Apuntes de clases

Clases de filosofía y ciencias bíblicas del Instituto de Humanidades Luis Campino, y la Parroquia de Guadalupe de Quinta Normal.


martes, 1 de septiembre de 2020

227).-La Iglesia de Santo Domingo.



La Iglesia de Santo Domingo.




La Iglesia de Santo Domingo es un templo católico ubicado en la intersección de las calles Santo Domingo y 21 de Mayo en el centro de la ciudad de Santiago, Chile. Dedicado a la Virgen del Rosario, pertenece a la Orden de Predicadores y fue declarada Monumento nacional, en la categoría de Monumento Histórico, mediante el Decreto Supremo n.º 5058, del 6 de julio de 1951.

Historia

Fundados por Domingo de Guzmán en el siglo xiii, los dominicos fueron la tercera congregación que llegó a Chile, luego de los mercedarios y los franciscanos.
Fundaron su casa religiosa en 1557, con un templo dedicado a la Virgen del Rosario, obra de Juan de Lepe y Antón Mallorquín con acceso por la calle Paseo Puente, construido en ladrillo y cal. Esta capilla fue destruida por el terremoto de 1575.
El segundo templo fue construido el año 1606 por el maestro cantero Juan González en estilo colonial. Tenía tres naves separadas por doce arcos de ladrillo, un arco toral en la capilla mayor, muros de piedra y techumbre de madera, pero fue derrumbado por el terremoto de 1647.
Misma suerte corrió el tercer templo, inaugurado en 1677 y edificado en ladrillo, que fue destruido por el terremoto de 1730.
La cuarta y definitiva iglesia comenzó su construcción en el año 1747 bajo diseño del cantero Juan de los Santos Vasconcellos, quien contrató a canteros portugueses para la obra. Fue inaugurada en 1771, pero sus obras fueron seguidas por el arquitecto Joaquín Toesca entre 1795 y 1796. Con el levantamiento de las dos torres se dieron por finalizadas las obras en el año 1808.
En 1897 sus muros de piedra fueron recubiertos con yeso, pero el incendio de septiembre de 1963 dañó el interior del templo, por lo que quedó a descubierto nuevamente la sillería luego de la restauración llevada a cabo por Carlos Cruz Montt y Escipión Munizaga.

Descripción

La iglesia es de estilo neoclásico con reminiscencias neobarrocas, y su construcción es de bloques de piedra a la vista sin recubrimiento, extraídas desde el Cerro Blanco.

Exterior

La fachada principal tiene varias molduras y pilastras con cuatro esculturas en hornacinas, que representan a los dominicos Pío V, santa Catalina de Siena, Tomás de Aquino y santa Rosa de Lima, y una inscripción que dice Hic est domus Domini firmiter aedificata. Anno Domini 1808 («Esta es la casa del Señor sólidamente edificada. Año del Señor 1808»). En el ático presenta otras tres esculturas, al centro la de la Virgen del Rosario y las de san Francisco de Asís y Domingo de Guzmán a los costados. Todas las esculturas de la fachada principal fueron realizadas en 1878 por el escultor italiano Carlucci.
Tiene dos torres a ambos lados hechas de ladrillo estucado, y tres puertas de arco de medio punto. Además, la fachada principal presenta tres vanos, uno central en forma de rectángulo y dos laterales en forma de dodecágono.
La fachada lateral presenta vanos en arco de medio punto, y deja a la vista varios contrafuertes, y la cubierta es de hierro cubierto por tejas.

Interior

Cuenta con una planta basilical con tres naves. La nave central es más amplia, y cuenta con un ábside y crucero, y está construida con una bóveda de cañón. Está separada de las naves laterales por medio de pilares que sostienen arcos de medio punto, en donde hay lámparas para la iluminación interior. Las naves laterales están construidas por dinteles de madera a la vista, y sus muros presentan ventanas abocinadas para la iluminación desde el exterior.
En las naves laterales hay hornacinas realizadas en la misma construcción de piedra que son utilizados como altares, separados por contrafuertes constructivos. En la nave lateral izquierda se encuentran las figuras de la Virgen del Carmen, san Martín de Porres, y contiguo al altar mayor, las figuras de san Francisco, santa Rosa de Lima y santo Domingo. En la nave lateral derecha se encuentran las figuras de la Crucifixión, Pancracio de Roma, Teresa de Los Andes, y contiguo al altar mayor, un altar dedicado a la eucaristía
En el altar mayor se encuentra una figura de Nuestra Señora del Rosario, conocida también como la Virgen de Pompeya, coronada con una figura de Cristo crucificado que cuelga desde el techo, al lado de la claraboya central.


La orden de predicadores.

Santo Domingo de Guzmán, por Claudio Coello (c. 1685), Museo del Prado. El santo porta la cruz patriarcal de la orden en la mano derecha, emblema de su misión apostólica, y en la izquierda el Evangelio, además de un ramo de azucenas, símbolo de pureza. Sobre su cabeza, una estrella a modo de planeta centrando el nimbo o aureola. De su cintura se desprende un rosario y a sus pies, descansan el globo del mundo y un perro portando una antorcha encendida, completando los atributos iconográficos clásicos del santo y la orden dominica.


 (del latín: ordo praedicatorum u O.P.), conocida también como orden dominicana y sus miembros como dominicos, es una orden mendicante de la Iglesia católica fundada por Domingo de Guzmán en Toulouse durante la Cruzada albigense y confirmada por el papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216.


La orden dominica se destacó en el campo de la teología y doctrina al abrigo de figuras como Alberto Magno o Tomás de Aquino. Algunos de sus miembros integraron la Inquisición medieval. La orden fundó la Escuela de Salamanca de teología, filosofía y economía. Alcanzó su mayor número de miembros durante la expansión del catolicismo en los territorios de América, África y Asia incorporados a las coronas de España y Portugal, donde se reconoce la labor de personajes como Bartolomé de las Casas por su contribución temprana a la defensa de los derechos humanos. La orden tuvo un declive en la modernidad hasta el siglo XIX, pero pudo recuperar su influencia con el impulso de teólogos como Enrique Lacordaire, participando activamente en el Concilio Vaticano II y, desde entonces, contribuyendo al desarrollo del catolicismo contemporáneo.
 El lema principal de la orden es "Veritas", Verdad en castellano. Otros lemas son: Laudare, benedicere, praedicare (‘alabar, bendecir y predicar’).



Salmos 60 AL 89




60 (59)

1Al Director. «Los lirios del testimonio». Epigrama de David. Para enseñar.

 2Cuando combatió con Arán Nejaráin y con Arán Soba. Cuando volvió Joab y derrotó a doce mil de Edón en el valle de la Sal.

 3Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas; | estabas airado, pero restáuranos. 

4Has sacudido y agrietado el país: | repara sus grietas, que se desmorona.

 5Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, | dándole a beber un vino de vértigo. 

6Diste la señal de desbandada a los que te temen, | haciéndolos huir de los arcos. (Pausa) 

7Para que se salven tus predilectos, | que tu mano salvadora nos responda.

 8Dios habló en su santuario: | «Triunfante ocuparé Siquén, | parcelaré el valle de Sucot; 9mío es Galaad, mío Manasés, | Efraín es yelmo de mi cabeza, | Judá es mi cetro; 10Moab, una jofaina para lavarme; | sobre Edón echo mi sandalia, | sobre Filistea canto victoria». 

11Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte, | quién me conducirá a Edón, 12si tú, oh Dios, nos has rechazado | y no sales ya con nuestras tropas? 

13Auxílianos contra el enemigo, | que la ayuda del hombre es inútil. 14Con Dios haremos proezas, | él pisoteará a nuestros enemigos.

61 (60)

1Al Director. Con instrumentos de cuerda. De David.

 2Escucha, oh Dios, mi clamor, | atiende a mi súplica.

 3Te invoco desde el confín de la tierra | con el corazón abatido: | llévame a una roca inaccesible. 4Porque tú eres mi refugio | y mi bastión contra el enemigo.

 5Habitaré siempre en tu morada, | refugiado al amparo de tus alas. 

6Porque tú, oh Dios, escucharás mis votos | y me darás la heredad de los que temen tu nombre.

 7Añade días a los días del rey, | que sus años alcancen varias generaciones; 8reine siempre en presencia de Dios: | tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.

 9Yo cantaré salmos a tu nombre, | e iré cumpliendo mis votos día tras día.

62 (61)

1Al Director. A Yedutún. Salmo de David. 

2Solo en Dios descansa mi alma, | porque de él viene mi salvación; 3solo él es mi roca y mi salvación, | mi alcázar: no vacilaré. 

4¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre | todos juntos, para derribarlo | como a una pared que cede | o a una tapia ruinosa?

 5Solo piensan en derribarlo de su altura, | y se complacen en la mentira: | con la boca bendicen, | con el corazón maldicen. 6Descansa solo en Dios, alma mía, | porque él es mi esperanza; 7solo él es mi roca y mi salvación, | mi alcázar: no vacilaré. 8De Dios viene mi salvación y mi gloria, | él es mi roca firme, Dios es mi refugio. 9Pueblo suyo, confiad en él, | desahogad ante él vuestro corazón: | Dios es nuestro refugio. (Pausa) 

10Los hijos de Adán no son más que un soplo, | todos los hombres, una apariencia: | todos juntos en la balanza subirían | más leves que un soplo. 

11No confiéis en la opresión, | no pongáis ilusiones en el robo; | y aunque crezcan vuestras riquezas, | no les deis el corazón. 

12Dios ha dicho una cosa, | y he escuchado dos: | «Que Dios tiene el poder 13y el Señor tiene la gracia; | que tú pagas a cada uno | según sus obras».

63 (62)

1Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá. 

2 Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, | mi alma está sedienta de ti; | mi carne tiene ansia de ti, | como tierra reseca, agostada, sin agua.

 3¡Cómo te contemplaba en el santuario | viendo tu fuerza y tu gloria! 4Tu gracia vale más que la vida, | te alabarán mis labios.

 5Toda mi vida te bendeciré | y alzaré las manos invocándote. 

6Me saciaré | como de enjundia y de manteca, | y mis labios te alabarán jubilosos.

 7En el lecho me acuerdo de ti | y velando medito en ti, 8porque fuiste mi auxilio, | y a la sombra de tus alas canto con júbilo. 

9Mi alma está unida a ti, | y tu diestra me sostiene. 10Pero los que intentan quitarme la vida | vayan a lo profundo de la tierra; 11sean pasados a filo de espada, | sirvan de pasto a los chacales.

 12Mas el rey se alegrará en Dios, | el que jura por él se felicitará, | cuando tapen la boca a los mentirosos.

64 (63)

1Al Director. Salmo de David.

