Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


miércoles, 16 de enero de 2019

148).-La Catedral Metropolitana de Santiago.


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple;Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí;Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti;Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda;Jaime Jamet Rojas;Gustavo Morales Guajardo;Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas;José Oyarzún Villa;Rodrigo Palacios Marambio;Demetrio Protopsaltis Palma;Cristian Quezada Moreno;Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández;Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala;Marcelo Yañez Garin;Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán;Paula Flores Vargas; 


La Catedral Metropolitana de Santiago.



salida a la plaza de armas

La Catedral Metropolitana de Santiago es la sede de la Arquidiócesis de Santiago de Chile y principal templo de la Iglesia católica en ese país. Como Iglesia Catedral es la sede permanente del arzobispo de Santiago y está dedicada a la Asunción de la Virgen María.  Se ubica en la comuna de Santiago, frente a la Plaza de Armas. El conjunto arquitectónico de la catedral está compuesto por el Palacio arzobispal, la Parroquia del Sagrario y el templo propiamente tal. Todos estos edificios son considerados monumentos nacionales. Muchos templos precedieron al que existe hoy en día, siendo el actual el quinto levantado en el lugar.

Historia

Los primeros templos

Al fundar la ciudad de Santiago de Chile, Pedro de Valdivia destinó el costado nororiental de la Plaza Mayor o Plaza de Armas para la construcción de un templo, y mientras se construía, los servicios religiosos como la Eucaristía, eran celebrados en la puerta de la casa del gobernador, ubicada donde actualmente se encuentra el Correo Central. Probablemente, en su origen debió constar solamente de una capilla de materiales ligeros, como paja y barro; y por lo menos desde 1544, se tiene noticia de que ya no se celebraban misas a la intemperie, por lo que debió crearse un edificio ad-hoc para llevar a cabo las prácticas católicas.
Entre 1566 y 1600 se construyó el primer templo catedralicio. Con dimensiones mucho más pequeñas que las actuales, se encontraba ricamente decorada y estaba dispuesta en dirección norte-sur, teniendo su fachada por la calle Catedral. Sin embargo, posteriormente, su acceso principal se encontraría enfrentando a la plaza, en la llamada "Puerta del Perdón";​ sobre todo después de una polémica ocurrida cerca del año 1600, donde se argumentó que la puerta norte debía ser clausurada debido a la indecencia de las casas que se encontraban frente a ésta (por ser de vecinos y no parte del culto).​ Aquella puerta se encontrara cegada parcial o totalmente hasta su destrucción en 1769.​
El 13 de mayo de 1647, un terremoto afectó a la zona central de la Capitanía General de Chile, destruyendo casi la totalidad de la ciudad de Santiago junto con la catedral. Sin embargo, la nave central de la catedral resistió el embate, aunque su sagrario colapsó y sus pertenencias pudieron recién ser rescatadas días después. Gracias a la iniciativa del obispo Gaspar de Villarroel, fue rápidamente retocada, aunque no por mucho tiempo. Para 1657, un nuevo movimiento telúrico arruinó casi por completo su estructura, debiéndose realizar una segunda restauración entre 1662 y 1687.

El proyecto del obispo González

El terremoto de Valparaíso de 1730 volvió a resquebrajar la estructura catedralicia, por lo que determinó que las reparaciones realizadas cuatro décadas antes habían sido inútiles. A esto se le sumaba los numerosos siniestros que habían afectado a la estructura. Es por ello que, en 1746, el obispo Juan González Melgarejo consideró que debía renovarse el templo en su totalidad.
Los planos de esta nueva catedral fueron obra de Pedro Vogl y Juan Hagen, dos miembros de la Compañía de Jesús, de origen bávaro, que enviaron su proyecto a España para la aprobación real en 1753. Sin embargo, la obra ya había sido comenzada en 1748. Después de Vogl y Hagen, siguieron como directores de las obras Matías Vásquez de Acuña y Francisco Antonio de Barros. Este último tuvo un corto paso por las obras, ya que en 1779 hace su aparición el arquitecto Joaquín Toesca, para dirigir la construcción.
El obispo González adquirió las propiedades contiguas a la catedral, en la esquina de las actuales calles Catedral y Bandera, que pertenecían a la familia Pineda Bascuñán; y resolvió colocar los pies (el Altar) del nuevo edificio en Bandera y el frente en la plaza, con un largo de 100 metros, cambiando la dirección que originalmente había sido dispuesta por Valdivia en el siglo XVI. Para no verse obligado a destruir el antiguo templo, y poder seguir celebrando los servicios religiosos, González ordenó comenzar las obras por la sección nueva. El 1° de julio de 1748 se colocó la primera piedra del nuevo edificio.

Catedral de Santiago vista desde la calle Ahumada. Se aprecia en primer plano las casas
del obispo, de adobe y con un piso de altura.



Dibujo realizado por Mauricio Rugendas, h. 1835


González contribuyó con 55.512 pesos con 4 1/2 reales para la obra, y su sucesor Manuel de Alday con más de 160.000 pesos. La Corona, para 1788, había donado a regañadientes 97.994 pesos con 3 1/2 reales. Para ese año se habían gastado 390.235 pesos con 5 y 1/8 reales en la catedral, que ya llevaba completada cerca de sus dos terceras partes.4​Luego de eso gastaron 48.964 pesos con 2 1/3 reales para la obra, sumando 456.772 pesos con 8 y 3 reales en la catedral.

