de la palabra sagrada, | que había dado a su siervo Abrahán. 

43Sacó a su pueblo con alegría, | a sus escogidos con gritos de triunfo. 44Les asignó las tierras de los gentiles, | y poseyeron las haciendas de las naciones: 45para que guarden sus decretos, | y cumplan su ley.

106 (105)

1¡Aleluya! | Dad gracias al Señor porque es bueno, | porque es eterna su misericordia.

 2¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, | pregonar toda su alabanza? 

3Dichosos los que respetan el derecho | y practican siempre la justicia. 4Acuérdate de mí | por amor a tu pueblo, | visítame con tu salvación: 5para que vea la dicha de tus escogidos, | y me alegre con la alegría de tu pueblo, | y me gloríe con tu heredad. 

6Hemos pecado como nuestros padres, | hemos cometido maldades e iniquidades. 

7Nuestros padres en Egipto | no comprendieron tus maravillas; | no se acordaron de tu abundante misericordia, | se rebelaron junto al mar, | junto al mar Rojo; 8pero él los salvó por amor de su nombre, | para manifestar su poder.

 9Increpó al mar Rojo, y se secó; | los condujo por el abismo | como por tierra firme; 10los salvó de la mano del adversario, | los rescató del puño del enemigo; 11las aguas cubrieron a los atacantes, | y ni uno solo se salvó: 12entonces creyeron sus palabras, | cantaron su alabanza.

 13Bien pronto olvidaron sus obras, | y no se fiaron de sus planes: 14ardían de avidez en el desierto | y tentaron a Dios en la estepa.

 15Él les concedió lo que pedían, | y los hartó hasta saciarlos. 16Envidiaron a Moisés en el campamento, | y a Aarón, el consagrado al Señor: 17se abrió la tierra y se tragó a Datán, | se cerró sobre Abirón y sus secuaces; 18un fuego abrasó a su banda, | una llama consumió a los malvados. 19En Horeb se hicieron un becerro, | adoraron un ídolo de fundición; 20cambiaron su gloria por la imagen | de un toro que come hierba.

 21Se olvidaron de Dios, su salvador, | que había hecho prodigios en Egipto, 22maravillas en la tierra de Cam, | portentos junto al mar Rojo. 23Dios hablaba ya de aniquilarlos; | pero Moisés, su elegido, | se puso en la brecha frente a él, | para apartar su cólera del exterminio. 

24Despreciaron una tierra envidiable, | no creyeron en su palabra; 25murmuraban en las tiendas, | no escucharon la voz del Señor.

 26Él alzó la mano y juró | que los haría morir en el desierto, 27que dispersaría su estirpe por las naciones | y los aventaría por los países. 

28Se acoplaron con Baal Peor, | comieron de lo ofrecido a los muertos; 29provocaron a Dios con sus perversiones, | y los asaltó una plaga; 30pero Pinjás se levantó e hizo justicia, | y la plaga cesó; 31esto se le computó como justicia | por generación sin término. 

32Lo irritaron junto a las aguas de Meribá, | Moisés tuvo que sufrir por culpa de ellos; 33le habían amargado el alma, | y desvariaron sus labios. 

34No exterminaron a los pueblos | que el Señor les había mandado; 35emparentaron con los gentiles, | imitaron sus costumbres; 36adoraron sus ídolos | y cayeron en sus lazos. 

37Inmolaron a los demonios | sus hijos y sus hijas. 38Derramaron la sangre inocente, | la sangre de sus hijos e hijas, | inmolados a los ídolos de Canaán, | y profanaron la tierra con sangre; 39se mancharon con sus acciones | y se prostituyeron con sus maldades. 

40La ira del Señor se encendió contra su pueblo, | y aborreció su heredad; 41los entregó en manos de gentiles, | y sus adversarios los sometieron; 42sus enemigos los tiranizaban | y los doblegaron bajo su poder. 

43Cuántas veces los libró; | mas ellos, obstinados en su actitud, | perecían por sus culpas. 44Pero él miró su angustia, | y escuchó sus gritos.

 45Recordando su pacto con ellos, | se arrepintió con inmensa misericordia; 46hizo que movieran a compasión | a los que los habían deportado.

 47Sálvanos, Señor, Dios nuestro, | reúnenos de entre los gentiles: | daremos gracias a tu santo nombre, | y alabarte será nuestra gloria. 

48Bendito sea el Señor, Dios de Israel, | desde siempre y por siempre. | Y todo el pueblo diga: | ¡Amén! ¡Aleluya!

107 (106)

1Dad gracias al Señor porque es bueno, | porque es eterna su misericordia.

 2Que lo confiesen los redimidos por el Señor, | los que él rescató de la mano del enemigo, 3los que reunió de todos los países: | oriente y occidente, norte y sur.