 2Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento, | protege mi vida del terrible enemigo; 3escóndeme de la conjura de los perversos | y del motín de los malhechores. 4Afilan sus lenguas como espadas | y disparan como flechas palabras venenosas, 5para herir a escondidas al inocente, | para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

 6Se animan al delito, | calculan cómo esconder trampas, | y dicen: «¿Quién lo descubrirá?».

7Inventan maldades y llevan a cabo sus proyectos criminales: | su mente y su corazón son un abismo. 8Pero Dios los acribilla a flechazos, | por sorpresa los cubre de heridas; 9su misma lengua los lleva a la ruina, | y los que los ven menean la cabeza. 10Todo el mundo se atemoriza, | proclama la obra de Dios | y medita sus acciones. 11El justo se alegra con el Señor, | se refugia en él, | y se felicitan los rectos de corazón.

65 (64)

1Al Director. Salmo de David. Cántico. 2Oh Dios, tú mereces un himno en Sión, | y a ti se te cumplen los votos en Jerusalén, 3porque tú escuchas las súplicas. | A ti acude todo mortal 4a causa de sus culpas; | nuestros delitos nos abruman, | pero tú los perdonas. 5Dichoso el que tú eliges y acercas | para que viva en tus atrios: | que nos saciemos de los bienes de tu casa, | de los dones sagrados de tu templo. 

6Con portentos de justicia nos respondes, | Dios, salvador nuestro; | tú, esperanza del confín de la tierra | y del océano remoto. 

7Tú que afianzas los montes con tu fuerza, | ceñido de poder; 8tú que reprimes el estruendo del mar, | el estruendo de las olas | y el tumulto de los pueblos.

 9Los habitantes del extremo del orbe | se sobrecogen ante tus signos, | y las puertas de la aurora y del ocaso | las llenas de júbilo. 

10Tú cuidas la tierra, la riegas | y la enriqueces sin medida; | la acequia de Dios va llena de agua, | preparas los trigales; | así preparas la tierra. 

11Riegas los surcos, | igualas los terrones, | tu llovizna los deja mullidos, | bendices sus brotes.

 12Coronas el año con tus bienes, | tus carriles rezuman abundancia; 13rezuman los pastos del páramo, | y las colinas se orlan de alegría; 14las praderas se cubren de rebaños, | y los valles se visten de mieses, | que aclaman y cantan.

66 (65)

1Al Director. Cántico. Salmo. Aclamad al Señor, tierra entera; 2tocad en honor de su nombre, | cantad himnos a su gloria. 

3Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras, | por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!». 

4Que se postre ante ti la tierra entera, | que toquen en tu honor, | que toquen para tu nombre. (Pausa) 

5Venid a ver las obras de Dios, | sus temibles proezas en favor de los hombres: 6transformó el mar en tierra firme, | a pie atravesaron el río. | Alegrémonos en él.

 7Con su poder gobierna eternamente; | sus ojos vigilan a los pueblos, | para que no se subleven los rebeldes. (Pausa) 

8Bendecid, pueblos, a nuestro Dios; | haced resonar sus alabanzas, 9porque él nos ha devuelto la vida | y no dejó que tropezaran nuestros pies. 

10 Oh Dios, nos pusiste a prueba, 11nos empujaste a la trampa, | nos echaste a cuestas un fardo: 12sobre nuestro cuello cabalgaban los mortales; | pasamos por fuego y por agua, | pero nos has dado respiro. 

13Entraré en tu casa con víctimas | para cumplirte mis votos: 14los que pronunciaron mis labios | y prometió mi boca en el peligro. 15Te ofreceré víctimas cebadas; | con el perfume de los carneros, | inmolaré bueyes y cabras. (Pausa)

 16Los que teméis a Dios, venid a escuchar, | os contaré lo que ha hecho conmigo: 17a él gritó mi boca | y lo ensalzó mi lengua. 18Si hubiera tenido yo mala intención, | el Señor no me habría escuchado; 19pero Dios me escuchó, | y atendió a mi voz suplicante. 20Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica | ni me retiró su favor.

67 (66)

1Al Director. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico. 

2 Que Dios tenga piedad y nos bendiga, | ilumine su rostro sobre nosotros; (Pausa)

 3conozca la tierra tus caminos, | todos los pueblos tu salvación.

 4Oh Dios, que te alaben los pueblos, | que todos los pueblos te alaben.

 5Que canten de alegría las naciones, | porque riges el mundo con justicia | y gobiernas las naciones de la tierra. (Pausa)

 6Oh Dios, que te alaben los pueblos, | que todos los pueblos te alaben. 

7La tierra ha dado su fruto, | nos bendice el Señor, nuestro Dios.

 8Que Dios nos bendiga; que le teman | todos los confines de la tierra.

68 (67)

1 Al Director. Salmo de David. Cántico. 

2 Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, | huyen de su presencia los que lo odian; 3como el humo se disipa, se disipan ellos; | como se derrite la cera ante el fuego, | así perecen los impíos ante Dios.

4 En cambio, los justos se alegran, | gozan en la presencia de Dios, | rebosando de alegría. 

5 Cantad a Dios, tocad a su nombre, | alfombrad el camino del que avanza sobre las nubes; | su nombre es el Señor: alegraos en su presencia.

 6Padre de huérfanos, protector de viudas, | Dios vive en su santa morada. 

7Dios prepara casa a los desvalidos, | libera a los cautivos y los enriquece; | solo los rebeldes se quedan en la tierra abrasada.

 8Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo | y avanzabas por el desierto, (Pausa) 9la tierra tembló, el cielo destiló | ante Dios, el Dios del Sinaí; | ante Dios, el Dios de Israel.

10 Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, | aliviaste la tierra extenuada; 11y tu rebaño habitó en la tierra | que tu bondad, oh Dios, | preparó para los pobres. 

12El Señor pronuncia un oráculo, | millares de doncellas pregonan la alegre noticia: 13«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo; | las mujeres de la casa reparten el botín.

 14Mientras reposabais en los apriscos, | las palomas batieron sus alas de plata, | el oro destellaba en sus plumas.

 15 Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes, | la nieve bajaba sobre el monte Selmón». 
16 Las montañas de Basán son altísimas, | las montañas de Basán son escarpadas; 17montañas escarpadas, ¿por qué tenéis envidia | del monte escogido por Dios para habitar, | morada perpetua del Señor? 

18Los carros de Dios son miles y miles: | Dios marcha del Sinaí al santuario.

 19Subiste a la cumbre llevando cautivos, | te dieron tributo de hombres, | para que también los rebeldes | habitasen con el Señor Dios 

20Bendito el Señor cada día, (Pausa) | Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. 

21Nuestro Dios es un Dios que salva, | el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. 

22Dios aplasta las cabezas de sus enemigos, | los cráneos de los malvados contumaces. 

23Dice el Señor: «Los traeré desde Basán, | los traeré desde el fondo del mar; 24teñirás tus pies en la sangre del enemigo | y los perros la lamerán con sus lenguas».

 25Aparece tu cortejo, oh Dios, | el cortejo de mi Dios, de mi Rey, hacia el santuario. 26Al frente, marchan los cantores; | los últimos, los tocadores de arpa; | en medio, las muchachas van tocando panderos. 27«En vuestras asambleas, bendecid a Dios, | al Señor, estirpe de Israel». 28Va delante Benjamín, el más pequeño; | los príncipes de Judá con sus tropeles; | los príncipes de Zabulón, | los príncipes de Neftalí. 29Oh Dios, despliega tu poder, | tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro. 30A tu templo de Jerusalén | traigan los reyes su tributo. 31Reprime a la fiera del cañaveral, | al tropel de los toros, | a los novillos de los pueblos. | Que se te rindan con lingotes de plata: | dispersa las naciones belicosas. 32Lleguen los magnates de Egipto, | Etiopía extienda sus manos a Dios. 33Reyes de la tierra, cantad a Dios, | tocad para el Señor, | tocad para Dios, (Pausa) 34que avanza por los cielos, | los cielos antiquísimos; | que lanza su voz, | su voz poderosa. 35«Reconoced el poder de Dios». | Sobre Israel resplandece su majestad, | y su poder sobre las nubes. 36Desde el santuario, Dios impone reverencia: | es el Dios de Israel | quien da fuerza y poder a su pueblo. | ¡Dios sea bendito!

69 (68)

1Al Director. Sobre «Los lirios». De David. 2Dios mío, sálvame, | que me llega el agua al cuello: 3me estoy hundiendo en un cieno profundo | y no puedo hacer pie; | he entrado en la hondura del agua, | me arrastra la corriente. 4Estoy agotado de gritar, | tengo ronca la garganta; | se me nublan los ojos | de tanto aguardar a mi Dios. 5Más que los pelos de mi cabeza | son los que me odian sin razón; | numerosos los que me atacan injustamente. | ¿Es que voy a devolver lo que no he robado? 6Dios mío, tú conoces mi ignorancia, | no se te ocultan mis delitos. 7Que por mi causa no queden defraudados | los que esperan en ti, Señor, | Señor del universo. | Que por mi causa no se avergüencen | los que te buscan, Dios de Israel. 8Por ti he aguantado afrentas, | la vergüenza cubrió mi rostro. 9Soy un extraño para mis hermanos, | un extranjero para los hijos de mi madre. 10Porque me devora el celo de tu templo, | y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. 11Cuando me aflijo con ayunos, | se burlan de mí. 12Cuando me visto de saco, | se ríen de mí; 13sentados a la puerta, cuchichean; | mientras beben vino me sacan coplas. 14Pero mi oración se dirige a ti, | Señor, el día de tu favor; | que me escuche tu gran bondad, | que tu fidelidad me ayude: 15arráncame del cieno, que no me hunda; | líbrame de los que me aborrecen, | y de las aguas sin fondo. 16Que no me arrastre la corriente, | que no me trague el torbellino, | que no se cierre la poza sobre mí. 17Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; | por tu gran compasión, vuélvete hacia mí; 18no escondas tu rostro a tu siervo: | estoy en peligro, respóndeme enseguida. 19Acércate a mí, rescátame, | líbrame de mis enemigos. 20Estás viendo mi afrenta, | mi vergüenza y mi deshonra; | a tu vista están los que me acosan. 21La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. | Espero compasión, y no la hay; | consoladores, y no los encuentro. 22En mi comida me echaron hiel, | para mi sed me dieron vinagre. 23Que su mesa se torne una trampa, | un castigo y un lazo. 24Que se nublen sus ojos y no vean, | y sus lomos flaqueen sin cesar. 25Descarga sobre ellos tu furor, | que el incendio de tu ira los alcance. 26Que su campamento quede desierto | y nadie habite en sus tiendas. 27Porque acosan al que tú heriste | y aumentan el dolor del que tú golpeaste. 28Añade culpa a sus culpas | y no accedan a tu justicia. 29Sean borrados del libro de los vivos, | y no sean inscritos con los justos. 30Yo soy un pobre malherido; | Dios mío, tu salvación me levante. 31Alabaré el nombre de Dios con cantos, | proclamaré su grandeza con acción de gracias; 32le agradará a Dios más que un toro, | más que un novillo con cuernos y pezuñas. 33Miradlo, los humildes, y alegraos; | buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. 34Que el Señor escucha a sus pobres, | no desprecia a sus cautivos. 35Alábenlo el cielo y la tierra, | las aguas y cuanto bulle en ellas. 36Dios salvará a Sión, | reconstruirá las ciudades de Judá, | y las habitarán en posesión. 37La estirpe de sus siervos la heredará, | los que aman su nombre vivirán en ella

70 (69)

1Al Director. De David. | En conmemoración. 2Dios mío, ven en mi auxilio; | Señor, date prisa en socorrerme. 3Sufran una derrota ignominiosa | los que me persiguen a muerte; | vuelvan la espalda afrentados | los que traman mi daño. 4Retírense avergonzados | los que se ríen de mí. 5Alégrense y gocen contigo | todos los que te buscan; | y digan siempre: «Dios es grande», | los que desean tu salvación. 6Yo soy pobre y desgraciado: | oh Dios, socórreme, | que tú eres mi auxilio y mi liberación. | ¡Señor, no tardes!

