Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


miércoles, 6 de marzo de 2013

San Teófanes el Recluso.



San Teófanes el Recluso.




San Teófanes el Recluso. (1815—1894) , también conocido como Teófanes el Eremita (Феофан Затворник en ruso: Feofán Zatvórnik), es un santo de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Biografía

Su nombre era Gueórgui Vasílievich Góvorov, nacido en la villa de Chernavsk (ahora en la óblast de Lípetsk). Su padre fue un sacerdote ortodoxo ruso, y según la costumbre de la época, él también fue destinado al sacerdocio.
Fue educado en los seminarios de Livny, Oriol y en la Academia de teología de Kiev. En estos años entró en contacto con el Monasterio de las Cuevas de Kiev. En 1841 se convirtió en monje adoptando el nombre Teófanes. Continuó sus estudios y acabó ordenándose sacerdote como hieromonje.
Ejerció como profesor en el seminario de Olonets y en la Academia de San Petersburgo. Entre los años 1847-1854 realizó diversos viajes por Oriente y Tierra Santa, donde aprendió griego y conoció los escritos de los Santos Padres.
En 1854 se convirtió en obispo de Tambov, y posteriormente de Vladímir. En 1866 renunció al episcopado y se retiró al eremitorio de Vysha (hoy en la óblast de Riazán) donde permaneció hasta su muerte en 1894. Fue canonizado por la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Obras

La vida eremítica de Teófanes se centró en la oración y en la producción de obras literarias.

Catedral de Kazán del Monasterio de Vysha

  • Tradujo del griego al ruso muchos textos de los Santos Padres.
  • Varios comentarios a las Cartas de San Pablo.
  • Dobrotoliúbie, traducción de la Filocalia al ruso, ampliando su contenido con textos de los Padres de la Iglesia Rusa que escribieron entre los siglos XVII y XVIII.
  • Un voluminoso epistolario de más de 10 volúmenes.
Información  religiosa
Canonización1988, por la Iglesia Ortodoxa Rusa
Festividad6 o 10 de enero
Venerado enIglesia ortodoxa
Distinciones
  • Caballero de primera clase de la Orden de Santa Ana
  • Caballero de segunda clase de la Orden de Santa Ana
  • Caballero de tercera clase de la Orden de San Vladimir Ver y modificar los datos en Wikidata

Bibliografía

Teófano el Recluso (2005). Arte de la Oración. Buenos Aires: Editorial Lumen.
Teófano el Recluso (1990). Consejos a los Ascetas. Buenos Aires: Editorial Lumen.




Teófano el Recluso (2005). Arte de la Oración. Buenos Aires: Editorial Lumen.




Cómo encender en nosotros el espíritu de la oración.

La oración, siendo la respiración del alma, es una acción importantísima en la vida del cristiano. Si hay oración, significa: "el hombre — tiene vida espiritual," si no hay, — "está muerta."
Ponerse ante los iconos y hacer flexiones — esto no es oración, simplemente son atributos de ella. Del mismo modo, pronunciar oraciones, sea de memoria o su lectura, no es oración todavía, sino herramientas o medios para su comienzo. Lo más importante en la oración — es iniciar de sentir en nuestro corazón veneración hacia Dios: sentimientos de entrega filial, de agradecimiento, de arrepentimiento, de obediencia a la voluntad de Dios, de deseo de Glorificarlo, y otros sentimientos semejantes. Por ello nuestra meta debe ser que, al orar, estos sentimientos nos llenen y que nuestro corazón no quede vacío y seco. Cuando nuestro corazón está dirigido sinceramente a Dios, las palabras pronunciadas en las oraciones (generales, lectura de oraciones matinales o nocturnas) se transforman en oración, si no, — todavía no es oración.

Oración — acercamiento de nuestro corazón a Dios — hay que estimularlo y asegurarlo, hay que educar en nosotros el espíritu de la oración.

El primer método para ello, es la oración, expresada con palabras que son leídas o escuchadas del libro de oraciones. Con atención escucha o lee la palabra de la oración y ciertamente estimularás y confirmarás en tu corazón tu acercamiento a Dios, es decir, entrarás en el espíritu de la oración. En las oraciones de los santos padres (editadas en los libros de oraciones y otros libros eclesiásticos) esta incluida una gran fuerza de oración, y el que con atención y diligencia se concentra en ellas, obtendrá la fuerza, que la oración otorga, a medida que el espíritu se penetra con el contenido. Para obtener de nuestra oración un verdadero recurso de educación para orar, debemos realizarlo de manera que la mente y el corazón entienden las palabras, pronunciadas en la oración.

He aquí tres modos fáciles, cómo conseguirlo:
  • No te dirijas a orar sin la consabida preparación.
  • Realízala, no de cualquier manera, sino con atención y sentimiento.
  • Después de realizar la oración no te precipites hacia tus tareas cotidianas.

Preparación para la oración.

Antes de comenzar la oración, fuere ello cuando fuere, prepárate a librar tus pensamientos de distintas preocupaciones y quehaceres. Luego piensa, quién es Él, a Quién te vas a dirigir en la oración, quién eres tú, dirigiéndote a El, y aviva en tu alma la correspondiente conducta de humildad y reverencia a Dios. He aquí el inicio de la oración, con un buen inicio tenemos la mitad de la labor obtenida.

Realización misma de la Oración.

Prepárate en esta forma: párate ante los iconos, hazte la señal de la cruz, haz una inclinación, y comienza a pronunciar las palabras de la oración acostumbrada. Lee o pronuncia con detenimiento, profundizando cada palabra y llevándola al corazón. En otras palabras, entiende, lo que lees, y lo que entiendes — siéntelo. Acompáñalo con la señal de la cruz e inclinaciones. Todo lo hecho, es lo que agrada a Dios y trae fruto a la oración. Cuando lees por ejemplo: "líbrame de todo lo pecaminoso y malo" — siente tu ignominia, desea la pureza y con toda esperanza ruega a Dios. Cuando lees: "hágase Tu voluntad" — en tu corazón sinceramente entrégate a Dios, preparándote de recibir con complacencia todo, lo que Él te mande. Lees: "y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores " — y en tu alma perdona a todos, los que te afligieron.

Si procedes de esta manera en cada frase de la oración, harás correctamente tu oración. Luego haz hincapié en esto:

  • Primero, impónte cierta norma de conducta en la oración, — pequeña, para que con las ocupaciones diarias puedas cumplirlas, sin apuros.
  • Segundo, en momentos libres compenétrate con las oraciones impuestas por ti mismo, pronuncia cada palabra de la oración y entiéndela, siéntela, para saber de antemano ante que palabra, qué pensamientos y sentimientos tienes que reavivar en tu alma, para que durante la oración todo sea más fácil entender y sentir.
  • Tercero, si tu mente voladora en momento de la oración comienza a correr hacia otros destinos... concéntrate y mantén la atención, volviendo tu pensamiento hacia el objetivo de la oración. Otra vez se alejó tu pensamiento, — regrésalo. Repite la lectura hasta que cada palabra de la oración la leas con atención y sentimiento. De este modo lograrás acostumbrarte a no distraerte en la oración.
  • Cuarto: si alguna palabra de la oración penetra con fuerza en tu alma, detente allí, y no leas más. Detente con atención, sentimiento, impregna tu alma con ella, mantén este estado hasta que sin tu ayuda se diluya. Esto es signo de que el espíritu de la oración comienza a penetrar dentro de ti. Este estado es el método más certero de educación y fortalecimiento del espíritu de la oración.
Qué hacer después de la oración.

Cuando terminas de orar, no te apures a comenzar tu rutina, espera un poco y piensa: qué haz sentido y a qué te obliga ello, y compenétrate sobre todo en aquello que más te produjo efecto. Esto es el propio a la oración, si rezas bien no tendrás prisa de comenzar tu rutina, pues quien prueba lo dulce no va a querer algo amargo. El absorber la dulzura de la oración, es la finalidad de la palabra "en oración," con la cual se educa el espíritu de la oración.

Siguiendo estas sencillas reglas pronto verás los frutos del trabajo para cumplir bien la oración. Toda palabra de oración deja una huella benéfica en el alma, la continuidad de este trabajo profundiza la huella, y la paciencia en esta tarea injerta el espíritu de la oración.

He aquí los primeros pasos de la educación en sí misma del espíritu de la oración. Para ello se estableció la norma de conducta en la oración. Pero esta no es la fase final, sino que es el inicio en la ciencia de oración. Hay que seguir adelante.



Etapas siguientes en el desarrollo de la Oración.

Habiendo logrado este acercamiento a Dios con la ayuda del libro de oraciones, es imprescindible acercarse a Dios por nuestros propios medios. Hay que llegar a que el alma sola, con sus palabras, entre en conversación con Dios, se eleve hacia Él, se abre ante Él, muestra y confiese, lo que tiene adentro y expresa lo que ansía. Esto es lo que hay que enseñarle a nuestra alma.