El incendio de 1769


La noche del 22 de diciembre de 1769 se produjo un incendio que destruyó la totalidad de la antigua catedral, probablemente a causa de haberse derramado sobre algún objeto combustible el aceite de la lámpara que alumbraba el Santísimo.​ Al clamor de las campanas de las otras iglesias, el pueblo acudió en masa al lugar del siniestro,,​ pero ya era tarde: solamente se había salvado del siniestro una imagen de la Virgen de los Dolores, que se encontraba en la Puerta del Perdón.​ Aparte de ello, según Vásquez de Acuña, se salvó algo de plata y oro fundido gracias al fuego.
El servicio religioso fue provisionalmente trasladado a la Iglesia de la Compañía de Jesús, que se encontraba a cargo de religiosos mercedarios fruto de la reciente expulsión de los jesuitas de América.
Sin embargo, esta misma circunstancia fue el evento que aceleró los trabajos de la catedral. En diciembre de 1775, se habilitó una parte del nuevo templo, y el servicio religioso fue trasladado allí.

Proyecto de Joaquín Toesca para la fachada de la catedral..-Lámina coloreada, h. 1780

La catedral neoclásica de Toesca y Cremonesi

En 1775, el obispo Manuel de Alday presidió su consagración. Sólo cinco años más tarde, el prelado encomendó al arquitecto italiano Joaquín Toesca la ejecución de las fachadas de la catedral y de la Iglesia del Sagrario. Toesca rehízo los planos, comenzando por dirigir las obras en el sector siniestrado, contiguo a la plaza, y modificando parte de la zona ya construida, con lo cual el templo se enriqueció arquitectónicamente. Imponiendo el estilo neoclásico, y manteniéndose por cerca de 20 años en las obras, Toesca se convirtió en el más importante arquitecto de las obras de la catedral.
Hacia 1830 el edificio estaba casi concluido, y en 1840, el Papa Gregorio XVI lo convierte en Catedral Metropolitana, al elevar al rango Arzobispal la sede de Santiago. El auto o decreto de erección se perdió más tarde, por lo que el Papa Pío IX permitió hacer uno nuevo, quedando como fecha definitiva la del 29 de septiembre de 1873. En total, la obra se había demorado cerca de 80 años en ser finalizada y su costo ascendió a 600.000 pesos.


La Catedral actual.

Fotografía tomada h. 1860-70, por Eugène Maunoury.


En 1846 se dio comienzo a la construcción de la Capilla del Sagrario, la cual fue terminada por Eusebio Chelli. Un año después, el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso encargó a Alexander Caldcleugh, amigo del antiguo ecónomo de la Catedral​ que comprara un órgano digno del edificio catedralicio, mientras el Congreso Nacional aprobaba el presupuesto para ello.8​ En noviembre de 1849, el órgano llegó en barco a Valparaíso, y para su colocación debió ser construido un coro sobre la puerta principal de la catedral, que en su primera época estuvo reforzado por catorce pilares de fierro inglés dispuestos bajo éste.
A fines del siglo XIX, el arzobispo Mariano Casanova ordenó una serie de modificaciones que transformaron a la Catedral en el edificio que existe actualmente. Casanova había decidido finiquitar totalmente la construcción de la catedral, por lo que contrató a Ignacio Cremonesi y se dio inicio a las obras en 1898. El diseño de Cremonesi está inspirado en un estilo toscano o romano. En las transformaciones la piedra se cubrió de estuco y el artesonado de madera fue reemplazado por un cielo pintado de escenas en recuadros. El coro primeramente se planteó que quedara sobre el segundo nivel de pilares y más allá del arco. Sin embargo, esto hacía que quedara sobre las últimas diez corridas de asientos, por lo que la idea fue desechada.​ La segunda opción, y quedó definitivamente, fue dejarlo bajo el arco, lo que aumentaba enormemente el tamaño del coro pero restringía notablemente la capacidad sonora del órgano.

Fotografía de 1915, Impr. Barcelona.

En 1909, Casanova pudo finalmente consagrar el templo modificado. Interiormente la iglesia quedó constituida por tres naves: dos laterales y una central de mayor altura. Cremonesi, además, agregó a la fachada dos torres.

Restauraciones recientes

Desde principios de 2005 a principios de 2006, el altar mayor del templo fue completamente remodelado junto con la cripta arzobispal. Durante las excavaciones, se encontraron los restos mortales del ministro Diego Portales, asesinado en 1837. En la cripta arzobispal descansan los restos mortales de todos los obispos y arzobispos de Santiago.
Un convenio firmado entre el arzobispado y la Pontificia Universidad Católica de Chile buscaba que el conjunto catedralicio quedase completamente restaurado para la Oración ecuménica por Chile y el Te Deum Ecuménico de Fiestas Patrias de 2010. Sin embargo, fruto del terremoto sufrido a fines de febrero de aquel año, ambas ceremonias debieron ser celebradas en la Plaza de Armas. Meses después, el Ministro de Obras Públicas, Hernán de Solminihac, anunció que debería restaurarse tanto el interior como los exteriores del Templo. 
La restauración se inició en febrero de 2014 e incluyó la fachada y las piezas ornamentales del templo. También, se instalaron barras de acero y un reforzamiento con fibra de carbono para estabilizar el inmueble luego del último sismo. Además, se renovó la iluminación y se habilitaron dos miradores en los campanarios para visitas turísticas. Los trabajos tuvieron un costo cercano a los tres mil millones de pesos chilenos (cuatro millones quinientos mil dólares estadounidenses de 2015) y concluyeron en julio de dicho año.