71 (70)

1A ti, Señor, me acojo: | no quede yo derrotado para siempre. 2Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, | inclina a mí tu oído y sálvame. 3Sé tú mi roca de refugio, | el alcázar donde me salve, | porque mi peña y mi alcázar eres tú. 4Dios mío, líbrame de la mano perversa, | del puño criminal y violento. 5Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza | y mi confianza, Señor, desde mi juventud. 6En el vientre materno ya me apoyaba en ti, | en el seno tú me sostenías, | siempre he confiado en ti. 7Muchos me miraban como a un milagro, | porque tú eres mi fuerte refugio. 8Llena estaba mi boca de tu alabanza | y de tu gloria todo el día. 9No me rechaces ahora en la vejez; | me van faltando las fuerzas, no me abandones. 10Porque mis enemigos hablan de mí, | los que acechan mi vida celebran consejo; 11dicen: «Dios lo ha abandonado; | perseguidlo, agarradlo, | que nadie lo defiende». 12Dios mío, no te quedes a distancia; | Dios mío, ven aprisa a socorrerme. 13Que fracasen y se pierdan | los que atentan contra mi vida, | queden cubiertos de oprobio y vergüenza | los que buscan mi daño. 14Yo, en cambio, seguiré esperando, | redoblaré tus alabanzas; 15mi boca contará tu justicia, | y todo el día tu salvación, | aunque no sepa contarla. 16Contaré tus proezas, Señor mío; | narraré tu justicia, tuya entera. 17Dios mío, me instruiste desde mi juventud, | y hasta hoy relato tus maravillas; 18ahora, en la vejez y las canas, | no me abandones, Dios mío, | hasta que describa tu poder, | tus hazañas a la nueva generación. 19Tu justicia, oh Dios, es excelsa, | porque tú hiciste maravillas: | Dios mío, ¿quién como tú? 20Me hiciste pasar por peligros, | muchos y graves: | de nuevo me darás la vida, | me harás subir de lo hondo de la tierra; 21acrecerás mi dignidad, | de nuevo me consolarás. 22Y yo te daré gracias, Dios mío, | con el arpa, por tu lealtad; | tocaré para ti la cítara, | Santo de Israel; 23te aclamarán mis labios, Señor; | mi alma, que tú redimiste; 24y mi lengua todo el día | recitará tu justicia, | porque quedaron derrotados y afrentados | los que buscaban mi daño.

72 (71)

1De Salomón. |Dios mío, confía tu juicio al rey, | tu justicia al hijo de reyes, 2para que rija a tu pueblo con justicia, | a tus humildes con rectitud. 3Que los montes traigan paz, | y los collados justicia; 4defienda a los humildes del pueblo, | socorra a los hijos del pobre | y quebrante al explotador. 5Dure tanto como el sol, | como la luna, de edad en edad. 6Baje como lluvia sobre el césped, | como llovizna que empapa la tierra. 7En sus días florezca la justicia | y la paz hasta que falte la luna; 8domine de mar a mar, | del Gran Río al confín de la tierra. 9En su presencia se inclinen las tribus del desierto; | sus enemigos muerdan el polvo; 10los reyes de Tarsis y de las islas | le paguen tributo. | Los reyes de Saba y de Arabia | le ofrezcan sus dones; 11póstrense ante él todos los reyes, | y sírvanle todos los pueblos. 12Él librará al pobre que clamaba, | al afligido que no tenía protector; 13él se apiadará del pobre y del indigente, | y salvará la vida de los pobres; 14él rescatará sus vidas de la violencia, | su sangre será preciosa a sus ojos.

 15Que viva y le traigan el oro de Arabia, | recen por él continuamente | y lo bendigan todo el día. 

16Y habrá trigo abundante en los campos, | y ondeará en lo alto de los montes; | darán fruto como el Líbano, | y brotarán las espigas como hierba del campo. 

17Que su nombre sea eterno, | y su fama dure como el sol; | él sea la bendición de todos los pueblos, | y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

 18Bendito sea el Señor, Dios de Israel, | el único que hace maravillas; 19bendito por siempre su nombre glorioso; | que su gloria llene la tierra. | ¡Amén, amén!

 20(Fin de las oraciones de David, el hijo de Jesé)

73 (72)

1Salmo de Asaf. |¡Qué bueno es Dios para el justo, | Dios para los limpios de corazón! 

2Pero yo por poco doy un mal paso, | casi resbalaron mis pisadas: 3porque envidiaba a los perversos, | viendo prosperar a los malvados. 

4Para ellos no hay sinsabores, | están sanos y orondos; 5no pasan las fatigas humanas, | ni sufren como los demás. 6Por eso su collar es el orgullo, | y los cubre un vestido de violencia; 7de las carnes les rezuma la maldad, | el corazón les rebosa de malas ideas. 8Insultan y hablan mal, | y desde lo alto amenazan con la opresión. 9Su boca se atreve con el cielo. | Y su lengua recorre la tierra.

 10Por eso se sientan en lo alto | y las aguas no los alcanzan. 

11Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber, | se va a enterar el Altísimo?».

 12Así son los malvados: | siempre seguros, acumulan riquezas. 

13Y dije: ¿para qué he limpiado yo mi corazón | y he lavado en la inocencia mis manos? 

14¿Para qué aguanto yo todo el día | y me corrijo cada mañana?

 15Si yo dijera: «Voy a hablar con ellos», | renegaría de la estirpe de tus hijos.

 16Meditaba yo para entenderlo, | porque me resultaba muy difícil. 

17Hasta que entré en el santuario de Dios, | y comprendí el destino de ellos. 

18Es verdad: los pones en el resbaladero, | los precipitas en la ruina. 19En un momento causan horror, | y acaban consumidos de espanto.

20Como un sueño al despertar, Señor, | al despertarte desprecias sus sombras.

 21Cuando mi corazón se agriaba | y me punzaba mi interior, 22 yo era un necio y un ignorante, | yo era un animal ante ti.

 23Pero yo siempre estaré contigo, | tú agarrarás mi mano derecha; 24me guías según tus planes, | y después me recibirás en la gloria. 

25¿No te tengo a ti en el cielo? | Y contigo, ¿qué me importa la tierra? 26Se consumen mi corazón y mi carne; | pero Dios es la roca de mi corazón y mi lote perpetuo. 

27Sí: los que se alejan de ti se pierden; | tú destruyes a los que te son infieles.

 28Para mí lo bueno es estar junto a Dios, | hacer del Señor Dios mi refugio, | y contar todas tus acciones | en las puertas de Sión.

74 (73)

1Poema de Asaf |¿Por qué, oh Dios, nos rechazas para siempre | y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? 

2Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, | de la tribu que rescataste para posesión tuya, | del monte Sión donde pusiste tu morada. 

3Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; | el enemigo ha arrasado del todo el santuario. 

4Rugían los agresores en medio de tu asamblea, | levantaron sus propios estandartes.

 5Como quien se abre paso | entre la espesa arboleda, 6todos juntos derribaron sus puertas, | las abatieron con hachas y mazas. 

7Prendieron fuego a tu santuario, | derribaron y profanaron | la morada de tu nombre. 8Pensaban: «Acabaremos con ellos», | e incendiaron los templos de Dios en el país.

 9Ya no vemos nuestros signos, | ni hay profeta: | nadie entre nosotros sabe hasta cuándo. 

10¿Hasta cuándo, oh Dios, nos va a afrentar el enemigo? | ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?

 11¿Por qué retraes tu mano izquierda | y tienes tu derecha escondida en el pecho? 

12Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre, | tú ganaste la victoria en medio de la tierra. 13Tú hendiste con fuerza el mar, | rompiste las cabezas del dragón marino; 14tú aplastaste las cabezas del Leviatán, | se lo echaste en pasto a las bestias del mar; 15tú alumbraste manantiales y torrentes, | tú secaste ríos inagotables.

 16Tuyo es el día, tuya la noche, | tú colocaste la luna y el sol; 17tú plantaste los linderos del orbe, | tú formaste el verano y el invierno. 

18Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja, | que un pueblo insensato desprecia tu nombre; 19no entregues a los buitres la vida de tu tórtola, | ni olvides sin remedio la vida de los pobres.

 20Piensa en tu alianza: que los rincones del país | están llenos de violencias. 

21Que el humilde no se marche defraudado, | que pobres y afligidos alaben tu nombre. 

22Levántate, oh Dios, defiende tu causa: | recuerda los ultrajes continuos del insensato; 23no olvides las voces de tus enemigos, | el tumulto creciente de los rebeldes contra ti.

75 (74)

1Al Director. «No destruyas». Salmo de Asaf. Cántico. 

2Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, | invocando tu nombre, contando tus maravillas. 

3«Cuando elija la ocasión, | yo juzgaré rectamente. 4Aunque tiemble la tierra con sus habitantes, | yo he afianzado sus columnas». (Pausa) 

5Digo a los jactanciosos: «No os jactéis»; | a los malvados: «No alcéis la testuz, 6no alcéis la testuz contra el cielo», | no digáis insolencias contra la Roca.

 7Ni del oriente ni del occidente, | ni del desierto ni de los montes, 8solo Dios gobierna: | a uno humilla, a otro ensalza.

 9El Señor tiene una copa en la mano, | un vaso lleno de vino drogado: | lo da a beber hasta las heces | a todos los malvados de la tierra. 

10Pero yo siempre proclamaré su grandeza, | y tañeré para el Dios de Jacob: 11derribaré el poder de los malvados, | y se alzará el poder del justo.