Qué es lo que hay que hacer para obtener resultados positivos en esta ciencia? Primeramente, es la costumbre de dirigirnos a Dios, con la ayuda de los libros de oración, y la constancia de orar con profunda veneración, benevolencia, atención y sentimiento. Porque el corazón pleno de sentimientos santos gracias a las oración leídas, — por sí mismo va a comenzar a generar su propia oración al Señor. Pero hay caminos especiales que llevan a un resultado positivo en la oración.

Primer método de enseñanza del alma para dirigirse con frecuencia a Dios es pensar en Dios, o con veneración reflexionar sobre las propiedades y procederes Divinos: reflexionar acerca de la benevolencia de Dios, Su justicia, sabiduría, sobre la creación, y que Él todo lo dirige, acerca de la salvación en el Señor Jesucristo, acerca de la Gracia Divina y las palabras de Dios, acerca de los Sacramentos y del Reino Celestial. El pensamiento acerca de estos temas infaliblemente te llenará el alma de veneración hacia Dios — dirige toda el ser del hombre hacia Él, y por esto es el camino mas directo para acostumbrar a nuestra alma a elevarse hacia Dios. Terminada la palabra de oración, sobretodo de mañana, siéntate y comienza a meditar — hoy acerca de alguna calidad de Dios, mañana de otra, y de Su proceder, y haga producir en tu alma tu propia disposición correspondiente. Habla como San Dimitri de Rostov: "Ven pensamiento santo, y nos hundiremos en la reflexión acerca de las grandes obras de Dios," — esto te ablandará el corazón, y tu alma comenzará a fluir en oración. Aquí hay poco esfuerzo, pero el fruto es grande. Se precisa solo voluntad y decisión. Por ejemplo comienza a pensar acerca de la benevolencia de Dios — verás que estás rodeado de bondades tanto corporales como espirituales — y te postrarás ante Dios derramando agradecimiento por todo ello. Comienza a pensar sobre la Divina todopresencia, comprenderás que estás siempre ante Dios, y Dios ante ti, y te vas a llenar con temor y veneración. Piensa en la Verdad Divina, y te convencerás que ni una mala acción quedará sin castigo. Entonces vas a decidirte en librarte de todas tus malas acciones, con el corazón arrepentido te postrarás ante Dios. Comienza a razonar de que Dios todo lo sabe, y vas a percibir, que no hay nada oculto al ojo Divino. Entonces te pondrás más estricto contigo mismo y pondrás más atención en no ofender en algo al omnividente Dios.

El segundo método para el adiestramiento del alma para dirigirse frecuentemente a Dios, viene en orientar cada acción nuestra, grande o chica, siempre para Gloria de Dios. Si nos imponemos como regla, según el mandamiento del Apóstol (1 Cor. 10:31) hacer todo, hasta comer y beber, para Gloria de Dios, — sin falta ante cada cosa nos acordaremos de Dios, y no superficialmente, sino, nos cuidaremos con algún mal comportamiento de ofender a Dios. Esto nos va a obligar a dirigirnos a Dios con temor y, a través de la oración, pedir ayuda y instrucción. Y como nosotros estamos permanentemente haciendo algo, entonces vamos a estar siempre con la oración, dirigiéndonos a Él, y en consecuencia estaremos incesantemente practicando la ininterrumpida oración hacia Dios. Así con experiencia aprenderemos como dirigirnos a Dios mas a menudo a lo largo del día.

El tercer método del adiestramiento del alma para la oración a lo largo del día, es la frecuente invocación desde el corazón, a Dios en cortas invocaciones u oraciones, según las necesidades del alma y acontecimientos diarios. Comienzas a hacer algo, di: "Bendice Dios." Terminas algo, di con sentido de agradecimiento: "Bendito sea Dios." Si te arremete alguna pasión, dirígete de corazón a Dios diciendo: "Sálvame Señor, estoy pereciendo." Te inundan las tinieblas disturbando tu mente, clama: "Aparta de las tinieblas mi alma." Te atrae algún pecado y te dirige hacia hechos erróneos, reza: "Oriéntame, Dios hacia el camino," o "No dejes que mis pasos se desorienten." Te inundan los pecados y te llevan a la desesperación, exclama con el publicano: "Dios, se propicio a mi, pecador." Y así en cada caso. O solo repite: "Apiádate, Señor"; "Soberana, Madre de Dios, sálvame"; "Ángel de Dios, santo custodio mío, defiéndeme." O con otras palabras semejantes exclama frecuentemente, tratando de que sean palabras del corazón, como exprimidas de él. Haciendo esto, tendremos frecuentes fluidos hacia Dios, frecuentes invocaciones a Él, frecuente oración, todo esto nos dará la costumbre de saber hablar con Dios. Y así, además de la regla de la oración, existen tres medios para hacernos entrar en el espíritu de oración:
  • Dedicar a la mañana cierto tiempo para pensar en Dios,
  • Cada ocupación dedicar a la Gloria de Dios,
  • Muy a menudo aclamar a Dios con cortas invocaciones,
Cuando de mañana has tenido un buen acercamiento espiritual a través de la oración, estos pensamientos santos nos predispondrán durante todo el día a recordar a Dios. Estas ideas a su vez nos predispondrán para que cada acción, interior o exterior, sea para alabar a Dios. Con esto, el espíritu llegará a un estado tal, que permitirá fluir unas cortas invocaciones a Dios. Estos tres — pensamiento en Dios, obrar siempre para gloria del Señor, y frecuentemente clamar a Él, son los tres métodos ciertos para desarrollar la oración, espiritual y sincera. El que los practique, pronto adquirirá la costumbre de elevar el corazón con sinceridad a Dios. Así despegándose de la tierra, el espíritu se elevará hasta su ámbito de vida: en esta vida con el corazón y pensamiento, y en la otra — sustancialmente, será estimada de estar en presencia Divina.



Las reglas de la oración.

Hay que aprender a rezar. Hay que adquirir la costumbre a las expresiones de la oración y a el sentimiento, correspondiente hacia ella, — no solo para leer todo lo indicado, sino que hay que avivar y fortalecer el humor espiritual de la oración.

Para que esto se realice con éxito:

Nunca lean con apuro, sino como estirando las palabras, como sonsonete, extendiéndola en el tiempo. Así antiguamente todas las oraciones eran tomadas de los salmos y no se decían, se cantaban.
Compenétrense con cada palabra y no solo entiendan el pensamiento en su sentido, sino que estimulen el sentimiento correspondiente,
Para no apurarse mas a leer las oraciones, tengan como regla, no solo leer esto o aquello, sino permanecer en oración cierto tiempo, digamos quince minutos, media hora,... el tiempo que habitualmente suelen dedicarle, y no se preocupen de la cantidad del leído: cuando llegó la hora marcada, si no tienen voluntad de seguir adelante, terminan la lectura.
Acondiciónese de manera de no mirar el reloj, acomódese como si fuera para un tiempo indeterminado, entonces el pensamiento no va a correr adelante...
Para ayudar a tener el sentimiento de oración: en el tiempo libre, relea y repase todas las oraciones de su regla, y revívalos para que cuando comience a rezar, sepa por adelantado que sentimiento tiene que provocar en el espíritu.
No lean las oraciones una atrás otra, sino que interrumpan para intercalar con sus propias oraciones y flexiones. Cuando algo externo durante la oración viene en el corazón, inmediatamente interrumpa y haga flexiones. Esta es la regla mas necesaria e indispensable para educar el sentimiento de oración... Si algún sentimiento se vuelve muy fuerte, quédense con él, y hagan genuflexiones o inclinaciones, e interrumpan la lectura... así hasta terminar el tiempo establecido.
Hagan oraciones no solo de mañana y de tarde, pero, si es posible, a cualquier hora del día; además acompáñelas con varias flexiones.

Cuando las ocupaciones no permiten cumplir plenamente la regla oratoria, disminúyalas, pero nunca las realicen con prisa. Dios está en todas partes. Al levantarte, agradece a Dios y con tus palabras pídele bendición para tus labores — algunas flexiones y alcanza. Nunca diríjanse a Dios de cualquier manera, sino que siempre con mucha veneración. Él no necesita de nuestras flexiones, ni oraciones repletas de palabras... puede ser corto — pero que sea un fuerte y sincero gemido del corazón, — esto es lo que le llega a Él! Y esto siempre se puede realizar.

La regla de la oración la podemos componer nosotros mismos. Aprende de memoria las oraciones que encuentras en el libro de oraciones y rézalas de memoria con atención y sentimiento. También de tu parte agrega una plegaria; cuanto menos dependas del libro mejor. Aprende de memoria ciertos salmos y mientras te diriges a algún lado a hacer algo, y la cabeza no está ocupada, rézalos... Esto es tu coloquio con Dios. El método existe para orientar y no para ser algo esclavizante o rígido.