Descripción

El templo principal está compuesto por una planta de tres naves. Su ancho es de 45 metros y su largo, desde la fachada hasta las puertas que dan a la calle Bandera, es de unos 100 metros. Ello da una superficie de unos 4.500 metros cuadrados.

Nave central

En la nave central destaca en su fondo el antiguo altar mayor, coronado por un ciborio de mármol que conserva en su interior el crucifijo, coronado por un águila y custodiado por ángeles, que fue construido en Múnich en 1912, donde se celebraron las misas hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II (1965). Después del Concilio, en el arzobispado del Cardenal Raúl Silva Henríquez, se elaboró un altar móvil en madera para celebrar la Misa de cara al pueblo, pero dado que era poco decoroso para el entorno, se le colocó delante un frontal de plata de 3 metros de largo. Este altar fue remodelado y modificado entre 2005 y 2006, en una obra que supuso la renovación completa del presbiterio y la refacción total de la cripta arzobispal. Se reemplazó el altar móvil por uno fijo, el frontal del altar móvil fue destinado a la Capilla del Santísimo Sacramento, y se realizaron mejoras estructurales del presbiterio.
Precede al altar, subiendo por las escalinatas del presbiterio, un ambón o facistol de madera, con forma de águila. A su izquierda, en la pilastra, se conserva un gran crucifijo, donación del Papa Pío XI. A continuación, le siguen los asientos de madera tallada, donde se ubican los sacerdotes que componen el Cabildo Metropolitano. Al medio del brazo izquierdo del presbiterio, bajo un dosel de madera, se ubica la cátedra (trono de madera donde se sienta el Arzobispo en los oficios religiosos). Justo en la pilastra ubicada frente al dosel de la cátedra, se ubica un gran cuadro que exhibe el escudo de armas del Arzobispo en ejercicio.

En el centro del presbiterio se ubica el nuevo altar fijo, constituido por un bloque liso de granito, custodiado por un conjunto conformado por un crucifijo y seis candelabros de plata, como se exige para la Misa Pontifical. Detrás del altar nuevo se ubica el altar mayor antiguo, ya mencionado. Al final del conjunto, junto al altar antiguo por el lado derecho, se sitúa el órgano de coro, un órgano de tubos construido por los jesuitas alemanes de Calera de Tango en 1754, y aún se encuentra en uso. En la nave central destacan también los púlpitos de madera tallada del siglo XIX.

En la pared del ábside propiamente dicha, se encuentra en la parte alta lo que podríamos llamar retablo mayor, encabezado por una imagen en madera de la Asunción de Nuestra Señora, patrona de la catedral, rodeada de ángeles y rayos de bronce, custodiada por imágenes del Apóstol Santiago (patrono de la ciudad y de la arquidiócesis) y de Santa Rosa de Lima, también en madera. Bajo este retablo, se encuentra un ventanal que ilumina el ciborio o manifestador donde está el crucifijo, y llena de luz la nave central. A los pies, se observa una imagen de San Francisco Javier yacente. A sus costados hay dos puertas que salen hacia calle Bandera, conformando una sencilla fachada posterior.

Por otra parte, en el coro que se encuentra sobre la puerta principal, se encuentra el gran órgano de tubos fabricado en la casa Flight & Son de Londres. Desde la década de 1980, su capacidad sonora es totalmente nula.

Cripta arzobispal


Bajo la losa del presbiterio está la cripta arzobispal, donde comúnmente se sepultan a los arzobispos de Santiago. Antiguamente la cripta era un lugar oscuro y maltrecho pero, por iniciativa del Cardenal Carlos Oviedo Cavada se elaboró un proyecto para construir una nueva bajo el altar mayor, más digna de conservar los restos de los prelados. Remodelada en 2005, en la actualidad presenta un aspecto moderno y sobrio, encabezada por un Cristo colonial en actitud de crucifixión y un pequeño altar de granito. A sus costados están, en las paredes, los nichos donde descansan algunos de los obispos y arzobispos de Santiago. Además de los obispos y arzobispos diocesanos descansan otros prelados como el nuncio apostólico, Monseñor Aldo Laghi, cuya única nunciatura fue la de Chile, siendo ordenado obispo un día 18 de septiembre (escogido por él en homenaje a Chile), y falleciendo en nuestro suelo patrio conforme a su deseo.
Detrás del altar mayor antiguo, se ubican las criptas civiles de Diego Portales y José Tomás Ovalle.

Cripta arzobispal. 