76 (75)

1Al Director. Para instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf. Cántico. 

2Dios se manifiesta en Judá, | su fama es grande en Israel; 3su tabernáculo está en Salén, | su morada en Sión: 4allí quebró los relámpagos del arco, | el escudo, la espada y la guerra. (Pausa) 

5Tú eres deslumbrante, magnífico, | con montones de botín conquistados. 6Fueron despojados los valientes que dormían su sueño, | y a los guerreros no les responden sus brazos. 

7Con un bramido, oh Dios de Jacob, | inmovilizaste carros y caballos.

 8Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti | al ímpetu de tu ira?

 9Desde el cielo proclamas la sentencia: | la tierra teme sobrecogida 10cuando Dios se pone en pie para juzgar, | para salvar a los humildes de la tierra. (Pausa)

 11La cólera humana tendrá que alabarte, | los que sobrevivan al castigo harán fiesta en tu honor.

 12Haced votos al Señor y cumplidlos, | y traigan los vasallos tributo al Temible: 

13él deja sin aliento a los príncipes, | y es temible para los reyes del orbe.

77 (76)

1Al Director. A Yedutún. Salmo de Asaf. 

2Alzo mi voz a Dios gritando, | alzo mi voz a Dios para que me oiga. 

3En mi angustia busco a Dios; | de noche extiendo las manos sin descanso, | y mi alma rehúsa el consuelo. 

4Cuando me acuerdo de Dios, gimo, | y meditando me siento desfallecer. (Pausa) 5Sujetas los párpados de mis ojos, | y la agitación no me deja hablar. 6Repaso los días antiguos, | recuerdo los años remotos; 7de noche lo pienso en mis adentros, | y meditándolo me pregunto: 8«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre | y ya no volverá a favorecernos?

 9¿Se ha agotado ya su misericordia, | se ha terminado para siempre su promesa? 10¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad, | o la cólera cierra sus entrañas?». (Pausa) 

11Y me digo: «¡Qué pena la mía! | ¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!». 

12Recuerdo las proezas del Señor; | sí, recuerdo tus antiguos portentos, 13medito todas tus obras | y considero tus hazañas. 

14Dios mío, tus caminos son santos: | ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?

 15Tú, oh Dios, haciendo maravillas, | mostraste tu poder a los pueblos; 16con tu brazo rescataste a tu pueblo, | a los hijos de Jacob y de José. (Pausa) 

17Te vio el mar, oh Dios, | te vio el mar y tembló, | los abismos se estremecieron. 18Las nubes descargaban sus aguas, | retumbaban los nubarrones, | tus saetas zigzagueaban. 

19Rodaba el estruendo de tu trueno, | los relámpagos deslumbraban el orbe, | la tierra retembló estremecida.

 20Tú te abriste camino por las aguas, | un vado por las aguas caudalosas, | y no quedaba rastro de tus huellas. 

21Mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño, | por la mano de Moisés y de Aarón.

78 (77)

1Poema de Asaf. |Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; | inclina el oído a las palabras de mi boca: 2que voy a abrir mi boca a las sentencias, | para que broten los enigmas del pasado.

 3Lo que oímos y aprendimos, | lo que nuestros padres nos contaron, 4no lo ocultaremos a sus hijos, | lo contaremos a la futura generación: | las alabanzas del Señor, su poder, | las maravillas que realizó; 5porque él estableció una norma para Jacob, | dio una ley a Israel. | Él mandó a nuestros padres | que lo enseñaran a sus hijos, 6para que lo supiera la generación siguiente, | los hijos que nacieran después. | Que surjan y lo cuenten a sus hijos, 7para que pongan en Dios su confianza | y no olviden las acciones de Dios, | sino que guarden sus mandamientos; 8para que no imiten a sus padres, | generación rebelde y pertinaz; | generación de corazón inconstante, | de espíritu infiel a Dios. 9Los arqueros de la tribu de Efraín | volvieron la espalda en la batalla. 10No guardaron la alianza de Dios, | se negaron a seguir su ley, 11echando en olvido sus acciones, | las maravillas que les había mostrado, 12cuando hizo portentos a vista de sus padres, | en la tierra de Egipto, en el campo de Soán. 

13Hendió el mar para darles paso, | sujetando las aguas como muros; 14los guiaba de día con una nube, | de noche con el resplandor del fuego. 

15Hendió la roca en el desierto, | y les dio a beber raudales de agua; 16sacó arroyos de la peña, | hizo correr las aguas como ríos. 

17Pero ellos volvieron a pecar contra él, | y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo: 18tentaron a Dios en sus corazones, | pidiendo una comida a su gusto; 19hablaron contra Dios: «¿Podrá Dios | preparar una mesa en el desierto?

 20Él hirió la roca, brotó agua | y desbordaron los torrentes; | pero ¿podrá también darnos pan, | proveer de carne a su pueblo?». 

21Lo oyó el Señor, y se indignó; | un fuego se encendió contra Jacob, | hervía su cólera contra Israel, 22porque no tenían fe en Dios | ni confiaban en su auxilio. 23Pero dio orden a las altas nubes, | abrió las compuertas del cielo: 24hizo llover sobre ellos maná, | les dio pan del cielo; 25y el hombre comió pan de ángeles, | les mandó provisiones hasta la hartura. 

26Hizo soplar desde el cielo el levante, | y dirigió con su fuerza el viento sur; 27hizo llover carne como una polvareda, | y volátiles como arena del mar; 28los hizo caer en mitad del campamento, | alrededor de sus tiendas.

29 Ellos comieron y se hartaron, | así satisfizo su avidez; 30pero, con la avidez recién saciada, | con la comida aún en la boca, 31la ira de Dios hirvió contra ellos: | mató a los más robustos, | doblegó a la flor de Israel. 

32Y, con todo, volvieron a pecar, | y no dieron fe a sus milagros: 33entonces consumió sus días en un soplo, | sus años en un momento. 

34Y, cuando los hacía morir, lo buscaban, | y madrugaban para volverse hacia Dios; 35se acordaban de que Dios era su roca, | el Dios altísimo su redentor. 

36Lo adulaban con sus bocas, | pero sus lenguas mentían: 37su corazón no era sincero con él, | ni eran fieles a su alianza. 

38Él, en cambio, sentía lástima, | perdonaba la culpa y no los destruía: | una y otra vez reprimió su cólera, | y no despertaba todo su furor, 39acordándose de que eran de carne, | un aliento fugaz que no torna. 

40¡Qué rebeldes fueron en el desierto | enojando a Dios en la estepa! 

41Volvían a tentar a Dios, | a irritar al Santo de Israel, 42sin acordarse de aquella mano | que un día los rescató de la opresión. 

43Cuando hizo prodigios en Egipto, | portentos en el campo de Soán. 

44Cuando convirtió en sangre los canales | y los arroyos para que no bebieran; 45cuando les mandó tábanos que los picasen | y ranas que los hostigasen; 46cuando entregó a la langosta sus cosechas | y al saltamontes el fruto de sus sudores; 47cuando aplastó con granizo sus viñedos, | y con escarcha sus higueras; 48cuando entregó sus ganados al pedrisco, | y al rayo sus rebaños.

 49Cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira, | su cólera, su furor, su indignación, | enviándolos como siniestros mensajeros. 

50Dio curso libre a su ira: | no los salvó de la muerte, | entregó sus vidas a la peste; 51cuando hirió a los primogénitos en Egipto, | a las primicias de la virilidad en las tiendas de Cam. 

52Sacó como un rebaño a su pueblo, | los guio como un hato por el desierto, 53los condujo seguros, sin alarmas, | mientras el mar cubría a sus enemigos.

 54Los hizo entrar por las santas fronteras, | hasta el monte que su diestra había adquirido; 55ante ellos rechazó a las naciones, | les asignó por suerte su heredad: | instaló en sus tiendas a las tribus de Israel. 

56Pero ellos tentaron al Dios altísimo y se rebelaron, | negándose a guardar sus preceptos; 57desertaron y traicionaron como sus padres, | fallaron como un arco engañoso; 58con sus altozanos lo irritaban, | con sus ídolos provocaban sus celos.

 59Dios lo oyó y se indignó | y rechazó totalmente a Israel; 60abandonó su morada de Siló, | la tienda en que habitaba con los hombres; 61abandonó sus valientes al cautiverio, | su orgullo a las manos enemigas; 62entregó su pueblo a la espada, | encolerizado contra su heredad; 63el fuego devoraba a los jóvenes, | y sus doncellas no llegaron a casarse; 64los sacerdotes caían a espada, | y sus viudas no los lloraban. 

65Pero el Señor se despertó como de un sueño, | como un soldado vencido por el vino: 66hirió al enemigo en la espalda | infligiéndole una derrota perdurable.

 67Repudió las tiendas de José, | no escogió la tribu de Efraín; 68escogió la tribu de Judá | y el monte Sión, su preferido. 

69Construyó su santuario como el cielo, | como la tierra, que cimentó para siempre. 

70Escogió a David, su siervo, | lo sacó de los apriscos del rebaño; 71de andar tras las ovejas, lo llevó | a pastorear a su pueblo, Jacob; | a Israel, su heredad.

 72Los pastoreó con corazón íntegro, | los guiaba con mano inteligente.

Salmo 79 (78)

Salmo 80 (79)

Salmo 81 (80)

Salmo 82 (81)

Salmo 83 (82)

Salmo 84 (83)

Salmo 85 (84).

Salmo 86 (85)

Salmo 87 (86)

Salmo 88 (87)

Salmo  89 (88)




lunes, 10 de agosto de 2020

225).-La ciudad vieja de Jerusalén V.-


Esteban Aguilar Orellana; Giovani Barbatos Epple; Ismael Barrenechea Samaniego; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; Rafael Díaz del Río Martí; Alfredo Francisco Eloy Barra ;Rodrigo Farias Picon; Franco Antonio González Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas; Gustavo Morales Guajardo; Francisco Moreno Gallardo; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma; Cristian Quezada Moreno; Edison Reyes Aramburu; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala; Marcelo Yáñez Garin; Katherine Alejandra del Carmen  Lafoy Guzmán; Paula Flores Vargas; 


La ciudad vieja de Jerusalén


Antigua Jerusalén. 