Hay que evitar de reducir la oración a algo formal y automático. Que sea una cosa juiciosa, decidido libre, y realizado con convicción y sentimiento, y no de cualquier manera. En caso necesario hay que saber abreviar partes del método. En la vida familiar pueden haber imprevistos... Cuando el tiempo es limitado, pronuncien oraciones de memoria solamente de mañana y de noche, solo las oraciones correspondientes, se permite no decirlas en su totalidad, sino solo algunas de ellas,... o no decir ninguna, solo realizar algunas flexiones, pero con el rezo de todo corazón. El método hay que tratarlo libremente, y proceder como dueño de él y no como su esclavo. Ser esclavo solo de Dios, y sentirse obligado a consagrar cada minuto de la vida a Él.

El regla de oración es una palizada segura para ella. La oración es un hecho interior y el método de la oración es — exterior. Pero, como sin la parte externa (cuerpo), el hombre no es plenamente hombre, así la oración, sin regla para orar, — no es completa. Lo uno y lo otro hay que tenerlo y en lo posible cumplirlo. Ley determinante: orar interiormente en todo momento y en todo lugar. La oración, dicha con palabras, no puede realizarse sin determinado tiempo, lugar y medida. El conjunto de estos tres elementos, constituye el método de la oración.

Y aquí el instructor tiene que ser el juicio razonable. Cuando, donde, cuanto tiempo dedicarle a la oración, y cuales oraciones realizar — esto cada uno puede determinar de acuerdo a sus circunstancias individuales: aumentarlas, disminuirlas, cambiar el tiempo y lugar... Lo importante es que todo esté dirigido a realizar correctamente la oración interior. Acerca de la oración interior, hay que tratar de realizarla continuamente.

Qué significa rezar continuamente? Permanecer constantemente con el humor de oración — esto significa dirigir nuestro pensamiento y sentimiento hacia Dios. Pensamiento en Dios — acerca de Su presencia, qué está en todas partes, todo lo ve y todo lo mantiene en su poder. Sentimiento a Dios — temor a Dios, amor a Dios, el ferviente deseo de agradarle en todo y evitar lo que no le agrada, y lo principal — es la plena entrega de si a Su santa voluntad; todo lo que nos sucede, recibir, como salido de Su propia mano. El sentimiento a Dios lo podemos tener en todas nuestras obras, ocupaciones y circunstancias, si ya lo poseemos en el corazón, (y no, que todavía lo estamos buscando).

La mente puede distraerse en diferentes objetos, pero aquí nos ayuda la costumbre de no apartarnos de Dios, sino que realizar todo, sin olvidar la presencia Divina. Todo nuestro cuidado hay que dirigirlo hacia estos dos objetivos: pensamiento y sentimiento hacia Dios. Cuando les poseemos — hay oración, aunque sin palabras. La oración de la mañana está ordenada para establecer en el corazón y el sentido estos dos elementos, y con ellos salir hacia nuestras tareas ulteriores. Si en la mañana tenemos esto en nuestra alma, vamos a rezar correctamente, aunque no hayamos leído todas las oraciones escritas.

Supongamos que de mañana tenemos este estimulo y así comenzamos nuestras tareas. Desde el primer paso dado, comenzarán las impresiones de los hechos, cosas y personas, distrayendo nuestra alma de Dios. Qué hacer? Hay que renovar el pensamiento y sentimiento en acercamiento interno de la mente y corazón a Dios. Para ello hay que acostumbrarse a la oración corta y repetirla a menudo. Cualquier oración corta nos conduce a ello. La mejor de todas las oraciones — es hacia el Señor Salvador: ."..Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí." Hay que tratar de acostumbrarse a ella y nunca dejarla. Una vez enraizada en nosotros, ella será nuestro continuo timón para permanecer en Dios, con pensamiento y espíritu. He aquí todo el programa de lo que hay que hacer para tener oración.

Los que recién comienzan, hay que aprender a rezar correctamente, con oraciones determinadas para asimilar su significado, su sentimiento, y frases oratorias. Porque la palabra dirigida a Dios tiene que ser magnificente. Cuando el que aprende a orar domina esto, puede orar no solo con palabras adquiridas sino con las suyas propias.

Ejemplos de maneras de invocaciones a Dios se pueden encontrar en las 24 oraciones cortas de San Juan Crisóstomo, que se encuentran al final de las oraciones nocturnas. Se pueden tomar otras oraciones de salmos, de oraciones eclesiásticas o propias de nosotros mismos.



Oración de San Juan Crisóstomo.

Señor, no me prives de tus bienes celestiales, Señor líbrame de los tormentos eternos. Señor, si he pecado de intención o pensamiento, de palabra o acción, perdóname. Señor, redímeme de toda ignorancia, olvido, cobardía y despiadada insensibilidad. Señor, rescátame de toda tentación. Señor, ilumina mi corazón oscurecido por la concupiscencia. Señor, siendo humano he pecado, pero Tú siendo el Dios generoso, ten piedad de mí, conociendo la enfermedad de mi alma. Señor, transmite tu gracia en mi ayuda, para que yo pueda alabar tu Santo Nombre. Señor Jesucristo, inscribe a tu siervo en el Libro de la Vida, y concédeme un buen fin. Oh Señor mi Dios, aun cuando no he hecho nada bueno a tu vista, sin embargo concédeme tu Gracia para hacer un buen comienzo. Señor, esparce en mi corazón el rocío de tu Gracia. Señor del cielo y de la tierra, recuérda a tu pecaminoso servidor, ignominioso e impuro, en tu Reino. Amén.

Señor, recíbeme en mi arrepentimiento. Señor apártame de la tentación. Señor concédeme buenos pensamientos. Oh Señor, dame lágrimas y recuerdo de la muerte y contrición. Señor, dame el deseo de confesar mis pecados. Señor dame la humildad, la castidad y la obediencia. Señor, dame la paciencia, la magnanimidad y mansedumbre. Señor, introduce la raíz de todo bien en mi corazón, que es el temor ante Ti. Oh Señor, hazme capaz de amarte con toda mi alma, mi entendimiento y de cumplir en todo tu voluntad. Señor, protégeme de cierta gente, demonios, pasiones y de toda cosa perniciosa. Oh Señor, Tú sabes que Tú actúas como Tú quieres, que tu voluntad reine en mí, pecador, pues Bendito eres Tú para siempre. Amén.



Oración dada por el Señor Dios.

Qué más se puede decir acerca de la oración? — Hay oraciones que el hombre crea por si mismo, y las hay que son dadas por Dios al que ora. Quién no conoció la primera? Tienen que conocer la segunda, aunque sea en la etapa inicial. Al principio cuando el hombre se presenta ante Dios, tiene que ser a través de la oración. Comienza a concurrir a la iglesia, en su hogar reza, siguiendo el libro de oraciones, o sin el. Pero los pensamientos se disipan y no puede controlarlos. Sin embargo, cuanto más se esmera en rezar, más se equilibran sus pensamientos y la oración se vuelve más limpia.

Pero la atmósfera del alma no se aclara, hasta que no aparezca una tibia luz en el alma. Esta es la luz de la Gracia Divina, no individual, sino común a todos. Ella aparece a cierto nivel de pureza en la formación moral de una persona, que la esta buscando. Cuando esta llama vislumbre, y en el corazón se establece un calor permanente, entonces, el fluir de los pensamientos se detiene. Sucede en el alma algo, que sucedió con la mujer que padecía un flujo de sangre, "al instante se detuvo el flujo de su sangre" (Luc. 8:44). En este estado la oración se vuelve incesante. Intermediario en esto le sirve la oración a Jesús. Y este es el limite hasta el cual puede llegar la oración, realizada por la propia persona.

Más adelante, en este estado, se da la oración concedida, no por obra de la persona. Desciende el espíritu de la oración y lleva adentro del corazón, lo mismo como si uno tomara a otro de la mano y lo trasladara de un cuarto a otro. El alma permanece atada con una fuerza exterior, y se mantiene voluntariamente en el interior, mientras sobre ella fluye el Espíritu que entro. Conozco dos niveles de este proceso. En el primero — el alma todo lo ve, y domina todo, incluso puede interrumpir este estado.

Los santos padres — como Isaac el Sirio, habla de otro estado, procedente de más arriba. Aquí también, entra el espíritu de oración, pero en el cual, el alma arrastrada con el, tiene una tal contemplación, que olvida su posición exterior, no razona, solo contempla, no se puede gobernar y le es imposible cambiar su estado. Este estado es descrito en el libro especial "Padres," donde se cuenta, que alguien se puso a orar antes de la cena, y se recuperó a la mañana siguiente. Pues esta es la oración de éxtasis o de contemplación. En algunos casos se acompañaba con el resplandor del rostro, resplandor en derredor, en otros — elevación sobre el suelo. El Santo Apóstol Pablo en este estado fue llevado al paraíso.



Explicación de algunas dificultades.

Usted escribe: "Comencé a rezar mal, utilizando los libros de oración." — Esto no es negativo, es posible nunca tomar un libro de oraciones en las manos. Libro de oraciones — es como, por ejemplo, un libro de conversacion en francés. Memoriza los diálogos, hasta que aprenda a expresarse libremente, y cuando aprende a hablar los diálogos, se olvida del libro. Hasta esta etapa necesitamos también el libro de oraciones, hasta que el alma aprendaa rezar, luego lo podemos relegar. Cuando no fluye la oración propia, entonces para provocarla, es positivo de volver a usar el libro de oraciones.