Tumba de Diego Portales

Nave derecha

En la nave derecha, sobresalen los sepulcros de grandes personalidades de la historia del país, de los primeros obispos y personajes de la aristocracia criolla.

Junto a la puerta derecha de la Plaza de Armas está el monumento y ánfora de mármol donde se conservan los corazones de los oficiales chilenos muertos en la Batalla de La Concepción en 1882. Es de estilo neogótico y mármol blanco, y fue inaugurado en 1912. Adyacente a la puerta de calle Catedral se encuentra la lápida de madera tallada a la memoria de los hermanos Carrera (Javiera, Juan José, José Miguel y Luis Carrera), cuya tumba aún permanece sin ubicar dentro del edificio catedralicio. Por ésta nave también destacan las tumbas de Monseñor José Antonio Martínez de Aldunate, obispo electo de Santiago y Vicepresidente de la Primera Junta Nacional de Gobierno; y la de Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas, fundador y primer rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en el interior de un sarcófago de bronce.

En esta sección hay ocho altares laterales, dedicados a:

  • San Francisco de Paula.
  • San Francisco de Sales, realizado en mármol blanco, negro y verde.
  • San Alberto Hurtado
  • Santa Teresa de los Andes, con reliquias de la santa.
  • Transfiguración del Señor, con una copia de la pintura homónima de Rafael Sanzio.
  • Nuestra Señora del Carmen, con una pintura de la Virgen entregando el escapulario al carmelita Simon Stock (obra de Jacques Pillard, hecha en Roma en 1864).
  • Nuestro Señor Jesucristo, donde se guardan las reliquias de San Macrino (o Macrobio), mártir de la Iglesia primitiva.
  • San Pedro
  
Nave izquierda

La nave izquierda posee el grandioso monumento funerario del arzobispo Rafael Valentín Valdivieso, en un sarcófago de mármol. Frente a este se ubica el monumento funerario del arzobispo José Alejo Eyzaguirre. También hay un pequeño memorial junto a la puerta de la sacristía, en el lugar exacto donde fue asesinado el Padre Faustino Gazziero, a manos de un joven enfermo mental.

En el centro de esta nave destaca la Capilla del Santísimo Sacramento, con un altar cubierto por un ciborio de mármol, con una custodia, ángeles, lámparas y frontal en plata. En esta capilla oró el Papa Juan Pablo II durante su visita a este Templo en 1987.

Existen seis altares en ésta nave, dedicados a:

  • Apóstol Santiago, patrono de la ciudad, con su estatua y escoltado por el escudo de armas de la ciudad y el escudo de España.
  • Arcángel Miguel
  • Madre Dolorosa, con una copia de la escultura venerada en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma.
  • Nuestra Señora del Tránsito, con una copia de una pintura realizada por Tiziano y una imagen tallada de la Virgen del Pilar.
  • San José.
  • Cristo crucificado, con una escultura de madera policromada que habría sido donada, según la tradición, por el rey Felipe II de España.

Casi al fondo de la nave izquierda se encuentra la sacristía de la Catedral, en cuyo interior se encuentra imaginería sacra, ornamentos, vasos sagrados y utensilios de arte colonial, barroco y neoclásico.

Conjunto arquitectónico

Componen el conjunto arquitectónico de la Catedral Metropolitana de Santiago, además del Templo Catedral, el Palacio Arzobispal que se encuentra contiguo a la calle Compañía y la Parroquia del Sagrario, templo que se encuentra entre el Palacio y el Templo Mayor. Por una puerta cercana a la entrada principal se accede a esta última, donde se encuentra la imagen coronada de la Virgen del Carmen, que sale en procesión por las calles a fines de septiembre de cada año. Esta imagen se encontraba hasta 1985 en la Basílica del Salvador.



El Libro de las Lamentaciones



El Libro de las Lamentaciones ( איכה ʾēḫā(h), Eikha), atribuido a Jeremías, es un texto del Antiguo Testamento de la Biblia, y también del Tanaj. Es una colección de lamentos poéticos por la destrucción de Jerusalén en el año 586 a. C.En la Biblia hebrea, aparece en los Ketuvim («Escritos») como uno de los Cinco Megillot («Cinco Rollos») junto con el Cantar de los Cantares, el Libro de Rut, el Eclesiastés y el Libro de Ester. En el Antiguo Testamento cristiano, sigue al Libro de Jeremías, ya que tradicionalmente se considera que el profeta Jeremías fue su autor. A mediados del siglo XIX, los eruditos alemanes dudaban de la autoría de Jeremías, una opinión que desde entonces se ha convertido en el consenso académico predominante.  La mayoría de los estudiosos también coinciden en que el Libro de las Lamentaciones se compuso poco después de la caída de Jerusalén en el año 586 a. C. 
Algunos motivos de un tradicional «lamento por una ciudad» mesopotámico son evidentes en el libro, como el duelo por el abandono de la ciudad por parte de Dios, su destrucción y el regreso definitivo de la deidad; otros «son paralelos al canto fúnebre en el que los afligidos lloran... y... se dirige a los [muertos]».
 El tono es sombrío: Dios no habla, el grado de sufrimiento se presenta como abrumador y las expectativas de redención futura son mínimas. No obstante, el autor deja claro repetidamente que la ciudad —e incluso el propio autor— ha pecado profusamente contra Dios, lo que justifica la ira divina. Al hacerlo, el autor no culpa a Dios, sino que lo presenta como justo, recto y, en ocasiones, incluso misericordioso.