La ciudad vieja es un área de aproximadamente 0,9 km² situada dentro de Jerusalén Este, constituyendo hasta la década de 1860 todo el entramado urbano. La ciudad vieja es el lugar donde se ubican sitios religiosos importantes tales como el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones para la religión judía, el Santo Sepulcro para la religión cristiana, y la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa para la religión musulmana. == Tradicionalmente, la ciudad vieja ha estado dividida en cuatro barrios, aunque los actuales nombres sólo se introdujeron en el siglo XIX. Estos cuatro barrios son el Barrio Musulmán, el Barrio Judío, el Barrio Cristiano y el Barrio Armenio. La ciudad vieja fue incluida en 1981 dentro del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Historia

Jerusalén es una de las ciudades más antiguas en el mundo que ha estado habitada continuamente; los arqueólogos estiman su edad en aproximadamente 6.000 años.
La Ciudad Vieja, situada en el corazón de Jerusalén,  en su  primera impresión que se tiene cuando se entra en la ciudad es el aspecto y la arquitectura del Oriente Medio, con sus calles estrechas abarrotadas de gente y sus bazares únicos. Las macizas murallas presentes hasta hoy en la Ciudad Vieja se construyeron en 1537 bajo el dominio del sultán turco Suleiman el Magnífico. La situación de sus siete puertas (Herodes, Damasco, Nuevas en el norte, Puerta de Jafa en el Oeste, Sion y Dung en el Sur; y la de San Esteban en el Este) se cree que es la misma que en la antigüedad.
Dentro de las murallas de la Ciudad Vieja, se divide en cuatro barrios: cristiano en el noroeste agrupado alrededor de la iglesia del Santo Sepulcro; armenio en el suroeste; musulmán en el centro y noreste y judío en el sureste.




La Ciudad Vieja

Caminar por la Ciudad Vieja, que apenas posee un kilómetro de extensión, es una experiencia única. Es un laberinto de callejones y muros de más de 3 mil años de historia que guarda tesoros de múltiples culturas de la antigüedad.
La Jerusalén histórica se repliega sobre sí misma al abrigo de la magnífica muralla que el sultán otomano Suleimán mandó construir a mediados del siglo XVI, la cual cuentan con ocho puertas. Las cuatro principales: la Puerta de Yaffo, de Damasco, de los Leones y la Puerta de Sión, fueron construidas de acuerdo a los cuatro puntos cardinales, y se dirigen hacia las principales ciudades del país. La Puerta Dorada, la única que está sellada, es llamada en hebreo la Puerta de la Misericordia. De acuerdo a la tradición judía, es por esta puerta por donde el Mesías entrará a Jerusalem.
La Ciudad Vieja se encuentra dividida en cuatro barrios: el judío, el musulmán; el cristiano y el armenio.

Entre los sitios históricos y religiosos se encuentran:

     Muro de los Lamentos o Muro Occidental. 



De unos 15 metros de altura al nivel actual y formado por enormes piedras que datan de la época de Herodes, no formaba parte del Templo, sino que servía de muralla al mismo. Sin embargo, como es el último resto del complejo del Templo que sobrevivió al saqueo romano, ha sido reverenciado por los judíos durante casi 2000 años y es el sitio más sagrado para las plegarias judías.

Monte Sión.

 Ahí se encuentra la tumba del Rey David, la Abadía de la Dormición, que es donde se encuentran la tumba de María y el Cenáculo, sala donde celebró Jesús la última cena.

Museo de la Torre de David.

 La Ciudadela, denominada "Torre de David", domina la Ciudad Vieja desde el punto más elevado de la zona. Ya desde el siglo II a. C. sirvió para defender a la ciudad contra invasores. Todos los sucesivos gobernantes de la ciudad se preocuparon de fortificarla y reconstruirla. Desde 1983 funciona como museo y centro cultural y educativo donde los visitantes pueden aprender y vivenciar la historia de Jerusalén.

Los Túnes del Kotel.

 Son excavaciones que se han hecho a lo largo del Muro Occidental, por debajo del nivel actual y hasta llegar al nivel original de hace dos mil años, lo que ha permitido descubrir como era la construcción original del muro en la época de Herodes, así como muchos otros detalles de cómo era la Jerusalén de la época del Segundo templo.

El Cardo.

 Los restos de una elaborada calle bordeada de columnas - el Cardo - fueron encontrados en el centro del Barrio Judío. Una sección de 200 metros de la calle, cuatro metros debajo del nivel actual de la calle, quedó expuesto. Hoy en día, a lo largo de la parte reconstruida del Cardo se puede caminar, igual como lo hiciera la gente hace unos 1500 años atrás. En el siglo XII, los cruzados construyeron un bazar cubierto sobre una sección del Cardo; de esta sección han sido retirados los desechos de siglos y se construyeron modernas tiendas.

 La Vía Dolorosa.

 De acuerdo a la tradición cristiana, es parte del recorrido de Jesús a la crucifixión. En la misma se encuentran marcadas nueve de las 15 estaciones del Viacrucis. Las restantes estaciones se encuentran dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro.

Iglesia del Santo Sepulcro. 



Se alza sobre el Monte Gólgota, el lugar donde de acuerdo a la tradición cristiana se realizó la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús. Fue edificada por el Emperador Constantino en el siglo IV a petición de su madre, la reina Helena. Destaca en ésta el Santo Sepulcro, una lápida que cubre el banco de piedra sobre el que se cree fue depositado el cuerpo de Jesús. La iglesia fue destruida por los persas en el año 614 y poco tiempo después fue reconstruida parcialmente; en el año 1010 fue destruida por el Califa Hakim de Egipto y reconstruida en 1048 por el emperador bizantino Constantino Monómaco; en 1144 los cruzados reconstruyeron toda la iglesia, la colocaron bajo un solo techo e hicieron muchas alteraciones y adiciones. Durante los siglos siguientes la iglesia no fue reparada y en la década del 60, como parte de la restauración propuesta de la Iglesia del Santo Sepulcro, se llevó a cabo un comprehensivo estudio, incluyendo excavaciones debajo de los cimientos de la iglesia actual, que en gran medida sigue el plan de la iglesia cruzada.

Dominus Flevit.

 La Capilla Franciscana de Dominus Flevit (en latín, el Señor lloró) fue construida en 1955, cerca del lugar que los peregrinos medievales identificaran como el sitio desde el cual Jesús llorara por la ciudad. El lugar, adquirido por los franciscanos en 1881, se encontraba en el camino de las procesiones desde el Monte de los Olivos hasta la Iglesia del Santo Sepulcro.

Gruta Pater Noster.

 Cueva en la que Jesús predicó sobre el último conflicto del bien y el mal. La basílica Eleona original (o basílica de los Olivos), construida bajo la supervisión de Helena, la madre de Constantino, quedó destruida durante la invasión de los persas en el 614. El edificio que se levanta allí data de 1894, de cuando el lugar estuvo bajo el cuidado de monjas carmelitas.

 Getsemaní y la Basílica de la Agonía.

 Erigida en 1924 en el lugar tradicional del Jardín de Getsemaní, la Basílica de la Agonía conserva una sección de la base rocosa identificada como el lugar en el cual Jesús orara solo en el huerto la noche de su detención. La actual iglesia, planeada por el arquitecto Antonio Barluzzi se erige sobre los cimientos de dos santuarios anteriores: una capilla del siglo XII abandonada en 1345 y una basílica bizantina anterior del siglo IV, destruida por el terremoto de 746.
    
 Domo o Cúpula de la Roca. 



Construido en el siglo VII por el califa omeya Abd el Malik, la edificación corona el Haram esh-Sharif o la Explanada de las Mezquitas. La cúpula está cubierta con pan de oro y el edificio cuenta con un revestimiento de azulejos multicolor que adorna el exterior y que narra el Viaje nocturno de Mahoma. Es el más importante templo musulmán en Jerusalén. Se encuentra ubicado en el centro del Monte de Templo y es un santuario.

 Mezquita de Al Aksa 

– Construida en el siglo VII con una mezcla de estilos, es el más grande centro de oración musulmán. La estructura fue destruida debido a diversos terremotos, y reconstruida varias veces.


El monte de los Olivos.





El monte de los Olivos (en hebreo, הַר הַזֵּיתִים‎ [Har HaZeitim] y en árabe, جبل الزيتون‎ [Yabal al-Zaytun]), también denominado Monte Olivete, está ubicado en el valle de Cedrón, al este de Jerusalén. Según la Biblia, era el lugar donde Jesús realizaba frecuentemente sus oraciones, e incluso se encontraba allí el día que fue arrestado.
Es considerado uno de los lugares más sagrados de Tierra Santa. Allí están ubicadas las iglesias de Getsemaní, Pater Noster y Dominus Flevit. Toma su nombre de los olivos que pueblan sus laderas. En su falda se encuentran los Jardines de Getsemaní, donde Jesús se hospedó en Jerusalén.
Es el lugar de muchos eventos bíblicos importantes. Por ejemplo, en los Hechos de los apóstoles, se nombra como el lugar desde el que Jesús ascendió al cielo.​ Los soldados romanos de la Décima Legión acamparon en el monte durante el sitio a Jerusalén en el año 70 d. C., que llevó a la destrucción de la ciudad.
En el Libro de Zacarías, el monte de los Olivos aparece identificado como el lugar desde el que Dios comenzará a redimir a los muertos al final de los tiempos. Por esta razón, los judíos siempre han intentado ser enterrados en la montaña, y desde los tiempos bíblicos hasta hoy el monte se ha usado como cementerio para los judíos de Jerusalén. 
Hay aproximadamente 150.000 tumbas en el monte, incluyendo las de muchas figuras famosas como Zacarías (que profetizó allí), Yad Avshalom y muchos rabinos desde el siglo XV al XX, incluyendo a Abraham Isaac Kook, el primer rabino jefe asquenazí de Israel.

Cementerio judío.

Desde los tiempos bíblicos hasta el día de hoy, los judíos han sido enterrados en el Monte de los Olivos. Se calcula que hay unas 150 000 tumbas en el Monte, incluyendo tumbas asociadas tradicionalmente con Zacarías y Avshalom. Importantes rabinos de los siglos xv al xx están enterrados allí, entre ellos Abraham Isaac Kook, el primer gran rabino asquenazí de Israel. El primer ministro de Israel Menachem Begin pidió ser enterrado en el Monte de los Olivos en lugar del Monte Herzl.
El monte sufrió graves daños cuando fue ocupado por Jordania entre la guerra árabe-israelí de 1948 y 1967, cuando cerca de 50 000 lápidas del antiguo cementerio judío del Monte de los Olivos fueron retiradas y utilizadas para la construcción, así como para levantar letrinas, incluyendo lápidas de más de mil años de antigüedad.
​ En algunos sectores del camposanto se instalaron estacionamientos y estaciones de servicio.​ A partir de la reunificación de la ciudad, después de la guerra de los Seis Días en 1967, los israelíes repatriaron laboriosamente tantas lápidas como les fue posible, garantizando la libertad de culto y el respeto a los lugares sagrados de todas las religiones.​ El moderno vecindario de A-Tur se encuentra en la cumbre de la montaña.


Viajar a ciudad antigua.

 
vista de Jerusalén desde monte olivos.