No hay que temer este estado de "seduccion." Esto ocurre a los orgullosos, a quienes, apenas tienen la tibieza en el corazon, ya piensan que han llegado a la perfección. Pero, aca se trata solo del comienzo, y — no duradero, pues la tibieza y la calma, pueden ser naturales, como resultado de la atencion en el corazon. Pero hay que esforzarse y esforzarse, esperar y esperar, hasta que lo natural sea reemplazado por la Gracia Divina. Nunca hay que considerarce llegado a la meta deseada, siempre verse como mendigo, indefenso, ciego e inservible.

Se queja de tener la oración pobre. — Pero se puede rezar sin postrarse para rezar, pues toda alabanza, glorificación, con el espíritu y sentimiento es verdadera oración. Si proceden de esta forma, entre sus quehaceres, eso es ya la oración. San Basilio el Grande, responde a la pregunta de cómo los Apóstoles podían rezar continuamente, contesta: ellos, durante todos sus obras, pensaban en Dios y vivían en devoción permanente y contacto con Él. Este estado de animo espiritual le era habitual y era su oración permanente. He aquí un ejemplo. Como he escrito anteriormente, que de las personas en actividad no se puede pedir lo mismo, que del que permanece en su domicilio inactivo. La principal preocupación debe ser de no permitir la venida de malos sentimientos durante la rutina diaria, y tratar, de todas maneras, de ofrecer todo su sentir a Dios. Este ofrecimiento después se transforma en oración. Esta escrito, que la voz de la sangre de Abel clama a Dios desde la tierra. Así las acciones dirigidas a Dios, llegan a Él. Un monje cuando alguien le trajo algo comestible, dijo: "qué mal huele esto!" — (pero esto era en buen estado). Le preguntaron, "¿cómo que huele mal? aclaró él, que esto no fue enviado con sentimientos buenos y por persona buena. Así todo hecho se embebe con los sentimientos con los cuales se realiza. Y los que tienen los sentimientos limpios, lo perciben. Resulta que, como de las flores buenas se expide un aroma agradable, así las obras, hachas con buenas intenciones, se exhala fragancia, que se eleva como el incensé del incensario...

Me escribe acerca del enfriamiento espiritual en la oración. Esto es una gran pérdida. Hagan un esfuerzo para superarla. Las tareas diarias solo pueden disminuir el tiempo de oración; pero la pérdida de la oración interior — es imperdonable. Dios se complace con poco, pero este poco debe venir del corazón. Ascender con la mente hacia Él, y con humildad pronunciar: Dios, ten piedad; Dios, bendíceme; Dios, ayúdame! — esto es una lamentación en el rezar. Pero si se engendra y queda en el corazón el sentimiento hacia Dios, esto será una oración permanente, sin palabras, y sin estar de pie rezando.

Preocupa a su conciencia la oración apresurada? — Es correcto. Porqué escucha al enemigo? — Es el enemigo que lo apura: "más rápido, más rápido..." Por esto no se obtiene ningún beneficio de la oración. Pero tómense como norma no apurarse, pronunciar la oración de manera tal, que ni una palabra se pronuncie sin comprensión del sentido. Impónganse esta obligación como mandato categórico de un Superior, pare nunca discutir en contra. El enemigo se impone: esto y aquello se necesita, pero usted dígase: "sin ti lo sé, vete." Y verá entonces con va a progresar en oración.. Usted tiene solo el método de la oración, pero no tiene la esencia de la oración. El alma se alimenta solo con la oración.

Controle con reloj, cuanto tiempo ha pasado en oración, pronunciada sin prisa, y se va a dar cuenta que pasaron solamente pocos minutos. Y el daño por el apresuramiento es grande. Cuando repentinamente nos invade un pensamiento malo, es un flechazo del enemigo. El la lanza para distraernos de la oración y ocupar la mente con alguna cosa del mundo. Si prestamos atención a este pensamiento, el enemigo va crear en la mente distintas historias para ensuciar el alma y despertar sentimientos malos y viciosos. Por ello hay una sola ley: rechazar el pensamiento en el acto, y volver la atención para orar.

Llegaran todas las oraciones al Señor? — La oración nunca se pierde en vano, sea respondida nuestra petición o no... Por ignorancia a menudo pedimos algo dañino y que nos perjudica. Sin cumplir esos pedidos, el Señor, por nuestro esfuerzo de oración, nos otorgará otra cosa, algo que no notamos. Por eso, decir: "estaban rezaban a Dios, y que recibieron?" — es sin sentido. El que reza, pide algo bueno para si, indicándolo. Viendo, que lo pedido no va a ser beneficioso, Dios no responde a nuestro pedido, y con ello obra en beneficio nuestro; pues si hubiera cumplido, ello sería peor para el solicitante. Observad que peligroso es circular por este mundo malicioso?



Acerca de la oración a Jesús.

Desde tiempos remotos, los cristianos repetían cortas invocaciones a Dios, para permanecer en oración y alejar pensamientos impropios. Estas oraciones cortas eran variadas.
 San Casiano, por ejemplo, decía: 
"Dios, se mi ayuda, Señor, dame Tu ayuda." 
San Ioaniki permanentemente decía: "Padre esperanza mía, Hijo guardián mío, Espíritu Santo, protector mío, Santísima Trinidad, bendita seas." Otro decía:
"Yo como humano he pecado, Tu como Dios bondadoso, apiádate de mí."


No hay duda de que hubieron muchas oraciones semejantes, y con el tiempo se arraigó y generalizó el uso de la oración a Jesús:
"Señor Jesucristo, Hijo de Dios, apiádate de mí pecador."
 Su repetición tiene la misma finalidad que las otras oraciones cortas: tener la mente siempre dirigida a Dios. Hay que recordar que la realización de la oración a Jesús permanente — es una herramienta, una obra, que demuestra un gran deseo del alma de obtener a Dios.
Realizar la oración de Jesús es beneficiosa para todos. Para los monjes su repetición — es obligatoria. En la propia oración no hay nada peligroso, cuando se la pronuncia con veneración. Pero son peligrosos ciertos procederes, inventados por algunos, que ellos agregan a esta oración. Algunos al pronunciarla colocan las manos sobre la mesa y ponen toda su atención en ellas — esto son fantasías fuera del lugar. Otra imaginación semejante: con los dedos de la mano derecha golpean la palma de la mano izquierda y de esta manera concentran la mente en la oración.

Acerca de la oración de Jesús "artística," primero en escribir sobre esto fue san Gregorio de Sinaí, en el siglo 13... Estos métodos, justamente, llevaban a algunos a una seducción imaginaria, a otros, parece raro decir, a un estado permanente de excitación sexual. Por ello estos métodos hay que descartarlos y prohibirlos muy firmemente. El dulce nombre del Señor en la simplicidad del corazón hay que invocar, sugerir para que todos recurren a Él, e disponer a toda la gente para eso.
La obra de orar es fácil de explicar. Preséntate con la mente y corazón ante el Señor e invócalo: Señor Jesucristo, Hijo de Dios, apiádate de mí pecador..." 

Esto será tarea de oración. Según el celo con que lo realice cada uno, Dios, viendo su celo, le dará una oración espiritual, que es el fruto de la Gracia Divina del Espíritu Santo. Esto es todo lo corresponde decir acerca de la oración de Jesucristo. Las demás invenciones no pertenecen a esta obra, es el enemigo que aleja de la verdadera oración



Conclusión.

La esencia de la oración consiste en la invocación concentrada al Señor, llamándolo con sentimiento cálido del corazón — sea por agradecimiento, o arrepentimiento, o por cualquier otro motivo. Cuando no tenemos este sentimiento, no tenemos la oración debida.

Para aprender a orar, recen a menudo, con asiduidad y con celo y así aprenderán: no se necesita nada más. Si se esfuerzan con paciencia, al tiempo va a aparecer la oración permanente. Pónganse esto como meta y alcáncenla. El Señor está cerca. Tengan la memoria de Dios y traten de ver siempre ante si a Dios y permanezcan con reverencia ante Él.

Cuando en oración se entrometen pensamientos extraños, hay que alejarlos, vuelven otra vez — alejarlos de nuevo... y así sucesivamente. Es la hazaña de tener un juicio permanente. Esfuércense en que su corazón permanezca en un humor religioso correspondiente. Cuando el corazón tiene el sentimiento semejante, no hay pensamientos de vanidad que lo distraigan.

Aprendemos a escribir con dificultad, mientras estamos en la tarea de hacerlo, pero con deseos de mejorar, lo logramos, y así pasa con la oración, hay que aprender con continuidad y esfuerzo. La oración no llega sola, hay que aprenderla. Hay que frotar el alma y se va a entibiar. Con ella los pensamientos se van a calmar, y la oración será límpida. Todo — por la Gracia Divina. Por ello hay que rezarle a Dios para que Él nos dé la oración.