1

  • 1(Álef) ¡Qué solitaria se encuentra | la ciudad populosa! | Como una viuda ha quedado | la primera de las naciones. | La princesa de las provincias, | sometida a tributo. 2(Bet) Pasa la noche llorando: | las lágrimas riegan sus mejillas; | ninguno de sus amantes | le ofrece consuelo; | todos sus amigos la han traicionado, | se han vuelto sus enemigos. 3(Guímel) Judá marcha al destierro, | humillada y esclavizada; | habita entre gentiles, | no encuentra descanso; | sus perseguidores la han dado caza | y se encuentra angustiada. 4(Dálet) Los caminos de Sión están de luto, | nadie acude a las fiestas; | sus puertas están desoladas, | sus sacerdotes, llorando; | sus doncellas están apenadas, | y ella misma llena de amargura. 5(He) Sus enemigos están al frente, | sus adversarios prosperan, | pues el Señor la ha afligido | por sus muchos delitos; | sus niños marchan al cautiverio | delante del enemigo. 6(Vau) La hija de Sión ha perdido | toda su hermosura; | sus príncipes, como ciervos | que no encuentran pasto, | se derrumban desfallecidos | ante el perseguidor. 7(Zain) Jerusalén recuerda sus días tristes | de vida errante, | añorando los tesoros | que había reunido desde antiguo, | cuando su pueblo caía en manos enemigas | y nadie la socorría; | la miran los enemigos | y se ríen de su destrucción. 8(Jet) Gravemente pecó Jerusalén, | se ha convertido en sarcasmo; | al verla desnuda, | la desprecian cuantos la honraban; | y ella, entre sollozos, | se vuelve de espaldas. 9(Tet) Lleva su impureza en los vestidos, | no imaginó este final. | Asombrosa ha sido su caída, | no hay quien la consuele. | «¡Mira, Señor, mi aflicción, | cómo se crece el enemigo!». 10(Yod) El enemigo se ha apropiado | de todos sus tesoros; | ella ha visto entrar en su santuario | a los gentiles, | a quienes habías prohibido | entrar en tu asamblea. 11(Kaf) Todo su pueblo, entre sollozos, | anda buscando pan; | ofrece sus tesoros para comer | y recobrar las fuerzas. | «¡Mira, Señor, contempla | qué envilecida estoy! 12(Lámed) Vosotros, los que pasáis por el camino, | mirad y ved | si hay dolor como el dolor | que me atormenta, | con el que el Señor me afligió | el día de su ardiente ira. 13(Mem) Desde lo alto ha enviado fuego | y lo ha metido en mis huesos; | ha tendido una red a mis pasos | y me ha tirado de espaldas; | me ha dejado desolada, | desfallecida todo el día. 14(Nun) Ató el yugo de mis delitos, | entretejidos por su mano; | lo puso sobre mi cuello, | doblegó mis fuerzas; | me abandonó el Señor en unas manos | que me impiden levantarme. 15(Sámek) Ha rechazado el Señor, en medio de mí, | a todos mis valientes; | convocó contra mí una asamblea | para aniquilar a mis guerreros; | pisó el Señor en el lagar a la doncella, | la hija de Judá. 16(Ayin) Por eso lloro, | mis ojos se deshacen en lágrimas; | porque está lejos quien me consuele, | quien me reanime; | mis hijos están desolados, | pues fue más fuerte el enemigo». 17(Pe) Sión extiende sus manos | sin hallar quien la consuele; | el Señor envió a sus adversarios | para cercar a Jacob; | Jerusalén se ha convertido entre ellos | en impureza. 18(Sade) «Justo ha sido el Señor, | pues fui rebelde a su mandato. | Escuchad, por favor, | todos los pueblos y ved mi dolor; | mis doncellas y mis jóvenes | han marchado al cautiverio. 19(Qof) Llamé a mis amantes, | pero me han traicionado; | mis sacerdotes y mis ancianos | murieron en la ciudad, | mientras buscaban alimento | para recobrar las fuerzas. 20(Res) ¡Contempla, Señor, mi angustia; | me bullen las entrañas!; | se me revuelve dentro el corazón, | porque he sido muy rebelde; | fuera, la espada me deja sin hijos; | en casa, la muerte. 21(Sin) La gente escucha mis gemidos, | pero nadie me consuela; | mis enemigos, enterados de mi mal, | se alegran de que tú lo hayas hecho; | haz venir el día que anunciaste, | y terminarán como yo. 22(Tau) ¡Llegue toda su maldad hasta ti | y trátalos a ellos | como me has tratado a mí | por todos mis delitos!; | porque son muchos mis gemidos | y mi corazón desfallece».