Desde el mirador situado en el bíblico Monte de los Olivos, frente al hotel Seven Arches, se contempla la estampa más bella de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Este laberinto de calles angostas, mercados, iglesias, mezquitas y sinagogas, parapetado por una muralla de la época otomana, está dominado por el brillo dorado de la Cúpula de la Roca, erigida en lo alto del monte Moriah, donde el rey Salomón emplazó su palacio y un magnífico templo.
Miremos hacia donde miremos, la religión es omnipresente en esta ciudad de piedras milenarias que rezuman una agitada historia y es sagrada para las tres confesiones monoteístas mayoritarias: judaísmo, cristianismo e islam. Cabe decir que no todo está repartido por igual, pues de los 870.000 habitantes de Jerusalén, la comunidad más numerosa es la judía, con un 62% frente al 36% de musulmanes y al 2% restante; sin embargo, en la Ciudad Vieja el barrio más extenso es el musulmán.

Resulta emotivo entrar en la Jerusalén amurallada desde el Monte de los Olivos. El recorrido pasa por templos que conmemoran momentos de la vida de Jesús y por un extenso cementerio judío donde los creyentes aseguran que empezará la resurrección cuando llegue el Mesías. La senda comienza en la iglesia de Betfagé, que se alza en el lugar en que Jesús de Nazaret, montado a lomos de un pollino, descendió hasta la Ciudad Vieja.

EL LUGAR DONDE APRESARON A CRISTO.

Casi al final del sendero se halla el Huerto de Getsemaní, el olivar donde los soldados romanos apresaron a Cristo tras la traición de Judas. La procesión cristiana del Domingo de Ramos sigue este camino hasta la Puerta de los Leones o de San Esteban, una de las ocho entradas de la muralla. Traspasándola se accede al barrio musulmán, que junto al cristiano, el judío y el armenio conforman el abigarrado casco antiguo.

Como para confirmar que Jerusalén es una rica amalgama de culturas y creencias, el barrio musulmán está atravesado por la Vía Dolorosa, la que recorrió Jesús cargado con la cruz hasta el monte del Calvario. El primer edificio que detiene el paseo del recién llegado es la iglesia románica de Santa Ana, del año 1030, erigida sobre la casa en la que posiblemente nació la Virgen María.

El Hospicio Austriaco, unos metros más adelante, ofrece un oasis de paz en medio del bullicio, así como vistas privilegiadas sobre la Cúpula de la Roca y los tejados de la Ciudad Vieja. Es uno de los hospedajes de peregrinos más tradicionales de Jerusalén. Su agradable jardín resulta ideal para descansar mientras se degusta el strudel que elaboran las monjas del hospicio.
Al salir a la Vía Dolorosa uno se lanza de pleno a un ovillo de calles entre las que surgen tiendas de artesanía y mercados que cautivan con sus colores, aromas y sabores. Religiosos, seculares, turistas y policías armados se confunden en estas vías cargadas de historia y también de vida. La Vía Dolorosa finaliza en la iglesia del Santo Sepulcro, ya en el barrio cristiano, donde se cree que fue enterrado Jesús. El emperador romano Constantino I mandó construir la iglesia, que alberga capillas de las diversas corrientes cristianas. Para evitar enfrentamientos entre ellas, una familia musulmana guarda la llave del templo desde hace siglos. Pero los protestantes y anglicanos consideran que el verdadero sepulcro de Cristo es la Tumba del Jardín, situada extramuros, a poca distancia de la Puerta de Damasco.
Tras la solemnidad del Santo Sepulcro perderse por el animado Muristán será un agradable cambio. En esta zona repleta de tiendas de artesanía se erigía el primer hospital de la Orden de Malta en Jerusalén. En pocos minutos se llega a la comercial calle del Rey David, que desemboca en la Puerta de Jaffa, de 1538. Allí se alza la Torre de David, la antigua ciudadela, acondicionada desde 1989 como un museo que muestra la evolución urbanística de Jerusalén desde la época del mítico David.

El barrio armenio es famoso por sus tiendas de cerámica fina y por su espléndida Catedral de Santiago, del siglo XII
A unos metros nace el barrio armenio. Famoso por sus tiendas de cerámica fina y por su espléndida Catedral de Santiago. Del siglo XII, aunque erigida sobre un templo bizantino anterior, está dedicada a los dos discípulos de Jesús que se llamaban Santiago: el Mayor (el compostelano) y el Menor. Hasta 350 lámparas de plata iluminan el amplio interior del templo catedralicio, decorado con marquetería, cortinajes y cruces esculpidas.
Cerca queda la Puerta de Sión, a través de la cual se alcanza la tumba del rey David, situada fuera de la muralla. Esta entrada es utilizada sobre todo como acceso al barrio judío, destruido durante la guerra de 1948 entre Israel y una coalición de países árabes y rehabilitado años después. Este sector alberga un pequeño foro romano, las Cuatro Sinagogas Sefardíes y una hermosa puerta, la de la Yeshiva de los Cabalistas, la escuela de cábala más antigua de Jerusalén.

EL MURO DE LAS LAMENTACIONES

El ambiente religioso se intensifica al entrar en la plaza del venerado Muro de las Lamentaciones. El Muro frente al que ahora rezan los judíos formaba parte del patio del Segundo Templo. Los visitantes pueden entrar en las zonas de oración, hombres y mujeres separados. El Muro de las Lamentaciones se emplaza bajo la Explanada de las Mezquitas, adonde se accede por una pasarela de madera. Para llegar hasta ella la mejor opción es salir de la plaza –y de la Ciudad Vieja– a través de la Puerta de Dung.

Antes de instalarse en la larga cola de la rampa, es recomendable caminar diez minutos para visitar los restos arqueológicos de la Ciudad de David. Desde allí se divisa el muro de hormigón que Israel levantó en Cisjordania –territorio palestino– a partir de 2002.

La Biblia cuenta que el rey David arrebató Jerusalén a la tribu cananea de los jebuseos, quienes la denominaban Jebús y cuyos restos han aparecido en la actual Ciudad de David. Existen vestigios que apuntan que estuvo habitada en la Edad del Cobre (IV milenio a.C.).
La Explanada de las Mezquitas (Haram al Sharif en árabe) compensa con un derroche de monumentalidad la espera en la rampa de acceso. Aquí se erigen la Mezquita de Al Aqsa, el tercer sitio más sagrado para el islam, y la Cúpula de la Roca. Esta última fue construida en el siglo VII y alberga una roca considerada sagrada tanto por musulmanes como por judíos. Los primeros creen que el profeta Mahoma ascendió a los cielos en su caballo alado desde esta roca.
Para los judíos es la Piedra Fundacional, el lugar más sagrado del Primer Templo, erigido por el rey Salomón y que custodiaba el Arca de la Alianza con las Tablas de la Ley. El Primer Templo fue destruido por los babilonios y el Segundo por los romanos el año 70. Los judíos denominan a la Explanada Har Habayit (Monte del Templo). La entrada al recinto es libre, pero solo los musulmanes pueden rezar allí.
La Explanada se deja por una salida que da al barrio musulmán. De nuevo el visitante se sumerge en el bullicioso mercadeo, entre puestos con especias, dátiles de Jericó, perfumes orientales, artesanía de cuero y kufiyas, el pañuelo palestino.
Al llegar a la Puerta de Damasco se aconseja subir a la parte más elevada de la muralla y recorrerla hasta la Puerta de Jaffa, por donde se abandona la Ciudad Vieja y se accede a la parte Oeste de Jerusalén. El municipio está dividido en Este y Oeste desde el armisticio de 1949, que puso fin a la primera guerra entre Israel y varios países árabes. Según la ley internacional, la parte oriental, que incluye la Ciudad Vieja, pertenece a los palestinos, y la occidental, a Israel. No obstante, la primera está ocupada desde 1967 por los israelíes, que se la anexionaron en 1980.

Dejando atrás la Puerta de Jaffa se llega a un paseo convertido en galería comercial dentro del antiguo barrio palestino de Mamilla. Esta avenida desemboca frente a un cementerio musulmán donde reposan los restos de emires, muftís, sufís, notables de Jerusalén y guerreros musulmanes y cristianos que se enfrentaron en las Cruzadas. Algunos lucharon junto a mitos como Saladino, sultán de Egipto y de Siria, y el rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León. Gran parte del camposanto se arrasó a partir de 1948, cuando pasó a formar parte de Israel. Las tumbas se retiraron para construir calles, un parque, un aparcamiento y edificios.
La calle de Jaffa ofrece una nueva oportunidad de disfrutar del ambiente urbano de Jerusalén. Esta concurrida vía conduce al gran mercado cubierto de Mahane Yehuda, donde se puede probar la comida tradicional en locales antiguos o degustar cocina sofisticada en restaurantes de moda. Un corto paseo conduce al barrio judío ultraortodoxo de Mea Shaarim, fundado en 1874 por inmigrantes polacos y lituanos. Un cartel avisa que se debe vestir "de forma modesta", es decir, no dejar al descubierto las piernas, los brazos ni, en el caso de las mujeres, el cabello.

SABBAT, EL DÍA DE DESCANSO JUDÍO

En shabat (o sabbat), el día de descanso semanal judío, el transporte público deja de funcionar y no se puede circular en coche por los vecindarios ultraortodoxos. La vida en la parte israelí de Jerusalén se detiene, mientras que la palestina parece un hervidero. Al Jerusalén Este es fácil llegar desde Mea Shaarim con solo cruzar la carretera número 1. La calle Nablus conduce hasta el mítico hotel American Colony, donde se han alojado personajes tan legendarios como Lawrence de Arabia.
Adorada y glorificada, la espiritual Jerusalén –Yerushalayim en hebreo, Al Quds en árabe– no deja indiferente. Ceñida por su muralla y repleta de templos, la Ciudad Vieja condensa la magia que deslumbró a viajeros de tiempos pasados y que continúa despertando fascinación.