En lo que se refiere al método de la oración: cualquier método que el hombre elija, será provechoso, si mantiene el alma en veneración hacia Dios

Es beneficioso de adquirir la costumbre de invocar a Dios, diariamente con oraciones cortas — la principal de ellas es la oración a Jesucristo: Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador. Aprendan e entiendan las 24 oraciones de san Juan Crisóstomo y con ellas claman a Dios. El rezar con oraciones cortas, concentra nuestra atención y revisa todas las necesidades del espíritu.

No olviden que la fuerza de la oración — es "el espíritu penitente," cuando el corazón está colmado de arrepentimiento y humildad. Entréguense a las manos de Dios y Él no los abandonará. Al rezar no hay que imaginar ni a Dios, ni a la S-ma. Virgen, ni a santos ni a ángeles, ni cualquier otra imagen, sino que hay que rezar convencidos, de que Dios y sus santos lo oyen. Como oyen? No vamos a dialogar sobre esto. Oyen, y esto es todo! Si comenzamos a imaginarnos diferentes imágenes, existe la posibilidad de que estemos rezando a una ilusión. Cómo podemos imaginarnos algo que no hemos visto. Y el estado de los santos en aquel mundo espiritual, es tan diferente a todo lo que conocemos, que todas nuestras imágenes, sin esperanza son destinados a una falsificación y engaño. Por ello hay que acostumbrarse a rezar, sin formarnos ninguna imagen



Teófano el Recluso (2005). Arte de la Oración. Buenos Aires: Editorial Lumen.

Contenido:

Cómo encender en nosotros el espíritu de la oración.

Preparación para la oración.

Realización misma de la Oración.

Qué hacer después de la oración.

Etapas siguientes en el desarrollo de la Oración.

Las reglas de la oración.

Oración de San Juan Crisóstomo.

Oración dada por el Señor Dios.

Explicación de algunas dificultades.

Acerca de la oración a Jesús.

Conclusión.



La Filocalia o filokalia



La Filocalia o filokalia (en griego antiguo Φιλοκαλíα, lit. «amor a lo bello», de φιλíα ‘afición, amor’ y καλóς ‘bello, belleza’) es el nombre que recibe una colección ya clásica de textos escritos entre los siglos IV y XV d. C. por maestros espirituales de la tradición mística hesicasta de la Iglesia ortodoxa. Fueron escritos originalmente para la guía y enseñanza de los monjes en «la práctica de la vida contemplativa» y están dedicados a la mística y ascesis en la Iglesia ortodoxa, siendo uno de sus principales temas el hesicasmo.
Inicialmente se denominó Filocalia a una selección de textos de Orígenes cuya composición se atribuyó a san Basilio Magno y Gregorio Nacianzeno; sin embargo la "Filocalia" más conocida (y por así decirlo) canónica es una recopilación de las más variadas escrituras cristianas orientales con textos que van desde los Padres del Desierto y la patrística en el siglo IV hasta obras de Gregorio Palamás y otros autores bizantinos del siglo XIV, en total se reconoce a más de treinta autores recopilados.
Tal corpus fue publicado en Venecia el año 1782 por Nicodemo el Hagiorita (es decir del Monte Athos) y Macario de Corinto gracias al mecenazgo del príncipe rumano Ioan Mavrogordatu, tal publicación ha tenido un gran éxito en el mundo eslavo merced a las traducciones realizadas por Paisio Velichkovsky. Además de la Biblia y de algunos textos patrísticos, la Filocalia o Filokalia es uno de los más interesantes conjuntos de textos que de la cristiandad oriental han llegado hasta el presente. En esta obra se pone énfasis en la nepsis (sobriedad del alma) aunque evitando caer en la acedia (la abulia o desgano anímico).
Aunque estas obras eran conocidas individualmente en la cultura monástica del cristianismo ortodoxo griego antes de su inclusión en la Filokalia, su presencia en esta colección dio lugar a un público mucho más amplio debido a su traducción a varias lenguas. Las primeras traducciones incluyeron una traducción al eslavo eclesiástico de textos seleccionados por Paisio Velichkovsky (Dobrotolublye, Добротолю́бїе) en 1793, una traducción al ruso por Ignacio Brianchanínov en 1857, y una traducción al ruso (Dobrotolyubie) en cinco volúmenes por Teófanes el Recluso en 1877. Posteriormente hubo traducciones al rumano, italiano, francés, alemán, español, finlandés y árabe.
El libro es el «principal texto espiritual» de todas las iglesias ortodoxas orientales. Los editores de la actual traducción al inglés afirman que «la Filokalia ha ejercido una influencia mucho mayor que la de cualquier otro libro que no sea la Biblia en la historia reciente de la Iglesia Ortodoxa». A la asidua lectura de esta obra por parte de los cristianos orientales se hace referencia en el célebre comentario anónimo llamado Relato de un peregrino ruso publicado en el siglo XIX.

Historia

Nicodemo y Macario eran monjes del Monte Athos, una península montañosa del norte de Grecia, considerada históricamente como el centro geográfico de la espiritualidad ortodoxa y que alberga 20 monasterios. La primera edición, en griego, se publicó en Venecia en 1782, con una segunda edición en griego publicada en Atenas en 1893. Todos los textos originales estaban en griego; dos de ellos fueron escritos por primera vez en latín y traducidos al griego en la época bizantina.
La traducción de Paisius Velichkovsky al eslavo eclesiástico, Dobrotolublye (publicada en Moscú en 1793), incluía partes seleccionadas de la Filocalia y era la versión que el peregrino de El peregrino ruso llevaba en su viaje. Ese libro sobre un peregrino ruso que busca consejo sobre la oración interior ayudó a popularizar la Filocalia y sus enseñanzas en Rusia. La traducción de Velichkovsky fue la primera en ser ampliamente leída por el público, fuera de los monasterios, ayudada por la popularidad de El peregrino ruso y la influencia pública de los startsy del monasterio de Óptina, conocidos como los Ancianos de Óptina. En el siglo XIX aparecieron dos traducciones al ruso, una de Ignacio Brianchanínov (1857) y otra de Teófanes el Recluso (Dobrotolubiye; 1877). Esta última se publicó en cinco volúmenes e incluyó textos que no estaban en la edición original en griego.
Inicialmente, Velichkovsky dudaba en compartir su traducción fuera de los muros del monasterio de Óptina. Le preocupaba que las personas que vivían en el mundo no contaran con la adecuada supervisión y orientación de los startsy en el monasterio, ni con el soporte de la vida litúrgica de los monjes. Finalmente, el Metropolitano de San Petersburgo le convenció para que publicara el libro en 1793. Brianchanínov expresó las mismas preocupaciones en su obra, advirtiendo a sus lectores de que la práctica regular de la Oración de Jesús, sin una guía adecuada, podría causar potencialmente error espiritual (Prelest) y orgullo, incluso entre los monjes. Sus preocupaciones eran contrarias a las del compilador original de la Filocalia, Nicodemo, quien escribió que la Oración de Jesús podía ser utilizada con buenos resultados por cualquiera, ya fuera monástico o laico. Todos estaban de acuerdo en que las enseñanzas sobre la oración interior constante debían practicarse bajo la guía de un maestro espiritual, o starets.
Las primeras traducciones parciales al inglés y al francés en la década de 1950 fueron un resultado indirecto de la revolución bolchevique, que llevó a muchos intelectuales rusos a Europa occidental. T. S. Eliot convenció a sus compañeros de la editorial Faber and Faber para que publicaran una traducción parcial al inglés a partir de la versión rusa de Teófanes, que tuvo un éxito sorprendente en 1951. Una traducción al inglés más completa, a partir del original griego, comenzó en 1979 con una colaboración entre G. E. H. Palmer, Kallistos Ware y Philip Sherrard. Entre 1979 y 1995 publicaron cuatro de los cinco volúmenes de la Filocalia. En 1946, apareció la primera entrega de una traducción al rumano en diez volúmenes realizada por el padre Dumitru Stăniloae. Además del texto griego original, Stăniloae añadió «largas notas originales a pie de página» y amplió sustancialmente la cobertura de los textos de San Juan de la Escalera, San Doroteo de Gaza, Máximo el Confesor, Simeón el Nuevo Teólogo y Gregorio Palamás. Esta obra tiene 4.650 páginas.
 Los escritos del monje trapense Thomas Merton sobre el hesicasmo también ayudaron a difundir la popularidad de la Filocalia, junto con la influencia indirecta de la obra de J. D. Salinger Franny y Zooey, que incluyó El peregrino ruso como elemento principal de la trama.

