Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


domingo, 18 de septiembre de 2016

65).-La «Biblia» perdida del cardenal Cisneros.-a


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Franco Natalino; 




Durante décadas el manuscrito BH MSS 22 fue un fantasma bibliográfico, una leyenda que todos los investigadores mencionaban, pero que nadie podía consultar. Una «Biblia» en griego, copiada en Italia, con encuadernación en piel de becerro de color amarillo rojizo y cierres de cobre que había servido de base para la «Biblia Políglota Complutense» (1517) y que la historia había ligado para siempre a una palabra: «Quemado».

A comienzos de noviembre de 1936, las tropas nacionales alcanzaron Madrid y comenzaba el asalto de la capital. Una batalla que derivó en un frente de trincheras. La escasez de suministros y el intenso fuego artillero que castigaba la zona obligó a los brigadistas intenacionales, a los que se les había encomendado defender la Universidad Complutense, a suplir la carencia de sacos terreros con libros y documentos. Las bibliotecas de las facultades fueron saqueadas y uno de los grandes tesoros bibliográficos, y cimiento imprescindible del Renacimiento en España, desaparecía en la inmensidad de la guerra.

A finales del siglo XX y principios del XXI, apareció, en un depósito del Instituto de Patrimonio Histórico, un volumen ennegrecido, con las páginas pegadas y encogido por las llamas. «En el centro se apreciaba un hueco –comenta el conservador Javier Tacón– y el comienzo y el final estaban afectados por el fuego. En la parte inferior de los folios se veían restos de tierra y hongos, lo que indicaba que se había mojado o que estuvo en contacto con humedad». Un primer análisis arrojaba la hipótesis de que el ejemplar se había utilizado para proteger una ventana y que sufrió el impacto de una explosión o un disparo. Se tomaron las primeras imágenes; 58 fotografías que dieron pie a un examen inicial. En 2017, cuando se procedió a su restauración, ya bajo la observación de Felipe G. Hernández Muñoz, de la Universidad Complutense, y Carlos A. Martins, de la Universidad de Coimbra, se confirmó no solo lo que ya se sabía, que se trataba de la «Biblia» perdida de Cisneros, sino que además se conservaba entre el 70 y 80 por ciento del manuscrito: 223 folios de los 307. «Para mí ha sido muy especial contribuir a recuperar este libro, que es de un enorme valor histórico y patrimonial. No soy español y me ha encantado haber contribuido a la historia de España con algo tan importante», afirma Carlos Martins. «Hemos rescatado una joya. Ha sido como entrar en diá-logo con el copista y las personas que conocieron esta obra hace más de 500 años», asegura Felipe Hernández.


Scherezada Jacqueline Alvear Godoy

De Venecia a España

El Cardenal Cisneros, un hombre de fe, devoto de Dios y la política, inició un humanismo renacentista que partía del credo, pero se apartaba del legado medieval. Su tutelaje amparó el nacimiento de la Universidad de Alcalá, bastión renacentista que cobijó a los más prominentes hombres de letras y las ciencias. Bajo su auspicio se inició una de las mayores empresas culturales de Europa: la «Biblia Políglota Complutense», que aspiraba a fijar el texto de las Sagradas Escrituras en sus lenguas originales –hebreo, arameo y griego– y en latín. Para este proyecto se encargó a la Señoría de Venecia una «Biblia» que recogiera los siguientes libros del Antiguo Testamento: Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Esdras, Esther, Jueces, Rut, Reyes, Judith, libro de la Sabiduría y Macabeos. Un pergamino en griego clásico y letra de inicios del siglo XV que sirvió para preparar los tomos segundo y tercero de la «Políglota» y que los historiadores conocerían como manuscrito BH MSS 22 .

La tarea recayó en Juan Severo de Lacedemonia, un copista diestro y de origen griego que lo redactó en la Biblioteca Marciana de Venecia (su firma aún es apreciable en la última página). Algunas notas marginales revelan que proceden de la pluma de Marco Musuro, socio del gran impresor Aldo Manucio, y también de humanistas de la talla de Hernán Núñez, Alonso López «el pinciano» o Demetrio Ducas, que ostenta el título de ser el primer catedrático de griego de la Universidad de Alcalá. Este ejemplar se convirtió en uno de los primeros títulos que integraron el fondo bibliográfico del centro universitario, que, al trasladarse a Madrid, pasaría a ser la biblioteca más importante de España después de la Nacional. Desde su llegaba se convirtió en una joya apreciada y valorada por generaciones de intelectuales, pensadores y escritores, y fue consultada en abundantes ocasiones. «Es crucial que haya reaparecido, porque esto nos permitirá estudiar las variantes que pueda haber en un texto como el de las Escrituras», explica Carlos Martins. «Todos los manuscritos de la “Biblia” –subraya Felipe G. Hernández–traen cambios y éstos son relevantes para la crítica, porque permiten determinar a qué clase de familia, de toda la genealogía bíblica que conocemos en la actualidad, pertenece». 
A partir de ahora, el manuscrito BH MSS 22 , que a lo largo de tantas décadas ha estado perdido, estará disponible para el público. Se han sacado más de quinientas imágenes de alta definición y dentro de poco se pondrán en línea para que tengan acceso a él los historiadores y los curiosos que lo deseen consultar. Estas fotografías permiten ampliar cada una de las páginas hasta un alto grado de detalle. Esta opción permite observar con minuciosidad las glosas anotadas a los márgenes, por ejemplo, y las heridas que el pasado ha dejado en este pergamino, porque la historia de un libro, como dijo alguien, no es solo el texto que transmite, el morral intelectual, sino las mellas del tiempo y sus avatares.

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