Fechas importantes demográficas

4500-3500 a. C.: primer asentamiento establecido cerca del manantial del Gihón (evidencia arqueológica más antigua).
c. 1550-1400 a. C.: Jerusalén se convierte en vasallo del Imperio Nuevo de Egipto.
c. 1000 a. C.: el rey David ataca y captura Jerusalén, que se convierte en capital del reino unido de Israel (solo fuentes bíblicas).
732 a. C.: Jerusalén se convierte en un vasallo del Imperio Neo-Asirio.
587-6 a. C.: Conquista de Jerusalén por los babilonios; Nabucodonosor II luchó contra intento del faraón Apries para invadir Judá. Jerusalén mayormente destruida incluyendo el Primer Templo, y los ciudadanos prominentes de la ciudad deportados a Babilonia (solo fuentes bíblicas).
539 a. C.: Ciro el Grande conquista Babilonia, permitiendo a los judíos regresar de la cautividad a Jerusalén y reconstruir el templo (solo fuentes bíblicas).
350 a. C.: Revueltas en Jerusalén contra Artajerjes III, que retoma la ciudad y la incendia en el proceso. Los judíos que apoyaron la revuelta son enviados a Hircania en el Mar Caspio.
332-200 a. C.: Jerusalén capitula ante Alejandro Magno, y más tarde se incorpora al reino de Ptolomeo (301 a. C.) y el Imperio seléucida (200 a. C.).
175 a. C.: Antíoco IV Epífanes acelera los esfuerzos seléucidas para erradicar la religión judía, proscribe el sábado y la circuncisión, saquea Jerusalén y erige un altar a Zeus en el Segundo Templo después de saquearlo.
164 a. C.: Los asmoneos tomar el control de una parte de Jerusalén, mientras que los seléucidas retienen el control del Acra en la ciudad y la mayoría de las áreas circundantes.
63 a. C.: El Imperio romano, bajo Pompeyo, toma la ciudad.

70 d. C.: Tito finaliza la parte principal de la Gran Revuelta Judía y destruye el templo de Herodes. El Sanedrín se trasladó a Yavne y los líderes cristianos de la ciudad se reubicaron en Pella.
136: Adriano restablece formalmente la ciudad como Aelia Capitolina, y prohíbe la presencia judía y cristiana en la ciudad. Las restricciones sobre la presencia cristiana en la ciudad fueron disminuidas dos años más tarde.
324-25: El emperador Constantino convoca el Primer Concilio de Nicea y confirma el estatus de Jerusalén como un patriarcado cristiano.46​ Una ola de inmigración cristiana a la ciudad comienza. La prohibición de los judíos de entrar en la ciudad sigue en vigor, pero se les permite ingresar una vez al año para rezar en el Muro de las Lamentaciones en Tisha B'Av.
c. 380: Tiranio Rufino y Melania la Vieja fundan el primer monasterio en Jerusalén en el Monte de los Olivos.
614: Jerusalén cae ante las fuerzas judías y persas, específicamente del Imperio sasánida de Cosroes II, hasta que es retomada en 629. Este fue el resultado de la revuelta judía contra Heraclio, una insurrección judía contra el Imperio bizantino en todo el Levante.​ La Iglesia del Santo Sepulcro es quemada y gran parte de la población cristiana es masacrada.

636-7: El califa Omar el Grande conquista Jerusalén. Según algunos reportes, el Patriarca Sofronio y Omar acurdan en el Pacto de Umar I, que garantiza a los cristianos la libertad de religión, pero prohíbe a los judíos vivir en la ciudad de acuerdo a Muhammad ibn Jarir al-Tabari. La Iglesia apostólica armenia comenzó a nombrar su propio obispo de Jerusalén.
797: Alianza abasí-carolingia: la Iglesia del Santo Sepulcro fue restaurada y el hospital latino fue ampliado, fomentando los viajes cristianos a la ciudad.50​
1009-30: El califa fatimí Al-Hákim ordena la destrucción de iglesias y sinagogas en el imperio, incluyendo la Iglesia del Santo Sepulcro. El califa Ali az-Zahir autoriza su reconstrucción 20 años después.
1077: Revueltas en Jerusalén contra el imperio del emir Atsiz ibd Uvaq, quien retoma la ciudad y masacra a la población local.
1099: Los primeros cruzados capturan Jerusalén y masacran a la mayoría de musulmanes y judíos habitantes de la ciudad. La Cúpula de la Roca se convierte en una iglesia.
1187: Saladino captura Jerusalén de los cruzados y permite la colonización judía y cristiana ortodoxa. La Cúpula de la Roca se convierte en un centro islámico de culto nuevamente.
1229: Un tratado de 10 años se firmó permitiendo a los cristianos la libertad de vivir en la ciudad fortificada. Los ayubíes retuvieron el control de los lugares sagrados musulmanes.
1244: El ejército mercenario de Jorezmitas asedió y destruyó la ciudad.
1260: Jerusalén es asaltada por los mongoles bajo el general cristiano nestoriano Kitbuqa. Hulagu Khan envía un mensaje a Luis IX de Francia que Jerusalén pertenece a los cristianos bajo la alianza franco-mongola.

1267: Najmánides va a Jerusalén y reza en el Muro Occidental. Informó haber encontrado solo dos familias judías en la ciudad.
1482: El visitante sacerdote dominico Felix Fabri describió a Jerusalén como «una colección de toda clase de abominaciones». Como «abominaciones» enumeró a los sarracenos, griegos, sirios, jacobitas, abisinios, nestorianos, armenios, gregorianos, maronitas, turcomanos, beduinos, asesinos (una secta, posiblemente), drusos, mamelucos, y «la más maldita de todos»: judíos. Solo los cristianos latinos «por mucho tiempo con todo su corazón para con los príncipes cristianos, para que vengan y sometan a todo el país a la autoridad de la Iglesia de Roma».
1517: El Imperio otomano captura Jerusalén bajo el sultán Selim I, que se proclama califa del mundo islámico.
1604: Primer Protectorado de las misiones acordado, en el que los súbditos cristianos de Enrique IV de Francia eran libres para visitar los Santos Lugares de Jerusalén. Los misioneros franceses comienzan a viajar a Jerusalén.
1700: Judá el Piadoso y 1.000 seguidores se instalan en Jerusalén.

1774: El Tratado de Kucuk Kaynarca se firma dando a Rusia el derecho de proteger a todos los cristianos en Jerusalén.
1821: Guerra de independencia de Grecia: la población cristiana de Jerusalén (en su mayoría ortodoxos griegos) se vio obligada por las autoridades otomanas a renunciar a sus armas, vestir de negro y ayudar a mejorar las fortificaciones de la ciudad.
1837: El terremoto de Galilea de 1837 afecta a las comunidades judías de Safed y Tiberíades reasentándose en Jerusalén.
1839-40: El rabí Judá Alkalai publica «Los Caminos agradables» y «La paz de Jerusalén», instando al regreso de los judíos europeos a Jerusalén y Palestina.
1853-4: Se firma un tratado entre Francia y la Iglesia católica, proclamándola como la autoridad suprema en la Tierra Santa con control de la Iglesia del Santo Sepulcro, contraviniendo el tratado de 1774 con Rusia y desencadenando la Guerra de Crimea.
1860: El primer barrio judío (Mishkenot Sha'ananim) es construido fuera de las murallas de la Ciudad Vieja, en una zona conocida más adelante como Yemin Moshe, por Moisés Montefiore y Judá Touro.52​53​
1862: Moses Hess publica «Roma y Jerusalén», argumentando a favor de una patria judía en Palestina centrada en Jerusalén
1873-1875: Mea Shearim se construye.
1882: La Primera Aliyá resulta en 35.000 inmigrantes judíos entrando en la región de Palestina.

1901: Las restricciones otomanas a la inmigración judía y la adquisición de tierras en el distrito de Jerusalén entran en vigor.
1901-14: La Segunda Aliyá resulta en 40.000 inmigrantes judíos entrando en la región de Palestina.
1917: Los otomanos son derrotados en la batalla de Jerusalén durante la Primera Guerra Mundial y el ejército británico toma el control. La Declaración Balfour se había emitido un mes antes.
1919-23: La Tercera Aliyá resulta en 35.000 inmigrantes judíos entrando en la región de la Palestina del Mandato.
1924-28: La Cuarta Aliyá resulta en 82.000 inmigrantes judíos entrando en la región de la Palestina del Mandato.
1929-39: La Quinta Aliyá resulta en 250.000 inmigrantes judíos entrando en la región de la Palestina del Mandato.

1947-49: La guerra de Palestina y la Guerra árabe-israelí de 1948 llevó al desplazamiento de las poblaciones árabes y judíos palestinos en la ciudad y su división. Todos los residentes judíos de la parte oriental de la ciudad fueron expulsados por las fuerzas árabes y todo el barrio judío fue destruido.54​ Se despoblaron aldeas árabes palestinas como Lifta, Al-Mahila, Ayn Karim y Deir Yassin.
1967: La guerra de los Seis Días resulta en Jerusalén Este siendo capturada por Israel y unas semanas más tarde, la expansión de Municipalidad de Jerusalén israelí en Jerusalén Este y algunas zonas circundantes. La Ciudad Vieja es capturada por el ejército israelí y el barrio marroquí, incluyendo 135 casas y la mezquita de Al-Buraq, se demolió, creando una plaza frente al Muro de las Lamentaciones. Israel declara a Jerusalén unificada y anuncia el libre acceso a los lugares sagrados de todas las religiones.
2010: Las tendencias demográficas se invierten totalmente: los judíos ahora tienen una tasa de fertilidad más alta que los árabes, debido principalmente a la alta tasa de natalidad entre los judíos jaredí.


Los jaredíes.





El judaísmo ultraortodoxo es una corriente interna del judaísmo ortodoxo. Los jaredíes, también son conocidos como judíos ultraortodoxos, o como aquellos que temen a Dios, son judíos ortodoxos cuya práctica religiosa es especialmente devota. Los jaredíes afirman, al igual que todo el judaísmo ortodoxo, que la Torá entregada en el Monte Sinaí por Dios, con sus respectivas leyes, constituye el "manual de instrucciones del mundo". En otras palabras, la Torá es el código que permite, en términos fundamentales, el comportamiento armónico de la Creación y los creados, la regulación de sus leyes y principios y los métodos que llevarán a cada individuo a unirse a Dios para disfrutar de deleite infinito, máximo objetivo de la creación del mundo.
Sin embargo, a pesar de que otros grupos judíos ortodoxos (ya sean jasídicos u ortodoxos modernos) aceptan esta afirmación, hay diferencias entre todos los grupos en cuanto al comportamiento en ámbitos no legales; es decir, en el ámbito de la cosmovisión individual y colectiva, que no está reglamentada por la Torá.
Los jaredíes suelen vivir al margen de las sociedades laicas que los rodean, incluyendo las judías, debido a que intentan poner en práctica los preceptos bíblicos en un ámbito no hostil. Hoy en día muestran una fuerte presencia en Israel, donde cuentan con sus propios barrios (e, incluso, sus ciudades), sus partidos políticos, sus comercios y sus escuelas. También existen grupos de jaredíes en muchas comunidades judías de la diáspora, particularmente en Estados Unidos y Europa Occidental. Los jaredíes tienen sus propios periódicos, el más importante de los cuales es Hamodia ("El Anunciador").
Desde finales del siglo xix, el sector israelí de los jaredíes rechaza parcialmente la «modernidad» occidental, tanto en lo que se refiere a costumbres como en lo que toca a la ideología. Sin embargo, esta postura no es unánime en el mundo jaredí. Por caso, aquellos oriundos de EE.UU. poseen una visión más inclusiva de la modernidad que la que prevalece entre los israelíes.
En Israel, las 3 comunidades principales son por orden decreciente de importancia:

La aglomeración de Jerusalén, con el barrio de Mea Shearim.
Bnei Brak, en la periferia de Tel Aviv.
Modi'in Illit, un asentamiento israelí de Cisjordania (Judea-Samaria), creada a mediados de los años 1990, situada a algunos kilómetros de la antigua Línea Verde, y que contaba a finales de 2005 con más de 30.000 habitantes.
Los jaredíes también son numerosos en las ciudades santas de Safed y Tiberíades.