Algunos textos contenidos en la Filocalia

La Filocalia contiene fragmentos de textos redactados por:

  • Isaías el solitario
    • Dar importancia al intelecto: 27 textos,
  • Evagrio Póntico
    • Forma de enseñanza del ascetismo y la quietud en la vida solitaria,
    • Textos de discernimiento respecto a las pasiones y pensamientos,
    • Extractos de textos de vigilia.
  • San Juan Casiano
    • Sobre ocho vicios
    • A propósito de los santos padres de Sketis y del discernimiento
  • San Marcos el Asceta
    • Sobre las leyes espirituales: doscientos textos
    • Quienes meditan son aquellos que se hacen virtuosos por sus obras, 226 textos,
    • Epístola a Nicolás el solitario,
  • San Esiquio el fraile
    • Sobre la vigilia y la santidad,
  • San Neilos el asceta
    • Discurso ascético
  • San Diádoco de Photiki
    • Sobre la conciencia espiritual y sobre el discernimiento: cien textos,
  • San Juan de Karpathos
    • Para fortalecer a los monjes indios que le habían escrito: cien textos,
    • Discurso ascético dirigido a esos mismos monjes,
  • San Teodoro el Gran Asceta
    • Un siglo de textos espirituales,
    • Theoretikon
  • San Máximo el Confesor
    • Cuatrocientos textos sobre el amor (prefacio a Elpidios el presbítero),
    • Doscientos textos sobre teología y la dispensación encarnada en el Hijo de Dios, escritos por Thalassios
    • Varios textos de teología y la Divina Economía y sobre las virtudes y los vicios,
    • Respecto a la plegaria de Jesús,
  • Thalassios el líbico
    • Sobre el amor, el autodominio y sobre la vida acorde al intelecto (compaginado por Pablo el presbítero)
  • San Juan Damasceno
    • Sobre las virtudes y los vicios,
  • Abba Filemón
    • Un Discurso,
  • San Teognosto
    • Sobre la praxis de la virtud, sobre la contemplación y sobre el sacerdocio,
  • San Philotheos del Sinaí
    • Cuarenta textos sobre la vigilia,
  • Elías el presbítero
    • Una antología de gnómica (normas),
  • Theoretikon,
  • Theophanis el monje
    • La escalera de las Divinas Gracias,
  • San Pedro Damasceno
    • Libro I: Un tesaurus de la Divina Sabiduría,
    • Libro II: 44 discursos,
  • San Simeón Metafrastis: Paráfrasis y homilías de San Makarios de Egipto:
    • I. Perfección espiritual,
    • II. Plegaria,
    • III. Paciencia y Discernimiento,
    • IV. La elevación del intelecto,
    • V. Amor.
    • VI. La libertad del intelecto,
  • San Simeón el nuevo teólogo
    • Sobre la fe
  • 153 textos de praxis y de teología,
    • (atribuido) Los tres métodos de la plegaria,
  • Nicetas Stethatos
    • Sobre la práctica de las virtudes: 101 escritos,
    • Sobre la naturaleza íntima de la naturaleza de las cosas y sobre la purificación del intelecto: 101 escritos,
    • Sobre el conocimiento espiritual, el amor y la perfección de la vida: 101 escritos,
  • Theoliptos, metropolitano de Filadelfia (Grecia)
    • Sobre la obra íntima de Cristo y la profesión monástica,
    • Textos ,
  • Nicéforo el monje
    • Sobre la vigilia y el resguardo del corazón,
  • San Gregorio del Sinaí
    • Sobre mandatos y doctrinas, cuidados y promesas; sobre pensamientos, pasiones y virtudes y asimismo sobre la quietud y la plegaria: 137 textos,
    • Más allá de los textos, 40 escritos
    • Sobre los signos de la gracia y el engaño, escritos para el confesor Longinos: Diez textos
    • Cincuenta Textos,
    • Sobre la plegaria: siete textos
  • San Gregorio Palamás
    • Al muy reverendo Nun Xenia
    • Un Decálogo del Nuevo Testamento
    • En defensa de quienes son devotos practicantes de una vida de quietud,
    • Tres textos sobre la plegaria y la pureza del corazón,
    • Tópicos de ciencia natural y teologal y sobre la moral y la vida ascética: 150 textos,
    • La declaración de la Santa Montaña en defensa de quienes devotamente practican una vida de quietud.

martes, 5 de marzo de 2013

La meditación.

Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Núñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farías Picón; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolás Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garín; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 


La meditación.


Meditación- Vela Vincenzo.

La meditación  es una práctica en la cual el individuo entrena la mente o induce un modo de conciencia, ya sea para conseguir algún beneficio o para reconocer mentalmente un contenido sin sentirse identificado con ese contenido,​ o como un fin en sí mismo.
El término meditación se refiere a un amplio espectro de prácticas que incluyen técnicas diseñadas para promover la relajación, construir energía interna o fuerza de vida (Qì, ki, chi, prāṇa, etc.) y desarrollar compasión,​ amor, paciencia, generosidad y perdón. Una forma particularmente ambiciosa de meditación tiene como fin conseguir sostener la concentración en un punto sin esfuerzo,​ enfocado a habilitar en su practicante un estado de bienestar en cualquier actividad de la vida.
La meditación toma diferentes significados en diferentes contextos; ésta se ha practicado desde la antigüedad como un componente de numerosas religiones y creencias,5​ pero la meditación no constituye una religión en sí misma. La meditación normalmente implica un esfuerzo interno para autorregular la mente de alguna forma.

Definición

En la cultura occidental la palabra meditación viene del latín meditatĭo que originalmente indicaba un tipo de ejercicio intelectual; mientras que la palabra contemplación se reservaba para un uso más religioso o espiritual. Aparte de su uso histórico, la palabra meditación es empleada en la traducción de conceptos provenientes de prácticas espirituales asiáticas como el dhyana. De esa manera, la palabra meditación adquirió una nueva definición que la hace similar a la contemplación.
En el siglo XIX, los teósofos adoptaron la palabra «meditación» para referirse a las diversas prácticas de recogimiento interior o contemplación propias del hinduismo, budismo y otras religiones orientales.


Características

La meditación se caracteriza normalmente por tener algunos de estos rasgos:


  • Un estado de concentración sobre la realidad del momento presente
  • Un estado experimentado cuando la mente se disuelve y es libre de sus propios pensamientos
  • Una concentración en la cual la atención es liberada de su actividad común y es focalizada en Dios (propio de las religiones teístas)
  • Una focalización de la mente en un único objeto de percepción, como por ejemplo la respiración o la recitación constante de un vocablo o de una sucesión de ellos (ejemplo de recitación constante y ritmada de vocablos es la recitación de mantras en el yoga, el más célebre de los mantran o mantras es el que se pronuncia «Oṃ»).
La meditación es un entrenamiento mental que ayuda a centrar la atención en el momento presente, permitiendo observar los pensamientos sin juzgarlos. Esta práctica milenaria reduce el estrés, disminuye el cortisol y mejora el bienestar emocional, ayudando a desarrollar mayor claridad mental y concentración.

Para comenzar, no necesitas equipo especial ni dejar la mente en blanco; la clave es la constancia. Si quieres intentarlo, puedes seguir estos pasos básicos:

Encuentra un lugar tranquilo: Siéntate en una postura cómoda, ya sea en el suelo con las piernas cruzadas o en una silla con la espalda recta.

Cierra los ojos y respira: Dirige tu atención a tu respiración. Siente cómo el aire entra y sale, sin forzarlo.

Observa y regresa: Tu mente divagará con pensamientos o distracciones, lo cual es normal. Simplemente reconoce el pensamiento y vuelve a centrar tu atención en la respiración.

Empieza de a poco: Dedica entre 5 a 10 minutos al día.

Cristianismo.

En el cristianismo, la meditación tiene un enfoque cristológico. El cristiano trata de dirigir su pensamiento a Dios, a Su palabra y a Su obra. La meditación es una expresión de la oración cristiana. Se hace con ayuda de algún libro o escrito como la Biblia, los textos litúrgicos del día, escritos de los padres de la Iglesia o de los santos, etc.



La contemplación es el estado espiritual que aparece en el ser humano cuando practica el silencio mental.

El silencio mental

El silencio mental se consigue con el desapego de pensamientos y sensaciones. Se puede trabajar para que aparezca mediante la meditación o la oración en silencio. El desapego por lo material surgirá como resultado de la práctica y esfuerzo total.

La práctica

La práctica se puede acompañar de lecturas que inspiren a la persona a continuar en el silencio interno y lo ilustren de cómo otros lograron que ese estado espiritual sucediera. Aparece, ya que no lo podemos provocar voluntariamente, solo meditando en silencio sin buscarlo.
La contemplación ha sido practicada desde tiempos inmemoriales por la humanidad.

En las diferentes culturas

Formas de contemplación diversas las podemos encontrar en diferentes culturas y épocas de la humanidad, desde los chamanes o brujos de las tribus, hasta los tiempos actuales como los sufíes, los monjes tibetanos, los maestros zen, los gurus de la India, etc. Para que aparezca la contemplación, primero debemos de ver en nuestra mente que no puede tener interferencias de tipo, pensamiento, imaginación, etc. 
Luego simplemente contemplar. La maravilla de la contemplación surge, aparece en la propia contemplación sin dar nombre a lo contemplado. Contemplar no tiene nada que lo rodea, nada que lo envuelve, es la magia de la propia contemplación sin ser magia. Como contemplación no necesita nada más.

Contemplación cristiana

Se trata de hacerse consciente de las realidades sobrenaturales, centrando la mente en Dios.