2

  • 1(Álef) ¡Cómo ha nublado el Señor, | en su ira, a la hija de Sión!; | ha precipitado desde el cielo | hasta la tierra la gloria de Israel; | no se ha acordado del escabel de sus pies | en el día de su ira. 2(Bet) Ha destruido el Señor, sin piedad, | todas las moradas de Jacob; | ha destrozado, lleno de cólera, | las fortalezas de la hija de Judá; | echó por tierra y profanó | el reino y a sus príncipes. 3(Guímel) En el ardor de su ira, | quebró el poder de Israel; | retiró su diestra | delante del enemigo; | prendió en Jacob como fuego, | como llama que devora alrededor. 4(Dálet) Tensó su arco como un enemigo, | ha afirmado su derecha; | aniquiló como un adversario | a los más apuestos; | en la tienda de la hija de Sión | derramó como fuego su furor. 5(He) El Señor se portó como un enemigo: | devastó a Israel; | destruyó todos sus palacios, | aniquiló sus fortalezas; | multiplicó en la casa de Judá | tristeza y aflicción. 6(Vau) Destrozó su choza cual huerto, | destruyó su lugar de reunión; | el Señor dio al olvido en Sión | fiestas y sábados; | indignado y furioso ha desechado | al rey y al sacerdote. 7(Zain) El Señor repudió su altar, | aborreció su santuario; | entregó en manos enemigas | los muros de sus palacios; | gritaban en la casa del Señor, | como en día de fiesta. 8(Jet) El Señor decidió destruir | la muralla de la hija de Sión; | extendió el cordel y no contuvo | su mano destructora; | ha vestido de luto muros y baluartes, | juntos se desmoronan. 9(Tet) Se han desplomado sus puertas, | rompió y quebró sus cerrojos; | su rey y sus príncipes | están entre los gentiles, no hay ley; | tampoco sus profetas | reciben visiones del Señor. 10(Yod) Se sientan silenciosos en el suelo | los ancianos de la hija de Sión; | cubren de polvo su cabeza | y se ciñen con saco; | humillan hasta el suelo su cabeza | las doncellas de Jerusalén. 11(Kaf) Se consumen en lágrimas mis ojos, | se conmueven mis entrañas; | muy profundo es mi dolor | por la ruina de la hija de mi pueblo; | los niños y lactantes desfallecen | por las plazas de la ciudad. 12(Lámed) Preguntan a sus madres: | «¿Dónde hay pan y vino?», | mientras agonizan, como los heridos, | por las plazas de la ciudad, | exhalando su último aliento | en el regazo de sus madres. 13(Mem) ¿A quién te compararé, | a quién te igualaré, hija de Jerusalén?; | ¿con quién te equipararé para consolarte, | doncella, hija de Sión?; | pues es grande como el mar tu desgracia: | ¿quién te podrá curar? 14(Nun) Tus profetas te ofrecieron | visiones falsas y vanas; | no denunciaron tu culpa | para que cambiara tu suerte, | sino que te anunciaron | oráculos falsos y seductores. 15(Sámek) Baten palmas contra ti | cuantos pasan por el camino; | silban y mueven su cabeza | contra la hija de Jerusalén: | «¿Es esta la ciudad más hermosa, | la alegría de toda la tierra?». 16(Pe) Todos tus enemigos | abren su boca contra ti, | silban y rechinan los dientes, | dicen: «¡La hemos devorado! | ¡Este es el día que esperábamos, | lo hemos conseguido, lo hemos visto!». 17(Ayin) El Señor ha ejecutado sus planes, | ha cumplido su palabra, | lo que había dispuesto desde antiguo; | ha destrozado sin compasión; | hizo que el enemigo se riera de ti, | acreció el poder de tu adversario. 18(Sade) Sus corazones claman al Señor. | Muralla de la hija de Sión, | ¡derrama como un torrente | tus lágrimas día y noche; | no te des tregua, | no descansen tus ojos! 19(Qof) Levántate, grita en la noche, | al relevo de la guardia; | derrama como agua tu corazón | en presencia del Señor; | levanta tus manos hacia él | por la vida de tus niños, | que desfallecen de hambre | por las esquinas de las calles. 20(Res) «¡Mira, Señor, y contempla | a quién has tratado así!; | ¿habrán de comer las mujeres su propio fruto, | los niños de pecho?; | ¿matarán en el santuario del Señor | a sacerdotes y profetas? 21(Sin) Yacen por tierra en las calles | niños y ancianos; | mis doncellas y mis jóvenes | han caído a espada; | los has matado en el día de tu ira, | los has inmolado sin compasión. 22(Tau) Has convocado, como en día de fiesta, | terrores que me cercan; | nadie pudo escapar ni salvarse | en el día de la ira del Señor; | a cuantos cuidé y crié | mi enemigo los exterminó».