Historia de Murallas.



Jerusalén ha estado rodeada por muros para su defensa desde la antigüedad. En la Edad del Bronce, un período también conocido como el período de los Patriarcas, una ciudad llamada Jebús (llamada así por los jebuseos, los primeros habitantes sedentarios de la región) fue construida alrededor del segundo milenio antes de Cristo en el sitio de la Jerusalén actual (al sureste de la ciudad vieja). Esta pequeña ciudad (50.000 metros cuadrados) ya estaba fortificada, los restos de las murallas se encuentran sobre el túnel de Ezequías.
Según la tradición judía, tal como se expresa en el Tanaj, Jerusalén siguió siendo una ciudad jebusea hasta el advenimiento de David, que conquistó la ciudad alrededor el 1004 a. C. y establece una nueva ciudad en el sitio de los jebuseos. Más tarde, el Rey David extiende la ciudad y las murallas fuera de la actual ciudad vieja. Salomón, hijo de David, construyó el Primer Templo y extiende las murallas de la ciudad para protegerlo.

Tughra de Solimán el Magnífico


Para los arqueólogos, el primer muro es obra del rey Ezequías a fines del siglo VIII a.c.. Las murallas son destruidas durante la conquista babilónica por Nabucodonosor II. Los aqueménidas derrotan a los babilonios y después de 70 años de cautiverio, Ciro el Grande permite a los judíos regresar a Judea; Ezra y Nehemías reconstruyen las murallas y reconstruyen un Segundo Templo alrededor del año 430 a. C..​
La segunda muralla es el trabajo de los asmoneos en la segunda mitad del siglo II a. C., que abarca la totalidad de los montes Sion y del Templo.

Entre los años 41 y 44, el rey de Judea, Herodes Agripa I, construyó nuevas murallas conocidas como la tercera muralla. En 135, después de la destrucción de Jerusalén por el emperador Adriano, la nueva ciudad romana de Aelia Capitolina se construye en el mismo lugar pero en dimensiones más pequeñas y está rodeada de nuevos muros. Posteriormente fueron desarrollados por orden de la emperatriz bizantina Elia Eudoxia.
En 1033, la mayoría de los muros construidos fueron destruidos por un terremoto y reconstruidos durante la conquista de los cruzados en 1099. La conquista trajo algo de destrucción seguida de reconstrucción, al igual que la reconquista de Saladino en 1187. En 1202 a 1212, el sobrino de Saladino, Al-Malik al-Mu'azzam 'Isa, ordenó la reconstrucción de las murallas de la ciudad, pero más tarde, en 1219, reconsideró la situación después de que se habían construido la mayoría de las torres de vigilancia y se habían derribado las murallas, principalmente porque temía que los cruzados se beneficiaran de las fortificaciones si conseguían reconquistar la ciudad. 

Las murallas actuales de Jerusalén.

Las murallas de Jerusalén


Las murallas de Jerusalén rodean la ciudad vieja de Jerusalén. Las murallas fueron construidas entre 1535 y 1538, cuando Jerusalén formaba parte del ImJerusalen2perio otomano, por orden de Suleiman I.
La longitud de la muralla es de 4018 metros, su altura promedio es de 12 metros y su espesor promedio es 2,5 metros. La muralla contiene 34 torres de vigilancia y 8 puertas.
En 1981, las murallas de Jerusalén fueron agregadas, junto con la ciudad vieja de Jerusalén, a la lista de Patrimonio de la Humanidad de Unesco.
Las murallas de Jerusalén, que fueron construidas originalmente para proteger las fronteras de la ciudad contra intrusiones, sirven principalmente como una atracción para los turistas, ya que dejaron de servir como un medio de protección para la ciudad.
En el siglo XVI, durante el reinado del Imperio Otomano en la región, el sultán Suleiman el Magnífico decidió reconstruir por completo las fortificaciones de la ciudad, en parte sobre los restos de las antiguas murallas. La construcción duró de 1535 a 1538.
Durante los acuerdos de armisticio árabe-israelí de 1949 que pusieron fin a la guerra de 1948, la frontera entre Israel y Jordania se estableció al pie de las murallas occidental y noroccidental, entre las puertas de Damasco y Sion.
Las murallas de la ciudad vieja y los jardines públicos circundantes han sido clasificadas por las autoridades israelíes como un parque nacional y dependen de la Autoridad de la Naturaleza y Parques de Israel.

Hoy en día, las murallas se elevan  altura y esplendor, después de haber sido retirados los escombros acumulados en el lugar durante siglos. Se construyó un “Paseo por las Murallas” que permite tener una incomparable vista de Jerusalén y sus alrededores. El área verde a lo largo de las murallas consiste en jardines floridos y paseos, así como parques arqueológicos. Las murallas de la ciudad cuentan con ocho puertas. Siete están abiertas y una permanece sellada.

 Las cuatro puertas principales – Puerta de Yafo, Puerta de Damasco, Puerta de los Leones y Puerta de Sión – fueron construidas de acuerdo a los cuatro puntos cardinales, y se dirigen hacia las principales ciudades del país.

La Puerta de Yafo tiene la inscripción del sultán Suleimán, que ordenó su construcclón en 1538/9. La Puerta de Yafo es la más conocida y visitada de las puertas de Jerusalén. Fue consrtuida mirando hacia el oeste, en dirección al puerto de Yafo.

La Puerta Nueva, mirando hacia el norte, es esencialmente una apertura en la muralla abierta en 1887 para permitir el acceso directo al barrio cristiano.

La Puerta de Damasco es la principal entrada al barrio musulmán. Su estrecha entrada y puente de madera fueron reemplazados por una plaza en forma de anfiteatro y un masivo puente de piedra. La puerta mira hacia el norte, en dirección a Damasco, Siria.

La Puerta de Herodes, asimismo mirando hacia el norte, es llamada también la Puerta de las Flores por los bajorrelieves con flores en su fachada.
La puerta leones


La Puerta de los Leones, adornada con heráldicos leones a ambos lados, fue restaurada, de acuerdo a su inscripción, por los otomanos en 1538/9. Es también conocida como la Puerta de San Esteban. Mira hacia el este, en dirección a Jericó.



Barrios.

Los cuatro barrios de ciudad vieja de Jerusalén:

 Barrio Cristiano

Santo Sepulcro

El Santo Sepulcro es uno de los lugares más sagrados del cristianismo ya que en su interior encontramos el sepulcro de Jesús, el Monte Calvario o Gólgota (donde lo crucificaron), la piedra donde fue ungido antes de ser sepultado y el aljibe donde fue encontrada su cruz.
Sin duda, es un proyecto que rompe con cualquier arquitectura utilizada por las distintas ramas del cristianismo. Tanto el ingreso como su estructura es de lo más curioso en relación con una iglesia o catedral.
El acceso, llegando por la Vía Dolorosa, está dado por una plaza donde se encuentra la fachada que no se asemeja en nada a un templo religioso. Ya en el interior se perciben sus dependencias irregulares que posee la planta debido a una complejidad arquitectónica y religiosa.
El edificio designa tres partes principales: la piedra de la unción, Gólgota o calvario (lugar exacto de la crucifixión de Jesucristo) y el Santo Sepulcro.

Barrio Armenio
Catedral de Santiago


En el barrio armenio, se encuentra la Torre de David. Ésta fue construida en el siglo II AC. con el objetivo de paliar uno de los puntos débiles de la defensa de la Ciudad Vieja. Hoy en día es un museo donde se han descubierto restos desde la época de los macabeos hasta el medievo.
Las calles de este barrio forman una intrincada estructura de naturaleza defensiva: las casas alineadas se caracterizan por lo alto que están situadas sus ventanas, protegidas por rejas de hierro, y por sus anónimas puertas de entrada, a las que solo es posible acceder a través de patios internos. Todo este estilo de arquitectura se debe a la larga y terrible historia de masacres que los armenios han sufrido a través de los tiempos.
El barrio armenio a su vez es famoso por su espléndida Catedral de Santiago del siglo XII, ésta fue erigida sobre un templo bizantino anterior y está dedicada a dos discípulos de Jesús. Hasta 350 lámparas de plata iluminan el amplio interior del templo catedralicio, decorado con marquetería, cortinajes y cruces esculpidas.

Barrio Musulmán

En una meseta el monumento de la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa, siendo el tercer sitio más sagrado para el islam, se encuentra el lugar desde donde supuestamente Mahoma ascendió a los cielos.
El edificio es un ejemplo muy claro de qubba islámica. Presenta una estructura de planta centralizada, en torno al elemento de culto, cubierto por una cúpula de media naranja. La cúpula debe relacionarse con un símbolo de poder o de fe ya que es el lugar exacto donde, según el islam, Mahoma ascendió a los cielos.
La planta es el resultado de dos cuadrados superpuestos y girados el uno sobre el otro formando ángulos de 45º, dando lugar a un octógono sobre el que se inscribe una circunferencia.
En el exterior, la cúpula se encuentra recubierta por unas chapas de cobre dorado que, al igual que las fachadas de los muros exteriores, proceden del siglo XI.
El exterior del octógono que conforma la planta de la Cúpula de la Roca está revestido de mármol hasta la altura de las ventanas. En la parte superior, el revestimiento actual es de cerámica turca, y se añadió en 1554 sobre un mosaico vidriado que cubría también el tambor de la cúpula. Estos mosaicos tienen fondo dorado y policromo, y que los dibujos representan árboles, plantas en flor y edificios; probablemente símbolos del Paraíso, como los que todavía se conservan en los riwak de la Gran Mezquita de Damasco.

Barrio Judío

Una vez en el barrio, la parte más sagrada y religiosa es al entrar a la plaza del Hakótel Hama'araví, más conocido como Muro de los Lamentos. Lugar donde acuden miles de judíos para rezar, se puede ingresar por la parte de las oraciones, mujeres y hombres por separado. Este formaba parte del segundo templo de Salomón, y se emplaza bajo el monte del templo, conocido por los musulmanes como la explanada de las mezquitas.


Los cuatro barrios de ciudad vieja de Jerusalén:


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