Los primeros grados para alcanzar la contemplación se basan en la ascesis, en que se domina el cuerpo para iluminar el alma, haciéndola más sensible a la Presencia Divina. El último grado de contemplación se podría definir como experiencia mística, aunque para llegar a este estado no es necesario experimentar éxtasis o levitaciones. Las levitaciones pueden ser paranormales, pero pueden ir acompañadas de estos fenómenos (ver Místicos españoles).
El iniciado debe ir evolucionando en su capacidad de contemplación a medida que se va haciendo más sensible al Amor transmitido por Dios. La intimidad con Cristo hace posible la unión con el Padre, haciéndonos Uno con Él, a través de la asistencia del Espíritu Santo. Mediante esta unión nos vinculamos a todo el Cosmos creado.
Los principales maestros contemplativos de la Iglesia se encuentran en las órdenes contemplativas, especializadas en la oración. Para llegar a este estado mental y espiritual se pueden usar diferentes tipos de oración, generalmente la meditación. Para practicar la contemplación no es necesario ser clérigo o religioso, basta con tener fe y fuerza de voluntad.
Existe una oración contemplativa por excelencia, el Oficio divino; en el cual se meditan salmos y lecturas del Nuevo Testamento y se dirigen preces o peticiones a Dios. Siendo muy útil para disipar de la mente los pensamientos banales, haciendo del Creador el centro del pensamiento.
Una lectura recomendada acerca de la contemplación cristiana es La nube del no-saber, un libro anónimo inglés del siglo XIV.



Cual comida favorita de Hannibal Lecter.



La comida favorita de Hannibal Lecter es el timo de ternera (las glándulas del timo de animales jóvenes, llamadas sweetbreads en inglés), el cual solía sustituir en secreto con órganos humanos cosechados de sus propias víctimas, siendo sus favoritos el hígado, los riñones y el cerebro.
A diferencia de los monstruos comunes del cine, Lecter no consume carne cruda de forma salvaje. Como un chef de alta cocina con entrenamiento clásico francés, su obsesión radica en transformar la carne humana en platillos gourmet extremadamente refinados.

Sus platillos más icónicos en la saga.




Hígado con habas (El silencio de los corderos): En la novela, el doctor devoró el hígado de un encuestador del censo preparado al estilo beurre noir (mantequilla negra) acompañado de habas grandes.



Sesos salteados (Hannibal): En uno de los momentos más memorables de la literatura y el cine, Lecter mantiene consciente al burócrata Paul Krendler mientras le abre el cráneo, extrae una porción de su lóbulo frontal, la saltea en una sartén con mantequilla, trufas negras y alcaparras, y se la da a probar al propio Krendler antes de comerla él mismo.
Mollejas_a_la_parilla_en_La_Línea_de_la_Concepción,_Andalucía,_España

Mollejas_con_cebolletas


El timo de ternera / "L'Ortolan" (La serie de NBC): En la adaptación televisiva, sus menús son verdaderas obras de arte visuales. Prepara desde pulmones humanos asados al vino tinto hasta el tradicional y polémico platillo francés Ortolan (un pequeño pájaro que se ahoga en armañac y se come entero, huesos incluidos).

La filosofía detrás de su dieta

Para Hannibal Lecter, comer a sus víctimas no es solo una necesidad biológica, sino un acto estético y de juicio moral. 
Él solo consume a personas que considera groseras, maleducadas o mediocres (como músicos incompetentes de la orquesta filarmónica o funcionarios públicos corruptos).
Al cocinarlos de forma tan sofisticada, considera que está elevando a esos individuos vulgares a una categoría superior de arte.



El kashrut.


Envase de crema con uno de los símbolos más aceptados para certificar alimentos producidos con altos estándares de calidad: la U dentro de un círculo.


El kashrut (del hebreo כַּשְׁרוּת, que designa lo que es "correcto" o "apropiado" para ser consumido; lo que cumple con los preceptos del kashrut es kasher, כָּשֵׁר, conocido también por su pronunciación en yídish, kósher) es la parte de los preceptos de la religión judía que trata de lo que los practicantes pueden y no pueden ingerir, basado en los preceptos bíblicos del Levítico (uno de los libros bíblicos del Antiguo Testamento y del Tanaj).
 Tales reglas, interpretadas y expandidas a lo largo de los siglos, determinan con precisión qué alimentos se consideran puros, es decir, cuáles cumplen con los preceptos de la religión y cuáles no son kasher (estos últimos se llaman, en hebreo: טְרֵפָה, (trefá).
Usualmente se asocia la idea de kashrut con dos de las costumbres alimenticias de los judíos: la que establece que los cárnicos no deben ser consumidos al mismo tiempo que los lácteos; y la que prohíbe a los judíos comer carne porcina en cualquiera de sus formas (Levítico). Esta idea de lo que es kasher es solo parcialmente correcta, pues el concepto en realidad es mucho más vasto y se extiende a prácticamente todos los alimentos y, ciertamente, a los mencionados antes.
La etiqueta kasher (aunque es más frecuente la palabra kosher) que reciben ciertos productos alimenticios indica que dichos productos respetan los preceptos de la religión judía y que, por tanto, se consideran puros y aptos para ser ingeridos por los practicantes de dicha religión.



Jerusalén
Mea Shearim.



Mea Shearim (en hebreo: מאה שערים, lit. ‘Cien puertas’, pero en contexto, 'Cien medidas'), también Me'a She'arim (llamado en yidis: Meye Shorim), es un barrio del norte de Jerusalén, muy conocido por ser una zona en la que viven exclusivamente judíos ultraortodoxos. Los letreros invitan a las visitantes a no entrar en el barrio vestidas de forma «indecente».

Historia

El barrio se construyó a lo largo del siglo XIX, puesto que la vida en el casco antiguo de Jerusalén era demasiado incómoda. Estaba compuesto de pequeñas casas de dos habitaciones para unas diez personas, estando las casas construidas unas junto a otras, formando una muralla natural, mientras que las escuelas se encontraban en el casco antiguo.
La guerra de 1948 dejó Mea Shearim en manos de Israel y el casco antiguo de la ciudad pasó a dominio jordano. Cuando se creó el Estado de Israel, se tuvo en cuenta a la población de Mea Shearim y sus objetivos particulares.
Se respetó el derecho primordial de cualquier judío religioso de regresar a Israel, sin tener que mezclarse con la sociedad moderna y civil, ya que el «derecho al retorno» se aplicaba tanto a ortodoxos como a laicos.
Nunca se les impuso el servicio militar, al aceptar el ejército israelí las razones religiosas para no obligar a nadie a empuñar un arma. Tampoco se les impuso el llamado «servicio nacional de ayuda alternativa» a aquellos que estudiasen en una yeshivá. En el barrio, la lengua más hablada es el yidis.

Yeshivá de Mea Shearim y Talmud Torá es una yeshivá que se encuentra en el barrio ultraortodoxo de Mea Shearim en Jerusalén, Israel. Esta yeshivá fue establecida en 1885 como una escuela para el estudio del Talmud y la Torá.
El director de la yeshivá fue el rabino Yosef Gershon Horowitz, uno de los líderes del movimiento mundial Mizrachi. Durante el mandato británico el edificio sirvió como sede de este movimiento en Jerusalén.
La sala de estudio en el segundo piso tiene un magnífico techo pintado con representaciones de lugares sagrados judíos. El artista, Yitzhak Beck, llevó a cabo el trabajo en andamios especiales construidos por él. Las pinturas han comenzado a deteriorarse con el tiempo y se están haciendo esfuerzos para su conservación.

Las escuelas Talmud Torá son unas escuelas creadas en el mundo judío, tanto asquenazí como sefardí, para dar educación primaria a los niños de familias humildes, enseñándoles la lengua hebrea y las Sagradas Escrituras, con un enfoque especial hacia el Pentateuco.

Historia

El Talmud Torá estaba destinado a preparar los estudiantes varones para ir a la yeshivá, o bien a una escuela judía secundaria. Se inspira en el jéder, una institución tradicional educativa judía, a menudo financiada a través de donaciones particulares.
La institución conocida como 'Casa de Estudio', encuentra sus raíces en un decreto de Esdras y la Gran Asamblea, que hizo abrir una escuela pública en Jerusalén para asegurar la educación de los niños huérfanos, pero fue el gran sacerdote Yehoshua ben Gamla quien alrededor de 64-65 d. C. estableció las escuelas públicas en todas las ciudades y pueblos para todos los niños varones desde la edad de seis o siete años. Los costes eran sufragados por la comunidad, y se fijó el número de estudiantes en veinte alumnos por profesor.
El Talmud Torá tenía la intención de instruir al estudiante en la Ley de Moisés y en la literatura rabínica, en la lectura de oraciones, bendiciones y en los principios pedagógicos del judaísmo que se integraron en el plan de estudios. La enseñanza dura todo el día, y los meses de invierno, una parte de la noche. Las clases se suspenden los viernes por la tarde y el día anterior a un día festivo del calendario judío. No hay clases los sábados y los días festivos.
Las escuelas Talmud Torá siguen existiendo en todo el mundo judío. Es más frecuente la incorporación en las escuelas primarias de materiales curriculares seculares junto con las enseñanzas judías, con el fin de preparar a los alumnos para la educación secundaria.
 Hoy en día, las escuelas son mayoritariamente mixtas, se suele seguir una orientación tradicional de la educación judía, en vez de corrientes modernistas o progresistas que surgieron en el siglo XX, como el judaísmo reformista y el judaísmo conservador. Las escuelas Talmud Torá, junto con la sinagoga, ofrecen una educación religiosa a los niños judíos de todo el mundo.