3

  • 1(Álef) Yo soy el hombre que ha conocido | el sufrimiento bajo la vara de su cólera; 2me ha conducido y llevado | a la tiniebla y no a la luz; 3contra mí ha vuelto sin parar | su mano todo el día. 4(Bet) Ha consumido mi carne y mi piel, | ha quebrado mis huesos; 5ha levantado un cerco y me ha rodeado | de veneno y pesadumbre; 6me ha confinado en las tinieblas, | como a los muertos de antaño. 7(Guímel) Me ha tapiado y no puedo salir, | me ha cargado con pesadas cadenas; 8aunque grito y pido socorro, | cierra sus oídos a mi súplica; 9ha cerrado mis caminos con sillares, | ha retorcido mis sendas. 10(Dálet) Ha sido para mí un oso al acecho, | un león entre escondrijos; 11ha desbaratado mis caminos para despedazarme, | me ha dejado desolado; 12ha disparado su arco | y me ha hecho blanco de sus saetas. 13(He) Me ha clavado en los riñones | las flechas de su aljaba; 14soy la burla de todo mi pueblo, | su copla todo el día; 15me ha colmado de amarguras, | me ha saciado de ajenjo. 16(Vau) Me ha roto los dientes con piedras, | me ha aplastado en el polvo; 17he perdido la paz, | me he olvidado de la dicha; 18me dije: «Ha sucumbido mi esplendor | y mi esperanza en el Señor». 19(Zain) Recordar mi aflicción y mi vida errante | es ajenjo y veneno; 20no dejo de pensar en ello, | estoy desolado; 21hay algo que traigo a la memoria, | por eso esperaré: 22(Jet) Que no se agota la bondad del Señor, | no se acaba su misericordia; 23se renuevan cada mañana, | ¡qué grande es tu fidelidad!; 24me digo: «¡Mi lote es el Señor, | por eso esperaré en él!». 25(Tet) El Señor es bueno para quien espera en él, | para quien lo busca; 26es bueno esperar en silencio | la salvación del Señor; 27es bueno que el hombre cargue con el yugo | desde su juventud. 28(Yod) Siéntese solo y silencioso | cuando el Señor se lo impone; 29ponga su boca en el polvo, | quizá haya esperanza; 30ponga la mejilla al que lo maltrata | y se harte de oprobios. 31(Kaf) Porque el Señor no rechaza | para siempre; 32y si hace sufrir, se compadece | conforme a su inmensa bondad; 33pues no se complace en humillar | y afligir a los humanos. 34(Lámed) Cuando se aplasta bajo los pies | a los cautivos de la tierra, 35cuando se conculca el derecho de un hombre | en presencia del Altísimo, 36cuando se defrauda a alguien en su pleito, | ¿no lo ve el Señor? 37(Mem) ¿Quién dice algo y sucede?, | ¿no es el Señor quien dispone?; 38¿no sale de la boca del Altísimo | lo malo y lo bueno?; 39¿por qué se queja el viviente, | el hombre, de su castigo? 40(Nun) Examinemos y revisemos nuestra conducta | y volvamos al Señor; 41levantemos nuestro corazón, | junto con nuestras manos, al Dios del cielo; 42nosotros hemos pecado, nos rebelamos, | y tú no nos has perdonado. 43(Sámek) Envuelto en cólera nos has perseguido, | nos has matado sin piedad; 44te has envuelto en una nube | para que no te alcance la oración; 45nos has convertido en basura y desecho | en medio de los pueblos. 46(Pe) Nuestros enemigos | abren su boca contra nosotros; 47temor y fosa son nuestra suerte, | la ruina y el quebranto; 48ríos de agua derraman mis ojos | por la desgracia de la hija de mi pueblo. 49(Ayin) Mis ojos lloran sin cesar, | no tienen descanso; 50hasta que el Señor se asome | desde el cielo y vea. 51Me duelen los ojos | por todas las hijas de mi ciudad. 52(Sade) Los que me odian sin motivo | me cazaron como a un pájaro; 53me arrojaron vivo a una fosa | y echaron piedras sobre mí; 54las aguas cubrieron mi cabeza y pensé: | «¡Estoy perdido!». 55(Qof) Invoqué tu nombre, Señor, | desde lo hondo de la fosa; 56escuchaste mi voz: «No cierres tus oídos | a mi suspiro, a mi grito de auxilio»; 57te acercaste a mí el día en que te invoqué | y me dijiste: «¡No temas!». 58(Res) Has defendido, Señor, mi causa, | has rescatado mi vida; 59has visto, Señor, mi opresión: | ¡Defiende mi causa!; 60has visto toda su venganza, | sus planes contra mí. 61(Sin) Has oído sus insultos, Señor, | sus maquinaciones en mi contra; 62lo que dicen mis adversarios y sus intrigas | contra mí todo el día; 63mira, en todo momento | soy objeto de sus burlas. 64(Tau) Págales, Señor, | conforme a la obra de sus manos; 65dales una mente obcecada, | caiga tu maldición sobre ellos; 66persíguelos con ira | hasta exterminarlos bajo el cielo, Señor.