 4Erraban por un desierto solitario, | no encontraban el camino de ciudad habitada; 5pasaban hambre y sed, | se les iba agotando la vida; 6pero gritaron al Señor en su angustia, | y los arrancó de la tribulación. 

7Los guio por un camino derecho, | para que llegaran a una ciudad habitada.

 8Den gracias al Señor por su misericordia, | por las maravillas que hace con los hombres. 

9Calmó el ansia de los sedientos, | y a los hambrientos los colmó de bienes. 

10Yacían en oscuridad y tinieblas, | cautivos de hierros y miserias; 11por haberse rebelado contra los mandamientos, | despreciando el plan del Altísimo.

 12Él humilló su corazón con trabajos, | sucumbían y nadie los socorría. 13Pero gritaron al Señor en su angustia, | y los arrancó de la tribulación. 

14Los sacó de las sombrías tinieblas, | arrancó sus cadenas. 

15Den gracias al Señor por su misericordia, | por las maravillas que hace con los hombres. 

16Destrozó las puertas de bronce, | quebró los cerrojos de hierro. 

17Estaban enfermos por sus maldades, | por sus culpas eran afligidos; 18aborrecían todos los manjares, | y ya tocaban las puertas de la muerte.

 19Pero gritaron al Señor en su angustia, | y los arrancó de la tribulación. 20Envió su palabra para curarlos, | para salvarlos de la perdición. 

21Den gracias al Señor por su misericordia, | por las maravillas que hace con los hombres. 

22Ofrézcanle sacrificios de alabanza, | y cuenten con entusiasmo sus acciones.

 23Entraron en naves por el mar, | comerciando por las aguas inmensas. 24Contemplaron las obras de Dios, | sus maravillas en el océano. 

25Él habló y levantó un viento tormentoso, | que alzaba las olas a lo alto: 26subían al cielo, bajaban al abismo, | se sentían sin fuerzas en el peligro, 27rodaban, se tambaleaban como borrachos, | y no les valía su pericia. 

28Pero gritaron al Señor en su angustia, | y los arrancó de la tribulación.

 29Apaciguó la tormenta en suave brisa, | y enmudecieron las olas del mar. 

30Se alegraron de aquella bonanza, | y él los condujo al ansiado puerto.

 31Den gracias al Señor por su misericordia, | por las maravillas que hace con los hombres. 

32Aclámenlo en la asamblea del pueblo, | alábenlo en el consejo de los ancianos. 

33Él transformará los ríos en desierto, | los manantiales de agua en aridez; 34la tierra fértil en marismas, | por la depravación de sus habitantes. 

35Transformó el desierto en estanques, | el erial en manantiales de agua. 

36Colocó allí a los hambrientos, | y fundaron una ciudad para habitar.

 37Sembraron campos, plantaron huertos, | recogieron cosechas. 38Los bendijo y se multiplicaron, | y no les escatimó el ganado. 

39Y menguaron, abatidos por el peso | de infortunios y desgracias.

 40El mismo que arroja desprecio sobre los príncipes | y los descarrió por una soledad sin caminos, 41levantó a los pobres de la miseria | y multiplicó sus familias como rebaños. 

42Los rectos lo ven y se alegran, | a la maldad se le tapa la boca.

 43El que sea sabio, que recoja estos hechos | y comprenda la misericordia del Señor.

108 (107)

1Cántico. Salmo de David. 

2Mi corazón está firme, Dios mío, | mi corazón está firme, | para ti cantaré y tocaré, gloria mía. 3Despertad, cítara y arpa, | despertaré a la aurora. 

4Te daré gracias ante los pueblos, Señor, | tocaré para ti ante las naciones: 5por tu bondad, que es más grande que los cielos; | por tu fidelidad, que alcanza a las nubes. 

6Elévate sobre el cielo, Dios mío, | y llene la tierra tu gloria; 7para que se salven tus predilectos, | que tu mano salvadora nos responda. 

8Dios habló en su santuario: | «Triunfante, ocuparé Siquén, | parcelaré el valle de Sucot; 9mío es Galaad, mío Manasés, | Efraín es yelmo de mi cabeza, | Judá es mi cetro; 10Moab, una jofaina para lavarme; | sobre Edón echo mi sandalia, | sobre Filistea canto victoria».

 11Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte, | quién me conducirá a Edón, 12si tú, oh Dios, nos has rechazado | y no sales ya con nuestras tropas?

 13Auxílianos contra el enemigo, | que la ayuda del hombre es inútil. 

14Con Dios haremos proezas, | él pisoteará a nuestros enemigos.

Salmo 109(108)

Salmo 110 (109)

Salmo  111 (110)

Salmo  112 (111)

Salmo  113 (112)

Salmo 114 (113a)

Salmo 115 (113b)

Salmo 116 (114-115)

Salmo 117 (116






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