Mea Shearim, el barrio de las cien puertas en Jerusalén.
05/12/2017


Mea Shearim es uno de los pocos lugares de Jerusalén donde las calles se cortan totalmente al tráfico rodado los shabat y no se permite ninguna violación de las leyes judías en su interpretación más estricta. 
Según Ofir Barak, “La comunidad judía ultraortodoxa de Mea Shearim es una sociedad religiosa más cerrada que otras muchas. Está luchando constantemente contra la revolución digital porque creen que eso los alejará de la religión”, asegura este fotógrafo que ha dedicado dos años a retratar las calles de ese barrio.
“Mientras estuve en Mea Shearim, de día o de noche, solo vestía ropa negra y hasta me dejé crecer una larga barba”, asegura Barak quien realizó este gesto “para integrarse en la zona”, donde los varones llevan traje negro y sombrero de ala o peculiares vestimentas con batines y medias de hace dos siglos.
Las mujeres deben llevar falda o vestido y cubrir todo su cuerpo, excepto las manos, el cuello y la cara. Algunas se tapan el cabello con un tocado y otras lo hacen con pelucas que ocultan el cabello original.
Barak fue testigo día a día de un año difícil en el barrio: 2015, cuando se firmó el primer borrador de ley que obligaba a las comunidades jaredíes (literalmente, temerosas de Dios) a cumplir con el servicio militar, obligatorio para hombres y mujeres en todo Israel, y al que estas se oponen férreamente.
La norma motivó decenas de manifestaciones violentas en las que estos mostraban su rechazo.
Los varones ultraortodoxos dedican su día a día al estudio de la Torá (Pentateuco), muy pocos trabajan y viven en buena medida de las subvenciones que reciben por número de hijos, lo que genera malestar entre la población laica, que exige que contribuyan y aporten a la sociedad.
“A pesar de que históricamente la fundación de Mea Shearim en el siglo XIX, fue askenazí, hay una mezcla de orígenes”, explica Tamar El Or, profesora de Antropología de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
En sus calles se habla mayoritariamente yidish, el dialecto vernáculo originado en Centroeuropa en el siglo IX, y no hebreo, la lengua de la erudición o semítica, que recuperó Israel tras su fundación en 1948.
El Or asegura que, aunque “todos comparten las mismas raíces y la mayoría de sus residentes son hasídicos, una corriente dentro de los jaredí, existen muchas diferencias. Cada uno tiene su propia comunidad. Vienen de Hungría, Rusia, Polonia y Rumania, entre otros lugares”.
Benjamin Brown, profesor y experto en Ortodoxia Judía en la misma universidad, asegura que la corriente que impera en Mea Shearim sigue la rama hasídica, cuyo padre fundador y primer líder fue el rabino ucraniano Israel Baal Shem Tov (1700-1760), aunque la fecha de su nacimiento, e incluso su misma existencia, son un misterio en algunos círculos religiosos.
Se le conoció como el “Amo del Buen Nombre” y quiso introducir modelos de vida nuevos para revitalizar la comunidad judía en Europa Oriental. Además, fue un curandero que “alivió a los enfermos a través de la Torá”, según coinciden los que escribieron sobre él.
En uno de esos textos, se dice que las últimas palabras que pronunció, y que su hijo pudo escuchar, fueron:
  “No temáis a nadie más que a Dios”, de donde los jaredíes recibieron el nombre de temerosos de Dios.
“Después de él, tomó el relevo su hijo y así hasta nuestros días, en que muchos de los rabinos descienden de él”, explica la joven Maty Shlomo, pálida y de ojos azules por su origen húngaro y eslovaco, que trabaja en una tienda de libros bíblicos del barrio ultraortodoxo.

GRAN VARIEDAD DE TENDENCIAS.


Como reniegan de todo avance tecnológico, usan pasquines para informarse: carteles colgados en las paredes de las calles y renovados a diario que hacen la función de periódicos.
En algunos, denuncian al estado de Israel y lo tachan de sionista y colonizador. “Los judíos no son sionistas”, se lee sobre una bandera palestina, “Israel ocupa la Tierra Santa”, objeta otro, colgado por los grupos antisionistas, minoritarios entre los ultraortodoxos, pero muy llamativos.
Sentada cerca de Shlomo está su compañera Faigui Avraham, que cubre su cabello con una peluca desde que se casó: “Cuando ves en las noticias las protestas de los jaredíes en Jerusalén, la gente piensa que eso somos todos, pero no se dan cuenta de que dentro de ese gran grupo hay muchísimos más y no todos pensamos igual”, asegura Avraham.
Su abuelo llegó a este lugar después del Shoá (palabra hebrea para referirse al Holocausto), pero su familia es originaria de Hungría.
“Yo tampoco quise ir al Ejército y de hecho no fui, pero sí reconozco a Israel como un Estado”, defiende ella, que tiene cinco hijos, la mitad del número considerado ‘normal’ en estas calles.
“Todos somos jaredíes, pero no pensamos igual, algunos no quieren saber nada de Israel ni del sionismo, para ellos es una herejía que haya un estado israelí que no haya sido proclamado por el Mesías”, continúa Avraham.
“Hablamos distinto, vestimos distinto y vivimos de otra manera”, sentencia a su lado, tras el mostrador, Shlomo, que lleva el pelo cubierto con un sombrero además de una peluca.
“Ella es ‘bels’ y yo soy ‘letaim’”, nombres que definen su corriente jaredí, “pero están los vishnis, los gu, bobob… Cada corriente jaredí recibe el nombre de la localidad de donde viene, y cada uno tiene su propio rabino”, aclara.
La mayor parte de los vecinos de Mea Shearim son askenazíes, descendientes de inmigrantes de Europa del Este, apenas hay mizrajís (provenientes de Medio Oriente y del norte de África) y los pocos conversos se adhieren a la corriente sefardí, “mucho más relajada y más amigable que las demás”, opinan.
“Nosotras sabemos a qué corriente pertenece cada uno con solo mirar su ropa. Los sombreros, aunque parezcan todos negros, son específicos de un grupo, si por ejemplo llevan la chaqueta abierta o cerrada, o si los calcetines son negros o blancos, definen una rama distinta dentro de la misma comunidad jaredí”, dice Shlomo.

LOS CASAMENTEROS

“Hasta la manera de comprometerse cambia de una rama a otra”, continúa Avraham, “muchos matrimonios son acordados entre las familias sin que la futura pareja se conozca y sin opción de negarse, en otras familias los jóvenes se conocen y en otras, tienen libertad para decidir por ellos mismos”, especifica.
Como si se tratara de un gran secreto, agrega: “Existe lo que se llaman ‘shadján’, casamenteros, que si creen que dos personas pueden encajar, presentan a las dos familias” y si culmina en matrimonio, recibe hasta mil dólares de cada familia.
“Cuanto más mayor es la pareja, más se paga”, revela ella, que reconoce haber ejercido de shadján con su marido para una pareja que acaba de tener su cuarto hijo.
Ella tuvo la oportunidad de conocer a su esposo y de elegir si le quería o no, y Shlomo se reunió con su marido solo una vez antes del enlace, su padre se encargó de saber cómo era el chico. “Preguntó a los amigos, a los familiares, al rabino, a toda la gente que le rodeaba”, así es como funciona, sentencia orgullosa.
Dentro de estos matices que tiene el barrio, donde los asuntos se resuelven entre los miembros de la comunidad y donde las leyes religiosas son las que gobiernan, Barak, el fotógrafo, confiesa que durante su trabajo allí capturó a menudo lo que denomina la “tristeza del lugar” un sitio donde, asegura, “se oprime a la mujer, hay pobreza y una muy mala educación”.
Sus residentes no lo ven así. Mea Shearim es uno de los pocos lugares de Jerusalén donde las calles se cortan totalmente al tráfico rodado los shabat y no se permite ninguna violación de las leyes judías en su interpretación más estricta.
Así, sus habitantes lo perciben como uno de los pocos reductos donde pueden vivir realmente como Dios ordenó a sus fieles.

Monedas

1, 5, y 10 agorot

5 séquel


El nuevo séquel (en hebreo: שקל חדש, shékel jadash; NIS por sus siglas en inglés), o nuevo siclo (nombre tradicional, derivado del latín siclus, que proviene del hebreo shéqel) es la unidad monetaria de Israel y, juntamente con el dinar jordano, también lo es de la Autoridad Nacional Palestina. Se divide en 100 agorot.


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