4

  • 1(Álef) ¡Cómo se ha deslucido el oro, | cómo ha cambiado el oro más puro!; | las piedras sagradas se han esparcido | por las esquinas de las calles. 2(Bet) Los hijos de Sión, los honorables, | valiosos como el oro fino, | son considerados como cacharros de barro, | obra de alfarero. 3(Guímel) Hasta los chacales ofrecen las ubres | y amamantan a sus cachorros; | pero la hija de mi pueblose ha vuelto cruel | como los avestruces del desierto. 4(Dálet)A los niños de pecho | se les pega la lengua al paladar por la sed; | los pequeños piden pan, | y no hay quien se lo dé. 5(He) Los que comían manjares exquisitos | desfallecen por las calles; | los que se habían criado entre púrpuras | se revuelcan en la basura. 6(Vau) La culpa de la hija de mi pueblo | es más grave que el pecado de Sodoma, | que fue derribada en un momento | sin que mano alguna la tocara. 7(Zain)Brillaban sus consagrados más que la nieve, | blanqueaban más que la leche; | su cuerpo era más rojo que el coral, | su aspecto como el zafiro. 8(Jet) Ahora están más negros que el carbón, | no se los reconoce por las calles; | su piel se ha pegado a sus huesos, | está seca como la leña. 9(Tet) Más suerte tuvieron los muertos a espada | que las víctimas del hambre, | que caen extenuadas | por la falta de alimento. 10(Yod) Manos de piadosas mujeres | cocieron a sus hijos; | ellos fueron su alimento | mientras caía la hija de mi pueblo. 11(Kaf) El Señor apuró su furor, | derramó el ardor de su ira; | prendió un fuego en Sión | que devora sus cimientos. 12(Lámed) Nunca creyeron los reyes de la tierra, | ni los habitantes del orbe, | que adversarios y enemigos | entrarían por las puertas de Jerusalén. 13(Mem) Ocurrió por los pecados de sus profetas | y las culpas de sus sacerdotes, | que derramaron en medio de ella | sangre inocente. 14(Nun) Como ciegos vagaban por las calles, | manchados de sangre, | sin que nadie pudiera | tocar sus vestidos. 15(Sámek) «¡Apartaos! ¡Impuro! —les gritaban—. | ¡Apartaos, apartaos! ¡No toquéis!». | Y al huir errantes por las naciones, | les decían: «¡Marchaos de aquí!». 16(Pe) El rostro del Señor los ha dispersado | y no volverá a mirarlos; | no se respeta a los sacerdotes, | nadie se compadece de los ancianos. 17(Ayin) Nuestros ojos se consumían | aguardando una ayuda, ¡vana ilusión!; | desde nuestras atalayas oteábamos a un pueblo | incapaz de socorrer. 18(Sade) Acechaban nuestros pasos | y no podíamos caminarpor nuestras plazas; | se acercaba nuestro final, se nos agotaba el tiempo; | sí, llegaba nuestro fin. 19(Qof) Nuestros perseguidores, | más rápidos que las águilas del cielo, | nos hostigaban por los montes, | nos tendían emboscadas en el desierto. 20(Res) El que era nuestro aliento, el Ungido del Señor, | ha caído apresado en sus fosas; | aquel de quien decíamos: | «¡A su sombra viviremos entre las naciones!». 21(Sin) ¡Alégrate y salta de júbilo, hija de Edón, | que moras en la tierra de Us!; | también a ti llegará la copa, | te embriagarás y quedarás desnuda. 22(Tau) Expiada está tu culpa, hija de Sión; | el Señor no volverá a desterrarte; | juzgará tu culpa, hija de Edón, | y dejará al descubierto tus pecados.

5

  • 1Recuerda, Señor, lo que nos ha sucedido, | contempla y mira nuestra vergüenza. 
  • 2Nuestra heredad ha pasado a extraños, | nuestras casas a extranjeros. 
  • 3Hemos quedado huérfanos, sin padre, | nuestras madres, como viudas. 
  • 4Bebemos nuestra agua a cambio de plata, | compramos nuestra leña pagando su precio. 
  • 5Nos persiguen, están encima de nosotros, | estamos cansados, no encontramos reposo. 6Hemos tendido la mano a Egipto, | a Asiria para saciarnos de pan. 
  • 7Nuestros padres pecaron y ya han muerto, | y nosotros cargamos con sus culpas. 
  • 8Estamos dominados por unos esclavos, | y nadie nos libera de su mano.
  •  9Arriesgamos la vida por nuestro pan, | desafiando la espada en el desierto. 
  • 10Nuestra piel abrasa como un horno, | por los ardores del hambre.
  •  11Violaron a las mujeres en Sión, | a las doncellas en las ciudades de Judá. 
  • 12Colgaron a los príncipes de las manos, | los ancianos no han sido respetados. 
  • 13Los jóvenes tuvieron que mover el molino, | y los niños desfallecían bajo los haces de leña. 
  • 14Los ancianos ya no acuden a la puerta, | los jóvenes han olvidado sus cantares. 
  • 15Ha cesado la alegría de nuestro corazón, | nuestra danza se ha convertido en lamento. 
  • 16Ha caído la corona de nuestra cabeza, | ¡ay de nosotros, que hemos pecado!
  •  17Por eso está abatido nuestro corazón, | por todo esto se nos nublan los ojos. 18Porque el monte Sión está desolado, | los zorros se pasean por él. 
  • 19Pero tú, Señor, permaneces por siempre, | tu trono de generación en generación. 
  • 20¿Te olvidarás de nosotros para siempre, | nos abandonarás perpetuamente?
  •  21Haznos volver a ti, Señor, y volveremos, | renueva nuestros días como antaño. 
  • 22Aunque nos hayas despreciado inmensamente | y tu enojo contra nosotros haya sido muy grande.


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